Hola de nuevo.

Lo sé, lo sé, ahora si me mande con el retraso, les juro que estuve enferma a medio morir. Hubo epidemia en mi casa y todos terminamos en el hospital. Pero ya estoy bien y quise descargar mi conciencia trayéndoles otro capítulo.

Espero que les agrade.

Pero antes, quiero aprovechas para agradecer de mil amores todos sus comentarios, en verdad que me alegran cada dia. Lamento no haber respondido, creo que a ninguno del ultimo capitulo, pero les juro que no me sentia para nada bien.

bueno, los dejo con la lectura y Plis dejen sus comentarios


SEIYA PVO

Después de mi charla con Taiki esta mañana, finalmente había recuperado la calma. Y a pesar de mis momentos de angustia, el asunto resulto ser del todo cómico. Creí que estaba dormido, me deje llevar por mis anhelos y ella… ella no me detuvo, lo cual hace que me sonroje, pero más que nada, que me alegre.

Ella me correspondió. Correspondió a mis caricias, a mis besos, a ese hermoso sueño que estábamos viviendo despiertos.

Siento mi corazón rebosar de dicha. ¿Podría ser más feliz en este momento?

-¡Fighter concéntrate! –escuche el reclamo de Healer. Y reaccione a penas a tiempo para eludir uno de los ataques de Uranus.

Este entrenamiento se ponía más pesado a cada instante. Las outers se estaban ensañando con las inners y con nosotras, asegurándonos que éramos las más lentas y débiles. Eso me molestaba. Pero quizás tenían razón. Y tratándose de la seguridad de mi bombón no podía quejarme. Al contrario, me esforzaría cada vez más.

Las horas siguieron corriendo una tras otra. Comenzaba a sentirme exhausta y sabía bien, que no era la única. El cansancio colectivo se reflejaba en el rostro de todas.

Finalmente Artemis anuncio el fin del entrenamiento y nos dirigimos al interior de la casa. Yo fui la ultima en entrar y mi vista fue rápidamente capturada por la celeste mirada de Serena, mi bombón.

Desvanecí mi transformación. Siempre me había sentido más cómodo frente a ella siendo simplemente Seiya. Me acerque sosteniendo su mirada, y sus mejillas se sonrojaron hermosamente. – Bombón… sobre esta mañana…

Ella puso su dedo índice sobre mis labios impidiendo que hablara – Lamento haberlo arruinado- Me dijo tomándome por sorpresa – Y aun cuando no me esperaba lo que paso… no me arrepiento de haberte dejado soñar- Me confesó con una sonrisa.

Yo no pude sentirme más dichoso. Mi sonrisa se amplió y sentí deseos de abrazarla y de reafirmarle cuán grande era mi amor por ella.

Pero antes de poder hacerlo, pude ver como la expresión de su rostro cambiaba. Su sonrisa se esfumo y de sus labios escapo un amargo grito de dolor.

Yo sentí mi sangre helarse en ese momento.

Ella llevo sus manos a su cabeza sujetándola con fuerza. Yo me acerque aun mas y la rodee con mis brazos en el momento que ella parecía desmallarse.

Todos se fueron acercando llamándola con impaciencia, con miedo. Fui testigo de cómo fue perdiendo la conciencia entre mis brazos mientras yo desesperadamente la llamaba sin que ella volviera a responderme.

-Bombón… bombón… -la sacudí ligeramente esperando que abriera nuevamente los ojos. Empecé a sentir que el aire me faltaba, la desesperación estaba comenzando a ahogarme.

Artemis fue el primero en llegar a nuestro lado, y sin miramientos, arranco a Serena de mis brazos, dejándome perplejo. Corrió con ella a su habitación y yo los seguí sintiéndome desesperado e inútil.

La recostó sobre su cama y la examino por unos segundos. –Está ardiendo en fiebre –dijo finalmente. Y tomando nuevamente el cuerpo de mi amada entre sus brazos, entro con ella en el baño y se sentó en el frio azulejo permitiendo que el agua helada de la regadera los mojara.

Yo me quede en silencio, contemplando todo como si de una angustiosa novela se tratara. ¿Qué pudo haber desatado ese repentino cambio en ella? La sola idea de que el enemigo estuviera relacionado con esto, hacia que mi sangre comenzara a arder.


ARTEMIS PVO

Entramos del jardín después del arduo entrenamiento de las Sailors. Yo me dirigía a la cocina por un poco de agua, cuando escuche un sonoro grito proveniente de las escaleras.

La piel se me erizo. Sabia perfectamente a quien pertenecía.

Di media vuelta y corrí lo más rápido que pude. Seiya sostenía nerviosamente el cuerpo de Serena entre sus brazos. Llegue y prácticamente le arrebate a mi inconsciente princesa, para después correr con ella a su habitación.

La recosté sobre su cama y la examine rápidamente. De inmediato percibí su elevada temperatura – Está ardiendo el fiebre- razone en voz alta, y tomándola nuevamente en mis brazos la lleve hasta en baño donde permití que el agua fría de la ducha nos empapara por completo.

Permanecimos ahí por algún rato, las chicas avían entrado y salido mostrándose nerviosas. Finalmente le pedí a Luna y a Haruka que se quedaran y al resto le ordene retirarse.

Serena estuvo balbuceando incoherencias debido a la fiebre. Se mostraba intranquila. Seguramente tenía pesadillas. Yo por mi parte estaba preocupado.

