TITULO: El Fin Absoluto del Mundo.
AUTORA: clumsykitty.
GENERO: Pos yaoi, que otra.
PAREJAS: Puf, muchas.
SERIE: Yu-Gi-Oh.
DISCLAIMERS: Que cosas no, los personajes de YGO no son míos.
WARNINGS: Que conste, difícil el asunto, si no gusta no lean, pues. Que raro que estén leyendo esto si ya saben que encontrarán por aquí.
SUMMARY: Cuando la esperanza muere al último y el amor se marchita, el fin de todo se avecina. ¿Quién puede detener la catástrofe?
NOTA CLUMSY: Para la pequeña Goth que hace de las suyas también. Para Arashi que me ha dejado conocer una triste historia de amor verdadero.
Gracias muchas a quienes me leen y otras tantas a quienes me dejan un review por ahí. Gachias.
Things haven't been the same
Since you came into my life
You found a way to touch my soul
And I'm never ever, ever gonna let it go.
Hapiness lies in your own hand
It took me much too long to understand
How it could be
Until you shared your secret with me.
...(Secret, Madonna)
CAPITULO XXIV. SECRETOS.
-Bueno, ya que todos estamos reunidos, podemos empezar a comprender que está sucediendo. Tengo que recordarles una vez más que no aceptaré nuevas discusiones. Meiran le dará un tiro al primero que comience a discutir sin razón. ¿Estamos?
Todos asintieron en el círculo formado junto con Ozha que había tomando una piedra donde sentarse en cuclillas por sobre los demás, sentados cómodamente en cojines y comiendo algunos bocados que los Ishtar prepararan.
-Puedes comenzar –le dijo el Faraón.
La gárgola asintió, tomando aire para empezar a explicar.
-¿Cómo comenzar sino desde el principio de los tiempos? Hace ya eones cuando solo existía la esencia pura del Todo, llámenle como quieran. Quiero que la imaginen como una canción eterna de un solo tono sencillo pero armónico. Esa esencia hizo brotar una luz de la cual nació un dragón enorme y blanco, pero al hacerse esa luz también se creo la oscuridad como un reflejo de la misma esencia. Entonces nacieron dos dragones, uno de luz y otro de oscuridad, diferentes pero que se complementaban. Más sin en cambio, no estaban unidos, ambos volaban en planos diferentes hasta que sus mismas esencias se cansaron de volar solas y entonces se dieron ala búsqueda de aquello que no eran y por lo tanto les hacía falta. Ahí se creó el Ouroboros, cuando ambos dragones se enlazaron.
Era el ciclo mismo de la vida y de la muerte, el caos y el equilibrio. El Ouroboros al ser tan poderoso, hizo brotar vida consciente de sí misma. Los primeros en nacer fueron lo que conocemos como dioses. Reyes absolutos de la creación. De entre esos dioses hubo uno cuya oscuridad fue alimentándose por el deseo de ser lo único en toda esa alquimia divina. Irkalla. Fue, digamos, como la nota que rompía esa canción armónica. Y se hizo tan fuerte que los demás dioses, que no eran muchos por cierto, empezaron a temerle. Se hizo la gran guerra.
Por esa batalla de los dioses fue que se crearon las cosas tal y como las conocemos… bueno, las que ustedes pueden ver. Pero Irkalla no fue vencido, él se retiró de la guerra y los dioses pensaron que había desaparecido. Solo fue un ardid del dios oscuro para planear su magistral proyecto de reinado. Esperó, observó, planeó todo desde las sombras mientras los demás dioses se dedicaron a gobernar aquellos territorios que tomaron al finalizar la guerra.
Entonces comenzó el primer movimiento de Irkalla, cuando hizo dividir a los dioses. Se creó el Inframundo y al ya no haber esa conexión entre la vida y la muerte, el Ouroboros perdió fuerza, oportunidad que Irkalla tomó para destruirlo, no así los dragones que le enfrentaron y se perdieron entre el tiempo y el espacio, heridos y confundidos. Dos almas gemelas separadas si quieren verlo así.
Su siguiente paso fue seguir los rastros de los dragones, siempre escondido en las sombras. Pasarían otros eones más antes de que pudiera ver la manera de cómo llevar a cabo sus planes. Y eso sucedió cuando un día, un antiguo sacerdote egipcio invocó las fuerzas del Reino de las Sombras. Irkalla posó sus ojos por primera vez en los humanos. Nuestra ruina. Les dio el poder y alimentó su soberbia a través de los milenios y ellos le servían sin saberlo en su plan maestro.
Estarán preguntándose, ¿qué tiene que ver el Reino de las Sombras con Irkalla? Es su patio de juegos, pequeños. Y entraron en él sin su permiso, pero lejos de enfadarle le dieron las herramientas para ganar esta batalla final. Irkalla susurró a los antiguos egipcios como crear los más fabulosos monstruos y cuando éstos mordieron el anzuelo, les dijo como fabricar objetos malditos que robaban la energía divina, pero que iban a saber ellos si Irkalla nunca les dijo eso. Entonces fue el momento vital, hizo que se llamara a los dragones. Y la primera víctima fue el dragón blanco.
