Disclaimer: Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.

TU VENGANZA, MI PENITENCIA.

CAPÍTULO 24

Edward observó a la chica en silencio durante el tiempo necesario para llenarla de nerviosa ansiedad.

Finalmente, y con ella aún de pie entre sus piernas, habló.

—Explícate —ordenó por fin.

Bella se largó entonces en un entusiasta y animado monólogo, donde le explicó todos y cada uno de sus planes.

El dinero con el que contaban, el dinero que necesitarían, cuánto tiempo y dinero creía ella que podría llevarle a Edward acabar los cursos que le faltaban.

Tenía todo tan bien organizado, tan bien pensado, que, incluso a un escéptico como Edward, que llevaba diez años sin permitirse ilusionarse por nada, le obligó a reconocer que todo lo que la chica había planeado, era perfectamente factible.

—¿Por qué lo haces? —preguntó él por fin cuando, después de acabar con su larga exposición la chica se le quedó mirando expectante.

—¿Qué pregunta es esa? ¿Que por qué lo hago? Porque te amo. Porque sé que tú odias ser mecánico y siempre te has sentido frustrado al no haber podido acabar la Universidad. Porque pensé que te haría ilusión saber que, si aún lo deseas, no hay nada que te impida hacerlo.

—¿Esto no tiene nada que ver con que yo o mi profesión no seamos suficiente para ti?

Bella le miró con los ojos desorbitados, sintiéndose insultada ante la presunción de su novio.

—¿Disculpa?

—Sí. Tal vez finalmente hayas aceptado que tú te mereces más que un mecánico desastrado.

—¿Eso piensas de mí, Edward? ¿Que soy una estúpida esnob?

—Yo no he dicho eso.

—Pues déjame decirte que eres tú el esnob. A mí me resulta completamente indiferente que tú seas mecánico, economista o recoge papeles. Como si eres sexador de pollos. Solo quiero que seas feliz. Solo lo he pensado porque creía que te haría feliz.

—Tú me haces feliz —aseguró él —Estar contigo y con Tyler me hace feliz. Mi vida con vosotros como familia es lo que necesito para ser feliz.

Bella suspiró apenada por la orgullosa e insensata intransigencia de su chico.

—Como quieras. —aceptó derrotada.

—Esto es lo que quiero. Estar contigo y con Tyler. Que formemos nuestra familia juntos.

Bella suspiró claudicando, antes de acercarse a él y rodearle una vez más con sus brazos.

—De acuerdo —aceptó apoyando su rostro contra el fuerte pecho masculino —Pero de cualquier forma, cancelaremos la hipoteca del taller porque me niego a seguir regalándole nuestro dinero con intereses al banco.

Esa noche, después de hacerle el amor a su novia una vez más, en cuanto ella se acurrucó dormida contra su cuerpo, sus pensamientos volvieron indefectiblemente a la conversación que había tenido con Bella esa tarde.

Bella, la mujer que en los últimos meses le había dado más de lo que alguien le hubiese dado en toda su vida, le estaba ofreciendo eso que llevaba una década lamentándose haber perdido.

Y él, estaba aterrado.

Había soñado durante años con obtener un título universitario que le permitiese acceder a un puesto de trabajo que le satisficiera más de lo que le hacía su actual ocupación. Después de perder la oportunidad de obtenerlo, se había pasado diez años quejándose y lamentándose por esa pérdida.

Pero ahora, que tenía la oportunidad de volver a la universidad y acabar lo que diez años antes, le había quedado inacabado, sentía pánico.

Pánico por no poder lograrlo, pánico por haber perdido en todos esos años, los conocimientos, la capacidad e incluso la inteligencia de la que siempre se había jactado en lo que a los estudios se refería.

Pánico por tener que competir en la universidad con jovencitos de veintiún años y no poder demostrar ser tan bueno como ellos.

Pero, sobre todo, sentía pánico por volver a la universidad para acabar demostrándole a su novia y a su hijo, que no era el tipo listo e inteligente que todos parecían creer que era.

Pánico por defraudar a Bella, por decepcionarla después de aceptar que ella le pagara la universidad.

Y, cómo no, no podía dejar de reconocer que le hacía sentir en parte humillado no poder ofrecerle a su prometida la fantástica luna de miel que ella se merecía, para acabar, sin embargo, estudiando gracias a ella.

—¿Por qué no duermes? —la voz somnolienta de Bella se coló en sus pensamientos.

—¿Cómo sabes que no duermo? —susurró sonriente estrechándola contra él.

—Conozco tu cuerpo más que el mío —confesó ella —Reconozco tu respiración y tus sonidos cuando duermes —explicó sonriente —Dime qué es lo que te preocupa.

—No es nada, nena. Duerme.