La había visto al entrar a la casa, parada en la escalera, brindándonos su apoyo en una sonrisa. Lucia bien, parecía tranquila.

Entonces… ¿cómo era posible que de un minuto a otro se encontrara ardiendo en fiebre? No era lógico, y me preocupaba pensar que el enemigo estuviera involucrado.

Cuando la fiebre ceso un poco, las chicas la vistieron y la metieron a la cama. Aun no había despertado, pero por lo menos, ya parecía estar durmiendo con tranquilidad.


SERENA PVO

Desperté sintiéndome agotada y confundida. –¿Te encuentras mejor? – escuche de pronto la dulce voz de Luna quien se acerco sentándose a mi lado en la cama.

-¿Qué ha pasado? –le pregunte sin terminar de comprender que había sucedido.

-Te escuchamos gritar sin razón aparente, y un segundo después te desmayaste en los brazos de Seiya, ardiendo en fiebre.- me informo Artemis con semblante preocupado.

Era verdad, ese terrible dolor me había llegado de improviso una vez más. Y solo yo sabía que se trataba tan solo de un pequeño anuncio de la llegada de Kya.

Haruka se acerco desde una de las esquinas de la habitación -¿Puedes decirnos que fue lo que ocurrió? ¿Hace cuanto tienes estos… ataques?

-Iniciaron tras la muerte de Darien y cada vez se hacen más frecuentes e intensos

Sentí como Luna se tenso a mi lado -¿Por qué no nos había dicho nada?-

-Al principio no le di importancia, pensé que solo se trataba de un malestar debido a la presión que estamos viviendo- Me justifique sin mucho éxito, mientras salía de la cama. Note que la casa estaba en silencio.- ¿Qué hora es? ¿Dónde están todos?

-Durmiendo –Me informo Luna – Ya casi es media noche, así que será mejor que…

Un fuerte estruendo proveniente del exterior detuvo las palabras de Luna. Artemis corrió fuera de la habitación mientras que Haruka se acerco a observar por la ventana. Yo por mi parte, creo haberme petrificado por un momento.

De pronto, sailor Venus entro corriendo a mi habitación, trayéndonos malas noticias: -El concilio está atacando.–Anuncio de prisa- Haruka, te necesitaremos en batalla. Ellos son muy poderosos. – Anuncio para retirarse de inmediato.

Esas palabras me sacaron de mi asombro. No estaba dispuesta a que me mantuvieran encerrada como en la última batalla. Tome mi broche de transformación y corrí hacia la puerta trasera de la mansión mientras escuchaba como Luna y Haruka gritaban mi nombre.

No me detendría. Esta vez no permitiría que todos fueran a luchar sin mí.

Me trasforme y salí de la mansión para encontrarme con una escena estremecedora.

Los poderosos ataques viajaban de un lado a otro buscando con desesperación herir a su adversario y las múltiples explosiones se dejaban escuchar en todas direcciones.

El concilio nos tenía rodeadas. Se habían situado estratégicamente sobre el tejado y sobre el muro que rodeaba la mansión. De igual forma se daba a notar que algunos de ellos atacaban sin permitir que nosotras los viéramos. Estaban ocultos, por lo tanto, sus ataque nos llegaban por sorpresa. Mientras que mis Sailors se encontraban dispersas a lo largo y ancho del patio, tratando de derribar al adversario para ir ganando terreno.

A simple vista los superábamos en número, pero no sabíamos a ciencia cierta cuantos se encontraban ocultos. Por otro lado, la potencia y la ferocidad de sus ataques dejaban claro que eran mucho más poderosos de la mayoría de las Sailors presentes.

-Sailor Muon, por favor, entra dentro de la mansión, ellos son muy peligrosos- Me advirtió sailor Fighter colocándose frente a mí en posición defensiva.

-No dejare que luchen solas – Le asegure determinante.

Uranus llego a mi lado y me tomo del brazo con brusquedad -¿Acaso no lo entiendes? Asemos esto por protegerte y tu presencia lejos de brindarnos una ayuda, solo logra distraernos.-

-Uranus tiene razón, ninguna de nosotras podrá atacar con libertad mientras tú estés en el campo de batalla, tu sola presencia hace que nos convirtamos en una guardia defensiva, en vez de ofensiva- las palabras de Fighter me molestaros.

Mire a mí alrededor. Era verdad. Una a una las Sailors se habían reunido a mí alrededor lanzando sus ataques para que aquellos lanzados por los sabios no llegaran a mí. Ellas ya no estaban atacando. Solo defendían. Me defendían a mí.

Artemis llego a mi lado por órdenes de Uranus y colocándome rápidamente sobre su hombro me llevo dentro de la mansión para después encerrarme dentro del estudio.- Esto es por tu bien. Tú debes estar lista para la batalla contra Kya, quizás contra ella nuestra fuerza no baste.-

Me sentí inútil y humillada. Sabía perfectamente que el concilio estaba allí por mi causa. Sin embargo, yo no tenía la libertad de darles la cara.

Deshice mi trasformación sintiéndome frustrada. ¿De qué diablos me serbia tener el poder del cristal de plata y del cristal dorado, si mis Sailors preferían morir antes de permitir que yo los utilizara?

Debía existir algo que yo pudiera hacer para ayudar. Un nombre vino a mi mente.

