Los personajes de Percy Jackson no me pertenecen, solo juego con ellos.


Capítulo 25: Tercera Prueba: Recta Final.

-Creo que fuimos bendecidos por los dioses- dijo Frank a Hazel y Dakota.

-Lástima que Jasón no está- la muchacha no pudo evitar decir.

Recién se habían topado con un minimo grupo de griegos, solo dos y ellos eran cerca de diez. Los superaban en número, pero no era por eso que estaban felices los tres chicos.

Octavian lideraba la guardia romana. Annabeth formaba parte de los dos griegos.

-Si se cumple tu predicción, votare por ti como próximo Augur- le dijo el hijo de Baco a Frank.

Frank solo quería ver el zapato de Annabeth en la cara de Octavian. Con eso sería un chico feliz por el resto del día.


-¡Piper! ¡Piper!

-Deja de gritar como una loca o las Cazadoras vendrán y te callaran a flechazos.

-¡Valdez!- exclamo Silena por la sorpresa. Busco alrededor del latino al que sabía que debía ser su acompañante. Sonrió al verlo- hola, Charlie.

El chico sonrió, sonrojándose un poco. Aun no encontraba a Piper, pero debía ser una buena señal encontrarse al hijo de Hefesto, aunque este estuviera acompañado por su molesto hermano latino.

-¿Dónde está Piper?- pregunto Leo preocupado.

-¡No lo sé!- exclamo la hija de Afrodita de igual forma- queríamos rodear a unos trolls, pero creo que doblo en el árbol equivocado…

-Busquémosla entre los tres- propuso Beckendorf- ya terminamos con las trampas de esta área, podemos acompañarte.

Leo se quejó, objeto, refunfuño y no callo sus negativas a esa idea en ningún momento. Ahora era la tercera rueda y no podía irse a ningún lugar sin encontrarse con romanos o niñas eternas.

Aunque esa perspectiva sonaba bien en ese instante.


Piper había estado en mejores situaciones, eso seguro. ¡Silena era tan despistada! Si solo se fuera fijado mejor habría notado las marcas que había hecho con su daga para que la encontrara en caso de separarse.

Lo peor era que los trolls la habían seguido.

-Pues, bien… hola- dijo a los monstruos, deteniéndose para enfrentarlos- entonces, ¿Cómo han estado?

Los seres de roca y cara desfigurada la miraron como si no la fuera escuchado.

-Ok, levante la mano quien me escuche- impregno sus palabras con el encanto que su madre le heredo.

Los cuatro trolls levantaron un poco la mano. Eran rudos, pero no completamente inmunes. Tal vez estuvieran algo sordos. Podía con eso.

-Quietos- les dijo, usando la mayor cantidad de encanto que pudo- quietos.

Los trolls no parpadearon mientras ella se acercaba. La idea era destruirlos y largarse de allí. Tenía una bandera romana que buscar. Pero Katroptis, su daga, tal vez no sería suficiente para esto. Necesitaba algo más… mortal.

-¡Piper! ¿Qué estás haciendo?

Giro en dirección a la persona que había gritado, encontrándose con una penetrante mirada azul eléctrico. Jasón tenía el rostro lleno de preocupación. Entonces, recordó a los monstruos, quienes salían del trance.

Corrió hacia Jasón, un mazo gigante zumbando sobre su cabeza en el camino. Se habían despertado, y estaban furiosos. Y más veloces de que ella habría creído posible.

El rubio corrió en dirección opuesta a la de ella. Su espada de oro imperial en la mano, fuertemente sujeta, lista para atravesar lo que estuviera en su camino. El romano estaba listo para destruir y aniquilar. Era muy valiente.

"Detente y ayuda", se dijo, medio regañándose también. "No quedes como una cobarde". Obedeciendo a sus pensamientos, freno, casi derrapando, y se giró hacia él. "No tengo armas. ¿Qué puedo hacer? ¿Cómo lo ayudo? ¿Por qué no traje una espada conmigo? ¡Tonta!". Había logrado controlar a los trolls antes, ¿Por qué no intentarlo de nuevo?

Los trolls estaban agitados, enojados, yendo los cuatro por Jasón. Lo mejor sería calmarlos, eso le daría tiempo al rubio para atacar.

-Manos a la obra- murmuro Piper, decididamente.


