Los personajes de OUAT no me pertenecen

Capítulo 24

(Tres días y trece horas para el duelo.)

POV Narrador

La luz de las llamas y el crepitar de la madera al quemarse, llenaban el pequeño salón de un halo misterioso, envolviéndolo en una tranquila intimidad. Delante de la chimenea, sentada en el suelo y apoyada en el sofá, una sombra se llevaba una copa a los labios, daba un pequeño trago y, después de dejar la bebida a su lado, se abrazaba a sus piernas. Todo, bajo la atenta mirada de Emma, que tras bajar para coger un vaso de agua y ver el leve resplandor que salía de aquella habitación, se había acercado a comprobar que ocurría. Apoyada en el marco de la puerta, vio como la sombra de Regina se giraba hacia ella y, con un gesto de cabeza, la invitaba a acompañarla.

- ¿No puedes dormir? -Pregunto Emma mientras se acomodaba al lado de Regina.

-Ha sido un día duro… bueno… más bien un año duro. -Explico la morena, volviendo a coger la copa y soltando una risa triste.

-No para todos ¿verdad? - Emma busco los ojos de Regina, pero la morena evitaba mirarla fijando su vista en las llamas. - ¿Sabes? Me acabo de acordar de porque me pediste perdón esta mañana.

-Eso significa que cuando has dicho que me perdonabas… ¿era mentira? - Ahora era Regina la que buscaba los ojos verdeazulados de su compañera.

-Técnicamente… si…- Dejo escapar en un suspiro Emma.

-Pero…-Regina sabía que ahora venía un, pero, sin embargo, no pudo aguantarle por más tiempo la mirada a Emma y la volvió a dirigirla hacia las llamas.

-Pero… yo habría echo exactamente lo mismo en tu lugar. Por lo tanto, tu disculpa ni siquiera debería de haber existido.

-Pero te mentí…- Murmuro Regina, abrazándose más fuerte a sus piernas.

-Eso también es cierto. - Emma, imito la postura de Regina.

Se mantuvieron ambas en silencio, observando como las lenguas de fuego bailaban sobre los tocones de madera que, a cada momento, se volvían un poco más negros. Emma no sabía que hacer o decir para tranquilizar a Regina y, en ese tiempo de silencio, rememoro algo que la había sucedido en su juventud.

-Cuando era adolescente… alguien estuvo en mi vida un tiempo, y pensé que íbamos a ser las mejores amigas. - Emma giro su rostro, y fijo su mirada en la Regina que se la devolvía. - Pero me mintió, y la alejé incluso después de que me pidiera perdón. Cuando me di cuenta de mi error… ya era demasiado tarde. -Emma dejo de hablar y cerró los ojos perdiéndose en su memoria.

- ¿Que intentas decir Emma? -La suavidad y delicadeza de Regina a hacer esa pregunta, hizo volver a Emma de ese doloroso recuerdo.

-Lo que intento decir…- Emma se incorporó para situarse frente a Regina.

La rubia coloco sus piernas a cada lado de la morena y las manos en sus rodillas, provocando que Regina apoyase su espalda en el sofá, para quedar cara a cara mientras escuchaba lo que Emma tenía que decirla.

-Lo que quiero que te quede claro…- Emma intento que las palabras que se disponía a decir, llegaran a lo más profundo de Regina, y que esta no albergara ninguna duda sobre su veracidad. -Es que viviendo en Storybrooke, he conseguido a mi familia, y les quiero. Pero no siempre pueden entenderme. No saben lo que es sentirse rechazada o incomprendida... No como yo lo hago, no como tú lo haces. Y eso nos hace... no sé, únicas. Quizás incluso especiales. Y por esa misma razón, no voy a permitir que te sientas culpable por algo que yo hubiese echo de la misma manera. - Emma cogió las manos de Regina entre las suyas. - Incluso cuando me querías matar al principio. - La sonrisa de Emma se vio refleja en la de Regina.

-Nunca quise matarte. -Dijo con convicción Regina. - Simplemente me asuste…

- ¿De qué? - Emma acariciaba las manos de Regina, dándola ánimos a que continuase.

-De lo que me hacías sentir… llevaba tanto tiempo sin sentir nada hacia otra persona que no fuera Henry… que me aterro…

-Pues menuda primera impresión…- Bromeo la rubia.

