SI NO AMAS A ESME EN ÉSTE CAPÍTULO (O DESDE EL ANTERIOR) NO SÉ QUÉ PODRÍA HACER QUE LA AMES e.e

Capítulo

-25-

La lista de compras.

Estoy verde, quizás pálido. La verdad, no lo sé. Pero de algo estoy seguro, no tengo mi tono saludable de piel. Bella me mira a la par y creo que está temerosa de que me desmaye.

—Edward, ¿Estás bien? — pregunta y yo sacudo la cabeza.

— Sí.

La señora Sullivan parece divertida con mi expresión y me sonríe, palmeándome el hombro.

—Parece que la paternidad te llegó de sorpresa.

—¿Paternidad? — preguntamos en unísono Bella y yo porque no sabemos cómo rayos llegó a esa conclusión.

—Sí, es como ella me dijo— suspira—, ambos son tan lindos juntos— sonríe—. Bueno, seguiré con mis compras. Nos vemos luego, muchachos y felicidades.

—¡Espere! — grita Bella—. Nosotros no…

Pero antes de que pueda terminar la frase, la señora Sullivan se ha ido.

Todavía estoy en shock y mi acompañante se recarga de manera perezosa sobre el carrito.

—Lo que me faltaba— murmura Bella—, que se corra un rumor de que el hijo de Esme Cullen va a ser papá— y me mira con enojo—. ¿Ves lo que me gano por ayudarte?

— ¡Perdón! — Le pido a la par que avanza molesta por los pasillos y yo reacciono—. No sabía que mi madre se fuera a tomar tan en serio esto.

— ¿Qué estamos haciendo, Edward? — Pregunta un poco desesperada—. No llevamos ni dos días aquí y tu madre ha corrido un rumor de que vamos a ser papás. No me hubiese sorprendido que haya dicho que estábamos saliendo— se cruza de brazos—, pero ¿ser papás? ¡Es demasiado!

— Lo sé, Bella. Lo siento.

— Bueno, lo único que podemos hacer es… Negar las especulaciones y seguir adelante— suspira tomando la lista y leyendo.

— Me parece buena idea — respondo a la par que ella abre los ojos de golpe y se queda más blanca de lo que ya es—, ¿Qué pasa? — pregunto preocupado y ante su silencio, ella solamente me entrega la lista que le dio mi madre.

Lista de compras.

· Dos paquetes de pañales de cuarenta piezas para recién nacido.

· Cuatro biberones de envase de vidrio y chupeta de plástico anti-gases.

· Mordedera.

· Medicina para cólicos.

· Dos botes de fórmula láctea para recién nacido.

· Dos paquetes de toallas húmedas con extracto de sábila.

· Un frasco de champú suave para bebé.

· Esponjas suaves.

· Una cuna con colchas a los lados.

· Una bañera con sillita reclinable.

· Una toalla suave para baño.

· Cinco pares de calcetines y guantes para recién nacido.

· Cinco pañaleros (mamelucos para dormir).

· Dos chupones sin miel (también anti-gases)

· Cuatro pares de zapatitos bordados.

· Cinco boinitas.

· Una frazada con estampado infantil.

· Una pañalera.

· Un equipo de sensor de ruido.

· Una lámpara musical de araña de cuna.

· Pomada para las rozaduras y talco.

· Una carriola con asiento para auto desmontable.

Suspiro, sacando el aire pesado una y otra vez y cierro los ojos.

— Parece que tu madre se ha tomado en serio eso de los nietos — murmura Bella.

— Perdón.

Ella hace un gesto evasivo con los hombros y siento que hasta cierto punto todo le parece gracioso.

— No te preocupes, lo único que no me explico es por qué está tan decidida a tener nietos.

— Mi madre está llegando a la edad de la incomprensión.

— ¡Edward! Es tu madre— me regaña.

No puedo evitar reír.

— ¿Ahora la defiendes?

Bella hace un puchero.