Noche de dioses. Varones. Machos.

Había costado. Mucho. Las diosas en la actualidad eran más tercas que una mula, varios de ellos, sobre todo Zeus, extrañaba la época en las que las mujeres hacían lo que les pedían y ya. Sin replicas, berrinches o rabietas.

El Gran Zeus tuvo que jurar por el Estigio que no habría ninguna mujer en todo el palacio de Poseidón, ni siquiera Anfitrite; de esa única manera, Hera lo dejo irse en paz, jurando de la misma manera no molestar en ningún momento con mensajes Iris o apareciendo de repente.

Las demás olímpicas fueron un poco más comprensivas. Afrodita había hecho pucheros, pues se divertía mucho más cuando estaban ellos. Deméter insistió también un poco, Hestia había aceptado la decisión con tranquilidad; Artemisa y Atenea eran un poco más indiferentes al asunto y no pusieron ni un pero. Sin embargo, Hera no dejaría las cosas precisamente en paz.

Si ellos tenían una noche de dioses, ellas tendrían una noche de chicas.


-¡Malvadas, engreídas y hermosas doncellas de mi hermana!- Apolo comenzaba a ponerse dramático, listo para escribir un memorable Haiku en cualquier momento- ¡Dejen en paz a mi hija! No la odien por ser tan genial- gimoteo.

En la gran pantalla podían ver como Hope y a Lou Helen eran acorraladas por las Cazadoras de Artemisa, que las apuntaban con flechas de plata.

-¡Hades!- grito, hablándole a su tío- ¿Dónde está tu muchacho? ¿Por qué ha dejado sola a mi niña? ¿No que es su novio? ¿Dónde se ha metido el muy cobarde?

-¿Podrías callarte ya?- el dios de Inframundo no perdió la paciencia- mira la pantalla y sabrás.

Hades sabía que cuando ese programa terminara, su mimado y lleno de fijador sobrino le estaría pidiendo la mano de Nico en matrimonio para casarlo con la chiquilla rubia.


A pesar de ser superadas cuatro a uno, ni Hope ni Lou Helen dejaron ver su angustia. De esa manera solo le mostrarían a Zoe que había ganado y eso no podía suceder. Esas cazadoras no las vencerían tan fácilmente.

-Díganme donde están mis demás cazadoras y tal vez las dejemos ir- dijo la lugarteniente, autoritaria como siempre.

Hope no le prestaba atención, estaba pensando. Traba de recordar todas sus clases sobre estrategia que había visto con las hijas de Atenea durante sus años en el Campamento Mestizo. Siempre había sido pequeña y no muy buena luchando por lo que debía ser rápida e inteligente para compensar.

Tenía que encontrar una forma de salir de allí.

Enfocando bien su atención, analizo a las cazadoras. Se veían listas para atacar o defenderse en cualquier momento, les daba puntos por eso.

Algunas respiraban agitadamente, estaban sucias y con rasguños en la ropa. Cansadas. Los campistas debieron haberles dado buena pelea. Muchos se habían preparado solo para vencerlas a ellas.

No les quedaban más de cuatro flechas a cada una, más el par de cuchillos que sabía que siempre llevaban.

Ella, en cambio, estaba intacta y descansada. Además, tenía flechas ilimitadas, además de unas cuantas sorpresas más, gracias a su carcaj mágico. Y contaba con la ayuda de cierta personita.

-Ayúdame, Lou- dijo entre dientes la rubia.

-Ni te molestes- Zoe entrecerró los ojos- la niebla no nos afecta, somos más inteligentes que eso. No somos ingenuas mortales.

En medio de las palabras, Hope tomo tres flechas y las disparo al piso entre las cazadoras y antes de que ellas pudieran responder, un espeso humo negro salió de las flechas, nublando la visión de todos.

Lou Helen supo que era el momento. Había entendido las palabras de la rubia: no le pedía que usara la niebla, sino el trozo de hueso que Nico les dio. Con fuerza, lo clavo en la tierra.

El suelo se agito bajo sus pies, con fuerza, necesitaron sostenerse de los árboles para no caer. Hope esperaba que el temblor fuera buena señal. El humo negro aún era espeso y ni siquiera ella podía ver que sucedia.

