¡Hola queridos amigos!
Después de siglos sin publicar les traigo el capítulo más largo que he escrito hasta la fecha, ni más ni menos que treinta hojas de word. Mi querida amiga ya se comprometió a no dejarme volver a describir música nunca más mientras viva, lo cual es agradable porque casi muero.
En fin, espero les guste y no se preocupen que no he interrumpido la publicación, solo me lleva mucho tiempo escribir los capítulos.
¡Feliz día de San Valentín!
Vínculos Eternos
-¿Pero de qué demonios hablas? –Indagó el Nara ofendido ante tal acusación y prontamente aseguró con certeza– Kankuro pagó la cuenta.
-¿Tú lo viste hacerlo? –Inquirió Yukata cruzándose de brazos, con una mirada acusadora en el rostro.
-No pero… –comenzó a responder Shikamaru sin ser capaz de terminar al sentir la creciente aura homicida que había invadido la oficina, misma que emanaba a por mayores de la dama de cuatro coletas.
-Estoy segura de que él también piensa que tú lo hiciste –supuso la embajadora levantando paulatinamente el tono de su voz. Sin considerar aquella hipótesis como excusa suficiente que justificara los actos de los ninjas y, sintiendo una furia descomunal por las acciones antes enunciadas, exclamó de manera socarrona primeramente– esto es como un mal chiste –para posteriormente sumirse en su ira por completo al cuestionar– ¡¿qué tan irresponsable tienes que ser para irte de un lugar sin pagar?!
-¡Espera un segundo! –Pidió el aterrado shinobi de las sombras al percatarse de la mirada asesina que Temari ostentaba– lo arreglaré ¿de acuerdo? Iré a la taberna y pagaré lo que bebimos anoche –planificó esperando que la Sabuko No se calmara un poco.
-Más te vale hacerlo –regañó la dama de ojos azul verdosos y luego se dirigió a la pelinegra para preguntarle en un tono mucho más amistoso– ¿cómo es que no me dijiste nada de esto cuando nos encontramos esta mañana?
-Con todo el asunto de Yakumo lo olvidé por completo –manifestó la Chunin con una sonrisa nerviosa puesto que la furia expresada por la rubia con anterioridad había sido íntimamente– se me dijo que fuera discreta con este tema, así que nadie más que nosotros lo sabe.
¿Asunto de Yakumo? –Se preguntó el estratega recordando lo preocupado que se veía el pelirrojo por su asistente la noche anterior– ¿será que Gaara aún no ha hablado con ella?
-Misao-san sigue siendo tan considerado como siempre –opinó la domadora de viento relajándose al saber que ningún rumor nacería por aquel descuido.
-¿Y se puede saber por qué te lo dijo a ti? –curioseó el azabache observando con incertidumbre a la dama de largos cabellos.
-Porque es mi tío –explicó Yukata a lo que el estratega se sorprendió– de hecho, a veces trabajo allí, aunque no tanto como cuando más joven.
-Reiko y yo también frecuentábamos ese bar cuando ella aún estaba en entrenamiento –comentó Temari recordando viejos tiempos.
-Ella aún lo hace –reveló la dama de ojos café para inmediatamente después puntualizar– siempre se aparece en su día libre y toma una botella de sake.
-Y luego dices que soy yo quien envicia a las personas –recalcó el Nara mordazmente provocando a la Sabuko No.
-¡Cállate! –Ordenó molesta la Jounin y, sin reconocer que él tenía un buen argumento entre manos, contraatacó– Al menos nosotras si pagamos nuestras cuentas.
-Que molesta eres, ya te dije que saldaré la deuda –exclamó él exasperándose levemente por lo que la dama de ojos café consideró que sería mejor retirarse para que discutan a gusto como solían hacerlo.
-Aquí te dejo la solicitud de la que hablamos más temprano Temari-san –manifestó Yukata colocando el mencionado papel sobre el escritorio de la hermana del Kazekage– ahora me retiro, cualquier otra cosa que necesite no dude en llamarme.
-Arigato Yukata –respondió la ojiverde con rapidez para posteriormente volver a concentrarse en su novio– ¡¿A quién crees que llamas molesta, vago?!
Esos dos no cambian –caviló la pelinegra con un suspiro de por medio, cerrando la puerta detrás de sí para sumirse en el pasillo que la conduciría hasta el hall central. Cuando estaba por llegar allí pensó con una sonrisa casi imperceptible– que bueno que así sea.
-Yukata-chan, Yukata-chan –pronunció una voz extremadamente familiar, induciendo a la aludida a voltearse.
-Ah Matsuri-chan, ohayo –saludó la azabache al establecer contacto visual con la castaña que se le aproximaba y solo retomaron el dialogo cuando la distancia fue lo suficientemente pertinente como para que hablaran sin gritar.
-Ohayo –devolvió el saludo Matsuri con una sonrisa amistosa en los labios y luego reprochó sin malicia– no te he visto desde que Gaara rompió conmigo.
-Sumimasen –se disculpó Yukata aceptando el regaño para luego excusarse– he estado ocupada con algunas cosas, ¿cómo has estado?
-Mucho mejor –exclamó su amiga casi fanfarroneando su rápida recuperación– ya casi lo he superado por completo.
-Me alegro por ti –comentó la aliviada dama de ojos café– al fin y al cabo no tiene sentido que obsesiones en una relación unilateral.
-Nuestra relación no era unilateral –aseguró Matsuri, asombrada de que su ex compañera de equipo pensara de tal manera– al menos no hasta que esa zorra se metió en medio –agregó con cierta ira en la voz.
-Yakumo no tuvo nada que ver en lo que sucedió –discrepó Yukata considerando que el rencor que la castaña sentía era infundado– créeme, yo también estaba en Konoha cuando Gaara-sama anunció frente a todos que no se casaría contigo.
-¡Ja! –Masculló burlonamente para luego suponer altaneramente– de seguro lo engatusó sin que te dieras cuenta, siempre has sido un poco despistada.
-Matsuri-chan –nombró la pelinegra de manera rigurosa, como si se estuviese cansando de aquella charla sin sentido, por lo que sin reservas opinó– creo que solo estas intentando buscar un culpable para no aceptar el motivo por el cual Gaara-sama te dejó.
-Eso es cruel Yukata –soltó la castaña ofendida y luego intentó generar algún sentimiento, ya sea empatía o culpa, en su interlocutora al cuestionar– ¿cómo puedes decirme eso? ¿Acaso no eres mi amiga?
-Por eso mismo te estoy diciendo lo que pienso sin rodeos –exclamó Yukata reafirmándose en su postura.
-¿Sabes? me agradas más cuando eres ruidosa y torpe –sentenció Matsuri mirándola con desdén.
-Si esperas que actué como una chica estúpidamente alegre entonces la idiota eres tú –refutó el azabache sin intimidarse en lo absoluto.
-¿De qué rayos hablas? –Preguntó la dama de ojos negros exasperada para luego garantizar– Tú siempre has sido imprudente, eufórica y optimista.
-Oh por Kami-sama –manifestó cansada de aquella superficialidad y desinterés con el que Matsuri la juzgaba– ¿cómo puedes llamarte a ti misma mi amiga cuando ni siquiera eres capaz de notar que eso es una pantomima?
-Mira –sintetizó la castaña queriendo darle un cierre al tema– tus crisis de identidad no son asunto mío y no me molestan en lo absoluto así que no te esfuerces en explicármelas.
¿Crisis de identidad? –Se preguntó Yukata para sí misma sin poder terminar de procesar la idea– Habla como si le estuviera pidiendo autorización para ser como soy, ¿acaso es estúpida? –se preguntó percatándose de que su paciencia comenzaba a agotarse.
-¿Entonces en los momentos en los que no estés ocupada molestando a Yakumo me darás lecciones sobre cómo debo ser? –indagó con sarcasmo la pelinegra mientras fruncía el entrecejo.
-Solo te diré que si no estás con nosotras entonces estás en contra –dictaminó Matsuri como si estuviese hablando de dos bandos opuestos.
-¿Nosotras…? –Repitió Yukata y al atar cabos todo tuvo sentido– ¡¿Tú enviaste a Shizuku y Minuki?! –indagó acusadoramente.
-No hace falta que armes un escándalo por eso –minimizó la castaña con ademanes de mano para posteriormente argumentar– solo le dijeron sus verdades a esa peste, además…
-¡Matsuri! –interrumpió la furiosa kunoichi de ojos café y tan solo entonces su interlocutora notó el odio y desprecio que su expresión facial comunicaba.
-¿A qué viene esa cara? –cuestionó Matsuri sin ser capaz de divisar el problema ya que, según ella, Yukata se estaba tomando el tema a modo personal sin motivo aparente.
-Solo porque fuimos compañeras de equipo lo dejaré pasar esta vez –concedió la azabache sin dejar de sorprender a su antigua amiga– pero deja en paz a Yakumo o te puedo asegurar que conocerás lo peor de mí.
-¿Pero por qué? –Cuestionó la dama de ojos negros impregnando su segunda pregunta de resentimiento– ¿Por qué te ensañas tanto defenderla a ella que a penas la conoces sobre mí que fui tu amiga por tantos años?
-Porque te estás comportando como una arpía abusiva –calificó despectivamente sin titubear mientras el rostro de Matsuri denotaba su furia con más claridad, como si sus deseos de abofetear a quien hubiese sido su compañera de equipo fueran visibles a través de sus gestos– sinceramente ya no tengo ningún interés en tener una amiga así.
-Te arrepentirás de esto, Yukata –exclamó la castaña mientras la pelinegra se alejaba para retomar sus labores sin prestarle mayor atención– ¡te lo aseguro!
00000
Unas cuantas horas más tarde, la reunión de Kankuro y Gaara había terminado. Yakumo se había encargado de tomar nota de todas las decisiones que se tomaron en dicha junta y, poco después de que el marionetista se retirara, la asistente comenzó a confeccionar un reporte en base a ellas. Y tan perdida estaba en el papeleo que ni siquiera fue capaz de advertir que Gaara pasó un buen rato observándola desde su asiento, examinándola de manera minuciosa, como si no la conociera en lo absoluto.
Aquel relato que había llegado a sus oídos gracias a su hermana era tan increíble que por un minuto pensó que estaban hablando de dos personas completamente diferentes, ya que la Yakumo que él conocía no podía estar padeciendo la situación que Temari describió ¿o sí?
Y a todo esto, ¿cómo es la Yakumo que conozco? –Se preguntó en silencio mientras se hundía en sus pensamientos– ¿Alguna vez hice un esfuerzo por conocerla o simplemente me contenté con lo que ella me mostró y me imagine el resto? –Ante tal insinuación sacudió su cabeza hacia los lados para deshacerse de aquella idea– no, ella es amable y alegre, todo el mundo lo sabe –se reafirmó como si en algún momento lo hubiese dudado– además es fuerte, quizás no físicamente pero tiene la voluntad necesaria para superar las adversidades que se le presenten y por eso me llamó la atención. En ese momento sentí curiosidad y quise saber más sobre aquel monstruo de Genjutsu que la poseyó durante su niñez pero nunca se lo pregunté, nunca le pregunté nada y nunca le dije nada tampoco.
