Incomplete

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Capítulo Veinticinco
Enfrentando el Pasado


—Mierda —gruñó Sakura mientras observaba su reflejo en el espejo, una mirada fruncida de disconformidad presente en su rostro.

Detrás de ella, su esposo rápidamente rodó los ojos, pero permaneció callado de todos modos, demasiado calmado y satisfecho para molestarse con replicar. Con un suave y casi inaudible suspiro, se desplomó aún más contra la pared, los brazos cruzados sobre su pecho y sus ojos negros cerrados mientras esperaba a que ella terminara de alistarse para que finalmente pudieran irse de ese baño.

(…no es que a él no le haya gustado ese baño, si entienden a lo que me refiero).

—¡Sasuke, arrancaste mis pantis! —la pelirrosa se giró para encararlo mientras se quejaba, sus ojos mostrando un cantidad igual de enojo y decepción.

A decir verdad, Sasuke no estaba seguro de que ella lo estuviera acusando o simplemente quejándose para que él le diera dinero para ir de compras y comprarse otro par. Sakura había estado viviendo de su dinero durante dos años ya, pero ella nunca le había pedido nada realmente; simplemente había accedido a su cuenta bancaria y proveerse con lo que fuera que necesitara. Ahora, desde que se habían juntado, ella le había agarrado gusto a pedir permiso de antemano—o más bien, obtener ese permiso.

El Uchiha tenía el sentimiento de que ella traía el tema a colación en un esfuerzo por persuadirlo de ir de compras con ella, pero él siempre se hacía el tonto porque de ninguna manera sería él visto alguna vez haciendo algo así. Aunque… ahora que lo pensaba bien, visitar una tienda de lencería con ella resultaría ser una interesante experiencia. Pero eso estaba fuera del tema.

—Ya sé, Sakura —suspiró una vez más y con indiferencia pasó una mano por su cabello, obviamente inafectado—y para nada sintiéndose culpable por lo que había hecho.

—Estoy muy contenta de que lo sepas, Sasuke —rodó los ojos antes de girarse para verse en el espejo—. Pero el hecho sigue ahí: arrancaste mis pantis, ¡y ahora no tengo nada que ponerme por tu culpa!

Sasuke bufó. —¿Y entonces para qué era la bolsa? —preguntó, recordando la atroz cantidad de cosas que ella había logrado meter en su bolsa la noche anterior. Había sido un espectáculo bastante impresionante, a decir verdad.

—¡Para mi vestido y mis zapatos! —explicó, fulminándolo.

—¿Y esperas que crea que no metiste otro conjunto de ropa interior ahí?

—¡Eso no es el punto! —chilló, sus manos hechas puños.

Sasuke sonrió con arrogancia, disfrutando cada segundo de esa charada. Ella era simplemente muy hermosa cuando se enojaba, que él brevemente contempló la idea de continuar discutiendo sólo para ver la forma en que sus ojos jade se encendía como el fuego, la forma en que se entrecerraban y lo fulminaban. Lo hacían querer arrancar el vestido de su pequeño cuerpo y tomarla de nuevo—una y otra y otra vez.

Y ya que esa probablemente no hubiera sido la mejor idea, supuso que sería mejor si mantenía la boca cerrada.

Gracias a su silencio, la pelirrosa pronto se relajo, su mirada enojada derritiéndose en una de decepción cuando volvió a notar su apariencia desaliñada. —¡Demonios, Sasuke! —se quejó— ¡Mírame! Parezco como si… —se detuvo abruptamente, insegura de qué palabras elegir a fin de asegurarse que no fueran a tener un impacto aún más grande en él y en su ego.

Sasuke obviamente notó eso y de inmediato rodó los ojos. Vaya reina del drama que era. Despegándose de la pared, lentamente se dirigió hacia el ser quejándose, una de sus manos alzándose para acariciar con gentileza la curva de su espina dorsal.

—Pareces como si hubieras acabado de ser cogida propiamente —suplió servicialmente con indiferencia, mientras sus ojos se encontraban con los de ella en el espejo.

—¡Lo digo en serio, Sasuke! —dijo con brusquedad, dando un manotazo hacia atrás para quitar la mano de él— ¡Mi maquillaje está arruinado, mi cabello desarreglado y parece como si hubiera corrido un maratón!

—Te ves preciosa —discrepó mientras se ponía detrás de ella y envolvía su brazos alrededor de su sección media, sus manos acariciando su firme estómago.

—¡Sasuke! —se quejó una vez más, dejando que su cabeza cayera en su hombro por un breve momento, para alzarla de nuevo— Sé que te pones todo adorable y así luego de que tenemos sexo y amo esto con cada fibra de mi ser, ¡pero esto es serio! ¡Estamos en la boda de nuestros mejores amigos, por el amor de Dios!

El Uchiha suspiró en silencio, antes de esconder rápidamente su rostro en la curvatura de su cuello—. No te preocupes —dijo, su voz saliendo amortiguada contra su piel—. De todos modos, la ceremonia ya terminó. Están siendo felicitados por todo el mundo en este instante—

—En serio creo que ya han terminado para este momento —bufó Sakura, pero su esposo la ignoró, continuando como si ella no hubiera hablado.

—…así que no notaran nuestra ausencia. Y además, te tienes que cambiar, ¿no?

—Sí —respondió con un tono de derrota—. Pero aún así…

—Deja de comportarte como una niña berrinchuda, Sakura —reprendió, fulminándola ligeramente luego de alzar su cabeza de donde había estado descansando—sobre su hombro—. Sabes que lo disfrutaste.

Y aunque ella rodó lo ojos, la pelirrosa se encontró incapaz de replicar a eso. Él la había presionado para hacer algo que no quería totalmente, pero no podía mantenerse enojada con él por más de tres segundos. No después del orgasmo que le había acabado de dar y la forma totalmente adorable en la que se estaba comportando en este momento. Este era un lado de su esposo que sólo aparecía en momentos como este, y desde hace mucho había decidido disfrutarlo cada vez que ocurriese.

—Voy a bajar —se separó de ella mientras anunciaba esto y ella aguantó la necesidad de quejarse por la falta de calidez—. Termina con esto y te veo ahí, ¿de acuerdo?

Aunque a regañadientes, aceptó con un ligero asentimiento de cabeza y su estómago hizo una extraña voltereta, mariposas explotando dentro cuando él besó su frente ligeramente, antes de girarse y salir del baño.

En realidad, era extraño. Incluso después de todo lo que habían hecho juntos, todavía eran las simples acciones como esta que provocaban cosas extrañas en ella.

~•~

Con las manos metidas con despreocupación en los bolsillos, Sasuke bajó lentamente de la mansión Hyuuga, inmensamente agradecido de que la costa estuviera despejada y de que no hubiera nadie cerca por quien tuviera que detenerse y saludar. A decir verdad, no estaba con el humor para formalidades al instante—y eso tenía muy poco que ver con su tan famosa aversión natural a ser social.

