Capitulo 25: "Regreso"
- ¡Ya me voy!
Kagome bajó las escaleras de dos en dos sosteniendo un gordo bolso contra su costado y mascullando una serie de cosas. Siempre le pasaba lo mismo. Su débil despertador sonaba, ella lo apagaba diciendo que dormiría cinco minutos más y a la final esos cinco minutos se transformaban en veinte…y entonces tenía que salir volando y hacer todo apresuradamente. Definitivamente nunca cambiaría…
- Kagome, No vas sentarte a desayunar? – La Sra. Higurashi parpadeó y siguió con la mirada a su hija cuando entró a la cocina como un pequeño tornado.
- No hay tiempo! Sesshomaru está esperando afuera, sabes cómo se pone cuando me retraso…
Su abuelo bajó el periódico desde su puesto en la mesa y la miró con sus pequeños ojos tras sus gafas - ¿Kagome? A donde vas tan temprano?
Ella sonrió calmadamente mientras echaba un poco de zumo de naranja en un vaso y lo bebía con largos sorbos – Al hospital, abuelo…- Sonrió más cuando el viejo pareció sorprendido…siempre se sorprendía…
- ¿Estás enferma?
La muchacha se acercó para plantarle un sonoro beso en la mejilla – Estoy bien abuelo, regresaré mañana – Con eso el anciano pareció calmarse y volver a leer. ¿Cómo era que siempre que iba al hospital tenía que preguntarle si estaba enferma? Besó a su madre de igual forma y salió por la puerta, no sin antes robar una tostada de la mesa y llevársela entre los dientes.
Justo antes de salir se tropezó con Souta, el chico miró su bolso y luego a ella con repentina urgencia - ¿Te vas ya? Recuerda comprarme esa patineta de la tienda frente a tu apartamento! La negra con la calavera de metal en llamas, ninguna otra! Aunque pensándolo, la del símbolo nazi también es genial…pero compra esa sólo en caso de que no encuentres la primera, de acuerdo?
La hermana resopló cansadamente. Ahí venía Souta de nuevo con eso. Desde que esa joven de su clase había mencionado que sentía debilidad por los chicos que practicaban skateboarding había estado insistiendo en que le compraran una patineta…cómo diablos pretendía sorprenderla considerando que tenía la misma habilidad y gracia que un elefante bebe a la hora de manejar una tabla con ruedas estaba más allá de ella…– Es un poco cara…- Murmuró y su respuesta sólo generó un frunce de parte del adolescente.
- No me diste nada en mi cumpleaños!
- ¡Eres un chantajista! – Le recriminó, pero luego se desvaneció y volteó los ojos – Como sea, te la compraré…- Dijo más para que se tranquilizara y no la detuviera de irse, lo beso y lo despeinó un poco en despedida antes avanzar hacia el recibidor… – Ya no te conformas con paletas de limón eh? – Masculló sobre su hombro.
- Ya no tengo nueve años! – Fue la vaga respuesta del joven.
Afuera el sol y el aire cálido y ligero del verano la recibieron afablemente, pudo ver al instante el automóvil de Sesshomaru esperándola pacientemente frente a su casa como de costumbre y casi corrió hasta abrir la puerta del copiloto y entrar.
- ¡Buenos días! – Saludó y al ver que Sesshomaru se preparaba con un frunce para regañarla por su retrazo se acercó rápido y selló eficientemente los labios del hombre con un efusivo beso.
Por supuesto él sonrió ante eso y la saludó cálidamente cuando se alejó, al parecer olvidando el momentáneo enfado, y ella simplemente sonrió conspiradora mientras se ponía cómoda en su asiento y le daba un buen mordisco a la tostada en su mano…eso siempre funcionaba…
- ¿Trabajarás todo el día hoy? – Preguntó Kagome en alguna parte del largo camino hacia Shinjuku - estaré libre desde la hora del almuerzo hasta las cuatro de la tarde…quizás podamos ir a comer a algún sitio? – Propuso, pero luego suspiró levemente con anticipación ante la dudosa expresión que vio.
- Realmente me encantaría…pero…- El hombre se calló de una al ver el cansado gesto de Kagome, parecía como si ella ya estuviera esperando una respuesta como esa, así que sacudió su cabeza y sonrió – Le encargaré el trabajo hoy a Ryoka. Abrieron un nuevo restaurante italiano, podríamos ir allá si quieres.
Kagome lo miró con una leve sonrisa antes de mover su cabeza – No tienes que molestarte. Si vienes conmigo lo más probable es que se te acumule el trabajo…podemos dejarlo para otra ocasión…- A pesar del tono ligero y desenfadado con el que lo dijo, Sesshomaru no se veía menos apenado.
