(AVISO: LA NOTA DE HOY ES IMPORTANTE, SOBRE TODO LA ÚLTIMA PARTE)

Disclaimer: Ni Star Wars ni las canciones o nombres de grupos musicales/películas/series mencionados me pertenecen. No obtengo ganancia de ningún tipo, ni la persigo. Estamos aquí por amor a la creación literaria y por pasarlo bien con nuestros personajes favoritos.

¡Hola! Lo primero, dar las gracias por las lecturas, faveos y vuestros amables reviews. Todos significan mucho para mí. Es la primera vez que escribo fics y es una alegría saber que va gustando.

Una notita: me preguntaron en comentarios anteriores qué escala de notas usaban en este fic. Como podéis ver, esto está fuertemente inspirado en el mundo de los institutos norteamericanos. De hecho, lo del Baile de Invierno no es inventado, sino un evento que sucede en varios instis reales, cuyas experiencias me han relatado varios amigos canadienses y norteamericanos que tengo. Cuando escribí, no caí en la cuenta y usé la escala de notas española, que califica desde el 1 al 10, siendo el 5 un aprobado. Supongo que debería haber usado el sistema A, B, C… que es más típico de allí, pero tuve un lapsus. Lamento el despiste, pero al menos ya sabemos que tanto Rey como Finn aprobaron Física en navidades, jajajaja…

Dellestar: bienvenida al fic y no te preocupes: ¡tus comentarios no me aburren en absoluto! Es más, es una alegría comprobar que existen compañeras internautas que se preocupan de esos detalles, porque hay algunos fics por ahí que dan dolor de ojos, la verdad. Me halaga saber que alguien que no suele hacer reviews le ha dedicado unos minutitos a comentar esta historia. Otra cosa: don´t worry, que esta locura de fic no se quedará estancada. Habrá un final, que ya tengo más o menos decidido, y vendrá en unos meses. He visto que tienes un par de fics por aquí. No estoy familiarizada con el fandom Walking Dead (no he visto la serie) pero con HP sí, y le echaré un vistacito en cuanto pueda.

Otra cosa que menciono aquí porque si no lo digo, reviento: hay una escena sobre un paseo en moto, que es probablemente una de las MÁS IMPORTANTES del fic. Lleva escrita casi desde los primeros días de esta historia y está íntegramente inspirada en una canción del grupo FM-84 "Running in the night". Pertenece al estilo "synthwave" o "retrowave", que surgió hace unos pocos años y que recupera sonidos sacados como de los años 80. Me mola mucho el rollo retro y el ambiente de la canción, la letra… todo, me evocaba a este momento. Luego vi el videoclip y, al ver las coincidencias de lo que ocurre en el vídeo, me quedé muerta…

Hale, paso de aburriros más. ¡Al lío!


22

Cercanía

La vídeoconferencia con Darek Maul había sido largamente esperada por Robert y Kylo, a los que Ionescu había osado mantener durante todo el pasado mes de diciembre en ascuas, sin informaciones sobre cuándo se produciría el contacto. Y por fin, llegó un correo electrónico del propio Maul, citándolos a una hora y fecha específica, para tener una conversación vía Skype a principios de enero.

Todo fue preparado con el mayor esmero: la sala donde iban a sostener la conversación, los asientos, la pared y elementos que iban a tener de fondo…. Robert y Kylo se vistieron con sus mejores galas, con un traje de tres piezas en color ocre-cromo en el caso de Robert y un traje de chaqueta negro con camisa en cuello mao gris marengo en el de Kylo.

Cuando el rostro de Maul, también vestido de chaqueta negra, apareció en pantalla, ambos hombres no pudieron evitar un leve jadeo de asombro. No habían podido hallar ni una sola imagen suya por Internet ni ninguna otra red de búsqueda, y encontrarse con el llamativo vitíligo del intermediario supuso una sorpresa para ambos. Pero aún más para Kylo…

Maul, que se expresaba muy fluidamente en el idioma de ellos, se excusó por la tardanza, alegando que su jefe había estado muy ocupado, pero que el asunto del trato con Snoke no había abandonado sus intereses. Parecía ser que todo progresaría y que las patentes y filtraciones que Snoke les había procurado habían sido recibidas en los laboratorios rumanos con gran alegría. Aquella muestra de buena voluntad no sería despreciada y muy pronto habría un contrato de inversión en firme y en papel, presto a ser firmado por ambas partes. Eso sí, Robert no podría decir ni una sola palabra de aquello al resto de accionistas, hasta que el contrato de colaboración no se hubiese hecho efectivo y alguna de las patentes filtradas no hubiese sido comercializada por los europeos. Sería una manera de demostrar que los rumanos tenían parte del control.