—Vamos, cariño, dímelo. Estamos juntos en todo, Edward.

Se tumbó de espaldas sobre la cama, atrayendo a la chica para recostarla sobre su pecho.

—Esos planes que hiciste… sobre la universidad… —comenzó dubitativo.

—No son planes —le interrumpió ella —Son solo algunas ideas, pero los planes tenemos que hacerlos juntos tú y yo, si tú quieres.

—Ok, pues todas esas ideas, entonces. ¿De verdad crees que debería volver a la universidad?

—Oh, Edward, en realidad, no es lo que yo crea. Yo solo… pensé que te haría feliz poder acabar la universidad. Pero no tienes que hacerlo si no te apetece, cariño.

—Dios, Bella —suspiró estrechándola contra él —Yo, es que… nunca me imaginé que podría volver a la universidad. Simplemente es algo que quedó completamente aparcado en mi vida.

—Entonces, cariño, no tienes que volver. No tienes que hacerlo si no quieres, yo solo quiero que tengas claro que, si en algún momento piensas que te gustaría hacerlo, que te haría feliz, entonces debes ir a por ello, porque ahora mismo, puedes hacerlo.

—Pero, Bells, yo no creo que sea tan sencillo como tú lo haces ver.

—¿Por qué no?

—Por cientos de razones y ni siquiera estoy pensando en el dinero.

—El dinero no es un problema —aseguró Bella —Tenemos dinero, Edward. Tal vez no para vivir una vida sin trabajar, pero suficiente como para pasar un par de años sin la necesidad de que tú trabajes en el taller. Creo que, si lo prefieres, podrías buscar algún trabajo en Portland que puedas compatibilizar con la universidad y eso ayudaría en tus gastos. Aunque yo preferiría que, si decides volver a la universidad, te volcaras de lleno en ella, para que puedas acabarla cuanto antes y volver a casa con Ty y conmigo. Mi sueldo alcanzará perfectamente para que vivamos Tyler y yo y, con el taller aún trabajando, no creo que hubiera problemas para que tú pudieras dedicarte al cien por ciento a los estudios. Con el dinero que yo saque de la venta de la casa de Charlie y de su seguro de vida, creo que podemos tener un buen respaldo por cualquier eventualidad.

—Sigue sin gustarme la idea de que utilices tu dinero para cancelar la hipoteca de mi taller.

—Si te hace sentir mejor, aceptaré que pongas la mitad del taller a mi nombre —aceptó ella sonriente —Pero me niego a trabajar allí, o lanzaría al diablo todo el prestigio que has ganado. Soy incapaz de distinguir una tuerca de un tornillo —explicó risueña y entusiasmada.

—Estoy llegando a pensar que tú eres capaz de lograr cualquier cosa que te propongas —gimió él.

—¿Eso significa que te he convencido de llevar adelante mis ideas? —indagó esperanzada.

Edward inspiró profundamente antes de contestar.

—No lo sé. También está Tyler…

—¿Qué pasa con Tyler?

—No sé si podría irme a Portland y dejarle aquí.

—Yo cuidaré de él —prometió ella —Edward, en dos semanas voy a convertirme en su madre. Me quedaré con él y prometo que le cuidaré tan bien como tú lo haces.

—Lo sé —reconoció Edward —No tengo dudas de ello. Pero no sé cómo se lo tomará él.

—Te aseguro que estará bien. Tú volverás a casa cada fin de semana o iremos nosotros a visitarte a Portland. Igual con cada período de vacaciones.

—No quiero dejarte sola ocupándote de todo. No es fácil ser madre soltera…

—Qué tonterías dices —rió Bella —No seré madre soltera, solo le cuidaré los días que tú estés en Portland, pero cuento con que volverás cada vez que puedas y también están Carlisle y Claire que estoy segura podrían cuidar de Ty cada vez que yo no pudiese

—No dudo que sería así.

—¿Diría entonces que está decidido? —dijo Bella mirándole interrogante y soltó la respiración que contenía cuando Edward esbozó su ya clásica sonrisa torcida.

—Está decidido. —afirmó por fin —Me informaré de todo lo necesario y volveré en busca de mi título —aseguró volcándose sobre su prometida para besarla con ternura, antes de hacerle el amor.

Al día siguiente, Bella fue invitada, insistida y casi coaccionada por Rosalie y Alice para ir a Portland en busca de su vestido de novia.

Las chicas reservaron una habitación de hotel y pasaron la noche en la ciudad, después de haber pasado la tarde entera en la tienda de novias.

Se había sorprendido por la calidez con que las amigas de Edward habían recibido la relación entre ellos, especialmente si consideraban que hacía solo unos pocos meses atrás, ambas habían intentado emparejar al joven con la prima de Rosalie, pero entre ellas, lentamente se había ido forjando una sana amistad.