-Para ser exactos… la primera impresión que me lleve al verte, fue la de la indiferencia. -Emma se llevó una mano al pecho dramáticamente como si estuviese dolida. - Deja que me explique…

-Por favor… porque acabas de tumbar a mi ego. – Regina se estiro un poco para darle un golpecito en el hombro a la rubia.

-Cuando apareciste en mi puerta con Henry… aparte del gran alivio de recuperarlo… no sentí nada más… bueno miento… sentí curiosidad hacia tu presencia. Pero cuando acabamos de hablar en mi despacho, todo volvió a ser normal. Tú te irías y yo volvería a lo acostumbrado. No tenía de que preocuparme.

- ¿Entonces cuando empezaste a sentirte aterrada?

-Después de amenazarte y de tenderte esa estúpida trampa con los archivos de Henry. Pensé que por fin te irías. Pero cuando mutilaste a mi apreciado manzano y te encaraste conmigo… algo prendió dentro de mí. Hubo una pequeña chispa que se encendió ante tu desafío, que poco a poco fue creciendo hasta convertirse en un fuego abrasador.

-Eso me suena más a furia que a temor. - Dijo Emma con una mueca extraña.

-Y fue aterrador… porque mi ira hacia ti, no estaba movida por el miedo de que pudieses romper la maldición y arrebatarme a Henry. Si no por la atracción que me provocabas. - Aclaro Regina un tanto sonrojada.

- Conque te sentías atraída, ¿eh? -Emma levantaba sus cejas en un claro gesto de picardía.

-Idiota. -Regina golpeo a Emma con una risita tímida.

-Espera… espera. -Interrumpió la rubia, acordándose de algo y poniéndose seria. -Eso significa que el día del cementerio, ¿ya te sentías así hacia mí?

Regina asintió con la cabeza avergonzada, al acordarse de ese fatídico día en el que llegaron a las manos y, como consecuencia de su enfado, acabo con la vida de Graham.

- ¿Sabes? Puede que en aquel momento yo también sintiera algo por ti. -Emma se dio cuenta del efecto negativo que provoco ese recuerdo en la morena, e intento remediarlo en seguida.

- ¿Puede? -Regina miraba a Emma con su ceja levantada.

-Ajam…-Emma cogió las piernas de Regina y las paso alrededor de su cintura acercando a la morena.

-Oh señorita Swan… ¿porque piensa que puede engañarme? -Regina rodeo los hombros de Emma y le dejo un tierno beso en la nariz.

-Me gusta esto…-Susurro la rubia.

- ¿El qué? -Regina aparto el pelo que cubría el rostro de Emma.

-Esto. Tu y yo… muy juntitas… ¿alguna vez pensaste que esto podría ocurrir? -Emma seguía susurrando. Haciendo que el momento fuese aún más íntimo.

-Si alguien me lo hubiese dicho cuando llegaste al pueblo, le habría encerrado en el ala de psiquiatría. -Emma la puso morritos. -Pero admito que sí que se me paso por la cabeza. -Añadió rápidamente consiguiendo que la rubia mostrase una sonrisa genuina.

-Aunque… también me gusta cuando nos peleamos… es… excitante. -Comento Emma de pasada provocando la risa de Regina.

-Sí que lo es. -Respondió dándola otro beso en la nariz a Emma.

Emma beso la nariz de Regina, devolviéndola el gesto. Luego beso su frente, un parpado, después el otro, bajo a la mejilla y beso ambas, volvió a la nariz y por ultimo junto sus labios con los de la morena, en un beso inocente, lento y dulce. Al poco tiempo ese tierno beso se volvió menos inocente y más pasional. Regina enredo sus dedos en el pelo de Emma, la acerco más a ella y cuando su lengua pidió permiso para invadir la boca de la salvadora, esta se lo concedió gustosamente. Las manos de Emma recorrían la espalda de Regina, buscando un hueco para poder colarse en su interior y así sentir su piel. La rubia parecía ansiosa por fundir sus cuerpos en uno solo y Regina no se quedaba atrás. Agarro fuertemente el pelo de Emma, tiro del hacia abajo y ataco sin piedad su cuello. Su lengua recorría todo el largo del pálido cuello de Emma, combinando lametones con mordiscos, provocando que la rubia no pudiera pensar con claridad. En un ágil movimiento, la rubia pudo finalmente colar sus manos por debajo de la blusa del pijama de la morena. La piel de Regina era suave, tersa, y con cada caricia de los dedos de Emma aumentaba su temperatura. Regina bajo por el cuello y se instaló en la clavícula de la rubia, una de sus manos también esquivo la tela del pijama y empezó a acariciar su espalda, mientras la otra agarraba su muslo y en un ágil movimiento por parte de Regina, conseguía tumbar a Emma y colocarse encima de ella. Movida por la pasión del momento, Emma intento invertir sus posiciones, con la mala fortuna de que al hacerlo derramo la copa de vino en la alfombra, estropeando el momento y devolviéndolas a ambas su correspondiente raciocinio.