-Fayres, te necesito. Aparece ante mí. –Pedí sin vacilación y un segundo después, el pelirrojo guardián del fuego estaba ante mis ojos. –Supongo que la furia del concilio se debe a que has cumplido con mi petición. ¿Cierto?

-Si majestad.- Me respondió con una reverencia.

-Bien. Llévame con el- Ordene, y acto seguido, el guardián tomo mi mano para después transportarme a lo que parecía ser una cueva.

Frente a mí, sentado en una incómoda silla y atado de manos y piernas se encontraba Meyrak, quien de inmediato clavo su sorprendida mirada en mí.

-Sus poderes y hechicería no funcionan en este lugar – Me informo Amberes, al tiempo que él, junto con Laryus y Geo se inclinaban en señal de respeto al notar mi presencia.

-Bien, es bueno saberlo- les agradecí con una sonrisa –

-Majestad ¿Quiere que ayudemos a sus Sailors en la batalla?- Me pregunto Laryus. Yo no lo dude, sin duda el concilio era poderoso. –Sí, vayan, pero traten de ser discretos. – Sonrieron satisfechos con mi respuesta y desaparecieron. Fayres se quedo a mi lado.

-Ve con ellos, te llamare si te necesito. De momento mis Sailors corren mas peligro que yo.- El se inclino en una reverencia y después desapareció.

-Serenety ¿Qué rayos significa esto? ¿Pensé que estos hombres trabajaban para Maryus?

Clave mi fría mirada en el sin ningún animo de mostrar algún tipo de compasión -Evítate la pena de tratar de ganar mi clemencia.- Le sentencie dejándole clara mi posición.

-Baya, deduzco por tu cambio de actitud, que Maryus se ha acercado a ti y te ha envenenado en mi contra- Me dijo con una falsa tristeza impregnada en sus palabras.

-Ciertamente Maryus me ha ayudado a liberar mi mente, permitiéndome recordar mi pasado. Sin embargo, no ha sido él quien me ha relatado tu traición, sino Endymión.-le informe de manera fría. El pereció paralizarse por un segundo ante mis palabras.

-He visto al príncipe Endymión morir ante mis ojos, por tu propia mano. Y ciertamente dudo que después de muerto haya podido brindarte cualquier tipo de relato. –Su tono de voz denoto una mezcla de sarcasmo y burla.

-El cristal dorado me ha brindado sus recuerdos –le informe – Ahora conozco la traición que tu y el diseñaron en contra del milenio de plata. En contra de mí.

-Bien. No lo negare. El Cristal de plata siempre fue una meta por alcanzar. Debía estar en manos del concilio.-

-El cristal de plata pertenece al reino lunar, ha sido así desde el momento en que la diosa Selene le dio vida. Jamás otras manos que no sean de un descendiente real de la luna deben tocarlo. El cristal de plata es sagrado, y jamás respondería a los deseos de nadie que no sea el actual soberano de la Luna.

Su rostro se mostro repentinamente molesto.- ¿Qué importancia tiene eso ahora? Aun cuando ciertamente hubo una conspiración en tu contra durante el milenio de plata, la verdad es, que el concilio dio todo por perdido cuando tu imperio cayó a manos de Metalia. De hecho, jamás creímos volver a verte con vida.

-¿Acaso intentas decirme que debo olvidarlo? ¿Qué es cosa del pasado simplemente?- le pregunte con arrogancia-

-Ciertamente entiendo que estés molesta. Pero ambos sabemos que tu gentil corazón impedirá que cobres venganza contra mí. En cambio, aun estoy dispuesto a que unamos fuerzas para vencer a Maryus y a Kya. –

-¿Unir fuerzas?- Una ligera risita sarcástica escapo de mis labios - ¿Es eso lo que el resto de los sabios intentan hacer al atacar a mis Sailors? ¿Unificarnos?

El guardo silencio por un minuto mostrándose molesto. Se dio cuenta de que no me creería sus mentiras. Y obviamente eso lo enfurecía.

-¿Por qué ordenaste un ataque?- Me miro con desprecio pero aun así mantuvo la boca cerrada. -¿Acaso estas dispuesto a matarme antes de que el portador de Kya aparezca?

El sonrió –Gracias al comportamiento que Maryus mostro hacia ti. Me vi asaltado por una gran duda. ¿Por qué no te mato cuando pudo? ¿Por qué se arriesga a que tengas la oportunidad de acabar con Kya? ¿Por qué no destruirte y dejar el camino libre para ella? ¿Por qué…?

-Ahora conozco la verdad –Le interrumpí- Conozco la historia de la profecía. La verdadera historia. Esa en la que tu egoísmo no mostro compasión. Conozco el deber del ángel de la luz que duerme en mí. Ahora se que no es mi propósito destruir a Kya, sino salvarla, ese es el obsequio que la diosa Selene le brindo a Maryus a través de mi.

-Bien, bien, -Dijo con sarcasmo en medio de unas grotescas carcajadas – Te aseguro que aplaudiría si pudiera- Se burlo para después respirar profundo y volver a mostrarse serio.

-No lo negare, lo que dices es cierto… a medias- Me aseguro. No pude evitar mostrarme confundida por su comentario. El pareció notarlo y prosiguió: No negare mi culpa en todos estos hechos. Ciertamente me hubiera resultado más fácil liberar a Kya y permitirle vivir su estúpido amor. Pero no fue así, no lo hice y como consecuencia ella me desafío y vio morir ante sus ojos al hombre que amaba.

