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Declaimer: Los personajes pertenecen a las grandiosas Stephanie Meyer y L.J. Smith. Solo la trama es mía.
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~Después de ti hay mucho~
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_-25-_
Me arriesgaré
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Dos días después Damon, Bella, Elijah y Katherine se encontraban en el claro donde Edward había llevado a Bella por primera vez durante su primera cita. Sorprendentemente, el recuerdo ya no causaba dolor en Bella. Simplemente era un lindo recuerdo.
―¿Crees que vendrán?―le preguntó Katherine a Elijah en un murmullo. Su espalda se encontraba sobre el pecho masculino y él tenía sus brazos enredados en la cintura de Katherine.
―Algo que nos diferencian a los vampiros de los hombres lobos es que ellos viven en manadas. Tienen un sentido de la lealtad muy fuerte. Y si el amigo de Isabella dio su palabra quiere decir que al menos tratará.
Katherine asintió y depositó un pequeño beso en su brazo.
Nadie, a excepción de Katherine, vio la pequeña sonrisa que curvó los labios de Elijah.
―Ahí vienen ―la voz de Damon interrumpió los pensamientos de Katherine.
Pero no eran los lobos quienes venían, sino los Cullen. Damon había sido muy claro y con ellos, revelándoles lo que él era y lo que Bella era, también. Decir que Edward quiso convertirlo en cenizas no era un malentendido pero, ¿cómo te atreves a llevar a cabo eso cuando tú mismo abandonaste a la humana primero?
Los primeros en aparecer fueron Carlisle y Esme. Luego Rosalie y Emmett le siguieron y a lo último aparecieron Alice y Jasper con Edward detrás de ellos.
―Buenas noches, caballeros. Señoritas ―saludó Elijah, siempre educado. Soltó a Katherine y caminó hacia Carlisle, quien parecía ser el líder del clan―. Elijah Mikaelson ―extendió su mano y Carlisle la tomó.
―Carlisle Cullen.
―Es un placer.
―Hola, Bella ―saludó Emmett con una enorme sonrisa en el rostro. Rosalie a su lado tenía las cejas enarcadas pero no dijo nada.
Bella asintió en su dirección con una expresión cortés pero fría al mismo tiempo. ¿Qué podía decir? ¿Hola, Emmett? ¿cómo te encuentras? ¿sigo siendo tu hermanita? Definitivamente no. Pero cuando Bella iba a decir algo, la mirada de Emmett se posó en algo o alguien detrás de ella y sus ojos dorados se abrieron de par en par.
―¿Ka-Katherine? ―preguntó, confundido.
Tanto Bella como Damon y Elijah se volvieron para mirar a la vampiresa. Ella se había quedado ligeramente rezagada detrás de Bella. su expresión era como la de Emmett pero ella se recobró rápidamente.
―Emmett McCarty ―reconoció ella con una sonrisa perezosa y divertida―. Hace tiempo que no nos vemos ―caminó con lentitud hacia adelante, como si midiera cada paso.
―¿Lo conoces? ―preguntó Damon con el seño fruncido.
―Sí, fuimos ―rodó los ojos hacia el cielo―… buenos amigos.
―Es decir que te acostaste con él ―concluyó Damon con ironía.
Hubo un gruñido y todos voltearon para ver a Rosalie con fuego en los ojos dorados. Emmett se acercó a ella y tomó su mano, de pronto el vampiro ya no parecía tan divertido.
Katherine se encogió de hombros y le disparó una sonrisita de superioridad a la rubia.
Y a pesar de que la promiscuidad de Katherine no le interesaba a Bella, era… ¿placentero? ver a Rosalie con disconformidad. Después de todas las miradas irritadas y fulminantes… bueno, Bella no correría a hacerla sentir mejor.
Elijah se aclaró la garganta y miró hacia el frente entre el bosque, haciendo que los demás lo imitaran.
―Mierda ―murmuró Katherine. Allí, acercándose entre los árboles, no había solamente algunos pares de ojos. Sino una completa y maldita manada de diez lobos.
―¿Quién es el Alfa? ―preguntó Elijah con total tranquilidad. Sus manos se encontraban adentro de los bolsillos de su pantalón de vestir. El lobo grande y de color marrón chocolate soltó un gruñido―. Creo que eso contesta mi pregunta. ¿Alguno de ustedes, caballeros, podría cambiar a forma humana?
