Capítulo 24: Una intrusa en el Consejo
Los aposentos del futuro Rey de Persia se habían convertido en un improvisado hospital. Malik yacía tumbado en su cama, mirando al techo, mientras Farah curaba sus heridas. Estaba cosiendo un corte bastante amplio de su pecho. Malik trataba de contener el dolor, pero podía sentir aquella afilada aguja abrirse paso a través de su piel, seguida del hilo que uniría ambos lados de la herida.
Aguanta. – Le dijo Farah.- Ya casi he terminado.
Gracias por no llamar al médico …
Olvídalo … - Farah continuó en silencio hasta que decidió volver a hablar. - Es la última vez que bebes. ¿Queda claro?
¿Qué? ¿Por qué dices eso?
¡Mira lo que te has hecho!
Esto no me lo hice por estar borracho … - Confesó, avergonzado. – Bebí después porque no quería recordar lo que pasase cuando me encontraras así. Pero me equivoqué … Lo recuerdo todo.
Eres un inmaduro. – Farah terminó de coser sus heridas y fue a lavarse las manos.
Estás enfadada conmigo, ¿verdad?
Has torturado a mi mejor amiga y a tu propio hermano. Te negaste a escucharnos a ninguno de los tres e incluso le diste permiso a tus soldados para que me apresaran y no pudiera defender a Kaileena mientras la torturaban. ¿Te parece poco?
Lo siento …
No es a mí a quien tienes que pedirle disculpas. Es a Kaileena y a Cyrus, sobre todo a Kaileena. – Dijo ella, sentándose en la cama.
Sé que te he decepcionado, pero quiero arreglarlo. ¡No quiero que estés molesta conmigo! Te prometo que voy a solucionar esto.
No quieres enterarte … - Farah suspiró, se metió en la cama y apagó la vela que alumbraba su lado. De muy mala gana, dijo. – Buenas noches, Malik.
A la mañana siguiente, Cyrus fue a ver a Kaileena. Entró sin llamar y la encontró durmiendo. En silencio, se acercó, se sentó en la cama y le apartó el pelo de la cara. Entonces, ella abrió los ojos y sonrió.
Buenos días. – Saludó él, dulcemente.
Hola. – Dijo ella en voz baja.
¿Cómo te encuentras hoy?
Algo mejor que ayer.
¿Has podido dormir?
No mucho. El hombro me sigue doliendo … Y el costado también. Recibí varias patadas bastante fuertes.
Kaileena, ¿quién te hizo esto?
Karsham. – Respondió ella, seria. – Debo hablar con tu padre. ¡Hay un traidor en Palacio aliado con él!
No. Tú ahora tienes que recuperarte.
Asha llamó a la puerta y entró para traerle el desayuno a Kaileena. Dejó la bandeja sobre una mesita junto a la cama y comenzó a ordenar la habitación.
Asha. – Cyrus sacó una bolsa. – Hervid estas hierbas y haced una cataplasma con ellas. Usad el agua para hacerle una infusión.
Enseguida, ¿algo más?
Y llevadle también a mi padre. – Añadió. - Le aliviará el dolor.
Por supuesto. – Asha se marchó apresuradamente.
¿De dónde has sacado esas hierbas? – Preguntó Kaileena.
Me las ha dado el Anciano. Te ayudarán a descansar.
Gracias. Pero tienes que dejarme ver a tu padre, ¡es urgente!
Yo hablaré con él por ti. – Le aseguró. – No voy a dejar que te levantes de esta cama hasta que el médico lo apruebe.
Pero …
¡No hay peros que valgan, Kaileena! Necesitas descansar. ¡Tienes que recuperarte! Si no descansas adecuadamente, podrían quedarte secuelas de por vida.
Está bien … - Suspiró ella. – Como quieras.
Voy a cuidar de ti, no te preocupes. – Le dijo sonriendo, acariciándole la cara. Pero su expresión cambió al preguntarle lo siguiente. - ¿Qué hacía Karsham en tu celda? ¿A qué fue?