Su expresión mostrando más aburrimiento que alguna otra vez, decidió postergarlas al menos hasta que se esposa regresara a su lado una vez más.

Dios, qué no daría por estar acurrucado con ella en su cama en este momento…

Pero ay, tenía un compromiso con su mejor amigo y había aprendido a lidiar con ello—y rápido, a decir verdad. Además, pensó mientras reanudaba su posición de horas antes de ese día, apoyándose contra la pared del patio, de ninguna forma iba él a dejarla pasearse por todo el jardín sola. Las personas tenían que saber que ella era de él y para eso, él necesitaba estar al lado de ella toda la tarde.

Dejando salir un suspiro quedo, el Uchiha apoyó su cabeza en la pared detrás de él y se preparó mentalmente para esperar, sabiendo perfectamente —porque lo había presenciado de primera mano en la única noche que la había llevado a cenar— todo el tiempo que le tomaría a Sakura ponerse un jodido vestido y un par de zapatos. Agregando a sus amigas ruidosas en la ecuación, él supo, sin ni una sola duda, que estaría esperando otra media hora mínimo—eso, esperando que su esposa no decidiera que también tenía que retocarse el maquillaje y el cabello.

Sin embargo, por extraño que fuera, Sasuke no encontró dentro él estar enojado —o ligeramente molesto siquiera— con esta idea. Simplemente estaba… relajado. Dispuesto a esperar una vida por ella si eso era lo que él necesitaba hacer. Y después de una serie de ecuaciones complicadas, se dio cuenta que sabía exactamente por qué era eso. Era todo por ella. Por su forma de tentarlo de la manera más minúscula, sin siquiera estar consciente de ello, de ponerlo celoso sin siquiera quererlo, de hacer que el cavernícola dentro de él surgiera con más pasión que nunca antes.

El sexo con Sakura no era sólo sexo. Era algo más… siempre había sido más que sólo eso. Estaban en una relación, tenían cierta conexión, así que tan sólo era normal que todo fuera mucho más intenso que como lo había sido con sus antiguos ligues. Pero también estaba el período después del sexo, durante el cual él siempre se encontraba actuando realmente… extraño, a falta de una mejor palabra. Estaba increíblemente relajado y abierto; sonreía con más frecuencia que como lo hacía usualmente en un mes y tenía la sensación de que, si ella se lo proponía, incluso podía hacerlo reír.

Ellos tenían problemas, de acuerdo— muchos de esos. Pero la verdadera esencia de su relación estaba justo ahí, en esos cuantos momentos calmadamente pasados juntos. Y era una esencia hermosa, una que lo motivaba a seguir luchando, a hacer un esfuerzo para cambiar; uno que le daba la esperanza de que, algún día, él pudiera ser verdaderamente feliz con esa mujer.

Y al final, eso era todo lo que importaba.

Una mano en su hombro lo sacó bruscamente de sus pensamientos y cuando un dejà vu se instaló en su mente, brevemente se preguntó qué tanto tiempo había pasado sin que se diera cuenta, porque de ninguna manera su esposa pudo haber estado lista así de rápido. Pero el perfume que invadió sus sentidos un momento después no era al que él estaba acostumbrado. No, Sakura no olía así—no olía abrumadoramente o excesivamente perfumada; olía justo como una mujer debería—suave, fresca, dulcemente adictiva. Y esta definitivamente no era ella.

—Hola, Sasuke-kun —en cambio, fue la voz de Karin la que llegó a sus oídos y el Uchiha tuvo que luchar mucho para reprimirse de gruñir en voz alta.

Dejando que su cabeza se estampara de nuevo contra la pared, un claro signo de desagrado, vio a la pelirroja rodearlo, su manos deslizándose de su hombro a su pecho y luego bajando a su abdomen bajo mientras se inclinaba para besarlo. Su mirada previamente aburrida al instante se afiló en una dura mirada fulminante cuando la empujó, con quizás un poco más de la fuerza necesaria, enviándola a tropezarse hacia atrás con sus tacones.

Sin embargo, Karin no pareció desconcertada en lo más mismo, fue casi como si hubiera esperado eso. Negó con la cabeza ligeramente, una pequeña sonrisa arrogante presente en su rostro y lanzó para atrás su cabello rojo para que quedara colgando de su hombro, poniendo las manos en sus delgadas caderas.

Incapaz de evitarlo, los ojos de Sasuke viajaron por su figura, ataviado con un simple vestido blanco que se ceñía sobre sus curvas y resaltaba su cremosa piel, contrastando con el vibrante color de su cabello.

Ella se veía bien, no lo negaría. Después de todo, ¿por qué lo haría? ¿Cuál era el punto? Él nunca le daría un vistazo siquiera a una mujer que no se viera al menos ligeramente bien y eso no era una secreto para nadie. Y Karin tenía piernas largas y curvas en los lugares correctos; su cabello era largo y rojo natural, sus labios eran carnosos y sensuales. Incluso podría ser considerada hermosa por algunos hombres.

Pero sus ojos no le decían nada y tampoco su expresión. Todo lo que ella siempre hacía tenía un propósito egoísta; sus palabras, sus acciones, sus pensamientos e incluso sus sentimientos gravitaban alrededor de eso hasta que conseguía lo que quería y luego cesaban por completo. No había posibilidad alguna de conversar con ella; no había bromas, no acurrucarse, no hablar en tonos susurrantes en la oscuridad. No había nada profundo o misterioso en ella. En el interior, ella estaba vacía. Y Sasuke nunca podría estar verdaderamente interesado en semejante mujer.

Ahora, ¡si tan sólo ella captara el indicio y ya lo dejara en paz de una buena vez! ¿Cuándo carajos fue que se volvió tan persistente de todos modos? Ella solía ser tan comprensiva en el pasado, cuando estuvieron juntos (por decirlo de alguna manera), así que Sasuke sólo pudo suponer que el cambio fue provocado por la noción de que él y Sakura estaban ahora intentando hacer funcionar su matrimonio.

Oh, bueno. Al menos no estaba persiguiéndolo como un perrito faldero, rogándole que deje a su esposa por ella. Karin nunca había querido una relación seria; siempre había estado contenta con que él la cogiera.

—¿Recuerdas esto? —preguntó mientras de forma agraciada extendía su mano hacia él, mostrándole el brazalete de diamantes adornando su muñeca.

El Uchiha frunció el entrecejo por un momento, pero luego rodó los ojos y se desplomó sobre la pared, cruzando los brazos sobre su pecho.

—Por supuesto que sí —respondió por él mientras acercaba su mano, examinando la joya adornándola—. La compraste para mí.

—No lo hice —siseó Sasuke, poniendo mala cara—. Tú lo compraste con mi tarjeta de crédito. Hay una gran diferencia —el incidente, uno que, por desgracia para ella, no se había repetido, había ocurrido antes de su boda con Sakura.