Otro gruñido.
―Dicen que no lo harán ―contestó Edward―. No confían en nosotros para usar su forma humana. Seré el traductor.
―No importa ―dijo Carlisle y dio un paso al frente con cautela―. Les agradezco que hayan venido. Bienvenidos.
―Gracias ―la voz de Edward fue plana y sin emoción. Y los otros comprendieron que aquella había sido la respuesta de Jacob, quien era el líder―. Vamos a oír y mirar, pero nada más. Nuestro autocontrol no nos permite nada más cuando estamos cerca de… vampiros.
Era claro que Jacob había querido usar otra palabra como apelativo como chupasangres o sanguijuelas, pensó Bella con una pequeña sonrisa en el rostro.
―Eso será más que suficiente ―asintió Elijah, observando la altura y los músculos de las bestias.
―Mi hijo Jasper tiene una gran experiencia en el campo de batalla ―comenzó a explicar Carlisle, señalando al otro vampiro quien se encontraba tenso y alerta a todo― él nos enseñará cómo luchar, cómo derrotarlos.
―¿Los atacantes son diferentes a ustedes?
―Sí ―asintió el rubio―. Según nuestra información todos ellos han sido transformados recientemente, lo que significa que son unos niños. Carecen de habilidad y lucidez porque están demasiado centrados en su sed de sangre.
―¿Saben cuántos hay?
―Alrededor de unos veinte vampiros ―respondió Katherine, sorprendiendo y robando la palabra a Carlisle―. Diez para ustedes y diez para nosotros. Debería ser fácil.
―De igual manera ―el patriarca Cullen retomó la palabra―, los neófitos suelen pelearse entre ellos así que la cifra puede menguar.
―¿Saben el momento en el que atacarán?
―Cruzarán las montañas dentro de cuatro días, a última hora de la mañana ―la que contestó aquella vez fue la voz tintineante de Alice―. Los ayudaré a interceptarlos cuando vea que se aproximen.
―Gracias por compartir la información. Estaremos atentos.
Se produjo un momento de silencio hasta que Jasper caminó hasta quedar en el espacio entre vampiros y hombres-lobo. Y comenzó la lección.
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―¿Cómo conociste a Emmett McCarty? ―preguntó Elijah a la mañana siguiente.
Katherine contuvo un suspiro y terminó de arreglarse el cabello frente al espejo. Sabía que aquella pregunta vendría, de hecho, le sorprendía de que se hubiera tardado tanto. Pero el hecho de estar bien con Elijah en ese momento hacía un poco más difícil el contarle todo su pasado. ¿La vería de peor manera siempre que se cruzasen con algún antiguo amante de ella? Ahora que ella intentaba construir una nueva vida, más honesta, el pasado venía a morderle el trasero.
―Lo conocí en Tennessee en el año mil novecientos treinta y tres. Tenía dieciocho años y a pesar de su forma de vida estaba lleno de alegría y energía.
―¿Forma de vida? ―preguntó Elijah, curioso, desde su asiento en la pequeña mesa de la pequeña cocina.
―Su padre había muerto así que él era el que tenía que trabajar para llevar la comida a la mesa. Vivía en una pequeña cabaña a las orillas de un bosque con su madre. Y ―se movió hasta quedar entre las piernas de él. Le acarició el rostro y pasó sus brazos por su cuello mientras él la atraía con las manos en la cintura― a pesar de las conclusiones a las que los demás saltaron, entre Emmett y yo nunca sucedió nada. Él nunca supo que yo era un vampiro. Nunca tuve que usar la compulsión en él.
Elijah enarcó una ceja.
―Discúlpame, Katerina, pero eso es algo difícil de creer.
Katherine suspiró y se separó de él.
―No tienes qué disculparte. Entiendo. Soy una mala persona ―dijo mientras servía sangre en un vaso―; he engañado, mentido, traicionado, asesinado y la lista sigue y sigue. Pero aunque no lo creas, soy capaz de ser… amigable cuando quiero ―Elijah volvió a enarcar una ceja y la vampiresa suspiró―. Está bien. Está bien. Cuando conocí a Emmett me sentía un poco… perdida. Cuatrocientos años huyendo y aun sin poder tener una salida del problema. Y además de Klaus, había más gente que quería mi cabeza aunque gozaba con la falsa muerte desde mil ochocientos sesenta y cuatro. ¿Ves lo complicada que es mi vida?