No lo sé … Decía que quería despedirse antes de que Malik ordenase que me ejecutaran. No sé que pretendía.
¿Te hizo algo más aparte de … esto? – Preguntó Cyrus. Se le notaba muy preocupado. No quería ni pensar que Karsham podría haberle hecho algo más a Kaileena, algo grave.
¿Te refieres a ...? - Cyrus asintió. – No, tranquilo. No me hizo nada más.
Gracias a los Dioses … - Suspiró. – Si se hubiese aprovechado de ti …
No habrías podido hacer nada. – Terminó ella. – Cyrus, está aliado con un traidor, y tiene soldados de su parte. ¡Hay una conspiración!
¿De qué hablas?
Quieren acabar con tu Familia, ¡mataros a todos!
¡¿Qué? ¿Por qué? ¿Qué más oíste?
No alcancé a oír nada más … ¡Tienes que avisar a tu padre!
Cyrus se quedó pensativo. Si alguien tramaba eliminar a toda la Familia Real, tenía que ser un fiel a Saman. Pero si había un traidor entre los muros de Palacio, ¿cómo encontrarle? Si lo que Kaileena decía era cierto, los soldados podrían estar de su parte también. Y de ser así, estaban sentenciados.
En la otra punta del pasillo, Malik despertaba con una resaca horrible. Le dolía todo el cuerpo y no sabía por qué. Pero al ver todas aquellas vendas y heridas, recordó lo que se había hecho él mismo. ¿En qué estaría pensando?
Miró a su lado, pero no encontró a Farah. Tampoco estaba Darab. Malik sabía que estaba, no sólo furiosa con él por lo ocurrido, sino también decepcionada. La única manera de solucionar aquello era pedirle perdón a Kaileena. Pero, ¿cómo iba a mirarla a la cara después de lo que le había hecho pasar? Además, Cyrus no le permitiría acercarse a ella. Obviamente, él trataría de protegerla.
Desesperado y sin saber qué era lo correcto y qué no, Malik se vistió para ir a ver a su padre en busca de consejo. Sin embargo, él se adelantó a sus intenciones y envió a un sirviente en su busca.
¿Alteza? – Llamó el joven, asomando la cabeza tras la puerta.
¿Sí? ¿Ocurre algo?
El Rey desea veros. Dice que quiere hablar con vos sobre algo que ocurrió ayer.
Iba para allí ahora mismo.
Tras darle permiso al joven para retirase, Malik fue a los aposentos de su padre. Tenía mucho mejor aspecto que el día anterior, y se le veía más despierto. Sin embargo, su expresión era la de un padre claramente enfadado con su hijo. Descendiendo la mirada, Malik le habló.
¿Deseabais verme?
Entra. – Le ordenó muy serio. – Siéntate en esa silla.
Malik cogió la silla que señalaba su padre y se sentó en ella, junto a la cama. No se atrevía a mirarle a los ojos. No sabía qué decir. Cualquier excusa sería inútil. Había metido la pata hasta el fondo.
¿No piensas decir nada? – Malik no le respondió, sólo tragó saliva. – Te he hecho una pregunta, Malik.
Nada de lo que diga justificará lo que hice.
Nadie me ha explicado aún lo que ocurrió. Sólo sé que Kaileena fue encarcelada, que alguien le dio una paliza y que tu hermano se interpuso entre tus hombres y ella para evitar que la torturasen. – Le dijo. – Así que ya puedes estar explicando qué fue lo que ocurrió para que acabasen así.
Aún sin mirarle, Malik le explicó todo lo ocurrido, alegando que Kaileena era la única sospechosa y que se sentía muy presionado por lo que había ocurrido. También le contó lo que se había hecho como castigo. Shahraman le escuchaba en silencio, comprendiendo que Malik se sentía realmente arrepentido por lo ocurrido, pero que, presa de la indecisión y la duda, era incapaz de corregir sus actos.
He sido un incompetente como Príncipe. – Malik estaba temblando de los nervios. – Supongo que estaréis furioso conmigo.