Chillidos y ruidos de forcejeos se escucharon en la oscuridad. La rubia tenia curiosidad, ¿Qué podía hacer chillar a una Cazadora? ¿Con que estarían peleando? De haber sido de día, la niebla no sería tan oscura y podría estar observando que demonios había hecho.

Los minutos pasaron, los ruidos no cesaron, comenzando a preocupar a las dos griegas. El humo se disipo y pudieron ver al fin que pasaba: 5 de las cazadoras habían sido inmovilizadas, una estaba inconsciente y las últimas dos, Zoe y Bianca, peleaban todavía contra unos no-muertos, los cuales habían vencido a la otra media docena de chicas.

-¿Por qué no lo supe?- farfullo Hope, viendo a los esqueletos. Se ocultó levemente tras Lou Helen- no da un hueso el Rey de los Fantasmas, Príncipe del Inframundo, amante de invocar bichos en descomposición. ¿Qué esperaba? ¿Cachorritos, quizá?- hizo una mueca- seguro serian cachorritos zombie.

-¿Paraste de hablar ya contigo misma?- Lou Helen la llamo, medio impaciente- porque la razón de tus quejas comienza a venir hacia nosotras.

En efecto. Nico había salido de las sombras y se acercaba con completa calma hacia donde estaban ellas. Su rostro mostraba el disgusto que siempre se hacía presente cuando veía a una cazadora; mas a un si Hope estaba junto a ellas.

-¿Están bien?- pregunto a ambas, pero veía a la hija de Apolo.

-Gracias por tu ayuda- respondió Lou Helen, verdaderamente agradecida- ¿lo sabias? ¿Qué ellas vendrían por nosotras?

-Lo supuse- asintió.

Se giraron hacia las cazadoras. La chica que había quedado inconsciente seguía durmiendo; los otras, inmovilizadas por los no-muertos, los miraban con rabia. Zoe seguía en la lucha, igual que Bianca. La hija de Hades parecía ligeramente sorprendida, luego de destruir un esqueleto y que este volviera a armarse.

-Generalmente, gracias a nuestro padre, tu podrías destruirlo y este quedaría asi- dijo Nico a su hermana- pero este esqueleto trabaja para mí y no se ira tan fácilmente-miro a las chicas- tengo que llevarlas con los demás, pero sería complicado si siguen conscientes.

-Oh, oh, oh- Hope comenzó a dar brinquitos, alzando la mano como si estuviera en clase- puedo arreglarlo.

Revolvió un rato su carcaj mágico, metiendo el brazo hasta el hombro, cosa que sorprendió a sus dos acompañantes. Entonces se levantó con un par de pañuelos y una botellita.

Era cloroformo.

-¿Debería sorprenderme que lleve algo así con ella?- dudo Lou Helen, hablando en voz baja.

-No sé qué decir- Nico estaba igual de desconcertado.


-¿Lleva cloroformo con ella?- Hera parpadeo, confundida como pocas veces la habían visto.

-Nunca sabes cuando tienes que dejar inconsciente a alguien y secuestrarlo- Atenea no le dio mucha importancia, la idea funcionaba y era lo que le interesaba.

Para esa "Noche de chicas", en el palacio de Hera, invitaron a mas diosas de las que era costumbre. Estaban Hera, Atenea, Afrodita, Deméter, Artemisa y Hestia; además llegaron Anfitrite, Némesis, Hécate, Iris, Perséfone, Nike, e incluso, Cimpolea. No habían reconocido precisamente a la diosa menor cuando llego, pero ya eso era algo sin importancia.

Artemisa no había dicho nada en la última fracción de programa, no podía creer que lo había sucedido con sus subordinadas. Ese muchachito las había vencido con sus no-muertos.

La única que aun daba pelea era Zoe.


Los dioses estaban impresionados por las prevenciones que había tomado Nico para ayudar a su novia y la hija de Hécate. Aunque, en el fondo, algunos como Zeus, estaban preocupados por el poder demostrado por el chico. Podría llegar a ser una amenaza.

Pero mientras tanto:

-¡No! ¡No!

-Agárrenla.

-¡Atrápenla rápido!

-Se va, se va, se va.

-¡Se fue!

