Capítulo 25

Caminaba bajo un cielo nebuloso, el frío comenzaba a impregnarse en la pantalla de su celular, no pudo evitar correr cuando se percató la hora que era, debía apresurarse para no llegar tarde. Hace dos días que trabajaba en la cafetería, pero con los exámenes finales comenzaba a sentirse agotada.

El hombre que la había contratado, la había llamado el mismo día, solicitándole que si podía comenzar al siguiente día, considerando que no tenía practica de tenis. Aunque fue una decisión precipitada, dado que aún debía estudiar para los exámenes y coordinar lo demás, aceptó ir sin siquiera detenerse un momento para pensarlo mejor. Apenas se lo comunicó a Dan, él no sólo se molestó en acompañarla (un día que no debía ir), sino que también la había ayudado a conocer el lugar y le había enseñado cómo debía actuar frente a los clientes.

Ryoma no se había molestado en esperarla, se había marchado sin decirle nada. Abrió la puerta sin preámbulos, el profesor parecía estar concentrado en la clase, por lo que entró sigilosamente para sentarse en su pupitre, esperando pasar desapercibida por el hombre que escribía en el pizarrón.

—Señorita Ryuzaki, me alegro que haya llegado.

—L-Lamento el retraso…

—Hace apenas unos minutos, estaba preguntando por usted. —Miró al ambarino que se levantó, sabiendo lo que tenía que hacer. —Necesito que salga junto a Echizen-Kun, para que resuelvan unos asuntos, imagino que sabe a qué me refiero.

— ¿Q-Qué asuntos…?—Preguntó nerviosa

— Pareciera que ha olvidado su lugar en esta clase, como delegada me refiero.

—Oh es verdad, lo siento. —Se disculpó y se levantó para seguir a su compañero que salía del salón.

Ryoma caminaba en silencio sin decirle nada, se mostraba más frío que de costumbre. Sentía como si estuviera delirando, porque escuchaba las palabras de Sakura en sus oídos, revoloteando acerca de su relación con él, sobre de que no la merecía. Tal vez tenía razón…O quizás era todo lo contrario, ella no lo merecía a él, parecía un ser tan perfecto que no podía alcanzarlo.

Antes de llegar al departamento de profesores, se detuvo en medio del pasillo, precisamente a centímetros de la puerta. Desconcertada lo observó, tratando de desviar sus pensamientos de él para concentrarse en lo que realmente importaba, el presente.

— ¿Por qué has llegado tarde?

—M-Me quedé dormida.

—Y eso que no haces nada, no comprendo cómo acumulas tanto sueño.

—He estado ocupada…he tenido muchas cosas.

— ¿Cómo salir con Taichi?—Se burló.

— ¿Eh? Eso es porque…

—No me interesa, no deberías darme explicaciones, ya te lo he dicho. —Suspiró—Sin embargo, si quieres seguir siendo la delegada de nuestra clase, deberías dejar eso por un momento.

—No estoy saliendo con él. —Gruñó—Y si me ocupo de los asuntos de la clase.

— ¿Estás segura de eso? Si es así, confío en qué plantearás una buena idea ahora.

— ¿Idea? ¿Para qué?

—Lo imaginé, lo olvidaste otra vez. La razón por la que nos citaron, fue porque quieren platicar sobre la fiesta de navidad, ya que como delegados de la clase deberíamos habernos organizado.

—Es verdad… ¿Pensaste en algo?

—No soy bueno en ese tipo de tareas, ya te lo he dicho.

—Oh no ¿Qué haremos? Hay que pensar en algo…deberíamos hacer una fiesta, pero esto no tiene relación con la Preparatoria, sino tiene que ver con nuestra clase. Así que podríamos ir a un karaoke y pedir…

—No creo que a todos les guste un karaoke.

—E-Es verdad, pero es lo común. Estamos en problemas… —Sus mejillas se sonrojaron, se sentía irresponsable no había pensado en nada para esa situación— ¿Y si no entramos?

—Si no entramos, la situación se volverá más compleja.

— ¿No tienes ninguna idea? Tú siempre tienes buenas ideas.

—No, esta vez no.

La puerta se abrió de repente, provocando que un escalofrío recorriera sus cuerpos. Del salón salió una mujer de melena castaña y ojos negros. Sonrió al verlos, pero más que una sonrisa parecía estar reteniendo sus deseos por reírse de ellos, confundidos la observaron y vieron como los conducía hacia su oficina. En el interior, los hizo sentarse junto a ella para señalarles el motivo por el que habían sido llamados.

— ¿Qué sucede? —Preguntó Ryoma

—He escuchado su pequeña charla, debo disculparme por ello. —Rió nerviosa. —Pero el motivo por el que han sido llamados…no tiene relación alguna con los planes de navidad. Es por otra razón, así que pueden estar tranquilos sobre ello.

— ¿Eh? ¿No es por la fiesta de navidad?—Preguntó la castaña confusa.

—No, es otra cosa. He oído que ambos se van a marchar al extranjero, debido a que el club de tenis tanto masculino como femenino se enfrentara en los juegos internacionales. Tengo entendido que no van a ir en la misma fecha ¿verdad? —Al verlos asentir, prosiguió. —Como van a estar ausentes durante un tiempo, queremos proponerle como directiva que elijan a dos nuevos delegados, de modo que ellos puedan cumplir un buen trabajo en sus ausencias. Hablé con sus entrenadoras para poder coordinar cuando será exactamente su estadía en el extranjero y ya me comunicaron las fechas, Echizen-Kun se irá primero. —Se dirigió a Ryoma. —Así que necesito que pienses en alguien de confianza que pueda sustituirte para que acompañe a Ryuzaki. Cuando lo tengas decidido, recuerda avisarme. —Miró a la castaña. —Lo mismo que él, tendrás que elegir a alguien de tu confianza para que ocupe tu puesto. Sólo será temporal, no se preocupen. Cuando regresen, podrán hacerse cargo como corresponde ¿Lo han entendido?

—Sí. —Dijeron ambos al mismo tiempo.

Tras salir del departamento de profesores, caminaron de regreso al salón. No sabía a quién dejar a cargo, había pensado en Ann, pero entonces recordó que viajaría con ella al extranjero. Tomoka se rehusaría a hacerlo, la conocía muy bien. Aun recordaba cuando era la líder del club de fans de Ryoma, hacía un buen trabajo, su energía lograba impulsar a otras a unirse y seguirla. Quizás considerando eso, podría ser parte de algo así. Pero no se podía comparar un club de fans versus un cargo como delegado.

Se preguntaba a quien elegiría Ryoma, no conocía muy bien a los chicos de la clase, bueno nadie decía que debía ser hombre o mujer (no se había especificado eso), pero tenía curiosidad por saber a quién elegiría.

— ¿A quién vas a elegir? —Se atrevió a preguntar, una vez que bajaron la escalera.

—No lo sé…—Suspiró—Te enterarás cuando no esté, así que no deberías ser tan curiosa.

—Sí, tienes razón. —Rió nerviosa, no podía seguir siendo ansiosa…él tenía razón.

—Entremos.

Al abrir la puerta, recordó que tenía examen aquel día, tenía deseos de estudiar antes de que llegara el momento, pero no logró hacerlo por la inesperada reunión en el departamento de profesores. Justo cuando iban a exigir darlo, se escuchó el sonido característico de la hora de descanso, lo que significaba que había terminado. No podía quedarse sin ese examen, no tenía tiempo para hacerlo en otro momento, más ahora con el club de tenis y el trabajo, tomando en cuenta las otras evaluaciones que se aproximaban no podía mezclar todo eso. De sólo pensarlo, su cabeza quería estallar.

Observó a Ryoma, esperando que él también se preocupara por ello, pero no se mostraba así. Sólo lo vio caminar hacia el maestro ignorando su mirada incrédula, entonces lo vio comentarle algunas cosas, sólo podía ver como el hombre asentía con una sonrisa, mientras dirigía su mirada hacia ella también no entendía de qué estaban hablando. Pero entonces, escuchó su apellido y reaccionó ante la mirada de ambos, caminó hacia adelante y se situó a un lado de Ryoma.