-Kya dio nacimiento a la profecía asegurando que tanto ella como su amante volverían de la muerte. -Sonrió con malicia- Selene por su parte, haciendo alarde de su generoso corazón, dio nacimiento al ángel de la luz, el cual surgiría al mismo tiempo en que Kya apareciera, con la finalidad de brindarle una oportunidad… o de matarla, si fuera necesario.

Me sorprendí ante su afirmación. Él lo noto –Si Serenety, Maryus solo te dijo la parte de la historia que a él le convenía. Selene brindo la oportunidad, pero nadie asegura que Kya la aceptara. Después de todo, su furia y sus deseos de venganza serán inmensos cuando ella despierte. Y tu misión es clara: En caso de no poder salvarla, debes destruirla.

Yo me quede sin habla por un minuto al comprender que después de todo, Maryus no era totalmente honesto conmigo.

-Y eso nos devuelve a mi pregunta inicial – Anuncio el - ¿Por qué Maryus se arriesgaría? Después de todo, quizás la salves o quizás la mates. Sin embargo, si el te quitara del camino…

Comprendí claramente lo que decía. A pesar de la esperanza que yo representaba para Maryus, era posible que Kya, segada por su furia, rechazara la oportunidad que Selene le había brindado, y que yo me viera obligada a destruirla. En cuyo caso, la pregunta de Meyrak resultaba del todo lógica ¿porqué Maryus se arriesgaría? Después de todo, quitándome del camino, nadie representaría un peligro para la vida de su amada Kya.

-¿Ahora comprendes mi incógnita? – Me pregunto burlonamente.

-Sí, la comprendo - le respondí viéndolo a la cara. –Sin embargo eso no explica el porqué ahora eres tu el que está dispuesto a matarme.

-Es simple, porque ahora conozco la verdad, porque ahora conozco la razón que impide que Maryus acabe con tu vida.

-¿Y cuál verdad es esa?- Pregunte con arrogancia.

El sonrió con burla. -¿Has recordado la muerte de tu padre? –me pregunto cambiando el tema.

-¿Qué importancia tiene eso ahora? –Me mostré molesta –

-¿Te ha confesado Maryus quien mato a tu padre?

-Me ha dicho no haber sido él, y le creo. – Le informe segura de mis palabras.

-Lo cual nos deja con una respuesta lógica ¿No te parece? – No comprendí lo que decía. El prosiguió: En el momento en que tu padre murió, solo estaban Maryus, el Rey y tu, y… si Maryus no fue quien lo mato, entonces…

-¡Basta!- le exigí que callara al comprender su insinuación. –Mientes, todo lo que sale de tu boca son mentiras.- le reproche enfurecida.

-Pregúntaselo a él directamente. Exígele a Maryus que te revele la verdad. ¿Pregúntale a el cual era el motivo de su enemistad con tu padre? ¿Cuál era esa verdad que él te ocultaba? Seguramente te llevaras la misma sorpresa que me he llevado yo, hace apenas un par de horas al descubrirla. Y te aseguro que al saberlo entenderás el porqué cada miembro del concilio quiere matarte. Y quizás… si en verdad aun queda algo de tu buen corazón, pongas fin a tu vida por ti misma.

-¿Qué locuras estás diciendo?-le pregunte sintiéndome ofendida por su comentario - No soy tan cobarde, jamás atentaría contra mi propia vida.

El sonrió con arrogancia- Ya lo has hecho Serenety – Se burlo de mi.

Era verdad, pero en esa ocasión no era del todo yo misma. Y mi arrebato de locura no solo pudo costar mi vida en ese momento, sino también la de Seiya.

-Ese fue un desafortunado error. Mis sentidos se encontraban aturdidos y actué de forma impulsiva sin pensar. No era yo misma en ese momento. –Le asegure tratando de expresar completa seguridad en mis palabras. –Jamás haría tal cosa en mi sano juicio, porque de hacerlo, le estaría dando la espalda a todo y a todos los que dependen de mí.

El soltó una ligera carcajada –Como dije, ya lo has hecho, y no me refería a esta vida, sino a tu anterior existencia en el milenio de plata. En aquel entonces no comprendí el porqué de tus actos, pero ahora, tras las recientes revelaciones comprendo que tu motivación fue sin duda la culpa– Me sonrió con malicia-

-¿De qué estás hablando?

-Hablo de la ocasión en que buscaste la muerte al cortar tus venas en los jardines del palacio. Hablo del dolor que le provocaste a tu madre, no dejándole otra opción que pedirle al cristal de plata que borrara tu mente. Hablo de la inmensa culpa que sentiste, después de haber asesinado a tu padre.

Sus palabras llegaron a mí como afilados puñales que me hirieron en todos los sentidos. No podía ser verdad. No podía. -¡Mientes!- le reproche con furia. El solo sonrió ante mi reclamo.

Y yo, sin poder evitarlo empecé a recordar algo que termino de derrumbar mi fortaleza por completo:

Recuerdo

Serenety se encontraba en los majestuosos jardines del palacio. Frente a ella, el consejero Artemis y Sailor Uranus, su guardia personal.

Su blanca piel se veía pálida, en total contraste con el profundo oscuro de sus ojeras y el aspecto rojizo de sus ojos, su cabello estaba suelto y su cuerpo se encontraba resguardado debajo de la capa favorita del rey.