Todos cayeron de sus sillas, desparramándose allí, algo decepcionados. Zoe había podido escapar. Incluso a Bianca; Hades no podía tener preferencia con sus hijos, pero creía que este resultado era el mejor. Nico, que siempre había permanecido junto a él, había usado sus habilidades, las que había aprendido en su tiempo en el Inframundo. Mientras Bianca le había dado su lealtad a otro dios sin siquiera pensarlo.

-Se prendió- rio Ares perversamente, viendo como la cazadora se alejaba.


Estaban en territorio de las Cazadoras de Artemisa, debían moverse rápido pues en cualquier momento podrían aparecer dichas señoritas. Sería un problema. Pero primero Annabeth debía terminar su entretenida lucha contra Octavian.

Para Percy, todo lo demás podía esperar.

Los ojos de Annabeth era como esas nubes que se cernían sobre el mar, para desatar una tormenta que terminaría con toda paz, haciendo naufragar hasta al mejor navío con la más experimentada tripulación. Percy estaba fascinado. Ella debería pelear con Augures rubios flacuchos más seguido.

Ningún romano le hacía barras a su luchador, mientras el gritaba animando a la muchacha. Eran sus gritos y el chocar de espadas lo único que se oía en el claro.

-Annabeth, termina con el de una vez- había escuchado ruido, alguien se acercaba. Era tiempo de retirarse- nos estamos arriesgando. El plan…

Dejo la frase en el aire. Ella no dañaría su propio plan, por lo que apresuro la derrota del legionario. Octavian no estaba nada feliz por la humillación que esa hija de Minerva le estaba dando. Tenía demasiada confianza en sus movimientos y más astucia.

-Annabeth- llamo, impaciente, el pelinegro. Ella gruño rodando los ojos.

-Bien, vamos- dio un giro sobre el pie izquierdo, impacto el talón derecho en la mandíbula de Octavian. Los presentas quedaron con la boca abierta mientras el chico caía al suelo. Ella se vio hacia su compañero, quitándose el cabello de los ojos- ¿feliz?

-Mucho- el sonrió, diciendo exactamente lo que Hazel y Frank, allí presentes, pensaban.

La legión les impidió el paso, pues ese era su deber, aunque muchos pensaban que debían dejarlos ir como compensación por la paliza al odioso Augur. Sin embargo, ahí estaba ese ruido de nuevo. Pero más fuerte.

-No son las cazadoras- dijo Annabeth a Percy- ellas son sigilosas.

Y en efecto, no lo eran. Se trataba del entusiasta grupo de ofensiva que lideraba Thalia Grace. En cuestión de segundos cayeron sobre los soldados, dejándoles el paso libre a Annabeth y Percy, quienes se fueron de allí sin hacer el más mínimo ruido.


-¡¿Qué hiciste QUE?!- Silena estaba que se desmayaba, y no precisamente por el maratón que llevaban corriendo.

Ya se había separado de Charlie (que era un encanto) y de Leo (ese engendro de las fraguas), se había reencontrado con Piper e iba camino a la bandera morada del Campamento Júpiter. Ya había puesto a su hermana menor al tanto de lo que había sucedido cuando se separaron y ahora era el turno de Piper. Y no podía creer lo que oía.

-En la guerra y en el amor todo se vale…

-¡No cuando vas a la GUERRA en contra de tu AMOR!- chillo Silena- ¿en que Tártaro pensabas? ¿Qué diría Jasón de ti luego de que lo noquearas y lo amarraras para que los antiestéticos sirvientes de Nico se lo llevaran? Él te ayudo con los trolls.

Piper rodo los ojos, tratando de ignorar la perorata de la otra muchacha; aunque en el fondo un sentimiento de inquietud aumentaba con rapidez. ¿Y si Jasón no quería hablarle después de esto? ¿Qué haría?

"¿Qué hice?" pensó con una vergüenza desesperada.

Pararon abruptamente al llegar a un claro. La larga bandera morada con las letras mayúsculas SPQR y laureles en dorado estaba colgada en toda su majestuosidad en la alta rama de un árbol. Custodiada por seis soldados, enormes, con mucho musculo y una mueca burlona al ver a las pequeñas y delicadas hijas de Afrodita que vinieron a enfrentarlos.

-¿Lista para ser un encanto?- pregunto Piper acercándose con calma al centro del claro. Su hermana rio, tapándose la boca graciosamente.

-Piper, cariño, yo siempre soy un encanto.