Desde que la fecha fue establecida, él no había estado en el mejor de los humores y obviamente no en buenos términos con alguno de los miembros de su familia. La compañía usualmente tendía a molestarlo porque parecía como si todo el mundo quisiera hablarle sobre lo mismo de lo que estaba intentando escapar, así que no fue una gran sorpresa cuando corrió y buscó refugio en los brazos de Karin.

Celosa por naturaleza, la mujer ni una sola vez había mencionado el nombre de Sakura y Sasuke simplemente estaba tan frustrado y enojado cada vez que llegaba a verla que, en primer lugar, ella rara vez conseguía siquiera hablar.

Eso nunca había parecido molestarla y aunque el Uchiha estaba lejos de decir que su presencia era tranquilizante, relajante o siquiera servicial, no había por qué negar que ella había estado bastante mimada en ese pequeño período de tiempo. Había aprendido rápidamente que su compañero no estaba con el humor para discutir y que él le iba a dar lo que sea que ella pidiera con la única condición de que se mantuviera callada.

El brazalete era el resultado aparente de una de esas veces.

—De todos modos —suspiró con felicidad, una expresión de petulancia en su rostro—, dudo mucho que tu esposa alguna vez haya recibido algo como esto de ti.

—Ni siquiera te ha pasado a ti, Karin —recalcó con dureza, pero ella lo ignoró, su sonrisa arrogante ensanchándose.

—Me pregunto qué pensara ella de esto… —dijo, aparentemente para sí y casi rió cuando lo escuchó gruñir—. Sí, pienso que no le gustará —suspiró, luego se enderezó, como si hubiera recordado algo de la nada—. Hablando de eso, ¿cómo están las cosas entre ustedes dos?

—Eso no es de tu incumbencia —dijo con furia, todavía fulminándola.

La pelirroja rió ligeramente, negando la cabeza con burla. —Sasuke-kun, ¿por qué tan esquivo? —preguntó, sonriendo de forma ladina— ¿Ocurre algo… malo? ¿Acaso ella no te satisface por completo? —dando un paso más cerca hacia él, su mano se extendió para acariciar con gentileza el cuello de su camisa y la piel que estaba debajo de esta— Porque siempre puedes—

—Piérdete —dijo con brusca ferocidad, alejando la mano de un manotazo. La pelirroja sonrió con arrogancia y una vez más negó con la cabeza, haciéndose para atrás—. Ahora, Karin —enfatizó cuando ella no mostró ninguna intención de irse.

—Si es tan perfecta como parece creer —comenzó, su voz ganando un tono más serio—, ¿por qué tienes problemas para hablar conmigo de ella?

Los ojos de Sasuke se entrecerraron, la molestia brillando claramente en ellos. —¿Es que no ves que no vales la pena? —entregó de forma agraciada, haciéndola reír ligeramente.

—Palabras fuertes, Sasuke-kun —recalcó—. Pero regresarás a mí al final —la confianza y sinceridad en su voz le dijeron que ella en serio creía eso, así que no pudo evitar bufar. Aunque ella rodó los ojos, Karin se negó a siquiera comentar. A pesar de la opinión general, ella no era ni impulsiva ni estúpida. Sabía cómo jugar sus cartas—. Ella te está siendo infiel, Sasuke-kun —anunció luego de unos minutos de silencio, sus ojos rojos perforándolo—. Tú y yo lo sabemos. Tenía la prueba justa frente a ti. No entiendo por qué eliges no verlo.

Impávido con las palabras —al menos en el exterior—, Sasuke simplemente suspiró y se relajó, apoyando su cabeza contra la pared con aburrimiento. Karin había estado siendo así desde que había descubierto que él y Sakura se habían vuelto una pareja oficialmente. Ella usaba cada oportunidad para acercarse a él, para llenar su mente de pensamientos y posibilidades indeseados.

Más de una vez, el Uchiha había contemplado llamar a su abogado y poner un orden restricción contra ella. Probablemente nunca antes lo había notado, pero la pelirroja podía ser peligrosa cuando quería. La maldita perra sabía cuándo era tiempo de actuar—sabía qué decir y cómo decirlo. Y ahora, cuando apenas estaba comenzando una relación con Sakura, cuando había acabado de cogerla en el maldito baño en la boda de su mejor amigo porque estaba celoso y jodidamente inseguro de lo que tenían, ella estaba ahí, diciéndole eso. Ella no era estúpida como él había pensado.

Pero a pesar de eso, ella no lograría su propósito. De ninguna manera iba a permitir que alguien arruinara la relación que había construido con su esposa, ni mucho menos dejaría alguna vez el tesoro que había descubierto dentro de ella por alguien como Karin—o cualquier otra, si vamos al caso.

—Sólo estoy siendo honesta contigo, Sasuke —su voz rompió el silencio que había caído sobre ellos, la falsa calidez que había infundido en su voz haciéndolo rodar los ojos—. Y te prometo que no voy a guardarte rencor por nada de esto. Sin importar lo que hagas con ella, sin importar el tiempo que te tome para darte cuenta de la clase de persona que es ella… te estaré esperando, Sasuke-kun.

—¿Te estás siquiera escuchando, Karin? —preguntó, una inusual preocupación por su estado mental. Incluso si él y su esposa eventualmente terminaban separados, ¿qué le hacía pensar que él regresaría a ella?

—Por supuesto, yo… —se detuvo de forma abrupta, sus ojos encendiéndose y una sonrisa taimada brotando en su rostro al ver a alguien detrás de él—. ¡Oh, hola! ¡Sakura! ¡Por aquí!

Sasuke se giró justo a tiempo para ver el shock destellar por un momento en sus ojos jade, antes de que —junto con la multitud de emociones que él solía ver— desapareciera detrás de una máscara bien dominada. Sus labios rosas se abrieron, como si quisiera hablar, pero pronto los puso en una firme línea, impidiendo que saliera algún sonido. Enderezándose, ella pronto suspiró profundamente —una acción tan sutil y agraciada que alguien que no la conocía tan bien como él no hubiera notado— y comenzó a dirigirse con elegancia hasta ellos dos.

Ella estaba vestida con un hermoso vestido plateado que fluía gentilmente hasta la mitad de su muslo. Sus torneadas piernas estaban ataviadas con unos tacones que combinaban y su largo cabello, una vez arreglado a la moda, caía ahora simplemente sobre su espalda y hombros con rizos brillosos. Su maquillaje estaba perfecto una vez más, decidió cuando su encontró con los ojos de ella, pero su mirada fría lo alteró.

Por un momento, se preocupó. Se preocupó de que ella tuviera una idea equivocada. Se preocupó de que Karin consiguiera su propósito y los alejara aún más.

Pero luego ella llegó a su lado, acomodándose a su lado y sonriéndole con suavidad. Y de repente, supo que todo estaría bien.

Agradecido que ella finalmente estuviera ahí, puso un brazo sobre sus hombros y la acercó aún más hacia él, amando en secreto la forma en que los brazos de ella envolvían su firme cintura, metiéndose bajo su saco y sintiendo la calidez radiando de ellos.