-Creo que así está bien –exclamó la Kurama para inmediatamente después disponerse a releer su ensayo. Sin embargo, el Kazekage estaba tan sumido en sus pensamientos que no fue capaz de escuchar sus palabras.
Quiero hablarle de eso pero ¿qué pasa si la ofendo de nuevo? –Dudó el pelirrojo por un instante sintiéndose inseguro para luego automotivarse– no, no puedo dejar que algo tan simple me venza.
-Le entregaré esto a Baki-san antes de irme a casa –acotó la castaña sin siquiera mirar a su interlocutor y poniéndose de pie, salió rápidamente de la oficina dejando la puerta entreabierta.
-Ah… –fue todo lo que alcanzó a mascullar el menor de los Sabuko No al ser tomado por sorpresa.
Esto no es para nada simple –meditó junto a un suspiro mientras hundía la cara entre sus brazos, mismos que se encontraban entrecruzados sobre su escritorio. Por aquella razón, no se percató de la presencia de una silueta en la entrada de su despacho.
-¿Estás bien? –preguntó el Nara asomándose por el marco de la puerta sin pedir permiso al advertir que la privacidad no parecía ser prioridad en ese momento.
-Shikamaru –reconoció Gaara reincorporándose– si, si estoy bien –aseguró mitigando su situación y posteriormente invitó– entra.
-Vaya, parece que llevaba prisa –opinó el azabache, refiriéndose al hecho de que Yakumo ni siquiera se tomó la molestia de cerrar la puerta.
-Siempre es así, trata de concentrarse puramente en el trabajo y cada vez que estoy por comentar algo que no está relacionado con la oficina sale corriendo –se quejó el shinobi de ojos aguamarina mientras su invitado tomaba asiento frente a él– es casi como si supiera lo que voy a decir y no quisiese escucharlo.
-Las mujeres son complicadas – declaró Shikamaru con un perezoso suspiro de por medio mientras se dedicaba a examinar a su interlocutor con la mirada.
-Ni que lo digas –concordó el Kage instantáneamente, casi como si le hubiesen robado las palabras de la boca y considerando que el exceso de palabras era innecesario sintetizó– llevo todo el día intentando hablarle.
-¿Crees que sigue molesta por lo que me contaste ayer? –indagó el estratega inmiscuyéndose un poco más en el asunto al notar que el pelirrojo no parecía sentirse invadido sino más bien aliviado.
Shikamaru se estaba metiendo en una situación complicada y lo sabía. La verdad es que tener que lidiar con los problemas de los demás no era para nada su estilo pero, al igual que la noche anterior, se trataba de uno de los hermanos menores de Temari por lo que él sabía que no podía hacer caso omiso de sus conflictos. Por otra parte, el intentar ayudarlos en la medida que le fuese posible configuraba una gran ayuda hacia la rubia, quien de por si no era exactamente una experta en ese tipo de asuntos.
-Seguramente –resopló el Kazekage para luego afirmar– creme que he intentado seguir tu consejo pero no sé cómo dejarla entrar, ella no quiere bajar esa barrera.
-Bueno… su entrenamiento vendría a ser la clave entonces –reveló el domador de sombras paralizando al pelirrojo quien no pudo comprender la sugerencia con rapidez.
-¿Su entrenamiento? –repitió el manipulador de arena a lo que Shikamaru sonrió de lado al comprender que no sería sencillo explicar.
-¿Sabes? Cuando me enteré de que el señor feudal del Fuego quería que Temari y yo lo escoltáramos me negué rotundamente –relató el Nara, dándole a entender al Sabuko No que la anécdota que le sería comunicada a continuación poseía un elemento clave para resolver su problema– En ese momento pensé que no había forma de que yo pusiese a Temari en una situación tan comprometedora y riesgosa, aun sabiendo que ella iría de todas maneras –agregó el vago de la Hoja casi sonriéndose al recordar su propia primer reacción ante aquella paradoja– Sin embargo, en ese momento Naruto me dijo que si realmente me preocupaba por ella debería ser yo el que la proteja.
-Suena a Naruto –admitió Gaara con una pequeña sonrisa en los labios, como si le complaciera que algunas cosas nunca cambiasen.
-Si lo piensas bien es un buen consejo ya que las mujeres son problemáticas y testarudas por lo que no podemos detenerlas cuando se les fija una meta en la mente –explicó el genio de Konoha sabiendo que el carácter de una mujer fuerte no puede ser doblegado con facilidad– pero podemos acompañarlas en el camino y asegurarnos de que lleguen a salvo.
-¿Estás diciendo que debería ayudarla a entrenar para mostrarle mi apoyo? –corroboró el shinobi de la arena a lo que su acompañante asintió afirmativamente.
-Precisamente, aunque creo que es una carta muy valiosa para jugarla tan temprano –contradijo Shikamaru al pensar que sería mejor agotar todas las posibilidades antes de eso– ¿estás seguro que no puedes hablar con ella de otra manera?
-Pues en la oficina es imposible –sentenció el Kazekage a lo que el ninja de las sombras se paralizó debido a lo desconcertante que le resultaba el hecho de que Gaara solo intentara aproximarse a Yakumo en horario laboral pretendiendo forjar una relación extra profesional.
-¡¿Me estás diciendo que nunca intentaste hablar con ella fuera de la oficina?! –Cuestionó aun anonadado el Jounin sin poder quitarle los ojos de encima al estoico rostro de su cuñado.
-¿Por qué te sorprende tanto? –Inquirió el Sabuko No afirmando tácitamente la pregunta del Nara.
-Solo… solo acompáñala a su departamento e intenta hablar con ella en el camino –ordenó Shikamaru aun incrédulo mientras se tapaba la cara con la palma de la mano para contenerse emanar palabras más fuertes– pídele disculpas de ser necesario.
-Eso suena extraño –manifestó Gaara mostrándose un tanto escéptico para luego solicitar– dime que tú no usaste estos trucos con mi hermana.
-Créeme que Temari es mucho más difícil –aseveró el moreno de la coleta soltando un profundo suspiro que denotaba su extensa labor en su camino hacia el corazón de la embajadora de Suna.
-No lo dudo, Temari puede ser una muy difícil a veces –cedió el mangante de Sunagakure y luego con un deje de curiosidad inquirió– pero ¿cuándo fue que lo lograste?
-No tengo idea, ella no es la mujer más expresiva del mundo –exclamó el ninja táctico para luego establecer una respuesta aproximada– pero supongo que todo comenzó en su cumpleaños, le regalé una flor que plantamos en las tierras de mi familia.
-Intento seguirte pero… –acotó Gaara sin comprender como aquello podría ser relevante.
-Está bien, nadie lo entendió a la primera –aminoró Shikamaru con una mueca socarrona en el rostro y luego especificó– plantamos una flor del desierto en el bosque Nara.
-Oh… entiendo, a las mujeres les gusta ese tipo de cosas –dedujo en voz alta el pelirrojo sin poder creer que su hermana entrara tan cómodamente en esa clasificación– quien diría que a Temari también.
-Si crees que Temari me correspondió por eso estás equivocado –difirió el azabache para luego recalcar– eso solo fue el principio, como te dije antes, ella es mucho más difícil.
Como se esperaría de Temari, de seguro se sentía igual que él pero lo mantuvo en la incertidumbre solo para fastidiarlo –supuso en silencio el Sabuko No con una sonrisa casi maliciosa en el rostro que se fue borrando paulatinamente junto a esa línea de pensamiento– no, eso hubiese hecho si no tuviese que lidiar con la semana de los mil vientos, de seguro fue doloroso saber que se estaba enamorando mientras la aguardaba semejante destino al volver aquí, y doblemente doloroso debió haber sido entregarse a ese destino para que yo no tuviese que casarme con alguien a quien no amo. Un segundo amor… él no pensará…
-Un momento ¿tú crees que…? –masculló el líder de la Aldea de la Arena con nerviosismo al notar que toda la charla se podría haber malinterpretado– Esto no es así, esto es diferente a tu situación con Temari –estableció finalmente con firmeza para luego alegar– yo solo quiero establecer una amistad con Yakumo no tengo interés en algo más.
-"Esto es un símbolo de nuestra amistad" –repitió sus propias palabras el Nara para luego explicar– eso fue lo que le dije a tu hermana cuando plantamos aquella flor.
-Entonces no hay de qué preocuparse –manifestó Gaara encontrando el argumento perfecto que reforzara su postura– aquí no hay muchos lugares donde se pueda echar raíces.
Chico listo –calificó mentalmente el domador de sombras– bueno, no por nada es el Kazekage.
-Mejor apresúrate –exclamó Shikamaru cambiando de tema al ver la hora en el reloj para percatarse de que ya casi llegaba el momento de que los empleados administrativos volvieran a sus hogares.
-De acuerdo, nos vemos después –se despidió el Sabuko No mientras se ponía de pie para encaminarse hacia la puerta y, antes de salir, recordó– Por cierto, gracias por el almuerzo.
Shikamaru se limitó a responderle con una sutil sonrisa e inmediatamente después volvió a pensar en la razón por la que estaba allí sentado, surgiendo en él como consecuencia una única pregunta– ¿Cómo supone que le vaya a decir ahora a Temari que me distraje hablando con Gaara y no encontré a Kankuro?
Al salir del palacio del Kazekage, Gaara notó que el calor matutino no había disminuido en lo absoluto. Aun así se recostó en el muro junto a la puerta de entrada y aguardó pacientemente por la Kurama. Según el reloj de su oficina, aún quedaban unos cuantos minutos antes de que el horario laboral finalizara y explicarle los detalles del informe a Baki de seguro le tomaría a Yakumo hasta el último minuto de aquel tiempo establecido.
Sin embargo, cuando la castaña finalmente salió del palacio del Kazekage fue ella quien primeramente divisó al pelirrojo y no al revés.
-¿Gaara? –Pronunció Yakumo llamando la atención del aludido, quien inmediatamente posó su apacible mirada sobre ella– ¿Qué haces aquí?
-Te estaba esperando –soltó sin rodeos el shinobi aproximándose hasta ella continuar la conversación.
-¿Uh? –Masculló la Kurama confundida y prontamente supuso– ¿Acaso olvide algo?
-No, yo solo… uh… –balbuceó incomprensiblemente el Sabuko No, intentando encontrar la mejor forma de expresarse y sintetizando al no hallarla– voy acompañarte hasta tu casa.
