¡Hola, hermosuras! Estoy casi lista para desocuparme y dedicarles el tiempo que se merecen, así que en la próxima publicación ya podré responder a sus reviews como normalmente ;D Solo quiero detenerme para hacer una aclaración, ya que veo no me expresé bien en cuanto a la pregunta que les hice en el capítulo 23:
No! No! No! No me refería a limonada de Kabuto y Sakura, iugh. Ese libro ya se cerró. Finito. Terminado. Muerto. Su relación NO existe, y no es algo que planee usar en flashbacks, iugh. Damos por sentado que sucedió, pero no es algo a lo que le vaya a invertir tiempo, esfuerzo e imaginación. Ellos no son la pareja principal, así que voy a reiterarles: NO ESCRIBIRÍA LEMMON DE SAKURAXKABUTO.
Eso es todo, les amo. Disfruten mucho del capítulo ~
Lo que había comenzado con una amigable salida de compras, terminó en un conflicto de proporciones olímpicas. Probablemente, ni siquiera cuando los titanes luchaban se sentía una hostilidad similar a la de ese grupo, mientras el rostro de Ino parecía enfurecer más al ver la docilidad con la que Sakura admitía sus culpas, tomando sus cosas y levantándose del sofá de manera pacífica, con el propósito de terminar el problema de una tajada. La rubia se mostraba incrédula, mientras la espalda de Sakura se alejaba en la distancia, hacia quién-sabe-dónde. Tenten se sintió impotente, pues la había tratado tan poco, que le parecía que su intervención solo sería un estorbo. Temari estaba en proceso de levantarse y poner a Ino en su lugar, pero la apacible Hinata Hyuga tuvo el poder suficiente para tranquilizarla antes. Mientras tanto, aunque Karin quiso seguirla, Izumi no se lo permitió, y fue ella misma en su persecución. Al haber provocado el incidente con sus insinuaciones, sentía que debía ser ella quien solucionara al menos una parte del conflicto, y era obvio que se requeriría un esfuerzo colectivo para hacer que la Yamanaka entrara en razón.
Sakura no había llegado muy lejos, así que Izumi no tuvo que esforzarse tanto para alcanzarla. Ella tomó la sabia decisión de traer consigo sus cosas, y no dejarla al cuidado de las chicas, con el propósito de enfrentar cualquier circunstancia sin depender de ello. Esa había sido la misma decisión de Sakura al separarse del grupo, aunque sabía que alguna de las chicas vendría detrás de ella, contaba con que se tratara de Izumi, y pedía que Ino no continuara con un conflicto que resultaba innecesario. Su expresión no parecía afligida, ni afectada de cualquier forma, sino que fría y decidida. Izumi creía que encontraría un entrecejo fruncido cuando le viera el rostro, o quizá algunas lágrimas, pero esa chica era un hueso duro de roer, así que no se atrevió a detenerla y se limitó a caminar a su lado, en especial porque estaban atravesando un grupo de abundantes personas, seguro porque estaban frente a la plaza culinaria. Así, antes de darse cuenta, habían llegado a un extremo del centro comercial, y Sakura tiró lo que quedaba de su bebida a la basura, para aproximarse a un cubículo pequeño que tenía una ventanilla, donde una única operadora estaba esperando. Se trataba de una estación para localizar un taxi y hacer que pasaran por ella, así que en ese momento fue interrumpida.
—Itachi está cerca —aseguró ella, con una expresión intranquila—. No tardará en llegar, hace veinte minutos me avisó que estaba saliendo de su casa y…
—Lo último que deseo es importunarlos —contestó la pelirrosa.
—Él solo viene por mí, Sakura —insistió—. Deja que te llevemos de regreso. Podemos ayudarte a empacar y llevarte a casa de alguno de tus amigos. Él va a interceder ante su familia, así no tendrás que enfrentarlos sola.
—No es necesario, Izumi. De igual forma, no planeo llegar a la casa de nadie. Todos están ocupados, y sería un estorbo.
—Ven conmigo —propuso, entonces—. Vivo sola, así que me harías una buena compañía. Mis padres viven a unas casas, así que podemos ir a visitarlos también. Sé que es una situación conflictiva, pero no por eso debes decaerte, ni alejarte de los Uchiha.
