CAPÍTULO 25: As en la manga
Todos nos miramos confundidos, ¿quién sería? Si era Aro se avecinaban más problemas, problemas bastante serios. Decidí no esperar más y rebusqué en la mente del vampiro que venía hacia nosotros.
Entonces supe quien era, no tuve que tardar mucho más en confirmarlo, pues rápidamente apareció a nuestra vista mientras se encaminaba hacia nosotros.
Parecía que la suerte no estaba de nuestro lado, de todos los vampiros que podrían haber sido tenía que ser Aro. El único vampiro que nos odiaba a muerte.
Cuando terminó de acercarse miró con odio a Bella mientras pensaba que ella era la culpable de todo. Cuando aquí el único culpable era él, si no hubiera secuestrado a Bella el reinado de los Vulturis no se vería en peligro en estos momentos.
No tardó en centrar su vista en nosotros así que me dispuse a hablar.
- Aro ¿has pensado en mi propuesta? Mi silencio a cambio de nuestra libertad.- le pregunté mientras deseaba internamente que aceptara.
Pero algo me decía que Aro no nos iba a poner las cosas tan fácil y su mente lo confirmaba.
- ¿De verdad crees que voy a ceder ante tus chantajes, muchacho? Qué equivocado estás.- siseó Aro mientras me miraba envenenadamente.
Pero yo no me iba a dar por vencido, antes de contarle todo a Marco tenía que asegurarme que Aro no diera su brazo a torcer.
- Piénsalo bien, Aro. Si le cuento lo que sé a Marco estoy seguro de que el reinado de los Vulturis terminará.- le amenacé.
Tanto yo como él sabíamos que si Marco llegaba a enterarse no descansaría hasta matarle por lo que los Vulturis pasarían a ser historia.
- ¡Estúpido! ¡A mí no me amenaces!- gritó enfurecido.
Sonreí burlonamente antes de responder.
- No te amenazo, sólo te advierto.- le dije intentando mantener la calma.
Aunque por dentro el miedo me consumía. Miedo por no conseguir salir vivos de aquí. Pero no, tenía que sacar esos pensamientos negativos de mi cabeza. En ese mismo momento me juré a mi mismo que sacaría a Bella y a mi familia de aquí, así fuera lo último que hiciera. Por mi culpa estaban aquí encarcelados, por lo que yo me encargaría de sacarlos de aquí.
- Yo también te voy a hacer una advertencia, si abres la boca tu querida Bella pagará las consecuencias.- esta vez fue él quien me amenazó.
La sola idea de pensar que Aro le pudiera hacer algo me volvía loco, no podía permitirlo. Por un momento mi mascara inescrutable se descompuso por la sola idea de que Bella fuera dañada por Aro. Sin poderlo evitar perdí el control.
- ¡No te atrevas a tocarla!
Aro sonrió con maldad al ver como conseguía que perdiera el control. Eso era lo que él quería.
- Quién iba a decir que Edward Cullen tenía un punto débil, nada más ni nada menos que esta frágil e insignificante humana.- dijo con desprecio.
- Aro, no tenemos porque llevar las cosas tan lejos.- intervino mi padre.
- Carlisle, amigo mío, no he sido yo quien ha llevado las cosas tan lejos.- alegó Aro con falsedad.
- ¿Ah, no?- exclamó Carlisle con una mirada severa y de reproche expresando con sus gestos lo que su mente decía- ¿Y cómo le llamarías al hecho de secuestrar a un miembro de nuestra familia?
Aro se rió mientras miraba a Bella con desprecio.
"¿Miembro de su familia? ¡Qué estupidez! Es sólo una humana más del montón, una postre más", pensaba con burla haciéndome enfurecer aún más.
¿Cómo se atrevía a llamar postre a Bella? Que él fuera un asesino que no le importaba arrebatarle la vida a inocentes humanos no quería decir que los humanos hubieran sido creados para ser el alimento de los de nuestra especie.
Nosotros éramos una aberración que jamás tendríamos que haber existido. ¿Cuántos humanos inocentes habían muerto por nuestra culpa?
- No me hagas reír, Carlisle, es sólo una humana. No la podéis considerar en serio un miembro de vuestro aquelarre.
- Familia.- le corrigió Carlisle.
Aro rodó los ojos.
