Los personajes de Naruto no me pertenecen, si no a Masashi-Sama. La historia tampoco me pertenece, es una adaptación.
Capítulo 24
Amar a Naruto era agotador. Esa noche, Hinata no durmió demasiado, ante la falta de costumbre de compartir el lecho con un hombre, y además un hombre tan grande, que ocupaba casi todo el espacio.
Cada vez que trataba de darse vuelta, se daba contra él. Finalmente, se quedó dormida aplastada bajo uno de sus pesados muslos.
Naruto no estaba acostumbrado a dormir en una cama, de manera que también le costó. Era demasiado blanda, y prefería mucho más dormir al aire libre, con la estimulante brisa refrescando su cuerpo y todo el firmamento estrellado para contemplar hasta caer dormido,
Como no pensaba abandonar a su esposa en su noche de bodas, de modo que permaneció donde estaba y dormito intermitentemente toda la noche. De madrugada, volvió a hacerle el amor. Trató de actuar con delicadeza porque sabía que estaría dolorida después de la primera vez, y Hinata estaba demasiado soñolienta para resistirse, pero luego se dejó atrapar por la magia de su contacto y de sus caricias hasta el punto de no preocuparse de si le dolía o no.
Ella estaba profundamente dormida de cansancio cuando Naruto abandonó el lecho. Llegaba tarde a su encuentro con Sasuke en el campo de ejercicios puesto que ya hacía rato que había amanecido, y después de besar a Hinata en la frente, la tapó con el tartán, y abandono la cabaña sin hacer ruido.
La sesión de entrenamiento fue bien, a pesar de que estaba de muy buen humor. Realmente, no quería hacer daño a nadie. Los mayores estragos corrieron por cuenta de Sasuke, que no tardó en impresionar debidamente a los Otsutsuki. Accidentalmente, Naruto le rompió la nariz a uno de los soldados con el codo, pero se la volvió a poner en su lugar antes de que éste pudiera levantarse del suelo, diciéndole que le quedaría como nueva apenas le dejara de sangrar. No era exactamente una disculpa, pero se acercaba peligrosamente, y Naruto comenzó a preocuparse de que el matrimonio le hubiera ablandado.
Naturalmente, Sasuke se dio cuenta de su buen humor. Se divirtió mucho tomándole el pelo por haber aparecido tarde y por bostezar todo el rato, mientras Naruto consideraba seriamente la posibilidad de romperle algunos huesos.
Al comenzar la sesión de entrenamiento, Toneri, el líder del otro grupo, se negó a utilizar armas contra su laird. Quería ser honorable, pero era una tontería porque aunque era muy superior a los restantes soldados Otsutsuki en habilidad y en técnica, bajo ningún concepto podía equipararsc a Sasuke. Después de que el iaird lo hubo hecho caer de rodillas un par de veces, la arrogancia de Toneri comenzó a desmotonarse. Todos los demás soldados tomaron sus espadas, pensando que les otorgarían cierta ventaja, pero Toneri siguió negándose tercamente.
Realmente no tenía importancia. Naruto y Sasuke los desarmaron rápidamente, luego se lanzaron a la tarea de enseñarles cómo salir vivos del campo dc batalla. Era una lección de humildad, y cuando ambos lairds se alejaron del campo, el suelo que dejaban atrás estaba cubierto de cuerpos doloridos.
Los dos amigos se dirigieron hasta el lago para lavarse la sangre que los había salpicado. Al regresar, se cruzaron con Sakura. La joven saludó a Sasuke con un seco movimiento de cabeza, sonrió a Naruto y le deseó buenos días, y siguió camino con la cabeza alta.
—¿Qué pasa aquí? —preguntó Naruto—. Parece irritada contigo.
Sasuke rió.
—Es un malentendido. Está furiosa conmigo, pero como soy su iaird, debe mostrarme buenos modales. Supongo que esto la debe estar matando. ¿Viste el fuego que ardía en sus ojos? Esa mujer es diferente a la mayoría, ¿verdad? Esa sonrisa suya puede hacer a un hombre...
