Hola a todos!

Sorpresaaaa! Ya llegó Santa Klaus con un capítulo sorpresa de Hope! ^^

No pensé tenerlo terminado antes de Navidad, pero ¡aquí está!La inspiración iba como loca estos días. Jajaja!

Bueno os dejo con el nuevo capi. Espero que lo disfrutéis!


Arien entró en su habitación como un autómata. Arrastrando los pies, cerró la puerta y en el trayecto desde ésta hasta su cama se sacó el vestido arrojándolo al suelo. Se desenganchó torpemente y con pésimo arte los ligueros, sacudiendo las piernas para que las medias se deslizaran solas hasta sus pies. Bostezando ampliamente y dejando caer unas lágrimas a causa de ello llegó a la cama y se arrojó boca abajo, empotrando la cara en la almohada, en ropa interior y con las medias aún colgando flácidas de sus pies.

- Jolín, derrochas sex-appeal, Arien… - comentó Ellyon, sarcásticamente. Arien simplemente levantó la mano dirigiéndola hacia Ellyon, con el dedo corazón alzado y el resto flexionados. Ellyon rodó sus ojos, chasqueando la lengua, y revoloteó hasta la ventana, que se encuentraba abierta, las cortinas flotando fantasmagóricamente a causa del viento.

Ellyon se detuvo en seco cuando apareció ante sí una conocida cara familiar, asomada hacia dentro de la habitación, observándolo todo con atención.

- Vaya, así que este es vuestro cuartel general, ¿eh? – murmuró Narik.

- ¡Narik! – exclamó Ellyon, disgustada.

Arien se incorporó súbitamente, cubriéndose con la sábana.

- ¡Qué haces entrando por la ventana, pervertido! ¡Usa la puerta como todo el mundo! – bramó la muchacha, con su rostro completamente colorado de rabia y vergüenza.

Narik levantó las manos en defensa.

- ¡No sabía que estabas en paños menores…!- se defendió el elfo.

- ¡¿Qué esperabas? ¡Estoy en mi habitación! – volvió a gritar la chica, sujetando la sabana contra su cuerpo firmemente. Arien se inclinó sobre la cama para agarrar el teléfono inalámbrico, que descansaba sobre su mesita de noche, y se lo arrojó con fuerza a Narik, que lo esquivó in extremis. El teléfono cayó balcón abajo.

- ¡Vale, vale! ¡Ya lo he entendido! – gritó el pelirrojo, esquivando de nuevo otro proyectil de Arien. - ¡Ya me voy!

El elfo se dio la vuelta y se arrojó por el balcón, huyendo de los ataques de la muchacha. Narik cayó en la hierba del jardín grácilmente. Acuclillado en el suelo, sonreía con autosuficiencia y los ojos cerrados, orgulloso de su aterrizaje, cuando otro objeto pesado procedente de la habitación de Arien cayó con fuerza sobre su cabeza, provocándole allí un chichón que creció casi instantáneamente.

El elfo se encogió en el suelo, ya sin tanta elegancia, frotándose la cabeza para aliviar el dolor.

- ¡Basta de violencia, por favor! – suplicaba Narik, con lágrimas en los ojos.

- Será mejor que uses la puerta, la próxima vez. Y asegúrate de llamar antes de abrirla. – le dijo una voz a sus espaldas. Narik se giró y vio a Trunks recogiendo los objetos que la chica había arrojado al elfo.

- Creo que lo haré. – contestó Narik, con una sonrisa.

- Si quieres puedes dormir en mi habitación esta noche. Mañana le diré a mi abuela que te prepare una habitación de invitados.

- No te preocupes, estaré bien. – respondió el elfo, observando con atención los árboles del jardín. Fijó la vista en uno y de un salto se situó en la copa. – creo que haré guardia por los alrededores esta noche. Si veo algo extraño, vendré a buscarte.

Trunks le observó y asintió con la cabeza.

- De acuerdo. Yo vigilaré a Arien. – contestó, antes de entrar de nuevo en el salón de casa.

Trunks caminó en la penumbra del salón, subiendo luego por las escaleras y atravesando el largo pasillo hasta llegar frente a la puerta de la habitación de Arien.

Tok, tok. El chico llamó con los nudillos a la puerta. En seguida una voz amortiguada comenzó a hablar.

- ¡Menos mal! ¡Aprendes rápido! – bufó la chica, abriendo la puerta con energía. Arien ya se había vestido con su pijama blanco de manga y pantalón largo y miraba a su visitante con sorpresa. – ¡Oh!, eres tú… – balbuceó.

- ¿Quién creías que era? – preguntó Trunks, con una sonrisa torcida en el rostro. – Creo que se te ha caído esto por la ventana… - añadió el saiyajin, mostrándole a la chica las cosas que llevaba en las manos.

- ¡Oh! Sí. Lo siento. – murmuró ella, avergonzada. Trunks mantuvo su sonrisa.

- ¿Puedo pasar…? – preguntó el chico.

- …¡Claro! – contestó ella. "Mierda, ahora que me he quitado la lencería fina y me he puesto las "superbragas" de perritos…" se lamentó la chica en pensamientos, mientras se apartaba para facilitar la entrada al pelilila.

Los ojos azules de Trunks se movieron por toda la habitación, buscando un sitio donde depositar los pesados proyectiles de la chica.

- Te los dejaré aquí, no demasiado cerca de tu cama. No vaya a ser que intentes matar a Ellyon mientras duermes. - Arien se sonrojó y se encogió en su sitio.