—La cuestión aquí es que Ino tiene razón —enfrentó ella—. Yo tengo a Kabuto, y permití que Sasuke me besara. He abusado de su interés, y si me quedara contigo, tampoco habría forma de asegurar que estoy cumpliendo con lo que dije —se encogió de hombros—. Eres la novia de Itachi, así que Sasuke haría un drama hasta saber en dónde me metieron.
—No estarás hablando en serio con lo de no hablarle, ¿cierto? —estaba preocupada.
—Me prometí a mí misma que ningún hombre se interpondría entre mi mejor amiga y yo, Izumi. Esa amiga es Ino —le sonrió—. Aunque Sasuke Uchiha fuera el amor de mi vida, yo lo dejaría si eso dañara mi relación con ella.
Capítulo Veinticinco: Palimpsesto
En el arcade, donde parejas y niños se divertían sin avergonzarse, también había un espacio dedicado a los que se sentían muy maduros para algunos juegos. Con tres mesas de billar, dos de hockey aéreo y dos de futbolito, los chicos podían sentirse más cómodos que con el resto de los juegos del lugar, al que solo acudirían con unas chicas. Estaba destinado a ser usado por adultos, así que las mesas no eran accesibles para los más pequeños, y había otras versiones de los mismos en el resto del arcade. Los chicos se habían apoderado de una de las mesas de billar, aunque ya habían pasado por un par de partidas en los otros juegos. Shikamaru no era amante de estos, pero participó igual, asegurando que la próxima vez debían sentarse con unas cartas, aunque el resto sabía que eso solo significaba la victoria de quien proponía el juego. Al final, era simplemente el réferi, mientras charlaba con Chouji Akimichi, su mejor amigo que los había alcanzado ahí después del trabajo, y comía como un espectador. El único que no lo conocía era Sai, pero lograron advertirle—antes de que llegara— sobre el comportamiento apropiado en su presencia. Esa era la forma en la que los amigos se divertían cuando las chicas se iban de compras.
No interfieras.
Las palabras que Sasuke había escuchado tuvieron un origen que jamás se habría imaginado, así que estaba un poco preocupado por ello. La seriedad, en aquella voz y aquellos ojos, le sorprendió mucho, aunque los demás estaban seguros de que podían ayudarlo a alcanzar a su ideal. Sasuke se mostraba taciturno después de golpear la bola blanca, y Shikamaru lo había notado en silencio, siendo consciente de que era una situación difícil para el Uchiha. Por primera vez en su vida—en cualquiera de las dos—, él se sentía preocupado y personalmente responsable de la felicidad romántica de Sasuke o, más bien, de cuán afectado se viera por los estragos de ese desbocado amor que les había confesado. Pensó que era impresionante, que era algo que jamás había pedido ver, algo que uno creería que no existía, pero ahí estaba el pelinegro como evidencia de aquello. Lo encontraba perturbador, aunque era una motivación. Si alguien de piedra como él se derretía por una mujer así, entonces el resto de los hombres no tenían esperanzas en cuanto a las mujeres: ellas eran intimidantes y los podrían destrozar si no los amaran tanto, como ellos a ellas. Se dio a la labor de tranquilizar sus pensamientos, pero el teléfono de Naruto sonó, y el mundo se detuvo cuando los obligó a salir del arcade con destino al paradero actual de las chicas, que ahora estaban afuera del centro comercial, esperando en unas mesas al aire libre, bajo una sombrilla.
—¡Hinata! —Naruto, que había recibido la llamada de Hinata donde le pedía que las alcanzaran de inmediato, fue el primero en preguntar—. ¿Qué sucedió?
—Naruto-kun —empezó ella—. Es complicado…
—¿Complicado? —la voz altanera de Temari corrigió de inmediato a Hinata, haciendo evidente su mal humor—. No es tan complicado como dices: lo que pasa es que Ino es una completa idiota.
—Temari —le riñó Tenten.
—¿Dónde están Sakura e Izumi? —pero Sasuke cambió el tema, haciendo que ellas dieran un respingo y lo miraran en un gesto apenado, intentando no responder a su pregunta.