— ¿Qué sucede?

—Echizen me ha hablado acerca de la reunión que han tenido, debe haber sido muy dura ¿Verdad? —Sonrió un hombre de gafas, joven de unos treinta años. —Entiendo por lo que han pasado, así que no podría reprobarlos por no haber venido al examen. Además, comprendo que dentro de muy poco van a representar al país en tenis internacional ¿no? por ello no pueden ausentarse a las prácticas de tenis. Son tan jóvenes y tienen unas vidas tan complejas.

—S-Sí, pero sensei no comprendo ¿Qué sucederá con la evaluación?

—Viendo la situación en la que se encuentran, he pensado en dos opciones; podrían dar la prueba en el siguiente bloque en la biblioteca, pero tendrían que perder las clases que les quedan. O bien, podrían hacer un trabajo escrito sobre un resumen de este ramo, si bien no es tan fácil como parece, sería una buena opción—Sonrió. —Les propongo este trabajo de parejas, conociendo su situación, ya saben…las noticias vuelvan y gran parte de los profesores estamos informados de que viven bajo el mismo techo, lo que les favorece porque no perderán tiempo tratando de ver como reunirse, podrían hacerlo cualquier día. Además, es la evaluación final, por eso podrían hacer esto en última instancia antes de dar paso al nuevo semestre.

— ¿T-Tenemos que decidirlo ambos? Me refiero, si Ryoma-Kun decidiera rendir el examen hoy en la biblioteca, yo también debería hacerlo ¿Verdad? —Preguntó, viendo como ambos la observaban en silencio. — ¿No puede ser decisión de cada uno? Es decir, si yo decido hacer el trabajo escrito y él en la biblioteca ¿No habría problema?

—Creí que su relación era buena, considerando que no sólo viven juntos, sino también son delegados de la clase y juegan en el mismo club. —Murmuró el profesor, tratando de ver que hacer. Porque la excepción que estaría haciendo, era sólo por el caso especial. No podía hacerles lo mismo a los demás, por eso debía ser más discreto si era de dos. — ¿Qué opinas? Echizen sobre esto, quizás no debí haber planteado esto sin preguntarles, asumiendo que todo estaba bien.

—Opino que está bien la forma en cómo lo ha planteado, porque si lo hiciéramos cada uno por su lado, el resto de nuestros compañeros emitirían juicios de valor erróneos sobre lo que ha hecho. Lo que provocaría algunos malentendidos, porque no debería en estricto rigor habernos permitido hacer esto. — Opinó el ambarino, viendo como la castaña abría la boca para protestar y luego volvía a cerrarla. — ¿No crees? Ryuzaki.

—Es verdad, no había pensado en esa posibilidad. No quisiera que saliera perjudicado, sensei, más por nuestra causa. —Lo miró triste—No debí haber dicho esas cosas, mi relación con…Ryoma-Kun no es tan mala, podemos organizarnos y hacerlo.

—Ryuzaki tiene razón, nosotros veremos cómo lo hacemos. Me da igual hacer el trabajo o rendir la prueba ahora mismo. —Analizó el rostro de la castaña. —Pero creo que no necesitamos hablarlo…ya sé la respuesta, haremos el trabajo.

— ¿Eh? ¿Estás seguro? —Preguntó la castaña sorprendida, no creía que él quisiera hacer algo así.

—Estoy igual de sorprendido que Ryuzaki-San, tus calificaciones son perfectas. No creí que decidirías elegir el trabajo, en lugar del examen. —Habló el hombre sonriendo.

—Me da igual, no tendría problema de hacer la evaluación ahora o el trabajo. Sin embargo, tomando en cuenta que se aproximan los exámenes, debemos estar presentes en las clases del día de hoy, así que no podemos atrasarnos.

—Bien pensado, Echizen. —Sonrió el profesor, se notaba que era un alumno ejemplar. — ¿Estás de acuerdo? Ryuzaki.

—S-Sí, lo estoy.

Dicho esto, el profesor abandonó la sala, prometiendo regresar más tarde con la pauta del informe. Ryoma hizo lo mismo, se marchó desviando su mirada de la suya, como si intentara evadir sus inquietudes. Más allá de la materia que podrían perder, no comprendía por qué lo había hecho, todo el mundo sabía que el obtenía siempre calificaciones perfectas, no necesitaba estudiar ni mucho menos presenciar una clase, lo sabía todo. Por lo mismo, no podía justificar su decisión, pero de cierta forma…estaba agradecida, porque no había estudiado lo suficiente para ese examen.

Durante la clase de inglés, se sintió agotada por haberse quedado despierta en vano, pero debía prestar atención para que le fuera bien. A su lado, Ryoma se encontraba escribiendo los apuntes con su caligrafía perfecta, quizás era su imaginación o era un delirio temporal, pero lo encontraba más guapo aquel día. Desde que se sentaban juntos, no podía concentrarse en las clases, porque no podía evitar no mirar a su lado, escucharlo respirar tan cerca, sentir su voz, verlo dormir y bostezar, todo parecía enamorarla aún más de él. Suspiró, debía concentrarse y olvidar su existencia, pero no podía, porque incluso cuando intentaba prestar atención a la profesora, podía mirarlo por el rabillo de sus ojos.

—Echizen Ryoma ¿Puedes leer la siguiente página? —Sonrió la profesora.

—Está bien.

Ryoma siempre debía leer en clases, parecía que los profesores se emocionaran, de cierta manera cuando lo escuchaban. Ellos se deleitaban con su aprendizaje, mientras que ella con lo brillante que era en todo, pero el inglés parecía ser el ramo que mejor le iba. Tenía una pronunciación tan perfecta, era como escuchar un programa de televisión extranjero o ese tipo de películas inglesas que no podía comprender sin subtítulos, hablaba como si en otra vida hubiese nacido en América. Era como música para sus oídos, no le iba muy bien en inglés, pero cuando él leía podía entenderlo todo, tenía el don de la palabra, podía hipnotizar a todas cuando leía. Era como tipo de inglés británico, a veces creía que ni los propios americanos hablaban tan bien como él, no era como los ciudadanos japoneses que les costaba decirlo correctamente, sino que Ryoma podía sonar como si fuera extranjero. Había oído que se debía a su padre, como él era un tenista profesional, su familia se dedicaba a viajar por algunos años a América para jugar en los partidos, dado que siempre eran invitados. No obstante, había dejado de viajar como acostumbraban a hacerlo después de un tiempo, su abuela le había dicho una vez que era por otros asuntos más importantes, imaginaba que ese asunto tenía relación con sus hijos. Eso explicaría porque Sakura no dominaba ese idioma, no de la misma forma que él sí podía hacerlo.

Durante el entrenamiento se dedicaron a hacer ejercicios focalizados en algunas técnicas en particular, los cuales que fueron agotadores para todas. Al finalizar la tarde, la castaña se ubicó junto a las demás chicas del club a escuchar la información que les debía dar la entrenadora, relacionado con el viaje que harían. Mientras la entrenadora hablaba, sus ojos se desviaron sigilosamente hacia el otro lado del club, donde se encontraba Seigaku entrenando, podía identificar la silueta del capitán Tezuka hablando con el ambarino, no podía imaginar un mundo sin él…pronto se marcharía. Quizás estaba exagerando otra vez, pero pensar que lo dejaría de ver por unos meses, le dolía. A él parecía darle lo mismo, no estaba ansioso ni nervioso como sus compañeros por viajar, porque ya lo había hecho antes. Como los ex titulares eran tan buenos, su abuela los había invitado a unirse a ellos en el viaje, aún si por su edad ya no pertenecieran a la Preparatoria, les había permitido integrarse a dicho club, claro teniendo el consentimiento establecido por el director.

