Disclaimer: La historia no nos pertenece, los personajes son de S. Meyer y la trama de MarieCarro, sólo nos adjudicamos la traducción.
The Perfect Partner Program
By: MarieCarro
Traducción: Sarai GN
Beta: Melina Aragón
Capítulo 25: Malestar
—¿Estás loca? ¿Estás demente certificable? ¿Qué demonios haces saliendo con ese tipo? ¡No puedo creerlo! ¡Y en tu condición! —desbarraba Becca una y otra vez mientras se paseaba ida y vuelta en mi sala de estar.
Su constante movimiento me tenía cansada y mareada, así que me recliné en mi sofá mientras la estudiaba.
—Quiero decir, ¡en serio! ¿Después de todo lo que te hizo? ¿Vas a perdonarlo de esa manera? ¡Eso es tan estúpido! ¡Sabes que él solo jugará contigo, otra vez!
Una y otra vez continuó y sabía que era inútil tratar de decir alguna palabra, porque cuando ella estaba encendida de esa manera, sólo tenía que esperar y dejar que se apagara sola.
Había salido en otra cita para comer con Edward pero habíamos escogido un restaurante menos lujoso esa vez. De hecho había sido una simple cena y, ya que habíamos elegido una mesa cerca de la ventana, era un hecho que seríamos vistos.
Becca nos había visto desde el otro lado de la calle y al principio había pensado que había salido con algún tipo. No fue hasta que oyó su nombre que ella explotó.
Unos quince minutos más tarde, después que Becca me había llamado con cada calificativo de estúpida que conocía, finalmente se quedó en silencio.
—¿Me dejarás hablar ahora?
Me dedicó una mirada asesina y suspiré.
—Mira, puedes continuar llamándome cada mala palabra en el diccionario completo pero, no va a hacerme cambiar de parecer. No estoy exactamente dándole la bienvenida con los brazos abiertos. Está trabajando duro para hacer que confíe en él de nuevo y pienso que al menos se merece esa oportunidad. ¿De verdad crees que eso es tan malo?
Becca desvió la mirada desafiante y pensé que se parecía más a un niño caprichoso que una mujer de treinta y tres años de edad.
Me puse de pie y caminé hasta ella.
—Te prometo que estoy siendo cuidadosa, pero Becca, este hombre me destrozó y tengo que ver si realmente debo seguir adelante y ponerlo detrás de mí o correr el riesgo. De lo contrario, siempre voy a estar sola y estoy harta de eso.
Mi hermanita lo dejó asentar y luego puso sus brazos alrededor de mí.
—Si alguna vez hace algo para dañarte, de nuevo, voy a ir tras él con un cuchillo de caza Solomon y cortaré sus bolas antes de entregártelas en bandeja de plata.
Sonreí en su hombro.
—No esperaría nada menos de ti.
¤/PPP\\\¤
Edward me estaba llevando de regreso a casa y hablando sobre algo. Creía que me estaba diciendo cuán diferente era Seattle de Chicago, pero no le estaba poniendo atención.
Mis manos estaban en mi estómago y toda mi atención estaba centrada en hacer que Bebé se moviera. No se había movido en todo el día y me preocupaba. Siempre estaba hiper consciente de todos sus movimientos, aunque ya no reaccionaba fuertemente a ellos pero tenía un mal presentimiento en mi pecho desde que me desperté por la mañana.
Estaba aterrada que algo estuviera mal pero había tratado de decirme a mí misma durante el día que Bebé solo estaba dormido, pero ahora, once horas después que me levanté, no podía ignorarlo por más tiempo. Algo andaba mal; podía sentirlo.
—Edward, detente —dije e inmediatamente dejó de hablar y me miró inquisitivamente.
—¿Algo va mal? —preguntó con tono preocupado. Debió haber visto mi expresión y puesto que él me podía leer alarmantemente bien, sabía que algo no estaba bien.
—Sí y necesito que me lleves a la casa de papá.
—¿Dónde tu papá? ¿Por qué?
Estaba demasiado asustada para explicarme adecuadamente.
—¡Sólo hazlo, por favor!
Podía oír en mi voz que no estaba bromeando.
—Está bien pero vas a tener que darme instrucciones.
No mucho tiempo después, él estaba irrumpiendo en la entrada de papá pero yo estaba a punto de llorar. Tenía tanto miedo por mi bebé. ¿Y si le había pasado algo? ¿Y si Bebé estaba herido? Cada cosa mala que podría ocurrir me pasó por la cabeza; incluso lo impensable.
¿Y si mi bebé estaba muerto?
Estaba tan metida en mis pensamientos que no me di cuenta que Edward había dejado el coche para tocar la puerta y llamar a mi padre y a Sue.
Papá fue quien abrió mi puerta pero Sue fue quien se arrodilló a mi lado y acarició las lágrimas de mis mejillas.
—Bella, cariño, ¿qué pasa?