— Ella es linda— confiesa—, pero perturbadora. Es un poco extraño que haga esto, pero sus razones ha de tener. Lo único que me pone nerviosa es…

— ¿Qué?

— Bueno… Ella le dijo a todos que tú y yo salíamos, y la noticia se supo en un abrir y cerrar de ojos. No me extrañaría que pensaran que me embarazaste hace una noche y confirmen sus sospechas cuando nos vean en el departamento de bebés.

Me siento extrañamente irritado con mi madre. Se supone que debería cuidarme, recibirme con los brazos abiertos ahora que he vuelto después de tanto tiempo, pero ella se impone en hacerme pasar momentos así. Lo que menos quiero es que Bella se harte de ésta situación y mande todo por la borda. Estaremos aproximadamente doce días en Forks, de los cuales quiero mantener todos y cada uno de ellos intactos, para que el trato entre los dos permanezca en tiempo y forma. No quiero ver las ridículas fotos de mi infancia esparcidas por el hospital.

— No sé qué decirte, Bella. Realmente estoy muy avergonzado.

— No te preocupes— me acaricia el dorso de la mano y suspira—, lo menos que debemos hacer es que tu madre comience a presionarnos para que de un momento a otro, formalicemos realmente. Creo que ese es su plan.

— ¿Crees que la dulce Esme sea capaz de hacer un plan para mantenernos unidos?

— Es probable, sino, ¿Cuál sería el punto de hacernos pasar por todo esto?

Lo que Bella dice, tiene bastante sentido. Pero hasta donde yo sé, lo que trata de hacer mi madre es casi llegar a la imprudencia. Sé de antemano que su espíritu es muy alegre y libre y llego a entender por qué mi padre se enamoró de ella. No me cabe duda.

— Si no hay más remedio, es mejor que comencemos a hacer las benditas compras.

— De acuerdo— responde Bella—, pero déjame decirte que no sé nada acerca de bebés y las mejores cosas para ellos.

— ¿Y tú crees que yo soy un niñero profesional? — le pregunto sarcástico y Bella ríe—. Viste el estado en el que estaba el departamento cuando llegaste y ¿piensas que soy el más apto para éste trabajo?

— Probablemente porque sé que eres doctor…— responde mordiéndose los labios y guiñando un ojo.

— ¡Soy cardiólogo, no enfermero! — expreso alzando los brazos, cuando ella avanza con el carrito y me deja atrás.

Luke´s es un súper mercado pero tiene tantos almacenes que bien podría pasar por un pequeño centro comercial. Llegamos nerviosos al departamento de bebés, el cual se deja anunciar por un enorme letrero donde dice MATERNIDAD Y BEBÉS en color rosa, azul, blanco y amarillo, con el dibujo de una mujer embarazada, un bebé saludando de manera graciosa, cargado por una cigüeña. Me siento abochornado y puedo ver el rostro de Bella completamente enrojecido. Caminamos en silencio, por una larga fila de productos para maternidad donde los primeros estantes, constan de succionadores de leche materna de múltiples marcas.

— ¿Qué diablos es esto? — pregunta Bella espantada.

— Es para... Sacar la… Leche de… Los… — y pongo mis manos sobre mi pecho, abriendo y cerrando las palmas enfrente.

Bella se cubre los senos y hace un gesto de dolor.

— ¿Cómo vacas?

— Casi — respondo a punto de reír, pero me aguanto.

— El proceso de ser madre parece difícil.

— Tal parece que así es— corroboro y seguimos avanzando.

A nuestros costados, seguimos viendo filas y filas de productos maternos. Hallamos pantalones con elástico extra para las panzas maternales y sostenes de copas extra, extra, extra grande para cuando los senos crecen. Bella toma unos pantalones y un sostén y se los coloca por encima de la ropa.

— ¿Me quedan lindos?

Yo no puedo evitar carcajearme mientras ella los modela. Se ve tan pequeña en una ropa tan enorme.