Se notaba sumamente triste y decaída, y su voz reflejaba la angustia que por dentro la consumía: -¿Cómo puedo seguir con eso en mi conciencia? –Pregunto a sus guardianes, al tiempo que un par de lagrimas escaparan de sus ojos- ¿Cómo puedo ver a mi madre a la cara sin recordar el dolor que le ha dejado la muerte de mi padre? ¿Cómo puedo volver a sonreír sabiendo que yo soy la causante de su pena? –

Les dio la espalda y avanzo un par de pasos para alcanzar a tocar una hermosa rosa blanca. La tomo sin importarle los espinos y después se dejo caer de rodillas aun con la rosa en sus manos.

-No puedo, me atormentan los recuerdos. Aun siento la calidez de su sangre, y al cerrar los ojos aun puedo ver su última mirada, tan dulce y compasiva, viéndome con ternura. Asiéndome saber que mataría, y a su vez moriría mil veces de ser necesario, solo para protegerme. Asiéndome sentir que me amaba a pesar de todo.

-Sé que me amaba –Aseguro en medio de su llanto- Y yo lo amaba a él, muchísimo. Era mi padre y yo era "Su pequeño ángel" – Su voz se quebró aun mas al recordar la manera cariñosa en que su padre la llamaba.

Ambos guardianes avanzaron hasta situarse a escasos metros de la joven, aun a sus espaldas. Escuchaban atentamente lo que ella decía.

-No lo entiendo –volvió a hablar la hermosa princesa- Solo puedo sentirlo. Aun puedo sentir su sangre en mis manos, puedo recordar como poco a poco fue muriendo ante mis ojos, sin que yo pudiera evitarlo. Sin saber cómo, o porque lo hice.

Ambos guardianes se acercaron a su princesa, pero justo antes de que pudieran alcanzarla, fueron testigo de cómo su cuerpo aun cubierto con la capa del rey, se desplomo ya sin fuerzas, dejando a la vista solo su mano derecha, en donde aun mantenía sujeta aquella hermosa flor, que para el terror de los presentes, ahora se encontraba totalmente teñida de color carmín.

El miedo se reflejo en su mirada, pero a pesar del terror que los embargaba, llegaron ella. Con suma delicadeza Artemis la tomo en brazos con la intención de correr a palacio, pero en ese instante la reina y Luna llegaron solo para encontrarse con aquella aterradora escena.

La reina se acerco a toda prisa. Artemis deposito el cuerpo de su princesa en una de las bancas más cercanas. Al hacerlo, la capa que cubría su cuerpo se abrió por completo, dejando ver como el hermoso pijama de la joven ahora estaba cubierto de sangre.

Un grito de terror se ahogo en sus gargantas.

Buscaron con desesperación la procedencia de aquella sangre, y encontraron unos profundos cortes en las muñecas de la joven. Se había cortado las venas.

En las manos de Uranus se encontraba aquel objeto que había recogido del pasto, el mimo que la princesa había dejado caer, después de haberlo usado en secreto. La daga de oro con incrustaciones de diamante que el rey atesoraba celosamente en su despacho. Sin duda, ese era el instrumento que la princesa había decidido usar para quitarse la vida.

-¡Serenety!… por favor, no me hagas esto, mi ángel, ¡Resiste! – le rogaba la reina en medio de aquel torrente de lagrimas que escapaban de sus ojos. Con aquel hilo de voz que difícilmente salía de su garganta, ya que podía sentir como la angustia y la desesperación la estaban ahogando.

-Lo siento…. – Se escucho apenas un murmullo proveniente de los labios de la princesa– no puedo seguir así, me duele…– En sus ojos y en su rostro aun prevalecía aquella expresión de sufrimiento que la venia atormentando desde hace días.

-Perdóname… - fue lo último que la hermosa princesa dijo antes de perder el conocimiento.

Fin del recuerdo


SEIYA PVO

Artemis nos había hecho salir de la habitación de Serena, y aun cuando todo en mi interior se oponía a alejarme de ella, debí obedecer cuando utilizaron un argumento que me fue imposible rebatir – Hazlo por ella –me había dicho – Debes descansar y estar alerta. No sabemos cuándo atacara el enemigo, y todos debemos estar listos para protegerla. – Tenía razón, y aceptando ese hecho me fui a mi habitación y después de darme un baño y cenar algo ligero, me fui a la cama.

Obviamente mi preocupación por el repentino estado de mi bombón me tenía inquieto, impidiéndome dormir en lo absoluto. Pero cuando Luna toco a mi puerta para informarme que la fiebre había cesado y que ella estaba durmiendo tranquilamente, yo me sentí mucho más relajado y sin darme cuenta, al poco rato me quede dormido.

Sin embargo, un fuerte estruendo me despertó entrada la noche y al abrir los ojos algo desubicado, una nueva explosión me puso alerta. Salí de la habitación y me encontré a mis hermanos y a las chicas corriendo hacia la puerta trasera mientras se transformaban él en camino. Me les uní y al salir al patio trasero, nos encontramos con media docena de hombres con túnicas blancas, atacando desde el tejado y el muro que rodeaba la mansión.

-Nos tienen rodeadas – informo Sailors Mars algo que ya era obvio para todas.

-Bien, eso significa que solo nos queda atacar- anuncio Júpiter lanzando su poderoso ataque. El resto comenzó a imitarla.

