N/A: Lo primero de todo es disculparme porque ayer estuve muy ocupada y no pude conectarme.
Último capítulo. Muchas gracias a todos por leer y comentar esta historia, espero que os haya gustado. Yo he disfrutado mucho explorando un nuevo género, aunque creo que mejor me quedo en el drama XD. Ha sido un placer escribir esta historia... Espero que pronto nos leamos de nuevo...
CAPÍTULO 25: CAMBIOS
Los días pasaban pero la recuperación de Sebastian iba más lenta de lo que esperaba. Apenas podía mover la rodilla y casi siempre acababa desesperándose. Blaine estaba teniendo mucha paciencia y lo ayudaba en lo poco que se dejaba. El orgullo del castaño salía a relucir y no dejaba que hicieran nada por él, por lo que el moreno acababa recibiendo sus gritos y reproches.
El ojimiel realmente se estaba esforzando, intentaba que las palabras de su novio no le afectaran en exceso. Sabía que eran fruto del dolor y la frustración y que no las diría en otras circunstancias. Las palabras dolían, eso era verdad, incluso había alguna vez que le había hecho llorar.
Sam estaba preocupado porque notaba que su conversación con Smythe no había tenido el efecto que había deseado. Él esperaba que su mensaje hubiera evitado todo ésto, sobretodo porque lo único que conseguía era dañar a los dos.
Cooper era el paño de lágrimas de su hermano. Cada vez que llegaba a casa se desahogaba contándole todo lo que pasaba. Al principio intentaba mostrarse comprensivo pero con el paso del tiempo le costaba mucho convencer a su hermano de algo que él ya no creía, que todo se solucionaría. Había perdido la esperanza porque Sebastian había traspasado alguna línea que no debía y creía que Blaine no debía aceptarlo. No había llegado a maltrato psicológico, pero había estado muy cerca.
Una tarde, el moreno llegó a casa de su novio y lo encontró en el suelo del salón. Rápidamente corrió a ayudarlo pero cuando llegó a su lado, el castaño le impidió que lo tocara.
– Puedo solo. – Dijo con voz fría.
– Lo sé, pero yo quiero ayudarte. – El ojimiel intentó estar tranquilo.
– ¡Yo no quiero que me ayudes! ¿Es que no lo comprendes? ¡No te quiero a mi lado! – Esas palabras de Smythe dolieron demasiado y fue la gota que colmó el vaso. El otro se levantó con dificultad y se sentó en el sofá.
– Llevo días aguantando tus gritos y ya no puedo más. – Anderson siguió de pie.
– Nadie te obliga a que te quedes. – Smythe respondió.
– Irme sería rendirme y eres lo mejor que me ha pasado en mi vida. Sin ti seguiría pensando que Cooper no quería saber nada de mí, sin ti estaría muerto, sin ti seguiría sin sentirme amado. Tú trajiste la luz a mi vida y quiero hacer lo mismo por ti. Te amo. – Blaine se sentó a su lado y Sebastian suspiró.
– Ya no soy el que era...
– Yo tampoco. Ya no soy ese niño asustadizo que se sonrojaba cuando te insinuabas y que se despertaba llorando por culpa de las pesadillas. – El moreno insistió.
– Necesito tiempo... – El castaño intentó contener las lágrimas y sintió las manos de su novio acariciando su espalda.
– Sé que necesitas tiempo para acostumbrarte a tu vida a partir de ahora pero eso no significa que tengas que apartarme de tu lado. Estamos juntos en los buenos y en los malos momentos. Tú estuviste conmigo cuando me dispararon, arriesgaste tu vida por mí y te aseguraste de que me recuperaba. ¿Por qué no me dejas hacer lo mismo? – El ojimiel preguntó desesperado.
– Yo... Te amo y no quiero que pases por todo ésto... Yo no voy a volver a ser el mismo. – Smythe insistió.