—Se fueron —contestó Karin—. Aparentemente, Ino no está de buen humor y se puso a atacar a diestra y siniestra. Nos preguntábamos porqué estaba tan irritable, y al final sacó todo contra Sakura, así que ella decidió irse, e Izumi la siguió.
—¿Ino? —un incrédulo Sai miró a la aludida, que estaba sentada dándoles la espalda.
—Como sea —continuó la pelirroja—. Sakura decidió separarse de nosotros, e Izumi no nos dejó ir tras ella. Supongo que se habrá sentido culpable.
—¿Culpable de qué? —espetó Temari—. Todas estábamos teniendo una charla amena, ella es la que empezó con sus respuestas pasivo-agresivas, aunque más bien eran agresivo-agresivas. Se comportó como una perra total.
—No nos están dejando nada claro —masculló un irritado Shikamaru.
—Estábamos hablando de chicos —resumió Tenten—. Izumi insinuó que, aunque el novio de Sakura no está, había alguien interesado en ella —los ojos chocolate de la muchacha miraron a Sasuke, dejando muy claro a lo que se refería—. Creo que a Ino le molesta que Sakura lo niegue…
—Estoy segura que solo son celos por no poder atrapar al niño bonito —mofó Temari, a lo que Shikamaru le dedicó una mirada de reprimenda, que ella ignoró.
—Ino, ¿eso es cierto? —Chouji, también buen amigo de Ino, usó una voz amable para preguntar.
—No dije nada que fuera mentira —contestó, finalmente, de forma tajante—. ¿Quién se cree que es? Solo finge demencia y pulula a su alrededor sintiéndose la gran cosa, simplemente porque Sasuke le prestó algo de atención. Y, para colmo, abusa de su amabilidad. No entiendo cómo permite que lo mangoneen así —dijo, sin siquiera mirarlos.
—La amo —la voz de Sasuke estuvo demasiado cerca, lo dijo de repente, tomándola por sorpresa con aquello, así que ella lo miró con gran impresión—. ¿No lo escuchaste antes? Yo la amo.
—Debes de estar bromeando. Mira cómo te trata: actúa como si nada pasara —el entrecejo de Ino comenzó a fruncirse mientras lo decía—. Ella tiene novio y sabe que te interesa, aun así, se queda en tu casa y deja que tu familia la trate como reina. ¿Quién se cree?
—Si Sakura ha hecho todo eso, es porque no le he dado otra opción —él la miró, tranquilo—. Se lo he pedido, es lo que yo quiero.
—De ninguna forma —espetó ella—. Se está aprovechando.
—Está cumpliendo cada uno de mis caprichos. Se ha rehusado a hacerlo, pero termino obligándola a ello —estaba tan pacífico, que sus amigos lo veían con inseguridad—. Y tú eres su amiga… eres la mejor amiga que ella tiene. Le importas más que cualquiera.
—¿Ella? ¿Mi amiga? —se burló—. Jamás mantendría una amistad con quien juega así contigo. No sé qué es lo que le viste a esa… —las dos manos de Sasuke golpearon la mesa, interrumpiéndola con un susto ante el sonido estruendoso del impacto y, posteriormente, con su mirada amenazante que carecía de piedad.
—No voy a consentir que le faltes al respeto en mi presencia.
—Oye, Sasuke —Suigetsu se apuró a alcanzarlo, pero la mano de Shikamaru lo regresó a su sitio, para que observara la situación.
—No me interesa si no lo entiendes, Ino —continuó—. Si estuvieras en su situación, estoy seguro de que no podrías con las circunstancias de la misma forma en la que ella puede. Me impresiona que no puedas ponerte del lado de la víctima, que es tu amiga.
—¿Víctima?
—Yo estoy decidido a hacer lo necesario para que ella me acepte —soltó, decidido—. Aunque sé que ella no querrá estar conmigo si eso te hiere.
—No me hiere en lo absoluto. Solo pienso que hay chicas más apropiadas para ti.
—Es increíble que no te des cuenta —suspiró—. No se trata de ti, ni de mí. Lo único que importa es hacer que ella sea feliz —desvió la mirada—. Estoy seguro de que yo puedo lograrlo.
—Sasuke —Naruto lo llamó, intentando detener sus afirmaciones.