Agradecía que ese día no tenía turno, así podría descansar del duro entrenamiento que estaba llevando a cabo. Luego de darse una ducha corta, se dirigió hacia la salida sin esperar a nadie, dado que sabía tanto Ann como Yuzuki no estarían disponibles, porque debían hacer otras cosas. Pero entonces, vio a lo lejos como un chico de cabello negro la esperaba, parado junto al muro de la salida, pudo distinguirlo al instante por su uniforme de otra Preparatoria.

—Dan-Kun… ¿Cómo estás?

—Bien ¿Y tú?—Sonrió

—Bien, me sorprende verte aquí. Hoy no tenía turno, avisé en el trabajo por la práctica de tenis.

—Yo tampoco tenía, es sólo que…acabo de salir y pensé que tal vez podría acompañarte a casa.

— Está bien, no tenía con quien irme hoy ¿También tenías entrenamiento?—Sonrió la castaña, sentía que las palabras de Tomoka revoloteaban en su mente diciéndole que él la amaba. Sintiéndose nerviosa ante dicha situación.

—Sí, tenía práctica.

—Ya veo…

"Espera" La retuvo alguien sosteniendo su brazo, antes que fuera capaz de avanzar. De todas las personas que imaginaba, jamás habría pensado que nadie menos que el ambarino era quien la había detenido. No entendía que estaba sucediendo, además no podía creer que la retuviera en un lugar así, alguien podría verlo y malinterpretaría todo. Entonces se percató que no había nadie en verdad, la calle estaba completamente vacía.

—Ryoma-Kun… ¿Qué sucede?

—Lamento interrumpir sus planes, pero no puedes salir con él hoy. Tenemos que hacernos cargo del trabajo.

—Echizen-Kun no es lo que piensas. —Rió nervioso, su fría mirada comenzaba a asustarlo. —No íbamos a salir, sólo iba a acompañarla a casa. Eso es todo.

— ¿Eh? ¿El trabajo?—Preguntó incrédula, podían hacerlo en casa ¿Porqué tenía que detenerla en ese momento? —Pero... ¿No podemos ver eso después?

—No, el profesor dijo que debíamos ir a buscar el material. Él estaría esperándonos en su oficina, precisamente tras la práctica ¿Lo olvidaste?

—Oh es verdad. —Suspiró—Dan-Kun lo lamento, lo olvidé por completo ese detalle…nos vemos otro día.

—Sí, no te disculpes, yo vine aquí sin decirte nada. Además nos veremos mañana, donde siempre. —Le cerró un ojo.

—S-Sí es verdad, hasta mañana. —Sonrió, sintiéndose nerviosa por su mirada, no sabía por qué Dan comenzaba a cohibirla, quizás era las ideas erróneas que tenía Osakada de él, que ya no podía verlo como cualquier otra persona. Ella tenía toda la culpa.

Dan se alejó con una sonrisa, no fue capaz ni siquiera de despedirse de él a la distancia, porque apenas se marchó, Ryoma la jaló de la muñeca para que entraran al edificio, iba tan rápido que se sentía cansada. Sentía como si su mano se hubiera cerrado en ella, como si fuera el mango de la raqueta, la mantenía aprisionada como temiendo que se soltara. Lo siguió en silencio por los pasillos, agradecía que no hubiera nadie a esas horas, el edificio parecía tornarse de un color anaranjado en el interior de él, producto del crepúsculo exterior que se proyectaba en las ventanas como si fuera un talismán, tan hermoso como aquel objeto.

—Ryoma-Kun ¿Podrías soltarme? No pienso huir ni nada parecido.

—No estaría tan seguro de eso, si no hubiera llegado, de seguro te habrías marchado.

—Eso fue porque lo olvidé, pero ahora no.

—Está bien. —Suspiró, liberándole la muñeca de una vez. No quería aceptar que había olvidado que aún la sostenía —Entremos.

Al entrar a la sala de profesores, se encontraron con que el profesor aún los esperaba, sentado en su silla, leyendo una novela apasionante. Cuando sintió sus presencias, dejó el libro a un lado para sonreírles. Entonces les explicó lo que debían hacer y les entregó a ambos unos documentos con la pauta correspondiente, debían entregarlo la próxima semana, pero si lo terminaban antes mejor.

Tras despedirse, salieron de la Preparatoria con destino a casa. El sol comenzaba a esconderse, dejando atrás lo anaranjado del cielo, tiñéndolo de un color más oscuro. La castaña guardaba silencio mientras caminaban, sentía que habían pasado mucho tiempo desde la última vez que caminaban de ese modo, juntos bajo las estrellas. Lo miró de reojos, viendo como leía las indicaciones, parecía tan concentrado que no quería interrumpirlo. Era la primera vez que harían juntos un trabajo, temía que los resultados no fueran buenos como esperaba el profesor, considerando que él sabía más cosas que ella. Suspiró, debía pensar en cómo coordinarse con los tiempos, por un lado estaba el club y por el otro, el trabajo, no podía descuidar ninguno de los dos, por lo que esperaba que decidiera hacerlo pronto. Observó como guardaba con delicadeza el papel, a diferencia de ella que no era muy cuidadosa con ese tipo de cosas.

— ¿C-Cómo lo haremos?—Se atrevió a decir la castaña.

—Podríamos hacerlo cualquier día de éstos, pero depende del tiempo que tengas. Propongo que sea antes de la próxima semana, de ese modo estarás libre antes.

—Está bien, pero hay algo que no entiendo... ¿Porqué decidiste realizar el trabajo en lugar del examen? Estoy segura que te habría ido excelente.

—Es verdad, me habría ido bien de todas formas. No obstante, esta decisión no dependía sólo de mí, por lo mismo no podía elegir hacer el examen.

—P-Pero yo podría haber elegido hacer el examen.

— ¿Segura? No te veías preparada para él.

— ¿Eh? ¿Por qué lo dices? Sí estudie para el examen.

—Pero no como se debía. —Susurró—En lugar de estar preguntándome esto, deberías estar agradecida.

—Lo sé, pero me sorprende que hayas preferido hacer el trabajo. Más tomando en cuenta que puede no resultar. —Lo observó triste, sabía que no era apta para trabajar en equipo, menos con él. Sólo podía hacer bien las cosas con sus amigas—No haríamos un buen equipo, tú sabes más que yo.

— ¿Realmente es porque crees eso? ¿O hay otro motivo por el que no quieras hacerlo?

—Sí es por eso, además no nos llevamos muy bien…que digamos.

—No es un buen fundamento, no es necesario llevarse bien para hacer un buen trabajo. —Suspiró—Y si lo piensas, no nos llevamos tan mal.

—Tienes razón, pero no sé si esto resulte.

—Ese es tu problema, te predispones siempre a una desgracia. Puede que tengas razón en algunos aspectos, pero considero que podemos hacerlo bien. —Se detuvo para esperar el bus y se sentó en la banca. — Que no seamos compatibles en otras cosas, no significa que en esto no resulte.

"Otras cosas…" Pensó la castaña, sintió una opresión en el pecho con eso, sabía a lo qué se refería, sin duda hablaba de sus sentimientos…jamás sentiría lo mismo por ella. Pero tenía razón, debía dejar de lado lo que sentía por él, ya que no debía influir en lo académico. Era sólo un trabajo, por lo que no debería sentirse incomoda por estar junto a él, ni feliz porque al fin estaban juntos en eso. Eran sólo compañeros.

— ¿Cuándo lo haremos? Es que…tengo algunas cosas que hacer, por ello debo coordinar bien los horarios. —Habló, tratando de no mostrarse ansiosa por ello.

— ¿Qué tipo de cosas? ¿Saldrás con Taichi de nuevo?

—P-Pues…—No tenía que darle explicaciones, no sabía porque le hacía ese tipo de preguntas. Aún si el motivo de su ausencia no se debía específicamente a Dan, sino más bien por comprarle un regalo para navidad a él, podría ser una buena excusa. —Sí, tenemos planes juntos.