— Esa ropa para ti, no parece de maternidad.

— ¿Por qué?

Le quito el pantalón y el sostén y me los coloco yo solo enfrente de mí.

— Porque es para cuando vayas al cine o al buffet. El elástico es bueno para una barriga llena de comida y el sostén es para ocultar golosinas cuando vayas a entrar a la sala de la película.

Mi compañera estalla en carcajadas que por un momento creo que se tirará al piso para seguir riendo.

— ¡Edward! — comienza a reír tan alto, que siento que se podrá ahogar porque no la veo respirar. En su lugar, comienzo acompañarla hasta que comienza a llorar de la risa.

— Estamos locos — comento a la par que veo la hora en mi reloj—, pero debemos apurarnos. Faltan 45 minutos para encontrarnos con mi madre.

— De acuerdo — suspira recuperándose de su ataque de risa—, veamos los primero de la lista. Son… Dos paquetes de pañales de 40 piezas para recién nacido.

Miro hacia los lados y veo que después de todo, solo encontraremos más cosas maternales. Lo que necesitamos, definitivamente no está en ésta sección.

— Avancemos, aquí no hay nada que podremos necesitar— comento.

— A menos que te guste éste sostén— ríe Bella, enseñándome la pieza y moviéndola de manera graciosa frente.

— Oh, sí. Pero no quiero verme demasiado sexy en el hospital. Así que la dejaremos para después— le respondo y ella comienza a reír con ganas mientras comenzamos avanzar.

Cuando llegamos al departamento de bebés, nuestras miradas se encuentran por un segundo y pasamos un enorme trago de saliva. En el mismo lugar, hay una pareja, escogiendo ropa de bebé de color azul. El hombre parece muy emocionado y se agacha para besar la barriga abultada de su joven esposa, que bien podría tener la edad de Bella. Lo veo haciéndole cariños y eso me pone a pensar, ¿Yo llegaré a ser como ese hombre? Niego dos veces, ¿Por qué mierdas pienso en eso?

Pasa a su lado y mis ojos se abren como platos… No. Puede. Ser.

Es Joe, Joe Rodríguez. El pequeño afro-dorado que jugaba con el otro chico nerd en el instituto, Carl cuando tomaba tutorías con Bella. ¡Joe va a ser papá! Y cuánto ha cambiado. Ahora está más alto y parece musculoso, su cabello dejo de ser una mota de pelo rizada y dorada para alaciarla y acomodarla a un corte sofisticado y de estilo. Viste un pantalón de vestir negro y camisa de manga larga que parece muy cara, ya no usa lentes, no tiene imperfecciones y definitivamente ya no usa ortodoncia.

Cuando se gira hacia nosotros, nos sonríe ampliamente y se acerca.

— ¿Mariscal Masen? ¿Bella?

La aludida parpadea frenéticamente y yo me siento nervioso.

— Joe— respondo.

— ¿Joe? — Inquiere Bella y abre los ojos de golpe—. ¿Eres Joe Rodríguez?

Él asiente y sonríe.

— No parezco, ¿Verdad?

— En lo absoluto— respondemos al mismo tiempo.

— Bueno — responde sonriente—, tenía que crecer y sobre todo, no quedarme solo— y a la par toma a su esposa, la cual debo admitir es bastante guapa. Ella tiene el cabello lacio, demasiado lacio y le llega a la altura de los hombros, podría decir que tiene 5 meses de gestación, es alta y tiene rasgos orientales—. Ella es Lyn— la presenta—, mi hermosa esposa.

— Mucho gusto— sonríe Lyn y nos saluda cálidamente a Bella y a mí con un beso en la mejilla.

Bella está tan sorprendida como yo y parpadea. En ningún retorcido mundo nos imaginamos que Joe Rodríguez, el chico nerd de la clase, pudiese cambiar a tal punto que fuese irreconocible y con esposa.

Joe parece muy feliz y no pierde ningún momento en abrazar a Lyn.