- Lo siento – Murmuró él – De verdad me gustaría poder estar más contigo…pero…
- Lo se…el presidente de la brillante rama de la compañía Taisho tiene otras ocupaciones más importantes que estar tonteando con su novia - La joven muchacha sonrió y se inclino hasta reposar su mentón en su hombro, mirándolo directamente, mientras él mantenía la vista al frente con un ligero frunce.
- Estás tratando de hacerme sentir menos culpable? No está funcionando…- Dijo acusadoramente – Sabes que preferiría mil veces estar contigo en vez de quedarme encerrado en una oficina…
Ella sonrió ampliamente – También lo se…- Y le dejó un suave beso en la comisura del los labios antes de volver a su asiento con un suspiro resignado.
Pero no se sentía especialmente triste por eso. En los cuatro años de conocerse, y en los tres que llevaban de relación, se había ido acostumbrando a su vida ajetreada y limitada…Sesshomaru era un hombre muy ocupado por el trabajo, se la pasaba el día atendiendo sus responsabilidades sociales y corporativas, dirigiendo juntas directivas o haciendo felices a los asociados y grupos de interés de la empresa… y raramente podía pasar días completos con ella sin que su teléfono repicara como si fuera el fin del mundo. Era algo exasperante, pero en recompensa Kagome se la pasaba bien cuando llegaba cansado y ella tenía que consentirlo y hacer que se relajara con una buena cena. Se sentía bien de poder masajear sus hombros y abrazarlo al final de un largo día, y sabía que él apreciaba esos pocos momentos tanto como ella…
Un buen rato después se encontraban detenidos por un embotellamiento. Esperaron pacientemente, Sesshomaru subió el volumen de la radio y escucharon "English man in New York". A él le encantaban ese tipo de canciones de estilo jazz, suaves y melodiosas, relajadas. Encontraba algo molesto cualquier cosa que tuviera demasiados golpes de batería o explote del recurso de las guitarras eléctricas. A Kagome le gustaba escucharlo tararear distraídamente, sabiendo que él probablemente era muy inconsciente de su total atención por su suave y profunda voz, la cual era realmente agradable al oído femenino en general…ella sentía podría quedarse escuchándolo todo el día.
Kagome se enderezó de su posición recostada en el asiento y tomó su bolso cuando el automóvil se detuvo frente al hospital.
- Nos vemos mañana…- Le dijo al hombre antes de bajarse. El tomó su mentón y la besó profundamente, como para conformarse con eso por el resto del día, la soltó y le sonrió suavemente.
- Que te vaya bien.
La muchacha cerró la puerta tras ella y se fue trotando hasta la entrada. Era realmente tarde ya…hizo una nota mental de comprarse un despertador decente mientras caminaba por los blancos corredores y en su apresuro casi se llevaba por delante a un pequeño anciano en silla de ruedas.
- ¡Sr. Sanou! – Exclamó sorprendida – Discúlpeme, casi lo arrollo…vaya, me alegro de ver que se encuentra mejor…
El anciano le dedicó una gran sonrisa al reconocerla y habló con voz lenta y rasposa, pero amable – Pero si es la bonita enfermera…por fin la encuentro, acabo de escapar de la gorda de cabello rojo…sabía que usted vendría por mí en cualquier momento…
– ¿Se refiere a la Srita. Maeko? - Kagome rió plácidamente posicionándose detrás de la silla de ruedas para comenzar a guiar al anciano – Si, ella puede ser algo gruñona a veces, pero no es tan mala…
- La prefiero a usted, es más amable y paciente…
- ¿Ya desayunó?
- Aun no…
- ¿Tiene hambre?
- Si…
- ¿Le dieron su medicina?
- No…
Kagome soltó un profundo suspiro y detuvo la marcha frente a una habitación dirigiéndole una suave sonrisa al anciano que la observaba atentamente – En un momento lo llevaré al comedor, iré a ponerme mi uniforme y a buscar sus medicamentos…- Le dijo antes de entrar.
Y así pasaron las horas. Kagome se mantenía paseando por los corredores y entrando en cada habitación asignada, atendiendo a los pacientes, preparándolos para algunos exámenes, aplicando vendajes a heridas, vigilando que todo estuviera en orden, etc. Con el tiempo se había ganado el aprecio y respeto de todos en el hospital Keio. Los doctores decían que era bastante eficiente para ser una asistente de enfermería, y los pacientes sonreían complacidos cuando sabían que habían sido asignados al cuido de Kagome. Quizás era porque siempre estaba alegre. Siempre portaba una sonrisa cálida y hablaba amablemente, y su buena actitud contagiaba a los demás a su alrededor, no importaba que tanto trabajo o actividades pendientes de su universidad estuvieran sobre ella, siempre parecía tener energías para cumplir con todo.
- No estás feliz Keiko? – Musitó casualmente mientras sacaba el esfigmomanómetro de su estuche y caminaba hasta estar al lado de la pequeña recostada en la camilla – Pronto podrás salir de aquí. Podrás regresar a tu escuela y jugar con tus amigos como antes.