—¿Cómo has estado, Sakura? —la voz de Karin llegó a sus oídos y él suspiró abatido mientras era sacado de su burbuja, escondiendo la nariz en el cabello de su esposa e inhalando profundamente. Al instante, el suave aroma de su shampoo invadió sus sentidos y cada célula en su cuerpo se relajó, haciéndolo capaz de desconectarse fácilmente de la voz y presencia de la pelirroja.

Era oportuno bajar la guardia, su intuición se lo dijo—después de todo, Sakura estaba aquí ahora.

—Perfectamente bien —respondió, y la acidez cuidadosamente disimulada en su voz lo sorprendió. Nunca antes la había escuchado hablar así, ni siquiera cuando estaba expresando abiertamente su enojo—. ¿Qué tal tú?

Karin sonrió con dulzura. —Estoy más que bien —declaró con felicidad, luego extendió sus brazos hacia ella, mostrándole la joya sobre la que había discutido anteriormente con Sasuke—. ¡Mira! Tu marido me dio esto.

El Uchiha resistió la necesidad de gruñir fuertemente por su acción infantil y apretó la mandíbula en un esfuerzo para reprimir el hilo de insultos que aparecieron en su mente al instante. Se separó de la mujer en sus brazos y la miró, estudiando su expresión con cuidado, casi temeroso de cómo iba a reaccionar.

Sin embargo, él no habló ni hizo intento alguno para explicarse; ella se podía enojar si consideraba que tenía ese derecho, pero de ninguna forma iba a dejarse envolver en una escena por Karin.

No había por qué negar que estuvo sorprendido cuando, en cambio de los gritos y las cachetadas que había esperado, él se encontró con una sonrisa y una ligera negación de cabeza.

—¿Un tiempo atrás? —inquirió con suavidad mientras discretamente observaba el brazalete.

Por un momento, la pelirroja también se descolocó, pero pronto se recuperó—. Sí —respondió, un poco dudosa ya que no estaba muy segura de lo que su rival quiso decir con eso—. ¿Te gusta?

—Oh, sí —respondió Sakura, su voz teñida con sólo un discreto tinte de sarcasmo—. Me preguntó qué debiste 'llevar a cabo' para ese brazalete —respondió de forma inquisitiva, shockeando tanto a su esposa como a su ex-amante—. Oh, no respondas eso. ¿Qué estoy diciendo? Perdóname, Karin. Mi cabeza está en todas partes el día de hoy, pero lo entiendo ahora. Él lo consiguió para que así pudieras dejarlo en paz, ¿cierto?

Karin ahogó sonoramente un grito, claramente ofendida e incapaz de creer que su plan perfectamente estructurado hubiera sido contraproducente para ella, mientras que Sasuke tuvo que esconder la nariz en la cabello de su esposa a fin de esconder su sonrisa arrogante.

—Bastante barato, ¿no? —tres palabras después y él ya estaba intentando reprimir su risa.

Fue en ese momento que se dio cuenta de algo—adoraba a esta mujer.

~•~

—¿Has visto su rostro? —rió Sakura, aventado su cabeza hacia atrás— ¡Juro que no tuvo precio!

Su esposo sonrió con socarronería al escucharla, sus brazos reforzándose minuciosamente alrededor de su cintura. Él estaba una vez más apoyado en la pared, la pelirrosa tumbada en él y habían estado disfrutando de la comodidad de los brazos de cada uno desde que Karin se había ido enfadada. Por supuesto, ambos había encontrado eso hilarante; en realidad, Sakura todavía seguía hablando con entusiasmo sobre eso como si fuera su más grande hazaña.

Personalmente, el Uchiha pensó que lo era—al menos este muy particular campo. No lo malinterpreten, la pelea también había sido bastante interesante de observar, incluso por unos segundo, pero verla —y escucharla— enviar a su rival al demonio con tanta elegancia había hecho que su pecho se inflara de orgullo.

En serio, había tantos lados de ella que todavía seguía sin conocer y cada una de las cosas que descubría sólo servía para volverse aún más loco por ella.

Todavía riendo ligeramente, la pelirrosa se puso de puntitas y pegó gentilmente sus labios sonrientes con los de él, absolutamente amando la forma en que él la acercaba aún más contra su fuerte pecho. Sus fuertes brazos la sostenían de forma tan protectora y tan posesiva contra él que casi la hicieron querer olvidar todo y a todos y simplemente irse a casa, porque todo lo que ella quería hacer a estas alturas era estar a solas con él.

Justo como todas sus amigas, ella había estado esperando con ansias esa boda y eso no era necesariamente porque estuviera cansada de correr y estresarse sobre los detalles más pequeños. Era más porque, en su opinión, esa era la oportunidad perfecta para ser vista en público con Sasuke.

Y aunque nunca había sido una exhibicionista, había sido increíblemente difícil contener la emoción que estalló dentro de ella con la simple idea de sostener la mano de él, de besarlo, de simplemente mostrar su afecto abiertamente mientras otros los observaban. Había querido gritar su felicidad, de hacer que todo el mundo supiera que su matrimonio estaba por el buen camino por primera vez.

Pero eso había sido antes. Ahora, cuando la realidad y complejidad de la situación finalmente habían sido captadas, ella tuvo problemas de abandonar la privacidad relativa que el patio les ofrecía. Porque eso significaría aventurarse en la multitud —una multitud que ella conocía parcialmente— y estuvo asustada de que tuviera que encarar todas las cosas que había estado intentando tan difícilmente de evitar.

Aunque por razones probablemente diferentes, Sasuke parecía tener la misma opinión—al menos eso fue lo que ella dedujo por el suspiro de decepción que escapó de sus labios cuando se separó de ella.

Descansando su frente contra la de ella, observó sus hermosos ojos jade. —Tenemos que ir —dijo en lo que pareció ser el tono con más decepción que ella alguna vez hubiera escuchado en su voz.

Fue difícil para Sasuke ser realista, especialmente en situaciones como esta, pero por muy cabrón consentido que hubiera sido todo el día, sabía que no podía posponer esto por mucho más tiempo. Y además, mientras más rápido terminar con esto, más pronto regresaría a casa con Sakura, ¿cierto?

—Ya sé —respondió la pelirrosa con una voz baja, mirando hacia abajo.

Sasuke frunció el entrecejo ligeramente al ver su reacción. —Oye —dijo, intensificando minuciosamente su brazo alrededor de ella, y cuando ella lo vio de nuevo, hubo una mirada inquisitiva en sus ojos—. ¿Qué ocurre?

Cualquier otro hombre hubiera concluido felizmente que el razonamiento detrás de su comportamiento era simplemente que ella quería lo mismo que él —quería ir a casa, meterse a la cama y permanecer ahí por el resto del día— pero el Uchiha sabía que era mejor no dejarse engañar de esa forma. Había algo más en esa situación y él estuvo determinado a descubrir qué era eso exactamente.

