Disclaimer: Todos los personajes le pertenecen a Suzanne Collins.
CAPÍTULO 15: PESADILLAS
POV KATNISS
Hoy es la primera noche de Peeta en mi casa. Le dije que llamara directamente a mi IPhone si necesitaba algo. Effie y Cinna nos regalaron esos aparatos para comunicarnos entre nosotros. Les pedimos algunos más para nuestras familias, para los padres de Peeta, uno para cada uno de sus hermanos, otro para Prim y el último para mi madre. Cinna nos aseguró que las líneas no están pinchadas y que es imposible que nuestras conversaciones sean escuchadas por el Capitolio o sepan nuestra ubicación gracias a ellos. Están preparados para sólo tener contacto entre ambas familias, él, Portia y Haymitch. También nos dijo que si algún día queremos hablar con él o Portia de algo más serio urgente sea por ese medio. Es más seguro, pero que antes le enviemos un mensaje de texto él nos dirá si puede.
Nuestro equipo está al tanto de todo en mayor y menor medida. Nos protegen de lo que pueda pasarnos y estarán atentos incluso en el Capitolio si notan situaciones raras.
Ahora trato de dormir, aunque esté pensando en lo que dijo Gale sobre Peeta y yo. Me preocupa que no nos hayan creído. Podemos convencer al Doce de nuestro amor. El problema es ¿Cómo convenceremos a los demás distritos de algo que es real pero que no logran ver?
No consigo conciliar el sueño hasta altas horas de la madrugada, quiero estar con Peeta, porque espanta mis miedos con su presencia. Quiero abrazarlo, besarlo y dormir el resto de la noche acurrucada contra su cuerpo.
...
Estamos en la cueva. Me despierta con un beso muy dulce que yo le correspondo gustosa.
-¿Quieres comer, amor? -Pregunta cuando abro los ojos tras separarnos.
-Los patrocinadores no enviaron nada, no tenemos comida.
Lo sé, es que mientras tú dormías, revisé unas trampas que colocaste hace unos días. Necesitas ponerte fuerte y recuperarte. Preparé algo. –Dice mostrándome una cacerola pequeña. Peeta consiguió unas ardillas de unas de mis trampas.
-¿Cómo supiste donde estaban?
-Las vi cuando estaba con los profesionales, sabía que eran tuyas, así que fueron mi guía para llevarlos a ellos por otros caminos y no te encontraran.
Acaricio su rostro y le doy un beso en sus labios nuevamente.
-No te encontraron ¿verdad? No quiero que salgas sin avisar. Me destruiría perderte.
-¿Justo a mí me lo dices? Deberías mirarte tú misma. –Puedo ver el dolor y desgaste en sus ojos. –Estuviste a punto de perder a nuestro bebé, casi te mueres desangrada. Si no fuera por la medicina… Y aún así no es suficiente.
-Lo siento. Tú y nuestro hijo son lo más importante de mi vida. Los amo por igual, así por favor, no te expongas. Hazlo por nosotros. –Llevo su mano a mi vientre.
-Lo hago por ustedes. Te prometo que no me expondré, pero haré lo necesario para que los tres salgamos de la arena y podamos tener a nuestra familia unida.
Se mete conmigo en la bolsa de dormir después de darme de comer, y yo me acurruco en su costado, tratando de ganar unas horas de descanso. Mi casi aborto, me volvió más temerosa y sensible. Debo cuidar de mi hijo, y si eso incluye hacer reposo mientras pueda, me lo permito.
En la madrugada escuchamos un anuncio del banquete. Las esperanzas se renuevan para Peeta, la expresión de tristeza es reemplazada, por una de felicidad.
-No te permito ir. –Le advierto.
-Katniss, es la solución a nuestro problema. Debo intentarlo. No quiero perderlos.
-No iras, Peeta Mellark. Es mi última palabra. ¡Te matarán! ¿Crees que me haces algún favor yendo a una muerte segura?
-Sé defenderme, Katniss.
-No podrás esquivar los cuchillos de Clove. Es rápida y capaz de lanzar mas de uno al mismo tiempo a varios metros de distancia. –Empiezo a llorar, mis hormonas me juegan malas pasadas. –Por favor. Es peligroso. Te prometo que me pondré bien y cuidaré de nuestro hijo. Dejemos que se maten entre ellos y podremos volver a casa.