—Ya veo. —Musitó, levantándose una vez vio como el bus se aproximaba. —Me da igual el día, pero intenta que sea antes de la próxima semana. —Habló sin mirarla para subir al bus.

Durante el resto del viaje, permanecieron en silencio, parecía como si después de haberle dicho esas palabras, se diera por finalizada la conversación. Observó por la ventana triste, seguía recordando aquella frase que la había hecho estremecer, no entendía porque le dolía tanto, siempre había sabido que no eran compatibles…pero eso no cambiaba lo que sentía por él. El cielo estaba completamente oscuro, recién se había percatado de ello, era como si mientras hablaran de camino al paradero, todo hubiese desaparecido, incluso el clima se había cegado en ella. Ese tipo de situaciones, sólo le sucedían con Ryoma.

Se detuvieron frente a la puerta, Ryoma tomó las llaves de la casa para colocarla en la cerradura del portón. Karupin salió a recibirlo, maullando hacia él. Lo tomó entre sus brazos y lo acarició, se veía tan enternecedor que no pudo evitar sonreír al ver a esa escena, Ryoma era una persona completamente distinta frente a Karupin, dejaba de ser frío y se volvía inocente.

— Deberías entrar.

— Iba a hacerlo ahora —Susurró sonrojada, otra vez se había percatado de que lo estaba observando. —Cerró el portón tras ellos para dirigirse hacia él. — ¿Y-Y si lo hacemos esta noche?

—No lo terminaremos en una noche, pero podríamos comenzar hoy.

— ¿No te molesta?

—Para nada, pero tengo una condición.

— ¿Cuál?—Preguntó confusa, no le gustaban sus condiciones.

—Será en mi habitación.

— ¿Eh? ¿Por qué? Podríamos hacerlo en el comedor.

—No nos concentraríamos, además tengo todos mis libros allí.

—P-Pero

— ¿Tienes algún problema?—Enarcó una ceja

—No…—No podía involucrar sus sentimientos, era sólo un trabajo...Nada más, debía tranquilizarse. — ¿A qué hora?

—Después de cenar.

—Está bien, allí estaré.

No podía comer tranquila, quería que la cena se hiciera eterna y nunca terminaran de comer, nerviosa intentó concentrarse en los relatos de Sakura, desviando su atención de la cita que habían concretado. La castaña sonreía dando a conocer algunas materias (O ramos) que estaba teniendo en el Instituto que eran de su interés. Mientras Rinko veía la televisión. Comió su sándwich lentamente, dividiéndolo en todo tipo de trocitos que se llevaba a la boca, era una buena táctica para tardarse más. Nanjiro se quejaba del periódico con todo lo relacionado al alza de impuestos. Su corazón iba en crescendo, logrando que las voces de los demás se volvieran inaudibles frente a los latidos.

—Gracias por la comida. —Habló el ambarino, levantándose sin decir nada más.

Lo contempló a la distancia, viendo como su silueta desaparecía en la escalera, provocando que su corazón latiera con mayor intensidad. Tomó aire, no pasaría nada, no había de qué preocuparse. Producto de la ansiedad, terminó devorándose los pedazos de su sándwich, hasta acabar con él. "Tía ¿Quiere que le ayude en algo? Puedo fregar los platos, si desea" Le sugirió la castaña, pero Rinko se negó a su ayuda, diciendo que no era necesario. Por ello, se dispuso a seguir escuchando los relatos de la pequeña castaña con atención, pero con el paso de los minutos, dejó de hablar sobre el Instituto y dio anuncio que se iría a dormir. Nanjiro también había salido con su abuela al jardín, querían tomar aire fresco para platicar sobre el viaje. Suspiró, no podía perder más tiempo. Decidida subió las escaleras y se dirigió a su habitación, debía cambiarse el uniforme para ponerse ropa más cómoda.

Una vez que estuvo lista, se detuvo frente a dicha puerta de madera, esperando que su mano se atreviera a golpearla, su corazón latía a mil. Pero no iba a rendirse, extendió su mano y tocó la fría puerta para hacerlo, golpeándola con sus nudillos. Ryoma salió a los pocos minutos, ya lucía ropa casual, la misma que solía usar los fines de semana. Caminó con cautela, temiendo que apareciera algún fantasma o una fuerza sobre natural que no la dejara salir más. Su habitación estaba ordenada, de la misma forma que la recordaba, estaba rodeada de libros, parecía una biblioteca con cuadros de honores, todos sobre él. Justo en el centro había un escritorio, imaginaba que ahí realizarían el trabajo. En un costado de la ventana, había una pizarra trasparente, se preguntaba de donde la había obtenido, parecía valer demasiado.

Ryoma se sentó en el escritorio, analizando los libros que habían sobre el mesón, cada uno parecía llevar el mismo nombre, pero con contenidos completamente distintos. Al parecer eran tomos, porque se veían como continuaciones. No sabía si sentarse junto a él o no, estaba tan nerviosa que permanecía en la misma postura. El sólo hablaba sobre lo que iban a hacer, ignorando la figura inmóvil que no se apartaba de la puerta cerrada.

— ¿Vas a permanecer ahí toda la noche?—Preguntó, mientras hacia unas anotaciones en la hoja.

—N-No…

—Entonces deberías acercarte, hay mucho que hacer.

Asintió sin decirle nada más, dejó sus cuadernos en el escritorio y se sentó en la silla más lejana junto a la mesa, inconscientemente se alejó de él. No debía estar tan cerca, no era necesario si podían trabajar de tal manera.

—Vas a tener que acercarte más, Ryuzaki. Debemos trabajar con los apuntes.

— ¿Y-Y si nos dividimos las partes?

— ¿Leíste la pauta? No podemos hacer eso, no se trata de un simple cuestionario, es más complejo que eso.

—Está bien. —Acercó su silla a él. No estaban tan cerca, pero al menos ahora podrían compartir los mismos apuntes. — ¿Así está bien?

—Olvídalo, yo lo haré. —Anunció acercando su silla hacia ella, ignorando su reacción. —Bien, comencemos. Siguiendo lo que señaló el maestro, estuve pensando en los objetivos generales del trabajo y los específicos, debemos tener en cuenta ambos, pero más los últimos. Leyendo esto, establecí un marco conceptual de lo que podemos hacer de manera estructurada. —Le mostró una hoja que había escrito. —Primero debemos hacer la introducción, en relación a la materia que hemos visto en clases. Es decir lo que el maestro nos está pidiendo es que relacionemos lo que él nos ha enseñado en clases con algunos textos. Qué son estos, los ha señalado.

—Ya veo…

—Antes de comenzar, quiero saber tu opinión con respecto a esto.

— ¿Mi opinión con respecto al tema?

—Sí ¿Cómo relacionarías estos textos con la materia? Si tuvieras que hacer una parábola entre ambos.

—E-Esto… ¿Qué es parábola? —Rió nerviosa.

—En este contexto es una comparación o semejanza. Quiero decir, necesito que establezcas una relación entre esas dos variables. Necesito saber tu opinión, para poder complementarla con la mía y así unir nuestras ideas. Teniendo ambas ideas en cuenta, sabremos qué hacer.

—Está bien.

Basándose en la materia, realizó un esquema sobre la forma en cómo ella entendía todo, no era tan estructural como el suyo, era más simple que eso, pero a través de él pudo enfatizar los temas de real importancia para relacionarlos con lo visto en clases. Ryoma la escuchó atentamente, analizando sus reacciones y asintiendo a las ideas que planteaba, no estaba tan equivocada como pensaba, tenía buenos razonamientos, por lo que no sería tan complejo unir sus conocimientos para realizar el informe.

—Bien, estoy de acuerdo con tus puntos de vista. Mientras hablabas, estuve pensando en cómo podríamos hacer esto. —Se aclaró la garganta. —Deberíamos dividirnos para trabajar más rápido, sé que lo habías mencionado antes, pero no estaba seguro de que resultara. Sin embargo ahora escuchando tus argumentos, pensé en una buena estrategia para avanzar más rápido. —Realizó un punteo en su cuaderno. — Sí tenemos que abordar la historia de Japón, relacionándolo con los textos, es necesario manejar bien los conceptos mencionados en él, por esto he pensado que deberías comenzar haciendo la introducción—Se dirigió a ella, viendo que no había dicho una sola palabra de lo acontecido. — Imagino que sabes cómo hacerla.