- Ay, Carlisle... tú siempre con tus tonterías. Los de nuestra especie no conocemos esa palabra, tú intentas jugar a las casitas con estos vampiros, pero a la hora de la verdad todos te dejaran solo.
"Como esa hija tuya, la tal Rosalie, aunque no la culpo. ¿Quién estaría dispuesto a sacrificar su vida sólo por un ser tan insignificante como esa humana?"
- Eso no es verdad.- siseé tanto por sus comentarios verbales como mentales.
¿Quién demonios se creía que era para hacer ese tipo de juicios?
Era cierto que Rosalie no había venido pero estaba seguro de que tenía sus motivos. Rosalie no era mala, tal vez un poco orgullosa y vanidosa, pero a la hora de la verdad no nos abandonaría. Y si ella no estaba aquí en estos momentos sería por un motivo de fuerza mayor. Yo y toda mi familia confiábamos en ella. Era nuestra hermana.
- ¿Ah, no? Entonces decidme donde está vuestra "hermana"- dijo mientras dibujaba en el aire comillas- ¿Acaso ella no os ha abandonado a la hora de la verdad?
- ¡NO! ¡Y no vuelvas a hablar así de ella nunca más!- Emmett estaba fuera de sí, lo que hizo sonreír a Aro.
Emmett también confiaba en su esposa y no iba a permitir que nadie hablara así de ella.
Carlisle al notar la furia de Emmett puso una mano en su hombro en un intento de calmarlo. No nos convenía perder el control, eso era signo de debilidad.
- Hijo, cálmate, no dejes que sus manipulaciones te afecten. Rosalie tiene sus motivos para no haber venido, estoy seguro. Además, Aro nunca ha conocido lo que es una familia, por lo tanto no puede reconocer una cuando la ve.- intento calmar a Emmett.
Carlisle tenía toda la razón, Aro no sabría distinguir una familia ni con gafas. Era un ser tan cegado por el poder que no veía nada más allá de su trono.
Aro dejó de sonreír para mirar fulminantemente a Carlisle ya que había dicho una gran verdad, y al parecer a Aro no le gustaban las verdades.
- Cuida tus palabras, Carlisle. O si no me olvidaré de que alguna vez fuimos amigos.- le dijo a Carlisle.
"Aunque sinceramente eso ocurrió ya hace muchos siglos. Cuando decidiste ser la vergüenza de nuestra especie alimentándote de animales", completó en su cabeza.
- Creo que ya lo olvidaste hace tiempo, Aro.- respondió acertadamente Carlisle.
Mi padre y Aro se quedaron mirándose fijamente por las palabras de Carlisle durante un buen rato, hasta que decidí intervenir. Sería mejor que volviéramos al tema principal.
- Aro, reconsidera mi trato, todos salimos ganando.- intenté convencerle.
Aro dejó de mirar a Carlisle para mirarme a mí.
- Nunca voy a ceder a tu chantaje.- dijo con decisión.
Intenté mantener una máscara inescrutable mientras confirmaba con sus pensamientos que no iba a dar su brazo a torcer.
- ¿Es ésa tú última palabra?- pregunté para asegurarme al cien por cien antes de hablar con Marco. Aro no me había dejado otra opción.
- Lo es.- confirmó.
- Está bien, entonces me veo en la obligación de contarle todo a Marco.- le informé aunque en esos momentos ni yo mismo estaba seguro de mis palabras, Aro había dejado en claro que si yo abría la boca Bella pagaría las consecuencias y eso era algo que no iba a permitir.
Aro empezó a reírse con desprecio.
"Qué iluso", pensó sarcásticamente.
- ¿De verdad crees que voy a permitir que llegues a hablar con Marco? Qué equivocado estás... antes muerto que permitir que eso suceda.
- Eso ya lo veremos.- conteste desafiante. Iba a hacer hasta lo imposible para hablar con Marco.
- Tienes razón, Edward, ya lo veremos. Voy a encargarme personalmente de que ninguno de vosotros salga con vida de aquí, os doy mi palabra.
Aro dio la conversación por terminada y salió de los calabozos, no sin antes dirigir una mirada de odio a Bella, lo que me enfureció aún más.
- Edward ¿de qué iba todo esto? ¿Qué es lo que leíste en la mente de Aro?- preguntó Bella curiosamente, obviamente no iba a dejar el tema pasar.