Peeta seca mis lágrimas y besa mi frente. Me consuela hasta logra calmarme. Por supuesto que me siento débil, pero resistiré por él, porque también nos necesita.
-Quédate conmigo y con él. –Le ruego.
Peeta asiente y me dedica una sonrisa, después baja a mi vientre y levanta la blusa del uniforme.
-Te amamos, hijo. Sé bueno con mamá y no la hagas sufrir. Te necesitamos sano y queremos verte nacer dentro de unos meses, pero por ahora quédate ahí. Te prometo que nunca te abandonaré a ti y a tu mamá.
Siento una patadita justo donde minutos antes, Peeta colocó la mano sobre mi vientre de seis meses.
-Le gusta tu voz. –Digo recordando que siempre patea cuando escucha a Peeta hablarle y cuando yo le canto.
-También la tuya. Los bebés sienten cuando son amados aún antes de nacer, sobre todo por lo padres.
Sonrío y coloco mi mano sobre la suya, sintiendo otra patada más dentro de mi vientre, de un bebé con todas las ganas de vivir.
-¿Te quedarás?
Me mira con ternura y una sonrisa sincera.
-Siempre.
-Nosotros también nos quedaremos contigo.
Me vuelvo a dormir usando el brazo de mi esposo como almohada y abrazados lo más cerca el uno del otro. Ignorando el dolor en mi vientre y rogando porque nuestro hijo sobreviva un día más.
...
-Peeta. –Susurro al despertar mientras busco acurrucarme más contra él. Pero sólo encuentro frío y unas mantas a mis costados. Abro los ojos desesperada mirando a mi alrededor cuando no lo encuentro. Se llevó unas lanzas y mi arco, que no sé cómo va a manejar si no le enseñé como disparar flechas. -¡Peeta! ¿Dónde estás? ¡Vuelve! ¡Te dije que no te fueras!
Veo a un costado que escribió con una rama sobre la tierra:
Lo siento. No puedo ver como tú y nuestro hijo van muriendo. Los voy a salvar. Estaré de regreso pronto. Los quiero.
Empiezo a llorar, pero me trato de recomponer rápido debo salvar a Peeta. No puedo permitir que le suceda nada. Si él muere no nos quedará a mí y la criatura que llevó en mi vientre.
Me pongo mi chaqueta, y busco uno de los cuchillos y dos lanzas que Peeta ha dejado. Seguro pensó que no saldría de aquí, pero estaba equivocado. ¿Cómo puede esperar que me quede tranquila esperándolo sabiendo que tal vez nunca volverá?
Me tomo una pastilla para proteger al bebé de caídas o golpes y salgo en busca de mi esposo. Grito su nombre en el camino, no me importa que me encuentren.
A medida que pasa el tiempo, mi miedo aumenta y mi preocupación también. No hay rastro de él en ninguna parte. Sólo puede estar en un lugar, en la Cornucopia.
Caminar cada vez me resulta más difícil, el dolor en mi vientre se hace más intenso y yo no dejo de disculparme con mi hijo por el esfuerzo que estoy haciendo. Le pido que sea fuerte porque debemos salvar a su padre. Debo detenerme varias veces para descansar, pero cuando llego a la llanura, no veo a nadie excepto la mesa con las mochilas de cuatro distritos. Alguien tapa mi boca y me preparo para atacar.
-Tranquila, soy yo. –Peeta, me doy vuelta con lágrimas en los ojos para encontrarme con sus ojos azules y lo abrazo.
-Estás vivo. –Pero Peeta está serio y enojado.
-Eres una idiota, ¿Qué haces aquí? –Su voz suena colérica y veo odio en su mirada mezclada con preocupación.
Lloro más y Peeta se arrepiente de sus palabras.
-Lo siento, Preciosa. No quise decirte eso. –Me abraza y dejo que me envuelva en su calor.
-Me abandonaste. Me prometiste que no te irías. –Le recrimino.
-Y tú pudiste haber muerto por venir aquí. Pueden morir.
-¿Y tú no? ¿Quién de los dos es más cabeza dura, Peeta Mellark?
-Los dos. –Reconoce. Y besa mis labios con pasión. Si, puede ser nuestro último beso así que lo aprovechamos. Después, Peeta me lleva entre medio de varios arbustos robustos. –No salgas. Iré por tu medicina.
-No irás. Volveremos por donde vinimos.