- ¡Gracias! – rió el hada, sentada en la barra superior de las cortinas, peinándose la larga cabellera negra con sus dedos.

- ¡Bonita cama, Ellyon! – bromeó el saiyajin, refiriéndose a las cortinas.

- ¡Cállate! – dijo el hada, cambiando el tono de su voz a uno más amenazador. – Voy a ver que hace Narik… - murmuró de mala gana, antes de escabullirse entre las cortinas hacia el exterior de la habitación.

Los dos jóvenes se quedaron mirándose, Arien con las manos en la espalda, balanceándose hacia detrás y hacia delante sobre sus pies descalzos, y Trunks permanecía estático en su sitio, con las manos en los bolsillos.

- Será mejor que me vaya. Necesitas dormir. – murmuró el chico, comenzando a caminar hacia la puerta. Pero se detuvo.

Los brazos de Arien abrazaban su abdomen, impidiéndole avanzar. La chica apoyaba su frente contra la fuerte espalda de Trunks, y susurraba:

- No te vayas…. No te vayas- Trunks abrió los ojos como platos, sorprendido, sin saber qué hacer. –…Quédate conmigo esta noche. – murmuró Arien.

- Arien... Sabes que no puedo hacer eso. – le dijo Trunks dulcemente. El muchacho tomó las manos de ella entre sus manos y las separó de su cuerpo para darse la vuelta. – Necesitas descansar. Has tenido una noche muy dura. – Arien, abrió la boca para quejarse pero Trunks la silenció con un dedo. – Sólo me quedaré unos minutos. – Ella no tuvo más remedio que conformarse. – Arien… - dijo el chico, dudando - La mujer que tocaba el piano, en el concierto… era tu madre, ¿verdad? - La chica bajó la mirada y asintió con la cabeza, recordando de nuevo el doloroso momento de ver a su madre y no poder decirle nada. – Ya me lo había parecido, pero no estaba seguro. Ahora entiendo porqué saliste corriendo de allí.

- Ha sido muy triste. – contestó la chica – Siento mucho haberme comportado así. No debí huir del modo en que lo hice…

- No te preocupes – la interrumpió él – Tu reacción fue de lo más normal. – La consoló el chico – Yo sentí algo parecido cuando vi a Gohan por primera vez en el pasado. Pero yo estaba preparado para verle en aquel momento, sabía que le vería. Tú en cambio no tenías ni idea de que ibas a verla esta noche. Y si lo hubiera sabido, yo jamás te habría llevado a aquel concierto. – contestó seriamente el muchacho. Trunks abrazó a Arien cálidamente y apoyó su mentón sobre la cabeza de la chica, que se sentía algo más reconfortada tras haber hablado con él.

Gentilmente, el saiyajin la llevó hasta la cama, obligándola a tumbarse y cubriéndola luego con el edredón.

- Debes descansar. Y no tengas miedo. Yo estaré velando por ti. – Trunks se sentó en la cama junto a ella. - La energía de los Moradores es extraña, y no es fácilmente detectable, es más bien como una huella de maldad en el ambiente, y sólo pude notarla cuando estaba cerca de ellos. – el chico sonrió frunciendo el ceño - Pero ahora ya la conozco, y no volverán a colarse en casa sin que yo les detecte.

La chica, sonrió, algo más tranquila. Pero, pese a las palabras tranquilizadoras de Trunks, creía que no iba a poder pegar ojo en toda la noche. La experiencia de aquel día la había afectado muchísimo. Primero el dolor de ver a su madre, y luego el terror de verse rodeada de aquellos zombies. La única forma que creía posible de borrar aquellos monstruos de su cabeza era estar con Trunks, y que su presencia, su tacto y su esencia la embriagaran hasta hacerla olvidar.

- Duerme ahora. Mañana será un día mejor. – Le susurró el saiyajin inclinándose hacia ella. Trunks le dio un dulce y corto beso en la frente antes de incorporarse y dirigirse hacia la ventana, la que cerró lo justo para que Ellyon pudiera entrar a la habitación. Luego caminó hacia la puerta.

- Trunks… - El muchacho se paró y se giró a mirarla.

- ¿Sí?

- … Dile a Ellyon que venga, por favor. No quiero estar sola…. Y… - la chica dudó un momento. –…dile a Narik que lo siento.

El saiyajin rió levemente antes de contestar.

- Le diré a Ellyon que suba. Pero a Narik le pides perdón mañana tú misma.

Trunks le guiñó un ojo y salió de la habitación cerrando tras de sí la puerta.

Arien suspiró. Quizá no era el mejor momento de estar con Trunks a solas. Quizás el chico tenía razón y necesitaba descansar. Lo que sí que era verdad era que había obrado egoístamente. No podía utilizar un hecho tan especial y esperado como acostarse con él para borrar de su mente aquellos monstruos. No tenía derecho a utilizar a Trunks como vía de escape.

Sería mejor y más valiente luchar contra sus propios miedos ella misma, y enfrentarse a la soledad de su habitación. Ya era hora de tomar las riendas de aquel asunto.

Arien frunció el ceño y dirigió una última mirada a su alrededor. Todo estaba en calma. El silencio y la penumbra inundaban su estancia. No había espectros. No había monstruos. No había peligro.

Antes de que Ellyon entrara sigilosamente por la ventana, Arien ya había caído profundamente dormida.

El sonido de sus pasos se oía fuerte, y rebotaba en las paredes de aquella fría y oscura gruta de piedra. Arien corría y corría desde hacía horas, sin saber exactamente hacia donde dirigirse. Algunas voces se oían amortiguadas en la distancia, pero no podía entender el mensaje.