—P-Pues sí, debería comenzar centrándome en la idea principal del informe…luego hacer un breve resumen de lo que haremos y finalmente plantear las interrogantes ¿O no?

—mmm sí, pero falta algo fundamental. Antes de que menciones la idea principal, debes contextualizar la historia. Es decir, hablar acerca del pasado y luego el presente. Para así hacer lo que planteabas. —Tomó el libro para abrirlo en la página indicada. —Yo me encargaré de lo que el autor quiere plantear, para poder dirigir el resto del informe. Si tienes alguna duda, me preguntas.

— Está bien, lo haré.

Se dedicó a hacer la introducción, mientras a su lado el ambarino se encontraba escribiendo otras cosas. Cuando terminó, escuchó el resumen que había hecho de los textos, para seguir con lo demás. Habían decidido que no terminarían todo, que dejarían otros puntos para otra noche, pero ninguno de los dos recordó el acuerdo y siguieron sin detenerse.

Noches como esa, le recordaba a cuando se quedó en su habitación ayudándole a estudiar para el examen, sentía como la misma sensación de nerviosismo y a la vez felicidad. Las manecillas del reloj iban avanzando, llegando a ser la media noche, la premura del tiempo era misteriosa. Rinko que se había percatado de lo que hacían, apareció en su habitación a los minutos después, llevando una bandeja para ambos con comida. En un principio Ryoma se molestó por ello, sin embargo retractó sus palabras cuando notó que su estómago estaba hambriento y adicionalmente a ello, necesitaba café para luchar por no quedarse dormido.

Se detuvieron alrededor de las tres de la mañana, Sakuno estaba exhausta no era capaz de seguir a esas horas, por lo que sugirió que siguieran otro día, sin mencionarle que debía trabajar al día siguiente.

—Si quieres puedes ir a dormir.

— ¿Eh? Pero ¿Y qué hay de ti?

—Lo haré después. —Bostezó el ambarino. —Queda tan poco que podría terminar con lo que queda. Así otro día, nos encargamos de revisarlo y vemos los detalles.

—Sí es así, te acompañaré.

—No es necesario, ya has hecho un buen trabajo…puedes irte.

—P-Pero no puedo dejar que lo hagas todo.

—Podemos reunirnos para hacer la conclusión, pero por ahora voy a terminar el desarrollo.

—Yo puedo hacerlo…deja dormir unos minutos y volveré.

— No te preocupes por mí, mañana estarás cansada.

—Leí en el periódico que era recomendable dormir 15 minutos, podría hacer eso.

—No creo que despiertes después.

—E-Entonces…me quedaré aquí. —Se acomodó en el escritorio, apoyando su cabeza entre sus brazos. —Dormiré quince minutos y despertaré.

—Eres tan testadura. —Suspiró. —Bien, si te vas a quedar aquí…deberías dormir en mi cama.

— ¡¿Eh?! ¿Por qué?—Exclamó, su corazón latió tan deprisa que el sueño desapareció en un instante.

—Porque si te quedas ahí, pescaras un resfriado. Además… me estorba que estés en el escritorio. —Se levantó y tomó una manta de color azul que estaba doblada en el armario para dejarla sobre su cama.

— ¿De verdad quieres que…me duerma ahí? —Caminó hacia él con las mejillas color carmín.

—Preferiría que te fueras a tu habitación a dormir, pero como no queda otra alternativa…creo que es lo mejor. —Extendió la manta sobre el colchón y esperó que se acercara. — ¿Porqué dudas? No haré nada, deberías dejar de fantasear con que pasará algo. No te he dado motivos para que pienses eso…

—Lo sé, es sólo que siempre me engañas…—Gruñó, de nuevo le estaba recordando cosas que no quería oír. —y temo que esto sea otra de tus bromas.

—No lo es, confía en mí. Estaré ahí haciendo el trabajo y no haré nada más. No me burlaré de ti, ni me aprovecharé de la situación.

—Está bien…te creeré. —Susurró, dejándose caer en la cama y envolviéndose en la manta que le había traído. —Despertaré en 15 minutos.

Cerró los ojos para dejarse llevar por el sueño, ignorando al ambarino que ahora le daba la espalda para ponerse a trabajar. Podía oler el aroma a Ryoma en todas partes, no sabía si era la manta o el colchón, pero era un aroma agradable.

Despertó encandilada por una misteriosa luz, cuando abrió los ojos se percató que ya había amanecido ¿En qué momento? Iba a dormir quince minutos… ¿Porqué no la había despertado? Quizás que horas eran, además por su causa tal vez ni siquiera había podido dormir. Al voltear hacia el escritorio, se percató que alado de una pila de libros, se encontraba el ambarino durmiendo profundamente, apoyado entre sus brazos. Se levantó con cuidado para caminar hacia allí, junto a él se encontraba una hoja con el trabajo terminado, ni siquiera se había molestado en esperarla para la conclusión, pero no podía enfadarse porque le había quedado bien. Se preguntaba a qué hora se habría dormido, para darse el trabajo de hacer todo eso. No tenía deseos de despertarlo, lo mejor sería dejarlo dormir lo suficiente para ir a la Preparatoria…cuando recordó eso, sus ojos se movieron simultáneamente hacia el reloj para fijarse en la hora, no era nada menos que las diez de la mañana. Era tarde, se habían quedado dormidos. Debía despertarlo.

—Ryoma-Kun…despierta. —Lo movió, pero tenía un sueño tan profundo. —Ryoma-Kun es tarde…despierta.

—Ryuzaki…—Susurró confundido.

—N-Nos quedamos dormidos, es demasiado tarde.

— ¿Qué hora es?—Preguntó exaltado.

—Las 10:00.

— ¡¿Qué?! —Se levantó tan deprisa que la asustó, dando zancadas hacia el reloj se percató que era verdad. — Nos deberían haber despertado…—Gruñó, infiriendo que su madre lo había hecho a propósito.

— ¿Q-Qué haremos? Es demasiado tarde para ir…además la maestra de ciencia puede castigarnos.

—Es verdad. —Suspiró y miró hacia la ventana tratando de pensar en algo, estaba tan cansado que no se le ocurría nada. Y peor que eso sentía frío—Podríamos ir durante el descanso, creo que en ese horario podemos pasar desapercibidos.

—Estás temblando… ¿Te sientes bien? ¿A qué hora te dormiste?

—No lo recuerdo. Pero no te preocupes, debo estar temblando por haber pasado la noche ahí, es normal.

— ¿No te habrás resfriado?

—Ya te lo he dicho antes, es difícil que yo me resfrié… —Estornudó—No me mires así, fue nada más que una mera coincidencia.

— ¿Y sí lo estás ahora? —Se acercó a él para tocar su frente, dejando a un lado sus miedos de hacer algo así. —Estás hirviendo—Y luego tocó su cara, también lo estaba...su corazón se aceleró cuando notó su mirada. —Deberías decirle a tu madre, no puedes asistir en esas condiciones.

—Ni lo pienses. —Posó su mano sobre la suya, la que aún descansaba en su mejilla—Mi madre es estricta en ese tipo de cosas y no quiero que crea que lo estoy, porque debo ir a la Preparatoria.

—Ryoma-Kun…

La puerta se abrió de pronto, justo la persona en la que estaban pensando, apareció frente a ellos. "Oh lo siento ¿Interrumpo algo?" Sonrió la castaña, logrando que ambos se sonrojaran y se alejaran entre sí. No lucia sorprendida por verlos ahí, aún sabiendo que horas eran, pareciera como si estuviera consciente de que se habían dormido.

— ¿Ya han despertado?—Sonrió.

