"No llores por un mundo que lucha, lucha por un mundo que llora."

Anónimo

Mujer

Los titulares de la primera plana del Profeta me miran amenazadores, como si ese montón de palabras fatales fueran realmente capaces de hacerme daño. De hacerles daño, en realidad.

No temo por lo que pueda llegar a pasarme. En estos momentos, sé que hay personas más desprotegidas que yo; posibles víctimas de una guerra que desconocen.

-¡Hermione! Ya está la cena.

Ya voy, les digo, pero apenas me sale la voz. Ya no hablo tanto como antes. Ya no soy esa niña que vivía con la nariz pegada a las páginas de algún gastado tomo de lectura escolar.

Miro una vez más mi cuarto, escaneando cada rincón de la habitación, a la espera de encontrar algo olvidado. Pero no. Tengo todo lo que necesito en mi bolso.

La muñeca de trapo que me hizo la nana parece gritarme que no la deje. Pero no puedo llevarla. En este viaje ya no hay cabida para cosas de niña.

Trato de recordar el momento en que todo empezó. El instante en que dejé de ser esa chica que pensaba que lo peor que podía pasarle en la vida era obtener un desaprobado en sus calificaciones. Esa niña que quería tener amigos y no sabía cómo.

¿Fue esa vez que decidí mentir a mi profesora para evitar que castigaran a esos dos niños? ¿O fue cuando decidí saltarme cientos de normas para seguir a Harry y Ron en su primera aventura?

Tal vez, la primera vez que me sentí mujer fue cuando me miré al espejo y el reflejo me devolvía la imagen de una chica con vestido, cuando nunca antes había usado uno en mi vida. Los demás pueden pensar que dejé de ser una pequeña y me convertí en una joven mujer cuando recibí mi primer beso. Pero no, creo que me sentí más femenina que nunca cuando Ron me miraba con los ojos descomunalmente abiertos, mientras caminaba por la pista de baile.

Quizá...quizá ya había dejado de ser una niña por completo en el momento que propuse crear el ED. Necesitaba pasar a la práctica, convertir en acciones lo que era necesario para lograr lo que consideraba justo. Estaba comenzando a entender la importancia de las decisiones y los actos en nuestras vidas.

No. Estoy equivocada. Decidí decirle adiós a esa pequeña de cabello enmarañado y dientes largos cuando me metí en esta guerra. Cuando prometí a Harry que Ron y yo lo acompañaríamos a donde sea que fuera.

Algunos letrados dicen que se avanza hacia la madurez cuando se obtiene la independencia económica. Dejamos de depender de los demás, somos capaces de mantener nuestras propias vidas. Responsabilidad en los actos, cumplimientos de obligaciones y derechos. He leído sobre ello en muchos libros pero, esta vez, creo que están equivocados. Porque no siempre necesitas haber alcanzado la mayoría de edad legal, ni conducir un auto, culminar tus estudios universitarios, vivir solo, pagar tus impuestos, casarte o tener un niño. Puedes tener diez, diecisiete o treinta años, pero una guerra es suficiente para que se te escape la inocencia, te vapuleen los principios y te veas obligado a tomar decisiones trascendentales, a dejar de ser lo que eras y a madurar a cachetazos o...o morir en el intento.

Me hubiera gustado terminar mis estudios en Hogwarts, ser Premio Anual y aprobar todos los Éxtasis. Empezar con campañas más serias y formales para difundir a la PEDDO, fuera de los muros del colegio. Que Dumbledore estuviera presente el día de nuestra graduación, con su sonrisa bondadosa y la barba reluciente llegándole a los pies. Que Ginny pudiera seguir su romance de cuento de hadas, como recompensa de haberlo esperado años y años. Que Harry pudiera ser un chico de diecisiete años, feliz y despreocupado, sin una cicatriz en la frente y con un padre y una madre esperándolos en casa. Que lo único que me inquietara fuera la mirada penetrante de Ron y los roces casuales de piel que, poco a poco, dejan de serlo.

Me hubiera gustado que el día que tuviera que dejar mi hogar, mirara a mis padres a la cara y todo fuera sonrisas, lágrimas de emoción, abrazos cálidos, un cuídate, mi niña, otro llámanos cuando nos necesites, a la hora que sea, y el reconfortante no dejes de venir los jueves, recuerda que cenaremos juntos esos días. Pero nada de eso es posible.

Eres una sangre sucia, Hermione (y a mucha honra -me recuerdo-, orgullosa de mis orígenes). No puedes despedirte de tus padres.

Ni siquiera puedo mirarlos a los ojos, porque no podría hacer lo que tengo que hacer. Sólo veo la parte de atrás de sus cabezas, mientras miran la televisión, sentados en el sofá, riéndose. Ajenos al dilema interno que me mata por dentro. Siento el brazo pesado, pero tengo que levantarlo. Las palabras se me atascan en la lengua, y me cuesta respirar. Parpadeo rápido, tiemblo. Tengo que apretar los labios, porque si se me escapa un sollozo ellos advertirán mi presencia, se girarán y verán a una chica apuntándoles con su varita, y no podrán reconocer a su niña. A esa niña que ha dejado de serlo para convertirse en mujer.

Me hubiera gustado partir, decirles adiós y despedirme de esta niña por motivos más felices y normales que los que me obligan a escaparme como una fugitiva. Pero es la vida que me ha tocado y soy capaz de asumir las consecuencias. Como un adulto, con madurez.

Adiós papá, adiós mamá.

Adiós, pequeña Hermione.

-Obliviate.

La niña de las fotografías sobre las repisas se evapora de las imágenes y mis padres se callan de pronto. Yo guardo mi varita y salgo a la calle, dispuesta a ganar y, algún día, volver a ser la pequeña de los Granger.


N/A: Aquí terminamos, por hoy. La inspiración se tomó unas vacaciones y volvió, así que espero que pronto pueda traerles más viñetas, si es posible con los personajes pedidos (que los tengo anotados, no me olvido de sus peticiones ;-D ) Este capítulito va para los que pasan por aquí, para los que dejaron comentarios alguna vez, para los que siempre están.

Nos vemos en la próxima viñeta, espero que hayan disfrutado de leerlo tanto como yo de escribirlo.

Me gustaría saber sus opiniones y sugerencias ;) Besos!