Irkalla, el maldito dios oscuro ya había sellado el pulso vital del dragón en la sangre de la nieta de Abraxas, pero la hizo traer al mundo humano cual pieza de ajedrez. Otra parte del dragón estaba en un joven sacerdote. Y con su poder invocaron el cuerpo sagrado del dragón blanco. Estaba reuniendo las piezas en las barbas de los dioses que no se percataron nunca de su treta. Pero necesitaba romper el corazón del Dragón Blanco a como diera lugar, porque en caso contrario, podría despertar al otro dragón y volverse a unir con él. Eso casi sucedió, pero Irkalla arrancó el corazón del Dragón Negro cuando éste apareció para salvar a su otra parte. En ese momento, el Dragón Blanco comenzó a sentirse triste al perder a su mitad.
El dragón negro fue salvajemente destajado, su cuerpo arrojado a las arenas del tiempo, su alma sellada en una carta y su corazón tirado a los humanos. Que pasó después, lo desconozco, fue algo de lo que Irkalla se encargó a la perfección. De los dos dragones, es al Dragón Negro al que Irkalla teme más, ¿por qué? Porque su esencia es precisamente la misma de Irkalla. Si recuerdan algo de física, polos iguales se eliminan. Y el dragón puede lograrlo. E Irkalla lo sabe.
Tan bien se perdieron los rastros que Irkalla necesitó del sagrado Libro de los Muertos para seguir la pista de esas piezas selladas en almas humanas. Pero es paciente y prudente, y esperó a que los mismos errores humanos se repitieran. Y entonces vio la oportunidad en un millonario que estaba desesperado por revivir a su esposa perdida. Irkalla jugó con sus sentimientos y su mente. Se crearon dos cartas. Cartas Malditas, porque Irkalla les dio su propia sangre para cobrar vida. Y una vez más, el débil corazón humano se puso al servicio del dios oscuro.
Ozha abrazó sus piernas, suspirando.
-Kaho y Khura, sé que esos son sus nombres reales. Pero son almas consumidas por el odio. Irkalla esperó a que su corazón se ennegreciera en el Inframundo y los trajo de vuelta. Fueron humanos, sí, pero ahora son monstruos pero no por mano del dios oscuro sino por ellos mismos. Su deseo de venganza contra la raza humana no conoce límites. Si tan solo supiéramos que fue lo que los llevó a odiar con tal poder, podríamos tener una oportunidad contra ellos. Porque están con Irkalla por convicción, y no por esclavitud. Una cadena es más fácil de romper que una idea.
-Pero… -Mokuba gimió triste- Kaho… ella… ella siente… lo sé…
-Moki, como quisiera darte esperanzas pero las mentiras son lo que alimentan los planes de Irkalla. Kaho quizá pueda sentir algo. Quizá. Pero ese sentimiento está muy por debajo de su venganza.
-¿Qué venganza? –preguntó Serenity.
-Solo sé que comienza con el Faraón. No sé más, lamentablemente.
-¿Cuál es la relación de ellos dos como las Cartas Malditas contra los dragones? –inquirió Solomon.
-Bueno, las cartas fueron creadas con el objetivo de completar a Kaho y Khura. Es difícil verlo porque no es algo en secuencia como nuestra mente está acostumbrada a percibirlo. Las leyes de la lógica humana no se acercan ni un milímetro a Irkalla. Y están hechas para vencer los dos grandes obstáculos en su plan: el Dragón Negro y el Ouroboros mismo. Sabiendo que el dragón le odia por haber lastimado al Blanco, Irkalla le sustituyó con Khura. Conociendo que solo los dos dragones son capaces de formar el Ouroboros, Kaho lo creará con toda la magia que ha reunido todos estos milenios y revertirá su poder. La Luz no estará por sobre la Oscuridad, sino al revés. Por ello es que necesita devorar al Dragón Blanco una vez que éste muestre todo su poder.
-¿Y que pasará después? –Yugi se abrazó a Joey.
-Todo será destruido, consumido en el poder de Irkalla. Y el será el amo absoluto en completa libertad de formar a sus anchas su reino.
-Pero, ¿y los dioses?
-Bueno, Faraón. Ellos están ligados al Ouroboros, si éste es eliminado, ellos también.
-¡Argh! ¡Un momento! –Tristán se mesó los cabellos- A ver, ¿quién es Abraxas?
La gárgola sonrió.
-Es… Abraxas… no sé como explicarlo. No tiene explicación. Pero sé que heredó su poder en sus tres hijas, trillizas. En una tierra lejos de nosotros. Sé que hasta los dioses las persiguieron para hacerlas sus esposas pero ellas siempre escapaban de sus tretas. Deberían seguir vivas… pero… sospecho que Irkalla mismo las eliminó por conveniencia.
-¿También podían vencerlo?
-No, Joey. Pero su descendencia no es algo que Irkalla quiera ver florecer.
-Cielos, que tipo tan pesado.
-Y a todo esto, ¿tú que pintas en esta historia? –quiso saber Tristán.
Ozha les miró a todos, deteniéndose un poco en Meiran.