—¿Qué? —lo urgió Naruto.
—No tiene importancia.
—La deseas, ¿no es verdad?
Sasuke no tenía necesidad de vigilar sus palabras frente a su amigo, de modo que fue totalmente sincero.
—Claro que la deseo. Diablos, es una mujer muy hermosa, y la mayoría de los hombres de aquí quiere acostarse con ella. Que Dios ayude al hombre con el que termine casandose, sin embargo, ya que te aseguro que es todo un carácter.
—¿Vas a contarme lo que pasó?
Suspirando, Sasuke le relató lo sucedido.
—Puse a Sakura en aprietos. La viuda Marion quena venir a calentar mi lecho —explicó—. Sakura debe haberla visto ir hacia mi alcoba, y fue tras ella. Por Dios, Naruto, nunca he visto semejante carácter en ninguna muujer. Sakura puede competir contigo en eso — añadió—. La pobre Marion quería ser discreta, y se había roniado mucho trabajo para asegurarse de que nadie supiera que iba a compartir mi cama. Y entonces Sakura irrumpió en mi cuarto, y armó un gran jaleo, montó una gran bronca. Marion ya se había desvestido y estaba aguardándome en la cama, lo que escandalizó a Sakura hasta lo indecible, y la puso furiosa. Supuso que yo había sido.., embaucado. ¿Puedes dejar de reírte para que pueda terminar de contarte esto?
—Lo siento —dijo Naruto, aunque no sonó muy contrito—. ¿Y después qué pasó?
— Sakura arrastró a Marion fuera de la cama, eso es lo que pasó. Cuando yo llegué arriba, Marion bajaba corriendo la escalera, gritando a todo pulmón, y prácticamente desnuda. Por suerte, el salón estaba desierto, y el padre Iruka ya se había quedado dormido.
—¿Y entonces?
—Dormí solo.
Naruto volvió a reír.
—No me sorprende que hoy estés de tan malhumor.
—Efectivamente —coincidió Sasuke—. Sakura parecía creer que yo debería haberle dado las gracias por haberme salvado de Marion.
—Pero no lo hiciste.
—Diablos, no, no lo hice.
—¿Le explicaste que habías invitado a Marion a compartir tu cama?
—Sí, pero fue un error. Jamás voy a entender a las mujeres —dijo, en tono sombrío—. Te aseguro que Sakura pareció... herida. Yo le había hecho daño, y...
—¿Qué?
Sasuke sacudió la cabeza.
— Sakura es inocente e ingenua.
—Pero así y todo la quieres en tu lecho, ¿verdad?
—Yo no llevo vírgenes a mi lecho. Jamás deshonraría de esa manera a Sakura.
—Entonces cásate con ella.
—No es tan sencillo, Naruto.
—¿Todavia te presionan para que te cases con una Otsutsuku?
—Kaguya Otsutsuki —puntualizó Sasuke—. Y aún lo estoy considerando. Resolvería un montón de problemas, y tengo que cumplir con mi deber como laird. Quiero las tierras y los bienes de ellos, y también quiero paz. Parece que la única manera de lograrlo es uniendo los clanes por medio de una boda.
—¿Cómo es esa mujer?
—Admirable —respondió Sasuke—. Desea lo mejor para su clan. Es fuerte y perseverante —agregó—. Pero no tiene lo que tiene Sakura.
—¿Qué?
—Su fuego.
—¿Cuándo tomarás la decisión?
—Pronto —contestó—. Basta de hablar de mí —añadió, cambiando la conversación hacia temas que le parecían más importantes—. ¿Hinata te dijo los nombres de los ingleses?
—No.
—¿Y por qué demonios no lo hizo?
—Olvidé preguntárselo —reconoció Naruto avergonzado.
Sasuke se quedó mirándolo con incredulidad, y luego barboteo:
—¿Cómo pudiste olvidarlo? —exclamó.