Una a una todas las Sailors nos fuimos dispersando, lanzando y esquivando ataques lo más rápido posible. Y tratando a la vez de descubrir la ubicación de algunos enemigos que lanzaban sus poderes estando ocultos en la oscuridad de la noche.

Me disponía a lanzar nuevamente un ataque cuando la vi salir de la mansión. Sailors Moon se acerco a nosotras, quizás dispuesta a luchar, y eso me asusto.

Sé que es poderosa, quizás más que la mayoría de nosotras, pero yo no estaba dispuesta a que ella se arriesgara a salir herida.

Me coloque frente a ella en posición defensiva. No permitiría que ningún ataque del enemigo la tocara, aun cuando tuviera que usar mi cuerpo para protegerla. - Sailor Muon, por favor, entra dentro de la mansión, ellos son muy peligroso- le advertí aun sabiendo que ignoraría mi comentario.

-No dejare que luchen solas – me respondió decidida. Ya me esperaba esa respuesta, aunque no me agrado escucharla.

El resto de las Sailors no tardo mucho en percatarse de su presencia. Y aun sin ponerse de acuerdo, una a una se acercaron y la rodearon con el único fin de protegerla.

Y allí, todas las Sailors reunidas, estábamos notablemente en desventaja ante el enemigo.

-¿Acaso no lo entiendes? –Escuche la voz de Uranus reprendiendo a su princesa -Asemos esto por protegerte y tu presencia lejos de brindarnos una ayuda solo logra distraernos.

Aun cuando no quería herir a mi Bombón con mis palabras, debí apoyar lo que la Sailors del viento le decía. -Uranus tiene razón, ninguna de nosotras podrá atacar con libertad mientras tú estés en el campo de batalla, tu sola presencia hace que nos convirtamos en una guardia defensiva, en vez de ofensiva.-

Apenas termine de hablar, cuando pude observar de reojo como Artemis llego para colocar a Sailor Moon sobre su hombro, y llevarla dentro de la mansión sin que ella pudiera hacer nada al respecto.

Supe de inmediato que más tarde nos reprocharía el dejarla fuera. Seguramente estaría molesta y aun sin querer, sabía bien que la habíamos hecho sentir inútil. Pero con tal de protegerla, no me importo.

-Debemos derrotarlos -Se escucho la molesta voz de Uranus – Dispérsense y ataquen – Todas obedecimos, y las grandes bolas de energía comenzaron a cruzar el patio de un lado a otro.

Teníamos nuestros ojos puestos en los enemigos frente a nosotras, tratando de adivinar sus movimientos, buscando la forma de poder herirlo, de acabar con ellos.

Sin embargo, los ataques que nos eran lanzados desde ningún punto especifico en la oscuridad, nos tenían constantemente preocupadas en esquivar, y nos limitaban la libertad de atacar.

Nosotras corríamos a lo largo y ancho de amplio patio mientras que ellos se movían velozmente sobre el tejado y el muro lanzando un ataque cada pocos segundo.

Empecé a desesperarme cuando note que una a una, el resto de las Sailors estaban resultando heridas, nada grave aun, pero comenzábamos a temer lo peor.

Un fuerte grito resonó en mis oídos, sin embargo, no logro estremecerme. Pertenecía a uno de los enemigos quien tras ser alcanzado por las flechas de fuego de Sailors Mars, había caído del tejado solo para encontrar la muerte a manos de Uranus y su filosa espada.

Uno menos. Solo uno, pero suficiente para brindarnos motivación a nosotras, e infundirles temor a ellos.

De momento la balanza estaba a nuestro favor, y yo está segura de que cada una de las Sailors presentes estaba determinada a mantenerla así, a nuestro favor.

Un nuevo enemigo cayó cuando fue alcanzado por los ataque combinados de Healer, Maker y mío. Sin embargo, no pudimos saborear esa pequeña victoria debido a que casi perdemos a Venus, cuando dos de los enemigos la atacaron por diferentes francos. Fue Healer, quien de último momento, pudo sacarla de la trayectoria de ambos ataques.

Estábamos exhaustas, aun cuando tratábamos de demostrar lo contrario. Frente a nosotras aun quedaban cinco enemigos en pie. Aunque sabíamos que aun existían algunos ocultos, los cuales, misteriosamente, habían cesado sus ataques.

Escuche un grito que logro paralizarme – Fighter ¡cuidado!- me gire y vi el poderoso ataque a un metro de alcanzarme, sin duda no podría esquivarlo. Coloque mis manos frente a mi rostro preparándome para el golpe. Pero este, jamás llego.

Levante la vista y me descubrí cubierto por el campo de energía de Saturn, quien mantenía su alabarda aun en lo alto.- Gracias – le dije un poco apenado por mi descuido.

Ella sonrió –Se que harás feliz a mi princesa. Eso me motiva para impedir que algo te suceda. No quiero verla llorar.- Me comento.

El escudo se desvaneció. Y justo en ese momento pude apreciar como un nuevo enemigo caía a unos metros de mí, tras ser alcanzado por los ataques de Mercury y Neptium.

Tres menos. Quedaban cuatro a la vista.

-¡Son unas idiotas! –grito de pronto uno de ellos. -Kya acabara con todas ustedes por culpa de su princesa. Ella no podrá vencerla. No bajo estas circunstancias.