-Ya estamos aquí, Kat. Es nuestra última oportunidad.
-Por favor. –Le digo. Niega con la cabeza.
Me pasa mi arco y mis flechas.
-Si me intentan atacar. Ya sabes que hacer, en caso contrario mantente escondida. Y sal corriendo cuando venga hacia ti.
Peeta me sonríe para después depositar un beso en mi vientre.
-Papi te salvará. –Le dice en tono dulce al bebé. –Cuida de tu mami mientras tanto. –Siento otra patadita fuerte que me hace reír. –Fuerte como la madre. –Dice mirándome a mí.
-Cuídate. –Le digo.
-Prometo que intentaré no ponerme en peligro.
Le paso el cuchillo y las lanzas, que toma sin dudar aunque ya tenía unas consigo.
-Quédate con una lanza por si acaso.
Asiento.
Nos damos un último beso y él se aleja en el momento justo cuando La Comadreja aparece entre los arboles a la llanura. Ruego porque no le haga daño. Preparo mi arco y tenso la cuerda poniéndome en posición si tengo que actuar rápido. La Comadreja ve a Peeta, pero simplemente agarra su mochila y se va mirando con miedo algo que está lejos. Peeta alcanza a agarrar nuestra mochila y colocársela en el hombro justo a tiempo para venir junto a mí. Pero cuando está a unos metros de mí, veo el miedo en su mirada, también a Cato, Clove y Thresh detrás de él decididos a matarlo.
-¡Peeta!
-¡Katniss!
Gritamos al mismo tiempo.
Disparo una flecha matando a Clove, pero no ella sigue de pie con una mirada colérica y una de mis flechas atravesando su pecho. Corriendo y más fuerte que nunca. Los otros le siguen los pasos. Mientras Peeta está pendiente de mí y defendiéndose de Cato, siento que unos brazos me toman desde atrás, me inyectan algo y todo se vuelve oscuro.
-¡Katniss! –Su voz es lo último que escucho.
...
Cuando vuelvo a recuperar la consciencia, estoy en una cama de hospital, llevo mis manos a mi vientre pero lo tengo plano, al levantar la bata veo una cicatriz en mi vientre bajo reciente, cerrada con puntos. Empiezo a desesperarme cuando tampoco escucho sus pataditas tras hablarle. Estoy sola en una sala blanca, así que decido salir a buscar a Peeta o al bebé. Los veo en la sala de maternidad. Peeta está sosteniendo al bebé en brazos y me acerco.
-Amor. –Susurro.
Peeta se da vuelta. Deja al bebé en la incubadora y corre hasta mí. Pienso que me abrazará o besará, pero toma mi cuello con sus manos y muy pronto empieza apretarlo.
-Casi se muere por tu culpa, muto asqueroso. –Grita colérica en una voz que no pertenece a él, es una versión malvada de él mismo.
-Peeta.
-No me llames Peeta. No me llames de ninguna manera. Snow me dijo que no confiara en ti, no pudiste ni cuidar de tu propio hijo, mi hijo.
El miedo me invade. ¿Qué le hicieron a Peeta? ¿Por qué cree que yo tengo la culpa de todo?
-Amor. Por favor. Tú me conoces. Soy Katniss… La mujer que amas y tu esposa.
Sus ojos se vuelven dos pozos negros, mientras decide que hacer conmigo.
-Eres un monstruo, una mutación del Capitolio destinada a destruir todo lo que amo. Mi peor error fue enamorarme de ti. Pero estoy a tiempo de enmendar esto. Debes morir. –Dice en tono hueco y yo trago saliva.
Empiezo a llorar y removerme, intentando alejarme del amor de mi vida que ahora quiere matarme, porque me cree un muto.
-Te odio. Ni pienses que podrás escapar.
Me lleva hasta la pared y me estampa contra ella, casi noqueándome.
Cuando él presiona mi cuello con sus manos nuevamente lo hace fuertemente con la intención de ahorcarme. Lo hace hasta casi dejarme sin aire, intento forcejear, empujarlo, pero es inútil, siempre me superó en tamaño y fuerza. Siento que estoy perdiendo la consciencia con rapidez, pero Peeta me suelta de repente permitiéndome respirar a bocanadas.
-¿Unas últimas palabras?
-Te amo. –Murmuro llorando con la garganta adolorida y manteniendo la esperanza de que eso lo haga regresar y recuerde nuestro amor. Sus ojos me miran fijo, pero su expresión se suaviza.