-¿Eh? –Soltó ella pasmada para luego preguntar instintivamente– ¿Por qué?
-Quiero caminar un rato y bueno… –intentó excusarse sin éxito el Kazekage a lo que ella intervino piadosamente.
-Vamos entonces –sugirió la dama de ojos castaños poniéndose en marcha junto al shinobi de ojos aguamarina quien asintió en afirmación.
-Supe que tu entrenamiento va bien, me alegro por eso –acotó Gaara un tanto inquieto al sentirse extraño por encontrarse en una situación así, pero con perceptible sinceridad.
-¿De verdad? –Cuestionó ella mirándolo de reojo para luego señalar– Pensé que no te agradaba la idea.
-Estás muy animada desde que comenzaste tu preparación como kunoichi así que no hay motivo para que no me siente feliz por ti –acotó él amistosamente mientras notaba que sus manos se encontraban sudorosas por lo que apretó los puños.
-Siempre y cuando no haga nada extraño durante las horas de trabajo –pensó en voz alta la Kurama y, al advertir aquello, intentó volver sobre sus palabras para remediar su descortesía– Ah, quiero decir…
-Gomenasai, ayer equivoqué –se disculpó él apresuradamente sin dejarla continuar– No supe cómo reaccionar y terminé poniéndote en una situación incómoda.
No puedo creer que me sienta tan ansiosa –pensó Yakumo al percatarse de que su ritmo cardíaco se aceleraba– ¿por qué pasa esto?
-Fue mi culpa por practicar en horario laboral –se responsabilizó ella para luego mitigar– es natural que te molestes si tu subordinada actúa por su cuenta.
-¡No! No es así –difirió Gaara tomándola por la muñeca con firmeza pero sin dañarla, buscando que entienda cuán necesario le resultaba hacerle entender que no era una esclava de Suna y que su relación, desde el principio, nunca fue meramente laboral. No obstante, al no encontrar las palabras necesarias tras clavar su más penetrante mirada en los ojos de la dama, se sintió nervioso por lo que evadió la situación al disculparse por haberla apresado de repente– gomen –exclamó evitando la confrontación visual mientras la soltaba y seguía caminando esperando no haberla asustado con tan esporádico comportamiento.
Pensé que solo quería conocer todo de él, que era mera curiosidad o empatía pero ahora, por primera vez, me doy cuenta de que estoy esperando que voltee a verme y espere por mí –pensó la Kurama manteniéndose inmóvil por un momento para intentar tranquilizarse, esforzándose en vano por levantar la mirada y sonreír como si nada le sucediera. Sin embargo, no fue capaz de hacerlo, no podía ponerse una máscara y ocultar su ferviente deseo de verlo detenerse para aguardar por ella. Algo tan simple como eso era imposible para el Kazekage puesto que era un hombre sencillo y, si había salido a caminar, el motivo más próximo de seguro se vinculaba con la ambición de querer despejar su mente por lo que no habría motivo para interrumpir su paseo solo porque carecía de compañía. Ella lo sabía bien, era tan maldita y plenamente consciente de eso que tomó esa efímera probabilidad como si fuese una moneda y la arrojó al aire– si se detiene seré sincera conmigo misma, si no se detiene olvidaré todo al respecto –fue la apuesta mental que se hizo mientras se sentía incapaz de abrir los ojos para ver la espalda del pelirrojo alejándose al adentrarse en las calles de Suna.
-¿Estás bien? –fue la pregunta que el pelirrojo formuló al voltearse para constatar que la castaña no se había movido ni un centímetro. Los ojos de la susodicha se abrieron de par en par para notar que Gaara no solo se había frenado su andar sino que comenzaba a caminar hacia ella– no te lastime hace un momento ¿o sí?
-No, claro que no –respondió ella apresuradamente negando con las manos y cabeza al agitarlas de izquierda a derecha con pudor mientras un sutil rubor impregnaba sus mejillas– ¿vamos?
¿La habré disgustado de nuevo? –se preguntó el Sabuko No un tanto desconcertado por la reacción de la especialista en Genjutsu, considerando que sería mejor abstenerse de cualquier contacto físico de ahora en adelante para evitar incordiarla.
-Sí –accedió él aun confundido mientras intentaba comprenderla mediante sus expresiones faciales, mismas que eran examinadas con disimulo.
Estuve a punto de mentirme a mí misma al asegurar que no siento nada por él –se percató la Kurama, casi avergonzada de su propia conducta– Si me demostraba que soy invisible ante sus ojos, yo también iba a cerrar los míos para no ver que en algún momento me enamore de él –concibió finalmente sin saber exactamente qué hacer con aquellos nacientes pero poderosos sentimientos– Me siento tan vulnerable que quisiera gritar y llorar hasta el cansancio, es asfixiante y aun así estoy relativamente tranquila porque afortunadamente él no es muy perceptivo que digamos.
Y mientras se aproximaban al hogar de Yakumo pasaron frente a unas jóvenes damas, de aquellas que proliferan en los pequeños poblados y gozan al toparse con la oportunidad de compartir los chismes que suelen circular en cualquier Aldea.
-¿No es esa Kurama? –Preguntó una voz femenina a su acompañante mientras ambas observaban como Gaara y su asistente se aproximaban al departamento de ésta última– Si será descarada, ¿cómo se atreve a pasearse de esa manera con nuestro Kazekage?
-Es casi como si estuviese presumiendo, ni que fuera bonita –respondió su interlocutora logrando que el pelirrojo y la castaña se silencien por el cortante ambiente que se generó.
-Le gusta jugar el papel de víctima y parece ser que ya engatusó a Gaara-sama –exclamó con toda claridad una de ellas mientras los protagonistas del tema de conversación pasaban frente a ellas.
-No les hagas caso –susurró el Kazekage esperando que la congoja abandonara el rostro de la Kurama.
-Lo sé –soltó ella con una sonrisa que procuraba despreocupar al Sabuko No aunque no logró engañarlo esta vez.
No puedo dejar que mis ojos se humedezcan en frente de él –se ordenó a sí misma la dama de ojos café intentando contenerse.
Si sigue así les dará el gusto –se percató Gaara al ver de reojo las ansiosas miradas de las aldeanas que anhelaban ver el momento en que Yakumo se quebrara– no quiero que sigan humillándola pero tampoco sé bien que debería hacer. Cuando tomé su mano esperando que, al llamar su atención, dejara de sacar conclusiones erróneas ella parecía muy impresionada, claramente no le agradó para nada por lo que me propuse no volver a hacer algo así pero parece ser que frente a esta situación no tengo opción.
Y fue por tal determinación que, al llegar a las escaleras del edificio departamental en el que residía la castaña, el shinobi de ojos aguamarina se colocó frente a Yakumo y se aseguró de que las jóvenes que vívidamente comentaban el paseo de la Kurama y el Kazekage tuviesen una buena vista de la situación.
Una vez que todos los factores estuvieron en su lugar, el Sabuko No procuró un movimiento rápido pero delicado con el que colocó su mano en la nuca de su asistente y la atrajo hasta su pecho, logrando que la cabeza de ésta reposara a la altura de su clavícula. Y sin cambiar la expresión inerte en su rostro, el pelirrojo bajo la cabeza con el propósito de que las espectadoras no pudiesen descifrar lo que le decía al oído a la Kurama– No dejes que te vean llorar –pidió al sentir como su ropa se humedecía levemente sin recibir más que dos míseras gotas de agua salada.
-H-Hai –tartamudeó ella levemente puesto que, lo que para Gaara era un mero acto de protección contra las lenguas viperinas, para Yakumo significaba mucho más de lo que estaba dispuesta a admitir.
-¡¿Acaso Gaara-sama está coqueteando con ella?! –se preguntó asqueada una de las presentes.
-Que desperdicio, mejor vámonos –incentivó la otra sin querer quedarse a presenciar cómo su preciado Kazekage sucumbía ante los encantos de una extranjera.
No es lo que estoy pensando –se repetía una y otra vez la dama de Konoha mientras los latidos de su corazón se aceleran, como si quisieran creer que aquella acción era genuina y no fingida en pos de su bienestar– puede que la razón por la cual este disfrutando este momento a pesar de saber que es falso sea porque sé que no tengo el valor para decirle como me siento.
Considerando que la magnitud de sus pensamientos y el contacto que aún sostenía con el pelirrojo al encontrarse reposada en su cuerpo inevitablemente la conduciría a sonrojarse notoriamente, la castaña decidió dar por terminada aquella extraña pero placentera actuación.
-Ya estoy bien gracias por ayudarme –exclamó ella y tan solo entonces Gaara apartó su mano de la nuca de su asistente para inmediatamente después alejarse un poco con el propósito de devolverle su espacio personal, y fue entonces cuando ella retomó la palabra– no tenías por qué hacerlo –habló a modo de agradecimiento.
-Si tenía que hacerlo –contradijo él de forma misteriosa y sin dar sus motivos se despidió de la Kurama sin poder cumplir con su cometido– buena suerte en tu entrenamiento de esta noche.
Tenía que hacerlo porque soy quien la metió en esta situación al traerla a Suna y también soy el único que puede cuidar de ella –reflexionó el manipulador de arena mientras veía como ella comenzaba a subir las escaleras externas.
-Arigato –exclamó la dama deteniéndose en un peldaño al notar que el shinobi aún seguía allí abajo, logrando que su jefe reaccionará y tras responderle con un además de manos emprendió camino rumbo a la torre del Kazekage.
Al final no pude ofrecerme a entrenarla –se percató cuando ella ya se encontró dentro de su departamento– la práctica no se parece en nada a la teoría… me pregunto ¿cómo hace Shikamaru para conciliar ambas cosas?
00000
-Sinceramente no puedo creer que me hayas hecho perder el tiempo de esa manera –se quejaba Temari mientras se sumergía en las calles de Suna, mismas que eran teñidas por las luces anaranjadas del atardecer.
-¿Dices que es mi culpa no haber sido capaz de encontrarlo? –Cuestionó Shikamaru incrédulo de tal acusación para luego recalcar– Esta es tu aldea ¿cómo es que no tienes ni la más mínima idea de donde está tu hermano?
-Solo tenías que ir a la oficina de Gaara y traer a Kankuro o, en su defecto, información sobre su paradero –sintetizó ella, obviando aquel reproche para demostrar que se trataba de una tarea sumamente sencilla y, aun así, imposible de llevar a cabo por el shinobi de las sombras– pero en cambio te quedas veinte minutos hablando con Gaara de Kami sabe qué y le pierdes la pista a Kankuro.
-No sé por qué insistes en que Kankuro nos acompañen –refunfuñó el Nara llevándose ambas manos a los bolsillos– es decir, ¿cuántos shinobis se necesitan para pagar una cuenta?
-Hasta esta mañana pensé que solo uno pero al parecer me equivoqué o no estaríamos en esta situación –acentuó ella mirándolo acusadoramente.