—Sí ¿Porqué no nos despertaste?—Frunció el ceño el ambarino.

—Porque no quería molestarlos, además se quedaron toda la noche en vela, no podía permitir que fueran en ese estado.

—Iremos de igual modo. —Bufó

—Sobre eso, tía. —Susurró la castaña, dudosa sobre decirle la verdad o no.

—No te atrevas, Ryuzaki. —Susurró Ryoma, tratando de detenerla.

— ¿Qué sucede?—Preguntó Rinko confundida. — ¿Alguien no está en condiciones de ir?

—Sí, de eso quería hablarle.

— ¿De quién se trata? ¿Eres tú? Sakuno.

—No, se trata sobre…

—No es momento para hablar de esto, necesitamos prepararnos para ir a la Preparatoria. Por lo mismo ¿Podrías dejarnos solos un momento? Para poder organizar el informe.

—Por supuesto. —Sonrió Rinko.

—N-No espere tía, Ryoma necesita quedarse en casa. —Dijo por fin.

— ¿Porqué? ¿No te sientes bien? Ryoma.

—Estoy bien. Ryuzaki sólo está preocupada porque no dormimos lo suficiente, pero no hay nada de lo que debas preocuparte.

— ¿Estás seguro que es eso?—Se acercó a él para cerciorarse de lo que decía.

—Estoy seguro.

Rinko tocó su frente, haciendo el mismo gesto que hizo la castaña, descubriendo que efectivamente Sakuno tenía razón.

—Opino que deberían quedarse, para que descansen bien. —Sonrió. —Sakuno, si deseas puedes ir a comer, tengo la mesa servida.

—Está bien, voy ahora.

No quería faltar aquel día, pero estaba de acuerdo con Rinko debían descansar, más considerando que por la tarde tenía que ir a trabajar. Observó al ambarino por última vez, parecía enfadado con ella, pero era lo que menos le importaba, debía mejorarse. Tras dirigirse al pasillo, escuchó como Rinko le ordenaba a su hijo que se fuera a dormir enseguida.

Luego de comer, fue a dormir a su habitación para descansar de la noche de estudio. Ahora que habían terminado el trabajo, sólo faltaba ver los últimos detalles, gracias a ello podría ir en paz a la cafetería.

Dan la había llamado, pasaría a buscarla para que fueran juntos, por lo que debía esperar su llamado. Estaba cepillándose el cabello, cuando sintió la voz de Rinko tras ella, llevaba una bandeja con una taza de té y un sándwich, infirió que era para él. Y no estuvo equivocada, quería pedirle si se la podía llevar, porque ella iba a llamar a un doctor para que lo viera. Asintió sin negarse a su mandato, debía ayudarla de vez en cuando, pero debía admitir que había estado evitando acercarse a esa habitación por lo que había hecho.

Tocó la puerta con cuidado para anunciar que iba a entrar, porque para su sorpresa ya estaba abierta. En el interior de la habitación, se encontraba el ambarino acostado en la cama, leyendo una revista aburrido. Cuando la vio, apartó la revista para sentarse y evitar su mirada, era su culpa que estuviera así.

—Tu madre me dijo que te trajera esto. —Lo dejó sobre su regazo.

—Gracias.

— ¿Cómo sigues?—Le preguntó aun cuando no le dirigía la mirada.

—Sigo igual.

—Ya veo…van a llamar a un doctor para que venga a verte. —Musitó, viendo que aún no quería mirarla. —Sé que estás enfadado conmigo, pero no podía permitir que fueras en ese estado a la Preparatoria….Bueno, espero que te mejores.

— ¿Vas a algún lado?

— ¿Eh? ¿Por qué lo preguntas?

—No luces casual.

—Ah, sí tengo que salir.

— ¿Con Taichi?

— ¿Por qué quieres saberlo?

—Por nada.

—Dan-Kun ¿Te desagrada también?

—No he dicho eso, es sólo que me sorprende que de pronto quieras verlo todos los días. —Suspiró—Pero eso no tiene nada que ver conmigo.

—Es verdad, no tiene relación contigo. —Susurró, aunque debía admitir que sentía que actuaba extraño hace unos días. El sonido de su celular la hizo reaccionar, al mirar en la pantalla se percató que era Dan. Le dio la espalda a Ryoma y contestó. —Bajo enseguida, espérame. —Colgó y se dirigió al ambarino otra vez. —Debo irme, espero que te mejores pronto.

—Ryuzaki…—Se atrevió a decir antes que ella saliera de la habitación—Gracias.

— ¿Eh? Por nada.

Luego de abandonar la habitación, bajó las escaleras para despedirse de Rinko y salir por la puerta. Dan la esperaba con una gran sonrisa, la saludó a lo lejos con un gesto de mano y le comunicó que tendrían que hacer horas extras aquel día, debido a la alta demanda que había con los clientes, debido a la época del año en la que se encontraban.

Rinko importuno los aposentos de su hijo, quien se encontró con que en verdad no estaba leyendo la revista, sino más bien estaba sumido en sus pensamientos. Le retiró la bandeja para preguntarle cómo se sentía, la fiebre había bajado, pero se veía decaído.

—Por cierto, Sakuno-Chan acaba de salir con Dan-Kun ¿Acaso están saliendo?

—No lo sé y no me importa.

—Pero ¿Se ven a menudo?

—Sí, todos los días.

—Ya veo, esto es malo…

—Es su vida, no deberías intervenir en ella.

—Lo sé, es sólo que…es tan extraño. Bueno me iré a fregar los platos, si necesitas algo me dices.

Asintió, viéndola salir.

El doctor fue a visitarlo, anunciándole que era un leve resfriado que debía ser cuidado, por lo que tenía que quedarse descansando, aunque fuera dos días de reposo. Como se aproximaba el fin de semana, podía aprovechar esos días para hacerlo.

Los días pasaron raudamente, Sakuno siguió asistiendo a su trabajo, aunque era agotador no le quedaba otra alternativa. Logró entregar el informe antes de la fecha correspondiente y tuvo que llevarle la materia a Ryoma, ya que pronto llegarían los exámenes finales. Cada tarde lo iba a ver, pero seguía actuando del mismo modo, distante y distraído.

Quedaban tan sólo un día para que llegara la navidad, Ryoma había regresado a la Preparatoria, gracias a su buena reputación los profesores lo habían tomado en cuenta, y habían permitido que rindiera los exámenes fuera de plazo. Era un estudiante excepcional que nunca faltaba a clases, por ello tenía permisos especiales. Terminó siendo nuevamente el estudiante con las calificaciones más altas en el semestre, como siempre. Mientras que ella, quedó en segundo lugar.

La castaña se encontraba en el centro comercial, debía encontrar el regalo perfecto para el ambarino, había decidido laborar para el veinticinco, como último día para después disfrutar de sus vacaciones. Sí le compraba algún objeto relacionado con el tenis, sería similar a cualquier otro regalo, quería darle algo especial. Recorrió las tiendas del centro comercial, buscando que podía comprarle, no estaba segura de lo que quería, sólo sabía que quería un obsequio distinto a cualquier otro que podría recibir. Entonces se detuvo frente a una librería, habían cientos de libros, pero de seguro tenía muchos de ellos. Hasta que se percató que uno de ellos, era un enorme libro de medicina, se veía interesante, sabía que Ryoma no estaba interesado en estudiar esa profesión, porque su padre había predispuesto su futuro mucho antes. Pero sabía tanto acerca de medicina, que sentía que debía estudiar cualquier cosa relacionado con la clínica. Ya que aunque él no se daba cuenta, ella podía notar que su sueño se inclinaba más a esa área específicamente.

Lo compró por impulso, sin siquiera pensarlo, era un tiro al aire lo sabía, pero esperaba que valiera la pena. Ya que les había comprado los regalos a los demás, era hora de regresar a casa.