-¡Mientes!
-No me hagas esto, tú también me amas desde los cinco años. ¿Recuerdas que la clase de música me escuchaste cantar? ¿Las miradas que nos dirigimos durante todo ese día? ¿La noche de lluvia que me lanzaste los panes? ¿Cada te amo que te dije? ¿La primera vez que hicimos el amor? ¿El día que nos enteramos que seríamos padres?
Sus pupilas dilatadas vuelven a la normalidad y me doy cuenta que su ataque pasó.
-Te amo. Si me matas te arrepentirás y posiblemente acabes muerto, porque no puedes vivir sin mí. No permitas que Snow te aparte de mí.
Mis palabras tienen el efecto deseado y Peeta se arrodilla frente a mí, con los ojos cerrados. Pide disculpas una y otra vez. Me agacho y me pongo frente a él ignorando el dolor de la cesárea y del ahorcamiento.
Lo beso y él aunque se resiste al inicio me corresponde.
-Quédate conmigo. –Murmuro cuando abandono sus labios.
-Siempre.
Peeta me toma entre sus brazos y me abraza.
-Dios mío ¿qué te hice? Lo lamento, amor. Dime que no te hice demasiado daño.
-No me mataste. –Escondo mi cabeza en su pecho y lo rodeo con mis brazos, feliz de que mi Peeta haya vuelto.
-No sé que me pasó. El Presidente Snow me inyectó algo y cuando te vi… no me pude controlar.
-¿Qué te inyectó?
-Algo para que te matara evidentemente. Lo siento.
-No es tu culpa.
Miro sus ojos llenos de lágrimas por lo que me hizo. Yo me encargo de quitárselas hasta que consigo calmarlo.
-Quiero verlo. –Le digo.
Peeta asiente y me ayuda a ponerme de pie. Me lleva a ver a nuestro hijo. Peeta lo saca de la incubadora.
-La doctora dijo que debemos alimentarlo cada ciertas horas. Nació prematuro. Estará un tiempo aquí, hasta que sea más fuerte y gane peso.
Me siento en un sillón y Peeta coloca con sumo cuidado al bebé en mis brazos.
Veo sus ojos grises mirándome con atención. Su piel es blanca, suave y sonrosada. Su cabello es rubio igual que el de su padre. Es una mezcla de ambos, que da como resultado al ser más perfecto del mundo.
Peeta me pasa una mamadera con leche maternizada llena hasta la mitad.
-¿Lo estabas alimentando?
-Sí. Ahora es tu turno.
-Es hermoso. Se parece a ti. –Peeta sonríe y se arrodilla a un costado de mí.
-Y tiene tus preciosos ojos.
Acaricia el rostro del bebé, quien está mirando la mamadera. Peeta me indica cómo debo posicionarlo para poder dársela y él se prende rápidamente a beber.
-¿Yo puedo darle de mamar? –Pregunto.
-Sí, una vez que las enfermeras te enseñen como hacerlo. –Coloca su mano en mi cuello. -¿Te duele?
-Sí. –Reconozco.
-Debes huir, Katniss. No quiero volver a hacerte daño y Snow te matará.
-No me harás daño y no importa, porque no pienso dejarlos. ¿Qué haremos con nuestro hijo? Necesita atención.
-Lo cuidará tu madre, pero debemos escaparnos tan pronto como él se ponga mejor. –Casi debo leerle los labios para entender lo que me dice.
Asiento y ambos miramos a nuestro hijo tan tranquilo y ajeno a los problemas. Al fin en mis brazos, pero en peligro. Snow le puede hacer cualquier cosa para destruirme.
-Pronto. –Respondo en un susurro.
Le hablamos a nuestro hijo y le prometemos que siempre lo cuidaremos y que lo amamos más a nuestra propia vida.
Pasan minutos y después horas cuando alguien interrumpe en el lugar.
-Que adorable escena. La familia unida. Realmente esperaba verla muerta, Señorita Everdeen, en manos de su amado. Me decepciona un poco.
-Nunca mataría a la persona que amo. –Responde Peeta colocándose frente a mí con la intención de protegernos del Presidente Snow y los Agentes de Paz que lo escoltan. Yo atraigo a mi hijo hacia mi pecho cuando él empieza a llorar presintiendo que algo malo pasará.
