XXV
La noticia de que Gin volvía a ser la mano de izquierda del líder no tardó mucho en llegar a los nuevos laboratorios de la Organización, aunque esa noticia se compartía con el escándalo de Sherry que se había pasar por un alto cargo.
No pudieron castigarla por alta traición gracias a los papeles que cargaba con ella, pero aún así para recordarle donde estaba en todo momento y su situación fue encadenada en su escritorio por el tobillo. Lo más lejos que podía llegar con la largura de la cadena era de su escritorio a la mesa de pruebas. La poca libertad que tenía en esa Organización la perdió esa fría noche, pero mejor eso que una bala en la cabeza.
Un gran golpe en la mesa de la científica hizo que diera un bote.
–Aquí tienes –el sonido fue causado por el peso de un gran libro, los hombres de negro no eran conocidos especialmente por su educación –. El libro del Doctor Miyano.
–Gracias –murmuró Sherry pasando rápidamente las páginas para observar que no le faltará ninguna página –. No sabía que tuviéramos una biblioteca privada, ¿Dónde se encuentra?
–Eso no te incumbe mocosa –gruñó el alto cargo mientras se alejaba de ella, pero ésta estiró de la cadena de su pierna para que se tropezara –. ¡Mierda! –chutó la cadena reprimiendo las ganas de abofetear la cara de la joven científica–. Agradece que no te matáramos y ponte al trabajo, si esto no funciona es porque vosotros sois el problema y para eso tenemos una solución muy rápida –rió fríamente hasta que Sherry le perdió de vista.
Ésta suspiró y comenzó a ojear el libro de su padre, lo único bueno que había sacado de aquella noche fue descubrir que su padre había escrito un libro.
En verdad, apenas sabía nada de sus padres…
El libro era interesante en sí, tenía unos puntos de vista que su hija no había observado y podría incluirlo en sus experimentos para que los resultados fueran más positivos. Anotó las partes más interesantes en su libreta ya que de los ordenadores no se fiaba mucho.
Cada cierto tiempo eran hackeados y aunque los informes siempre volvían a la Organización y los traidores morían, el tiempo de espera para recuperarlos era muy molesto. Cuando Sherry levantó la cabeza observó el reloj para darse cuenta que ya era de noche pero nadie había venido para escoltarla a casa.
O eso creía
La puerta se abrió lentamente, pero no era nadie de la Organización, era el novio de su hermana: Dai Moroboshi.
–¿¡Que haces aquí!? –le alarmó, no llevaba ningún tipo de acreditación encima –. ¡Si te ven aquí te matarán!
–Tu hermana me mandó aquí para ver como estabas –levantó las manos en forma de disculpa –. Tu amigo Generic me dejó pasar sin ningún tipo de problema.
–¿Tienes acreditación?
–Me dijo que tú me la harías, ¿acaso no eres la jefa de aquí? –observó la cadena de su tobillo, como respuesta cogió una de las sillas para sentarse a su lado –. ¿No me podrías falsificar alguna? –Sherry no lo tenía muy claro para ella todavía era un extraño, siendo novio de Akemi o no –, tu hermana estaría más tranquila sabiendo que al menos yo puedo acceder a ti y ver que estás bien.
Sherry suspiró girando su silla para ponerse enfrente de la pantalla del ordenador y con la punta del pie encendió la torre.
–Esto es una locura, me van a acabar matando.
–No lo creo, eres muy valiosa para ellos –rió el hombre observando su alrededor –. Así que… ¿Estas son las nuevas instalaciones que conseguimos?
–Sí –empezó a acceder al programa pasando primero las típicas medidas de seguridad.
–¿Qué estáis investigado?
Sherry dejó de teclear y observó con frialdad al chico.
–Seas el novio de mi hermana o no, nunca preguntes por mis trabajos –amenazó.
–Eres una chica dura ¿eh? –se mofó recordando cuando se desmayó en sus brazos –. Seguramente este mundo te está volviendo así, tus ojos no son como los de tu hermana.
–¿Mis ojos? Salí más a mi madre.
–Me refería más a tu mirada –señaló –. Tienes la mirada más fría que tú hermana y mira que ella es la mayor, haces buena pareja con él.
–¿Él?
–Si, Gin.
Sherry se rió volviendo a mirar la pantalla para seguir con la falsa acreditación, con ella podría entrar fácilmente sin llevarse un disparo de recuerdo. Incluso si se lo llegase a trabajar podría llegar hasta hablar con algún cargo medio.
–No es mi pareja –siguió hablando mientras tecleaba rápidamente –. No sé de donde lo has sacado, si lo supieras por mi hermana sabrías que me utilizó y ya no nos une nada, nunca fuimos nada.
–Eso no es lo que se dice por los alrededores de los laboratorios.
Sherry pulsó elegantemente un botón para activar el código de la acreditación.
–¿Los alrededores?
–Claro –observaba atentamente como la científica sacaba una tarjeta con un código, la segunda fase del plan estaba funcionando, ya estaba dentro –. Los altos cargos tienen miedo por decirlo de alguna manera de hacerte daño y enojar a Gin.
Ésta levantó una ceja incrédula, por eso todos la trataban lo mejor que podían… pero no sabía nada de él desde hacía unas semanas, lo único que pudo descubrir en uno de los coches que la escoltaban a casa es que estaba en América detrás de alguien.
El sonido de la cadena la volvió en sí, cogió la acreditación y la firmó para luego plastificarla.
–Bienvenido a la Organización –se mofó Sherry mientras se la daba –. Si te lo trabajas un poquito puede ser que hasta llegues a lo más alto.
Y tanto que va a ser así.