—Pero si debo dejarla en manos de Kabuto para eso, lo haré —se encogió de hombros—. Quiero hacer lo necesario para convencerla de estar conmigo y, para eso, necesito la ayuda y la aprobación de todos. Sakura no me aceptará si es distinto.
—Apenas la conoces —se quejó Ino.
—No espero que lo entiendas —la miró—, pero es lo que quiero. Y si eres su amiga, vas a ayudarla a encontrar la felicidad, ya sea conmigo o con quien sea. Tienes que entenderlo.
—¿Qué es lo que te tiene tan embobado?
—Ella es perfecta —Ino se mostró escéptica ante su respuesta—. Lo es para mí, Ino. Es lo que quiero, lo que deseo. Lo que más ambiciono.
—Lo dices demasiado fácil…
—Tengo que decirlo si quiero convencerla.
—De acuerdo —soltó a regañadientes—. Veré qué hago, pero no me pidas que lo acepte así nada más. Los dos estarán bajo mi mirada, ¿me oyes? Será así hasta que me demuestres que ella en verdad puede quererte, y no tendrás mucho tiempo para eso.
—¿Te crees con esa influencia? —gruñó Karin.
—En seis meses —todos lo miraron al instante—. Haré lo que sea necesario y, en seis meses, conseguiré algo: Ella admitirá sentimientos por mí ante todos ustedes, o yo me rindo. Pero, si lo logro, entonces ella va a ser mi esposa. Mientras tanto, deja de confabular en contra de ello.
—Bromeas, ¿cierto? —dijo Temari, con incredulidad.
—Solo así logrará que Ino esté feliz —sustentó Shikamaru, encogiéndose de hombros—. Es un trato justo, desde mi punto de vista.
—¿Haces del amor una apuesta? —se mofó Ino—. Bien, acepto. Me mantendré al margen.
—No se trata de eso —él se cruzó de brazos—. Debes ser su amiga, como lo has sido siempre. Ella quiere eso, Ino. Y no te ha hecho ningún daño. Habla con ella, y lo verás.
—Dije que está bien —sacudió su mano, restándole importancia—. Pero, ¿no te importa, Sasuke? Todos nosotros sabemos lo que planeas, cualquiera podría intervenir y arruinarte las cosas. Además, es de muy mal gusto lo que haces.
—Entiendo que no los hará felices —los miró—, pero prometo que valdrá la pena dejarnos seguir a nuestro ritmo. He hecho mi compromiso.
—Básicamente, todos estamos en esto —dijo Temari, rodando los ojos.
—Apoyaré a Sakura-chan —la voz de Naruto resaltó entre el grupo, así que todos le miraron, un poco impresionados de que escogiera el bando contrario a Sasuke, su mejor amigo—. Sé que podrás entender que mis esfuerzos no vayan a favor de tus deseos. Soy de la idea de que ella merece la felicidad, y no quiero verla siendo manipulada.
—¿Estás en contra de que esté conmigo?
—Estoy en contra de que abuses de ese pretexto —se encogió de hombros—. Solo me aseguraré de que esto sea justo. No voy a permitir que la seduzcas con cosas inapropiadas.
—Entiendo.
—Lamento interrumpir toda esta enfermiza manipulación, y su degenerada selección de bando, pero creo que se están olvidando del factor más importante —dijo Temari, con un gesto de desagrado mientras hablaba—. Sakura dijo que se volvía a Tokio hoy mismo, ¿saben? Y ya hace más de treinta minutos que se fueron…
—Izumi me dejó un mensaje antes —continuó, Tenten—. Dijo que no nos preocupáramos por ellas, ya que Itachi había salvado el día recogiéndolas. Aunque creo que sale contraproducente…
—Tendré que irme si quiero convencerla de quedarse —suspiró, Sasuke.
—Creo que deberías dejar que vuelva a su casa —comentó Shikamaru, cruzándose de brazos mientras lo miraba—. O que pase la noche sola… le vendrá bien, ¿sabes?
—Nadie está esperándola —respondió, el pelinegro—. No quiero que enfrente las consecuencias de esta pelea por cuenta propia, así como tampoco deseo que pase el año nuevo viendo películas mientras se hunde en su soledad —rodó los ojos.