Elijah rió con suavidad y se acercó para besarla.
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―Ya está todo listo ―Damon se acercó a Bella. Bella asintió con la cabeza pero continuó mirando a través del cristal de la ventana―. Hey. ¿Te encuentras bien?
―Sólo preocupada.
―Estamos preparados ―comentó él―. Nada saldrá mal. Charlie estará con Billy en La Push y él mantendrá los ojos abiertos. Los lobos más jóvenes estarán vigilando, también.
Bella suspiró y se dio media vuelta para enfrentar al vampiro. Lo abrazó.
―Gracias.
Damon frunció el seño pero de igual manera le devolvió el gesto. Aquellas demostraciones de afecto eran desconocidas para él hasta hacía unos meses. Luego de la transformación, Isabella había necesitado mucha contención. A una humana tan humana como ella le había sido difícil el cambio emocional, donde todas las emociones se habían amplificado hasta desbordarse.
―¿Por qué? ―preguntó.
―Por todo ―se encogió de hombros contra su cuerpo―. Por estar aquí, ayudándome. Por no dejarme sola. Por ser… tú. Damon, si me sucede algo…
―No te sucederá nada.
―… quiero que cuides de Charlie ―siguió ella sin prestarle atención―. Pase lo que pase ―se alejó lo suficiente para observar sus ojos azules―. ¿Me lo prometes? ―cuando él no contestó, ella tomó su rostro entre sus manos―. Damon, ¿me lo prometes?
―Te lo prometo ―asintió él.
El sonido de tacones sobre el suelo los sorprendió.
―Ya es hora ―anunció Katherine. Bella y Damon se separaron y él se adelantó, dejando a Katherine y Bella juntas. La primera enarcó una ceja.
―¿Qué? ―preguntó Bella fingiendo no entender.
Katherine resopló y la jaló por el brazo.
―Vámonos. Elijah y los Fríos están esperándonos.
Cuando llegaron todos estaban allí como había dicho Katherine, con excepción de los lobos quienes se encontraban escondidos. Pero bella podía casi oler la excitación en el aire. El hecho de poder despedazar algunos Fríos sin un tratado de por medio debía ser excitante, pensó ella.
El día estaba nublado ―no había sorpresa allí― y la noche anterior había caído la nieve de manera regular.
―¿Qué es lo que ve, señorita Cullen? ―preguntó Elijah al ver la expresión ausente de la vampiresa.
―Están cruzando el río.
Bella suspiró y miró a su alrededor, deseando que ninguno de los allí presente resultara herido. Ni su anterior familia… ni la nueva, pensó mientras miraba a Damon quien estaba al lado de Elijah y Katherine.
Su mirada se cruzó con la de Edward y éste asintió en su dirección. Bella le dirigió una pequeña sonrisa.
―¿Estás preparada? ―preguntó Emmett, apareciendo a su lado en un segundo.
Bella casi pegó un salto. Casi.
―Supongo ―suspiró. Luego echó un vistazo hacia la dirección de Rosalie. La rubia se encontraba hablando con Jasper―. ¿Todo en orden? ―preguntó. Emmett siguió la dirección de su mirada y sonrió.
―Todo en orden ―asintió con la cabeza―. Ha estado algo molesta por la inteligente observación de tu nuevo novio ―si hubiera podido, Bella se hubiera ruborizado. Emmett seguramente lo había imaginado también porque rió de forma atronadora. Aunque nadie le dio importancia porque… bueno, Emmett era Emmett.
―Estoy segura de que no te reías hace unos días ―murmuró ella―. ¿Has hablado con Katherine? ―preguntó, curiosa.
Emmett esbozó una sonrisa grande.
―Sip. Aun no puedo creer que ella había sido una vampiresa cuando la conocí ―comentó dejando entrever una nota de sorpresa en la voz.
―¿Eran buenos… amigos?
Emmett volvió a sonreír.