Por fortuna, su esposa había aprendido, para este momento, que de ninguna manera podía ella esconder sus verdaderos sentimientos de él. —Yo sólo… —trató de hablar, pero terminó deteniéndose, incapaz de encontrar las palabras adecuadas. Bajando la cabeza una vez más, suspiró y se encogió de hombros con ligereza, antes de hablar de nuevo— Mis papás estarán aquí, Sasuke. Mi papá estará aquí. Y yo…

Sus ojos se oscurecieron con la sola mención de su familia, el incidente de casi dos meses atrás brotando casi al instante en su mente, pero su enojo rápidamente retrocedió cuando la pequeña mano de ella acarició su antebrazo.

—Supongo estoy siendo un poco aprensiva de toparme con ellos —terminó con un pequeño suspiro.

Sasuke rodó los ojos. —Vas a toparte con ellos, Sakura. No hay manera de que puedas evitar eso.

—Ya sé... —murmuró luego de un momento de silencio, sus dedos jugando con uno de los botones de su camisa.

Sin dudarlo, agarró su mano con la de él, animándola a verlo a los ojos. —Vamos a saludarlos en este momento —dijo, firmemente sosteniéndole la mirada de shock—. Me aseguraré de hacerles saber que ya no estás sola e indefensa.

—No —susurró, negando con la cabeza—. No vale la pena.

Sasuke enarcó la ceja. —¿No vale la pena? —repitió con burla—. Sakura, ellos tienen que—

—Quieres hacer entrar en razón a mi padre —lo interrumpió con un tono firme—, y te lo agradezco. Pero te lo estoy diciendo: no va a funcionar. Lo conozco, Sasuke. Sin importar qué, él no cambiará.

—Pues tendrás que hacerlo —replicó, neciamente manteniendo su postura y separándose de la pared. Agarrando su mano con más firmeza, comenzó a alejarse con ella—. Vamos.

—¡No! —exclamó, enterrando sus tacones en el suelo y agarrándolo de la muñeca con su otra mano en un esfuerzo por detenerlo— ¡Sasuke, no! ¡Por favor, no!

Fue su tono suplicante lo que lo detuvo y no su fútil demostración de fuerza. Girándose para verla, Sasuke abrió la boca para hablar, para hacerla entender que todo esto era lo mejor, pero la cerró cuando notó lo pálida que estaba su esposa.

—No puedo lidiar con eso en este momento —le dijo, su voz suave y jadeante—. No quiero… no quiero verlos, Sasuke.

—¿Estás bien? —preguntó mientras se acercaba, ya no estando interesado en salirse con la suya, sino asegurándose de que ella no fuera a caerse.

Sakura frunció el ceño ligeramente, negándose a verlo a los ojos. —Sí —susurró y llevó una mano a su frente, negando la cabeza rápidamente en un esfuerzo para ahuyentar la repentina ola de mareo. Se balanceó sobre sus pies ligeramente, pero Sasuke la tomó de los antebrazos y la estabilizó antes de que algo malo pudiera ocurrir.

—Tómalo con calma —aconsejó, la obvia preocupación en su voz—. Dime lo que ocurre. ¿Ya comiste?

—Sí —jadeó, sus ojos cerrándose por instinto cuando él la puso entre sus brazos, su mano aliviando su espalda. Ella de inmediato se acurrucó en él, sus pequeñas manos una vez más metiéndose bajo su saco y tomando puñados de su camisa; su rostro escondido en su pecho, inhalando su aroma profundamente y al instante sintió cada célula en su cuerpo relajarse, el mareo disipándose lentamente.

—Algo está ocurriendo contigo y no me gusta, Sakura —dijo luego de unos momentos de silencio.

—No está ocurriendo nada conmigo —respondió con necedad, separándose de él. Estuvo encima de ella por un momento, todavía en modo de mamá gallina, pero él pronto se relajó cuando se dio cuenta que ella podía mantenerse por sí misma—. Estoy bien. Sólo un poco cansada —le aseguró y le ofreció una pequeña sonrisa.

Los ojos de Sakura se suavizaron cuando la vio y luego se acercó, acunando su rostro entre sus manos. —Nena, yo—

—Dios —su jadeante susurro lo interrumpió, haciéndolo fruncir el entrecejo. Ella miró sobre su hombro, antes de desviar la mirada rápidamente, poniéndolos sobre el rostro de él. El verde estaba oscuro y se veían tempestuosos, las emociones enfureciendo; pero antes de que él pudiera preguntarle, una voz familiar detrás de él resonó por el aire, destrozando el relativo silencio del patio.

—¡Sakura! —antes de que pudiera siquiera darse cuenta de lo que ocurrió, una mancha rosa se había interpuesto entre los dos, envolviendo a su esposa entre sus brazos.

No era la primera vez que Sasuke veía a Haruno Keiko, y ese cabello rosa que Sakura había heredado no dejaba espacio a los errores o malentendidos. A decir verdad, la mujer siempre le había parecido bastante agradable; no al nivel de su mamá, por supuesto, pero ella era cortés y liste, sólo hablaba cuando se lo pedían y cuando eso ocurría, nunca fallaba en entregar respuestas elegantes y agraciadas.

Pero la mirada en los ojos de Sakura cuando la soltó le dijeron que él pudo haberse dejado engañar por las apariencias una vez más.

—Cariño, ¿cómo has estado? —preguntó Keiko y por primera vez, Sasuke notó la falsa calidez infundida en su voz— ¡Te olvidaste por completo de nosotros! ¡No has llamado desde hace mucho tiempo!

Sakura se negó a responder, habiendo odiado siempre la forma en que su mamá la trataba como si fuera su cosa más preciada cuando estaban en público. La decepción que resultaba era cada vez más difícil de soportar y había esperado que su boda hubiera sido la última vez que tuviera que lidiar con algo así. Sin embargo, parecía que el destino tenía otros planes.

Por otro lado, Sasuke observó su reacción con cuidado. Todo el cuerpo de ella estaba tenso, sus ojos duros como el acero y sus labios presionados fuertemente; estaba mirando sus zapatos, sus brazos envueltos alrededor de su cintura como para ayudarse a sí misma a mantener la calma. No fue difícil decir que, no sólo estaba incómoda, sino que también al borde de romperse.

Fue prácticamente pan comido cuando él se acercó a ella y la trajo de nuevo a sus brazos, sosteniéndola protectoramente contra su pecho.

Si a Keiko le molestó en lo absoluto la conducta de su hija, no lo mostró. Simplemente continuó sonriendo con inocencia, aparentemente ni siquiera consciente de que Sakura estaba incómoda.

—Ella tiene su propia vida ahora, Keiko —otra familia voz más profunda sonó detrás de ellos—, debes entender.

Haruno Satoru llegó al lado de su esposa un momento después, y tan pronto como sus ojos recayeron en él, Sasuke sintió cada músculo de su cuerpo tensarse, el dragón dentro de él preparándose para insolentarse.