—No podemos dejarla sola ahora —concordó, Karin—. Sasuke y yo tenemos ese compromiso, así que iré con él y veré si puedo convencerla de quedarse conmigo.
—Entonces yo —empezó, Suigetsu.
—Tú tomarás el lugar de Karin en el auto de Naruto —contestó, Sasuke—. Nosotros tenemos que hablar un par de cosas en el camino, así que no nos estorbes. Espero que todos sepan perdonar mis métodos, tan poco ortodoxos.
—Yo también lamento haberme portado como una idiota —soltó, muy a regañadientes, Ino.
—Como sea… luego veremos cómo solucionar lo que hiciste —decidió, Shikamaru—. Supongo que todos nos vamos a casa ahora.
—Una cosa más —la voz de Sasuke los detuvo, aunque todos parecían decididos a dispersarse para volver a su pueblo—. No me importa si quieren participar, ser espectadores o ignorar esto… pero no empeoren la situación. No tengo palabras para explicarles cuán decidido estoy, y qué poco me va a importar hacer algo al respecto —miró a Naruto—. No importa quién de ustedes sea.
[…]
Sus pasos generaban un crujido mientras andaba, tranquilamente, hacia las grandes puertas de la aldea oculta entre las hojas. Se había equipado rápidamente, justo después de darle un reporte a Kakashi sobre los resultados de su viaje, y había tenido el tiempo justo para saludar a sus compañeros del equipo siete, aunque estaba seguro de que casi le ocasionaba un infarto a Sakura, debía reconocerle que ella se había mantenido bastante cuerda en su presencia, algo que uno no siempre veía, mucho menos después de que él abandonó su aldea. En cualquier caso, él ya estaba listo para irse, justo después de haber pasado poco más de veinticuatro horas en la aldea, producto de la espera que la apretada agenda del sexto Hogake le ocasionaba. Su presencia no era del todo bienvenida en la aldea, por lo que él prefería irse lo más pronto posible para continuar con su viaje, y aunque él había hecho una afirmación un poco inoportuna la noche anterior en Ichiraku Ramen, no se esperó encontrar esa escena conforme caminaba hacia la puerta: Sakura estaba vestida con su atuendo ninja, usando una capa de viaje y su mochila sobre los hombros. A pesar de su sorpresa, Sasuke Uchiha se las arregló para no demostrar duda en sus pasos, y continuó recto hacia su destino, mirándola a los ojos por una fracción de segundo que, estaba seguro, ella interpretaría como le viniera en gana… oh, qué error.
Apenas la había superado con un metro de distancia cuando ya se sentía aliviado, pero el gusto le duró solo dos pasos más, pues el andar ligero de la pelirrosa se hizo presente detrás de él, y una mueca se le dibujó de forma natural. Si Naruto no hubiese sugerido que quizá Sasuke no estaba viajando solo, entonces él podría no haber mencionado que tenía acompañantes ocasionales que no le estorbaban del todo y, como producto, el tarado de Naruto no habría comentado que Sakura era de compañía ligera y agradable, con su sonrisa amplia y estúpida. Para colmo, él estaba un poco absorto en fingir falta de interés en cualquier tema de conversación que el Uzumaki tuviera para compartirle—considerando que su tema favorito iba en torno a Hinata Hyuga, desde hace ya un tiempo, y eso lo exasperaba—, que él asintió torpemente y no se percató de lo que había conseguido con un gesto tan insignificante, al menos hasta que Sakura se despidió—casi de inmediato, después de ahogarse un poco con lo que le quedaba en su tazón— y la sonrisa sugerente de Naruto era lo único que quedaba cerca de él, crispándole todos los vellos de su cuerpo y obligándole a dar un respingo de desagrado. En ese momento, Sasuke pensó que solo le había dado algunas esperanzas ilusas a Sakura, y que se libraría fácilmente de aquello con una despedida como la última vez, pero al verla tan preparada, por algún motivo, le fue imposible ser totalmente sincero y tajante.