La muchacha, seguía su camino, avanzando cada vez más en aquella caverna que parecía no tener fin. Súbitamente, la cueva cambió, y ante ella se abrió un espacio infinito, completamente oscuro, y el suelo bajo sus pies se esfumó. Arien flotaba en aquella penumbra escuchando aún las voces que retumbaban en sus oídos.

De pronto, unas conocidas figuras aparecieron ante ella, sonriéndole y flotando al igual que ella lo hacía. Gohan, Krilin, Bulma, Yamcha, Ellyon, todos estaban ante ella, sonriéndole cálidamente.

Arien les devolvió el gesto y abrió la boca para saludarles. Pero ningún sonido salió de ella. Extrañada, Arien intentó hablar de nuevo, sin conseguir emitir una sola palabra. Su voz se había esfumado igual que el suelo bajo sus pies.

Entonces, sus amigos se separaron en dos grupos y al apartarse, dejaron a la vista a otra figura la observaba sonriéndole seductoramente. Era Trunks, con su espada a la espalda, que le hacía un gesto con la mano instándola a que se acercara.

Ella, sonrió y comenzó a caminar hacia el muchacho. Pero de pronto, tras sus amigos, apareció una gigantesca sombra oscura. Aquella sombra engulló a Krilín, Gohan, Bulma… Todos y cada uno de sus amigos fueron desapareciendo. Trunks se situó entre la sombra y Arien, desenvainando su espada, tratando de protegerla, pero fue inútil. Aquella etérea sombra se cernió sobre él, y el muchacho comenzó a desaparecer.

Arien, desesperada, gritó sin voz y corrió en ayuda del saiyajin, que se giró para mirarla con sus preciosos ojos azules suplicando ayuda. Y justo antes de llegar a él, Trunks desapareció en las sombras y Arien chocó contra una superficie transparente que le separaba del lugar donde había estado su amado guerrero.

- ¡Auuuch!

Arien se despertó sobresaltada y con un fuerte dolor en la barbilla. Quejumbrosa, abrió los ojos y se dio cuenta de que estaba en el suelo, junto a su cama. Se había caído mientras dormía.

Ellyon se asomó por encima del colchón, mirándola con expresión divertida.

- ¡Buenos días! – exclamó,- ¡cada día te despiertas con más energía! – rió el hada.

- Buenos días, Ellyon – Masculló la chica, levantándose del suelo, dolorida.

Miró el reloj. Eran las 6 y media de la mañana, muy temprano todavía, pero aquel extraño sueño la había desvelado. No tenía ganas de volver a dormirse si iba a soñar cosas como aquella. Se puso una bata y bostezó, rascándose la cabeza, despeinándose aún más, y se dirigió al balcón. Estaba saliendo el sol.

Narik estaba en el balcón de su habitación, sentado en la barandilla y con los pies colgando hacia el exterior. Había vuelto durante la noche, y quien sabe si había pasado toda la noche a la intemperie en la barandilla de su balcón, velando sus sueños.

La chica sonrió, con un sentimiento de culpabilidad creciente en su pecho y se dirigió a donde estaba el elfo.

Narik observaba con atención el amanecer en el horizonte. La chica observó su rostro, en silencio. Pese a tener una expresión relajada, el fuerte carácter del elfo se plasmaba en sus facciones, con el ceño fruncido y un eterno ademán arrogante que endurecían su aspecto, pero lo hacían aún más interesante.

- Estos edificios no dejan ver el amanecer. Hacía mucho tiempo que no visitaba una ciudad tan grande. – dijo Narik de repente, sacando a Arien de sus cavilaciones.

La chica dudó un instante antes de hablar.

- Narik, eehh… Siento mucho lo que te hice anoche. Ya sabes, lanzarte cosas a la cabeza. El elfo sonrió, divertido, y se giró a mirarla.

- No te preocupes, mujer. No eres la primera que me echa de su cuarto a patadas. – dijo Narik, guiñándole un ojo, y volviendo a mirar el amanecer. Arien sonrió, sin saber qué contestar. ¿Qué clase de hombre era aquel? Uno muy extraño, sin duda.

La muchacha, dirigió una última mirada al horizonte, y se sentó en el suelo frente a los barrotes, con las piernas cruzadas. Apoyó las manos en las piernas, con las palmas de las manos enfrentadas pero sin llegar a tocarse, y cerró los ojos, tratando de concentrarse. Narik volteó para dirigirle una inquisitiva y silenciosa mirada. La muchacha, en silencio y con los ojos cerrados trataba de concentrar su ki tal y como le había enseñado Trunks. Pero tras cinco minutos de concentración, la muchacha abrió los ojos, frustrada, y suspiró, lamentando su fracaso.

- Así no conseguirás nada. – le dijo Narik. – Si lo que deseas es dominar tu poder, primero debes vaciar tu mente de cualquier temor, de cualquier pensamiento que te haga desfallecer, de la rabia que tengas contenida. Debes dejar tu mente en blanco para que tu energía la inunde. Sólo así podrás dominarla y concentrarla en un punto, como has estado intentando. – Narik saltó adentro del balcón y se agachó, enfrentando con sus claros ojos color ámbar los verdes de Arien. – Tu poder está aquí – dijo el elfo, señalando el pecho de Arien. – Pero sólo se manifestará si él te deja. – concluyó, poniendo un dedo en la frente de la chica.