Mientras Bella vivía su noche de chicas, Edward se reunió con sus amigos para una noche de hombres, en Eclipse.

Jasper acodado en la barra bebía unas cervezas mientras veía a sus amigos en la mesa de billar.

—Voy a volver a la Universidad —dijo Edward antes de inclinarse sobre la mesa y dar un certero golpe a la bola blanca, la que empujó hacia la tronera la bola número quince.

No prestó atención a la mirada sorprendida de Emmett y su ceño interrogante, por lo que aquel se vio obligado a preguntar.

—¿Qué?

Edward se irguió y rodeó la mesa buscando la mejor posición para su siguiente golpe.

—Sí, voy a volver —afirmó —. Bella me convenció.

—Explícate —exigió su amigo cuando la bola que Edward había golpeado, lentamente se acercó a una nueva esquina, pero sin caer en ella.

Edward dio un trago al botellín de cerveza que recuperó de la mesa a su espalda, y descansó todo su peso sobre el taco apoyado en el suelo, antes de hablar.

—Bella ha obtenido una buena cantidad de dinero, entre la venta de la casa de Charlie y el seguro de vida que éste le dejó. Sin darme opción a negarme ha cancelado la hipoteca del taller.

—¿Ha cancelado la hipoteca del taller? —inquirió sorprendido Jasper, que se había acercado a ellos al escuchar las noticias de Edward.

—Sí. Intenté disuadirla pero ni siquiera me escuchó. —explicó sintiéndose algo avergonzado —Dijo que no tenía sentido que guardáramos ese dinero mientras estábamos regalando intereses al banco, así que simplemente lo hizo. Sé que no es mucho, pero al menos aceptó poner el taller a su nombre.

—¿Habéis hecho algún tipo de acuerdo prematrimonial? —indagó Emmett como buen abogado.

—No.

—¿Sabes entonces que da igual a nombre de quien pongáis el taller?

—Lo sé —gimió él pasándose los dedos por los cabellos —Pero no sé qué más podría haber hecho. —gimió —Podía haberme negado en redondo, pero me conoce lo suficiente. Cuando me planteó la posibilidad de volver a la universidad, no pude ocultar el entusiasmo lo suficientemente bien.

Edward le detalló a sus amigos todas las conversaciones que había mantenido con su mujer desde su primer planteamiento y no encontró en ellos el menor rastro de represión, por lo que empezó a pensar que quizás Bella tendría razón y él debería comenzar a evitar sus sentimientos de culpabilidad.

—¿Qué opináis? —indagó igualmente deseoso de contar con la aprobación de sus mejores amigos.

—Me parece una idea buenísima, Edward —aseguró Emmett con sinceridad. —Me alegra que lo decidierais y estoy seguro de que no os arrepentiréis jamás.

—Es la mejor decisión que pudiste tomar, Edward —aseguró por su parte Jasper —Y me alegra que Bella te convenciera de ellos

—No sé. Temo que la carga sea demasiado para Bella.

—¿Qué carga?

—Ya sabes, tener que ejercer cierto control sobre el taller, ocuparse de Tyler mientras yo esté en Portland…

—Edward, te prometo que ninguno de nosotros permitirá que Bella se vea sobrepasada. Yo mismo, así como estoy seguro de que también lo harán Jasper —aseguró Emmett observando a su amigo que asintió en acuerdo —y tu padre, le daremos una mano en todo lo que tenga que ver con el taller. No tienes que preocuparte por ello. Y en lo que respecta a Tyler, estoy más que seguro de que Bella está encantada con la idea de hacerse cargo de él, es su madre ahora y, ambos sabemos que se adoran mutuamente. Pero también puedes estar seguro de que nosotros le ayudaremos en todo lo que necesite. Cuenta con nosotros. Somos tus amigos y sabemos cuán importante es para ti esto. Déjanos ser parte de esa ayuda.

No pudo evitar mirar a sus amigos y ver en ellos la sinceridad de su ayuda y apoyo incondicional.

Supo entonces que no tenía nada que temer.

Su familia estaría bien, su mujer y su hijo estarían bien y él no tendría que preocuparse.

Él podría dedicarse de pleno a su cometido de acabar la universidad.

No tenía nada que temer, pensó. Pero por alguna razón no pudo evitar sentirse aterrado.


Gracias por los reviews, por los alertas y favoritos, y siempre por leer.

Les espero en el grupo de Facebook, Las Sex Tensas de Kiki.

Y en mi perfil encuentran el link del tráiler que Maia Alcyone ha hecho para este fic.

Besitos y nos seguimos leyendo!

La próxima semana, si todo va bien estaré de vacaciones, por lo que no puedo asegurar que pueda actualizar, pero de ser así, lo compensaré la siguiente :D