La niña se vio emocionada ante la perspectiva – No puedo esperar. Mamá dice que cuando salga me llevará de paseo a Kyoto…
Kagome sonrió al tiempo que pasaba el brazalete alrededor del antebrazo de la niña y comenzaba a presionar suavemente la pera infladora, observando con detención la pequeña válvula del aparato – Kyoto es una ciudad bastante bonita, dile a tu mamá que te deje llevar a tus amigos - ¿has estado en el templo del pabellón dorado?
La pequeña sacudió su cabeza – No, pero planeamos visitarlo! Dicen que todo es tranquilo allá, y que el aire que se respira es mil veces más liviano que el de aquí… - Rió levemente al sentir la cosquillosa presión del brazalete en su brazo.
- Quizás sea porque es un templo budista alejado de la contaminación de la ciudad? – Murmuró Kagome haciendo unas rápidas anotaciones en su tablilla – La presión arterial está perfecta…- Se giró y avanzó hacia una repisa con un pequeño refrigerador en un rincón contra la pared – Que sabor quieres hoy?
- ¿Qué opciones hay?
- Limón, fresa y uva.
- Uva!
Kagome vertió el jugo de uva en un vaso y luego disolvió algunas tabletas de medicamento en él antes de alcanzárselo a la joven y sentarse a su lado en la cama con un suspiro. Esa era la única forma en que se tragara sus medicinas… – Sabes? Voy a extrañarte, eres mi paciente joven favorita – Dijo mientras ordenaba maternalmente algunos de los rebeldes rizos rubios que se escurrían en su frente.
- Y tú mi enfermera favorita…podré volver a verte alguna vez?
- No a menos que vuelvas a enfermar…- Kagome se levantó con un encogimiento y fingida congoja, pero luego rió ante la asustada expresión de Keiko – Es broma, supongo que puedes venir a visitarme…
Keiko suspiró aliviada, pareció recordar algo y sonrió ansiosa - ¿También podré ver al príncipe?
- ¿Al príncipe? – Kagome parpadeó perpleja.
- Si! – Insistió firme la niña – A ese hombre que entró aquí buscándote la otra vez y te besó.
Kagome cayó en realización y no pudo evitar sonrojarse un poco avergonzada - ¿Sesshomaru? Por qué le dices príncipe?
- Lo parece – Dijo simplemente Keiko – Es muy alto y elegante…y tú te ves como una princesa junto a él… - Kagome estaba teniendo problemas para disimular el calor en su rostro ante la inocente sinceridad de la pequeña. La muchacha se desvaneció levemente mirando el suelo… las mentes de las niñas siempre eran así de ensoñadoras… incluso ella solía ser así a su edad…- Quiero casarme con alguien como él cuando crezca…- Dijo Keiko volviendo a llamar la atención de Kagome…
- No es necesario que pienses en eso a tu edad…
- ¿Por qué no? Es como un cuento de hadas…creo que él te hace feliz, por eso siempre estás sonriendo, no? Por eso quiero encontrar a alguien como él cuando sea grande…
Kagome abrió la boca para hablar, pero se detuvo antes de poder hacerlo. No sabía como responder a eso…
Su vida en los últimos años había sido monótona, pero en el buen sentido, más bien calmada y pacífica. Los días pasaban lentos, sin contratiempos, sin dificultades más que las que ella misma se imponía por su trabajo y estudios. Todavía vivía con su madre, hermano y abuelo, pero debido a que el hospital quedaba algo lejos, decidió alquilar un pequeño apartamento en Shinjuku para las ocasiones que tuviera trabajo en el turno de la noche. No se quejaba de nada. Las cosas simplemente parecían haber caído en su lugar con el paso de los meses. Su corazón vivía sosegado, sin alterarse…como si de pronto se hubiera quedado atrapado en una burbuja de perfección…
Tal vez por eso siempre sonreía? porque no tenía ningún motivo por el cual llorar…Pero…¿Era todo eso por Sesshomaru? En realidad nunca se lo había cuestionado…
- Sí, él me hace muy feliz – Respondió al cabo de unos momentos, más que nada por querer dar una respuesta que satisficiera rápidamente las esperanzas de la niña - Se que algún día te tropezarás con alguien como él que esté destinado para ti…
El rostro de Keiko se iluminó sonriente – Tu lo crees?
Ambas levantaron la mirada hacia la puerta cuando se escucharon ligeros pasos provenientes del pasillo, justo a tiempo para ver asomarse a un joven hombre de rostro amable y ordenado cabello castaño.
- Dr. Houyo! – Saludó Keiko felizmente.
- Vaya, cuanta energía – Exclamó él complacido mientras avanzaba sosteniendo su tablilla antes de desviar la mirada a Kagome y sonreír – Así que aquí estás. Ya es la hora del almuerzo, vamos al lugar que acordamos?