— No sabía que estarían por aquí— comenta sacándome de mi ensoñación—. Bueno, a decir verdad como vine a visitar a mis padres, la mamá de Edward le comentó a mi mamá, que su hijo vendría con su novia pero no sabía que serías tú, Bella— señala sorprendido.

— Vaya, las noticias vuelan— comenta ella abochornada.

— Siempre supe que había entre ustedes dos, pero no sabía que hubiese durado tanto tiempo. ¿Cuántos años han pasado? ¿6, 7 años?

— 7 — Contestamos en unísono y cuando nos damos cuenta, nos miramos abochornados.

Lyn sonríe y aplaude como niña pequeña.

— Incluso lo dicen todo, juntos. Ésta sí que es una pareja excepcional…

Y los esposos ríen juntos. Nosotros los imitamos de manera nerviosa.

— ¿Pero qué hacen aquí? — pregunta Joe confundido.

— Vinimos de compras — respondo.

— Sí, la mamá de Edward nos pidió de favor que compráramos algunas cosas.

— ¿En el departamento de bebés? — Inquiere Rodríguez con los ojos a la par y después chasquea los dedos—: ¡OH!

Bella se pone colorada, hoy es el día en que más avergonzada la he visto.

— No estamos embarazados— decimos al mismo tiempo y Bella me mira frunciendo el ceño.

— Deja de hacer eso — murmura.

Yo alzo los hombros en modo de evasiva y me cruzo de brazos, recargando mi peso en mi pierna derecha y empujando lentamente el carrito del súper.

— Bueno…— comenta el rubio— Era de esperarse que fueran apenas a ser papás y por los rumores que se están corriendo. Pero si no es así, ya vendrán pronto— y palmea mi hombro con camaradería y me guiñe un ojo—. Lyn y yo no tardamos mucho— presume—, no tenemos ni un año de casados.

— Vaya — digo con un tono de incomodidad y trato de no mirar a Bella, que quizás está a punto de meter la cabeza debajo de la tierra.

— En fin, no los molesto más — dice el rubio—, espero verlos pronto en la comida de reunión del instituto.

— ¿Cuál reunión? — pregunta Bella sorprendida y a la vez extrañada.

Yo estoy a la espera de la respuesta.

— ¿No les llegó la invitación? — inquiere sorprendido—. Debe ser porque les llegó cuando ustedes apenas venían para Forks, pero es ésta semana. El sábado en el gimnasio del instituto, a las 7 pm y de ahí, iremos a una recepción. Tengo entendido que se puede llevar a la esposa— me codea y de nuevo me guiñe el ojo—, pero obviamente con ustedes no hay problema porque son de la misma generación.

Reunión de veteranos, me burlo. Genial, sería interesante verlos.

— ¿Te gustaría ir? — le pregunto a Bella.

— Sería bueno— contesta entusiasmada.

— Entonces, nos estaremos viendo pronto. Hasta luego, mariscal Masen, Bella— y acto seguida, se marcha con su esposa.

Bella y yo nos quedamos quietos y entonces escucho el suspirar pesado que sale entre sus labios.

— Será mejor que nos apuremos en buscar las cosas— responde y comienza a caminar en dirección donde está una enorme pila de pañales.

Treinta y cinco minutos después—con el carrito lleno de los productos de la lista—, estamos frente a un estante enorme de pomadas para rozaduras, mirando de arriba abajo y hacia los lados, tratando de decidir cuál es la mejor para elegir.

— Son tantas marcas y tantos nombres— murmura Bella—, ¿Cómo vamos a saber cuál elegir? ¡Oh! Tu madre nos la ha puesto demasiado difícil.

Yo tomo dos cajitas con estampados coloridos y los leo detenidamente. La primera dice:

Para pompis felices y suavecitas.

La segunda:

Para pompis tiernas y radiantes.

¿Qué carajos?

Bella lee tras mi hombro y ríe. Yo la miro y alzo una ceja.