De todas las personas que había conocido a lo largo de mi existencia Bella les ganaba a todos de curiosos. Era tan perceptiva que a veces una simple mirada servía para que entendiera qué estaba pensando.
- Sí, Edward, antes se nos había olvidado preguntártelo por el bombazo de que Bella había recuperado la memoria, pero nos tienes en intriga.- exclamó Emmett y pude ver en la mente de todos que estaban intrigados en saber qué había descubierto en la mente de Aro..
- Tiene que ser algo muy importante como para que Aro se sienta amenazado de esta forma.- dijo Carlisle acertadamente.
Suspiré antes de hablar.
- Así es, Carlisle. Antes, cuando estábamos hablando con ellos, hubo un momento en que su mirada se posó en Marco y recordó las atrocidades que le hizo en el pasado.
- ¿Atrocidades?- me preguntó Carlisle con una ceja levantada examinando miles de probabilidades en su mente, pero ninguna de ellas era tan atroz como lo que había hecho Aro realmente.
Asentí en respuesta a Carlisle y continué.
- Aro mató a su propia hermana, la esposa de Marco.- solté ganándome por parte de todos expresiones de shock. Nadie daba crédito a lo que había oído.
- ¿Por qué?- preguntó Bella aún en shock formulando la pregunta que todos se hacían mentalmente.
- Marco y Dídima pretendían apartarse de los Vulturis para empezar una vida juntos como nómadas, pero Aro no estaba dispuesto a perder el don de Marco, así que para retener a Marco a su lado asesinó a su propia hermana.- expliqué
Una vez todos asimilaron la situación las preguntas no tardaron en llegar.
- ¿Y Marco nunca se enteró?- preguntó Jasper.
Negué con la cabeza.
- No, Aro lo preparó todo demasiado bien para que nadie nunca sospechara de él.- aclaré.
- Eso es monstruoso...- susurró Esme afligida por mis palabras.
¿Y quién no estaría así después de oír semejante monstruosidad? Yo me encontraba del mismo modo cuando lo oí en la mente de Aro. Aro Vulturi era un ser despreciable.
- Entonces ¿se lo contaras ahora a Marco?- preguntó Jasper.
- Pues eso pensaba hacer hace unos minutos...- dejé de hablar y posé mi mirada en Bella. Si no fuera por la amenaza de Aro de que si abría la boca Bella lo pagaría le contaría todo a Marco. Pero no podía hacerlo. Me dolía en el alma pensar que Aro pudiera vengarse con Bella.
- ... hasta que amenazó con hacerle daño a Bella.- concluyó Jasper terminando la frase por mí. Obviamente había adivinado mis intenciones con su don.
Vi como Bella rodaba los ojos antes de hablar.
- Edward, tienes que contárselo, es nuestra única oportunidad de salir de aquí. Por mi no te preocupes, estaré bien siempre que vosotros lo estéis.- intentó convencerme Bella, pero no podía arriesgarme a que le pasara algo. No me lo perdonaría.
- Bella, no lo entiendes, no soportaría saber que te hacen daño por mi culpa.- intenté hacerle ver mi punto de vista.
- Edward, si me hicieran daño no sería por tú culpa. Tú solo estarías haciendo lo correcto.- dijo Bella volviendo a insistir pero no iba a dar mi brazo a torcer.
Bella era lo más importante que tenía en mi vida y no iba a permitir que Aro la lastimara.
- No, Bella, y no hay más que hablar.- dije decidido.
- Edward, piénsalo bien, es nuestra única oportunidad de salir de aquí. Además, si no dices nada estoy segura de que Aro encontrara otra excusa para hacerme daño. Pero si le cuentas eso a Marco tal vez nos ayude a salir de aquí antes de que eso suceda.- Bella no se daba por vencida, para variar.
Iba a volver a negarme cuando Alice intervino.
- Edward, Bella tiene razón. He estado mirando el futuro y he visto como Aro trata de convencer a Cayo de que somos un peligro y que lo mejor es matarnos para que dejemos de dar problemas. Y te aseguro que a Cayo no parece desagradarle la idea. Es sólo cuestión de tiempo de que logren convencer a Marco. Necesitamos ponerle de nuestro lado, antes de que ellos lo hagan.- después de sus palabras Alice me mostró su visión.