-Que graciosa –exclamó él sarcásticamente con un perezoso bufido de por medio.
-De no haber esperado a que regreses como una idiota de seguro podría haber alcanzado a Yakumo antes de que se fuera y no tendría que llevar esto hasta su casa –manifestó la rubia aun furiosa mientras observaba la solicitud que tenía entre sus manos.
-Hai –se limitó a decir el shinobi esperando que así concluyera la discusión.
-Y no nos hubiésemos desviado de nuestro camino hacia la Taberna de Misao-san –agregó ella inmersa en su enojo.
-Hai –volvió a repetir él, sin emoción en la voz.
-A la que no tendría porqué ir si fueras un poco más responsable y no metieras ideas raras en la cabeza de Kankuro –sentenció ella apretando su puño libre con fuerza.
-Hai –exclamó como en automático el shinobi a lo que ella se posicionó rápidamente frente a él y frunció aún más el entrecejo de manera amenazante.
-Un "hai" más y te puedes ir despidiendo de tu hombría, Nara –advirtió Temari induciendo al azabache a tragar saliva, convencido de que ella cumpliría su amenaza.
-Gomen –exclamó Shikamaru sinceramente, sin que su temor fuese un factor relevante en realidad y luego acotó– pero no sé qué más quieres que haga, ya me disculpé por eso ¿no?
-Si –reconoció la Sabuko No gruñonamente, desviando la mirada.
-Y ya te dije que voy a enmendarlo ¿no? –cuestionó el estratega a lo que ella se limitó a asentir mientras seguía evadiendo el contacto visual– las cosas no salieron en absoluto como quise que salieran, pero la vida es así y tú sabes de eso –afirmó con calma y paciencia, logrando que ella volviera a mirarlo sin rencor alguno, sino más bien de manera comprensiva– así que en lugar de pelear sobre cómo no salieron como deberían ¿por qué no intentamos arreglarlas y ya? –invitó él con una cálida y tímida sonrisa que comenzaba a crecer en sus labios al ver que Temari ya no estaba molesta.
-Tienes razón –aceptó la ojiverde reconociendo su error– exageré un poco –agregó deteniéndose al llegar a las escaleras del edificio donde residía la Kurama– solo espero que Yakumo esté en casa.
-Pues vamos a ver –incentivó el azabache subiendo las escaleras junto a la rubia. Una vez que se encontraron frente a la puerta correspondiente a la residencia de la asistente del Kazekage, el shinobi llamó a la puerta con golpes secos y en pocos segundos la castaña abrió la puerta asombrada de ver a la pareja de visita por su casa.
-Temari-san, Shikamaru-san –nombró Yakumo al reconocerlos y haciéndose a un lado invitó– pasen por favor. Ambos aceptaron el ofrecimiento y se adentraron en el hogar de la especialista en Genjutsu mientras ella elevaba un poco la voz al sumergirse en el pasillo de su casa– espérenme solo un momento, por favor.
-¿A dónde va? –preguntó por lo bajo el Nara a su novia.
-Está a medio vestir –reveló la Sabuko No pasmando al estratega quien estaba seguro de que lo hubiese notado si así hubiese sido.
-¿Pero qué dices? –Indagó el azabache considerando que quizás estaban viendo dos realidades distintas y por ello mismo refutó– traía un pantalón y una camiseta.
-Aún falta su haori, su obi y el portashurikens –especificó la embajadora, conociendo de memoria el atuendo que Yakumo utilizaba por las noches– se está preparando para entrenar.
-Pues lo hace con mucha anticipación –opinó el azabache mientras examinaba los alrededores para percatarse de que todo estaba extremadamente limpio y ordenado, incluso un rincón en el que reposaban algunas latas de pintura, un caballete cubierto por una manta y varios lienzos en blanco.
La domadora de viento estaba a punto de continuar con el dialogo cuando sintió un fuerte pero familiar malestar en la zona baja de su estómago razón por la cual se puso de pie instantáneamente y sin dar mayor detalle al Nara se adentró en el pasillo esperando encontrar a la castaña– Yakumo –llamó educadamente puesto que no quería invadir su privacidad pero tampoco podía aguardar a que volviese ya que se trataba de una emergencia que no esperaría por nada.
-Hai, aquí estoy –respondió la aludida abriendo la puerta de su habitación para que la rubia se acercara.
-Lamento entrar así pero… –iba a relatar la rubia pero enmudeció al ver el cuarto de la Kurama. Si todo el resto de su apartamento era la viva imagen de la pulcritud, su cuarto bien podría haberse asemejado al basurero municipal. Había ropa colgada hasta de la lámpara del techo, sin mencionar la que se encontraba desperdigada por el suelo y solo dios sabe que habría debajo de su cama. Casi parecía que alguien entrado allí en busca de un objeto valioso, por lo que comprenderán a dama de ojos azul verdosos cuando no pudo contenerse de preguntar– ¿qué demonios pasó aquí?
-Así está siempre –manifestó Yakumo con una sonrisa inocente en los labios y luego explicó– mi crianza fue muy estricta por ser la heredera de mi clan, ya sabes "tradición, orden y fuerza" –enuncio como si fueran los preceptos que debió acatar– así que me permití tener un poco de desorden en mi cuarto cuando me mude aquí.
¿Un poco? –se cuestionó mentalmente la Sabuko No sin poder dejar de recorrer la recamara con la vista aunque ciertamente no podía culparla ya que apenas estaba saboreando la libertad que conllevaba ser una persona normal.
-Entiendo –soltó Temari volviendo a mirar a la castaña para comentar– me alegra que estés disfrutando el apartamento.
-Lo hago, pero ¿qué es lo que querías decirme? –preguntó la Kurama centrándose en la razón por la cual la dama de la Arena había llegado hasta esa parte de la residencia.
-Mi período está por comenzar y, cómo puedes ver, estoy lejos de casa –explicó la Jounin, manifestando el apuro en el que se encontraba al tener que enfrentar el inicio de su periodo menstrual sin estar exactamente preparada.
-Oh no digas más –pidió la castaña y con un ademan de manos le pidió que la siguiera hasta la puerta que se encontraba al final del pasillo– aquí está el baño, el botiquín encontrarás está repleto de ese tipo de cosas, toma lo que necesites.
-Arigato –exclamó la rubia entrando al baño para apropiarse de una toalla femenina la cual cuidadosamente colocó en sus aun limpias bragas.
Y mientras la Sabuko No lidiaba con el problema mensual que toda mujer en edad fértil confronta, Yakumo volvió a la sala para entretener a Shikamaru hasta el regreso de Temari.
-Lamento haberte hecho a esperar, Shikamaru-san –exclamó educadamente la dama de Konoha para luego invitar– ¿gustarías un poco de té?
-Claro –accedió sentándose en un sillón y antes de que la kunoichi en entrenamiento se retirara el vago de la Hoja preguntó por su novia– ¿y Temari?
-En el baño –respondió la dueña de casa con una risita de por medio y antes de abandonar la habitación añadió pícaramente– tendrás que aprender a vivir sin ella por algunos minutos.
El Nara primeramente se sorprendió por el ladino comentario de la castaña pero prontamente aceptó tal suceso con un leve rubor en sus mejillas. Y con el afán de alejar tal sonrojo examinó la sala con la vista, buscando algo que lo distrajera pero su atención volvió a centrarse en el caballete, mismo que se apoderó de toda su atención cuando entró al departamento.
Por lo que, sin siquiera detenerse a considerar lo osado que era al querer descubrir en qué trabaja la castaña por esos momentos, el ninja de una coleta se puso de pie y caminó hasta el área que Yakumo había dedicado para sus pinturas. Una vez que se encontró frente al caballete retiró con cuidado la manta que cubría el lienzo en proceso para descubrir que algo que lo dejó boquiabierto pero no solo a él, sino también a Temari que volvía de su incursión al baño por esos momentos.
-Somos nosotros –exclamó la ojiverde aun pasmada al ver el retrato que Kurama había creado, mismo que reflejaba a la rubia y el azabache mirándose fijamente el uno al otro a los ojos con una expresión cálida y tranquila en sus rostros. El semblante de ambos era tan puro y sincero que tan solo el verlos te robaba el aliento, y la distancia entre ellos era tan ínfima que cualquiera hubiese apostado que sus labios se unirían en cualquier momento.
-¡Go-Gomen! –Exclamó con nerviosismo la especialista en Genjutsu, dejando el té en la mesita de centro de la sala para disculparse por su atrevimiento– debería haber pedido permiso antes de pintar algo como eso.
-¿Pero qué dices? –cuestionó la hermana del Kazekage sin ser capaz de sacarle los ojos de encima a la pintura– Si es fantástico.
-¿De verdad lo crees? –Indagó la artista a sabiendas de que aún le quedaban algunos detalles por corregir.
-Eres muy buena es esto –felicitó el domador de sombras y, buscando romper el hechizo en el que dicha pintura lo había inmerso, exclamó– pero… ¿no te parece que es un poco irreal?
-¿Irreal dices? –Repitió la Kurama mirando con más atención su obra buscando el defecto– ¿A qué te refieres puntualmente?
-Pues mira a esta mujer –solicitó el shinobi señalando a Temari mientras clavaba la vista en la castaña como si así excluyera a su novia de la conversación– ¿no te parece que es mucho más malhumorada de la que dibujaste aquí?
-¡Oi! –Se quejó la hermana del Kazekage para inmediatamente después preguntar de manera retadora– ¿Tienes alguna queja a pesar de que Yakumo fue benévola contigo?
-¿Benévola? –Indagó el Nara sin comprender a qué venía tal calificativo.
-Por supuesto –reafirmó la domadora de viento sin dudar y entonces explicó– te podría haber impreso esa mirada de vago perdido que siempre tienes y en cambio te favoreció, ¿y aun así te atreves a criticar su cuadro?
Para este punto, Yakumo estaba haciendo un esfuerzo sobrehumano para no estallar en carcajadas a pesar de que la pareja estaba demasiado ocupada discutiendo como para percatarse de que el mundo seguía girando a su alrededor.
-¿A sí? –Indagó el azabache sarcásticamente para luego comentar con malicia– Pues a ti te debería haber dibujado con tu adorable carácter natural, ya sabes ese que escupe fuego como un demonio.
-Pues yo creo que tuviste suerte de que… –estaba por contraatacar Temari, sin embargo se contuvo de hacerlo a notar que la anfitriona se reía animadamente– creo que será mejor que dejemos esto de lado y nos concentremos en la razón por la cual estamos aquí –sugirió mientras tomaba asiento en uno de los sillones.
-Me parece buena idea –concordó Shikamaru sentándose junto a ella y tomando una taza de té se mantuvo neutral durante la conversación de las damas ya que otro asunto se apoderó de su mente, uno que venía postergando desde la mañana. La Sabuko No le entregó a la asistente del Kazekage aquel papel que había traído desde la oficina y, al igual que Shikamaru degustó un sorbo de té.