―Sí. Sólo amigos. Ella… en esa época aún la mujer no se veía bien vista al hacer ciertas cosas. Y ella era una ráfaga de aire puro con aquel comportamiento tan… liberal. Pero se fue del pueblo meses antes del accidente que me llevó a conocer a Rosalie. No volví a pensar en ella. Ya sabes lo que le suceden a nuestros recuerdos ―Bella sonrió y asintió―… en fin. Es bueno volver a verla.
―Están cerca ―advirtió Alice y todos se pusieron alertas, escuchando el sonido a la distancia.
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Lo primero que Bella notó fue el sonido de pasos apresurados sobre la nieve. Era leve pero constante.
Los primeros neófitos en aparecer eran dos hombres y una hembra. Sus expresiones cambiaron a una de sorpresa al ver a sus objetivos de pie, esperándolos.
De igual manera la pelea comenzó cuando los bandos se encontraron en la mitad del claro.
Katherine se corrió cuando uno de los oponentes echó su puño en su dirección. Ella lo golpeó en el estómago con la suficiente fuerza como para que éste se doblara y, teniendo la oportunidad, bajó el brazo con fuerza demoledora y la cabeza del Frío salió rodando por el suelo. Divertida, observó cómo Elijah simplemente se limitaba a decapitar a los oponentes usando las manos. Ella se posicionó detrás de él y desmembraba con rapidez los cuerpos decapitados por él para ralentizar las recuperaciones.
Emmett se estaba divirtiendo como no lo hacía en años. Despedazaba a los neófitos sin mirarlos siquiera, usando la fuerza de sus brazos.
Rosalie le asestó una patada al vampiro que cargaba a por ella desde atrás. Jasper lo esquivó justo a tiempo y lo tomó por loa brazos, haciendo fuerza hacia afuera y sacándole los brazos para luego deshacerse de la cabeza. Alice, a su lado, aparecía y desaparecía a voluntad dejando un rastro de miembros a su paso.
Bella saltó hacia arriba cuando dos vampiresas se apresuraron hacia ella por distintos lados. Aterrizó sobre sus pies con ligereza y se volvió para enfrentarlas. Alejó a una con un empujón pero no fue lo suficientemente rápida para evitar a la otra y ésta se le echó encima haciendo que ambas cayeran al suelo en un revoltijo. Se separaron y la Fría le golpeó el rostro con el puño. Bella apoyó las manos en el suelo y elevó su cuerpo lo suficiente para darle una patada que la hizo volar unos pocos metros. No tuvo ninguna chance cuando Damon apareció detrás de ella y la decapitó.
Damon le sonrió a Bella y desapareció nuevamente, dirigiéndose hacia otro lugar. Bella se levantó y cuando barrió el lugar con la mirada un atisbo de cabello rojo llamó su atención. El aire se detuvo a mitad de camino hacia sus pulmones. No pensó en nada. Corrió, aventando a cualquier vampiro que se le acercase hacia otro lado y traspasó los espesos árboles siguiendo el sonido de los pasos.
Hasta que se detuvo cuando dejó de escucharlos.
―Mira qué tenemos aquí.
Bella se congeló y no pude respirar. A aquella voz nunca la había escuchado pero sonaba tan llena de veneno que no podía ser otra que la de Victoria.
Se dio media vuelta y allí estaba ella con su glorioso y fiero cabello enmarcando su bello y pálido rostro. Sus ojos, rojos como el carmesí, eran intensos de odio.
―Victoria ―la palabra atascada en su garganta encontró la libertad con brusquedad. La vampiresa sonrió y movió la cabeza hacia la derecha.
―Isabella Swan. Al fin te tengo enfrente de mí ―¿lo gracioso? Su voz parecía la de una niña de coletas rubias y vestido rosa; no la de una sádica vampiresa―. Debo decir, es admirable lo que has llegado a hacer. ¿Juntar a los lobos junto con los Cullen? Sí que has tenido que hacer algo para ello.
―Lo sabías ―sentenció Bella con incredulidad―. Tú sabías que todos aquellos vampiros…
―¿Morirían? ―interrumpió Victoria mientras se encogía de hombros y daba unos pasos hacia la derecha. Bella hizo lo mismo pero dirigiéndose hacia la otra dirección. Ambas en círculo―. Claro que lo sabía. No soy estúpida.