En ella Aro y Cayo tenían decidido matarnos a todos, pero antes de hacer eso necesitaban la aprobación de Marco. Ya que las decisiones las tomaban entre los tres, nadie podía actuar por su cuenta.
Pude ver como Aro y Cayo intentaban convencer a Marco de que éramos un peligro y que merecíamos ser aniquilados, Marco aún no había tomado ninguna decisión por lo que tal vez tuviéramos algo de tiempo. La visión de Alice tenía dos caminos diferentes, en nuestras manos estaba elegir un camino.
Teníamos dos opciones:
1ª) Le contábamos todo a Marco y dejábamos nuestro destino en sus manos. La visión de Alice se terminaba ahí, ya que como Marco aún no sabía nada no podía tomar ninguna decisión al respecto.
2ª) No le contaba nada y Aro y Cayo se encargaban de asesinarnos de la manera más dolorosa. Empezando por Bella.
Al ver esa imagen de Bella sufriendo una agonía inmensa se apoderó de mí. No podía permitir que eso pasara.
Cerré los ojos intentando calmarme, aunque no dio mucho resultado. Esa imagen horrorosa estaba grabada a fuego en mi mente. Apreté los puños imaginándome que apretaba el cuello de Aro.
Si no fuera por él nada de esto estaría pasando.
- Maldito...- susurré.
- ¿Lo ves, Edward? No tenemos más opción, Marco es nuestra única oportunidad para salir vivos de aquí.- insistió Alice.
- ¿Aro ya no quiere a Bella para su guardia? ¿Y a vosotros tampoco?- preguntó Carlisle refiriéndose a mí y mis hermanos (obviamente de los que teníamos un don).
Alice negó con la cabeza.
- No, desde que Edward le contó que sabe lo de Dídima su único objetivo es eliminarnos. Teme que le podamos contar la verdad a Marco. Según él es un despilfarro pero es la única opción que tiene si quiere que el reinado de los Vulturis perdure.
Yo aún estaba en shock por la visión de Alice aún así me mantenía atento a la conversación.
- Edward, yo estoy de acuerdo con Alice y Bella. Es mejor que juguemos nuestra única carta a nuestro favor.- dijo Carlisle poniéndose de parte de Bella y Alice.
- Pero... no soportaría que le hicieran daño, Carlisle.- volví a insistir, aunque mi decisión estaba flaqueando. Según las visiones de Alice la única oportunidad de salir vivos de aquí y de que Bella no sufriera daño alguno era contarle todo a Marco.
Claro, que nada era seguro. Pero prefería la incertidumbre a una muerte segura. Al menos teníamos una oportunidad, cosa que con la segunda opción (no contarle nada) no existía.
- Lo sé, hijo. Yo tampoco soportaría que le hicieron daño a tu madre, pero si queremos salir vivos de aquí tenemos que arriesgarnos. Además no tiene porque pasar nada de eso.- intentó convencerme Carlisle, aunque ya no había necesidad de convencerme. Lo había decidido.
Nuestra única oportunidad era hablar con Marco. Esa era la pura verdad. Era eso o la muerte segura. Tendría que arriesgarme, solo esperaba no tener que arrepentirme.
- Está bien. Le contaré todo a Marco.- dije al fin. Pues al fin y al cabo era nuestro único as en la manga.
Después de eso seguimos hablando de cómo sería la mejor forma de contárselo y lo más importante: cómo. Aro no iba a permitir que me acercara a Marco eso lo tenía más que claro.
Tiempo después de haber decidido contarle todo a Marco entró un vampiro sorprendiéndonos a todos.
- El maestro Marco requiere vuestra presencia.
Ninguno de nosotros nos podíamos creer que tuviéramos tanta suerte (aunque solo fuera por esta vez). Al principio pensé que tal vez se tratara de una trampa pero miré en la mente del vampiro y vi que no era nada de eso. Que era verdad que Marco nos había mandado a llamar.
Las sonrisas en nuestros rostros no se hicieron esperar, aunque intentamos ocultarlas para que no resultara demasiado sospechoso. Ya que también había visto en la mente del vampiro que a los guardias que vigilaban los calabozos les había mentido diciendo que era Aro quien nos mandaba llamar. Por lo que no les teníamos que dar motivos para sospechar.