-Bueno, yo… me di por investigar por mi cuenta que había detrás del secreto de las Cartas de Duelos… un fisgón en los planes del dios oscuro por tanto un problema a ser eliminado. Y me mató. Selló mi alma en este cuerpo de piedra y me hizo su mascota. He estado con él poco tiempo pero para mí han sido como si fueran milenios… no crean que porque estoy así he de vivir para siempre. Es una maldición por entrometerme en los asuntos de Irkalla. Poco a poco la piedra será mayor a mis recuerdos humanos y un día me convertiré en otra estatua más de su Palacio.
-Ozha… lo sentimos… -murmuró Ryou.
-Está bien, me lo merezco. Cuando anduve en mis investigaciones, descubrí el paradero del corazón del Dragón Blanco y eso Irkalla lo supo. Es mi culpa que haya dado con Seto.
Todos miraron a Seth de reojo. Joey bajó su mirada.
-Todo lo que han hecho hasta ahora solo obedece a los planes de Irkalla. No hay nada que él no haya previsto ya. La única manera de no caer más en sus tretas es ser… impredecible.
-Te hablan, Joey –bromeó Tristán.
La risa llenó la pequeña salita donde estaban reunidos. Las palabras de Ozha los dejaron meditando un poco después.
-Ozha… -le llamó Ishizu- ¿Seth es por completo el Dragón Blanco?
-Así es, Irkalla reunió todas sus partes y le hizo nacer de nuevo. Cosa que iba a traer en vivo y a todo color al poderoso dragón solo para ser comido. Sin embargo… bueno… esto sonará a melodrama barato pero es la verdad. Como el Dragón solo… ¿cómo decirlo?... solo ama al Dragón Negro y ese cariño es indestructible, si Irkalla iba a poner otro dragón como sustituto, tenía que romper el corazón del Dragón Blanco para que aceptase al nuevo… y mostrara su poder ante Irkalla por voluntad propia… pero este dragoncito es terco y no cedía a los ataques del dios… de ahí que tuviera que sufrir un poco más…
Ozha se quedó callado, mirando por fugaces segundos a Joey antes de volverse a Seth, con una sonrisa amistosa.
-El Faraón va a salvarle. Mientras podemos hacer que los dioses nos escuchen y vuelvan a crear el enclave principal de la creación para dejar la Rosa de los Vientos ahí para que Irkalla pierda algo de poder y al menos volvamos a tener nuestros mundos donde estaban.
-Cielos…
-¿Nisama… es un dragón real entonces?
-Pero no por ello dejo de ser tu hermano mayor –le sonrió el ojiazul a Mokuba.
-¿Entonces los Artículos del Milenio son malos? –habló Solomon.
-No… ya no, cuando el Faraón los selló en el Inframundo bajo la gracia de Osiris, digamos que se forjaron de nuevo, esta vez, sin manchas de maldad de por medio.
-Ozha, ¿sabes que sucede con Shashenka? –preguntó Marik, mirando a la joven rusa- Desde que hemos viajado para reunirnos con todos ustedes, no ha salido de su estado catatónico.
-Su mente… está perdida… nadie puede ayudarla sino ella misma –Ozha miró de nuevo a Meiran- Pero no hay que perder la fe.
-Entonces, ¿cuál es el plan?
Ozha bajó su mirada a Honkie en los brazos de Joey.
-Honkie y yo…
-¿Le entiendes?
-Honkie me ha dicho que lo mejor es que primero estabilicemos el poder del Dragón Blanco. Por cada vez que estalle en un desequilibrio, se debilita y es consumado por la maldición de Irkalla. No podemos permitirnos que vuelva a suceder. El Faraón me ha comentado que él se unirá a Seth en un ritual sagrado para usar su esencia como… catalizador, podríamos decir, y tener bajo control el poder del Dragón Blanco de Ojos Azules. Jejeje.
-Una boda…
-Bueno, más que eso, pero en resumen sí.
-HOOOOOOOOOOOOONK.
El plumífero ser batió sus alas y luego le dio un picotazo a Joey.
-¡Oye ya basta con eso!
-¿Qué tiene que ver el Ojos Rojos con Joey y con el malo ése? –inquirió Tea.
-Jejeje, creí que nunca lo preguntarían… bueno… el Ojos Rojos no es nada más ni nada menos que el cuerpo de aquel dragón del Ouroboros. Razón por la cual Kaho se lo robó a Joey.
-¿Y Joey? –fue el turno de Yugi para preguntar.
-El debería decirnos.
-¿Qué? ¡Pero no sé nada!
-Ahí radica el problema.
El grupo intercambió una mirada confundida, salvo el Faraón y Seth.
-Faraón, me parece bien entonces planear…
Ozha calló. Un fuerte sismo se dejó sentir. Aunque las paredes temblaron considerablemente, nada cayó al suelo o se quebró, gracias a la magia de Atemu. Honkie chilló y salió a toda prisa de la salita para ir corriendo hasta la salida, seguido por los demás. Una escena asombrosa les aguardaba.
Dos dioses estaban peleando entre sí y el choque de su poder creaba esos sismos que los sacudían.
-¡Ya hemos visto ese dios! –exclamó Serenity- ¡El Señor Makyo y yo le vimos!
-Un dios de la muerte…
-Pero, ¿y el otro?