-Es una lástima, al parecer las inyecciones no fueron suficientes.
-Déjelos en paz. –Responde Peeta colérico. –Máteme a mí, pero deje a mi esposa y mi hijo vivir.
-¡NO! –Grito invadida por el terror. Me pongo de pie con mi bebé en brazos intentando calamar su llanto que cada es más sonoro. –Máteme a mí y déjelos vivir. Yo fui la que inició el problema en primer lugar ¿recuerda? Yo sólo arrastré a Peeta y él me siguió.
-Ese es el problema señorita Everdeen. Mejor dicho, señora Mellark. Ambos me han causado muchos problemas y deben pagar por ellos. Sólo los saqué de la arena con vida porque no sacrifico la vida de almas inocentes. La muerte de su hijo era tan innecesaria, es un bebé que no tiene la culpa de los padres que le tocaron. Cuando acabe con ustedes dos, lo criaré como si fuera un hijo, o un nieto más.
-No dejaré que eso suceda. –Grito. –Usted jamás pondrá sus manos sobre él.
-¿Prefieren que muera como sus padres, a que viva como un niño del Capitolio? –Sus ojos de serpiente son espeluznante y sonríe satisfecho al ver lo aterrados que estamos.
-Eso creí.
Peeta nos atrae hacia su cuerpo y nos abraza.
-No lo mate. –Le rogamos.
-Les daré un tiempo de gracia para que cuiden de su hijo mientras se recupera. No intenten escapar, los estaremos vigilando. Si ustedes hacen bien las cosas, Rye Mellark Everdeen se salvará y prometo cuidarlo como si fuera de mi propia sangre. En caso contrario, tendrá un destino siniestro, igual que el amor de los Trágicos Amantes del Distrito Doce. Disfruten de su tiempo como familia y pareja mientras puedan porque su tiempo juntos muy pronto llegará a su fin. Buenas tardes. Y recuerden esto… las cosas que más amamos son las que nos destruyen.
El Presidente Snow se va como por arte de magia y Peeta y yo quedamos solos.
Nos consolamos los tres como la familia que somos, intentando ser fuertes porque a pesar de saber que moriremos de una forma u otra y dejaremos a Rye huérfano, aún podemos salvarlo, aunque tengamos que entregárselo al enemigo.
…
Despierto gritando y llorando, queriéndome deshacer del recuerdo de la pesadilla. La habitación está a oscuras y prendo la lámpara para asegurarme que estoy en la habitación de mi nueva casa y no en la continuación del horrible sueño vivido que experimenté.
Rozo mi vientre y me alegra encontrarlo plano, incluso sin ninguna cicatriz al levantar la tela del pijama. Suspiro aliviada, pero con el miedo latente.
Eso me pasa por no dormir con Peeta.
Ahora pienso que no importa lo que opine mi madre, yo no lo dejaré en las noches. Lo necesito, y él a mí. Las pesadillas se han vuelto peores para ambos desde que llegamos al distrito. Mi novio me confesó las horribles pesadillas que tuvo en los ratos que ha dormido desde que regresó y la falta que yo le hacía.
Aunque soñar que mi novio es atacado por otras personas, no es novedad. Es la segunda vez que sueño con bebés en peligro. En la pesadilla de anoche, el bebé era Prim. Ahora es mi propio hijo con Peeta. No sólo eso, soñé que Peeta me odiaba e intentaba matarme por una sustancia que le inyectaron en la sangre, pero yo lograba volverlo a la realidad.
Mis peores miedos, enamorarme, casarme, formar una familia para luego perderla.
Me enamoré, y ahora que estoy de novia con esa persona, mi mayor miedo es que ese amor se convierta en odio, e incluso que me deje que de querer y me abandone. No faltan razones. No puedo darle una familia, un futuro con muchos hijos corriendo por la casa, como los desea la gente normal. Me puedo casar con él, pero no quiero hijos ahora que Snow nos tiene bajo amenaza, seguro los elegirá como futuras víctimas de su venganza si las cosas no salen como él quiere. También tengo miedo de perderlo como sucedió con mi padre.
Mis pensamientos son un torbellino, todo lo que yo tengo guardado dentro se refleja en la peor pesadilla que tuve nunca.
Sin dudarlo, tomo el IPhone. Seguramente molestaré a Peeta. Pero estoy tan asustada, que lo único en lo que pienso es en hablarle. Contesta rápido y casi me siento aliviada al escuchar su voz. Parece que hace rato está despierto porque su voz no suena adormilada.