Una vez el vampiro abrió nuestras celdas nos indicó que le siguiéramos pero mi vista sólo estaba centrada en Bella. Y al parecer la de Bella también ya que inmediatamente el vampiro abrió su celda se lanzó a mis brazos y yo la recibí más que gustoso.
- Edward.- susurró mientras me abrazaba.
Había extrañado tanto tocar a Bella, en esos momentos lo único que quería era quedarme de esa forma para siempre.
- Bella.- susurré mientras acariciaba su hermoso cabello.
Por un momento el mundo había dejado de existir y sólo éramos ella y yo. Al menos hasta que oímos una voz ajena que rompió nuestra burbuja.
- Vamos.- el vampiro que nos llevaba ante Marco estaba un poco molesto ya que Bella y yo habíamos estado impidiendo el avance de los demás.
Bella al ver la mirada de mi familia se sonrojó, yo envolví mi brazo en su cintura. No quería que volviera a separarse de mí nunca más. Quería tenerla lo más cerca posible.
Empezamos a andar e ignoré los comentarios de Emmett, que sólo decía tonterías como que esa escenita era la más cursi que había visto. Yo solo me limité a rodar los ojos y andar con Bella. Fue entonces cuando noté que Bella cojeaba y me preocupé automáticamente.
- ¿Bella, qué te ocurre? ¿Te duele el pie?- le pregunté alarmado.
¿Qué le ocurría en el pie? ¿Por qué cojeaba?
- Sí, creo que me hice un esguince cuando estuve forcejeando con Mike.- susurró avergonzada.
El solo hecho de volver a oír ese maldito nombre hizo que un gruñido escapara de mi pecho. Por culpa de ese desgraciado Bella se había lastimado. Me juré a mi mismo que Newton iba a arrepentirse de haber nacido.
Como acto reflejo apreté el frágil cuerpo de Bella más al mío, quería sentirla cerca, era lo único que conseguía reconfortarme.
- Newton me las va a pagar...- susurré ácidamente más para mí que para nadie.
Entonces oí los pensamientos de Emmett que por primera vez dejaban de ser estúpidos.
"Yo te ayudo, hermano. Ese niñato no sabe lo que le espera"
Emmett empezó a imaginarse mil formas de vengarse de Newton y tengo que reconocer que ésta era una de las pocas veces que me gustaba estar en la mente de Emmett. Sus pensamientos lograron que me tranquilizara un poco.
Me giré hacia mi hermano, ya que ellos nos seguían, y le asentí conforme a sus pensamientos. Lo que hizo que Emmett sonriera aún más.
En un abrir y cerrar de ojos ya nos encontrábamos en una puerta de madera, que tenía pinta de ser la puerta de alguna habitación. Busqué alguna mente dentro de esta habitación y encontré la de Marco. Efectivamente él estaba ahí esperándonos.
Cuando entramos vi como Bella se quedaba analizando la habitación, pero no fue la única, todos hicimos lo mismo. Nunca habíamos estado aquí y por lo que vi en la mente del vampiro que nos había llevado hasta aquí él mismo estaba extrañado de que Marco nos dejara entrar. Al parecer no dejaba entrar a nadie, excepto a él mismo, desde la muerte de Dídima.
- Maestro, aquí están tal y como pidió.- dijo el vampiro que nos había llevado hasta allí.
- Muchas gracias, muchacho, puedes retirarte.- le respondió Marco en tono cortes.
El vampiro asintió con la cabeza y salió de la habitación cerrando la puerta para concedernos privacidad.
Marco nos esperaba sentado en un sillón enfrente de la chimenea.
- Por favor, tomad asiento.- nos indicó Marco señalando con la mano los asientos enfrente de él.
Desde que habíamos entrado Marco no había separado su vista de la chimenea mientras recordaba a su esposa.
Nos examinó a todos con la mirada antes de que ésta se posara en mi mano y la de Bella que se encontraban entrelazadas.
"Se ve que se aman tanto... son la viva imagen de mi Dídima y yo hace tantos siglos", pensó con nostalgia.
- ¿Sabéis? Vosotros dos me recordáis tanto a mi esposa y a mí cuando nos enamoramos...- susurró expresando verbalmente sus pensamientos.
Marco aún parecía perdido en sus recuerdos así que decidí que era hora de romper el silencio, en cualquier momento Aro descubriría que no estábamos en los calabozos y nos buscaría por todos lados.
- Marco, me gustaría hablar contigo de un tema importante.- empecé.