Cuando todos los puntos importantes fueron cubiertos en la negociación y la conversación parecía estar a punto de decaer, Snoke preguntó con toda la sutileza de la que fue capaz:

- Por favor, transmita mis saludos y respetos a su jefe, el señor Ionescu. Presumo que disfruta de buena salud y que habrá descansado durante estas pasadas fiestas.

Maul, que al parecer era otro buen contendiente en las batallas de inexpresividad corporal, respondió con sequedad:

- Así lo haré. El señor Ionescu se encuentra perfectamente, gracias.

- Es duro de roer – pensó Kylo, mientras veía cómo Robert se revolvía ligeramente en su asiento. Aquella interrogación velada sobre el paradero de Ionescu había sido eludida. Snoke no era su padre biológico, pero reaccionaba igual que él ante situaciones que no controlaba del todo, como en ese momento. Además, aquella sensación de algo ominoso no dejaba de acuciarle desde que había comenzado aquella conversación. Y Maul no cambiaba su expresión, se mantenía ecuánime. Demonios, cuánto deseaba que hubiera venido a la ciudad para tenerlo de cara y poder averiguar más cosas…

Estaban más que convencidos ya de que Ionescu no daba la cara a propósito. Si iban a estar con intermediarios y Skypes a partir de ahora, las cosas pintaban mal para los intereses de la Red Star. Y sobre todo, para los de Snoke.

Kylo se moría por preguntarle algo a Maul, pero había varias cosas que se lo impedían: primero, él estaba allí para ver, callar y observar. Suficiente tenían con que Maul no hubiese puesto impedimentos a la presencia del alto joven en la conversación… Él no podía hacerse notar de ninguna manera allí. Y en segundo lugar, si Kylo hacía aquella pregunta, Robert sospecharía automáticamente que algo iba mal y a Kylo no le hacía ninguna gracia tener que soportar las agudezas y preguntas inquisitorias de su tutor legal en cuanto acabase aquella reunión.

Así que la conversación se cortó inmediatamente después, quedando la próxima comunicación fijada para mediados de febrero, una vez que Ionescu se hubiese reunido con sus consultores y abogados.

Robert y Kylo se miraron en silencio mientras apagaban el ordenador y desmontaban el tinglado de cámaras y cables que habían armado para la entrevista.

- Y bien – comenzó Robert, apagando su portátil y guardándolo en la maleta - ¿Impresiones sobre Maul?

- No me extraña que Ionescu lo tenga como segundo de a bordo – respondió Kylo, enrollando los cables de la cámara de vídeo que habían usado para la conversación – Ese tipo respira frialdad por todos lados. Es experto en cosas como éstas.

- Eso mismo pienso yo – el estuche del ordenador se cerró con un clic – Dime, ¿has detectado alguna cosa más?

Kylo, que en ese momento estaba de espaldas a él, mientras desconectaba los adaptadores de vídeo y audio con la toma de luz, miró a un punto en el infinito mientras contenía la respiración sin darse cuenta.

Tras él, aunque no le veía, Snoke respiraba profundamente, juraría que lo estaba oyendo en ese instante. Un escalofrío le recorrió la espalda, mientras sentía los ojos del anciano clavados en su nuca. Y sin saber por qué, su mente conjuró la imagen de una serpiente al acecho, expectante ante el movimiento de su presa.

Él no era una presa. No estaba dispuesto a consentirlo.

- Poco más, salvo los agujeros de piercings que intenta disimular – se giró hacia Robert y vio que el anciano parecía interesado – En la nariz y la barbilla. Y creo que también en las orejas – avanzó hacia el maletín de material audiovisual donde guardaban la cámara y lo cerró con gesto resuelto – O mucho me equivoco, o ese tipo ha tenido alguna fase rockera. Y no le pega en absoluto.