Ese hombre nunca había significado algo para él. En algún momento, él simplemente había sido el padre de su esposa, alguien a quien él no podía llamar suegro, debido a la relación inexistente entre su hija y él. Había hablado con él cuando lo necesitaba, principalmente sobre cosas relacionadas al trabajo; ni una sola vez había sido lo suficientemente curioso para preguntarle sobre su hija y Sasuke nunca la había traído al tema.
Decir que las pocas miradas y palabras intercambiadas durante los años habían creado una relación sería exagerado. Pero Sasuke lo había respetado. No en el estricto sentido de la palabra, porque él sólo podía hacer eso con un grupo selecto de personas, pero lo había respeto—no había por qué negarlo.

Había requerido un pequeño suceso aparentemente insignificante, un giro del destino para hacerlo cambiar su opinión sobre él, pero era irrevocable ahora. Nunca más volvería a ver a este hombre con los mismos ojos.

—Sasuke —lo saludó con un amable asentimiento de cabeza, ni una sola vez mirando a la chica en sus brazos. Casi como por reflejo, su brazo se intensificó alrededor de su pequeña cintura, acercándola aún más a él.

El Uchiha asintió en respuesta, todavía tenso, haciendo un esfuerzo casi inhumano para reprimirse de arremeter por su cuello. Porque él la había lastimado. Este hombre, que supuestamente tenía que amarla, cuidarla, protegerla de todo y todos, la había lastimado—y juzgando por la forma en que la pelirrosa se aferraba a él ahora, no había ocurrido sólo una vez.

—Ustedes dos se ven muy felices juntos —comentó Keiko luego de un momento de tenso silencio, envolviendo su brazo alrededor del de su esposo.

Sasuke de repente sintió que quería golpearse por no haber notado tiempo atrás lo falsa que era ella. Su hija estaba ahí, aferrándose a él como si su vida dependiera de ello, ni siquiera atreviéndose a hacer contacto visual con ella, mientras que él luchaba por no golpear a su esposo hasta matarlo. Tenía curiosidad sobre eso que ella encontraba 'feliz' en todo este escenario, en serio.

—Es cierto —concordó Satoru con una ligera sonrisa socarrona—. Y estoy muy complacido de saber que alguien está ahí para amar y cuidar a mi hija, justo como yo lo he hecho durante todos estos años.

Eso lo hizo. Algo dentro de él estalló al escuchar esas palabras. Con su enojo disparándose, Sasuke estuvo más que listo para abalanzarse hacia él justo ahí, importándole un demonio las consecuencias.

Pero luego el pequeño puño de ella sujetó con fuerza su camisa, su frágil cuerpo acunándose en él aún más, como si le suplicara acobijarla, protegerla de estas personas… y Sasuke de repente supo que tenía que buscar otra forma para que se captara su mensaje.

—Sí, por supuesto —respondió con firmeza, su brazo moviéndose de la cintura de ella a sus hombros, envolviéndolos de forma protectora—. Creo que ambos sabemos lo mucho que ama cuidar de ella. Debo decir, si sucede de nuevo, podría insistir en hacerlo público. Ama a su hija demasiado como para que el mundo no lo vea. Eso sería una pena, en serio.

Un largo momento lleno de tensión pasó en silencio mientras las palabras de Sasuke eran asimiladas por todos. Apenas intimidado o arrepentido, el Uchiha continuó observando esos ojos verde que parecían tan familiares, viéndolos cambiar del shock al enojo, antes de volverse inexpresivos e integrarse en la máscara de indiferencia que cubrías todo el rostro de Satoru.

—Comprendo —dijo con detalle—. Ella es toda tuya ahora.

Incapaz de pulverizarlo físicamente, a Sasuke le hubiera encantado al menos amenazarlo con romper su jodido rostro, pero sabía que había dado en el blanco con su comentario más de lo que hubiera podido lograr con cualquier otra cosa. Las apariencias eran todo para la familia Haruno. Una vez, también lo solían ser todo para los Uchiha.

Por suerte, pensó mientras veía a la mujer en sus brazos, las cosas estaban lentamente comenzando a cambiar ahora.

~•~

—¿Estás bien? —su voz preocupada llegó a los oídos de ella, haciéndola reír suavemente.

—Estoy bien —le aseguró por lo que pareció la millonésima vez, una de sus manos moviéndose para descansar sobre la que él tenía acunando su mejilla.

Sasuke frunció el entrecejo, negándose a creerle. —Te ves pálida —notó de nuevo.

La pelirrosa rodó los ojos. —Puedes imaginar que verlos no me complació precisamente, ¿cierto?

Estuvo callado por un momento, sabiendo perfectamente bien toda la razón que tenía. Sus padres se habían ido un momento después de que Satoru hubiera dicho sus últimas palabras, nada de duda en sus comportamientos mientras se alejaban de su única hija, con el conocimiento de que esa seguramente sería la última vez que ellos la vieran bien grabada en sus mentes.

Y lo sorprendió. Le sorprendió lo indiferentes que podían ser… justo como le sorprendía que su esposa hubiera conseguido soportar este tipo de trato por tanto tiempo.

Ella siempre había sido tan sensible, tan emocional; era una mujer fuerte —no había por qué negar eso— pero también era manejada fácilmente por sus emociones y vivir con dos padres que no sólo la ignoraban y trataban mal, sino que además le daban una paliza por diversión debió haber sido increíblemente difícil para ella.

Su reacción al verlos de nuevo había dicho todo lo que necesitaba ser dicho con respecto a eso. Y pensar que él había estado a su lado esta vez, que él había sido capaz de defenderla. ¿Quién sabía cómo eran las cosas cuando estaban en la privacidad de su hogar? Sasuke negó con la cabeza cuando ese pensamiento apareció en su cabeza, negándose a mortificarse mucho con eso.

Porque si él se permitía hacer eso, temía que fuera a cazar a esos dos y acabar con ellos.

—Aún así no me pareces bien —presionó, su voz calmada y suave, mientras la miraba a los ojos con intensidad.

—Estaré bien —le dijo, girando su cabeza ligeramente para poder darle un beso en la palma de su mano—. Dame una gran copa de champaña y estaré tan colorada como quieras que esté.

Ella intentó sonreír, pero no le llegó a los ojos y por muy experta que hubiera sido una vez al esconder sus verdaderos sentimientos, Sasuke lo notó de inmediato. Un suave suspiro escapó de sus labios mientras retiraba su mano de su rostro y la metía en el bolsillo, rompiendo cualquier tipo de contacto entre ellos.

—Ese día —habló de un momento de silencio, un poco dudoso con sus acciones, ya que no estaba muy seguro de si debería hacer eso. Ya fuera por su enojo algunas veces incontrolables o por la posiblemente no tan buena reacción de ella, no estuvo seguro—. No era la primera vez que él te golpeaba, ¿verdad?