-Me gustaría que leyeras eso y me dijeras qué opinas –exclamó la rubia mientras los ojos de la castaña comenzaban a seguir las líneas en la solicitud que ahora se encontraba en sus manos.
-Es una petición especial para presentar el examen de asenso Genin –reconoció de inmediato la castaña y entonces comprendió las intenciones de la embajadora– no me digas que esperas que lo presente tan pronto.
-Claro que sí, no es difícil en lo absoluto –manifestó la domadora de viento para luego detallar– solo necesitas hacer un clon de sombra y mostrar tu habilidad en alguna de las cuatro disciplinas que se mencionan allí abajo.
-Taijutsu, Genjutsu, Ninjutsu, Manipulación de Armas –leyó en voz alta la Kurama mientras meditaba si sería buena idea participar o no. Gaara ya le había dado su aprobación así que ciertamente no tenía nada que perder.
-Tu fuerte no es un misterio –mitigó Temari, como si el examen no resultara realmente un impedimento para la dama de Konoha.
-Si así lo crees supongo que está bien, ¿cuándo presentaras la solitud a la Academia? –indagó Yakumo considerando que debería entrenar al máximo los días que le quedaran para no decepcionar a su sensei.
-Mañana –respondió la rubia con naturalidad.
-¡¿Mañana?! –Repitió exaltada mientras contrastando con la calma y seguridad que su interlocutora le brindaba– Temari-san es muy poco tiempo –opinó la artista sin saber qué hacer.
-Si tanto te preocupa vamos a entrenar –invitó la dama de ojos azul verdosos poniéndose de pie.
-No es que no me encante el plan pero debemos hacer una parada antes –habló el azabache recordándole a su novia que aún tenía cuentas por saldar.
Se pusieron en marcha de inmediato dejando atrás tres tazas de té a medio tomar y una hermosa pintura que reflejaba a la perfección aquella hipnotizaste aura que rodea a Shikamaru y Temari siempre que están en el mismo lugar.
Durante el camino las damas retomaron su charla sobre el examen Genin mientas que el azabache guardó silencio en todo momento. La verdad es que no lograba concentrarse en el aquel dilema que lo aquejaba y no podía hablar con Temari sobre eso, no después de haberle asegurado que no se preocuparía por eso.
Una vez que llegaron a destino, el trio ingresó a la antigua pero bien conservada taberna para descubrir que el dueño del lugar los había estado esperando.
-Bienvenidos, pasen, pasen –saludó el generoso tabernero para posteriormente gestionar un ademán de manos que les indicaba a los visitantes acercase para tomar asiento en lo taburetes ubicados frente a la barra.
-Arigato –soltó Temari tomando asiento según lo sugerido, siendo imitada por sus acompañantes para quedar frente a frente con quien era el dueño del lugar.
-No sé si me recuerda –acotó el Nara llamando la atención del canoso sujeto– yo estuve aquí anoche con Kankuro –señaló sabiendo que no había persona en la Aldea de la Arena que desconociese la identidad del hermano del Kazekage.
-Oh claro que te recuerdo muchacho –respondió Misao de manera alegre para prontamente opinar– se ve que anoche tenían un debate muy interesante entre manos ya que no pudieron oír cuando les grité que volvieran a pagar.
Tan solo entonces Shikamaru recordó las vertiginosas calles de Suna y las luces segadoras de la noche anterior que eran opacadas por el retumbante sonido de la voz de Kankuro y la suya propia al balbucear algo relacionado con lo peligroso que sería el que Temari se enterara de la comprobación empírica que esa noche se había llevado a cabo.
-Lamento mucho eso, no era mi intensión irme sin pagar –se disculpó el shinobi de Konoha a pesar de que el hombre no parecía ser rencoroso– se trató de un mal entendido.
-Lo comprendo perfectamente –aminoró Misao indicándole que no era necesaria ninguna otra explicación.
-¿Cuánto le debo? –indagó el Nara en ese momento mientras retiraba de su bolsillo derecho su billetera.
-Serían trecientos sesenta y ocho ryos –puntualizó el tabernero después de revisar el monto que había anotado en una libreta de bolsillo y, mientras Shikamaru pagaba por el licor consumido la noche anterior, Yukata salía de la cocina para encontrarse con el grupo allí reunido.
-Oh llegaron temprano –saludó la pelinegra sorprendida de verlos en el lugar cuando apenas estaba anocheciendo– ¿ya te habló Temari san sobre el examen Genin, Yakumo? –preguntó luego de acercarse a su tío para hablar con la castaña
-Hai, la verdad es que me tomó por sorpresa –acotó la Kurama sin sorprenderse por la simpatía de Yukata, puesto que ella siempre se había mostrado sumamente servicial para con ella.
-Me lo imagino –comprendió la dama de ojos café y seguidamente inquirió– ¿ya decidiste que harás sobre eso?
-Si Temari-san cree que estoy lista no puedo decepcionarla –resolvió la mujer de Konoha alegrando a su interlocutora al seguir al pie de la letra los deseos de la rubia.
-Grandioso –exclamó animadamente Yukata, no obstante prontamente se apenó al recordar su agenda para el día siguiente– me gustaría poder ir a animarte pero tengo trabajo que hacer mañana por la mañana.
-No te preocupes por eso –manifestó la castaña negando con sus manos apresuradamente para que no le diera importancia al evento.
-Tiene razón, de seguro no le tomara más de quince minutos convencer a los senseis –opinó Temari confiada de las habilidades de su pupila.
-Aun así debo entrenar –insistió Yakumo aferrándose a su humildad.
-Si vas a ejercitarte debes comer bien jovencita –manifestó Misao mientras apartaba la vista de la castaña para buscar a algún empleado disponible– Hotaru-chan, Hotaru-chan –llamó a una camarera que se dirigía a la cocina vistiendo un delantal similar al que llevaba Yukata– tráeme tres raciones de sashimi, gyoza, tempura y un poco de té por favor.
-No es necesario Misao-san –negó primeramente la dama de viento para establecer– solo vinimos a disculparnos por el incidente de anoche y pagar lo adeudado.
-No me digas que rechazaras un obsequio de este pobre viejo, Temari-sama –exageró Misao recurriendo a sus viejos trucos– no me queda mucho de vida.
-Ahí estás de nuevo queriendo dar pena Oji-san –se quejó Yukata a modo de regaño, desmantelando la actuación de su tío.
-De verdad lo aprecio –afirmó la dama de ojos azul verdosos para luego excusarse– pero tengo que volver a casa para preparar la cena.
-No te preocupes, le enviaremos también un poco al Kankuro-sama y a Lord Kazekage –se anticipó el comerciante para inmediatamente después divisar a su nuevo empleado– Jun-kun.
-Hai –respondió el mencionado deteniéndose frente a su jefe.
-Prepárate para salir en veinte minutos, harás una entrega –le informó el dueño del establecimiento.
-Como diga Misao-san –acató el joven Jun y luego se retiró.
-¿Tú qué opinas? –Consultó por lo bajo la Sabuko No al Nara.
-Ya pagué lo que Kankuro y yo debíamos –señaló el azabache considerando la situación como una buena oportunidad para que Yakumo se distendiera antes de su examen– no veo porque no podamos quedarnos a cenar.
-Si se quedan iré por Oba-san –anunció la pelinegra para incentivarlos a tomar una decisión y Shikamaru no puedo evitar percatarse de que Misao pareció alegrarse notoriamente.
-Oh será como en los viejos tiempos –habló con nostalgia el canoso hombre y entonces pidió una respuesta– ¿qué dicen?
Yakumo y Shikamaru se miraron mutuamente desconcertados puesto que no tenían idea a qué se refería Misao, no obstante, la media sonrisa que Temari exhibía logró generarles cierta curiosidad.
-De acuerdo, nos quedaremos esta vez –accedió la Sabuko No en nombre de los tres.
-Genial, genial –soltó Yukata emocionada quitándose el delantal para ir en busca de su tía y un par más de empleados que se encontraban desocupados por la carencia de clientes esa noche.
Y durante el tiempo que la dama de ojos café se encontró ausente, sus amigos comenzaron a degustar las delicias que les fueron otorgadas mientras compartían la conversación con el afable tabernero que les había regalado la cena. Ya casi terminaban de comer para cuando las luces de un pequeño escenario que notoriamente había estado en desuso por un buen tiempo se encendieron. Instintivamente, el cantinero y sus clientes se voltearon levemente para adquirir una mejor vista del lugar destinado a espectáculos.
Fue entonces que observaron a la pelinegra mientras ésta subía al escenario con un shamisen en sus manos y era seguida de cerca por la esposa de Misao, una mujer cuyo cabello negro comenzaba a recibir la presencia de sus primeras canas y las nacientes arrugas no disminuían ni por un instante la expresión cariñosa de su rostro, y en sus manos portaba una biwa muy bien conservada.
Detrás de ellas pero un poco más atrás, una dama que un vestía el delantal reglamentario del comercio se aproximaba a las primeras con el objetivo de posicionar un shakuhachi en un lateral del escenario. Finalmente, un hombre esbelto apareció trayendo consigo un gran taiko, el cual retumbó al ser colocado en el piso.
-¿Todos ellos son músicos? –cuestionó Yakumo asombrada de que el personal tuviese tales cualidades. No obstante, antes de que el hombre de avanzada edad o Temari pudiesen responder, una voz familiar se adelantó para responder tal interrogante.
-No solo eso, espera a que escuches a la esposa de Misao-san cantar, se te entibiará el corazón –exclamó una mujer rubia mientras ingresaba a la taberna.
-Reiko-san –reconoció la castaña al voltearse al igual que los demás.
-¿Cómo están? –Saludó la oficial, sentándose en un banco junto a la Kurama para luego acotar– es extraño encontrarlos aquí.
-Lo de siempre Reiko-san? –indagó el cantinero mientras buscaba una de sus mejores botellas de sake, de esas que reservaba para sus más exclusivos y fieles clientes.
-Hai, arigato –respondió la rubia sin ser capaz de volver al tema central puesto que los músicos comenzaron su presentación.
Acompañada simplemente por la dulce melodía del shakuhachi en tono bajo, la esposa de Misao cantó la primera estrofa de una antigua canción dejando boquiabiertos a aquellos que escuchaban su voz por primera vez, y arrancándole una lágrima de emoción a aquel que había sido su compañero en la vida por más de cuarenta años.
Y luego de ese eterno instante en el que todos contuvieron el aliento para no perder detalle de lo que sucedía sobre el escenario, los demás músicos se sumaron a la melodía como si tocaran desde cero, volviendo a repetir la primera estrofa para continuar de allí en más, todos juntos como si fueran uno solo.