Todo burbujeaba a la vez.
—¡Sue, estoy tan asustada! ¡Bebé no se ha movido en todo el día! ¡Algo está mal! Puedo sentirlo. Bebé está muerto, ¿cierto? Eso es lo que esto significa, ¿no es así? —Estaba histérica y ni siquiera registré que Edward estaba parado unos pies detrás, luciendo fuera de lugar.
—Cariño, necesito que te calmes ¿de acuerdo? —Sue dijo con voz tranquila—. Quiero que entres a la casa conmigo para que pueda examinarte. Estoy segura que todo está bien —me aseguró y cuando me ayudó a controlar mi respiración, le ordenó a papá que me ayudara a entrar.
—Deberías entrar también —le dijo a quién supuse que era Edward.
Al parecer, papá y Sue habían hecho de niñeras para Lilly y cuando la pequeña Bella me vio, voló del suelo donde había estado coloreando, para poder abrazarme.
—¡Tía Bella! —chilló pero antes de poder alcanzarnos, Sue la detuvo.
—Cariño, necesito que seas una buena chica y me ayudes a desocupar el sofá para que tía Bella pueda recostarse, ¿está bien? Ella no se siente muy bien en este momento.
—¡Está bien, Mema!
Dante y Juliette, los otros dos hijos de Lilly, apenas levantaron la vista de lo que estaban haciendo cuando Sue me condujo al interior y me ayudó a recostarme en el sofá de felpa.
—Muñeca, ¿puedo traerte algo? —preguntó papá mientras estaba de pie detrás de una arrodillada Sue, retorciéndose las manos.
—Ve a buscar un vaso de agua para ella, ¿quieres, Charlie? —pidió Sue e inmediatamente él desapareció en la cocina—. Bella, necesito que respires lenta y profundamente para mí mientras hago esto. Voy a sentir alrededor de tu estómago un poco.
Asentí con la cabeza y una nueva ronda de lágrimas comenzó a caer de mis ojos.
Sentí las manos de Sue presionar alrededor de mi redondeado estómago y con el fin de mantener la calma, escuché el parloteo que la pequeña Bella decía al oído de Edward.
—¿Cuál es tu nombre? ¿Cuántos años tienes? ¿Eres el novio de la tía Bella?
Edward tomó todo con calma.
—Me llamo Edward. Tengo treinta y cuatro años y supongo que me podría llamar el novio de la tía Bella, porque soy un niño y también soy su amigo*.
Casi podía oír a la pequeña Bella rodar los ojos. Ella nunca podía soportar que la gente le hablara como si fuera una niña, aunque apenas tuviera ocho años.
—¡Sabes a lo que me refiero! ¿Son una pareja? ¿Estás enamorado de ella?
No escuché sus respuestas porque Sue llamó mi atención.
—Bella, puedo sentir a Bebé respondiendo a mis toques, así que eso es bueno, pero cariño, no quiero alarmarte, quiero llevarte al hospital y realizarte otro ultrasonido. Sólo por si acaso.
Me tragué el terror que creció dentro de mí otra vez y asentí temblorosamente.
—No quiero interponerme en el camino, por lo que probablemente debería regresar a mi casa —dijo Edward, pero de repente no quería que se fuera. Sentí una imperiosa necesidad por su apoyo.
—¡No! Por favor, ven conmigo al hospital —supliqué.
—No me necesitas ahí, Bella. Tienes a tu madrastra —insistió.
—¿Por favor?
Creo que las lágrimas en los ojos debieron haber hecho algo en él porque accedió a venir con nosotros, una vez en el hospital, tuve que suplicarle de nuevo para que viniera a la sala de examen cuando dijo que esperaría en la sala de espera.
Sue se volvió hacia él.
—Joven, mi hijastra está muy estresada en este momento y usted está contribuyendo con ese estrés al contradecirla. Le estoy pidiendo que haga lo que ella dice ahora, por el bienestar del bebé y de ella.
Edward se quedó en silencio después de eso y nos siguió de buena gana.
Sue rápidamente preparó todo para el ultrasonido y cuando aplicó el gel frío en mi estómago y estaba a punto de presionar con la sonda, instintivamente agarré lo más cercano, que era la mano de Edward y la estreché con fuerza.
La imagen granulada apareció en la pantalla y cuando vi los pequeños y casi inexistentes movimientos, así como el latido del corazón, di un suspiro de alivio. Bebé estaba vivo pero todavía necesitaba una explicación a la falta de movimiento durante el día.
Me giré hacia Sue, y ella tenía el ceño fruncido.
Hizo este pequeño sonido reflexivo antes de decir algo.
—Puedo ver algunas irregularidades en los latidos del corazón. Vamos a tener que vigilarlo de cerca —dijo y continuó moviendo la sonda.
—¿Qué significa eso?
Se volteó hacia mí.