— Esto es difícil— le comento, ella se recarga en el carrito de manera perezosa.

— Ya lo sé— responde.

— Es decir, si yo tuviera un bebé… ¿Por qué querría que su trasero estuviese feliz o radiante? ¿Quién le va a ver el trasero a mi hijo?

Bella comienza a reír y niega.

— Creo que se refiere a que el bebé esté feliz, Edward.

Yo alzo una ceja confundido.

— No tiene sentido para mí— y tiro ambas pomadas dentro del carrito.

— Bueno, la pomada para las rozaduras y el talco ya están tachados de la lista. Solo nos queda una cosa más que comprar.

— ¿¡Más!? Santo cielo, parece que llevamos todo para poner nuestra propia guardería.

— Ya no te quejes, que solo falta la carriola con el asiento para auto desmontable. Mira, allá parece que están.

Seguimos avanzando por el interminable pasillo de productos para bebés, mientras yo empujo el carrito que prácticamente viene vomitando todas las cosas que compramos en la tienda. Son tantas cosas que comienzo a sentir que no tiene sentido hacer éstas compras. Ni siquiera sé para qué las quiere mi mamá. Pero una parte de mí, me dice que sí lo sé. Oh, Esme.

Cuando avanzamos, encontramos una enorme hilera de carriolas de todo tipo: cuatro ruedas, tres ruedas, todo terreno, tipo cuna, triciclo incluido, periquera para comer, entre otras cosas.

— Creo que estamos en aprietos— murmuro y Bella asiente.

— ¿Los puedo ayudar en algo? — pregunta una señora que trabaja en la tienda y trae un gafete con el nombre de Lucy. Nosotros la miramos, bastante avergonzados.

— Sí, señora— responde Bella—. Nos gustaría comprar una carriola con un asiento para auto desmontable. La verdad es que no sabemos nada del tema y necesitamos ayuda.

— ¡Ah! Papás primerizos — nos guiñe un ojo y sonríe.

Entorno los ojos y Bella me codea.

— No sirve de nada que le digamos a todo el mundo que no seremos papás cuando no nos harán caso— murmura—, tú sígueme la corriente.

La señora nos sigue mirando de forma sonriente y yo carraspeo.

— Sí— digo en voz alta—, somos papás primerizos.

Bella frunce el ceño y se muerde los labios.

¿Qué? Ella dijo que me seguiría la corriente.

— Bueno. Síganme, señores. Tengo lo que necesitan.

Acto seguido, comenzamos a andar tras la mujer que nos comienza a hablar de todas y cada una de las marcas de carriolas y sus asientos, desde colores hasta su certificado de seguridad. Al final del recorrido, creo que estoy medio consciente de la historia de la invención de las carriolas y sus antecedentes científicos.

Llegamos a la fila de la caja, yo con el carrito, Bella con la carriola cuando recibo una llamada de mi madre al celular.

— Hola, má. ¿Ya estás en el estacionamiento?

Oh no, hijo. Ya estoy en casa— responde con cierto toque de felicidad.

— ¿Por qué? ¿Pasó algo?

En los absoluto— responde—, pero como terminé mis compras mucho antes que ustedes me vine a hacer la comida antes, espero no les importe.

— Para nada, mamá— comento a la par que Bella hace un gesto de cuestionamiento y le digo que todo está bien con un movimiento de cabeza—. Sólo quería preguntarte por la lista que nos diste…

¿Encontraron todo? — me interrumpe.

— Sí, pero por qué…

Ah, mira la hora que es. ¡Es tardísimo! Los espero en casa para cenar. ¡Diviértanse!

Y ella finaliza la llamada.

— ¿Ocurre algo? — pregunta Bella con cierto tono de preocupación.

— No es nada — respondo con un hondo suspiro—, mi madre se ha regresado a casa por cuenta propia y bueno… Todo está bien.

— Ok, bueno debemos pagar todas estas cosas.