Decepcionado. ¿Crees que auto-torturándote conseguirás solucionar esto? – Malik se cerró más la camisa, tratando de ocultar sus heridas. - ¿Qué ha dicho Farah de todo esto?
Está enfadada. Esta mañana cuando me desperté, no estaba en nuestros aposentos.
Es comprensible. Farah debe sentirse dividida. No quiere darte la espalda, pero no puede negarle a Kaileena y Cyrus estar de su lado. Lo que has hecho es grave. – Shahraman, a pesar de la gravedad del error de su hijo, hablaba en un tono cordial y tranquilo.
Lo sé …
Has destrozado todos los avances que teníamos con Kaileena. No sólo el esfuerzo que le estaba costando a tu hermano que se sintiera aceptada, sino los planes que yo tenía para ella.
¿Planes? ¿Qué planes?
La quiero en el Consejo.
¡¿Qué? Pero es una mujer. ¡No lo aprobará ni un solo miembro!
Es decisión mía. Kaileena posee más sabiduría que todos los Consejeros juntos.
Pero los miembros del Consejo son todos antiguos generales o altos cargos del Templo. ¡Todos tienen algún tipo de reconocimiento!
Todo el mundo ve a Kaileena como la Emperatriz del Tiempo.
Eso NO es algo bueno. – Corrigió Malik.
Yo la veo como la Diosa que fue antes. Aun habiendo renunciado a su puesto, el vínculo que tiene con los Dioses debe permanecer.
Ella dijo que Ormazd había roto ese vínculo tras resucitarla.
No, ambos sabemos que Ormazd no dejará a Kaileena vivir sin quitarle la vista de encima. Siempre ha sido su protegida, y ahora que está totalmente indefensa ante el mundo que la rodea, Ormazd tiene más motivos para vigilarla.
Pues no la está protegiendo de nada …
Los Dioses no actúan así. Ormazd sólo interviene en situaciones extremas. No pueden dejarse ver con tanta facilidad.
Entonces, ¿queréis a Kaileena por su vínculo con los Dioses?
No te negaré que tener a Kaileena de nuestro lado nos beneficia en ese aspecto. Pero también es por sus antecedentes como estratega. Tiene unos conocimientos en el ámbito militar muy superiores a los nuestros. Y por si fuera poco, sabe calar a la gente con sólo mirarla. Es muy inteligente y tiene un gran carisma. Estoy deseando que tu hermano se decida a pedir su mano. Esa mujer es más de lo que aparenta ser.
Aún así … Será difícil que el Consejo lo vea bien. Ella no querrá volver a ser Sacerdotisa. – Dijo Malik. – Eso le impediría desposarse con Cyrus. ¡No podrían ni hablarse!
Esas normas con Kaileena no sirven. ¿Con cuántos hombres habrá yacido antes de con tu hermano? ¿Decenas? ¡Es ridículo! Sólo habría que convencer a Hassan para que lo permitiese.
¿Estáis bromeando? ¡Jamás lo aprobará! Hassan lleva a rajatabla las normas y tradiciones.
Habrá que intentarlo. Tú proponle a Kaileena un lugar en el Consejo.
No soy el más indicado, Padre. Es vuestra idea, ¡no la mía!
¡Tú hazlo!
De pronto, alguien llamó a la puerta. Era Cyrus.
¡Cyrus! – Exclamó Shahraman. – Pasa.
Si está él aquí, prefiero esperar fuera. – Se negó él, mirando a Malik amenazante.
Tranquilo, ya me iba … - Dijo, levantándose.
Esperad, esperad. – Intervino su padre. – Tenéis que hablar de esto.
Por mi parte, no hay nada que hablar. – Dijo Cyrus, molesto.
Cyrus, escucha … - Dijo Malik. – Sé que estás enfadado, y lo entiendo. Pero …
¿Enfadado? ¡Enfadado es poco! Kaileena apenas ha dormido a causa del dolor de su brazo. ¡No tienes ni idea de lo que está sufriendo! Y tú ni siquiera te has disculpado …
Sé que he actuado mal, pero quiero compensarla por ello. ¡Podría entrar en el Consejo!
