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Albert la recibió con un cálido beso, un té caliente y un sándwich con queso caliente recién preparado.

- ¿Qué tal la tarde?

- No preguntes, Tony parece disco rallado pidiendo un teléfono móvil, me tiene aburrida.

- Bueno, respira profundo, Marie Rose me envio un mail para saber si le compraba un Tablet.

- Ya tiene un computador portátil, ¿para qué quiere un Tablet?

- No tengo idea, pero si la quiere le costará.

- ¿Qué estás pensando Albert?

- Espera y verás, mi curiosa mariposa.

Candy se acercó mirándolo con coquetería, pero Albert no cedió. Lo besó suavemente pero el rubio no dijo nada más sobre el tema y se dejó regalonear. Tras el té, dejó a su mariposa pensando y se fue a dormir un poco.

Mientras, Candy se debatía entre estudiar otro poco del diplomado que cursaba o leer el último paper que había recibido de parte de uno de sus colegas.

Se sentó cómodamente en su escritorio y abrió su laptop. Allí la encontró Albert dos horas después, durmiendo a pierna suelta sobre su equipo. Suavemente la cargó en brazos y la llevó a la cama donde la depositó cuidadosamente y cubrió con un chal.

Tras varias llamadas, delineó un plan para mantener a su prole en paz. Les adoraba, pero a veces tenían que recordarle que eran sus padres y no sus amigos. Albert veía como sus colegas se hacían los desentendidos muchas veces con sus hijos, pero él y Candy formaban un equipo y frente unido para todo. Después de todo, esos cinco chicos no habían llegado al mundo por magia.

El aroma de pan recién horneado despertó a la rubia. ¡Ay! Albert era realmente lo mejor que había como hombre. No importaba tener diferencias a veces, seguía siendo el mejor partner.

Se asomó cautelosamente para espiarlo desde el dintel de la puerta. Albert con las manos en la masa era siempre un espectáculo para ella. La calma con que se sumergía en la cocina, la suavidad con la que mezclaba los ingredientes, como estiraba la masa y como le daba forma a los panes era realmente sexy.

- ¿Hambrienta?

- Un poco, ¿cuánto tiempo tendremos que esperar por ese pan?

- Casi nada, ha de salir muy pronto, curiosa.

- Sacaré la mantequilla de inmediato, eso huele maravilloso.

Ya sentados, con una panera rebosante de los preparados por Albert y un par de tazas humeantes de té, el joven médico le comentó a su esposa el plan delineado entre George, Archie y él mismo para poner un poco de cordura en sus hijos adolescentes.

- Willie, Anne Marie y nuestra hija están empeñados en tener una Tablet cada uno y un Smartphone de los últimos que salieron. Coincidimos en que en nuestro afán de darles el mejor pasar posible, hemos olvidado que es bueno para ellos mantener los pies en la tierra y ver lo afortunados que son. Por lo que hemos decidido que lo mejor será ponerles algunas tareas para que puedan comprar esos objetos.

- Dos cosas: ¿por qué pensaron en eso ustedes solos?, somos las madres de estos chiquillos. ¿Y además quieren que trabajen?, tienen 15 años.

- Mariposa, pensamos en cosas sencillas, hogareñas, la idea es que se den cuenta que en el mundo de hoy nada es gratis.

Albert tomó ambas manos de la rubia y las besó.

- No pensamos dejarlas fuera del plan, es sólo que estábamos tomando un café los tres y surgió el tema. Y nos preguntamos ¿qué seria lo mejor para ellos? Decidimos formar un frente unido para que entre los primos no compitan ni nos pongan en entredicho. Probablemente debería habértelo comentado antes. ¿No te parece una buena idea?

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- ¡Es injusto! ¡Son los peores padres de la vida!

- No cariño, somos tus padres y punto, nos preocupan ustedes y tratamos de darles lo mejor que podemos – terció Candy

- ¡Todos mis amigos tiene un Tablet! ¿Por qué no me lo compran como a los demás?

- Porque no somos como los demás. Además no te estamos pidiendo gran cosa, sino lavar el auto de tu mamá o el mío, ir a buscar pan al negocio de la esquina, no es nada – mencionó Albert.

- ¡Los odio! Y salió dando un portazo.

Ambos rubios se miraron, ¿así iba a hacer toda la adolescencia de sus hijos? Con razón algunas parejas solamente tenían un hijo… y ellos cinco, ¿en qué estaban pensando?

- Bueno, pensando precisamente no estábamos – dijo Candy en voz alta.

Albert empezó a reír.