Marco al oír mis palabras reaccionó y nos miró con una mirada de disculpa.
- Lo lamento, a veces me pierdo en mis recuerdos. Son lo único que me quedan... Pero claro, Edward, por eso precisamente te he hecho venir. Quiero que me cuentes qué es eso que has leído en la mente de Aro que me concierne.
Sin duda había ido al grano y se lo agradecía. Ahorraríamos tiempo.
Me armé de valor antes de hablar, no era fácil decirle que el amor de su vida había sido asesinado por Aro, su hermano. Tan solo de imaginar que a mí me pudieran dar la misma noticia sobre Bella me partía el corazón. Vi en la mente de Marco lo felices que eran ambos, tanto que incluso me parecía vernos a mí y a Bella.
Pero bueno, era hora de que supiera la verdad, de que abriera los ojos sobre la clase de monstruo con el que había estado conviviendo durante estos siglos.
- Marco, lo que te voy a decir no es fácil, te va a resultar duro. Pero creo que es hora de que abras los ojos.- susurré intentando sonar calmado pero incluso yo pude notar un deje de dolor en mis palabras.
- ¿De qué hablas, Edward? ¿Qué es eso tan terrible que me tienes que contar?- preguntó cada vez más intrigado.
Era ahora o nunca. Suspiré y empecé.
- ¿Recuerdas la muerte de Dídima?
En cuanto mencioné el nombre de Dídima sus peores temores se hicieron realidad. Él sabía que algo grave había leído en la mente de Aro y en cuanto pronuncié a Dídima supo que ella tenía mucho que ver en ello. Y pensaba correctamente cuando creía que no era nada bueno.
El tan solo recuerdo de ella hizo que las heridas jamás curadas por su muerte dolieran aún más que de costumbre. El solo hecho de mirar en su mente hacia que mi propio corazón doliese. Tan solo había experimentado un dolor parecido cuando me alejé de Bella meses atrás, era un dolor que me desgarraba el alma, por suerte no duró nada en comparación a lo que llevaba sufriéndolo Marco: siglos.
En esa época al menos yo tenía el consuelo de que Bella estaba viva, pero Marco no podía decir lo mismo.
Marco asintió así que continué hablando.
- Supongo que también recordaras lo que ibais a hacer antes de su muerte. Queríais empezar una nueva vida lejos de todo esto, querías iros de nómadas. Digamos que Aro no tenía los mismos planes.
Marco abrió los ojos con horror. Iba uniendo las piezas del rompecabezas.
- ¿D-de qué hablas?- preguntó tartamudeando y con terror de que estuviera insinuando lo que él creía.
- Marco, Dídima fue asesinada por Aro.- dije al fin confirmando sus peores temores.
Tras mis palabras nadie volvió a decir nada, Marco estaba completamente en shock. Era como si fuera una estatua, su mirada se encontraba vacía.
Después de varios minutos haciendo un esfuerzo sobrehumano hizo una pregunta que no paraba de repetirse una y otra vez en su mente.
- ¿Por qué?- preguntó con voz rota.
- Aro no estaba dispuesto a que te marcharas y contigo tu don. Mató a tu esposa sólo para retenerte a su lado.- expliqué.
Iba a seguir oyendo los pensamientos de Marco pero unos gritos procedentes de fuera llamaron mi atención.
- ¿¡CÓMO QUE LOS PRISIONEROS NO ESTÁN! ¿¡POR QUÉ DEMONIOS LES HABEÍS DEJADO SALIR!- Aro ya había descubierto que no estábamos en los calabozos, sería cuestión de tiempo que nos encontrara.
- Maestro, vino uno de los guardias y nos dijo que venía de su parte.- intentó explicar uno de los que vigilaban la puerta de los calabozos.
- ¿¡QUÉ! ¿¡DE MI PARTE! ¡OS MINTIERON PEDAZO DE INÚTILES! ¡OS DIJE QUE NO LES DEJARAIS SALIR, YO SOI EL ÚNICO QUE PUEDE HABLAR CON ELLOS! ¿¡DÓNDE DEMONIOS SE ENCUENTRAN!- Aro estaba al punto de la demencia. Desde donde me encontraba pude oír sus pensamientos y temía que le hubiera contado todo a Marco.
Sonreí internamente por eso. Había llegado tarde para evitarlo.