La bandera plateada con un gran lobo aullando con una gran luna de fondo ondeaba al viento, mientras a sus pies se llevaba a cabo una lucha. Romanos, griegos y Cazadoras.

Si permitieran matar eso sería una masacre.

Thalia estaba pendiente únicamente de dos cosas: 1) Annabeth llevándose la bandera, usando su gorra de invisibilidad, mientras, Percy la ayudaba y la cubría, peleando ferozmente. Y 2) derrotar a Zoe Belladona. Las cosas no necesariamente en ese orden.

-Ríndete bellaca- Exclamo Zoe, recordándole sus siglos de antigüedad.

-Ay, Zoe- Thalia rio de muy buena gana, deteniendo un mandoble con su lanza- te conseguiré un diccionario. ¿Sabes que nadie habla así hoy en día, verdad?

La lugarteniente solo gruño y continúo arremetiendo contra ella. Thalia vio por el rabillo del ojo como la bandera se soltaba y luego se alejaba hacia el este.

Ahora solo tenía una cosa de la cual preocuparse.

-Espero que seas buena perdedora, Zoe- dijo entre dientes la hija de Zeus- porque trapeare el piso contigo.

-No seas ridícula- contesto Zoe- este piso no se trapea.

-Jo, jo, jo. Aun mejor.


-Hola…

Todas las cabezas giraron al escuchar el saludo de Hefesto. Ningún dios lo había estado esperando. Luego se miraron entre si un segundo para decir al unísono, mirando ceñudos al recién llegado.

-Calla y siéntate.

Volvieron su vista la pantalla. Los griegos tenían ambas banderas, pero aun no estaban cerca de su territorio. Corrían como almas que lleva Hades, pues una multitud los perseguía.

De repente, Annabeth se tropezó, le paso la bandera a Percy y este corrió. Estaba exhausto. Se topó con Malcom y mando la bandera con él. El hijo de Atenea se encontró con Piper, quien también le dejo la bandera romana, este volvió a echar a correr; parecía como si el resto de los campistas fuera desaparecido pues apenas se topaba con sus propios compañeros de campamento.

Su velocidad disminuyo considerablemente y de seguir así lo alcanzarían, por lo que resolvió dejarle las banderas al próximo griego: esos fueron los hijos de Dionisio y Deméter. Corrieron Polux y Castor llevando las banderas mientras ellas dejaron enredaderas en el camino para hacer tiempo.

Estaban cerca del arroyo, pero los equipos contrarios estaban más cerca también. Faltaba poco para llegar al territorio, pero… no podían más. Tenían que delegar la bandera a alguien.

Solo estaba… Leo.

-No hay de otra- se lamentó Miranda.

Pararon junto a Valdez. Este al ver las banderas se negó, pero sabía que era imposible. Se acercaba el enemigo y ellos debían ganar. Sin más, se puso en marcha.

Leo mentiría si dijera que no estaba asustado. ¿Un grupo de soldados muy grandes y fuertes lo perseguían, junto a un grupo de hermosas niñas eternas armadas y agresivas para quitarle esos valiosos trozos de tela? Si, lo mejor sería no detenerse.

Y así lo hizo.

Ni siquiera se fijó en el momento en que salto el arroyo que dividía los territorios. Solo corrió, corrió, corrió y corrió. Nada más le importaba. Aun no se daba cuenta de que las banderas en sus manos brillaban mientras se volvían naranjas como la de ellos, indicando que había ganado.

Paro de correr solo cuando se levantó seis metros del suelo en una jaula de bronce celestial. Miro a su alrededor, sin esperanzas, pensando que habían perdido.

Vio la bandera del Campamento mestizo colgada donde la había dejado. Muchas cazadoras e incluso unos pocos legionarios estaban a sus pies, atrapados en las brillantes trampas de los Stoll y Nakamura.

-Mira, Travis. Ganamos- escucho decir a Connor. Encontró al par de hermanos pegados de espaldas al piso por una red de plata. Habían caído en una de sus propias trampas…

-Sí, wiiii- Ethan giraba dentro de una red, a la misma altura que él, nada feliz.

… luego de haber hecho que Ethan cayera en una, seguramente.


Que les parecio? XD a mi "editora" y principal critica le gusto, espero que a ustedes igual...

hasta luego :)