Kagome asintió recordándolo – Claro. Sólo déjame organizar algunas cosas. – Musitó ella levantándose y dirigiéndose hacia la repisa de los medicamentos. El doctor le acarició suavemente la cabeza a la niña mientras observa la tabla de anotaciones de Kagome sobre la cama.
- Al parecer Keiko ha salido bien en todos sus exámenes.
- Y ya no tengo fiebre – Se aventuró la pequeña – Puedo salir en tres días como lo prometió?
- Por supuesto – Sonrió el joven doctor – Mientras tanto quédate en la cama y no hagas muchas travesuras. Ya tendrás tiempo para eso luego.
Kagome entró al baño con su bolso para cambiarse y salió en pocos minutos. El doctor y Keiko cambiaban rápidamente los canales de la TV.
- Te gusta ese programa? – Preguntaba él - Parásitos asesinos, muy educativo.
Keiko sacudía la cabeza.
- Y ese? Los 10 divorcios más costosos de la historia…se ve interesante…
La niña le envió una extraña mirada a su doctor.
Kagome rió y se acercó para quitarle el control y cambiar ella misma los canales.
- Creo que a ella le gusta más La locomotora Thomas.
- Si! – saltó la niña.
- Nos vamos ya – Se despidió Kagome depositándole un pequeño beso en la coronilla antes de salir por la puerta junto al doctor.
- Nos vemos mas tarde Keiko.
- Adiós…- Despidió la niña sin quitar los ojos de la colorida pantalla de la TV.
…
- Una tortilla francesa para mi…
- y de beber?
- Agua estará bien.
Kagome observó a la joven mujer alejarse con los pedidos y luego desvió la mirada a su viejo compañero frente a ella, que parecía algo distraído observando la avenida por la ventana. Había sido una grata sorpresa encontrarlo en ese hospital. El la había ayudado bastante cuando aun era una principiante, y podía decir que ahora era su mejor amigo ¿Quién lo diría? A juzgar por la pequeña historia de enamoramiento que habían compartido alguna vez…como sea, habían acordado no hablar de eso.
- Houyo…- Murmuró para llamar su atención. El la miró enseguida.
- Si?
- ¿No vas a decirme cómo siguen las cosas con-
- Oh, si, terminamos…
Kagome se paralizó en un sorprendido shock - ¿Terminaron? Después de tanto tiempo?
Houyo simplemente se encogió con un asentimiento – Nos dimos cuenta de que queríamos cosas diferentes…además creo que tengo ganas de estar solo por un tiempo, Tsubaki a veces tendía a estresarme más de la cuenta…y no era como si realmente le importaran mis problemas o asuntos…incluso sentía que no tenía caso tratar de hablar con ella.
- Ya veo…- Murmuró Kagome compasivamente – Bueno, Tsubaki no era precisamente un conejo feliz, sabía que tenían problemas…pero nunca imaginé que terminarían así…aunque…supongo que es lo mejor para ti…
- Si, como sea...- Houyo sonrió – Debo aceptar que le debo algunas cosas. Me sacó de mi miseria hace unos años cuando la chica que me gustaba me pateó el trasero por irse con un cretino…
- Eh? – Kagome parpadeó ante la extraña y sigilosa mirada de Houyo.
- No te hagas la tonta, sabes de lo que hablo…
Kagome bajó la mirada ante eso, carraspeó un poco para aclarar su garganta – Si…lo siento por eso. Pero pasaron muchas cosas en aquel entonces…- Ella sacudió la cabeza cuando los recuerdos comenzaban a volver a ella – De todas formas ahora no tiene caso hablar de ello.
Houyo resopló cruzándose de brazos – No lo sientas. Fue mi culpa después de todo, quizás las cosas hubieran sido diferentes si yo no hubiera sido un completo idiota…
- No digas eso – Kagome batió una mano. El sonrió mientras la observaba detenidamente con esos claros e inteligentes ojos.
- Sesshomaru volvió a dejarte plantada por su trabajo? Ya no me extraña que pidas que te acompañe a comer en tus descansos…– Dijo él casualmente, la muchacha frunció un poco.
- No me dejó plantada. Sólo…está muy ocupado últimamente… y te pido que vengas conmigo porque eres a quien más le tengo confianza en el hospital…
Houyo movió levemente su cabeza – Creo que él debería prestarte mas atención…
- No me ignora.
- Si, pero no te hace completamente feliz.
La muchacha lo miró fijamente por un momento. El parecía tener convicción en lo que decía – Soy muy feliz…eso es lo que siento, cómo puedes saberlo mejor que yo? - Repuso ella.