Una especie de martillo grueso y pesado se dejó caer contra la guadaña resplandeciente. Truenos y rayos brotaron del golpe. El esquelético dios dio una bofetada al otro, envestido en una armadura de cuero y hierro. Un relámpago bajó a la mano del dios del martillo para herir al dios de la muerte. Esta vez el temblor fue mayor. Ozha se acercó al Faraón.
-¡Esto se pone peor! ¡Los demás dioses están aquí!
-Pero, ¿Qué no ya estaban?
-Los dioses de la vida… van a comenzar a destruirse entre ellos… -murmuró Atemu.
-¡AAAAHHH! –gritaron Tea y Serenity.
Una esfera de luz como fuego se expandió rápidamente alrededor de los dioses que peleaban, cubriendo y destruyendo todo a su paso. Atemu jaló a los demás dentro del templo antes de invocar un nuevo hechizo de protección usando su máximo poder justo a tiempo antes de ser consumidos por ese poder explosivo. Cuando todo pasó, el Faraón fue el primero en ver que había quedado de la pelea. Ambos dioses habían desaparecido.
-¿No… no se murieron, verdad?
-Lo siento, aibou, han desaparecido. Esto es lo que pasará a medida que vayan encontrándose.
-¡Pero sin dioses no habrá quien cree el sitio de la Rosa de los Vientos!
-Denle gracias a Irkalla –habló Ozha tras ellos- Ahora contemplan lo astuto que es.
-No dioses, no humanos. Todos derechito a la perdición –masculló Tristán.
-Aún no perdamos la esperanza. Estamos todos juntos, podemos hacerlo –les animó Atemu.
-Tan solo sean sinceros consigo mismos y con los demás. En el balance de las cosas correctas e incorrectas, pesen esta situación que no solo afecta a ustedes sino al resto de los humanos que ya quedan –les dijo Ozha, mirando a cada uno.
-¿Qué haremos? –Ishizu miró al Faraón.
-Preparar los ritos matrimoniales. En cuanto Seth esté a salvo, ambos podemos ir tras Irkalla. Ishizu, Marik y Odión, instruyan al resto de lo que debemos hacer.
-Sí, Faraón.
Todo estaba en silencio, una noche fría y muy silenciosa había caído sobre el templo. Ozha miraba al cielo sin estrellas, suspirando de cuando en cuando, acompañado de Honkie que igualmente observaba el firmamento en su regazo de piedra.
-¿Qué es lo que miras?
-Meiran, deberías descansar.
La detective se sentó junto a Ozha.
-He notado que me miras insistentemente.
-Perdona… no ha sido mi intención molestarte… solo…
-¿Stan?
-Ah… no, lo lamento, no soy Stan… soy aún mas viejo.
-¿Qué es lo que me ves?
-Mucha tristeza y desolación. Deseo por la muerte.
-Vaya que eres certero –Meiran le miró- Así es. Estoy cansada… y abatida…
-Meiran… yo… no deberías sentirte así… ¿y Shashenka?
-Ya la he perdido –respondió la joven con tono amargo- Ya no puedo salvarla.
-No digas eso. Aún hay esperanzas.
-Mentira. Por fin mi bailarina me ha soltado la mano…
Meiran apretó su mandíbula, haciendo retroceder unas lágrimas. Ozha le pasó un brazo por sus hombros.
-Lo que daría porque pudieras sentir algo de confort humano…
-No hace falta, ya no lo merezco de todas maneras. Estoy maldita.
-Hey, no…
-Y aún así le daría mi vida a Irkalla con tal de devolverle a Shashenka su felicidad.
-¡No! ¡No digas eso! ¡No sabes lo que estás pidiendo!
-Sí que lo sé… sí que lo sé…
-Meiran, no te deprimas así. Debes traer un poco de luz a tu corazón.
-Mi corazón se marchitó, Ozha. Todo lo que sentía se ha ido como esta ceniza al viento. Ya no tengo nada… solo quiero…
La gárgola cubrió su boca antes de que terminara, negando.
-Escúchame, no tomes decisiones adelantadas por cosas que hayan salido mal. Debes resistir. Tú eres lo suficientemente fuerte para saltar este obstáculo. Tú eres la fortaleza de Shashenka, si tú te derrumbas ella también morirá.
-… Enka…
-Una vez huyeron de las garras del destino y lo vencieron. Pueden volverlo a hacer.
-Me conoces tan bien.
-Por favor, Meiran. Lucha. Lucha.
-¿Yami?
-Adelante, aibou.
Yugi pasó a la recámara del Faraón, algo apenado.
-Quería disculparme.
-¿Disculparte? –Atemu se irguió de su asiento- ¿Por qué?
-Por haberte gritado y desconfiado de ti, antes… no debí…
-Está bien, aibou, no hay nada que disculpar.
-Es que… creí que estabas celoso y…
El Faraón sonrió con algo de tristeza.
-Lo dije una vez aibou, sin mentir. Tu felicidad es una de mis prioridades.
-Gracias, Yami. Yo también quiero que seas feliz.
-Estoy muerto, no creo que pueda lograrlo fácilmente, Jejeje. Pero gracias por el gesto.
-Yami… yo…
-¿Qué pasa?
Yugi bajó su cabeza, jugando nervioso con sus manos. Atemu se sintió realmente tentado a leer su mente pero prefirió respetar el silencio del chico.