No es una ilusión, estoy segura de eso –se autoconvenció la especialista en Genjutsu– es como si manipularan mis emociones para hacerme sentir los que ellos sienten al tocar y cantar, su música me perforara el pecho para invadirme con su esencia.
-Sugoi… –exclamó Yakumo de manera imperceptible.
Es impresionante –sentenció Shikamaru en silencio mientras anonadado observaba el humilde escenario– es como si el bar se llenara de color de repente, casi puedo ver las notas musicales centellando alrededor de los instrumentos.
Obligados a no perder detalle de cada sonido, las emociones se fueron unificando para retumbar con fuerza en cada corazón, fueron obligados a seguir sumisamente el ritmo de la canción, alegrarse y entristecerse, acelerar sus ritmos cardiacos y dejar que sus alientos les sean robados ya no era algo que pudiesen controlar y aceptaban gustosos tal precio con tal de no perder detalle de cada nota musical que se infiltraba por sus oídos para estancarse en sus corazones.
Los oyentes sentían estar observando un universo completamente diferente al habitual, mucho más hermoso y sublime que el conocido y, pesar de no generarlo como lo hacían los músicos, se consideraban parte de él por el mero hecho de tener el privilegio de escuchar tal penetrante melodía.
A pesar de que la apreciación musical es completamente subjetiva e individual, algo muy extraordinario se llevó a cabo en aquel escenario esa noche puesto que sin mediar palabras todos comprendieron e interpretaron a la perfección lo que aquellos artistas querían expresar, se vincularon en un nivel supra sensorial mediante el lenguaje del corazón. Tal y como lo predijo Reiko sus almas fueron entibiadas al compás de la música. Si una imagen vale mil palabras, aquella melodía equivaldría a un millar de los cuadros más hermosos del mundo.
Luego de que la femenina voz que contaba una leyenda adornada de acordes se desvaneciera los instrumentos poco a poco comenzaron a extinguir sus notas musicales hasta que solo uno continuó resonando, ese fue el shamisen de Yukata. Tan solo cuando ella también se silenció los presentes pudieron salir de aquel hechizo en el que se habían visto absortos desde que la melodía comenzó. Más de un espectador parpadeó varias veces antes de poder reaccionar, como aguardando que su alma se acostumbrara a la carencia de aquella armoniosa sensación que lo había abrumado segundos atrás.
Sin ser capaz de expresar con palabras lo percibido, la oficial presente decidió retomar la conversación pendiente.
-¿Y bien? ¿Qué se festeja? –Cuestionó Reiko sin poder desvanecer esa sonrisa que los músicos había forzado en sus labios– No todos los días tenemos el privilegio de ver a Yukata tocar.
Al escuchar tales palabras Temari experimentó una revelación, el que Yukata tocara como solía hacerlo unos años atrás era igual de inusual que la ocurrencia de su hermano por emborracharse en el mismo lugar donde Reiko y ella acostumbraban beber.
-¿Kankuro sabe que vienes aquí durante tus noches libres? –indagó la embajadora de Suna repentinamente.
-Creo que sí, sino mal recuerdo me vio entrar aquí una vez –recordó en voz alta la dama de ojos dorados para luego puntualizar– ¿por qué lo preguntas?
-Anoche decidió que sería buena idea probar cosas nuevas –argumentó la domadora de viento dedicándole a su novio una notoria y inculpadora mirada– así que decidió salir a beber con Shikamaru, no creo que sea casualidad que eligiera este lugar.
-¡¿Kankuro bebiendo?! –cuestionó Reiko asombrada sin saber bien si debería esperar explicación por parte de Temari o Shikamaru, por lo que intercaló su mirada entre ambos.
-¿Algunas vez has escuchado la frase "fuimos a almorzar y entonces algo increíble pasó"? –indagó el domador de sombras a lo que la atónita agente policial negó con la cabeza como era de esperarse– eso es porque ninguna gran historia comienza con ensalada, salimos a beber para marcar el fin de una etapa y el comienzo de otra.
-Ya veo –soltó con calma líder de la policía civil sorprendiendo a Temari.
-De repente no ves conmocionada –advirtió la Sabuko sin poder imaginar que pasaba por la mente de la rubia.
-Quizás sea eso lo que Kankuro-dono necesitaba, Temari-sama –opinó Reiko serenamente y, ante la curiosa expresión en el rostro de su superior, explicó– el saber que después de tomar decisiones estúpidas el mundo sigue girando.
Esta mujer… ella entiende a Kankuro en un nivel que sería imposible alcanzar para mí –descubrió el Jounin de Konoha pasmado por el hallazgo– puede que incluso supere a Temari.
-¿Y bien? –Cuestionó la pelinegra acercándose al grupo con su instrumento aun en mano– ¿Qué les pareció?
-Estuviste sorprendente, jamás había escuchado a alguien tocar el shamisen así –halagó Yakumo instantáneamente– sentí que mi corazón se saldría de mi pecho en cualquier momento.
-Me alegra que te haya gustado –respondió la dama de ojos café con una sonrisa– ¿Y qué hay de ti? ¿No tienes nada amable para decirme? –Inquirió consecutivamente presionando al Nara.
-Mendokusei… ¿por qué de pronto eres tan exigente? –Se quejó el azabache sin intenciones de darle el gusto.
-Es importante halagar a la gente cuando hace algo que disfruta –opinó la dama de ojos dorados en voz alta considerando que era importante para la pelinegra– en especial cuando lo hace tan bien como Yukata-chan, los ayuda a sentirse bien consigo mismos.
-Estuviste bien, lo admito –soltó finalmente el Nara junto a un quejido– eres buena en eso.
-Arigato –exclamó la música complacida y luego invitó– ahora subamos a la azotea.
-¿Eh? ¿Para qué? –preguntó Temari desconcertada ante tal sugerencia.
-Cuando fui por mi shamisen encontré las luces de bengala que sobraron del festival del verano –explicó animada la pelinegra manifestando su intención de utilizar aquella pirotecnia esa misma noche.
-¿Encender luces de bengala? –Habló el shinobi de las sombras con escepticismo para luego consultar con las demás damas– ¿no es un poco infantil?
-A mí me parece divertido –opinó con inocencia la castaña, mostrándose más que predispuesta a unirse a la Chunin.
-Shikamaru tiene razón –regañó la embajadora de Suna poniéndose de pie para colocar sus manos sobre su cadera a modo de tetera con el objetivo de enfatizar sus siguientes palabras– se supone que son adultas ahora pero si se comportan como niñas no queda más opción que vigilarlas para que no se quemen ¿verdad Reiko? –corroboró dirigiéndole a la aludida una mirada cómplice.
-Oh bueno, creo que tenemos un poco tiempo antes de ir a entrenar –concordó Reiko sonriéndose al comprender perfectamente que la idea no le desagradaba para nada a la domadora de viento.
-¡Vamos por las bengalas entonces! –exclamó con entusiasmo la Chunin encaminándose hacia la puerta situada tras la barra.
Con autorización de Misao, se adentraron en la parte trasera del comercio y, guiados por Yukata, procedieron a subir por unas antiguas escaleras que conducían a la azotea. El lugar no propiciaba la mejor vista de Suna pero, al estar resguardada por un techo sostenido por pilares, configuraba un lugar idóneo para que el viento no se convirtiera en un factor relevante a la hora de manipular pirotecnia.
Al llegar allí, todos tomaron una bengala y se acercaron a Shikamaru o Yukata para que se las encendieran, ya que ellos eran los únicos que portaban encendedores en ese momento. Y mientras el Nara observaba con prejuicio como su bengala centellaba, en el rostro de la Kurama una enorme sonrisa se imprimía y se amplió un poco al ver como Yukata movía con rapidez su mano, dibujando formas irregulares en el aire con la fina línea de luz que el fuego artificial proyectaba. Los ojos de Reiko y Temari reflejaban las blancas luces como si una constelación de estrellas emergiera en sus orbes.
-Esto es nostálgico, ¿verdad Reiko? –comentó la Sabuko No sin apartar la mirada de la pirotecnia a pesar de estar conmemorando otro paisaje.
-Sí, bastante –admitió la rubia de ojos dorados y entonces se percató de que la pelinegra comenzaba a correr para prolongar la luz y así las formas que garabateaba– Yukata presta atención a lo que haces, no voy a salir corriendo al hospital –solicitó de manera maternal, frunciendo levemente el entrecejo.
-No te preocupes Reiko-san –mitigó la dama de ojos café mientras zigzaguea con la bengala, formando así líneas cada vez más erráticas de luz.
-Oh vamos –minimizó la Jounin con una sonrisa traviesa en el rostro– ¿no eras tú la que venía corriendo diciendo "Temari-neesan, Temari-neesan, Kankuro se quemó mientras jugábamos con fuegos artificiales"?
-¡Oi, Temari-sama! –Se alarmó la oficial de policía– No-No cuente esas historias –tartamudeó con nerviosismo al sentirse abochornada.
Ese baka, cuando todo se fue al demonio creyó que debía encargarse de Reiko sin siquiera detenerse a pensar que siempre fue ella quien estuvo cuidándole la espalda –pensó Temari borrando su sonrisa instantáneamente al cambiarla por una mirada apenada.
-Era imprudentemente temerario –opinó la domadora de viento sobre su hermano.
-Pero si hubiese sido de otra manera, no estaríamos hablando de Kankuro –respondió Reiko captando nuevamente la atención del Nara, quien en silencio escuchaba la conversación mientras la castaña y la pelinegra jugueteaban perdidas en su mundo.
Ella también ha aceptado las facetas de Kankuro-san que no son precisamente encantadoras –se percata Shikamaru. Primero pensé que ella odiaba a Kankuro, luego que tenía sentimientos a medias por él, como si no pudiese despegarse del todo de su pasado, pero ahora estoy seguro de que ella se preocupa genuinamente por él.
-Mendokusei, por alguna razón siempre termino rodeado de mujeres problemáticas –exclamó el único hombre presente, esperando que al crear un antagonista en común el ambiente festivo no decayera– es una molestia.
-¿Problemáticas? –repitió Yakumo desconcertada al no comprender el motivo de la ofensa.
-¡Oye! –se quejó Yukata deteniéndose por completo para brindarle una mirada retadora.
-¡Shikamaru-san! –regañó Reiko sin poder creer que el estratega se haya referido a ellas de esa manera tan peyorativa.
Temari simplemente comenzó a reír por lo bajo ya que sabía exactamente lo que él estaba haciendo. Por esa razón, las demás damas la observaron con asombro ya que ellas suponían que el vago sería regañado. Al percatarse de aquello, la mujer de ojos azul verdosos adoptó una postura seria de inmediato para unirse al bando que el Nara dictaminaba.