-Mierda… lo siento… lo siento… lo siento…-Renegaba la rubia, dándose de cabezazos contra el suelo por su torpeza.

-Tranquila… en realidad así es mejor. - La risa de Regina, mientras se volvía a sentar y tiraba de Emma para que hiciese lo mismo, evidenciaba que no estaba molesta en absoluto.

- ¿En serio? Porque yo estaba muy cómoda hace un momento. – Sonrió pícaramente.

-Anda… ven aquí Swan. - Regina tiro de Emma de nuevo haciendo que esta vez la rubia quedase entre sus brazos de espaldas a ella. - Así también se está bien.

-Sí, bueno tampoco se esta tan mal. - Emma se acomodó más contra el cuerpo de Regina y apoyo su cabeza en el hombro de la morena. - ¿De verdad quieres hacer esto? -

- ¿A qué te refieres? -Regina inclino un poco la cabeza para mirar a Emma desde su posición.

-A ti y a mi… teniendo una relación…-La rubia escondió la mirada.

- ¿Qué te hace pensar que no quiero? -Regina busco los ojos verdeazulados sin éxito. -Emma… si no hablas conmigo, no podre aclarar tus dudas. Te repito… ¿Qué te hace pensar eso? -Esta vez Regina cogió la barbilla de Emma y la obligo a mirarla.

-Es que… siempre que estamos… ya sabes… pasa algo… y tu paras…-

- ¿Te refieres al sexo? - Emma se tapó la cara con sus manos totalmente avergonzada.

-Dios… que vergüenza… debes pensar que soy una pervertida. - Balbuceo contra sus manos.

-Lo que pienso…- Regina le aparto las manos de la cara a Emma y entrelazo sus dedos con los de ella. - es que eres muy dulce. – Beso su coronilla y la abrazo.

- ¿Por eso no quieres acostarte conmigo? - Emma levanto la cabeza para mirar a los ojos a la morena, así podría saber si la mentía.

-Ohhhh… claro que quiero acostarme contigo… deseo, acostarme contigo…

- ¿Entonces… porque…?

-Porque tú eres distinta… no es ningún secreto que siempre he sido una persona muy sexual. Para mí el sexo, siempre ha sido una herramienta para conseguir lo que quería, desahogarme o destensarme. Quiero que contigo sea especial… sin prisas…

- ¿Por qué? -Insistió Emma.

-Me vas a obligar a decirlo ¿verdad? - Emma asintió y beso una de las manos de Regina. -Me importas… me importas mucho… y aunque deseo estar contigo… porque créeme, lo deseo con todas mis ganas… tu eres especial, y no quiero precipitarme. - Emma se giró en el sito y la beso dulcemente.

-Yo también te deseo. Y tampoco quiero precipitarme. -La rubia volvió a su posición y se abrazó más fuertemente contra Regina. - Aunque es difícil.

-Lo es. -Concordó Regina.

Se quedaron así un buen rato. Abrazadas en silencio y sintiéndose la una a la otra. Ambas asimilando lo que acababan de discutir, lo que se habían revelado. Cada una, perdida en sus pensamientos, miraban las llamas bailar. El movimiento de estas conseguía hipnotizarlas, calmarlas, sumirlas en una profunda serenidad. De pronto una idea paso por la cabeza de Emma y no pudo contenerse a exponerla.

-Sé que no debería preguntarte esto… pero necesito saberlo.

-Adelante, Swan. Pregunta.