Robert se pasó la mano por la deformada barbilla, arqueando unas cejas que, en él, eran inexistentes.

- Curioso. Podríamos tirar de ese hilo.

- ¿Cómo? ¿Cómo se investiga eso? Y menos aún de un tipo europeo.

- Ya pensaremos en algo – Robert se levantó y extendió su mano hasta ponérsela en el hombro a Kylo – Puedes irte, muchacho. Ya me quedo yo recogiendo todo esto. Armitage vendrá en breve, ¿verdad?

Kylo miró su reloj. Efectivamente, en unos veinte minutos llegaría Armie.

- Sí, vamos a ir a comprar unos libros. Le he dicho que se quede a cenar. No hay problema, ¿verdad?

- En absoluto. Sabes que me gusta que andes con el chico de Brendol. Aunque a veces me decepcione, es bueno tener amigos cerca.

Kylo puso los ojos en blanco. Robert, en aquel particular, se portaba como muchos padres. Le encantaba que Kylo se relacionase con Hux, aunque ambos sabían que, aparte de los contactos que le podía proporcionar moverse con alguien de la alta sociedad empresarial como los Hux, el pelirrojo a veces era un pelín inepto. En fin, no estaba mal tener perros rabiosos sujetos con correa. En ciertas ocasiones Armie había probado ser un buen segundo de a bordo y había hecho grandes cosas para mayor honor de la Primera Orden y desgracia de los perdedores republicanos… Sí que era útil en ocasiones.

Lo dicho. Un perro rabioso al que tenían bien sujeto por la correa.

Kylo se despidió de Robert y salió del despacho, camino a su cuarto para asearse un poco y cambiarse a un atuendo algo más cómodo, tal vez pantalones de chándal y una sudadera. En cuanto se vio en su cuarto, su reducto de paz, y hubo subido el volumen al máximo, se sintió algo más tranquilo. Pero el fantasma de lo ominoso se había instalado en su pecho y no se iba a salir.

¿La razón?

Había algo que Robert ignoraba: durante toda la conversación con Maul, Kylo había mantenido activada su habilidad de "sigilo". Porque, independientemente de todas las observaciones personales que hubiera extraído de aquella charla con Maul (varias de las cuales pensaba ocultarle a Robert), había un terrible pensamiento que comenzó a acuciarle como una picadura constante en cuanto vio aparecer a aquel tipo en pantalla.

- Yo conozco a ese hombre – había pensado desde el momento en que lo había visto - No sé de dónde, pero una cara como la suya no se olvida.

Frenético por aquel nuevo enigma, y andando a zancadas por su cuarto, su mente no dejaba de repetirse la misma pregunta:

- ¿Dónde le he visto antes?


- ¿Te pasa algo, tío?

Kylo, que iba mirando distraídamente a los coches de su derecha con el ceño fruncido, se giró levemente a Armitage, que le miraba fijamente, con las manos en los bolsillos. Iban caminando a paso lento hacia la librería "Book Troopers" y lógicamente (según pensó Kylo) Armie debía de estar extrañado de ver que hoy estaba más taciturno que de costumbre.

Tampoco es que Kylo fuera una máquina de hablar, pero hoy, sinceramente, se estaba superando en silencios.

- No. Sólo quiero llegar ya a la tienda y quitarme este engorro de encima.

- Pero si te encanta ir a ver libros… - comentó el pelirrojo, frunciendo el entrecejo – De hecho, es de las pocas cosas que te gustan de verdad.

Kylo hizo una parada, mirando a Armie de hito en hito. Estaba bien tener a Armie sujeto con correa, tenerle bien cerca, porque al fin y al cabo, era una fuerza a tener en cuenta, y Armie sabía hacer daño. Servía bien a la Primera Orden.

La putada era que perros así acababan conociendo demasiado bien a sus amos.

- ¿Qué? – el pelirrojo se giró a él.

- Hoy no quiero pasar más tiempo del necesario allí.

- No, si ya se ve que estamos de morros esta tarde…

- Déjame en paz, ¿quieres?

- Joder, si lo sé no quedo hoy contigo. Me voy a cenar a mi casa y que te den.

- ¿Y a quién le vas a pedir opinión sobre los libros que buscas? ¿A Anya?