El elfo se levantó y entró en la habitación. Arien quedó en su posición pensativa por lo que Narik le había dicho. En el interior de su cuarto podía oír a Ellyon protestar por algo que seguro le había dicho el elfo, a modo de saludo matutino. Luego se levantó y volvió a dentro para ducharse y vestirse.

- Los pollitos dicen: Pío, pío, pío, cuando tienen hambre, cuando tienen frío.

Arien cantaba una canción en el jardín de la Corporación Cápsula. De nuevo, Bulma le había pedido el favor de cuidar de su retoño, pero sólo por un par de horas. La muchacha había accedido gustosa. Le encantaba cuidar del pequeño. Se había sentado en el jardín exterior de la casa, a pocos metros de la puerta corredera de vidrio del salón, que se encontraba abierta. Con el pequeño en el césped delante de ella, cantaba las canciones infantiles que recordaba, gesticulando con las manos, para entretener al bebé. El pequeño escuchaba a la muchacha con atención y en su balbuceo parecía querer imitar la tonadilla de la canción.

- La gallina busca el maíz y el trigo, les da su comida y les presta abrigo.

- ¡Miiiiduuu baa! - exclamó el pequeño, agitando sus bracitos y riendo.

- Por favor, ¡qué lindo es este niño! - dijo Ellyon mirando al pequeño con ojos amorosos. El hada revoloteaba sobre el bebé, haciéndole carantoñas de vez en cuando.

- ¡Bah! - masculló una voz tras las chicas - Es un bebé, baboso y llorón. Como todos los bebés.

- Eres un encanto, Narik - dijo Arien, con sarcasmo y sin mirarle. Ellyon rió tapándose la boca y observó al elfo, que no contestó.

Narik se hallaba enfrascado en la limpieza y afilado de sus flechas. Una por una las limpiaba con esmero con un trapo que la señora Briefs le había prestado, hasta hacerlas brillar. Luego las afilaba con una piedra y se aseguraba que estuvieran rectas, y las plumas de la parte posterior, alineadas. Ellyon observaba en silencio cómo el elfo colocaba una a una las flechas ante uno de sus ojos, con el otro cerrado, para asegurarse de su rectitud. Con el ceño fruncido iba guardando las flechas en el carcaj.

- Bajo sus dos alas, acurrucaditos, hasta el otro día, duermen los pollitos. - Arien observaba disimuladamente de reojo al hada, mientras cantaba para el pequeño.

Desde que Narik había llegado, Ellyon estaba más calmada, más tranquila. Extrañamente, el mal genio se había borrado del carácter del hada, excepto en contadas ocasiones. En lugar de sus acostumbradas bromas pesadas y los comentarios ácidos que normalmente hacía sin venir a cuento, el hada se quedaba embobada mirando al pelirrojo. Arien miró al elfo. Parecía no percatarse de la mirada fija de Ellyon.

- ¡Bieeen Trunksy! - aplaudió la chica, haciendo que el bebé riera a carcajadas aplaudiendo también. - ¿Qué canción podemos cantar ahora?

- Aaaaduuupo mii - balbuceó el pequeño, luchando por levantarse.

- ¿Qué quieres pequeño? - preguntó la chica, tomando al bebé de las manos para ayudarlo. el pequeño Trunks caminó un par de pasitos y se lanzó a los brazos de Arien, riendo.

- ¡Oh! ¡Qué lindo! - Exclamó Ellyon. - ¡Cuanto te quiere, Arien!

La muchacha abrazaba riendo al pequeño y le dio un beso en la cabeza.

A través del ventanal abierto, Trunks adulto observaba a la chica desde hacía un buen rato. Se había sentado en una hamaca y miraba a su novia en silencio, alelado.
Bulma se acercó al muchacho y se sentó en una hamaca junto a la de él.

- ¡Uuuf! Por fin he terminado. Menos mal que hoy sabía que acabaría pronto. - suspiró la peliazul, mirando a su retoño, en los brazos de Arien. Sonrió y dirigió la vista hacia Trunks, sentado junto a ella en silencio. Parecía que no se había dado cuenta de su presencia. - Trunks... Truuunks. - le llamó Bulma, haciendo reaccionar al muchacho, que sacudió la cabeza levemente para salir de su ensimismamiento.

- Ah, perdona mamá. No te había visto. - se disculpó el chico.

- Ya me había dado cuenta, ya. - contestó ella, con sorna.

Trunks sonrió avergonzado y desvió la vista de nuevo hacia Arien. la chica se había levantado del suelo y ayudaba al bebé a dar unos pasitos. El pequeño se dirigía directamente hacia el elfo, que se encontraba tan enfrascado en su tarea que no se daba cuenta de nada. Justo cuando giró espontáneamente la cabeza para vigilar a Arien, se encontró con el pequeño, sobresaltándose. El bebé le agarró fuertemente del cabello, haciéndole gritar y pedir a Arien que le ayudara a librarse. La muchacha y el hada reían divertidas con la situación.
En el interior de la casa Trunks rió también en silencio, haciendo que su madre le mirara, divertida.

- Madre mía, Trunks... Estás completamente colado por ella. - le dijo Bulma, apoyando la barbilla en las manos. - ¡Quién lo iba a decir cuando te vimos por primera vez! Tan tímido, tan vergonzoso…- Trunks la miró de repente y no pudo ocultar su rubor. No podía negarlo.

- Eh... Sí. - dijo, sonriendo levemente y bajando la mirada, avergonzado.