—Podría no significar nada o podría significar posibilidad de disfunción cardíaca pero no vamos a adelantarnos. Esperemos por lo mejor ahora.
Asentí porque sabía que era la única cosa que podía hacer.
Cuando me hube calmado, me di cuenta de la presencia de Edward de nuevo y me giré para enfrentarlo. Lo que vi fue a un hombre aturdido en silencio, con los ojos bien pegados a la pantalla en blanco y negro donde mi bebé era visible.
—¿Edward? ¿Estás bien?
—Sí —dijo con una especie de asombro coloreando su voz—. Es fascinante que en realidad haya una vida humana creciendo dentro de ti. —Seguía con los ojos pegados a la pantalla—. Es muy diferente verlo con mis propios ojos en vez de imaginarlo a través de tu estómago.
—¿Te sientes incómodo con eso? —pregunté y expresé una preocupación que había sentido desde hacía bastante tiempo. No sabía si Edward estaba preparado para un paquete así cuando dijo que me quería.
Era una de las razones por las que lo había estado tomando despacio. Nos estábamos conociendo de verdad, construyendo mi confianza en él de nuevo, determinando si él estaba listo para un compromiso tan grande y aunque nos habíamos estado viendo regularmente por dos semanas, todavía no me había abierto a él por completo.
En ese momento estábamos camino a convertirnos en buenos amigos, por lo menos. Me había mostrado su lado honesto una y otra vez y no cuestionaba cada movimiento suyo en mi cabeza.
Alrededor de una semana después de nuestra primera cita, de hecho, me había llevado a la biblioteca donde me dio permiso para investigar sobre él en los registros públicos, así que sabía a ciencia cierta que lo que me había dicho era cierto.
—No, no lo estoy. Creí que lo estaría ya que obviamente estás creando una nueva vida con otro hombre, aunque él sea anónimo pero de verdad estoy bien con eso —respondió Edward a mi pregunta casi al instante.
Sue sabía toda la historia entre nosotros, por lo que cuando ella se inclinó para susurrar en mi oído estaba un poquito conmocionada con lo que me dijo.
—No huyó gritando y está diciendo la verdad. Creo que es tiempo para el siguiente paso.
La miré con los ojos abiertos y negué con la cabeza cuando ella asintió. Ella podría pensar que era un buen momento pero yo no estaba ni de cerca preparada para ello.
El siguiente paso significaría involucrarse de lleno y enfocarnos en tratar de trabajar en el aspecto romántico de nuestra relación.
No era difícil enamorarse de Edward. Tenía experiencia de primera mano en esa área y hasta que no me sintiera completamente segura con él, lo mantendría a una distancia segura.
—Bueno —dijo Sue y presionó unos botones en la máquina para apagarla—. Como dije, quiero monitorear los latidos del corazón de Bebé un poco más de cerca que antes y creo que tenemos que programar exámenes cada tres semanas para ver cómo se desarrolla. Por lo demás, Bebé está bien.
—¿Por qué no he sentido ningún movimiento?
—No es inusual que hayan días con poco movimiento durante el segundo trimestre, pero siempre es bueno comprobarlo. Pero sobre todo es porque el bebé no se siente como si se estuviera moviendo —dijo Sue con una pequeña sonrisa y estaba segura que no era la primera vez que ella le decía esas palabras a una preocupada futura madre.
Sue limpió el gel de mi estómago y me bajé la blusa. Cuando comencé a sentarme, Edward fue inmediatamente a mi encuentro para ayudarme y luego me entregó la chaqueta.
Los tres nos fuimos juntos, Edward caminaba muy cerca de mí como si estuviera preparado para atraparme si me caía pero nos separamos en el estacionamiento. Edward se ofreció para llevarme a casa ya que era adónde nos dirigíamos en primer lugar y Sue se comprometió en asegurarle a papá que todo estaba bien conmigo y Bebé.
Cuando Edward se estacionó en mi entrada, sentí que quería agradecerle por el verdadero apoyo que había demostrado cuando yo estaba tan asustada y pensé en lo que Sue había dicho.
Tal vez era el momento de, al menos, aspirar al siguiente paso. Era adonde iríamos con el tiempo, de todos modos. Simplemente no podía ver a Edward como un hombre que fuera sólo mi amigo. O era una relación romántica con él o ninguna en absoluto.
Sabía que estaba indecisa por el miedo, a pesar de que no había estado dolida mucho tiempo, después de la traición de Edward, estaría completamente destruida si sucedía de nuevo. Sería incapaz de mostrar confianza hacia cualquier hombre, nunca, y podría ser directamente perjudicial para mi trabajo.
Por lo que no era sólo mi corazón el que estaba en riesgo.
Pero decidí dar el salto de fe de todos modos.
—¿Quieres entrar? —pregunté y sonreí cuando aceptó la invitación. Teníamos que movernos hacia adelante o de lo contrario todo sería siempre incierto entre nosotros.