Armie bufó contrariado.

- Argh, olvídalo. Vamos, anda – y echó a andar con prisas renovadas – La próxima vez que veas que se te van a cruzar los cables, avísame antes, para no tener que aguantarte.

- Bastante hago ya con aguantarte yo a ti.

- ¿Tuuuú? – preguntó Armie, haciéndose el digno – Venga ya... Te recuerdo que la última vez que nos vimos en una de éstas llegaron Debbie y Jansen y te…

La perorata de Hux quedó difuminada por el pitido del semáforo junto al que esperaban en ese momento. Y, definitivamente, pasó a un segundo plano por algo más.

Había una furgoneta negra sin matrícula a la izquierda de ambos muchachos. Kylo la había visto ya unas calles antes, pero no se había dado cuenta hasta ahora de que era la misma. Su cerebro había registrado la imagen de la furgo, pero ahora la rescataba, haciéndole ver el detalle de la matrícula inexistente.

Era como el otro día, cuando salió a correr.

Su energía, aguzada por un estallido de rabia, se enfocó hacia la furgoneta. De nuevo, se encontró con varios ruidos: la radio local, en la que sonaba un horroroso tema country. Una música techno que salía de unos cascos. Y, en la mente del único ocupante del vehículo, la sucesión de países de Sudamérica con sus correspondientes capitales.

- Hijo de puta.

Intentó no mirar a la furgoneta, aunque lo que quería en ese instante era correr hacia allá, destrozar la ventana a patadas y moler a palos al desalmado que lo estaba siguiendo.

Y entonces, cayó en la cuenta de otra cosa muy obvia.

El silencio a su lado.

¿Armie?

Se giró como un rayo y vio que el pelirrojo lo miraba con una expresión inescrutable, completamente en silencio desde hacía un ratito.

- ¿No me preguntas qué me pasa?

Sondeó su mente, pero misteriosamente, una vez más, Armie estaba cantando para sí. Le había tocado el turno a "Whiskey in the jar"(*), una conocida canción popular irlandesa que le había oído canturrear de vez en cuando.

Otra maldita canción popular.

Y no, no podía estrangular a Armie en ese instante, por mucho que se lo pidiera el cuerpo.

- ¿Nos vamos? – preguntó únicamente Armie. El semáforo seguía en verde, y Kylo siguió a Hux casi como un autómata, mientras pensaba hecho una furia:

- ¿Qué mierda le pasa a todo el mundo con las canciones en su cabeza?


Por muy poco importante que aquel tema fuese para ella, Rey no pudo evitar verse inmersa en la atmósfera de festiva expectación que inundaba el instituto. Parecía mentira que las navidades hubiesen acabado hacía sólo unos días: la excitación en el ambiente era igual o superior a la del día 20 de diciembre, fecha en la que habían acabado las clases.

Se acercaba el Baile de Invierno, también llamado Baile de Intermedio (por tener lugar justo a mitad de los nueve meses de curso escolar) y no se hablaba de otra cosa. Los de la comisión de fiestas iban de un lado a otro con enormes cajas de tiras de aluminio plateado y dorado. Poe y Kaydel estaban ocupadísimos con su labor de miembros del Consejo Estudiantil, revisando las últimas recaudaciones y recogiendo facturas de todo lo que se compraba. Los del club de música estaban ensayando su actuación, ya que algunos de sus miembros tocaban en grupos de música y habían acordado aunarse para un breve concierto con mezclas de canciones populares y bailables para abrir la fiesta. El profesorado de Educación Física se quejaba de que los almacenes de material deportivo estaban ahora llenos de sillas plegables, cajas de platos y vasos de cartón y no había quien encontrase ni un balón o aro. Y por supuesto, la población femenina hablaba constantemente de vestidos, maquillaje y zapatos…

- Rey, me encanta tu vestido – comentó Kaydel, admirando la foto que le mostró la chica en su móvil - ¿Qué zapatos llevarás?

- Mis botines de color tostado – respondió la chica.

- Guay. Harán buen contraste – observó Paige, mientras su hermana asentía entusiasmada.

Tras aquello, Rey suspiró.

- La verdad es que solamente voy porque vais todos vosotros… Y porque me habéis asegurado que no hace falta llevar pareja.