Claro que lo sabía, pensó Bella mientras medía la distancia que las separaba. Y no le importaba haber arruinado aquellas vidas.
―¿Por qué no fuiste a por mí? ―preguntó Bella intentando distraerla―. En vez de hacer un ejército de vampiros, ¿por qué no simplemente asesinarme?
Los párpados de Victoria se entrecerraron.
―¿Crees que no quise hacerlo? ―preguntó con furia―. Pero no pude porque tú tenías un clan de vampiros cubriendo tus espaldas. Envié a Laurent. Admito que era un idiota pero de algo servía. Pero él nunca volvió, ¿verdad? ―se acercó un poco más y Bella se alejó otro poco―. Luego envié a Christopher pero él tampoco volvió. Y pensé: los Cullen saben.
―Ellos no estaban aquí.
―Lo sé ―Victoria sonrió con tirantez―. Es francamente irritante ver cómo consigues ayuda del mundo sobrenatural incluso cuando éste se supone no debe encontrarse con facilidad por un humano. Luego, desapareciste de aquí. Y cuando volví para ver qué era lo que sucedía porque simplemente los hombres no pueden hacer el trabajo de una mujer, me encuentro con que la mascota humana había desaparecido del pueblucho. Oh. Y que hay lobos gigantes merodeando. Cada vez que intentaba entrar ellos me daban caza. Así que me quedé lejos de la zona y dije, ¿por qué no? ¿por qué no crear un ejército que arrase con lo que yo quiera?
―Pues te ha salido mal, Victoria. Porque tu ejército está siendo despedazado en este momento.
Victoria rió con una risa tintineante y asquerosamente dulce.
―Yo creo que todo ha salido la mar de bien. Estás aquí, ¿verdad? Sola. Sin nadie que te proteja ―su expresión se tornó fiera―. Y hoy, finalmente, acabaré contigo Isabella Swan.
Se movió en el mismo momento en el que lo hizo Bella y ambas se encontraron a mitad de camino. El impacto las arrojó a ambas al suelo. Bella se puso de pie al instante y Victoria se agazapó, mirando con incredulidad a la otra muchacha.
―¿Qué es lo que eres? ―siseó.
Las venas alrededor de los ojos de Bella comenzaron a aparecer al igual que los colmillos.
―Otra clase de monstruo ―respondió antes de correr hacia ella pero Victoria fue más rápida y desapareció para aparecer detrás de Bella y tomarla del brazo para luego aventarla contra el suelo cubierto de nieve. Su mano fría y dura como el granito le apretaba la garganta con fuerza demoledora mientras se cernía sobre ella. Bella puso su mano sobre la suya y con fuerza intentó alejarla. Viendo que no podía hacer nada, levantó las piernas con rapidez y fuerza, golpeando a la Fría e impulsándose ella hacia atrás para quedar fuera del agarre. Victoria se le aventó encima y ambas cayeron rodando por la colina de nieve. La Fría se las manejó para enterrar su codo en el estómago de Bella, dejándola sin aliento por un segundo y cuando se recuperó, Bella le dio un puñetazo en el rostro que sonó como si hubiera estallado una roca.
Victoria se alejó de ella y la miró con el seño fruncido, tocándose el rostro.
―¿Colmillos? ¿como en las leyendas? ―preguntó sin sonar sorprendida ésta vez y echó un vistazo a uno de los árboles del bosque―. ¿La estaca a través del corazón también funciona? ―saltó seis metro en el aire y aterrizó dentro el bosque. Apretando los dientes, Bella siguió su ejemplo y vio cómo Victoria cortaba una rama puntiaguda de uno de los árboles. Se detuvo a unos metros enfrente de ella. Victoria sonrió con su improvisada estaca firmemente sujeta en su mano derecha. Bella apretó los puños―. Estoy esperándote, Isabella ―canturreó Victoria―. He esperado durante mucho tiempo este momento y si te soy sincera, no tengo mucha paciencia. Pregúntaselo a tu madre ―el rostro de Bella se crispó―. Oh. Espera, no puedes. ¡Porque tu madre está muerta! ―hizo una mueca de desprecio―. Tu patética madre gritó y rogó mucho esa noche.
Bella rugió y se abalanzó sobre Victoria. No había nada más en ese momento que el sentimiento de venganza. No había auto-preservación. Sólo venganza.