-Una vez que Kya despierte, el ángel de la luz que vive dentro de Serenety, será el primero el perecer. Su princesa no podrá usar el cristal de plata, y todo estará perdido- afirmo otro.

-¿Acaso no lo han notado? Su corazón se ha contaminado. Ella no es la misma niña dulce e inocente que ustedes conocieron. Deben abrir los ojos antes de que sea demasiado tarde. Kya debe morir antes de que logre despertar plenamente, o de lo contrario, será el fin de todo cuanto conocen.

Sus rostros expresaron una clara mezcla de frustración y miedo. Un segundo después los cuatro hombres se desvanecieron en el aire. Sin embargo, a pesar de que aparentemente habíamos vencido, sus palabras, aun cuando no las comprendíamos del todo, habían logrado inquietarnos.


SERENA PVO

-No, no es verdad – Me repetí a mi misma una y otra vez tratando inútilmente de convencerme.

-Si Serenety, lo es.- Me aseguro Meyrak de manera burlona - Fuiste tú quien obligo a tu madre a utilizar el Cristal de plata. Ella sano tus heridas y borró tu mente para que pudieras vivir tranquila. Y a su vez, te libero de la culpa, ocultando para siempre el peor de tus secretos, algo que solo tu sabia. La verdad sobre la muerte de tu padre.

-¡Basta! –le exigí que callara mientras me llevaba las manos a mi cabeza. No quería escuchar nada más de lo que ese anciano tuviera por decirme.

Lo odiaba por todo el daño que su ambición por el cristal de plata había desatado. Él era el culpable de todo lo que yo sufrí por causa de Endymión.

Meyrak era el responsable de meterlo en mi vida, y por consiguiente, de todo el dolor que él me había provocado. Y lo odiaba por eso.

-¡Fayres!- grite el nombre del guardián esperando que apareciera. Quería salir de ahí. El apareció. – ¡Sácame de aquí!- le exigí sin darle tiempo a hacer una reverencia. No quería seguir escuchando.

El se me acerco dispuesto a cumplir mi petición. Tome su mano y cerré los ojos. Pero justo antes de que ambos desapareciéramos de ese lugar, pude escuchar una vez mas la voz de Meyrak: Todos aquellos que permanezcan a tu lado, serán el primeros en morir Serenety. Es una vida por miles… tu vida Serenety… tu vida…

Su voz ceso. Abrí los ojos para encontrarme nuevamente en el estudio de la mansión. Me sentía tensa, nerviosa, asustada y molesta.

A lo lejos escuche un fuerte estruendo. Por un momento me había olvidado de la batalla que tenía lugar fuera de la mansión. – Infórmame –Le pedí, y el así lo hizo: Estamos venciendo, sus Sailors han logrado derrotar a tres enemigos. Mis hermanos y yo hemos acabado con aquellos que atacaban ocultos. Ellas no nos han visto. Quedan cuatro más.

-Majestad – se escucho la voz de Laryus quien junto a Geo y Amberes aparecían ante nosotros en ese momento. – El enemigo se ha retirado, y aunque la mayoría de sus Sailors están lastimada, sus heridas no son de gravedad.- me informo

Me sentí ligeramente relajada antes esas noticias. Pero yo sabía que el concilio volvería a buscarme, y la próxima vez, no cometería la estupidez que tratar de enfrentarse a mis Sailors. – Búsquenlo y mátenlos… a todos.

Los tres chicos volvieron a desaparecer. Fayres estaba por imitarlos cuando mi voz lo detuvo: Vuelve con Meyrak - le ordene sin ningún tipo de duda en mi voz - y redúcelo a cenizas. –El guardián asintió ligeramente y después desapareció.

Una vez que yo me quede sola, me derrumbe, y comencé a llorar de forma desesperada. Corrí a la puerta y puse el seguro. Las chicas irían a buscarme, pero yo no quería ver a nadie en ese momento, y en especial, no quería que nadie me viera.

Las palabras de Meyrak me habían asustado y confundido. Me sentía desolada y entrando en una angustiosa desesperación.

Necesitaba respuestas, y la única persona capaz de dármelas, al aparecer, no estaba siendo del todo honesta conmigo.

Tenía miedo. ¿Y si lo que dijo Meyrak era cierto? ¿Y si yo mate a mi padre? ¿Y si aquellos que me rodean son quienes corren mayor peligro?

Estaba ansiosa y asustada. Sabía que mi enfrentamiento con Kya estaba cada vez más cerca, y también sabía gracias a mis recientes recuerdos recuperados, que su despertar era el que me estaba provocando la serie de malestares físicos que venía pareciendo desde hace días. Pero… ¿Porque aun no aparecía?

Escuche como intentaron abrir la puerta – Serena, ya paso todo, todos se encuentran bien. – Me informo Luna -Abre la puerta por favor.

Yo no respondí, solo continúe llorando sin poder detenerme. -¿Serena que es lo que pasa? ¿Por qué lloras? ¿Te encuentras sola? ¿Estás bien?-

Mi llanto persistió. No hubo respuesta.

Comencé a sentir que el aire me faltaba, al mismo tiempo que todo a mí alrededor comenzó a darme vueltas. Mis piernas empezaron a temblar y un segundo después mis rodillas se doblaron.

El inmenso dolor volvió para atormentarme. Levante la mirada y vi mi reflejo en el cristal de una vitrina que se encontraba frente a mí.