Para su sorpresa, la vio negar. —No, sí lo fue —dijo, su voz empapada de sinceridad—. Pero las palabras pueden doler más que una herida.

Sus ojos se suavizaron al instante al escucharla, recuerdos de un largo tiempo atrás surgiendo en su mente. Durante la última hora y media, él no había hecho más que maldecir a Satoru en su cabeza y preguntarse qué tan estúpido podía ser, pero ni siquiera por un momento se había detenido a pensar que él había lastimado a estae mujer igual—o quizás hasta más que él.

Sin embargo, era diferente. Él tenía una razón—una muy retorcida razón, una que ni él mismo podía entender a la perfección, pero una razón de todos modos. ¿Pero Satoru? ¿Qué razón pudo haber tenido él? ¿Qué pudo haber hecho la pequeña Sakura inocente para merecer ese tipo de trato?

No, decidió. Había una diferencia—y una muy grande. Y cuando ella se acercó y le agarró la muñeca, convenciéndolo con gentileza de sacar la mano de su bolsillo, se dio cuenta que Sakura sabía eso, que lo entendía, y que ella nunca le tendría miedo como se lo tenía a su papá.

Un momento de silencio pasó, tiempo en el que él observó sus manos ahora entrelazadas con una mirada ilegible en sus ojos ónices.

—¿Por qué? —vociferó su pregunta sin mirarla, una mirada fruncida en su rostro normalmente inexpresivo.

—¿Por qué qué? —preguntó, confundida sobre lo que él estaba hablando.

—¿Por qué dejaste que él te tratara de esa forma? —aclaró, finalmente alzando la cabeza para mirarla a los ojos.

Sin embargo, la pelirrosa simplemente negó con la cabeza, sonriendo con tristeza. —Es una larga historia —dijo—. Pero al final… supongo que es porque él es así: frío, inalcanzable, violento… —se detuvo, encogiéndose de hombros ligeramente.

Un gruñido se desarrolló en la garganta de Sasuke mientras ella retrataba esto, como si no fuera la gran cosa y eso, y él no pudo evitar fulminarla ligeramente. —Eso no le da el derecho de—

—¡Sasuke! —una voz demasiado familiar interrumpió su discurso y ambos giraron hacia la fuente, para nada sorprendidos de ver a Uchiha Mikoto dirigirse hacia ellos.

Sakura sólo había visto a la mujer unas cuantas veces cuando estuvieron haciendo las preparaciones para la boda, y ninguna de las dos había tenido el tiempo para sentarse y hablar, para conocerse una a la otra, pero aún así, desde el primer momento en que Sakura puso los ojos sobre ella, había visto en ella la mamá que nunca había tenido.
Era hermosa, el tipo de mujer que fácilmente podía hacer girar cabezas, incluso a su edad, y tenía esta agradable aura a su alrededor que la hacía ver amable y fácil de hablar. Era más que obvio que tenía una vida maravillosa, que ella claramente alcanzó logros en todos los niveles, pero eso no la detenía de tratar a Sakura aún mejor que como lo había hecho su propia madre en la vida.

La pelirrosa recordó ver a la familia Uchiha en la boda, viendo la forma en que su esposo se mantenía rechazando las acciones bien intencionadas de su mamá, la forma como actuaba como si él tuviera todo… no había por qué negar que había estado un poco celosa de él en ese tiempo, y había ido tan lejos como para considerarlo estúpido porque era obvio que él no sabía cómo apreciar algo de lo que él tenía.

—¡Siento como si no te hubiera visto en una eternidad! —exclamó mientras llegaba a pararse frente a ellos, tomando turnos para abrazar a ambos. Permaneció un poco en su hijo y susurró algo en su oído; él rodó los ojos, pero no pareció para nada molesto y la escena hizo sonreír a Sakura. Algo en su relación era diferente, y aunque no podía estar segura de qué o por qué, estaba contenta por eso.

Elegante y distinguida como siempre, Mikoto era toda una visión con su largo vestido azul oscuro que revelaba su espalda y un poco de sus piernas cuando caminaba; una par de tacones plateados adornaban sus pies, aretes de diamantes en sus orejas. Su maquillaje era sutil, sólo sirviendo para acentuar su belleza natural y todo en ella era perfecto—desde de su cuerpo delgado y perfectamente proporcionado, hasta su largo cabello negro y brillante.

Parecía como si hubieran pasado los años, pero incluso así, Sakura podía ver algo diferente en ella, algo que no había estado dos años atrás—un destello en sus ojos, una pequeña combinación de entusiasmo, felicidad y emoción. Brevemente se preguntó qué pudo haberlo causado.

—¿Cómo estás, Sakura? —preguntó con amabilidad mientras tomaba sus manos entre las suyas, sonriéndole con calidez.

—Estoy bien, gracias —respondió la pelirrosa con cortesía, un poco demasiado formal para su gusto. Le agradaba Mikoto, pero por desgracia, no la conocía lo suficiente como para sentirse completamente a gusto cerca de ella.

Soltándole una de las manos, regresó su atención de nuevo a su hijo y extendió esa mano para quitarle con cariño los flequillos de la frente en un gesto maternal al que Sakura simplemente tenía que sonreír.

—Ustedes dos se ven muy bien juntos —habló con efusividad, obviamente feliz con las noticias que le dieron de forma inconsciente, todavía sonriendo ampliamente—. Vengan a nuestra mesa más al rato, ¿de acuerdo? A Fugaku le encantaría verlos—especialmente a ti, Sasuke.

—Cierto —dicha persona masculló con sarcasmo para sí mismo, provocando que su madre le enviara una mirada severa sobre su hombro, antes de irse con una última sonrisa dirigida a Sakura.

Frunciendo el entrecejo, pero al mismo tiempo sonriendo, la pelirrosa se giró hacia su esposo, fácilmente regresando a sus brazos. —¿Qué fue eso? —preguntó, divertida.

—Eso —comenzó, rodando los ojos—. Fue mi madre sacándome el dedo.

—Me gusta —rió, y después del episodio con los papás de ella, el sonido fue como música para los oídos de él—. ¿Seguro que no quieres ir?

Al escucharla, el Uchiha enarcó una ceja curiosa. —¿Segura que quieres lidiar con mi familia en este momento?

Fue el turno de Sakura para rodar los ojos. —Tu familia no es la mía —le recordó—. Tu familia es grandiosa.

Sasuke bufó. —Sí, claro.

La pelirrosa suspiró con suavidad, negando con la cabeza. —¿Cuándo vas aprender a apreciar lo que tienes?

—Aprecio lo que tengo —discutió, una pequeña mirada fruncida apareciendo en su rostro.

—Bueno, no lo parece —disparó.

—¿Vamos a discutir sobre eso ahora? —preguntó en un estilo exasperado— ¿En serio?

—¿Quién está discutiendo? Sólo estoy diciendo —se encogió de hombros, aparentemente desinteresada, pero su rostro brilló al atisbar a cierta persona detrás de él—. Oh, ¡hola, Naruto! —gritó, agitando la mano con entusiasmo, antes de regresar la atención a su esposa, sonriendo ampliamente ahora— Vamos, finalmente los presentaré.

