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N/A: Los epílogos no siguen un orden temporal entre sí. De atrás para adelante, y de adelante para atrás. Así como la inspiración llega =)
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EPÍLOGO 03
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De Zivas y Dannys
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Danny observaba embelesado, con total ternura y devoción al pequeño paquete que tenía acomodado en sus brazos. Una manito diminuta aferraba con fuerza uno de sus dedos, mientras unos ojos increíblemente negros le devolvían la mirada. Era tan perfecto. Él acarició con el pulgar la sonrosada mejilla, maravillándose por su suavidad. Los instintos del pequeño tomaron el mando, y Josh movió su cabecita para intentar llevarse a la boca el dedo de su padre.
-Hey, acabas de comer… eres un glotón, ¿lo sabías? Es imposible que sigas con hambre – le susurró con una sonrisa.
Continuó murmurándole palabras sin sentido – en formal papaísmo – hasta que lentamente el bebé se quedó dormido entre sus brazos.
Danny se recostó en la silla, acomodando al bebé contra su pecho y meciéndolo rítmicamente. Estiró las piernas, intentando encontrar una posición más cómoda en la que relajarse unos minutos. Estaba agotado hasta los huesos. Había sido una noche larga, por decir lo menos. Por momentos, había sido un verdadero infierno. Ziva había estado casi 22 horas en trabajo de parto, contracciones tras contracciones. Ella había gritado, insultado, amenazado, llorado y rogado. Danny miró con orgullo y calidez a su mujer, que finalmente había caído dormida luego de amamantar a Josh por primera vez. Era una luchadora. Y él estaba tan enamorado que a veces dolía.
Unos suaves golpeteos en la puerta de la habitación anunciaron la entrada de alguien. Kono se asomó con una gran sonrisa estampada en el rostro.
-Hey, ¿Se puede? – Le preguntó en voz baja.
Él asintió con la cabeza - Sí, pasen – Y dijo "pasen" y no "pasa" porque si conocía a su peculiar familia en lo más mínimo, bien podía poner sus manos en el fuego para asegurar que estaban todos allí, esperando.
Y así como así, ingresaron uno tras otro. A Kono le siguió Chin, con Laura de la mano. Jules y Kamekona. Steve cargaba a Sarah contra su hombro. La sostenía con una sola mano con total seguridad, una mano que era casi tan grande como la niña. Super-Seal estaba en modo Super-Papá.
-Hoolaaa! -
-Ay, mira que ternura –
-Es taaan bonito -
-Oh mi Dios, mira ese cabello! –
-Es tan pequeñito –
-Sí, sé de dónde sacó eso – comentó Steven con una carcajada.
Danny por una vez, solo pudo reírse.
Steve le palmeó el hombro con la mano libre – Felicitaciones Danno – dijo con una sonrisa enorme.
-Gracias –
-Hey Danny, te traje comida – anunció Jules - ¿Cómo está Ziva? –
-Gracias. Está muy cansada, se durmió hace unos minutos. Lo hizo genial –
-¿Cómo lo llamaron? – preguntó Chin.
-Joshua Williams – Contestó él – Y viene con apetito de mi familia –
Todos rieron con ganas, y más exclamaciones de "ohhhs" y "aaahhhss" estuvieron a la orden del día cuando el niño bostezó.
-Acabo de darme cuenta Danny… me debes un "gracias" por haberte presentado a Z – bromeó Jules, que estaba abrazada a su marido.
Él la miró divertido.
-¿Ves? Ahí es donde estás equivocada, McGarrett. Tú no me presentaste a Ziva –
Ella frunció el seño ligeramente.
-¿Qué quieres decir? Fui yo, no Steven –
Danny rió suavemente, cediéndole el niño a Kono, que estaba excitada por cargarlo en brazos.
-No fuiste tú, y no fue Steven – negó complacido.
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H50
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Flashback
Si le preguntaban ahora, Danny tendría que confesar que se lo había visto venir.
El sabía.
Era pura lógica.
Ninja = Problemas.
Lo que no había tenido muy claro eran las dimensiones de lo que se le venía encima.
Pero iba a averiguarlo en menos de cinco minutos.
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Lo primero que visualizó de ella fueron sus largas, interminables, torneadas y bronceadas piernas descansando sobre la mesa del lanai en el patio de Steve. Si había algo que Danny admiraba en una mujer, eran unas piernas bien formadas. Le dirigió una mirada cargada de significado a Steven, que lo observaba divertido - Demonios – murmuró con total asombro.
Una vez que hubieron ido a su encuentro, Danny no pudo despegar los ojos de la recién llegada. Cuanto más la observaba, más fuerte era la sensación de alerta que estaba instalándosele en las entrañas. Había algo… algo terriblemente familiar en ella, pero no podía identificar qué era.
Era esa misma frustración que uno tenía al intentar recordar un sueño al despertar, pero sentir que se escapa sin poder detenerlo.
-Steve, Danny, esta es mi amiga Ziva David – Escuchó que introducía Jules – Z, te presento al teniente comandante Steven McGarrett y al detective Daniel Williams.
-Danny, por favor- solicitó, mientras se adelantaba y le tendía la mano – Un placer conocerla, señorita David –
Una lenta y calculada sonrisa se formó en el rostro de Ziva, mientras aceptaba la mano de él. – Hola Danny. Lo mismo digo. – Cuando ella clavó los ojos en los suyos, la alarma interna que continuaba en crescendo en el interior de él alcanzó nuevos niveles.
Esos ojos. Oscuros como zafiros, tan intensos que uno podía perderse en ellos. ¿A quién demonios le recordaban?
Ella rompió el contacto deliberadamente, se volteó y miró a Steve de arriba abajo. – Hola comandante, siento haber invadido su casa -
Danny estaba tan distraído, rebuscando en su memoria lo que fuera que se le estaba escapando, que no entendió una palabra de lo que ella estaba diciendo.
-No hay problema. ¿Vas a quedarte aquí?- preguntaba su compañero.
-No, no en realidad. Jules me alquiló un departamento a media cuadra de aquí, calle abajo. No quiero ser un estorbo –
Ese acento… ¿de dónde conocía Danny ese acento?Perdido en sus pensamientos, le dio un mordisco al sándwich que había sacado de la cocina.
-No es ninguna molest…- comenzó a decir Steve educadamente cuando Ziva lo interrumpió.
-Además no quiero entrar en alguna habitación y encontrarlos teniendo sexo. Jules hace demasiado ruido. – Concluyó ella.
Los engranajes de su cerebro de repente se activaron - "Haces demasiado ruido, Daniel" - La voz grabada en sus recuerdos lo asaltó y lo tomó totalmente desprevenido. Sintió como si la bola de una grúa de demolición le hubiera dado de lleno en pleno estómago.
MIERDA
"Parece que necesitas esto" – había dicho ella, ofreciéndole un whisky.
Cataratas del Niágara, casi 11 años atrás.
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H50
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