– Aunque te parezca mentira, no me enamoré de ti porque fueras policía o por tu manera de caminar. Me enamoraste por como eres y eso no va a cambiar. Vas a seguir siendo dulce conmigo cuando con los demás eres sarcástico y borde, vas a seguir tratándome como si fuera un príncipe, vas a seguir preocupándote por mí... Eso no va a cambiar.
– Te he tenido abandonado... – Sebastian comenzó a llorar, ya no podía contenerse más. Anderson lo besó con mucha dulzura.
– Y yo lo comprendo, lo bueno es que todavía no es demasiado tarde y podemos solucionar las cosas.
– Te amo, perdóname. – El castaño susurró.
– Yo también te amo y te perdono.
La pareja se besó de forma pasional, hacía mucho tiempo que no estaban de esa manera y, aunque lo intentaran negar, se habían extrañado demasiado. Antes de que el ojiverde pudiera parar a su novio, éste estaba sobre él, mientras colaba sus manos por debajo de la camiseta.
– No voy a poder moverme mucho... – Smythe susurró, no quería parar pero tampoco quería que el otro no se sintiera satisfecho.
– Yo me moveré por los dos – Anderson aseguró con voz sensual.
La pareja aprovechó el momento para volver a conectar y mostrarse su amor.
Tres meses habían pasado desde la explosión y por suerte la pareja había solucionado todos sus problemas. Blaine había conseguido un pequeño papel un la adaptación cinematográfica de un musical y pasaría el verano en el set de rodaje. Cooper y Sebastian estaban muy orgullosos porque era el primer paso para convertir su sueño en realidad.
Por su parte, el castaño se estaba preparando para trabajar con la policía de Los Angeles en el Departamento Informático. Eso le permitía seguir teniendo acción, aunque fuera desde una cómoda silla desde su despacho. Iba a investigar delitos informáticos, realizar investigaciones en la red... Cualquier cosa que fuera necesaria para detener a los delincuentes.
Las secuelas del accidente no eran tan graves como había pensado en un principio. Tenía que ayudarse de un bastón para caminar pero era totalmente independiente y eso le encantaba. Era más de lo que él esperaba.
Por eso ya no tenía ningún deseo de alejar al amor de su vida de su lado. Al contrario, había preparado una cena perfecta para los dos esa noche. Cuando la pareja terminó de disfrutar de esos platos, se sentaron juntos en el sofá. Blaine estaba apoyado en el pecho del otro y sentía sus brazos alrededor de su cintura.
– Ven a vivir conmigo. – Sebastian sorprendió a su novio, que lo miró a los ojos.
– ¿Quieres que vivamos juntos? – El moreno no se lo esperaba.
– ¡Claro! Me amas, te amo... Y seamos sinceros, pasas más tiempo aquí que en casa de tu hermano. – El castaño acarició el costado de su chico, haciéndole cosquillas.
– Sabes que no voy a poder ayudarte con los gastos. Entre las clases, el proyecto de teatro y mi maqueta no tengo tiempo para trabajar muchas horas. – El ojimiel explicó con paciencia.
– Yo puedo hacerme cargo de los gastos hasta que tengas dinero. Sé que tienes mucho en tu vida en este momento pero con el tiempo conseguirás un trabajo y me ayudarás con todo. Hasta entonces, yo puedo cuidar de los dos. – Como sus caras estaban a escasos centímetros, Smythe lo besó.
– Pienso darte todo lo que me paguen de la película. – Anderson le informó, haciendo que Sebastian sonriera.
– ¿Eso es un sí? – El castaño preguntó con una sonrisa.
– Sí.
La pareja volvió a besarse, esa vez con más intensidad. Habían sabido superar todos los obstáculos que se les habían presentado esos años y sabían que su relación se había visto fortalecida. No eran los mismos que se habían enamorado en los pasillos de Dalton pero seguían amándose, que era lo que realmente importaba. Sabían que tenían muchas cosas por vivir, pero lo harían juntos y con la seguridad de que nada los separaría.