Pero algo muy parecido a una roca chocó contra ella y la envió lejos.
―Te presento a Riley ―anunció Victoria. Bella levantó la vista y vio a los dos vampiros listos para atacarla. Tomó aire y cuadró los hombros.
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―No queda ninguno más ―anunció Emmett.
Damon asintió y arrojó el brazo a la fogata que Esme se había encargado de encender.
Elijah miró a su alrededor y frunció el seño.
―¿Dónde se encuentra Isabella? ―preguntó mientras tomaba los cuerpos que Katherine cargaba él mismo para luego despedazarlos y arrojarlos a la fogata. Todos miraron a Edward y éste irguió la cabeza enseguida.
―Victoria ―fue todo lo que dijo antes de desaparecer.
―Mierda ―murmuró Damon antes de seguirlo. Siguió el sonido de la carrera del lector de mentes hasta una de las montañas y llegó a tiempo para ver cómo Edward intentaba resonar con un vampiro que acompañaba a la pelirroja:
―Ella no te ama, Riley. Victoria amó una vez a un vampiro llamado James. Él era su verdadero compañero.
―Riley, no le creas ―dijo Victoria con una absurda voz dulce. De algún modo le recordó a Katherine en sus años humanos―. Ya te he dicho que pueden jugar con tu mente. Es su poder.
Damon trabó miradas con Bella y asintió con la cabeza antes de abalanzarse hacia el chico Riley. No duró dos segundos el pobre. En cuanto se dio vuelta, Damon tuvo sus manos en su cabeza y la arrancó. Edward estuvo detrás del cuerpo mutilado de Riley y tomó sus pies, haciendo fuerza y arrancando la mitad inferior del cuerpo.
Victoria, al ver esto, intentó escapar. Pero Bella se le puso en el camino y la empujó haciendo que ella cayera en los brazos de Damon, los cuales la inmovilizaron. Bella se acercó a ella con lentitud, disfrutando de la expresión aterrorizada en su rostro.
―Creo que recuerdas a mi madre ¿verdad? Renée Dwyer. Ella gritó mucho la noche en que la asesinaste ―la expresión de Bella era pétrea y letal al mismo tiempo―. Así que recuerda su nombre cada vez que te retuerzas en lo más profundo del infierno ―con movimientos fluidos le arrancó los brazos―. Oh, ¿y Victoria? Te presento a Damon ―dijo antes de arrancarle la cabeza violentamente, devolviéndole sus propias palabras.
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Sus manos temblaban, notó ella con sorpresa.
Se sentó sobre la nieve y levantó las rodillas para rodearla con los brazos. Había matado. Y había disfrutado haciéndolo.
Elevó la mirada hacia el oscuro cielo y suspiró. Maldijo a Victoria por haberla convertido en aquel monstruo que habitaba en ella en ese momento.
―¿Sintiéndote miserable? ―preguntó una voz desde sus espaldas.
Bella no se volteó a ver.
―Vete, Damon. Quiero estar sola.
―¿Sabes? ―el leve sonido de sus zapatos sobre la nieve le dijo que él no se iría. Bella suspiró cuando Damon se sentó a su lado―. Cuando una persona dice eso es porque hará algo estúpido.
―¿Hablas por experiencia? ―preguntó ella con un deje de ironía en la voz.
―Podría ser ―un momento de silencio―. Fuiste muy valiente hoy.
Bella resopló.
―Hoy no he sido valiente. Hoy me he convertido en el monstruo que se supone debo ser, ¿verdad?
Fue el turno de Damon para suspirar.
―No eres un monstruo, Isabella. Simplemente eres… algo más que una simple humana. Y eso está bien.
―¿Eso está bien? ―preguntó ella, exasperada―. Damon, hoy he terminado la existencia de otros seres sobrenaturales. Por favor, dime qué derecho tenía yo en hacer eso ―se levantó de su lugar y comenzó a alejarse. Hasta que Damon apareció enfrente de ella.
―¡Hey! ―tomó su pálido rostro entre sus manos y la obligó a mirarlo a los ojos. Sus ojos brillaban, pensó ella. Aunque probablemente era el reflejo de la blancura de la nieve―. Tenías todo el derecho. Ellos vinieron a matarte a ti y a tu padre. Sin mencionar a los demás habitantes de este pueblo. Así que sí, tenías todo el derecho. No digo que estuvo bien pero a veces debemos hacer cosas que no nos agradan. Si no es por nosotros, será por alguien más.