-Siempre estaré ahí para ayudarte, Yugi. Después de todo, eres mi luz.
-Yami…
El Faraón se quitó el rompecabezas que llevara desde que Yugi fuera raptado, pasándolo a éste por su cuello. Yugi lo miró y levantó su vista algo llorosa.
-Confío en ti, aibou. Cuida de mí.
Ambos se miraron fijamente. Yugi gimoteó un poco antes de lanzarse al pecho de Atemu, aferrándose a él con fuerza y temblando un poco. La mirada del Faraón se contrajo un poco pero se contuvo, manteniéndose a duras penas sin alterarse. Una de sus manos acarició con ternura la espalda de Yugi.
-Yami… tengo miedo…
-Nada malo ha de pasarte… te lo prometo…
El pequeño se echó a llorar para sorpresa de Atemu que le tomó en brazos para acunarlo en su regazo, conmovido por las lágrimas de Yugi.
-Shhh, no llores, aibou… todo está bien… todo está bien.
Seth miraba atento a Mokuba quien dormía placidamente en su cama. Con especial cuidado le cepilló los mechones de su frente, como si temiera despertarle. Le contempló otro poco sin moverse antes de ponerse de pie y salir silencioso de ahí para ir al atrio donde buscó sitio en uno de los soportes de las delgadas columnas, abrazándose a sí mismo. Miró sus manos pálidas y sus ropas, con una expresión extraña y luego volvió su mirada al cielo negro.
-Seth…
La expresión de éste se endureció al escuchar su nombre en labios de Joey.
-Tienes prohibido dirigirme la palabra.
-Ya basta de eso, pareciera que Atemu te tiene atado con una correa.
-El de la correa es otro, infiel.
-¿Por qué tanto empeño en rechazarme?
Los ojos azules del castaño se clavaron ofendidos en Joey.
-No es tan mala idea estrangularte ahora mismo.
-Si tanto me odiaras como aclamas, no hablarías conmigo.
-Tienes razón.
Seth se puso de pie enseguida pero Joey le detuvo, jalándole de regreso.
-Espera, quiero que…
-Esperar ha sido algo que hecho por largo tiempo y por ti no lo haré, hereje. Ra sabe que tengo la razón. Busca a alguien más que escuche tus patéticos lamentos.
De un tirón, el castaño se zafó. Sin embargo, Joey ya no estaba tan dispuesto a quedarse como siempre con la palabra en la boca, así que se levantó tras el ojiazul para alcanzarle antes de salir del atrio, saliéndole al paso.
-Escúchame.
-Anubis maldiga tu alma pecadora.
-Todo lo que quieras, pero antes escúchame.
-Infiel, por última vez, apártate de mi camino.
-Seth…
Joey salió despedido, chocando contra un muro interior. Seth siguió su elegante camino lejos del rubio que se sobó su adolorida cabeza, maldiciendo todos los nombres de dragones que se le vinieron a la mente.
Miraba con mucho cuidado cada uno de sus cabellos plateados. Como si cada uno fuera una pieza diferente de arte que admirar. Arrodillándose frente a la cama, puso sus ojos a la altura del rostro de Ryou quien dormía algo intranquilo. Miskra torció una sonrisa y posó una mano en su mejilla.
-Despierta.
El joven albino se paró como rayo al sentir su mano gruesa sobre él. Pero poco pudo hacer cuando el general tapó su boca, impidiendo que gritara por ayuda. Ryou forcejeó con todas sus fuerzas pero nada consiguió sino agotarse bajo el duro agarre de Miskra quien rió bajito.
-No temas… aún… no he venido a matarlos todavía… más bien a un intercambio cultural entre tú y yo. Supongo que la compasión y tolerancia aún habitan en tu corazón, ¿cierto Ryou? –éste gimió asustado- Pero en fin, hay que hacer un poco de drama, de lo contrario no tendría la diversión suficiente como para que haya valido la pena mi viaje hasta aquí.
Miskra pateó con fuerza una silla, haciendo que se estrellara contra la pared. Ese ruido comenzó a despertar a los demás. Marik, uno de los primeros, saltó de la cama al ver al general sosteniendo a Ryou, casi asfixiándolo con su brazo.
-¡Faraón!
Los demás le imitaron, tomando el primer objeto que hallaran como arma de defensa. Miskra rió más alegre, acercándose a Ryou, tomando una de sus manos para manipularla cual títere.
-Adiosito…
-¡RYOU!
Miskra sacó una esfera reluciente que hizo resquebrajarse contra el suelo. El leve estallido de luz detuvo a los demás el tiempo suficiente para desaparecer. Atemu quien llegó en el momento junto con Yugi, gruñó al ver lo que había sucedido.
-¿Cómo pudo entrar? –exclamó airado.
-¡Ozha debió dejarlo entrar!
-¡Ah, cállense! ¡Estaba conmigo!
-¿Qué hacías con él, Meiran?
-Oigan…
-¿Qué le hiciste a Yugi, Atemu? ¿Por qué ha llorado?
-No, Joey, espera…
-¿Tú porque llegas detrás de Seth?
-Muchachos…
Honkie brincó a donde Ryou durmiera.