- Cuanto me alegro por ti, cariño. - dijo Bulma. - Cuando llegaste en tu primer viaje, me dio mucha pena la expresión de tristeza que había en tus ojos. Llevabas una carga demasiado pesada en tus espaldas, y demasiado dolor vivido. Pero ahora - continuó ella, obligándole a mirarle. - Ahora esa tristeza ha desaparecido.

Trunks miró a su madre sonriendo, cómplice.

- Es curioso. - dijo el muchacho, volviendo a mirar a la chica de los ojos verdes. - Yo creía que el amor era lo que sentí cuando me di cuenta que Arien me gustaba, que estaba enamorado de ella. Creía que era simplemente ser consciente de lo que uno siente por otra persona. Quiero decir, como una especie de resorte que se activa en un momento determinado y pone tu mundo al revés. – explicó el muchacho, chasqueando los dedos. – Pero no es sólo eso. Cada día la quiero más, cada día descubro cosas nuevas en ella que me encantan. Nunca había sentido nada parecido por nadie.

- Descubrir el amor por primera vez es algo muy especial. La convivencia con alguien a quien se ama muestra lo bueno y lo malo de esa persona, pero ambas cosas hacen amarla aún más.

Trunks se inclinó hacia delante, mirando el suelo.

- Cada vez que la miro siento como si un calor creciera dentro de mí. Cada vez que sonríe, cada vez que la hago sonreír, cuando me acaricia el rostro... Es... como la mayor de las victorias, igual que lo que se siente al derrotar al enemigo más poderoso.

- ¡Jajaja! Un símil de esperar, siendo hijo de quien eres. - rió Bulma. En silencio, seguía mirando orgullosa a su hijo que permanecía observando a Arien como si fuera el mayor y más brillante tesoro del mundo. El muchacho se recostó en el respaldo de su silla y suspiró, pensativo. - Trunks, estoy pensando... ¿Por qué no os vais a pasar el fin de semana fuera? - preguntó la peliazul.

- ¿Fuera? ¿A dónde?- preguntó Trunks.

- No sé, a algún sitio especial. Id a algún sitio romántico. - Trunks asimilaba las palabras de su madre mientras miraba pensativo a la chica. - Desde que habéis llegado los acontecimientos se han precipitado muchísimo. La pobre Arien seguro que lo está pasando mal y me apuesto cualquier cosa que esconde su temores para no preocuparnos.

- Estoy haciendo todo lo posible por ayudarla y protegerla. - replicó el muchacho, seriamente.

- Lo sé, hijo. Pero creo que le vendría bien un poco de distracción. Algo que la hiciera olvidarse de todo. - Bulma guardó silencio un momento, mirando la expresión de su hijo, impasible. - ¡Vamos, Trunks! No me digas que eres igual de soso que tu padre...

Trunks dirigió sus orbes azules a Bulma, sin saber qué contestar.

- ¿A qué te refieres?

- Tu padre nunca tiene ningún detalle conmigo. Nunca recuerda ninguna fecha, ningún momento especial. Nunca me da ninguna sorpresa. Excepto cuando se lo echo en cara. Entonces reacciona y hace algo a regañadientes, pero ignorándolo al cabo de unas horas, como si los momentos románticos fueran una señal de debilidad en los saiyajins. - Respondió Bulma, mirando al suelo, con expresión de nostalgia.

Trunks no sabía qué contestar. Obviamente él también era un guerrero como su padre, y su sangre saiyajin marcaba muchos de sus comportamientos. Era extraño, pero tal y como su madre había explicado, él sentía algun tipo de repulsión hacia los momentos románticos, le avergonzaban, y no sabía si se debía a su timidez o a su herencia paterna, pero no se le ocurría nada que supusiera un detalle romántico para Arien.

- Obviamente, tú eres más cariñoso con Arien de lo que tu padre lo es conmigo, pero no dejes que ese orgullo de guerrero estropee vuestra relación. Esos detalles aunque parezcan tonterías son muy importantes para las mujeres. Y no me refiero a regalos caros, ni nada por el estilo. Simplemente se trata de dar con aquello que sea especial para los dos y que marque un momento de vuestras vidas. Se trata de demostrarle lo mucho que te importa. Porque quizás cuando te quieras dar cuenta ya será demasiado tarde. - Le dijo Bulma, suavemente. - Llévala a algún sitio. Vosotros dos solos. Aunque sólo sea un par de días. Tómalo como unas vacaciones para los dos. Un modo de relajarse de todo lo que está pasando.

Trunks se sonrojó levemente y apartó la vista de los ojos de su madre.

- ¡Jajaja! - Rió Bulma, ante la inocencia de su hijo. - No tienes porqué avergonzarte. Para una pareja como vosotros es normal pasar alguna noche juntos. Arien necesita un descanso, y qué mejor descanso que una velada romántica con el amor de su vida… Bueno, aunque pensándolo mejor, quizás no la dejes descansar mucho. A fin de cuentas tienes los genes de tu padre… Los saiyajins tenéis una fogosidad que no tienen los humanos - murmuró Bulma, pícaramente.

- ¡Mamá! - se quejó el pelilila, rodando los ojos.

Bulma le sacó la lengua, burlona, y se recostó en la hamaca, dejándole pensar en lo que le había dicho. Trunks se llevó el pulgar a los labios en gesto pensativo, y se levantó de la hamaca tras un par de minutos.

- Vale, y ¿a dónde la llevo? ¿Qué puedo hacer? - preguntó el muchacho, tratando de dejar de lado su acostumbrada vergüenza a hablar de aquellos temas.

Bulma entrelazó los dedos y sonrió con autosuficiencia.