Hubo otro momento de silencio mientras ella digería sus palabras y encontraba que sí, que él tenía razón.
―¿Qué haces aún aquí? ―preguntó Bella con voz débil. Sorpresivamente, los labios de Damon se curvaron en una sonrisa. Una tierna expresión acarició su rostro.
―Aún no te das cuenta, ¿verdad? ―preguntó y acarició las mejillas de ella con sus pulgares. Sus dedos se habían humedecido, pensó ella con sorpresa. Había estado llorando―. Te he ayudado durante toda la transición y luego te he seguido hasta este pueblo olvidado donde ridículamente siempre llueve para enfrentar a un ejército de vampiros sedientos de sangre y a otra vampiresa en busca de vendetta. ¿Necesito decirte más? ―Bella no dijo nada, aun prendada de la luminosidad de sus ojos y él rió con suavidad―. Tenías razón, Isabella. No voy a ser infeliz por alguien que quizás me ame pero que jamás se arriesgará para averiguarlo. Merezco mejor que eso. Más. Al igual que tú. Así que quiero averiguarlo. Voy a averiguarlo.
―¿De qué estás hablando? ―preguntó Bella con un hilo de voz.
Damon volvió a reír.
―No amo a Elena. Jamás lo hice. Pero ella usaba el mismo rostro de la persona que yo creí amar tanto tiempo. Y que quizás lo hice. Elena era la débil presencia de Katherine y con eso me bastaba. Pero ya no amo a Katherine y jamás quise a Elena. Es increíble lo que un espejismo es capaz de hacer, ¿no lo crees? ―preguntó, acercando su rostro al de él―. Te amo a ti. Y sólo a ti. Y lo he hecho desde hace tiempo.
Y la besó.
Aquello parecía la escena de una película romántica. Ellos en el frío y blanco bosque confesando sus sentimientos. Y besándose. El mundo de Bella giró mientras respondía al beso suave de Damon. Sus labios se moldearon a los de él y probaron su dulzura. Ya había besado a Damon con anterioridad pero aquel parecía el beso que definiría su existencia. Porque en ese beso ella se sintió abrumada con el sentimiento que él demostraba, una ferocidad que él jamás había dejado dominarlo cuando se encontraba junto a ella.
Damon delineó sus labios con la punta de su lengua y Bella gimió, sintiendo como los músculos de su cuerpo se tornaban de la densidad de la mantequilla. Se derritió en su abrazo, dejando que él la sostuviera. Sintió cómo él depositaba sus grandes manos en la parte baja de su espalda y la apretaba contra su cuerpo, como si no pudiera sentirla lo suficientemente cerca. Ella abrió los labios y lo dejó invadir su boca, disfrutando del roce de sus lenguas y del aliento fresco de su boca.
Se separó de él cuando su cabeza comenzó a empinarse de sentimientos. Damon no la dejó libre sino que apoyó su frente sobre la de ella mientras recuperaba el aliento.
―Me arriesgaré ―murmuró―. Sólo te pido que hagas lo mismo.
Bella asintió con la cabeza, sin ser hábil de poder contestar con coherencia. Su única respuesta fue volver a dirigir su boca hacia la de Damon.
Él gimió y ambos cayeron sobre la nieve.
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―Entonces, ¿volverás a irte? ―preguntó Charlie. Detrás de ellos, Damon cerraba el maletero del auto y fingía usar su móvil para darles cierta privacidad.
Bella suspiró y levantó la vista para enfrentarse con la de su padre. Tenía que irse.
Todo había salido bien después de los de Victoria y los demás se encargaron de quemar todos los cuerpos para que no volvieran a unirse y para que nadie encontrara sus restos. No había habido ninguna baja en las filas. Katherine y Elijah ya habían partido hacia Mystic Falls porque Elijah quería despertar a sus hermanos y Katherine sabía dónde se encontraban los demás ataúdes. Para furia de Rosalie y diversión de Bella, Emmett y Katherine intercambiaron números telefónicos antes de que la vampiresa y el Original partieran.