Avanzamos lentamente en la fila de la caja registradora número 5. La señorita que nos atiende, está bastante sorprendida por la cantidad absurda e incalculable de productos para bebé que traemos y puedo notar que mira fijamente la barriga de Bella para verificar tal vez si ella está tan embaraza, para que la ocasión amerite comprar tantas cosas.

Yo sonrío nervioso y Bella me acompaña. La mujer alza una ceja y tras de nosotros, se cierra la fila de compras.

— ¿Podría pasarse a la siguiente caja, señora? — le pide la cajera a la cliente que está detrás de Bella y ésta asiente, sorprendida y dándose cuenta de que el tiempo de espera, le llevará por lo menos veinte minutos.

— Disculpe— dice Bella y la señora tras ella sonríe.

— No se preocupe jovencita y felicidades.

Mi compañera entorno los ojos y yo no puedo evitar reír, hasta que me da un codazo en las costillas.

El bip de la caja es lo único que se escucha y los productos pasan por una cinta en movimiento. El empaquetador al final de la fila está también bastante atónito por las compras y sube todo al mismo carrito que hemos usado. Al final, casi media hora después, la cajera me dice el total y yo le doy mi tarjeta de débito.

Bella está tan sorprendida que se queda muda cuando dice el total.

— ¡¿$3894.25?!

Yo suspiro y asiento. Firmo el recibo de compra y salgo empujando el carrito y ella la carriola.

— Mi madre me hizo pagar casi 4000 dólares en cosas que no vamos a utilizar— digo a la par que meto mi cartera en el bolsillo trasero de mi pantalón.

— Pues ella está convencida de que sí los ocuparemos pronto— contesta Bella.

— Bueno, pues… Está mal— tajo para no hacer más incómoda la situación.

— Sí— responde solamente y comienza a andar.

Yo me quedo atrás, porque una de las ruedas del carrito se atora en un borde de la rampa de Luke´s y trato de empujarlo sin éxito alguno. No quiero usar mucha fuerza o sino, las cosas saldrán volando por todos lados y lo que menos quiero es quedarme un minuto más en el lugar. Cuando empujo el carro, siento la mirada penetrante de alguien en mi espalda. Quiero girar el rostro pero una parte de mí, me dice que no debo.

Bella tal vez ya ha llegado a donde está estacionado el auto y debe estar preguntándose por qué no llego. Vuelvo a empujar una vez más, con un mínimo de fuerza extra y el carrito salta y me da acceso avanzar.

Un escalofrío me recorre la espalda cuando de nuevo vuelvo a sentir la sensación de que alguien me está observando. Giro mi vista ésta vez y no logro ver a nadie.

Suspiro, no debe ser nada. Quizás estoy tan fatigado por toda la atención que hemos recibido últimamente que siento que ya todo mundo nos observa.

— ¿Edward? — Pregunta Bella meneando la mano desde el estacionamiento con gesto preocupado—, ¿todo está bien?

— Emm, sí. El carrito se atoró en una grieta del piso— respondo y avanzo hasta ella.

— Bueno, lleguemos pronto. No quiero que me pregunten cuando será el baby shower.

No puedo evitar reír y pronto llegamos al auto. Comienzo a subir todas las cosas y cierro la cajuela. Ella sube al copiloto y yo enciendo el auto después de ponerme el cinturón de seguridad. De nuevo siento que soy observado fijamente y miro por el retrovisor. Una mujer está parada en la entrada de Luke's, quizás uniformada. No sé quién es y cuando trato de reacomodar el retrovisor, ella desaparece.

— ¿Pasa algo?

— No, no es nada— digo un poco confundido—. Mejor vayamos a casa, antes de comience a llover.

— De acuerdo. Solo espero que tu madre nos explique qué significa todo esto.

— Oh, sí— comento con cierto enfado y risa a la vez—. Esme tiene muchas cosas que explicarnos.

Ya saben, chicas. Sus reviews y favoritos son importantes.

Gracias por seguirme leyendo :D