- No lo sabemos, maestro. Pensábamos que estaban con usted.
- Demetri, localízalos.- ordenó Aro.
- Sí, maestro.- contesto Demetri.
¡Maldición! con Demetri rastreándonos sería cuestión de segundos de que nos localizara y así fue.
- Están en el dormitorio del maestro Marco.- le informó.
No se oyó nada. Vi en la mente de Aro que se preguntaba si tal vez el don de Demetri había fallado, creía imposible que Marco nos hubiese permitido entrar.
- ¿Estás seguro?- preguntó un poco incrédulo, pero con voz más calmada- Sabes perfectamente que Marco no deja que nadie entre en esa habitación si no es él.
- Lo sé, maestro, pero le estoy diciendo la verdad.- afirmó Demetri.
Entonces ocurrió algo que me sorprendió, la expresión de Marco aún en shock empezó a mostrar signos de odio pero en ese mismo instante dejé de oír sus pensamientos. ¿Me estaba bloqueando? ¿Por qué? No pude preguntármelo mucho más ya que Aro irrumpió en la habitación, con guardias a sus espaldas.
- Marco, explícame qué sucede aquí. Te dije que no podías hablar con Edward, él sólo planea engañarte para su beneficio.- le reprochó Aro intentando sonar calmado, aunque por dentro el odio y miedo, de lo que pudiéramos haberle dicho, le carcomía.
Marco empezó a volver en sí y miró a Aro.
- Aro, te lo voy a preguntar sólo una vez y por tu bien más te vale decirme la verdad, aunque solo sea por una vez en tu vida. ¿Tú mataste a mi esposa? ¿A tu hermana?- le preguntó sin rodeos.
Intentaba averiguar nuevamente qué pasaba por la mente de Marco pero era imposible, me estaba bloqueando a propósito. Ya que podía oír a la perfección los pensamientos de los demás (exceptuando a Bella, claro está).
Aro al darse cuenta de que había llegado demasiado tarde nos miró con odio y rencor antes de responderle a Marco.
- ¿Cómo te atreves a decir tal cosa? Sabes perfectamente que yo amaba a mi hermana pequeña, ¿cómo crees que sería capaz de hacer semejante cosa? ¿Qué clase de monstruo crees que soy?- preguntó con fingida indignación mientras se hacía la víctima.
- La clase de monstruo que asesina sin piedad y tortura a gente inocente sólo por poder. Ese monstruo creo que eres. Así que ten un poco de decencia y dime la verdad sobre la muerte de mi esposa. Si no lo haces por mí hazlo por ella, respeta su memoria y di la verdad.- dijo Marco.
- ¿Quién demonios te crees que eres para hablarme así, Marco? Soy tu hermano y por supuesto que no asesiné a mi hermana. No puedo creer que prefieras creer a este vampiro demente, que se enamora de humanas, antes que a tu propio hermano.- dijo Aro intentando sonar ofendido, aunque por dentro estaba enfurecido y aterrado de que Marco al fin supiera la verdad.
- Le creo a él antes que a ti porque conozco a Carlisle, y sé que Carlisle no le tendría en su familia si no fuera alguien de confianza y que tuviera los mismos valores que él. En cambio a ti no te creo precisamente porque te conozco. Sé hasta dónde eres capaz de llegar por poder.
- ¡Marco! No te voy a permitir que me hables así, de todas formas te lo perdonaré porque sé lo convincente que haya podido llegar a ser Edward con sus mentiras. Pero déjame demostrarte que está mintiendo.
- ¿Demostrarme? ¿De qué hablas?- preguntó escéptico Marco.
Esto me daba mala espina, tenía un mal presentimiento de que esto iba a acabar muy mal. Aro sería capaz de cualquier cosa con el fin de salirse con la suya.
- Te demostraré que Edward te ha mentido con el fin de salirse con la suya y separarnos.
- Yo no estoy mintiendo, Marco.- le aseguré.
No podía permitir que Aro engañara a Marco con sus mentiras.
- Déjame demostrarte que miente, si no lo haces por mí hazlo por mi hermana. Como tú has dicho se merece que se respete su memoria y eso mismo pienso hacer. No voy a permitir que este vampiro estúpido ensucie la memoria de mi hermana con semejante blasfemia.
- ¿Y cómo piensas demostrármelo, Aro?- preguntó Marco.