- Es fácil ver que bajo todas esas sonrisas hay algo más. Hay algo que te falta, sólo que no quieres aceptarlo…tratas de esconderlo todo bajo una fachada de seguridad…pero en realidad sientes temor a ser herida…de nuevo…
Kagome mordió el interior de su mejilla y volvió fruncir más profundamente – No deberías seguir leyendo esos libros de psicología cognitiva…
- Maeko me los prestó…debía leerlos… - Houyo descanso sus brazos cruzados sobre la mesa – Pero no es necesario leer nada para darse cuenta de lo que te pasa. A veces te quedas callada, mirando hacia el espacio…como si tuvieras la mente en otro lugar… y tu expresión se torna triste y melancólica.
Kagome desvió la mirada hacia sus manos que habían comenzado a juguetear entre ellas – Y eso qué…todos hacen eso de vez en cuando…
- No deberías temer a enfrentar tu pasado – Dijo él seriamente - sal de ese escudo que te protege de ti misma y busca qué es lo que te falta…si no lo haces podrías cometer un error pensando que es lo correcto…
La muchacha parecía estar pensando profundamente en sus palabras, o tratando de interpretarlas…Houyo no decía muchas cosas a menudo, pero cuando lo hacía casi siempre tenía la razón… levantó levemente la mirada hacia él para encontrar una sincera expresión.
- Eres mi amiga…quiero que seas feliz, no que pretendas serlo…
Luego de un momento más ella esbozó una muy suave sonrisa y asintió – Houyo, gracias por preocuparte por mí…
Todo transcurrió de la misma manera el resto de aquel largo día. Kagome llegó cansada a su edificio pasada la media noche y con una extensa y cansada exhalación apretó el botón del elevador. Casi sentía que caería dormida de un momento a otro. Las puertas se abrieron ante ella y pasó acomodando mejor la tira de su bolso en su hombro. Se recostó a la pared del elevador y descanso su cabeza, pero cuando la comodidad comenzaba a alcanzarla las puertas se abrieron de nuevo dejándola en su piso.
Con pasos lentos salió y avanzó por el solitario corredor hasta encontrar su puerta, buscó sus llaves en los bolsillos traseros de su pantalón y entró a la oscuridad de su pequeño pero acogedor apartamento. Aseguró bien la puerta tras ella antes de adentrarse completamente, sin necesidad de encender las luces, pues ya lo conocía perfectamente de memoria y dejó su bolso sobre la mesa de la sala en su camino directo a su habitación.
Diablos, realmente añoraba su cama.
Se dio una rápida ducha, se colocó su ligera pijama de algodón y luego se desplomó con un sonoro puff en su colchón, pasando las cobijas por encima de su cabeza y abrazando su almohada con un jadeo de felicidad. No había nada mejor que poder hacer eso después de un día agotador. Usualmente era su parte favorita del día, en la oscuridad de la habitación, con el aire templado y con la comodidad de sus mullidas almohadas. Todo lo demás parecía pasar a un segundo plano, y el día completo se volvía un recuerdo distante mientras el sueño la consumía lentamente.
Lo cual fue por qué se vio un poco perturbada al cuarto giro en la cama. Era raro. Veinte minutos atrás estaba cabeceando en todo el camino hacia el apartamento y ahora el sueño parecía haberse evaporado…y se sentía extraña, como si una pequeñísima alarma dentro de ella se hubiera encendido. Resopló y abrió los ojos en un intento por averiguar la causa de esas inusuales ansias…y sus recuerdos sólo la llevaron a la conversación con Houyo esa tarde…
¿Qué era lo que había querido decirle? Claro que ella era feliz…muy feliz…
Rodó en su cama una vez más hasta quedar sobre su espalda y observó vacíamente el techo por un rato mientras se replanteaba la situación. Ciertamente tenía todo lo que necesitaba para estar bien ¿no? tenía un trabajo y buen sueldo, le estaba yendo bien en su carrera de medicina, tenía una familia que la amaba y la apoyaba, y un guapo novio al que quería…
Y no supo por qué su corazón se apretó al pensar en Sesshomaru.
Él había llegado de improvisto cuatro años atrás, determinado a permanecer a su lado como un ángel protector. Al principio no había sabido como manejarlo, se ponía demasiado nerviosa en su presencia, no tenía idea de cómo actuar a su alrededor. Pero con el tiempo él había demostrado que realmente quería su bienestar, y que se preocupaba por ella…
Y cuando su vida y su corazón habían caído en caos y tormenta, Sesshomaru había estado a su lado, y ella finalmente se había aferrado a él.
Así fue como poco a poco se dio cuenta de que comenzaba a apreciarlo profundamente, y luego a quererlo. Un año después él había hablado con su madre para que los dejara mantener una relación. La Sra. Higurashi se vio desconcertada, pero lo aceptó sin oponerse un solo momento, pues desde el inicio había confiado plenamente en el hijo mayor de su amiga Izayoi.
Si, aunque no siempre estaba con ella por su trabajo, Kagome definitivamente estaba segura de que lo quería…pero…
¿Lo amaba?