Era extraño. Sasuke nunca había tenido reparo en detener los impulsos caprichosos de Sakura, especialmente cuando iban en torno a su romance de telenovela. Él no iba a negar que ella era el principal motivo por el que había vuelto a la aldea, pero tampoco que se había acobardado cuando ella huyó la noche anterior. Es decir, no iba a pedirle que le acompañara en su viaje. Él quería quedarse unos días, ver si algo sucedía con su convivencia, pero sus responsabilidades parecían más importantes—como siempre— y, al final, había decidido aplazar esa parte de sus planes. Para él, todo lo sucedido eran indicadores que seguía sin ser el momento adecuado para probar suerte, le parecía que solo sería jugar con ella y, ahora, los pasos de Sakura le habían seguido tan lejos de la aldea que nadie podría verlos, excepto por algún viajero ocasional al que se encontraran en el camino. Por supuesto, él sabía que ellos tenían un par de espectadores en las puertas, y que el regreso de Sakura derrotada por su rechazo solo culminaría en Naruto o Kakashi corriendo a toda velocidad detrás de él para intentar darle una paliza. De cualquier forma, el tiempo pasaba y, con él, la distancia aumentaba. Tenía que hacer algo al respecto, de inmediato.
—Sakura —se detuvo y, con un respingo por la sorpresa, ella también lo hizo. Estaba tan acostumbrada a verle la espalda, que mantenía una distancia prudente—. Tú sabes… lo que yo dije anoche…
—¿Sabes, Sasuke-kun? —ella lo interrumpió, volviendo a caminar hacia él, muy lento—. Mis padres hicieron un drama cuando les dije que me iba.
—Hn…
—Dijeron que no concebían que su única hija se fuera y abandonara sus responsabilidades shinobi por seguir a un ninja que, aunque era un héroe, fue un renegado —se encogió de hombros, pasando a un lado de él, sonriendo amplio—. Que más me valía volver arrepentida después de un tiempo, o que no me presentara en casa a corto plazo, porque iban a darme una paliza.
—Tú no tienes que venir, ¿sabes?
—Les dije que venía porque yo quería, y que Hokage-sama me había dado un permiso sin fecha de expiración —ella se volvió en su eje—. Entonces, ellos me dijeron que no me atreviera a volver a la aldea sola, y que me asegurara de proteger a uno de los héroes de Konoha.
—… —él la miró dubitativo, como si no se creyera sus palabras, mientras que ella sonreía ampliamente para él.
—Kakashi-sensei también dijo que era mi misión asegurarme de que estuvieras sano durante nuestro viaje juntos, él está convencido de que te estás descuidando —alzó la mirada hacia el cielo, pensativa—. Naruto intentó advertirle que era más probable que muriéramos de hambre si yo me encargaba de cocinar para ambos, y luego le di un golpe tan fuerte que no pudo seguir opinando.
—Sakura, este es mi viaje de redención.
—Pero no debe de ser solitario, Sasuke-kun —sus ojos verdes se encontraron con los de él, y un rubor atravesó su rostro de mejilla a mejilla—. Tú dijiste que a veces tenías compañeros en tu viaje… y yo te prometo que no te estorbaré. Solo quiero ir contigo, así que… llévame contigo.
¡NO TE VAYAS!
Un recuerdo amargo cruzó su mente, porque el grito desesperado en su memoria y la petición tímida que estaba haciendo ahora estaban conformadas por palabras dichas por Sakura aquella noche, aunque el contexto no era el mismo. De la misma forma en la que le pesó abandonarla en una banca aquella primera tempestuosa vez, una terrible culpa le había acogido cuando le dijo que no podía llevarla y, ahora que había admitido que su compañía no sería incómoda en la continuación de su viaje, no sentía fuerza suficiente para rechazarla. Por supuesto, estaba también el hecho de la penosa verdad que él había admitido ante los ex-miembros de Taka, quienes habían variado sus reacciones de una escandalosa sorpresa, pasando por la incredulidad y concluyendo en una duda repleta de comprensión amable. Sabía que Karin estaría especialmente feliz si, en su próximo encuentro, él estaba solo y sin buenas noticias sobre su mal intento de aproximación sentimental con Sakura Haruno. De la misma forma, Suigetsu le sometería a una serie de burlas para las que no tenía paciencia, y la extrema comprensión adulta de Juugo lo agobiaría al ocasionarle una sensación más bien de lástima hacia su persona. Así, mientras él se engañaba a sí mismo con pretextos baratos en menos de lo que sucede un instante, una sola palabra cruzaba su mente.