- Confía en mí, hazlo por todos estos siglos que hemos pasado juntos. Dame un voto de confianza.- le pidió Aro en tono manipulador.
Marco no contestó de inmediato y se quedó mirando el retrato de él y su esposa. No sabía qué pensaba pero había algo raro en su mirada. ¿En qué estaría pensando? Solo deseé que confiara en nosotros. Si no estábamos perdidos. Aro no tendría piedad.
- Está bien, Aro. Ésta es la última vez que confío en ti, si en verdad está mintiendo demuéstramelo. De lo contrario vas a pagar muy caro lo que hiciste.- dijo con tono frio, pero detrás de esa frialdad volví a notar algo extraño en su voz. Aunque no sabría decir qué era.
Aro asintió satisfecho de haberse salido con la suya y ordenó a los guardias que habían entrado con él de que nos llevaran de vuelta a los calabozos.
Nuestra única oportunidad de salir vivos de aquí ya no existía, con la respuesta de Marco nos estaba condenando a muerte. Sabía que Aro era capaz de lo que sea por conseguir que yo retirara mis palabras y por desgracia en "lo que sea" nos incluía a mi familia y a Bella.
- Marco, estás cometiendo un grave error. ¡No puedes confiar en Aro!- intenté convencerle pero de nada sirvió, Marco simplemente me ignoró. Pero antes de salir me dirigió una mirada un tanto desconcertante, otra vez volví a ver algo raro en su rostro.
Los guardias nos sacaron a la fuerza de la habitación y nos llevaron de vuelta a los calabozos.
Una vez nos dejaron a cada uno en sus respectivas celdas (es decir mi familia y yo en una y Bella en otra) Aro ordenó a los guardias que se retiraran.
Cuando los guardias salieron Aro se giró hacia mí y me miró con maldad.
Intenté averiguar qué planeaba pero me estaba bloqueando.
- Edward, vas a pagar muy caro lo que has hecho. Te advertí que si abrías la boca tu queridísima Bella pagaría las consecuencias.- dijo expresando verbalmente lo que su mente me bloqueaba.
Le gruñí amenazantemente ante la idea de que dañara a Bella y sentí que me volvía loco cuando Aro desbloqueó su mente y me mostró lo que pretendía hacerle a Bella... pensaba torturarla.
En ese momento me volví loco. No podía permitir aquello.
Mi familia estaba igual de enfurecida que yo, sobretodo Alice que ya había visto el futuro, por consecuencia yo también. Y lo que veía me horrorizaba.
Aro había entrado en la celda de Bella y se acercaba a ella mientras Bella retrocedía con miedo.
Mi familia y yo le gritamos que se apartara de ella pero simplemente nos ignoró.
- ¡Cómo te atrevas a ponerle una mano encima te juro por mi vida que te mato!- grité una vez más sintiendo como el monstruo de mi interior reclamaba a gritos que matara de la forma más dolorosa a Aro por querer dañar a un ángel tan bueno como Bella.
- ¡Aléjate de ella!- gritó Alice a todo pulmón, aún así su voz y la de mi familia sólo eran sonidos de fondo.
Estaba fuera de mi mismo, la sola idea de que Aro dañara a Bella me enloquecía.
Aro ahora se encontraba cogiendo el mentón de Bella con fuerza, pude ver el miedo en los ojos chocolate de Bella y me sentí un monstruo por permitir que todo esto llegara tan lejos. Nada de esto habría pasado si no hubiera intentando apartarme de ella hacía dos semanas, ninguno de los guardias de los Vulturis hubiera oído nunca esa conversación por lo que los Vulturis jamás habrían secuestrado a Bella.
Todo esto era mi culpa.
Los calabozos en ese momento eran un caos, solo se oían nuestras amenazas y gruñidos pero Aro ni se inmutaba. Fue en ese momento que pronunció unas palabras que se llevaron la poca cordura que me quedaba.
- Bueno, Bella, parece que tus queridísimos vampiritos te acaban de sentenciar a muerte.
Bueno, aquí está un nuevo capítulo! ^^
Y al fin puedo decir que mis problemas se han solucionado y ya estoy teniendo una semana tranquila! XD En fin... no me enrollo mucho que ya me voy a dormir pues mañana tengo que madrugar... ¬¬
Bueno... nos vemos! ^^