Los lobos seguían en La Push como siempre y Bella tenía permiso para cruzar sus tierras. Damon, no. No había sorpresa allí. Y con los Cullen… bueno, Bella sólo se había despedido de ellos con un gracias y aceptó las disculpas de Alice. Pero no hubo promesas de volver a verse. Aquellas amistades ya estaban dañadas y sería incómodo para Bella y Edward el seguir viéndose. Edward se resignó a que Bella ya había hecho su decisión. Y su elección había sido Damon.
―Tengo que terminar el Instituto.
―No me refería a eso, Bells. Y lo sabes ―Charlie suspiró―. Algo cambió en ti. No solo tu apariencia o tu personalidad. Está bien. Estoy feliz de que hayas superado tus demonios. Sólo… quiero que te despidas cuando llegue el momento de la despedida, ¿está bien? Me es imposible negar el hecho de que… lo que sea en lo que te has convertido…
Bella asintió con la cabeza y se tragó las lágrimas. Oh, Charlie. Cuántas veces la gente lo habría tomado por un hombre obtuso. Y seguramente era el más inteligente de todos.
―No tenemos por qué despedirnos aún ―dijo ella cuando supo que su voz no le fallaría―. Todavía tienes que venir a mi graduación.
Charlie esbozó una sonrisa y la abrazó. Ni él ni ella eran los mejores en las situaciones sentimentales pero aquel fue el mejor y más incómodo abrazo jamás dado. Pero el mejor.
Damon se les acercó.
―Adiós, papá ―Bella le sonrió y Charlie asintió. Luego se volvió hacia Damon.
―Cuida de mi hija, muchacho. Después de todo… me has caído en gracia.
Damon asintió con una no muy característica sonrisa en el rostro.
―Lo haré. Lo he prometido, ¿recuerda? ―extendió la mano y Charlie se la estrechó.
―Lo recuerdo. Y más te vale cumplir la promesa.
Con una última despedida, los vampiros se montaron en el auto y partieron de Forks. Cuando pasaron el cartel de bienvenida, Bella no sintió dolor en el pecho. Aquel sentimiento se había transformado en liberación. En el cierre de una etapa.
―¿A dónde ahora? ―preguntó Damon mientras doblaba en una curva. Bella lo miró y sonrió.
―Creo que deberíamos volver a Mystic Falls.
―¿En serio? ―protestó él con el seño fruncido―. ¿Luego de todo esto quieres volver a Mystic Falls?
Bella rió y tomó su mano.
―Sí. Quiero ver a Stefan y a Elena. Saludarlos. Y por Dios que quiero terminar el Instituto. Y luego podremos irnos a algún otro lado.
Damon suspiró.
―Está bien. Sabes que puedes obligar a los directivos del Instituto para que te gradúen sin importar si has asistido a clases o no, ¿verdad?
―Sí. Pero, enfrentémoslo. Ese definitivamente no es mi estilo.
[N. de A]: Y sí, también me demoré con este capítulo pero ya no sucederá más. Lo prometo. Tengo sorteada la historia hasta al final… la mayor parte, claro. En los próximos capítulos volveremos a Mystic Falls y… no les diré nada más. ¿Les ha gustado el comienzo del romance? Sé que muchos pensarán que me tardé mucho pero quería que las cosas fueran así. En la primera versión ellos habían empezado una relación demasiado temprano en la trama y esa fue una de las causas por la cual estoy editando esta historia. Ahora me gusta más; ambos debían probarse frente al otro. Y lo hicieron. ¡Y de qué manera!
Respecto a la obsesión de Klaus por Emmeline… estoy segura de que lo sabrán en el próximo capítulo. Todo tiene su tiempo y ahora ha llegado el de los Originales.
¡1000 REVIEWS! Recién lo he visto y aún no lo creo. Muchísimas gracias a todas aquellas personitas que hacen esta historia posible porque sin ustedes ya me hubiera rendido.
Muchas gracias a: DsdVzla xD, Amanda-Cullen-Salvatore, Yamii Salvatore, Lyzz Cullen, BeaGiil, vanne, Lyz, Cullen-21-gladys, Fabiola, allyley, SrtaSteele, chovitap, Bella-swan11, lucy y los cinco Guests por sus Reviews en el capítulo anterior.
XOXO