-¡HOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOONK! –chilló con todas sus fuerzas, estirando al máximo su cuello y sus plumas. Todos callaron.
-Honkie…
-¡HOONK! ¡HONK! ¡HOOOONK! ¡HOOOOOOOOOOOOOOOOONK!
El grupo se quedó impávido al ver como nunca antes a un Honkie más que furioso que sacudía bruscamente sus alas a la par que brincaba sin sentido, azotando de cuando en cuando su pico dorado contra la cama. Solomon suspiró.
-No hay que ser muy genios para adivinar que está diciéndonos.
-"Estúpidos cabezotas envidiosos y malcriados, Miskra se llevó a Ryou y ustedes peleando" –tradujo Ozha para todos.
-Mi barrera está intacta. ¿Cómo pudo atravesarla sin que me diera cuenta?
-Irkalla debió ayudarle.
-Eso es claro, Marik. Pero…
-¿Habrá llevado a Ryou al mismo sitio donde apresaron a Yugi? –preguntó Joey.
-El Palacio de Irkalla en tal caso.
-¡Tenemos que rescatarlo!
-¡Vamos!
-Todo con calma, Tristán. Preferentemente iremos pocos, para movernos más rápido y además porque Shashenka, Makyo, Solomon, Mokuba y Yugi deben descansar. Alguien tiene que cuidarlos –comentó Atemu mirándoles- Meiran, Tea, Serenity, Ishizu… ¿puedo contar con ustedes?
-Estoy de acuerdo –Meiran preparó su arma.
-Yo también me quedaré –intervino Ozha- Puede ser que intenten algo mientras ustedes no están, algo podré hacer.
-¡Honk!
-Y Honkie igual.
-Gracias. Ahora, el resto, venga conmigo.
Asintiendo, salieron de ahí para esperar a que Atemu llamara a Slaifer.
-Así le encontraremos más pronto. Aunque tengo la sospecha de que Irkalla nos dejará saber donde está.
-¿Por qué dices eso Faraón? –preguntó Marik.
-Es un ardid. Miskra esconde algo. Como en todos los planes del dios oscuro.
-Demonios, y nosotros sin comprender este revoltijo.
-Por eso Ozha habló de ser lo más sinceros, pues las mentiras y engaños consigo mismos nos perjudican y ayudan a Irkalla. Pero todo indica que lo único que tienen en mente es ser los mismos desgraciados seres acomplejados que se quejan de sus propios actos –habló Seth sin mirarles.
-Oye…
-No perdamos más tiempo.
Todos subieron al dios dragón que bajó a tierra. Joey miró unos segundos a Seth antes de trepar por el lomo escamoso y carmesí de Slaifer con un suspiro melancólico, mismo que fue observado por un par de ojos azules.
La habitación, lejos de parecer algún tipo de celda, lucía más bien como una cómoda salita de una casa normal. Ryou abrazó sus piernas mientras se reclinaba en uno de los anchos brazos del sillón donde se encontraba, mirando las blancas paredes que le rodeaban. La puerta de madera se abrió y Miskra apareció con una bandeja de té, lo que confundió aún más al joven albino, quien frunció su ceño.
-¿Quién eres tú? ¿Quién eres realmente?
-¿No me reconoces?
-Solías disfrazarte como el Director de la Fundación Fénix.
-Solía, como otras cosas.
-Eres el general malvado de ese dios oscuro, ¿no es así?
-General, sí. Malvado… no lo creo.
-¿Qué quieres de mí?
Miskra se paseó de un lado a otro, caminando sin prisas para meditar sus palabras mientras enlazaba sus manos detrás de su espalda. Ryou le miró de arriba abajo con suma desconfianza.
-Pensé sería bueno que habláramos.
-¿Por qué me secuestraste?
-Yo no te secuestré, has venido por tu cuenta.
-¡Eso no es cierto!
-Como sea, ahora estás aquí. No tienes más opción que pasar unos momentos conmigo.
-No te atrevas a hacerme daño o…
-¿O tus amigos te vengarán?
Ryou parpadeó algo sorprendido por la seca y rápida respuesta de Miskra pero asintió. El General tomó aire.
-Hubo un tiempo en que confiaste ciegamente en alguien, incluso dándole tu propio cuerpo para que pudiera hacerse presente.
-¿Qué…?
-Dime, ¿que ocurrió con ese malvado y perverso espíritu?
-Nada, solo fue un truco de Zor para conseguir los Artículos del Milenio antes de que el Faraón recuperase su memoria y le sellara de nuevo.
-Mmm, hablas de aquel demonio sin mucho talento –Miskra se volvió a Ryou- ¿Pero que me dices de aquél Ladrón de Tumbas que murió por una causa tonta?
-Yo… él murió por seguir a la Oscuridad.
-Ah, bueno eso es bien cierto. Siguió a la Oscuridad cuando su Luz le falló.
Ryou frunció el entrecejo.
-¿Qué es lo que estás tratando de decir?
-Am, bien. No tienes buena memoria por lo visto –Miskra se sentó en un mullido sillón frente al chico- Hola, Ryou.
El albino le miró desconfiado y pensando en escapar hasta que sus ojos se abrieron como platos para ponerse de pie de inmediato.