-¡Serena! Me estas asustando. Abre la puerta – me exigió Luna notablemente alterada.

Yo no tuve fuerzas para ponerme de pie, ni para responder. Solo seguía llorando, con miedo, con desesperación, viendo fijamente mi reflejo, como si esperara que cobrara vida de un momento a otro, solo para brindarme las respuestas y el consuelo que tanto necesitaba.

Pero obviamente, eso no ocurrió.

Volví a bajar la vista y respire lo más profundo que pude tratando de ahogar en mi garganta cualquier posible grito de angustia y dolor.

Fue inútil. Un sonoro lamento escapo de mis labios sin poder evitarlo, al sentir de forma tortuosa como me desgarraban las entrañas.

-Se acerca la hora Serenety- escuche una fría voz que me llamaba- Pronto te are pagar por todo lo que me has quitado. Tu dolor y tu muerte no me bastaran. ¡Acabare con todo!.

Sentí el miedo invadirme ante esas palabras. Su fría voz había llegado a mí en un susurro claro, amenazante y… cercano.

-¿Kya? –Pronuncie apenas audible y como resultado lo único que obtuve fue una escalofriante risa resonando en mi cabeza, y un segundo después, sentí desvanecerme en una profunda y tranquila oscuridad.


YATEN PVO

Fue una batalla dura, pero finalmente había terminado. Habíamos logrado vencer a tres enemigos y cuatro más habían huido no sin antes dejarnos intranquilos con sus palabras.

Quizás para mis hermanos y para las chicas, lo recién dicho por ellos no había tenido importancia o significado. Sin embargo, yo sabía que tenían razón. Serena ya no era la misma niña alegre e inocente que yo había conocido en mi primera visita a la tierra. Ella había cambiado, algo dentro de ella ya no era lo mismo.

La chica infantil y atolondrada, había sido opacada, ahora ella era quizás más fuerte y madura, sin embargo, también era más fría y distante, y lo peor del caso, es que todos actuaban como si no se dieran cuenta.

Se bien que ella ha sufrido mucho y es normal que todo el sufrimiento que ha padecido la haya cambiado. Pero… hay algo más, algo que no comprendo, algo que me ha inquietado desde hace tiempo. Desde el momento en que sane sus heridas.

Yo pude sentirlo, hay algo extraño en ella, quizás sea su dolor convertido en furia, no lo sé, de lo único que estoy seguro es que ella no es la misma. Lo cual me hace preguntarme ¿Y si esos hombre tienen razón? ¿Y si el cambio de Serena impide que pueda vencer a Kya? ¿Será este verdaderamente nuestro fin?

No puedo evitar estremecerme ante la posibilidad, ante la incertidumbre.

-Pareces confundido ¿Acaso no terminas de creer que ganamos la batalla? – La voz de Mina, y en especial su peso cargado en mi brazo, me hizo salir de mis pensamientos.

Se veía alegre, entusiasmada, satisfecha con el reciente triunfo. Sin embargo, yo estaba muy lejos de sentirme entusiasta.

Fingí una sonrisa. No quería preocuparla con mis inquietudes- Claro que me alegra. Es solo que… - sus fijos ojos se clavaron en los míos. Ella lucia tan alegre y hermosa. ¿Cómo era posible que solo yo pareciera preocupado por las palabras que esos hombres habían dicho? – Por un momento tuve miedo de perderte –le confesé sin pensarlo.

Ella se sorprendió y creo que yo también lo hice. Todos saben que no soy del tipo sentimental. Sin embargo, era verdad, por un momento, me había aterrado la idea de perderla.

Aun ahora, la posibilidad de que ella se vea dañada debido a… lo que sea que le ocurre a Serena, me inquieta.

-Tuve mucha suerte, y gracias a ti me encuentro bien.- Me aseguro con una reluciente sonrisa - No me voy a quejar por un par de rasguños y moretones. Así que no te preocupes por mí y acompáñame a ver a Serena. Seguramente estará echa una furia por haberla sacado de la batalla.

Yo sonreí y camine a su lado al interior de la casa, donde de inmediato nos encontramos con una escena preocupante.

Luna lloraba desconsolada en brazos de Artemis, mientras que Seiya y Haruka, golpeaban con fuerza la puerta del estudio tratando de derrumbarla.

¡Bombón!- Grito mi hermano en forma desesperada tras escuchar un sonoro grito de dolor por parte de su amada. Un segundo después, no se escucho mas de ella, lo cual solo provoco aun mas preocupación en todos los que nos encontrábamos presentes.

Los segundos pasaron sintiéndose eternos y sumamente pesados.

Rápidamente pase mi vista por el rostro de todos. Miedo, angustia, tristeza, desesperación…

¡Bombón!- volvió a llamarla ya con la voz por completo quebrada por la angustia, al tiempo que se lanzaba una vez más contra la puerta.

El cerrojo finalmente cedió haciéndose pedazos y la puerta se abrió permitiéndonos ver a Serena tirada en el suelo, sumamente pálida, con los ojos abiertos pero faltos de cualquier chispa de vida, y con un hilillo de sangre escapando de la comisura de sus labios.


¿Qué les pareció?

Como ven, Kya se acerca pitando, lo cual también significa que se acerca el final de esta historia. Snif, snif.

Me va a dar la depre cuando la termine.

Pero bueno, por favor, dejen sus comentarios.