Tomando su mano, se salió de su abrazo y comenzó a caminar hacia el lugar donde su mejor amigo estaba de pie, sólo para detener de repente y girarse cuando un pensamiento le llegó.

—Prométeme que no vas a hacer una escena —le dijo, con tanta solemnidad que por un momento, él se preguntó si ella estaba jugando con él.

—¿Por qué haría una escena? —le preguntó cuando finalmente se decidió que ella lo estaba diciendo en serio.

Sakura rodó los ojos. —¿Porque les tienes cariño? —sugirió.

—No estás siendo graciosa —dijo impávido, observándola inexpresivo.

—¡No estoy intentándolo! —exclamó, defendiéndose— Ahora, te voy a presentar a mi mejor amigo y vas a mantener ese título en mente y tratarlo como tal, ¿de acuerdo?

Su única respuesta fue una profunda mirada fulminante (cual intensidad estaba adaptada especialmente para ella, notó Sakura), a lo que ella sonrió con triunfo.

—Bien —dijo, la satisfacción obvia en su voz—, ahora, vamos.

Sasuke había esperado verla aferrarse al tan llamado Naruto una vez más, pero todo lo que él hizo esta vez fue rodar los ojos. Justo como ella había dicho, él era su mejor amigo. Él no era una amenaza, especialmente desde que había visto la forma en que la prima de Neji estaba colgada de su brazo antes de que ellos estuvieran ahí. Y además, quería probarle a Sakura que realmente podía tener control sobre sí mismo si así lo quería.

En realidad, ahora que lo pensaba, esto ni siquiera se trataba de autocontrol para comenzar. Se trataba de probarle a ella que él nunca se encelaría de alguien sin una muy buena razón. Él era una persona racional, cuerda. Sólo atacaba verbalmente si era provocado, y el que hubiera cometido algunos errores a lo largo del camino no le daba a ella el derecho de juzgarlo tan fácilmente.

Fue sólo cuando los dos se separaron que el Uchiha finalmente tuvo la oportunidad de ver al hombre mejor. Tenía cabello rubio, lacio ya que salía en picos en cada ángulo posible y sus ojos eran de un azul profundo, prácticamente brillando con felicidad y cariño desde que atisbaron a Sakura.

Ni una sola vez se fueron hacia él mientras ella estuvo entre ambos, pero cuando ella se puso de lado, uniéndose a su lado una vez más, todo rastro de alegría se disipó.

—Apuesto a que ya conoces a Hinata —declaró la pelirrosa, como si estuviera ajena a la tensión entre los dos hombres, y su esposa asintió cortante.

Los primos Hyuuga y él habían crecido prácticamente juntos, y aunque él y Hinata se habían alejado con los años, él todavía la consideraba una amiga cercana. Seguro, ellos no había intercambiado más de diez palabras ese año, pero Sasuke no juzgaba a sus amigos con esos estándares. Para él, era suficiente saber que podía confiar en una persona, que podía contar con ella cuando las cosas se tornaban difíciles.

Salir y contarse todo… esas eran cosas superficiales con las que él no se molestaba. Dicha chica sonrió y simplemente le asentía en ese penoso estilo suyo de siempre. Ella también había cambiado, notó de forma inconsciente, antes de dirigir su mirada al hombre al lado de ella.

—Tú debes de ser el bastardo —habló tan pronto como sus ojos se encontraron, sin siquiera esperar a que Sakura los presentara.

—Naruto —siseó con veneno tan pronto como escuchó sus palabras, fulminándolo.

Sasuke bufó con brusquedad, extrañamente para nada ofendido. —Tú debes ser el idiota, entonces —replicó, ganándose un grito ahogado de sorpresa de su esposa—. Es decir, sólo un bufón puede hacerla reír como tú lo haces. Ella hace eso cada vez que habla de ti, así que—

—Oh, así que ella habla de mí, ¿no? —lo interrumpió el rubio— Eso es tan adorable, Sakura-chan.

La pelirrosa lo fulminó. —Naruto… —trató de hablar, pero también fue interrumpida mientras su amigo continuaba.

—Podré ser un idiota pero, ¿acaso tú, señor bastardo, las hecho reír alguna vez de esa forma siquiera?

—Somos adultos, no niños —dijo Sasuke impávido—. Y esto no es una competencia. Al menos, no entre tú y yo.

Naruto rechinó los dientes, fácilmente molesto con la actitud de indiferencia del Uchiha, y dio paso hacia el frente, fulminándolo.

—Podría patearte el trasero aquí y ahora —lo amenazó.

—Naruto, no… —la pelirrosa trató una vez más de pararse entre ellos, pero su intento resultó no tener éxito un momento después, cuando Naruto la interrumpió.

—Sakura, ¿por qué te casaste con este tipo siquiera? —se detuvo por un momento, pretendiendo haber recordado de repente la respuesta a su propia pregunta— Oh, ciiierto. Te obligó. Lo olvidé.

—Dudo que lo hicieras —le gruñó.

—Dudo que pudieras —su esposo lo retó detrás de ella.

—¿Dudas que pudiera qué, bastardo? —siseó Naruto, acercándose aún más— ¿Patearte el trasero? ¿En serio quieres intentar eso?

—¡Naruto! —Sakura se hartó y lo golpeó en la cabeza, haciéndolo gritar con brusquedad.

Mientras él se estaba sobando el área afectada, ella puso una mano en el pecho de su esposo y lo empujó ligeramente, obligándolo a hacerse hacia atrás. Ambas manos todavía estaban en sus bolsillos, así que la pelirrosa supo que él no tenía intención alguna de golpear a Naruto en algún momento cercano, decidiendo en cambio usar armas más silenciosas—como su milagrosa mirada fulminante.

Estaba agradecida por eso, en serio. Había prometido que se controlaría y no parecía tener absolutamente ningún problema para ello. Era Naruto a quien quería lastimar justo ahorita.

¿Cómo es que, en cualquier momento, alguien —sea su mejor amigo o se esposo— estaba más que listo para molestarla y causarle problemas?

—Tú y yo vamos a tener una seria conversación sobre esto, Naruto —siseó, fulminándolo—, y te aseguro que no te va a gustar.


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No, no están viendo doble. En serio actualicé. Haha. (;

Told you so.

Por cierto, ya casi se nos viene encima el verdadero drama. XD

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BTW, agradezcan el poder de Chile y a Katte Turner por todos los capítulos anteriores. Ha sido un panquesito conmigo. :3

También las invito a leer este nuevo shot que saqué: 'Gotta Catch'em All', es muy chistoso. XD

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Muchas gracias a todas las chicas hermosas por leer la historia, los reviews y las alertas. ¡Todas son unos chocolates! (:

En fin, ¿alguien quiere una sasugalleta o un sasupeluche?

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Sasuke-glamour off!