-¡Bakura!
-Miskra, si bien me haces favor.
-Pero… ¿cómo?
Miskra sonrió despectivo. Con una mano señaló a Ryou que se sentase de nuevo cosa que el chico hizo aunque no muy seguro ya de que estaba ocurriendo mientras el general se tomaba su tiempo para servir un par de tazas de té, tendiendo una a Ryou.
-Tu amado y precioso Faraón causó mi muerte como sabes, su padre causó la muerte de mi pueblo y todos ustedes me condenaron al exilio del Reino de las Sombras. No esperarías que después de tan generoso trato aún siguiera buscándoles, ¿cierto?
-Bakura… tú… no…
-Ese jovencito que alguna vez tuvo un corazón ha muerto, Ryou. Yo nací en su lugar gracias a Irkalla.
-Pero entonces…
-Ah, sí claro, no se porque me sentí en ese entonces ligado a ti, quizá por esa sonrisa infantil y sincera que tienes o tu alma pura que no se cansa de tanta bondad. Algo que no necesito relatar porque yo nunca había conocido. Pero, digamos que no fue algo muy fructífero para mí, así que cuando las cosas se pusieron realmente feas me decidí por la oferta de Irkalla. Ciertamente entonces lo que viste de mí fue el último vestigio de mi anterior persona. Lo mejor está frente a tus ojos, sano y salvo de las ponzoñosas intenciones del Faraón.
-Esto es imposible.
-En términos humanos, sí. En términos divinos, no.
-Yo… es que…
-Bueno, no es que tampoco vamos a abrazarnos con lágrimas en los ojos. Bakura ya murió afortunadamente, y debo aclarar antes de que las cosas se confundan, que de hecho yo ya no te recordaba sino que fue mi señor quien me dijo quien eras tú y tu relación con mi "pasado". Si me quedó algo claro es que a pesar de liberarte de esas "sombras" pues seguías extrañando al ladrón egipcio, por eso es que ahora estamos aquí.
-No entiendo entonces…
-Ya que estuviste tan ligado a mi vida pasada, vale la pena saber la verdad, ¿no es cierto?
-¿Verdad? ¿Qué verdad?
-¿Ya sabes que Akunankamon se suicidó para limpiar su pecado?
-…
-Mi pueblo no era la escoria del mundo, nota aparte. Lo que sucedió fue que muchos ladrones se refugiaron ahí para convivir en paz y sin ser asesinados por la furiosa e implacable ley. Bien entonces era casi como una nación aparte. Con niños, mujeres, ancianos. Como todos los demás. Conviviendo en una pobre miseria porque nadie quería ofrecerle un pan a un pueblo de "ladrones" valga la expresión. ¿Sabías que solo un tercio eran ladrones y por cierto fugitivos de otras naciones? ¿Sabías que estaban ahí porque escucharon que en Egipto podrían rehacer sus vidas ya que la misericordia del Faraón era tan infinita que existía una segunda oportunidad? Era más bien un pueblo buscando redención.
-Pero…
-Ah, claro. Que mala reputación. Me pregunto entonces, ¿Por qué ustedes pregonaron a los cuatro vientos que eran los buenos y piadosos cuando sin tentarse el corazón acabaron en una noche con el sueño de tantos solo para hacer, que cosas, los Artículos del Milenio? ¿Quién fue el ladrón entonces?
-Tú sabes muy bien que Akunadin…
-Leyó sobre el poder de las Sombras, bla, bla, bla… pero que bien que usaron lo que costó la vida de, vaya de nuevo que cosas, ladrones juntos con niños, bebes, ancianos mujeres y hombres inocentes. Cuanta hipocresía, ¿no?
-¡No! ¡Tú sabes…!
-Realmente no se nada sino esto: toda mi familia fue brutalmente asesinada frente a mis ojos, incluso mi pequeña y recién nacida hermana. Y luego, quedándome sin hogar, me despreciaron. Me dejaron sin comer y sin abrigo, sin familia ni amigos ni identidad. Tenía que comer y vestirme, como todo ser humano con necesidades, pero al tener las puertas cerradas, lo único que me quedó fue tomar lo que había colgando en las ventanas. Y me llamaron ladrón. Que tierno.
-Bakura…
-Hey, solo es una anécdota. Me gustaría poder describir que se sintió pero ya no lo recuerdo. Esto que digo más bien es algo que ví en retrospectiva. Pero me gana la curiosidad, Ryou. Debiste sentir la inmensa soledad de mi alma, ¿por qué no hiciste nada?
-Eras malo… aún lo eres.
-Ahora que tengo esta nueva vida, inmortal por cierto, he meditado mucho sobre el comportamiento humano. Por un lado se establecen normas y leyes para una mejor convivencia pero de presentarse una oportunidad estas normas y leyes se vuelven tan flexibles como un fideo para devorar aquello que codiciosamente aparece ante los ojos. ¿Qué caso tiene entonces toda esa palabrería?
-Están torciendo las palabras, y eso no te funcionará.
-Como el Faraón te dijo que yo era el malo ni siquiera te lo pensaste para rechazarme, ¿cierto?
-N-No…
-Como el Faraón te dijo que debía regresar al Reino de las Sombras me arrojaste ahí sin dudarlo, ¿no?