-Es decir –anunció la Sabuko No, carraspeando para aclarar su voz y, tras fruncir el entrecejo, sugirió de manera gruñona– deberías estar agradecido de poder contar con nuestra compañía, vago insolente.
En ese momento las chicas sonrieron con tranquilidad al saber que nada extraño sucedía. Por un segundo se habían sentido confundidas por la actitud poco combativa de Temari así que, al constatar que todo fluía al igual que siempre entre esos dos, una inexplicable calma y alegría las invadió. Siempre era divertido estar cerca de esos dos porque nunca sabías con qué podrían salir pero de seguro sería algo sumamente divertido. Ciertamente, el ambiente que generaban por el mero hecho de estar el uno cerca del otro era atrayente y hasta adictivo.
-Se hace tarde –resolvió Reiko mirando su reloj de bolsillo y al cruzar miradas con Yukata agregó– va siendo hora de que nos vayamos.
-Los acompaño hasta abajo –exclamó la pelinegra deseando en silencio que los días divertidos como esos nunca terminaran.
Se podía oír con claridad las voces animadas y alguna que otra risita traviesa desde la escalera que comunicaba la planta baja con la terraza y, tras despedirse del cantinero y su esposa quienes estaban a punto de cerrar la taberna, el grupo salió del establecimiento escoltados por la dama de ojos café.
-Nos vemos mañana –se despidió Yukata con una simpática sonrisa de por medio.
-Gracias por todo –manifestó respetuosamente la Kurama con una leve reverencia de por medio.
-Salúdanos a los músicos –solicitó Reiko sintiéndose afortunada de haber sido capaz de presenciar tan poco frecuente espectáculo.
-Lo haré –aceptó la morena– cuídense y no se esfuercen demasiado –añadió mientras agitaba las manos en el aire a modo de saludo mientras sus invitados se adentraban en las calles de Suna.
Reiko y Yakumo comenzaron a conversar sobre el entrenamiento, acordando que lo más importante que quedaba por reforzar era la resistencia física de la especialista en Genjutsu, misma que poco a poco había ido creciendo aunque sin alcanzar un nivel promedio.
Temari se mantuvo al margen de aquella plática. No es que no tuviese nada que opinar al respecto o no le interesara, sino que más bien estaba demasiado ocupada preguntándose el motivo por el cual el azabache había estado tan callado durante casi todo el día. Shikamaru no era un hombre de muchas palabras, pero desde la mañana parecía que solo hablaba cuando era estrictamente necesario, casi como si su mente estuviese en otro lado.
-Yo volveré a tu casa –decidió en voz alta el Nara sin lograr sorprender a la Sabuko No en realidad.
-Nosotras nos adelantaremos Temari-sama –informó Reiko pensando que sería mejor dejarlos a solas por un momento.
-De acuerdo –respondió la Jounin a la oficial para luego posar la vista sobre su novio e insistir– ¿estás seguro que no quieres venir con nosotras?
-No esta vez –negó él y al notar que la expresión en el rostro de su interlocutora parecía frustrada de repente explicó– hay algunas cosas que tengo que pensar y esta es una buena oportunidad para aprovechar el tiempo.
Hay algo que no me está diciendo, pero probablemente yo ya sepa de qué se trata –meditó la rubia sintiendo la impotencia de saber que sin importar lo que dijera no sería suficiente para consolarlo– no ha dicho nada al respecto y desde entonces lo ha disimulado bastante bien pero su semblante cambió drásticamente cuando supo que ese mequetrefe estúpido participara en la semana de los mil vientos.
-De acuerdo, entonces supongo que te veré después –se despidió ella dando media vuelta para acortar ese tortuoso momento en el que su mente le gritaba que no podía hacer nada por el hombre que amaba.
-Nee –exclamó Shikamaru para que ella se detuviera y, tomándola de la mano para incitarla a voltearse, el shinobi de las sombras imprimió un sutil y breve beso en sus labios– todo está bien, en serio –sentenció buscando convencerla y ella no pudo hacer otra cosa que aceptar la mentira.
-Solo no sobrecalientes esa cabezota tuya o incendiaras el palacio del Kazekage –bromeó la dama de cuatro coletas quitándole seriedad al asunto.
-Haré lo posible –respondió él sonriéndose y soltando su mano la dejó ir para tomar por su cuenta un camino diferente.
¿Por qué no soy capaz de hacer nada cuando se tratan de estas cosas? –Se preguntó mentalmente Temari mientras apresuraba el paso con el objetivo de alcanzar a las chicas o de huir de sus propios interrogantes– no sé cómo enfrentarme a esa parte de mí que es tan malditamente inútil.
-¿Sucede algo Temari-san? –indagó Yakumo al ver que la Jounin se mostraba sumamente pensativa.
-No es nada –negó la aludida con la cabeza al alcanzarlas.
Decirle "animo", "no te preocupes tanto" o "ya verás que no será tan difícil" sería irresponsable de mi parte ya que hay mucho en juego como para recurrir a condescendencias –retomó la domadora de viento aquel hilo de pensamiento– así que en lugar de caer en esas frivolidades te di el espacio que me pedias, te di lo que querías a pesar de saber que no se condice con lo que necesitas porque así de patética soy. ¿No se supone que soy yo la que tiene que animarlo cuando siente que todo lo sobrepasa? ¿Cuándo siente que está a punto de desmoronarse?
-Temari-sama, como el entrenamiento de hoy no involucra manipulación de chakra creo que puedes tomarte la noche –comentó Reiko mientras sus dorados ojos despedían empatía y al intercalarlos con los castaños de su alumna, notó que ambas la incitaban a seguir su corazón.
-Arigato –exclamó la Sabuko No después de algunos segundos en los que se quedó boquiabierta procesando las señales de las damas. E, inmediatamente después, se dio media vuelta para dirigirse a su hogar. Con ritmo acelerado, y aumentando la velocidad paso a paso, prontamente se encontró corriendo hacia el palacio del Kazekage, mientras sus pensamientos comenzaban a aglutinarse con la misma rapidez.
Aunque no pueda decirle ni una palabra que lo reconforte, aunque tenga que ver como se hunde en sus retorcidos y asfixiantes pensamientos, aunque no pueda ayudarlo al cargar el peso de nuestros agobiantes problemas voy a estar ahí –resolvió decididamente apretando los puños con fuerza– no volveré a huir o dejar que él huya, va a tener que soportar mi expresión más amargada hasta que se harte de ella y no le quede otra opción más que sonreír para complacerme.
-Aun le cuesta dejar de lado sus responsabilidades –opinó Reiko retomando el camino junto a la castaña.
-Es cierto pero, desde que Shikamaru llegó, hay algo muy distinto en el aire –manifestó Yakumo empapándose de ese anormal y esporádico romanticismo.
-Parece ser que todos estamos haciendo lo posible por preservar ese ambiente –respondió la rubia a lo que la dama de ojos castaños asintió afirmativamente.
Al subir a la colina donde usualmente entrenaban, notaron que el distrito Kono había recibido la inusual visita de un hombre.
-Gaara-sama –pronunció anonadada Reiko sin comprender bien que es lo que hacía allí el Kazekage.
-Empezaba a dudar sobre si me encontraba en el lugar correcto –comentó el Sabuko No al divisar a las damas percatándose de que faltaba una muy importante– ¿dónde está Temari?
-Hoy no entrenará con nosotras –respondió la rubia aun perpleja.
-Ya veo –soltó el pelirrojo suponiendo que alguna eventualidad habría acaparado el tiempo de su hermana.
-¿Acaso viniste buscando la ayuda de Temari-san? –curioseó la Kurama tan desorientada como la oficial de policía.
-No, no es nada de eso –negó el Kazekage para luego explicarse– vine porque quiero ver cómo marcha tu entrenamiento, tal vez pueda ayudar.
-Pero… –iba a excusarse la castaña considerando que aquello configuraría una pérdida de tiempo para el magnate.
-Nos vendrá muy bien tu ayuda –se anticipó la dama de ojos dorados para luego corroborar– ¿verdad Yakumo?
-Entonces pone al tanto –solicitó el manipulador de arena para luego informar– a partir de mañana me encargaré de supervisar su entrenamiento por mi cuenta.
00000
Para cuando Temari entró en su casa, Shikamaru estaba sentado frente al tablero de Shogi con una taza de té a medio beber al lado. Su mirada vacía se llenó de sorpresa cuando vio lo que parecía ser una exasperada rubia entrar por la puerta principal y, sin mediar palabras, ella procedió a realizar el trayecto desde allí hasta dónde él se encontraba con paso firme y hasta desafiante.
-¡Oi vago! –Llamó ella como si fuera a regañarlo para posteriormente sentarse frente a él sin apartar esa mirada furiosa que portaba– si me dejas ganar te asesinaré –estableció, y dicho esto acomodó las dos piezas que se encontraban fuera de lugar al haber sido movidas por el Nara, como ordenándole comenzar de nuevo el juego para batallar contra ella.
El genio de Konoha no tenía intención alguna de discutir. Bastaba con ver la forma en la que la embajadora movía las primeras piezas para saber que disgustarla en ese momento podría ser fatal, por lo que se propuso aguardar hasta que los ánimos se calmaran para emitir palabra alguna.
-Pensé que ibas a entrenar a Yakumo –soltó finalmente el azabache cuando el sexto turno comenzó.
-El entrenamiento de hoy era intensivo así que lo dejé en manos de Reiko –respondió ella mostrándose mucho más distendida, como si aquella actitud dominante del principio hubiese apuntado a evitar que el genio de la Hoja rechazara la propuesta de jugar con ella.
-¿Por qué Shogi? –preguntó él sin apartar la vista del tablero, refiriéndose a la orden tácita que ella dictaminó al llegar.
-Porque es lo que necesitas –respondió ella de manera natural y calma– así es como ordenas tus pensamientos y el enredo que ahora mismo tienes allí arriba requiere de un segundo jugador.
Shikamaru no llegó a sorprenderse, no era la primera vez que Temari forzaba su punto de vista en él para que lo tuviese en consideración. Sin importar cuanto se cerrara, cuanto se excusara o cuanto intentara alejarla, ella simplemente continuaba insistiendo, actuando como si fuese la voz de su conciencia y dándole motivos para seguir adelante.
-Tu forma de ver las cosas siempre amplia la mía –exclamó él con una media sonrisa en los labios y al levantar la vista agregó– pensé que ibas a matarme cuando llegaste, estabas demasiado molesta.
-Puedes culpar a la naturaleza por eso –se desentendió ella, adjudicando tal comportamiento a su ciclo menstrual.
-¿A qué te refieres? –curioseó él sin comprender exactamente a qué se refería la rubia.
-Digamos que mi humor no es sentimental sino hormonal –insinuó ella alternado la vista entre los ojos de Shikamaru y su propio vientre.