Esa idea no puede ser tuya. – Dijo Cyrus. – Además, ¿acaso crees que puedes comprarla de ese modo?
La idea ha sido mía, Cyrus … - Admitió Shahraman. – Pero eso le dará una oportunidad a Malik de dialogar tranquilamente con Kaileena.
Kaileena ya ha sufrido bastante como para que ahora la obligues a hablar de lo ocurrido.
¿Acaso pretendes que me evite? – Preguntó Malik, molesto. – No puedes aislarla.
Dime una cosa, Malik. Si te permito verla, ¿le pedirás disculpas? – Malik no respondió. – Lo suponía, tu orgullo te puede. Eres incapaz de admitir un error.
¡No! Eso no es cierto.
¿Y entonces por qué no te disculpas?
Es difícil encontrar las palabras adecuadas …
LO SIENTO. Dos palabras, ¿tan difícil es? – Malik miró al suelo, sin decir nada. – A Kaileena le afectó lo que ocurrió en la presentación de Darab más de lo que crees. Incluso me dijo que se marcharía de Babilonia. La gente de la que se suponía que debía ser su ciudad, su hogar, no la acepta. ¿Cómo crees que se sentirá si los pocos en los que ella creía poder confiar la traicionan de ese modo?
Yo … - Malik suspiró sin saber qué más decir. – Escucha, te prometo que le pediré disculpas. Pero …
¿Qué te ha pasado en las manos? – Preguntó Cyrus, que llevaba desde que lo vio preguntándose qué le ocurría. – Espera … ¿Eso de tu pecho son latigazos?
No es nada. – Malik trató de ocultar sus heridas.
Bueno … - Cyrus dejó el tema a un lado, aún desconfiando. – He venido a contaros una cosa que me ha dicho Kaileena.
¿Qué ocurre? – Preguntó Shahraman, preocupado.
Dice que hay un traidor en Palacio aliado con Karsham, planeando asesinarnos a todos. – Anunció Cyrus.
¡¿Qué? – Exclamaron Malik y Shahraman al unísono.
¡Que quieren acabar con la Familia Real! – Gritó él.
Dioses … ¡Tengo que hablar con ella! – Shahraman se levantó de pronto, a pesar de su delicado estado.
¡No! – Exclamó Malik, impidiéndole levantarse.
¿Dónde creéis que vais? – Le dijo Cyrus, sujetándole también.
A hablar con Kaileena. ¡Necesito saber qué está pasando aquí!
¡No podéis levantaros! – Malik trató de retenerle, pero Shahraman logró levantarse. - ¡Padre!
Shahraman apartó a sus dos hijos de su camino y se apresuró hacia los aposentos de Kaileena. Ella estaba tumbada con los ojos cerrados, tratando de descansar, cuando, de pronto, vio al Rey abrir la puerta bruscamente corriendo hacia ella. Tras él venían Cyrus y Malik.
¿Qué ocurre? – Preguntó ella, confusa y preocupada. - ¿Qué está pasando?
Kaileena, contadme qué fue lo que ocurrió en la Prisión.
¡Padre! – Protestó Cyrus. – No está en condiciones de recordar algo así.
¡Deja de protegerla! – Se encaró Malik. - ¡Esto es grave!
¡Cállate! Tú ni siquiera deberías estar aquí, pedazo de …
¡Basta! – Interrumpió ella. De nuevo, miró al Rey. – Os contaré lo que pasó, Majestad, pero a solas.
Ya lo has oído, ¡lárgate! – Le ordenó Cyrus a Malik.
He dicho "a solas". – Repitió ella.
¡¿Qué?
Ya has oído a la señorita. – Dijo Malik, cediéndole el paso a su hermano. – Te vienes fuera conmigo.