-Katniss. ¿Qué pasó?
Se me forma un nudo en la garganta, porque no sé qué contestarle.
-¿No puedes dormir?
-No, y al parecer tú tampoco. ¿Tuviste una pesadilla?
-Sí. –Respondo. -¿Puedo dormir contigo?
-¿Qué pasa con la advertencia de tu madre?
-Ella no importa. –Contesto.
Ya veré como me las arreglo después con ella. Podría hablarle de mis pesadillas y que Peeta es el único capaz de calmarlas. No le puedo decir otra cosa, porque si lo hiciera, no me dejaría estar con él.
-Ven, amor. Te espero.
-Gracias.
Está a punto de cortar cuando vuelvo a hablar.
-Espera, Peeta.
-¿Sí?
-Tú me amas ¿Real o no real?
-Real. Más a que mi propia vida. Pero eso ya te lo dije. ¿Por qué lo preguntas?
No respondo.
-Katniss, habla.
-No soportaría que dejarás de amarme y me odiaras. –Confieso recordando la pesadilla, donde él intentó matarme.
-No digas tonterías. Yo te amo y siempre lo haré. Bajo ningún punto de vista te odiaría. Me estás preocupando. ¿Por qué no vienes aquí y me cuentas que sucede? ¿Tiene que ver con tu pesadilla?
-Sí.
-No sé qué soñaste pero nada de eso es real. Puedes pasar la noche conmigo, yo tampoco la estoy pasando bien. Nos ayudará a ambos.
-Ahora bajo. Te amo, Peeta.
…
Corto la llamada y busco la bata de satén del pijama para cubrirme con ella. Tan pronto como estoy frente a la puerta de su habitación, la abro y lo veo sentado en la cama que por fortuna es de dos plazas. Abre sus brazos para mí apenas me ve y me refugio en sus brazos una vez que me ubico a su lado. Esto era lo que necesitaba para saber que todo está bien, que no estoy embarazada, ni tuve un bebé que quedaría huérfano pronto porque Peeta y yo moriríamos, que Peeta no me odia por culpa de algo que Snow le inyectó y que nunca me hará daño, porque su amor por mí es más grande que todo. Empiezo a llorar y Peeta me consuela.
-¿Quieres hablar de lo que te afectó?
Me pregunta dándome besos en el rostro y el cabello.
-Soñé que éramos esposos y yo estaba embarazada de seis meses.
-¿Y eso es una pesadilla?
Niego con la cabeza.
-No. Pero lo que pasó si lo era. Estábamos nuevamente en los Juegos del Hambre. Y yo estaba mal porque casi perdí al bebé.
Peeta se tensa y me abraza más, como si compartiéramos el mismo miedo. Eso me hace sentir mejor. Él también teme perder a sus hijos.
-Y tú cuidabas de nosotros. Anunciaron el banquete y yo te prohibí ir, pero tú fuiste igual porque la medicina que nos enviarán dependía la vida de mí y nuestro hijo. Cuando desperté y me di cuenta que no estabas, me desesperé y empecé a gritar.
-¿Se invirtieron los papeles? –Dice divertido.
-Algo así. –Contesto. Él se refiere a que lo drogué para poder huir y que no me siguiera mientras iba a salvarlo. En el sueño fue al revés. –Lo siento, Peeta. Ahora entiendo cómo te sentiste cuando te di jarabe para dormir y tú despertaste viéndome en un charco de sangre a tu lado.
Se estremece.
-Prefiero que no me lo recuerdes. Todavía tengo pesadillas sobre eso y ninguna de ellas acaba bien.
Elevo mi rostro y lo miro apenada.
-Ya, Kat. No pasa nada. Ya te perdoné eso por el hecho de que lo hiciste para salvarme la vida y volviste casi ilesa.
-¿Y si no hubiera sido así?
-Hubiera muerto, pero no por la infección. Yo mismo hubiera acabado con mi vida, porque no pude protegerte.
-No me gusta que hables así.
-Tú harías lo mismo, aunque me duela. Estuvimos a un segundo de suicidarnos.
-Por amor.
-Por amor.
Sus labios encuentran los míos rápidamente. Estaba tan confundida en los juegos, y ahora todo está claro para mí, el amor me motivó a sacrificar mi vida por él, una y otra vez. Casi consigo olvidarme de lo que me trajo hasta su habitación.