El Nara había vivido con su madre lo suficiente para saber cómo es que la naturaleza interfiere en el estado anímico de las mujeres una vez al mes. Y como si aquello no hubiese sido suficiente demostración, probó una segunda dosis cuando Ino fue designada como compañera de equipo.
-Oh entiendo, ¿te sientes adolorida? –indagó él amorosamente, teniendo una buena idea de cómo lidiar con el problema en cuestión.
-No –negó ella sorprendida de la delicadeza de su novio y posteriormente le comentó cómo funcionaba su organismo– para mi suerte o desgracia, ese tipo de dolores solo me llegan a la noche cuando duermo y me despiertan repetidas veces.
-Si te despiertas a media noche y no puedes volver a dormir puedes llamarme –se ofreció Shikamaru amablemente dispuesto a sacrificar sus invaluables horas de sueño– no creo que Kankuro y Gaara se molesten si nos desvelamos conversando cuando estas atravesando este tipo de días.
¿Lo estoy imaginando o este vago se vuelve más y más adorable cada vez? –se preguntó Temari sonrojada sin ser capaz de responderle inmediatamente por el pudor que sentía.
-Mejor presta atención al tablero, Nara –sugirió ella cruzándose de brazos haciendo un pequeño berrinche al sentirse avergonzada de que el pudiese ruborizarla con tanta facilidad.
El Jounin se sonrió victoriosamente para prontamente comentar con falsa altanería, de esa a la que recurría solo para molestarla– ¿para qué? En tres movimientos habré ganado.
-¿A sí? –Retó ella sin caer en la provocación y redoblando la apuesta exclamó– Pues entonces hazlos.
Ambos movieron dando por terminado el primero de los tres turnos que el shinobi de las sombras había establecido como tiempo límite para que el juego termine por lo que, con más confianza aún, él realizó su segundo movimiento sin siquiera tomar en consideración el realizado por la dama ya que había calculado que en aquel punto del juego, independientemente de lo que ella hiciese, él solo tenía que seguir adelante con su estrategia para ganar.
Sin embargo, al realizar Temari su segundo movimiento, Shikamaru tuvo que presenciar cómo era despiadadamente arrebatado de su más importante pieza. La dama había hecho una brecha en la estrategia del ninja de la Hoja, una que hubiese sido evidente para él si tan solo no hubiese estado demasiado ocupado controlando solo las piezas que consideraba imprescindibles para su preciada táctica.
-Parece ser que tu preciado tercer turno no llegara –exclamó ella con una hermosa y gigantesca sonrisa mientras todo su rostro se iluminaba por la dicha y el orgullo que le producía el haber vencido al Nara en su propio juego por primera vez.
-¿Cuándo fue qué tú…? bueno, ¿cómo es que….? –Preguntó de manera incompleta sucesivamente sin poder creer que ella lo hubiese vencido con tanta elegancia que él ni siquiera se sintió amenazado– Ni siquiera lo vi venir. Sorprendente…
-¿Te sorprende que te haya ganado? –inquirió ella sintiéndose levemente ofendida.
-No mujer, tu eres sorprendente –corrigió él elogiándola aun con un tono de voz que expresaba molestia.
-Más bien te confiaste porque pensaste saber cómo actuaría, ¿no te suena como un error común? –cuestionó ella desviando la conversación hacia el motivo por el cual Shikamaru se mostraba distante por momentos.
Kirimaru –comprendió al instante el ninja táctico y entonces caviló– Ella cree que él se confiará por haber visto mis habilidades y es muy probable que esté en lo cierto pero, incluso si no lo está, solo hay que lograr que se confíe. Era demasiado simple y no pude percatarme de eso sino hasta que ella me lo mostró tan claramente.
-Sí, muy común y muy fácil de generar –concordó Shikamaru recogiendo las piezas para posteriormente ponerse de pie y desperezarse al estirar los brazos en el aire mientras un bostezo se le escapaba de los labios– ahora que me relaje siento el cansancio de todo el día.
-Es una buena hora para dormir –opinó Temari tomando la taza vacía de su novio para llevarla a la cocina donde la lavaría al día siguiente puesto que ella también se encontraba somnolienta.
El Nara esperó por la Sabuko No para caminar unos cuantos pasos más a su lado, sabiendo que una vez que se adentraran en el pasillo se separarían como todas las noches. Sin decir nada la dama de ojos verdosos se unió a él y, tras andar el breve trayecto, se detuvo frente a su alcoba. Fue entonces que el shinobi colocó sus dedos bajo el femenino mentón para elevarlo un poco con el propósito de tener un mejor ángulo de sus rosados labios, mismos que besó con ternura de manera lenta.
-Buenas noches –se despidió él predispuesto a dar media vuelta para ingresar al estudio de Kankuro pero se privó de hacerlo al sentir que su manga era sostenida por la rubia, motivo por el cual se volteó nuevamente para quedar situado frente a ella una vez más.
El entrecejo de la Sabuko No estaba ligeramente fruncido, sus mejillas comenzaban a enrojecer y sus ojos evitaban a toda costa hacer contacto con los del shinobi de Konoha, quien comenzaba a preguntarse qué era lo que llevaba a su novia a ponerse así de incomoda.
-¿Puedes dormir conmigo esta noche? –preguntó casi en un murmullo la domadora de viento.
-No lo sé –respondió él de manera indecisa llamando poderosamente la atención de su interlocutora quien ahora sí lo miraba sorprendida– solo bromeo, claro que quiero dormir contigo –exclamó con una sonrisa burlona en el rostro.
-Baka –soltó ella con un bufido de por medio para posteriormente abrir la puerta de su habitación y entrar en ella seguida por su novio, quien la cerró.
Se acomodaron en la cama de la rubia al acostarse de lado, sus rostros quedaron frente a frente y así se mantuvieron durante un buen rato en el charlaron de trivialidades. Ahora que Shikamaru ya no estaba preocupado por la semana de los mil vientos, el ambiente entre ellos se distendió por completo. Cuando el sueño cobró poder, el Nara abrazó a la Sabuko No para asegurarse de que no vaya a ninguna parte, como atesorándola, y poco a poco sus voces fueron cesando para dar paso al silencio y necesario descanso.
Esa fue la primera vez, desde que Temari había comenzado a menstruar hacía ya más de diez años, que pudo dormir apaciblemente y sin ser molestada por los dolores propios del período durante toda la noche.
Reviews
fruit993: Pobre shikamaru, se quedó solo para pelear la batalla, afortunadamente es un genio así que todo le salió más que bien xD La cosa entre Yakumo y Gaara esta dificil pero como viste en el cap de hoy, Gaara logró darle un giro a la situación solo falta ver como lo aprovecha. Las consecuencias de una noche de borrachera con Kankuro no tienen límite, pobre Nara no termina de salir de un lio que se mete en otro. ¡Gracias a vos por seguir leyendo! Besitos.
haruna: Hola! ambas historias serán desarrolladas pero como te habras percatado es un fic lento y detallado por lo que, al no hacer saltos temporales, toma tiempo desarrollar todas las historias. Ya falta poco para que comience la mision, depsues de eso se llevara a cabo la reunión de kages y recien despues de eso la semana de los mil vientos. Gracias por leer y comentar! Besitos.
Tem: Hola! Me alegra que te haya gustado, acordate que Shikamaru ya no manifestar celos o Temari lo asesina (acordate cuando asesino la almohada .-.) en ultima instancia no tiene que importar quien este enamorado de Temari sino lo que ella siente. Aunque claro que no por eso no va a cruzar una o dos palabras con Kirimaru xD Besitos!
wicked charming: Ah bueno no te preocupes entonces, pense que habias tenido un problema con tu cuenta porque he sabido de casos así. ¿Verdad que son geniales? se me cayó la baba cuando los vi.
Me gustó más la segunda frase que la primera, porque es como que se venga de ella por inmiscuirse en su corazón. Oh si las peleas y secuencia amor-odio-amor-odio se repetirá indefinidamente xD a Shikamaru no le gustó ni un poco la cocina pero sabía que si quería a Temari solo para él debería hacerlo. Todo es cierto, cuando Kirimaru vuelva a aparecer a Shikamaru no le va a agradar nada aunque ya esta prevenido, y también será su oponente final en la semana de los mil vientos. Pero antes de todo eso tenemos la mision en el pais de las aves y aunque lo que pasa alli no es muy interesante, el viaje de ida y vuelta si lo es xD Besitos!
Mari: Hola! No te mueras! xD Bueno Shikamaru es un genio, sabe como mover los hilos para que las cosas salgan a su favor. Pasa que Yakumo tenía que ser sí o sí el nteres amoroso de Gaara en este fic, ya verás porqué... Que quede en claro que no le gusta cocinar pero si preparandole el almuerzo a los desgraciados se gana unas horas a sola con Temari y paso suma punto con los cuñados pues bienvenido sea xD En este capitulo te maté al bebé :c pero si estas super hormonales los desgraciados. Me alegra que te haya gustado, no te preocupes vos comentá cuando quieras y puedas. Besitos!
anamicenas: Hola querida! Lamentablemente el cap de la semana pasada se retrasó. Ahora literalmente no hay secretos entre ellos, ni siquiera uno pequeño, no hay nada más oculto. Si medio que ya desde el cap cuatro supe que iba a retomar esa sensación de sentirse unico en frente del otro aca -20 caps despues- esperando que ustedes recordaran su primer beso. Si a Shikamaru le encanta hacerla enojar a propósito y ella un poco que se deja y otro poco que lo manda al demonio, pero siempre con amor xD Convengamos que, aunque no le guste cocinar, era demasiado beneficioso hacerle el almuerzo a todos ya que no solo ganaba puntos con los cuñados sino que se los sacaba de encima para poder estar con Temari a solas durante unas cuantas horas. Yukata siempre esta ahí, es como la mugre la desgraciada, esta en todos lados. Es como una aliada misteriosa del shikatema, ella esta ahí sin que nadie lo sepa y no hace nada que no deba ser hecho. Kirimaru no puede dejar de molestar, ya veremos como le va cuando deba enfrentarse a Shikamaru. Siii mira que irse sin pagar los desgraciados xD Me encantan tus cartas, son la paga de cualquier escritor afortunado. Besitos y sigamos fangirleando mientras se pueda! :D esas miraditas y sonrisa por parte de Shika me matan 3
Clari: Me alegra que te guste! espero que siga siendo así, saluditos.
loveotaku17: Hola! No te preocupes, me alegra que hayas podido leer y espero que tus problemas con la compu se solucionen pronto porque me parece que es más comodo leer desde ahi que desde la pantalla del celu. Lo de Shika celoso te lo quedo debiendo por lo ocurrido en Konoha cuando ella le deja en claro que no es del tipo de mujer que se siente halagada cuando la celan pero tengo trama más interesante en proceso, lo prometo! Gracias por comentar, me hace feliz saber que seguis leyendo. Besitos!
