• Sasuke: Ira •
─¡Sakura, Sakura! ─repitió Sasuke una y otra vez mientras golpeaba a puño cerrado la puerta de la habitación en la cual había entrado su esposa hace unos momentos con ese nuevo imbécil de cabellos colorados─. ¡Maldición, Sakura! ¡Ábreme! ─gritó fuertemente─. ¡¿Qué no me oyes?! Si no sales ahora, tiraré la puerta ─amenazó pero ella no respondió.
Sakura estaba tan enojada que prefirió ignorarlo y hacerse de la vista gorda al estar escuchándolo como pateaba y golpeaba la puerta con todas sus fuerzas. Al principio se arrepintió, no quería hacerlo pero luego cambio de opinión al recordarlo con ella besándose.
─Por favor, Sakura. Es la última vez que voy a pedírtelo. ¡Abre la maldita puerta! ─gruñó más que molesto.
Sasuke se imaginaba de todo. Él jamás pensó que una simple escena como el ver a su esposa del brazo de otro hombre diferente de su hermano le hiciera perder por completo los estribos. ¿De dónde diablos ella conocía a ese estúpido sujeto? Se preguntó azotando una vez más la puerta. Y porque de todos los hombres, precisamente él.
─Señor, señor. Por favor cálmese ─le dijeron a uno de sus costados.
El chico estaba descontrolado, mirar a Sakura entrar de la forma más descarada a la habitación de un extraño le hizo perder la cabeza.
─¡Es que tú no lo entiendes! ─vociferó tacleando la puerta.
─Señor, por favor sino se calma llamaré a seguridad ─le dijo el camarero al tiempo en que intentaba alejarlo de la puerta la cual estaba destrozando.
Sasuke volteo a mirar al sujeto de traje rojo─. Mi esposa está ahí adentro. La ha secuestrado el idiota de esta habitación ─aseguró con ojos enfurecidos.
El recepcionista bufo por lo alto luego, sacó la llave de esa habitación─. Está bien señor Uchiha. Voy a abrirle solo… cálmese por favor ─le pidió en un tono amable al reconocerlo.
El hombre estaba desesperado, tenía un coraje profundo en la boca del estómago y ahora que los encontrara juntos ella y él iban a conocerlo enojado. Si Sakura pensaba que él era el peor de los hombres con mucha más razón este le demostraría ahora que esa palabra le quedaba muy corta. Ella aprendería de mala gana que con él nadie jugaba.
Su pecho subía y bajaba apresurado ante los malditos celos que lo estaban matando.
─Date prisa ─ordenó impaciente.
Sasuke escuchó el clic del seguro quitarse y sin esperar al que el recepcionista le abriera se adentró a toda prisa. Al estar dentro se encontró con una ensordecedora quietud, no había ruidos o cosas extrañas en ninguno de los cuartos.
El chico miró a su alrededor y fue entonces que notó el gran lujo de esa habitación, el tipo parecía que también tenía dinero aunque su aspecto, no le ayudara.
─Carajo ─se quejó escuchando como sus nudillos tronaban en la pared que había golpeado a lo que el camarero sólo lo miro desconcertado.
─Le dije que no había nadie señor Uchiha ─afirmó el camarero detrás de él─. Creo que sólo confundió las cosas. Esta habitación fue desocupada hace un par de horas.
─¡Te equivocas! ─gritó─. Acabo de verlos entrar. Sé que están aquí ─refunfuñó furioso revisando cada rincón de esa maldita habitación.
Fue entonces que en ese momento la puerta de la entrada principal se escuchó, Sasuke de inmediato corrió a revisar, la entrada estaba cerrada sin embargo aquellos dos no habían sido tan listos como esperaban. Sobre el pasillo estaban marcadas sus huellas, prueba suficiente de que el chico no estaba alucinando.
Sasuke elevó una de sus cejas mientras seguía con la mirada aquel rastro de agua, fue ahí que su ceño se frunció al recordarlos, ambos estaban mojados─. Maldición ─se quejó mientras pensaba de donde diablos venían. ¿La playa, la piscina del hotel, una bañara? Chasqueó los dientes. No era tan difícil de imaginar que esos dos habían pasado un gran momento juntos.
Contuvo el aliento, cerró los ojos e intentó calmarse mientras tenía la vista puesta en el techo. El camarero guardo silencio, minutos luego lo miró regresar hacia el interior de la habitación.
─¿Señor…? ─este lo siguió hasta llegar a la puerta blanca de la recamara─. Me temo que voy a pedirle que se retire ─le dijo pero Sasuke lo ignoró.
Tomó el picaporte y abrió encontrándose con la habitación en completa penumbra, el chico buscó el interruptor y encendió la luz notando el cuarto vacío. La cama estaba tendida y las cortinas estaban cerradas; era como el botones le había dicho, aquella pieza había sido desocupada aunque, Sasuke creía saber algo así que… continuó revisando.
Quiso confiar en ella, Sakura se lo merecía sin embargo, aquel sujeto se lo había impedido.
Se adentró un poco más y buscó con la mirada hasta que algo extraño llamó su atención, debajo de puerta del baño se encontraba tirada su pañoleta, aquella que él le había regalado esa mañana.
Sasuke se agachó a recogerla, estaba mojada. Torció un crucial gesto de ira y salió de esa pútrida habitación tan rápido como pudo. Ahora que tenía la prueba en sus manos y que Sakura llegara a dormir ella se las iba a pagar.
El chico se estaba esmerando demasiado por recuperarla pero ella no hacía nada más que verle y burlarse de él en su cara y no, no se iba a dejar.
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Continuará…