Al llegar, se percató que todos estaban reunidos en el salón, Rinko llevaba unos regalos en sus brazos, los cuales iba ordenando bajo el árbol de navidad. Sakura colgaba las botas navideñas en la chimenea. Sumire preparaba la comida, y Nanjiro como nunca, ponía la mesa. Saludó a todos y dejó los regalos bajo el pino.

No era sólo navidad, por lo mismo la mesa no sólo tenía la típica cena familiar, también tenía un pastel de cumpleaños, el cual no era el que comían para noche buena.

Exploró el salón, intentando localizarlo, pero al parecer no estaba. Por lo que, se dispuso a ayudar a ordenar a la tía y servir la cena. A los pocos minutos, el ambarino bajó luciendo ropa casual, teniendo cara de pocos amigos. Quería saludarlo, pero infería que aún no era el momento. Se sentaron alrededor de la mesa para cantar cumpleaños.

Sakura comentaba sobre lo bien que le había ido ese semestre, mientras que Sumire presumía el viaje que tendrían el próximo año, y Rinko sonreía ansiosa porque ese día llegara. En cambio ella, no sabía de qué hablar, en lo único que había pensado todo el tiempo era en el trabajo, pero nadie podía enterarse sobre eso.

Como los regalos se abrían en navidad, considerando que era recién noche buena, debían esperar que llegaran las doce. O simplemente ir a dormir, para esperar que llegara el día siguiente, como solía hacerlo Sumire. Pero estaban bastante grandes para creer en santa Claus, por lo que no debían esperar necesariamente que él apareciera por la chimenea, sorprendiéndolos con regalos. Sólo podían disfrutar en familia y pasar un buen momento.

Quedaban pocos minutos para las doce, y Sumire con Nanjiro ya se habían apoderado de todo el sake, logrando perder el juicio de lo que hacían.

—Quiero brindar por mi hijo, muy pronto terminará la Preparatoria y seguirá los pasos de su padre. —Sonrió Nanjiro, abriendo una botella.

— ¡Salud!—Sentenció Sumire. —Yo también, quiero brindar por mi nieta que está cada día más grande. Pronto podrá entrar a la Universidad y mantener a su abuela.

—Mi hijo está tan grande. —Sonrió Rinko que lo abrazó por sorpresa.

—Madre no debías hacer eso.

— ¿Cómo no podría hacerlo? Soy tu madre después de todo. Feliz cumpleaños, Hijo. Espero que haya sido un gran día. —Habló con dulzura Rinko, recordando cuando el ambarino era apenas un pequeño. —Por cierto ¿Quién quiere pastel?

—Yo, por favor. —Habló Sakura, esbozando una gran sonrisa.

—Está bien ¿Alguien más?—Miró a Ryoma.

—No, gracias. Iré a dormir. —Se levantó de la mesa.

— ¡¿Qué?! Pero si la fiesta acaba de comenzar. — Exclamó Nanjiro perturbado.

—No hay nada de que celebrar. No estoy de ánimos por ahora.

— ¿Porqué? Onii-chan, hay muchos motivos para celebrar.

—No pretendo arruinar su fiesta, ustedes pueden disfrutar sin mí. —Subió las escaleras. —Hasta mañana.

—Sakuno ¿No se lo has entregado?—Susurró Sakura curiosa, quizás eso podría cambiar su actitud.

—N-No, aun no. —Se sonrojó—Además no creo que sea el momento adecuado.

—Deberías intentarlo, después de todo…su cumpleaños es ahora, no mañana. No estaría mal que se lo dieras en la fecha indicada.

—Tienes razón, Sakura-Chan. Lo voy a intentar.

Se levantó de la mesa, anunciando que volvería pronto para conducirse hacia las escaleras, Sakura intentó distraer a los demás, mostrándole a Rinko sus calificaciones y hablándole acerca de las últimas noticias de la Preparatoria.

La castaña caminó por el pasillo, decidida a hacerlo, sostenía el regalo entre sus manos esperando que lo recibiera. Sabía que no estaba de humor para recibirlo, pero debía intentarlo como había mencionado Sakura. No perdía nada más que la dignidad y otras cosas. Tocó la puerta en silencio, pero no escuchó nada, por lo que se atrevió a girar la manilla para entrar a ella. Ryoma se encontraba acostado en la cama, leyendo algo que no distinguir, era un libro, pero no sabía de qué.

— ¿Qué quieres? Ryuzaki.

—Y-Yo…no entiendo porqué motivo estás así, pero como hoy es tu cumpleaños. —Se acercó hacia él, esperando que la mirara. —Te he comprado algo.

—No entiendo porqué lo hiciste, además ¿De dónde has sacado dinero?

—Lo hice porque…en verdad quería hacerlo, quizás estés pensando que no es un buen fundamento, pero simplemente lo hice. Y sobre el dinero, bueno es una larga historia…tiene relación con Dan.

— ¿Le has pedido dinero?

—No he hecho eso, este dinero es mío. Es sólo que él me ayudó a adquirirlo.

—Ya veo…no pensé que fueras de esas personas.

— ¿Eh? ¿De qué estás hablando?

—Sobre Taichi, estabas saliendo con él a cambio de que te diera dinero por ello…debí imaginarlo.

—No es así, no hemos estado saliendo.

—Entonces ¿Has hecho cosas peores?

— ¡No soy como esas chicas!—Gruñó—No sé por qué crees eso de mí, yo no jugaría con los sentimiento de las personas por dinero. Se nota que no me conoces.

—Es verdad, no te conozco en lo absoluto, Ryuzaki. —Dejó su libro a un lado para mirarla y se sentó en la cama. —Eres tan extraña, a veces.

—No sé de que hablas, no soy extraña. Pero yo tampoco te conozco y creo que jamás lo haré, eres imposible. —Dejó caer el regalo al suelo. —Estoy cansada de caer siempre en tus juegos, en tus mentiras y en tus mascaras, siempre actúas ser quien no eres, ya estoy harta de esto. Bueno, creo que como no te conozco ese regalo no vale nada, quizás ni siquiera te sirva de algo. —Gruñó y sintió deseos de llorar. —No sé porqué me esfuerzo tanto por tonterías, trabaje tan duro estas semanas, no tienes ni idea, pero no importa. No lo volveré a hacer, no volveré a caer.

—Es divertido, lo dices tantas veces…y parece que ni tú misma puedes cumplirlo. Siempre vuelves a caer, terminas creyendo ideas erróneas de mi. Hay algo que te tiene que quedar claro, Ryuzaki. Nosotros nunca estaremos juntos ¿Lo has entendido? Nunca.

—Lo sé, no tienes que repetírmelo. Lo he sabido desde un comienzo. —Sintió el sabor de sus lágrimas, descendiendo por su mejilla. —Pero es verdad, es divertido ¿No? Siempre vuelvo a caer, sigo amándote en vano. Porque soy tonta, es verdad. —Caminó hacia la puerta sin mirarlo. —Espero de hacerlo pronto. —Cerró la puerta tras ella.

Sakura la esperaba en el pasillo, ansiosa por saber que le había dicho, pero al ver su rostro de ese modo, se preocupó de inmediato. La castaña de ojos carmesí no fue capaz de decirle una palabra, tan sólo sintió deseos de correr lejos. Todo su esfuerzo se había ido por la borda, las palabras de la hermana del ambarino revoloteaban en su mente, diciéndole que él no la merecía, parecía que al fin del cabo tenía razón.

Enfadada por la situación, Sakura ignoró el humor de su hermano, y aún con sus advertencias, abrió la puerta para entrar a la habitación. Ryoma seguía en ella, sin haber movido un solo musculo, no tenía idea el daño que había hecho. El regalo de Sakuno permanecía en el suelo, tirado como si nadie se molestara en recogerlo. Aunque le había prometido que no le diría a nadie lo de su trabajo, la impotencia que sentía en esos momentos le impedía no hacerlo.

— ¿Qué sucede? Sakura.

— ¿Qué le hiciste a Sakuno?—Lo interrogó enfada.

— ¿Realmente importa?