- Creo que sé exactamente lo que te hace falta. Tranquilo, estás hablando con una experta en la materia.

Más tarde, Bulma ya se había llevado al bebé a darle la cena, y en el salón quedaban Ellyon, Narik (con sus flechas relucientes), Arien y Trunks. Trunks había planteado la urgencia de encontrar cuanto antes a los Dewin restantes para poder presentarse ante Valas. Entre los tres habían puesto al día al elfo, que escuchaba atentamente y en silencio todas y cada una de las aportaciones de sus compañeros, hasta que finalmente habló.

- Si de lo que se trata ahora es de encontrar al resto de los Dewin, eso es bastante fácil. - El pelirrojo sonrió con el ceño fruncido y Trunks le miró con gesto de sorpresa.

- ¿Cómo puedes decir eso? Krilín, Gohan y yo hemos estado buscándolos y no les hemos encontrado, no podemos detectarles. - replicó el saiyajin. Narik sonrió aún más ampliamente.

- Eso es porque vosotros detectáis la cantidad de energía y no el tipo. - puntualizó Narik. Trunks se sentó junto a Arien.

- ¿Qué quieres decir? - preguntó la chica, curiosa.

- La energía de los Dewin proviene de los elementos de la naturaleza. Aire, en tu caso, Arien. Fuego, Hielo y Tierra en los otros tres Dewin, Brann, Iskald y Dart. Sólo hay que buscar la energía de los elementos. – expicó el elfo. - En todos estos años con ellos, he aprendido a visualizar en mi mente a cada uno de los Dewin. - Narik guardó silencio un momento, pensativo. - Por ejemplo, al norte de aquí, está Iskald, el Dewin de Hielo. Al sureste, Brann el de Fuego. Y bastante lejos, al noreste, Dart el de Tierra. - Arien y Trunks se miraron, incrédulos.

- ¿Cómo lo haces? - preguntó el saiyajin, asombrado.

- Cuando no están frente a mí, cada uno de ellos aparece en mi mente como un resplandor de un color determinado. Arien, resplandece con un tono azul, Brann, en rojo, Iskald en Blanco, y Dart, en amarillo. - Trunks asintió, comprendiendo entonces el tipo de energía que emitían aquellos seres. Pero una duda asaltó su mente.

- Entonces, ¿por qué no llegaste antes? Si puedes ver a Arien en tu mente, ¿por qué no viniste antes? Con tus conocimientos y tu ayuda podríamos haber encontrado ya a los otros tres. - le preguntó el saiyajin, con expresión inquisitiva.

- Porque hasta ayer no apareció de nuevo en mi cabeza. Estuve buscándola desde que el anterior huesped de Orkan murió. Justo después del sepelio, Ellyon y yo nos separamos para aumentar las posibilidades de encontrarle. Pero cuando un Dewin cambia de cuerpo, tarda en hacerse visible. En ocasiones tarda meses, hasta que se habitúa al nuevo cuerpo. - Explicó Narik, mirando fijamente a Arien - Visualicé a esta chica justo ayer por la tarde. Algo sucedió en su interior que hizo resplandecer de repente su esencia.

Trunks hizo memoria y recordó el momento en que había enseñado a Arien a concentrar su energía, y que casi lo había conseguido. Sí, él también notó un gran potencial en ella, aunque sólo fuera durante unas décimas de segundo.

- Lo realmente extraño en todo esto es que el poder que percibo ahora en Arien es más intenso y posee mayor potencial que nunca antes, y que ningún otro Dewin. Jamás había pasado algo así, pero ahora su ubicación está clara para quién pueda sentir este poder, como yo, o los Moradores.

- Claro, con razón nos atacaron anoche en grupo. - murmuró Ellyon, tumbada en la parte superior del respaldo del sofá. - Debían haber localizado su posición en la Capital, y cuando Arien se emocionó al ver a su madre, debió aumentar su energía inconscientemente, atrayendo a los Moradores. Por eso acudieron en masa.

- Trunks - dijo el elfo. El saiyajin le miró - Debéis seguir con el entrenamiento. Orkan debe manifestarse en ella con todo su poder. Arien debe despertarle. Es muy importante que lo haga.

Trunks miró a la chica, que volvía a bajar la mirada como acostumbraba cuando algo le preocupaba.

- Oye… ¿por qué no vamos nosotros a buscar a los Dewin? - Propuso Ellyon, mirando a Narik - Ya que los Moradores se sienten atraídos por el poder que oculta Arien, lo mejor será mantenerla lejos del resto de los Dewin, al menos por el momento. - Narik asintió.

- Creo que es una buena idea. - dijo el elfo. - Mientras nosotros buscamos a los Dewin, tú deberías sacar a Arien de la Capital del Oeste. - añadió Narik, dirigiéndose a Trunks. - Los Moradores ya la tienen localizada aquí.

- Sí, será mejor que nos vayamos de aquí unos cuantos días. - dijo el saiyajin, mirando a Arien. Ella sonrió levemente y asintió con la cabeza.

Al día siguiente, antes de partir, Ellyon y Narik se hallaban en el jardín, ultimando los planes para su encuentro.

- El solsticio de invierno será dentro de 5 días. Encontraremos a los Dewin y les conduciremos a la Montaña de Hielo. Os estaremos esperando allí dentro de cuatro días. - dijo Narik, empaquetando algunas cosas, sobretodo comida que la señora Briefs había preparado para ellos. Trunks le convenció de que lo pusiera todo en una cápsula, puesto que podría llevar más cosas y reducir peso. Narik, reacio al principio, acabó cediendo, cuando vio lo insistente que se ponía la señora Briefs con la comida empaquetada a la antigua usanza.