Querer y amar eran cosas muy diferentes…
Y desde que Kagome pensaba que alguna vez había conocido lo que era el amor, podía juzgar y comparar, y el resultado era que no, no lo amaba. De hecho dudaba que alguna vez fuera capaz de volver a amar como lo había hecho tiempo atrás…como lo había amado a él…
Después de lo que ese chico le había hecho había quedado destrozada y devastada, su dañado corazón en cierta forma se había cerrado y protegido con una coraza, y si bien sentía muchas cosas por Sesshomaru, jamás había vuelto a experimentar esa extraña sensación en el estómago, ni había vuelto a pensar que su pecho explotaría de emoción, ni que sus piernas se volvían de espuma ante un beso…aquellas eran emociones muy fuertes que ahora sólo formaban parte de su pasado, y que ella había enterrado junto con sus recuerdos sobre ese chico llamado Inuyasha que alguna vez había sido su vecino.
Se había prohibido volver a pensar en él. Había bloqueado todas las memorias y sentimientos que conllevaran a su persona, tanto que ya no sentía nada al escuchar su nombre. Lo último que supo de él había sido un año atrás, noticias de que ahora estaba comprometido con la hija de unos arquitectos que se habían aliado con su padre en un importante negocio. Pero incluso cuando supo que aquella chica era la tal Kikyo, no sintió dolor, ni rabia, ni frustración…cosa de la que estaba enormemente orgullosa. Al parecer lo había superado.
Con el tiempo había aprendido que Inuyasha sólo había sido una etapa de su vida, y una muy bonita…pero sólo si le quitaban el final…
Y era por eso que alrededor de su cuello aun descansaba aquel pequeño dije de corazón.
Lo había encontrado perdido en alguno de sus cajones. Lo contempló por largo rato hasta que su mano se extendió con voluntad propia, lo tomó con cuidado y volvió a colocárselo. Bien podía ver la cadena como un recordatorio de dolor y tristeza, pero ella había elegido irse por otro camino, verla como un recordatorio de días felices y cálidos de su adolescencia, y ahora siempre la usaba, secretamente bajo su ropa.
Por eso no entendía por qué Houyo se empeñaba en decir que al parecer algo le faltaba, o que no era completamente feliz, o que debía enfrentar las cosas de su pasado, para qué? Todo estaba bien así...y claro que ella era feliz…y estaba perfectamente bien… se había acostumbrado a su realidad, y así había de quedarse…nada iba a alterarla ahora…y con respecto a Sesshomaru…quizás la amaba más de lo que ella lo amaba él…pero aun había mucho tiempo para arreglarlo no?…tal vez…tal vez algún día llegaría a amarlo de verdad…eso era lo que él esperaba y merecía.
Kagome se asombró cuando giró la cabeza y se percató de la hora. Las cuatro de la mañana. Salió de la cama y se calzó las pantuflas dirigiéndose a la cocina por un vaso de agua fría. Necesitaba distender su mente…hacía tiempo que no meditaba tanto…ella frunció mientras llenaba un vaso de vidrio. Definitivamente tendría que pensarlo dos veces la próxima vez que estuviera a punto de caer en esas extrañas e introspectivas charlas con cierto doctor…
…
- ¿Qué tienes? Luces pensativa…
Ella dejó de ver la calle pasar y giró el rostro hacia Sesshomaru – Uhmm…alguna vez has tenido esa sensación de que estás olvidando algo, pero no tienes idea de lo que pueda ser?
- Me pasa todo el tiempo… - Se encogió Sesshomaru – Por eso últimamente he estado escribiendo todo en una libreta…
- Bueno, quizás debería comenzar a hacer lo mismo.
- Y si no, siempre puedes amarrar una banda elástica alrededor de tu dedo para recordarte lo que debes hacer. Aunque conociéndote, probablemente olvidarás por qué pusiste la banda ahí en primer lugar.
- Oye! – Kagome lanzó un puño en su hombro, pero naturalmente no le afectó en nada. El se veía divertido, le gustaba molestarla.
- Eres distraída, acéptalo…
Kagome se hundió en el asiento con un obstinado frunce – Como sea, así te gusto… - Sesshomaru soltó una suave carcajada – Y dime, cuales son los planes para hoy?
- Tengo el día libre. Podemos hacer lo que quieras…
Ella aplaudió feliz ante eso - ¿Enserio? Bueno, hay una función de patinaje sobre hielo a la que quiero ir desde hace tiempo, es esta noche.
- Patinaje sobre hielo? – Sesshomaru hizo una mueca.
- ¡Si! Y Souta también quiere ir…
- Vamos Kagome, cuando dije que podíamos hacer lo que quisieras no me refería exactamente a ir a una función de patinaje con tu hermano.