Cyrus salió con Malik, ofendido. Kaileena no le había contado lo ocurrido a él y ahora que se lo iba a contar con todo lujo de detalles a su padre, lo echaba de allí.
¿Por qué le habéis echado?
No quiero que sepa lo que ocurrió.
¿Acaso fue algo más que una simple agresión?
¡No! Pero no quiero que lo sepa … Me prometió que no dejaría que me pasara nada, y si se entera de lo ocurrido, se sentirá culpable por no haber podido protegerme.
Entiendo … - Shahraman veía a Kaileena decaída. Estaba realmente afectada. – Lamento lo que ha pasado. No pensaba que Malik pudiera …
Por favor, no me habléis de vuestro hijo. – A Kaileena se le llenaban los ojos de lágrimas. – Ya he tenido bastante.
Fuera, Cyrus y Malik habían pegado la oreja a la puerta para saber de qué hablaban.
¿Qué ha dicho? – Preguntó Malik.
Que no quiere hablar de ti.
Cyrus volvió a concentrarse para oír la conversación que tenía lugar dentro. Kaileena respondió a todas las preguntas que tenía el Rey, tratando de aclararlo todo.
Entonces, ¿no tenéis ni idea de quién puede ser el traidor?
No sé más de lo que os he contado, lo siento.
Al menos, sabemos que es alguien de dentro …
Majestad, ¿Por qué querría alguien acabar con la Familia Real?
Supongo que quien quiera que sea el que está aliado con Karsham, debe ser un seguidor de mi hermano.
¿De vuestro hermano?
Os contaría la historia completa, pero tenemos asuntos más importantes que atender.
Por supuesto. – Asintió ella. – Si necesitáis mi ayuda, sólo tenéis que decírmelo.
Vos ya habéis hecho más de lo que ninguna otra persona ha hecho por mí. – Kaileena sabía que se refería a lo del Templo. – Me gustaría compensaros por ello.
No es necesario, de verdad. No podía dejaros allí.
Insisto. – Shahraman colocó su mano sobre el hombro de Kaileena. – Quiero que os unáis al Consejo.
Kaileena se quedó en silencio, mirándole inexpresiva.
Es una broma, ¿no?
¡No! ¿Por qué iba a bromear? Va totalmente en serio.
¿Cómo voy a unirme al Consejo? Sólo soy un huésped aquí.
Sería un honor que formaseis parte de mi Consejo durante el tiempo que me quede como Rey.
No sé, Majestad …
Id a la próxima reunión y probad. Hablad con Malik. Él os asignará un asiento.
¿Con Malik? – Aquello parecía quitarle las ganas.
Él ocupará mi puesto mientras me recupero.
Y cuando sea él el Rey … ¿El Consejo será el mismo?
Él cambiará a los miembros que no le agraden y elegirá a su Consejero Personal.
Entiendo …
En aquel momento, llamaron a la puerta. Pensando que eran Cyrus y Malik, Shahraman dio permiso para que entraran. Pero quien entró fue Yashar. Tras él, entraron ellos.
¡Majestad! Os estaba buscando. – Yashar vio a Kaileena y le cambió la cara. Ella le miraba con desconfianza. Sabía lo que pensaba de ella. Parecía sorprendido de verla allí. - ¡Vaya! ¿Os han dejado salir de Prisión?
Hubo un error. – Explicó Cyrus. – Es inocente.
A juzgar por su aspecto, diría que se descubrió tarde …
Sus heridas no son sólo obra de los soldados de Malik. – Dijo Shahraman. – Al parecer, hay un traidor que entró con Karsham en su celda por la noche.
¡Precisamente de eso quería hablaros! Hemos encontrado a un sospechoso al que se le ha visto en compañía de gente sospechosa.
¿En serio? ¿Y dónde está?
¡Traedlo ante el Rey! – Ordenó Yashar.
Dos soldados entraron arrastrando a un hombre que forcejeaba con ellos. Er el capitán de la escolta del Rey, un soldado aún joven, uno de los hombres de confianza de Shahraman.
¡¿Vos? ¿Vos sois el traidor? – Shahraman no podía creerlo.