Cuando se aparta me pregunta porque por un segundo dudé de su amor y le cuento todo, es la única persona con la que me puedo descargar.
-Fui a buscarte a la cornucopia y te molestaste, me dijiste que me mantuviera oculta hasta que volvieras y me despediste con un beso, le prometiste a nuestro hijo que lo salvarías. Cuando estabas viniendo hacia mí, nos cercaron y nos sacaron de la arena. Cuando desperté, estaba sola en una habitación, y descubrí que ya no tenía a mí bebé en mi vientre y que me practicaron una cesárea y sentía mucho dolor. Salí al pasillo hasta que los encontré en el área de maternidad. Pero, cuando te llamé, dejaste al bebé en la incubadora y me miraste, tus ojos estaban completamente negros y…
-¿Y?
Lo miro con miedo, intentando convencerme de que fue una pesadilla y que Peeta sería incapaz de lastimarme. Acaricia mi rostro y seca mis lágrimas.
-Viniste hacia mí. Dijiste que yo era una mutación del Capitolio, un monstruo del que te debías deshacer, que fue un error enamorarte de mí, que no pude proteger nuestro hijo… Intentaste matarme ahorcándome. No eras tú. Snow te inyectó algo para que me hicieras daño y pude hacer que volvieras a ser tú mismo.
-Oh, mi amor. –Murmura preocupado. –Ahora lo entiendo. –Me dice y me atrae más hacia su pecho. –Katniss, te respeto y amo tanto que sería incapaz de lastimarte.
-Pero, se sintió tan real.
-No lo fue.
-Eso no es todo, cuando te diste cuenta de lo que me hiciste te sentiste muy culpable y llorabas. Logré tranquilizarte y me dejaste ver al bebé. Era hermoso, tenía cabello rubio, piel blanca y ojos grises. Pero cuando llegó el presidente nos dijo que estaba muy decepcionado porque esperaba encontrarme muerta, y tú lo enfrentaste y nos protegiste mientras yo sostenía a nuestro hijo, que por cierto empezó a llorar. Snow nos aseguró que nos mataría y que de nosotros dependía la vida del bebé, si intentábamos escapar o hacer las cosas mal, pagaría por nuestros actos, y si le obedecíamos, cuando llegará nuestro fin, él se quedaría con el niño y lo criaría como un hijo o un nieto. Sería un habitante del Capitolio. No importaba lo que hiciéramos nuestro hijo estaría en sus manos de una forma u otra. Tengo miedo, Peeta. Tengo miedo que no crean que actuamos por amor como insinuó Gale hoy. Tengo miedo que Snow te haga daño. Tengo miedo de quedar embarazada y que Snow utilicé al bebé en contra nuestra. Tengo miedo de que nuestras familias paguen por nuestros errores. Tengo miedo de que me dejes sola…
No termino de hablar, estoy temblando y llorando al rememorar la pesadilla y todo lo que la misma implica. Peeta me besa nuevamente porque sabe que sólo eso me ayudará. Descubrió que eso me tranquiliza después de una mala noche.
-No temas. Nunca te dejaré sola. Te protegeré a ti, a tu familia, a nuestra familia. Mientras nos mantengamos unidos estaremos a salvo.
Fijo mi mirada en la suya y roza con sus labios mis parpados y mis mejillas absorbiendo mis lágrimas y pese a lo extraño que resulta es un gesto tierno y celestial, que me hace sentir completamente amada y protegida por este chico. Él destierra de mi mente cualquier duda o temor que pude haber albergado en mi mente.
-Te amo. –Murmura.
-Yo también te amo. –Digo más relajada. Peeta y sonríe y busca su IPhone.
Yo lo observo con curiosidad mientras toca la pantalla táctil del mismo y busca los auriculares para insertarlos en su lugar correspondiente del dispositivo.
-¿Qué haces? –Pregunto y asomo la cabeza para poder ver lo mismo que él.
-Música. –Es todo lo que dice. –Alguno de nuestro equipo llenó nuestros dispositivos de canciones. Hay artistas que nunca en mi vida escuché. Tiene sentido, porque es música que se originó mucho tiempo antes de que la sociedad dejará de ser civilizada y se destruyeran entre ellos mismos con tantas guerras, virus creados en laboratorios y mutaciones destinada para diezmar pueblos enteros y los desastres naturales que acabaron con más personas de las que nos imaginamos. Debo reconocer que tenían buenos artistas con hermosas voces. Creo que tú hubieras podido ser una de ellas de vivir en ese mundo más libre, o lo serías de vivir en el Capitolio.