Molestia.
No tenía palabras para responder al túmulo de innecesaria información que Sakura le había dado para convencerle, aunque no se trataba de que todo aquello le importara si quiera un poco. La verdad era que él estaba convencido desde que la miró en la puerta, pero intentaba engañarse a sí mismo creyendo que iba a hacerla volver. Rechazarla habría sido muy fácil, y dejarla contenta después de eso también. Por suerte, una alegría egoísta decidió antes de que él fuera capaz de darse cuenta de lo que aquél viaje ocasionaría, y por esa pequeña felicidad que Sakura le generó es que sus pies volvieron a andar con pasos tranquilos para alejarse de la aldea, sin darle más palabras o seña de negativa a la pelirrosa, que inmediatamente supo que la ausencia de la misma no era menos que una aprobación ante su petición. Ella se sonrió con un placer evidente en su rostro iluminado por su irremediable dicha, y él fingió muy bien que sus circunstancias no eran las mismas.
[…]
Después de obtener bien claros los detalles del conflicto que orilló a Sakura a tomar una decisión que era terrible para él, Sasuke no tuvo reparo en analizar junto a Karin cuál sería su estrategia para convencer a la pelirrosa de que no se fuera, pero no fue capaz de escuchar nada de lo que la pelirroja le recomendó en el camino a casa. Karin se percató, después de un par de minutos, pues él no había dado signo alguno de atención y, en lugar de eso, parecía tan concentrado en sus pensamientos, que no tenía caso seguir insistiendo. Por otra parte, fue lo suficientemente inteligente para llamar a Ino en un intento de persuadirla de hacer una cita para aclarar las cosas con Sakura, pues se anticipaba que la pelirrosa tiraría a la basura todos los esfuerzos de Sasuke, víctima de la desesperación que la situación con Ino le generaba. Karin comprendía que, en algún momento de esta vida, Sakura se convenció fervientemente de que Ino era mucho más importante que el amor del Uchiha y, bueno, algo de razón tenía al pensar aquello. Aun cuando terminó su llamada—más persuasiva de lo que uno imaginaría que alguien de su carácter sería— podía darse cuenta de cómo habían cambiado los dos, y se preocupaba un poco por su propio bienestar al ver a Sasuke tan serio, tan ausente en su mente que le daba la sensación que no estaba atento al viaje. Por supuesto, ella estaba equivocada, pues él estaba muy concentrado en dos cosas: el camino, y el recuerdo del momento en el que le dijo a Sakura que no lo acompañara, pero ella lo hizo de cualquier forma.
Karin Uzumaki se quedó boquiabierta al contemplar la terrible forma de estacionarse frente a su casa, así como la prisa que tenía para bajar del auto. Es decir, no se trataba de la primera vez que presenciaba al recto Sasuke Uchiha manejar como si se estuviera desquiciando en el proceso, pero cada vez le parecía más sorprendente cuán fuera de sí mismo parecía a causa de la chica que debía seguir en la casa de su familia. Lo dedujo al ver el auto de Itachi estacionado frente al que ellos llevaban, y aprovechó que él dejó las llaves para darse a la tarea de estacionar el auto decentemente, especialmente porque cuando ella quiso ubicarlo con su mirada le fue imposible encontrarlo, ya que él había desaparecido. Se rendía ante la idea de imaginarlo abrir la puerta principal en un estruendo que haría asomar a sus familiares desde cualquier habitación del primer piso, especialmente porque había escuchado la voz de Mikoto e Itachi llamarlo, aunque seguramente él los había ignorado para subir las escaleras a toda velocidad. Ella bajó del auto, bien abrigada, y notó la forma en la que la ventana parecía respirar cuando alguien abrió la puerta en el interior. Esa debía ser la habitación donde Sakura se había quedado esos días…
—¿Sasuke-kun? —Izumi, que había estado doblando un par de prendas para introducirlas en la maleta de Sakura, detuvo completamente sus acciones para ver al hermano menor de su novio con la respiración agitada—. No me digas que corriste hasta aquí…
—Tonterías —contestó una sutil voz repleta de duda y diversión, aunque un aire de pena que se le escapaba sin quererlo. Era Sakura, y estaba triste—. Llegó demasiado rápido.