- Narik, querido. ¿Ya te vas? - preguntó inocentemente la abuela de Trunks. Narik, asintió con la cabeza sin mirarla. - ¡Oh! ¡Qué pena! Yo que quería proponerte que saliéramos un día.

- Lo siento, señora, otra vez será. - contestó el elfo con nerviosismo y una sonrisa forzada en el rostro. Arien reprimió la risa ante el comportamiento de la abuela de su novio y Trunks se tapaba los ojos con la mano, avergonzado.

- Arien. - Llamó Ellyon a la chica. Arien se acercó al hada, que flotaba en el aire, aguardando a que Narik terminara.

- ¿Si? - dijo la chica.

- Prométeme que tendrás mucho cuidado. Esfuérzate mucho en aprender todo lo que Trunks te enseñe. Sé que puedes hacerlo, y él es un buen maestro. - Arien asintió sonriendo, sorprendida por la súbita amabilidad del hada.

- Ten mucho cuidado Ellyon, y cuida de Narik... Aunque sé que eso no hace falta que te lo diga. - murmuró Arien con la boca torcida y quiñándole un ojo pícaramente.

Ellyon abrió mucho los ojos y cerró la boca de golpe, ruborizándose. El hada se alejó unos metros para ocultar su sonrojo, y unas fuertes manos sujetaron la cabeza de Arien sobresaltándola. El rostro ligeramente tostado por el sol de Narik estaba a sólo unos centímetros del suyo, con su alborotado flequillo rojo brillante cayendo sobre su frente, y sus claros ojos mirando fijamente los de Arien.

- No hagas tonterías. No vayas sola a ningún sitio. Y recuerda lo que te dije. - le dijo con voz seria, señalando su propia cabeza y su corazón después. Trunks observaba los movimientos del elfo, sin agradarle demasiado que permaneciera a tan corta distancia de su chica. Pero Arien, rió, quitándole importancia al tema.

- Siii, papá. - Contestó ella, en tono de broma. - Id con cuidado. - Narik le sonrió con orgullo y soltó su cabeza, alborotándole el cabello antes de acercarse al saiyajin. - ¡Ay! ¡Narik, que me enredas el pelo! - exclamó Arien, molesta.

- Llévala lejos de la Capital, cuando más lejos mejor. - le aconsejó el pelirrojo.

- Creo que sé exactamente a dónde la llevaré. - Dijo Trunks, esbozando una sonrisa de medio lado. Narik levantó las cejas, sorprendido y le dijo:

- Ten cuidado, y sé precavido… En todos los sentidos.

El saiyajin y el elfo se estrecharon las manos y entonces, Narik echó a correr, saltando de árbol en árbol como una ardilla, apenas moviendo las ramas con su peso, hasta que desapareció de la vista, con el hada flotando graciosa y velozmente a su lado.

- Oh, qué pena. Era un muchacho tan atractivo, espero que vuelva pronto. Podríamos ir al cine. - decía la señora Briefs, con su habitual expresión enigmática, mientras Trunks y Arien se miraban entre sí, y se encogían de hombros, antes de empezar a reír.

Había pasado un día desde que los guardianes se marcharon. Arien y Trunks habían pasado toda la mañana entrenando. Aquel día, se habían centrado en que la chica aprendiera a concentrar su ki. Si los Moradores detectaban su energía del modo que fuera, sería útil que Arien aprendiera a ocultar su ki, y para hacerlo, primero debía aprender a concentrarlo. La muchacha, tras varios intentos fallidos, había conseguido hacer aparecer entre sus manos un minúsculo punto de energía de color azul pálido, y había logrado mantenerlo lo suficiente como para abrir los ojos y observar por sí misma el resultado de su entrenamiento. Pese a que aún le faltaba mucho por aprender, lo había conseguido, había concentrado su ki.

Aquella tarde, después de comer, la chica había subido a su habitación a descansar, mientras Trunks entrenaba en la Cámara de Gravedad, aprovechando que Vegeta se había ido unos días a entrenar a las montañas.

Arien se había quedado dormida viendo la tele en su cuarto y había perdido la noción del tiempo. Cuando se despertó, vio que la luz que entraba por la ventana era ya muy ténue. Se puso unos jeans y se calzó unas deportivas azules. Se puso un anorak, y salió al balcón a observar el crepúsculo. Los dos últimos días había refrescado muchísimo. El viento era gélido y todo estaba en silencio. Abajo, en el jardín, no había nadie.

- Qué raro… - murmuró Arien, para sí misma.

Volvió a entrar en la habitación y bajó al primer piso.

- No sabía que esta tarde tuvieran que salir todos. Bulma no me dijo nada.

La chica se asomó a la habitación del pequeño Trunks. Estaba vacía. Se aventuró por los pasillos desiertos y oscuros de la mansión Briefs hasta la puerta de la Cámara de Gravedad. Pero no había nadie en su interior.

Aburrida, volvió al salón y se dejó caer en el sofá.

Tenía calor, y comenzaba a desabrocharse la cremallera del anorak para quitárselo cuando… Alguien le colocó una venda sobre los ojos y le tapó la boca con la mano. La chica, asustada, trató de liberarse, temiendo encontrarse en manos de un ladrón o un violador. Y no había nadie en casa para ayudarla.

Una voz conocida le susurró en el cuello y en un tono muy grave:

- No te resistas. Déjate llevar. Y guarda silecio.