-No me interesa compartir mi talento con nadie, Peeta. Solamente contigo y mi familia.
-Nadie te obligará, puedes hacer otra cosa.
-¿Cómo qué?
-Estaba pensando que escribieras o aprendieras a tocar algún instrumento, no necesariamente que cantaras. Después lo verás. Ahora necesitas relajarte. No soy muy bueno cantando así que…
Con cuidado coloca el agarra orejas de uno de los auriculares y el otro se lo pone él y escuchamos lo que escogió.
Me recuesto en su pecho y nos rodeamos con nuestros brazos.
Sólo si pudiera estar contigo,
Tú dormida entre mis brazos,
Y mirarte en el silencio.
Sólo si pudiera dibujarte,
Una escena de mis sueños,
Donde siempre estás presente.
Sonrío, veo que Peeta también lo está haciendo y no deja de mirarme. Subo mi cabeza hasta ubicarla en su hombro apoyo mi frente en su mejilla. Peeta gira la cabeza para besarla y vuelve a la posición anterior.
Con sólo tenerte aquí,
Decirte lo que yo siento.
Es que me gusta tu cara,
Me gusta tu pelo
Soñar con tu voz cuando
dices te quiero.
Me gusta abrazarte,
Perderme en tu aroma.
Poder encontrar en
tus ojos el cielo.
Me gusta tu risa,
Me gusta tu boca.
Me gusta creer que
por mí tú estás loca.
Como quiero que
Sientas conmigo la calma.
Y cuando llegue la noche,
Cuidarte el alma.
-¿Me estás dedicando esta canción?
-Sí. Al menos creo que nos representa en las noches.
Como despertar en la distancia,
Sin tu piel junto a la mía,
Amando tu fotografía.
Podemos mandar
besos con el viento,
Mirar la luna al mismo tiempo,
Contar un día más.
Con sólo tenerte aquí…
No sabes lo que me faltas…
Es que me gusta tu cara,
Me gusta tu pelo
Soñar con tu voz cuando
dices te quiero.
Me gusta abrazarte,
Perderme en tu aroma.
Poder encontrar en
tus ojos el cielo.
Me gusta tu risa,
Me gusta tu boca.
Me gusta creer que
por mí tú estás loca.
Como quiero que
Sientas conmigo la calma.
Y cuando llegue la noche,
Cuidarte el alma.
Y a pesar de todo,
Y sin darnos cuenta,
Estaré en tu puerta
Diciéndote otra vez…
Es que me gusta tu cara,
Me gusta tu pelo.
Soñar con tu voz
Cuando dices te quiero.
Me gusta abrazarte,
Perderme en tu aroma.
Poder encontrar en
Tus ojos el cielo.
Me gusta tu risa,
Me gusta tu boca.
Me gusta creer que
por mí tú estás loca.
Como quiero que
Sientas conmigo la calma.
Y cuando llegue la noche,
Cuidarte el alma.
-Es hermosa. –Digo cuando acaba. –Pero yo ya estoy loca por ti y te vine a buscar en medio de la noche.
-¿En serio? –Pregunta como si no lo supiera.
-No me hagas repetirlo. –Bromeo.
-Tú me amas ¿real o no real? –Esta vez es él quien lo pregunta.
-Real.
Unimos nuestras manos y después de unos besos con canciones de varios artistas de fondo, nos disponemos a dormir.
Peeta apaga el IPhone y lo deja en la mesa de luz.
-Ayer me puse a escuchar música relajante para conseguir dormir, me ayudó, pero si pasamos todas las noches siguiente de esta forma, sólo me bastará con verte durmiendo pacíficamente a mi lado.
-Nuestras pesadillas suelen ser sobre perdernos. –Agrego, él dijo eso sobre mí ahora tiene un significado importante para ambos.
-Por suerte, prácticamente no las tenemos cuando estamos juntos.
-Buenas noches, Peeta.
-Buenas noches, Katniss.
No tardamos en conciliar el sueño, por el cansancio de días que arrastramos tras nosotros. Los juegos nos destruyeron para siempre, nunca volveremos a ser los mismos.