—Oh, tienes razón —admitió Izumi, con un poco de vergüenza—. Pero sí parece que corrió una maratón, y me dio un susto cuando abrió así la puerta —continuó, volviendo a lo que hacía, apenas dijo aquello—. Casi la tumba.
—Izumi —su voz agitada y grave interrumpió cualquier acción de la aludida, y ella lo miró—. ¿Te importa dejarnos a solas un momento?
—¿En una habitación? ¿Dos chicos de distinto sexo? ¿A plena luz del día? Oh, Sasuke-kun ~
—Podrás darle una explicación a mi madre y a mi hermano, para que no suban —insistió, él—. Lo que te plazca… inclusive tus insinuaciones infantiles.
—De acuerdo —exclamó ella, para ponerse de pie, lo que hizo que Sakura abriera sus ojos con una evidente alarma—. Te prometo que no les diré eso, Sakura. Tú sigue con lo tuyo, me aseguraré de que no los molesten por unos minutos, ¿vale?
—Eso no es necesario —murmuró la pelirrosa, pero ella se esfumó antes de que terminara.
—Sakura…
—Ni siquiera lo digas —en ese momento Sasuke se percató de que ella había evitado el contacto visual, así que podía suponer que alguna debilidad presentaba él para ella—. Tomé mi decisión, se lo prometí a Ino, así que esta es la última vez que te dirijo la palabra.
—Tú no tienes que irte, ¿sabes? —una sensación de alivio llenó su cuerpo al descubrirse diciendo lo opuesto de aquella ocasión—. Puedes quedarte, Sakura.
—No es tu consentimiento el que me interesa —respondió, con un poco de frialdad—. Hay cosas que me prometí desde tiempo antes a encontrarte, Sasuke.
—Lo sé —él se inclinó, sacándose el abrigo de exterior, y luego se puso de rodillas junto a ella, en un intento de alcanzarla con sus palabras—. Pero, yo voy a solucionarlo, ¿sí? Te aseguro que arreglaré todo con Ino y, si no puedo, entonces eres libre de irte.
—Preferiría que no te metas en mis asuntos.
—Son también mis asuntos —le parecía que, de dar un paso en falso, terminaría por destrozar todo el avance que había conseguido con ella—. Tú eres mi mujer, así que…
—Yo no soy tu mujer —justo como temía, ella tuvo una respuesta digna de la mujer de hielo que no había visto en mucho tiempo—. Tienes que entenderlo, Sasuke. El hecho de que tengamos el mismo objetivo de recuperar a Sarada no significa que tú y yo volveremos a estar juntos.
—Lo sé, lo sé…
—Entonces deja de interferir —espetó, entre dientes—. Tienes que dejarme solucionar mis asuntos ahora que no te pertenezco, ahora que estoy con alguien más, ahora que Kabuto y yo…
—Dije que lo sé —la interrumpió con una mirada fiera y oscura, que la convenció de callar—. Tú quieres solucionar las cosas con tus amigos de la forma en la que te venga en gana —suspiró—. Yo no tengo espacio en las decisiones que tomaste en esta vida, me queda claro. Solo intenta no echármelo en cara cada cinco minutos, ¿quieres? Sé que fallé.
—No parece que te quede claro que no deseo que tú intervengas más de lo necesario en mi vida, así que mantente al margen. No quiero enterarme de que estés manipulando las cosas por caprichos que son solo tuyos.
—Lo entiendo.
—Entonces, que sea por mi manipulación —una voz femenina los interrumpió, así que Sakura tuvo que alzar la mirada para encontrarse a Karin.
—¿Qué dices? —preguntó, la pelirrosa.
—Acabo de hablar con Ino, y logré convencerla de que desayunen juntas mañana —un poco de remordimiento se hacía evidente en la pelirroja—. No quiero que te enojes, así como tampoco quiero que pienses que tiene que ver con Sasuke. Es solo que no soporto verte sufrir por esto y, me parece, todo irá mejor si ustedes charlan.
—Eso no cambia nada.
—Solo toma la ropa necesaria para esta noche y mañana, ven y duerme conmigo, Sakura —insistió, Karin—. Después de aclararlo todo con Ino, entonces nadie te detendrá… Lo prometo.
[Continuará…]