-Es que…
-Como el Faraón mostró que todo empezó por mi culpa, no te perturbó mi muerte, ¿verdad? Porque solo son buenos y santos los que obedecen.
-Así no es…
-No existen segundas oportunidades para quien se equivocó, no hay redención para los pecados. Solo es una falacia para tener con quien descargar la avaricia de sus almas.
Miskra terminó su té y se levantó. Ryou le miró algo angustiado, sin saber muy bien que decir ya o que hacer.
-La verdad: Zor fue solo una treta de Irkalla para dejarme ver como ustedes no vacilarían en matarte con tal de no hacer más evidentes sus fallos. Todo siempre ha estado fríamente calculado para tenderles una trampa. Confieso que llegué a pensar que la sortearían, vamos, después de todo son los "buenos", les toca ganar. Pero resultó que fue como quitarle un dulce a un niño. Decepción, decepción. Y te diré algo más, esto ya lo he visto demasiadas veces. A veces ser inmortal te aburre, pero ya no hay más dolor ni penas. Esos días en que Bakura lloraba en la azotadora arena de Egipto sin nada que cubrirse se convirtieron en un general que manda sobre los ejércitos del muy pronto señor del Todo. ¿Qué cambio, eh?
Ryou le alcanzó tomando una de sus manos, sus ojos estaban rozados, y cuando habló lo hizo con una voz temblorosa al punto del llanto.
-Lo lamento, lo lamento en serio. Si te juzgué mal, te pido perdón. Pero no hagas esto, Bakura, por favor.
-Jaja, Ryou –Miskra pasó una mano por una de sus mejillas- ¿Aún no entiendes? Yo no estoy haciendo nada… son ustedes… ustedes que vienen huyendo de sus mentiras y sus errores… todo esto que pasa no tiene más responsable que ustedes mismos. Si acaso hay algo que pedir es una buena explicación al Faraón. ¿Para que matarme si ya tenía el poder para hacer las cosas bien? Un misterio… ah lo olvidaba, cuando fueron al Egipto Antiguo lo hicieron a través de la mente del Faraón… bueno, olvida todo lo que dije. Vamos de regreso.
-¿Qué? –Ryou le detuvo- ¡No! ¡Espera! ¿Por qué lo has dicho de esa manera?
-¿Uh? Ah, no tiene caso. Son las muy convenientes memorias del Faraón, nada que explicar.
-Bakura…
-Miskra, te lo repito. Miskra. Bakura ya murió. Descansa en paz, como siempre quiso hacerlo.
Ryou le abrazó por la cintura, sollozando. El General se quedó quieto unos segundos antes de sonreír y posar una mano sobre los blancos cabellos del chico, a modo de confort.
-No es tan grave. Pronto deberás volver con tus preciosos amigos, que tan buenos son. Joey matando a Seto. Yugi mintiendo. Atemu robando vidas. Aaahhh, pero son buenos… sí, son muy buenos en realidad.
-No… por favor…
-Los monstruos existen pero no son cosas salidas del Reino de las Sombras ni mucho menos. Tienen un nombre y un cuerpo humano. Su lengua es la más ponzoñosa y sus manos las más traicioneras. Su corazón es el más vil y su alma la más podrida. Cuídate de ellos y trata de ser feliz.
-Ba… Miskra… -Ryou levantó sus ojos al General.
-Cuando el ser humano desea, el mundo está perdido.
-Yo… -el joven albino tomó aire, sus mejillas se ruborizaron al máximo- Yo siempre te extrañé… siempre…
-¿Esperas que lo crea o que me emocione?
-Por favor… es verdad…
-Mmm, bueno, digamos que es verdad. ¿A mi en que me concierne eso?
-Porque tú me trajiste aquí, contigo. Sé que debo importarte…
-Ah, la vanidad. No, Ryou. Te equivocas rotundamente. Esta no es otra escenita donde los buenos ganen con sus palabrerías de charlatanes baratos. Es más, no tengo corazón.
Miskra tomó la mano de Ryou para ponerla sobre su pecho.
-¿Ves? Nada late dentro. Prueba de que he dejado de ser humano. Afortunadamente y gracias a mi señor.
-Noo… noooo…
-Deja de lloriquear así –el general le jaló a donde la mesita, para sentarle frente a su abandonada taza de té- Bébela, cuando la termines, es seguro que tus amigos ya se hayan presentado para rescatarte. Entonces podrás pedirles algunas explicaciones. Como por ejemplo, las acciones de Mahado o las órdenes de Atemu para su pueblo. La actitud de Joey con Seth o el silencio de Yugi. Como bien te puedes dar cuenta, aquí los de las mentiras y los complots son ustedes. Pero, no te agobies por eso ahora, disfruta tu té. No está envenenado ni hechizado. Es un simple, verdadero y por tanto delicioso té. El que te gusta por cierto.
Ryou le miró confundido y alterado. Bajando su mirada a la taza de té, levantó sus manos para tomarla y darle un pequeño sorbo. Miskra sonrió satisfecho.
-¿Lo ves? No somos tan malos como nos retratan. Porque la verdad… la verdad es que ustedes son la mentira aquí.
Continuará…