- ¿Tu y Robín? -

- ¿En serio? Estaba bajo una maldición, asique eso no cuenta. Igual que lo de tu madre con Whale. -

-Aggg… no me lo recuerdes. Pero yo me refería a el bosque encantado. No sé, da la sensación de que… ya sabes… hubo algo…

-Una vez. -Emma se incorporó alejándose de Regina, sentándose en el sofá y cruzándose de brazos. - Emma… no seas cría. –Se sentó a su lado y la descruzo los brazos.

-Lo sé, lo se… pero… bufff no soporto a ese tío.

-Ni siquiera le conoces. - Regina se tumbó en el regazo de Emma.

-No tanto como tú, por lo visto. -Regina se rio por el infantilismo de la rubia. -Perdona…

-Creo habértelo explicado hace un rato. Cuando ocurrió, yo no me encontraba en mi mejor momento, y necesitaba desahogarme. Él estaba allí y lo utilice. No tienes que estar celosa. - Regina aparto un mechón de pelo de la cara de Emma.- A mí solo me gustas tú. -Emma sonrió y a continuación la beso. -

- ¿Tu no vas a preguntármelo a mí? - Emma se separó un poco de Regina, moviendo sus cejas divertida.

-No.

- ¿No?

- ¿De verdad quieres que vaya a Nueva York a arrancar corazones? – La respuesta de Regina hizo que Emma negara mientras se reía. - Eso pensaba. - Regina cogió la pechera del pijama y tiro de ella para besar a la rubia.

- ¿Y yo puedo arrancarle el corazón a ese imbécil? -Pregunto Emma cuando tuvieron que separarse para respirar.

-Sabes… no creo que sea mala persona… solo está dolido, perdido…-Regina de verdad pensaba que Robín no se merecía su odio, al fin y al cabo, ella también se sintió así una vez.

- ¿Mataste a su mujer? -En cuanto la pregunta salió de sus labios, Emma se arrepintió.

-No lo sé. Posiblemente. Mate a muchas personas en aquella época. - Murmuro Regina atormentada por los recuerdos de la Reina malvada.

-Sé que hiciste muchas cosas mal, eso tampoco es ningún secreto. - Emma acaricio el pelo de Regina en un intento de reconfortarla. - Pero gracias a eso… tenemos a Henry, a Mia y nos tenemos la una a la otra. - Necesitaba arreglar su metedura de pata.

- ¿Y si no sale bien? -Regina se encogió ante esa posibilidad.

-Seguirás teniendo a Henry y Mia. -Afirmo la rubia. - Y a una ex muy, pero que muy, pesada. -Bromeo Emma haciendo que el momento fuera menos tenso.

-Me gusta el plan. Excepto lo de una ex muy pesada. Prefiero que seguíamos juntas. - Regina de verdad quería que su relación con Emma fuese bien.

-Yo también. -Dijo Emma besando la frente de Regina.

-Ahora… cuéntame, que habéis hecho este año. - Con esto dieron por finalizada aquella conversación incomoda y empezaron otra más entretenida.


Alex se despertó cuando dos pares de manos la zarandearon sin piedad. Cuando abrió los ojos, se encontró a Henry y Mia con una gran sonrisa en sus rostros, atosigándola para que se levantara rápido. Los siguió escaleras abajo mientras se desperezaba y bostezaba visiblemente. Se paró detrás de ellos en la puerta del salón y miro a su interior. Lo que vio, formo una gran sonrisa en su cara. Emma estaba sentada en el sofá, dormida, despatarrada, con la boca abierta y babeando. Pero lo que más la gusto, fue ver a su amiga dormirá en el regazo de la rubia. Se la veía apacible, ahí tumbada, con uno de los brazos de Emma protegiéndola.

- ¿Eso significa que mis madres están juntas? -Pregunto Henry sonriente.

-Eso parece. -Confirmo Alex.

- ¡Guay! -Exclamaron a la vez los niños.

- ¿Por qué no las dejamos dormir un rato más, y las preparamos el desayuno? -Propuso Alex a los pequeños.

Los niños salieron corriendo a la cocina, pero cuando Alex les iba a seguir, vio el móvil de Regina en la mesita de entrada. Con una sonrisa traviesa lo cogió y entro en el salón. Hizo un par de fotos y se dirigió a la cocina. Estaba feliz por su amiga. Y aunque sabía que, dentro de poco, se tendría que volver a enfrentar a dificultades, aún tenían unos días para disfrutar de su nueva situación.