Las chicas la miraron algo divertidas.

- Vamos, Rey, no es tan grave – argumentó Poe - No te habría costado encontrar pareja. Sé de buena tinta que varios de tus compis de clase de Mecánica te lo habrían pedido sin dudar. Por ejemplo, Lester…

- ¡No me lo recuerdes, por favor! – y Rey se pasó la mano por la frente, mientras a su cabeza volvía el recuerdo de sus compañeros de taller, que la miraban desde el otro lado del aula mientras se jaleaban unos a otros para reunir el valor de pedírselo…

Era cierto que las cosas habían cambiado entre ellos. Con el paso de las semanas, Rey era ya una más de la clase y ya no había extrañeza o superioridad. La chica había probado ser extraordinariamente válida y ahora incluso le preguntaban dudas, mientras comprobaban alucinados el modo en que ella intervenía en las conversaciones sobre motos y foros sobre coches.

Además, se había cundido por el insti que Rey había formado parte del trío de oro que había enfrentado a la Academia la tarde del parque y que había logrado, (bajo unas condiciones que no habían quedado muy claras al resto de la comunidad estudiantil) hacer un trato con el jefe Ren para que les dejara en paz. Se había convertido en alguien popular, aparte de que Poe se había ido encargando de favorecer su buen nombre, con lo cual, ahora, estudiantes que ni conocía la paraban por los pasillos para repetirle lo guay que era…

… Convirtiéndose, por tanto, en un nuevo objetivo bastante deseable para el baile, como en el caso de aquel Lester.

- Jajaja, si es que no les has dejado… - comentó Paige – Lester me dijo que lo dejaste con la palabra en la boca mientras salías corriendo a nosedonde…

- Llegaba tarde a clase de Mates – se defendió Rey.

- No te preocupes: ¡todos bailaremos contigo! – y Finn rodeó con su brazo a Rey.

La chica miró fugazmente a Rose, temerosa de su posible reacción, motivada por su escasa autoestima, pero Rose le sonrió con afabilidad tranquila. Desde las vacaciones de Navidad, Rey había empezado a poner más atención a la mente de la joven informática, en un intento de ayudarla en lo que pudiera con el asunto de Finn. Rose estaba cada vez más pillada por el muchacho y él nada, que no las veía venir…

De todos modos, recordaba lo ocurrido en casa Newby en Nochebuena: aquel comentario de sus padres donde aclaraban que era Rose la que le interesaba. Había escaneado de nuevo los pensamientos de Finn y ciertamente, había allí algo especial que lo ataba a Rose. Pero Rey quería comprobar que Finn tenía claro que aquel vínculo con Rose no se debía solamente a que estuvieron juntos en lo del Die Natch y sus amargas consecuencias. Finn había sido un gran apoyo para Rose en aquellas semanas, pero no le gustaría saber que Finn estaba con Rose únicamente por lástima o compasión, por un sentimiento de "ayudar al prójimo". Rose odiaba ser compadecida, y mucho menos sabiendo que no hacía más que compararse con su popular hermana.

La pequeña de las Tico era considerada como una excelente compañera, pero siempre veía en sí misma el débil reflejo de lo que era Paige. Más alta, más guapa, mejor deportista, más extrovertida… Ella era "la hermana friki", "la loca de los ordenadores"… Afortunadamente, Paige se encargaba de tirar de ella en fiestas y salidas de fin de semana, ayudándola a conocer gente, a arreglarse un poquito más… Pero en el corazón de la hermana pequeña anidaba un miedo terrible: el de tener que asistir a su baile de instituto sin una pareja.

Era curioso, pensaba Rey. A ella, aquel tema le importaba tres narices, siempre y cuando pudiera disfrutar de un buen rato de baile y risas con sus amigos. Pero para Rose sí que era importante. Y más habiendo un chico en sus horizontes… Además, el cumpleaños de la muchacha era el 19 de enero(*), el mismo día del concierto de los Mandalorians, al que toda la panda iba a asistir, en la sala Mos Eisley. Y la chica no podía evitar fantasear con que aquella noche, como broche a su cumpleaños, ocurriese algo "especial" entre ella y Finn.