Kagome juntó sus manos y se arrimó a él con una perfecta imitación de gatito desvalido – Di que si ¿Por favor? Sólo por esta vez…
El comenzaba a verse dudoso – Pero quería estar contigo, a solas…
- Habrá tiempo para eso luego, vamoss – Murmuró ella suplicantemente.
Sesshomaru soltó un cansado suspiro y ella saltó feliz, sabiendo que cuando él suspiraba así era porque sabía que había perdido la batalla.
Llegaron no mucho después de eso. Sesshomaru aparcó en su propio garaje y luego ambos se dirigieron a la casa de Kagome.
- Ya estamos aquí! – Dijo ella al entrar seguida de Sesshomaru. Enseguida se escuchó un estrépito allá arriba y segundos después Souta bajó las escaleras en estampida hasta abrazarla guindándose de su cintura.
- ¡Hermana! Adivina, son buenas noticias! Nunca creerás quien llamó para decir que- Oh…- El muchacho se desvaneció con un pequeño frunce mientras inspeccionaba el bolso y las manos vacías de Kagome y Sesshomaru, se separó con cuidado – Donde esta mi patineta?
Al instante Kagome aplastó sonoramente una mano contra su frente, esa reacción fue mejor que cualquier respuesta para Souta, que comenzó a pisotear el suelo enojado. La leve risa de Sesshomaru se escuchó tras ellos.
- Creo que era eso lo que estabas olvidando, Kagome.
- Es la tercera vez que lo olvidas!
- Discúlpame – Kagome rió nerviosamente - tenía muchas cosas en la cabeza y-
- Excusas!– Souta se cruzó de brazos – Cómo quieres que Sakura se fije en mi ahora?
- Bueno…- Kagome avanzó adoptando una resignada y abatida expresión – Sesshomaru, en vista de que mi hermano está tan enojado conmigo, creo que tendremos que llevar a alguien más a la función sobre hielo de esta noche.
Souta dio un respingo automático mientras su semblante cambiaba de enojado a sorprendido en un parpadeo. Miró a Sesshomaru, quien simplemente se encogió de hombros y luego fue torpemente tras su hermana – Kagome…es-espera…no estoy tan enojado…- Ella se detuvo conteniendo la risa y lo miró con superioridad.
- Ha si? En ese caso entonces quizás podamos llevarte con nosotros.
- ¡Si! – Saltó Souta, pero se detuvo al siguiente segundo al recordar algo de golpe, y de pronto no se vio tan animado sobre eso.
- Pasa algo? – Preguntó Kagome extrañada.
El titubeó – Bueno, no creo que podamos ir hoy…sobre lo que estaba por decirte hace un momento, adivina quién llamó y-
- Hija!
Kagome se giró rápidamente para recibir el abrazo de su madre – Madre! – La mujer se separó y fue a saludar a Sesshomaru.
- Que bueno que ya estén los dos aquí, los estaba esperando.
La muchacha le parpadeó a la mujer. Su madre se veía extrañamente animada, bueno, siempre estaba animada, pero había algo diferente esta vez – Que está pasando?
La Sra. Higurashi les envió una amplia sonrisa a los dos antes de hablar.
– Hoy tendremos una cena especial para invitados!... Es Inuyasha! Chicos ¡Estará aquí en cualquier momento junto con su prometida, Izayoi también vendrá! así que hay que darnos prisa! – Anunció, y se vio algo perpleja cuando no recibió las reacciones de emoción que esperaba de parte de los otros dos. Se habían quedado mirándola fijamente, como si aun la noticia no los hubiera golpeado del todo.
- Oh…- Fue todo lo que dijo Sesshomaru luego de un momento, y miró a Kagome, que estaba delante de él en silencio, pero no pudo ver su rostro.
- ¿No es genial? – Intervino Souta – Los veremos después de tanto tiempo!.
- Si…es…genial…- Murmuró Kagome finalmente. Luego alzó el rostro a todos con una amplia y brillante sonrisa – Voy a prepararme, luego te ayudo con la cena, mamá…Sesshomaru, tu deberías prepararte también para recibirlos a todos…nos vemos más tarde! – Y subió las escaleras antes de que alguien pudiera decirle algo.
- Sin duda se ve contenta por la noticia, no crees? – Preguntó felizmente la Sra. Higurashi. Sesshomaru asintió una vez, sin apartar sus serios ojos del rastro de Kagome por las escaleras.
..
Ella caminó rápido por el corredor, entró a su habitación y se aplastó contra la puerta con una desenfocada mirada.
Rayos…
Aun su mente no parecía querer creer lo que había escuchado. Era cierto? Inuyasha…Inuyasha vendría…pondría los pies en su casa…Inuyasha y Kikyo…ambos…
Lentamente se llevó una mano al corazón, que había comenzado a saltar asustado golpeando contra su tórax.
