Capítulo XXV
I don't belong here
Kylo, a decir verdad, no pudo evitarlo: rompió una regla más.
Minutos antes de su muerte, tocó el hombro de la mujer que miraba a través de la ventana. La anciana se sorprendió un poco al verlo, pero no demasiado.
Tal vez las personas en el ocaso de la vida, realmente, no le temen a la muerte, en ninguna de sus formas.
―¿Has venido por mí? ―le había preguntado la anciana.