—Estuve ocupado.
—¿Haciendo qué? —preguntó Sasuke antes de advertir lo tonto de la pregunta. En ese momento pareció tan ingenuo como Sakura.
Naruto lo miró.
—¿Qué diablos crees que hacía?
—Lo que no hacía yo —replicó Sasuke cómicamente apesadumbrado.
Siguieron caminando en silencio, cada uno sumido en sus propios pensamientos. Naruto siempre había sido capaz de decirle a su amigo todo lo que le pasaba por la cabeza, pero en ese momento sintió que dudaba al solicitar su consejo.
—El matrimonio cambia al hombre ,¿verdad?
—Esa pregunta deberías formulársela a Asuma, no a mí. Nunca he estado casado.
—Pero en estas cuestiones eres más astuto que yo, y Asuma no está
—¿Cuestiones del corazon?
—Sí.
—No has estado casado apenas un día —señaló Sasuke—. ¿Qué es lo que te preocupa?
—No estoy preocupado.
—Sí, lo estás. Cuéntame.
—Acabo de darme cuenta...
—¿De qué? —lo urgió Sasuke, exasperado.
—Estoy... alegre, maldición.
Sasuke se echó a reír. Naruto no apreció la reacción de su amigo.
—Mira, olvida lo que dije. No estoy acostumbrado a hablar de estas...
—Jamás hablas de lo que sientes o piensas. No debería haberme reído. Ahora, cuéntame.
—Lo acabo de hacer —gruñó Naruto—. Lo digo en serio, me siento alegre, que Dios se apiade de mí.
—Eso no es habitual —reconoció Sasuke.
—A eso me refiero. Llevo casado apenas un día, y el matrimonio ya me ha cambiado. Hinata me confunde. Sabía que la quería, pero lo que no sabía era que me iba a sentir tan posesivo.
—Actuabas posesivamente con ella desde antes de casarte.
—Sí, bien, pero ahora es peor.
—Es tu esposa. Probablemente se trate de una inclinación natural.
—No, es más que eso. Quiero llevarla a casa y...
Sasuke lo interrumpió.
—No puedes hacerlo, todavía no. Ella tiene que ayudarme a encontrar al canalla que trató de matar a mi hermano.
—Sé que es preciso que permanezca aquí, pero igualmente quiero llevarla a casa, y te juro que si pudiera, la guardaría bajo siete llaves —reconoció, sacudiendo la cabeza ante sus tontas ideas.
—De ese modo estaría a salvo.
—Sí, y también porque no me gusta que otros hombres...
—¿La miren? Es una hermosa mujer.
—No soy celoso.
—¡Claro que lo eres!
—Ella me ha trastornado.
—Pareces un hombre enamorado de su esposa.
—Los hombres enamorados son hombres débiles.
—Sólo si ya lo eran antes de enamorarse —afirmó Sasuke—. Asuma ama a su esposa. ¿Lo consideras débil?
—No, desde luego que no.
—Pues eso confirma que el amor no hace que un hombre sea menos de lo que ya es.
—Lo hace vulnerable.
—Tal vez sea así —concedió Sasuke.
—Y si tiene la mente constantemente ocupada en su esposa, se vuelve débil. ¿No es así, acaso?
Sasuke le sonrió.
—Yo te diré lo que es. La amas, Naruto, y eso te asusta como el demonio.
—Debería haberte roto la nariz.
—Primero consigue esos nombres; luego puedes intentarlo. ¿Estás seguro de que Hinata te lo dirá?
—Por supuesto que lo hará. Es mi esposa, y hará cualquier cosa que le diga que haga.
—Yo no usaría esas precisas palabras al hablar con ella. A las esposas no les agrada que sus esposos les digan qué deben hacer.
—Conozco a Hinata —afirmó Naruto—. No se negará a hacerlo. Al atardecer tendré los nombres de esos ingleses.
Continuará...