—Por supuesto que importa, la he visto salir corriendo hacia la calle, se veía muy afligida. —Gruñó—No debería decirte esto, pero ya estoy harta de tu comportamiento, deberías valorar más lo que ella hace. Apuesto que ni imaginas de donde obtuvo ese dinero.

—Al parecer tenía relación con ese chico.

—Tiene relación, pero no fue prestada ni nada parecido. Ese chico le encontró trabajo, y ella aceptó ir. Estuvo trabajando en una cafetería durante semanas, tuvo que arreglárselas para tolerar la Preparatoria, el club y el trabajo. Incluso tuvo que tolerar burlas, chicos tontos que la molestaban cuando era mesera. Lo sé porque la seguí en diversas ocasiones.

—Parece que se han hecho grandes amigas. Te preocupas demasiado por ella, pero no creo que haya tomado esa decisión por mí.

—Estás equivocado, porque sí lo hizo por ti. Lo hizo porque quería comprarte algo, pero no tenía el dinero suficiente para hacerlo. Por eso, se decidió a hacerlo.

—Eso no puede ser cierto…aún si trabajara con Taichi, se veían todos los días y se reunían para ir a un lugar.

—A la cafetería, todo el tiempo fue a eso. —Bufó—Siendo honesta, le había dicho a Sakuno que se rindiera, porque no entendía como era capaz de amar a alguien que ni siquiera la valoraba, pero no podía hacerlo. Puede que tal vez nunca las vayas a amar, puedo entender eso, pero no comprendo por qué eres como eres. Es un ser humano ¿Lo sabías? También sufre y tiene sentimientos, no deberías tratarla así. Ella no es como tú.

— ¿Estás diciendo que no tengo sentimientos?

—Eso es lo que estoy diciendo, porque al parecer no los tienes. Ahora mismo lo has demostrado, todo el mundo se preocupó por ti en este día, nuestra madre hizo el pastel y los demás se encargaron de que luciera hermoso, todo por tu cumpleaños. Pero si ni siquiera puedes valorar a tu familia, no puedo esperar nada más de ti. Me has decepcionado, onii-chan.

Dicho esto, Sakura abandonó la habitación dando un portazo. Ryoma observó el regalo que había junto a él y lo abrió, era un libro exclusivo de medicina, había oído que era muy caro. Demasiado para que ella lo hubiese adquirido, además habían unos guantes, y una nota: "Ryoma, puede que tengas este libro, como tienes muchos más. Pero cuando lo vi, me acordé de ti. Me gustaría que estudiaras algo que realmente te guste, no que sigas los pasos de tu padre, deberías hacerlo más bien por ti mismo. Me he percatado que tienes muchos libros de medicina. Quizás sea una locura, pero pienso que cuando ves libros así, tus ojos brillan de la misma manera que lo haces por el tenis. Tal vez esté equivocada, pero pienso que serías un buen médico, te imagino en ese campo. Si no es lo que esperabas, lo lamento. No quería comprar algo tan sencillo como una pelota o una raqueta, pensaba en algo que realmente fuera a ayudarte a entenderlo todo. No estoy desvalorizando el tenis, es sólo que considero que en el presente, lo que más te inquieta es esto…tu profesión y el futuro. Bueno, espero que hoy haya sido un gran día. Te deseo un feliz cumpleaños."

No podía pensar en nada más, tomó su abrigo que estaba colgado y salió por la puerta, debía encontrarla.

Iban a ser pronto más allá de las doce de la noche, Sakuno transitaba por los alrededores de un parque, sentía mucho frío, no se había percatado que había huido sin haber pensado en trae su chaqueta. Se acarició las manos, tratando de hacer calor, tenía los pies tan helados que temía pescar otro resfriado. Se detuvo frente a un columpio lejano, no había nadie a esas horas de la noche, debía sentir miedo por la soledad, pero estando dentro del condominio estaba segura.

No podía evitar sentir una opresión en el pecho, era un dolor tan grande que le provocaba angustia. Se sentía culpable de lo que sucedía, ella misma se lo había buscado ¿Qué esperaba? ¿Acaso que él le agradeciera por ello? Bueno, quizás si buscaba eso, buscaba llevarse bien con él. Pero se había equivocado otra vez, porque era una tonta. La discusión que había tenido con él, parecía reproducirse una y otra vez en su mente, perturbándola de tal manera que sentía deseos de desaparecer. Sin embargo, estaba a salvo en ese lugar, lejos de esos gritos y esa fría mirada que le había dedicado. Pero aunque todo estaba bien, no podía olvidar ese sabor amargo por lo sucedido. Suspiró, pronto sería navidad y ella seguía ahí, llorando bajo la neblina. El suelo estaba blanco por la nieve, pero se alegraba que al menos en ese entonces, sólo reinara un clima frío, en lugar de una tormenta de nieve.

Sintió unos pasos acercarse a ella, logrando que su corazón latiera más y más, producto de la neblina cegadora, no podía distinguir quién era. No obstante, conocía esa respiración y ese sonido que emitía cuando estaba cansado. Una vez que apareció, no hubo más dudas ¿Cómo la había encontrado? Eso no importaba, no quería estar ahí. Se levantó del columpio y corrió lejos de él, pero fue detenida por su mano que tomó con fuerza su brazo.

—Ahora que te encuentro, quieres escapar. —Tomó aire.

—Déjame, no quiero hablar contigo.

—Yo sí quiero hacerlo, Sakura me contó sobre lo sucedido.

— ¿T-Te contó todo?

—Sí, lo de la cafetería y lo de…su relación con Taichi. Ahora entiendo, porque lo mencionaste. —Se acercó hacia ella y la soltó, sabiendo que con eso no escaparía. —Yo…lo siento, no debí hablar así de ti. Entiendo que estés enfadada, te esforzaste tanto y yo te pagué así. Lo lamento, Ryuzaki. No quería hacerlo.

—Eso te intentaba decir…pero no me escuchaste, no sé si pueda creer de nuevo. Si te perdono, estaría cayendo en tus redes otra vez ¿Verdad? Lo mismo que mencionaste, pero no volveré a hacerlo.

Aprovechó el momento para apartarse de él, viéndolo distraído, pero no fue suficiente porque logró detenerla y la estrelló contra sí.

—Olvida lo que dije, hablé sin pensarlo. Por cierto, gracias por el regalo.

—L-Lo abriste…—Susurró, ocultando su rostro en su espalda, no quería verlo. Sus mejillas ardían en rojo— No pensé que te gustaría, no es un regalo muy…

—Es perfecto, me ha gustado. Creo que estaba equivocado, puede que no me conozcas en algunos aspectos, pero eso no significaba que no sepas nada de mí. Porque si estoy interesado en la medicina, hace bastante tiempo…pero creí que nadie lo notaba.

— ¿De verdad?—Se apartó de él para mirarlo. —Pensé que era idea mía.

—No lo es, haz dado en el clavo. —Sonrió por un momento. —Lo mejor será que volvamos, es tarde.

—Sí, tienes razón.

—Ten, puedes usarlo por ahora. Los necesitarás. —Le entregó sus guantes.

Inesperadamente comenzó a nevar, pero no era una tormenta intensa, sino que era más bien agradable, era hermoso ver caer los copos de nieve sobre ellos, la hacía feliz.

No sabía si era por el clima, que la nieve se veía tan majestuosa que no podía dejar de contemplarla, o era porque estaba él a su lado. Tal vez sólo era una combinación de ambas.

Continuará….

Hola ¿Cómo están? Espero que muy bien, siendo las 2:10 am del día 10 de Agosto, estoy actualizando con 27 páginas.

Hace tanto frío que no tengo tiempo para corregirlo hoy, por lo que lo haré otro día.

No sé cuando actualizaré, ya que he regresado a la Universidad, así que estaré ocupada Pero prometo no ausentarme tanto.

Mi página de Facebook es Hinata-Sakuno fanfiction

Espero que les guste este capítulo y comenten.

Gracias por pasarse!

Qué estén bien Saludos!