¡No sé qué ha pasado! ¡Pero os juro que yo no os he traicionado, Majestad! – El hombre parecía aterrado, ya que sabía que la traición se pagaba caro.
Eso dicen todos … - Murmuró Yashar. - ¿Procedemos a torturarle para que confiese?
Ese hombre es inocente. – Interrumpió Kaileena. Todos se giraron de inmediato y la miraron. – Él no es el traidor.
¿Y eso cómo lo sabéis? – Exigió Yashar, despreciándola.
Le escuché hablar en la Prisión y esa no es su voz. – Explicó ella. – El traidor es un hombre mayor, estoy segura. – Y algo menos segura, añadió. – Y su voz era más parecida a … la vuestra.
¡¿Insinuáis que yo soy el traidor? ¡¿Acaso me estáis acusando?
¡Alto! – Ordenó el Rey. – Seguro que Kaileena no ha querido decir eso. Todos sabemos que vos sois completamente fiel a mi persona.
Por supuesto. – Dijo Yashar, orgulloso.
Dejad libre a este hombre. – El soldado se marchó corriendo. Antes de que Yashar se retirase, Shahraman dijo. – Y Yashar, convocad al Consejo para una reunión.
Como ordenéis.
Y buscarle, de paso, un sitio a Kaileena. Quiero que asista como miembro.
¡¿Miembro? ¿Queréis decir … como Consejera? – Shahraman asintió. - ¡Eso es ridículo! Es una mujer. El Consejo no lo aprobará, ¡YO no lo apruebo!
Es decisión mía. Quiero a esta mujer como Consejera, así que encargaos de buscarle un lugar en la Sala del Consejo.
Como ordenéis.
Yashar hizo una reverencia y se marchó de allí, claramente indignado. Justo cuando se iba, regresó Asha con la cataplasma y una tetera con la infusión.
¡Vaya! ¿Interrumpo algo? – Preguntó, sorprendida de ver al Rey y a Malik allí.
En absoluto. – Respondió Cyrus. – Mi Padre y Malik ya se iban … ¿verdad?
Claro … - Dijo Malik, conteniendo las ganas de darle un puñetazo a su hermano. – Nos veremos en la cena.
Allí estaré. – Cyrus volvió a mirar a Asha. – Asha, acompañad a mi padre a sus aposentos y aplicarle la cataplasma.
¿Cataplasma? – Preguntó Shahraman.
El Anciano me dio unas hierbas para Kaileena y he pensado que quizás os alivien a vos también.
Es todo un detalle por tu parte que hayas pensado en mi.
Quiero que os recuperéis … - Cyrus aún no se atrevía a mostrarse cariñoso con su padre. – El Reino os necesita.
Oh … Claro. – Aquella respuesta le decepcionó. – Os veré a los dos en la cena.
Hasta entonces.
Cuando se quedaron a solas, Cyrus cogió el cuenco con la cataplasma y se acercó a Kaileena. Se sentó en la cama, le quitó las vendas y comenzó a aplicársela en el hombro y en el costado.
Dentro de un rato te sentirás mejor.
Gracias.
Cuando Asha regrese, te vendaremos de nuevo y bajaremos al comedor.
No tengo mucha hambre …
Debes comer, aunque sólo sea un poco. Después te traeré aquí de nuevo para que descanses.
¿Te quedarás conmigo?
Esperaré hasta que te duermas y luego me marcharé.
¿Y por qué no te quedas toda la noche?
Necesitas descansar … - Y sonriendo, añadió. – Y yo también. – Se giró y echó el contenido de la tetera en una taza. – Toma, bebe un poco.
Asha regresó y entre los dos volvieron a vendar a Kaileena. Cyrus le echó una mano a vestirse y, una vez lista, la ayudó a caminar hacia el comedor. Las piernas le fallaban, pero, poco a poco, llegaron allí. Ahora tocaba afrontar otra prueba aún peor: cenar con las personas que la acusaron de asesinato.