Arien, sonrió y obedeció, suspirando de alivio al reconocer aquella voz. Aquella persona la hizo levantar del sofá y le ajustó la venda sobre los ojos, anudándola detrás de su cabeza.

La obligó a caminar empujándola suavemente por la espalda, hasta el jardín del exterior del edificio.

Arien notó como unos fuertes brazos la levantaban del suelo, sujetándola firmemente. El sujeto la acercó a su cuerpo y se elevó en el aire, comenzando a volar a toda velocidad.

La muchacha sonrió, pese a no poder ver bajo la venda obviamente había reconocido a Trunks, que la sostenía firmemente contra su cuerpo. La chica inclinó la cabeza y la apoyó sobre el hombro de él. De repente notó su propio cuerpo helado en comparación a la caliente temperatura que emanaba la piel del saiyajin, dándose cuenta del frío viento que azotaba su cuerpo haciendo que su piel se erizara y se acurrucó aún más en el pecho del guerrero, buscando aquel calor inconscientemente.

Súbitamente, notó que la temperatura del aire que les rodeaba subía repentinamente, y, a través de la venda que cubría sus ojos, pudo ver el resplandor dorado que emitía el cuerpo del chico. Arien, en medio de aquel vuelo silencioso, tocó a ciegas, con curiosidad, los brazos del muchacho. Inexplicablemente, se habían vuelto más duros y sus músculos habían aumentado de volumen. Arien dirigió sus manos entonces al cabello de Trunks. Estaba separado en mechones que se elevaban en el aire, como electrizados.

- Trunks… ¿te has transformado en supersaiyajin por mí? – preguntó tímidamente la chica. Él no contestó, simplemente dejó escapar una risilla traviesa. Ella entendió y sonrió a su vez. La chica no tuvo más frío en contacto con el viento, a pesar de que la velocidad a la que volaban era cada vez mayor.

- ¿A dónde me estás llevando? – preguntó.

- Ya casi hemos llegado. – respondió él.

El saiyajin comenzó a descender cinco minutos después, aterrizando en un lugar silencioso y frío, muy frío. Arien pudo escuchar el ulular de las aves nocturnas muy cerca de ella y el silbido del gélido viento a su alrededor, meciendo las ramas de los árboles. Trunks la depositó en el suelo y ella fue a quitarse la venda, pero él la detuvo.

- Aún no. – le dijo.

Arien retiró la mano de la venda y cogió la del chico, dejándose guiar por un entarimado de madera, y a través de una puerta que chirrió cuando Trunks la abrió. Se hallaban en una estancia en la que se notaba un agradable calor. Arien escuchó cerrarse la puerta por donde habían entrado y entonces, Trunks se situó tras ella, para retirarle la venda de los ojos. Arien los abrió con aspecto soñoliento, tras tan largo rato de tenerlos cerrados y lo que vio la hizo taparse la boca en sorpresa.

Era un salón rústico de no más de 30 metros cuadrados en el que resplandecía el fuego de una chimenea, que crepitaba calentando la estancia. El salón contaba con una cocina office, una mesa de comedor para 6 personas y dos sofás de aspecto acogedor cerca de la chimenea, frente a la cual, en el suelo, había una alfombra de lana. El suelo de madera crujía bajo los pies de la muchacha mientras se acercaba en silencio a la mesa de comedor, sobre la cual había varios regalos envueltos con papel brillante.

- Feliz cumpleaños. – murmuró Trunks, tras ella.

Arien se giró para verle simplemente sonreir de aquella cautivadora manera en que sólo él era capaz de hacerlo. El muchacho permanecía apoyado despreocupadamente en el mostrador de la cocina office, con las manos en los bolsillos. Arien le miraba con la boca abierta.

- ¡Te has acordado!

- ¿Cómo iba a olvidarlo? Creo que la que se olvidó fuiste tú. – dijo el chico con sorna.

- Pero ¿dónde estamos? – preguntó la chica, inclinándose un poco para poder mirar a través de la ventana, fuera de la cual sólo se veía nieve y abetos.

- Estamos en la cabaña de invierno de mis abuelos. Aquí venían a esquiar cuando eran jóvenes. Ahora las pistas de esquí están cerradas y nadie viene por aquí. Estamos solos. Tú y yo. – Se oyó un ulular proveniente del exterior de la casa. Trunks rodó los ojos y chasqueó la lengua – Tu, yo y los búhos.

Arien rió divertida ante aquel comentario, y se lanzó en los brazos del guerrero, que la levantó en el aire. Arien rió, feliz, y Trunks la depositó de nuevo en el suelo antes de besarla en los labios.


AAAAaaarg!

¡Quéfuertequefuertequefuerte! XD

Ahora sí que no hay escapatoria, Arien. Te tiene donde te quería: acorralada en el culo del mundo, para que no te escapes ¡Jajaja!

El próximo capi: la semana que viene. Hasta entonces podéis soñar con vuestro ansiado momento, que tanto tanto merecéis leer, y que muy pronto tendréis a vuestra disposición. Si, sí, estoy hablando del L***N ^^

Espero muchos comentarios por vuestra parte, ¡serán mi regalo de Navidad virtual! :P Además, me lo he currado ¿eh? Actualización de super capítulo de 7000 palabras en sólo dos días...

Lo dicho en el anterior capítulo. Ahora sí que no nos veremos hasta después de Navidad (Uuuh! cuánto quedaaa! XD). Podéis localizarme en FACEBOOK: Syad Fanfic, y en TWITTER: Syad_World.

¡Besosyachuchones!

¡FelizNavidadatodos!

Syad