Siempre había tenido ese pequeño temor… siempre lo había sabido, que algún día, tarde o temprano, tendría que volver a ver a Inuyasha. Después de todo era el hermano de su novio… Pero aun así, había decidido ignorar esa verdad, ni siquiera pensaba en ello…y ahora, ahora lo tendría de frente otra vez…quizás a esto se debían las extrañas ansias y suspenso de la noche anterior? Sus sentidos la habían estado advirtiendo.
Oh No…
¿Por qué se sentía tan nerviosa de repente? Sentía que su estómago se apretaba, era esa misma sensación de vértigo que se tiene cuando se está a punto de presentarse ante un auditorio lleno de personas, y ella lo estaba sintiendo sólo porque tendría que cruzar miradas de nuevo con esa persona.
No quería… ¿Por qué? Ella estaba muy tranquila hasta hacía una hora atrás, por qué ahora sentía que iba a vomitar su desayuno? No entendía nada!
Aun mientras su mente era un total caos, se metió al baño y se dio una ducha, y al salir se vistió con lo primero que encontró en su guardarropa. Se detuvo al pasar frente al espejo, y se quedó mirándose en él por largo rato. Pero no se veía a ella realmente. Veía a la Kagome de cuatro años atrás, a aquella niña que había entregado inocentemente todo su amor, y a la que habían traicionado. Por Kami… verlo a él con su novia sólo le traerían malos recuerdos…Pero entonces se pateó mentalmente. ¿Qué le estaba pasando? Se suponía que lo había superado todo! Ya no era la misma niña de antes, ¿no? ahora era una mujer, con una nueva vida, con un novio estupendo, no tenía por qué sentirse así. Inuyasha también habría madurado, quizás ahora vería lo que había pasado entre ellos como un juego de su adolescencia y no le daría tanta importancia al pasado como ella…quizás estaba sobreactuando…debía ser madura sobre esto…
Respiró hondamente para oxigenar sus sentidos y se armó de valor para bajar. Pasó el resto del tiempo ayudando a su madre a preparar una buena cena, mientras Sesshomaru conversaba tranquilamente con su abuelo. Ella le envió una sigilosa mirada por el rabillo del ojo. El no se veía especialmente ansioso o emocionado por el hecho de que iba a volver a ver a su madre y hermano…pero tampoco se mostraba reluctante o incomodo a la situación…se veía normal…justo como siempre, tranquilo y demostrando que todo le daba igual.
Kagome volvió el rostro a sus oficios e inhaló profundo. No podía dejar que Sesshomaru notara lo nerviosa que estaba… ¿Qué iba a pensar?
- Deben estar por llegar – Murmuró la echándole un vistazo a la hora – Kagome, deberías arreglar la sala para tomar el té – Dijo y la muchacha asintió silenciosamente con la cabeza tomando la bandeja con las tazas de porcelana china para salir de la cocina.
Llegó a la sala y depositó la bandeja en la mesita de centro de caoba rodeada por los muebles color marfil, mientras ordenaba un poco las tazas y la azucarera en su lugar.
De pronto, sus oídos captaron el ligero toque a la puerta. Se sentó de golpe, apretando sus dedos contra el brazo del sillón. Pronto hubieron pasos por el pasillo, alguien abrió la puerta y enseguida escuchó las voces felices y las chillonas exclamaciones de bienvenida de su familia, a la que luego se le unieron las voces de los invitados. A ese punto Kagome había notado con horror como su mano temblaba sin que ella pudiera hacer algo para evitarlo, no sólo su mano, también sus adentros se sacudían ferozmente, como no lo hacían desde hacía mucho. Kagome bajó la mirada y casi se muere al ver el dije de corazón brillando contra su pecho. Al instante su mano voló y metió la cadena por dentro de su blusa lo más que pudo, y luego haló el cuello hacia arriba por si acaso, notando con desespero lo patética que era. Pero no podía evitarlo, no podía calmarse…todo el autocontrol del que había estado orgullosa todo ese tiempo se estaba yendo rápidamente por el desagüe. Aun no estaba lista para volver ver a Inuyasha…aun no…
Se levantó precipitadamente del sillón. Debía esconderse, iría a su habitación diciendo que se sentía mal, al menos podría ganar algo más de tiempo para tranquilizarse…sí, debía escapar…
Y posiblemente lo hubiera hecho si al doblar en la puerta que daba al corredor de las escaleras no se hubiera tropezado de narices con un robusto y firme pecho. Su cuerpo entero se tensó, y no necesitó levantar la mirada para saber quién era…su voz varonil y levemente burlesca se lo dijo.
- Vaya vaya, Kagome...cuanto tiempo sin verte.
Continuará…
OMG OoO qué pasará?
Chicas, mil gracias por sus comentarios, me encanta saber que siguen aquí…
Uff ya me voy, hace un frío de los mil demonios, mis dedos están tan hinchados que ni siquiera siento las teclas ya, jaja hasta pronto!
Att: Lazzefire.