- Hey, ¿y si te regala algo? – le había preguntado Paige precisamente aquella mañana (según había escaneado Rey en sus recuerdos)

- No creo, no tengo pensado organizar nada por mi cumple – había replicado Rose.

- ¡Estás tonta! Tu cumpleaños cae en sábado, hay concierto después y tú decides no hacer nada… ¿A qué viene eso?

Rose había mirado a su hermana de hito en hito, como si se hubiera dado cuenta por primera vez de las circunstancias de su cumpleaños.

- Bueno, ahora que lo pienso… A lo mejor podría invitaros a una pizza o algo…

- ¡Claro que sí! – exclamó Paige, alzando los brazos, exasperada - ¡No desaproveches esa oportunidad!

- Eh, pero que conste que no hago lo de invitar por pillar regalos…

- Ya lo sé, hermanita – Paige rodeó del brazo a Rose – ¡Pero serás el centro de atención por un rato!

Rose hizo un gesto de apuro tremendo. Ser centro de algo no le molaba nada, pero seguiría adelante con su idea. Así que el plan quedó fijado del siguiente modo: todos irían a cenar al Kanji Klub, invitados por Rose, y desde allí se desplazarían a la sala Mos Eisley, que no quedaba muy lejos.

Mientras pensaba en todo aquello tras el recreo, bastante exasperada, Rey miraba a Finn, que bromeaba como siempre. Por favor, como si a Rose no se le notara suficiente cada vez que hablaba con él… Los chicos podían llegar a ser tan irritantemente estúpidos... ¡Y ni siquiera lo hacían a propósito!

Estaba tan enfadada que casi despide a Finn con cajas destempladas cuando le preguntó si le gustaba el ponche de las fiestas, una tarde en la que habían quedado para ir a comprar material de escritorio…

- Y yo qué sé, nunca lo he probado – replicó, mirando a otro lado. Al instante, se dio cuenta de su error y se giró hacia Finn – Perdona, estoy algo enfadada por cosas del taller.

- Ya veo – Finn parecía genuinamente sorprendido por su contestación – Mucho curro, ¿no?

- Algo así.

- Escucha, ¿por qué no le pides a Carl que te libere de algo de trabajo estos fines de semana? Con el concierto y la fiesta, te vendría bien algo de tiempo para ti misma y disfrutar por tu cuenta.

- No puedo, Finn. Necesito el dinero, y me he gastado una parte de lo ganado estas navidades en el vestido y complementos para el baile, porque Rose y Paige se empeñaron en llevarme de tiendas ayer… Y en navidades rompí unos pantalones y una sudadera. Necesito repuestos.

(Rey, obviamente, no mencionó nada de que se había destrozado la ropa intentando escalar una cueva de piedra medio en trance durante una tormenta de invierno)

- Entiendo. Vale, no pasa nada… - replicó Finn, con voz suave. Y Rey, que estaba en una onda diferente, muy enfocada en el tema de la pequeña Tico, contraatacó con un nuevo comentario.

- ¿Sabes? Hemos comprado bastantes cosas. Las hermanas Tico se han hinchado: al parecer, se han fundido casi todo el dinero que habían ganado haciendo de niñeras en su barrio.

- Ahá…

- Rose se ha comprado un vestido chulísimo para la fiesta. Es una auténtica pasada – comentó Rey, intentando imitar el tono que usaban a veces Paige, Kaydel u otras chicas que conocía cuando se ponían a hablar de trapitos. Argh, ¡qué mal se le daba! Eso se llamaba falta de costumbre.

Pero Finn picó. Vio cómo en su mente se formaba una imagen de Rose con un vestido que, para alegría de Rey, coincidía de modo asombroso con el aspecto real del que se había comprado Rose… Era muy curioso que el chico se hubiese formado una idea tan similar a la real… Eso significaba que conocía muy bien a Rose, como para adivinar su estilo. Y además, comprobó encantada cómo una cierta nebulosa de deleite flotaba en la mente de Finn al imaginarse a Rose con el traje de la fiesta…

Así que pasó a la fase dos.

- ¿Sabes quién es Lester, de la clase 11 – C?

- Sí, el chalado que va contigo a Mecánica.

- Pues le oí diciéndole a Meyer, el del club de parkour, que estaba pensando en pedirle a Rose que fuera su pareja…

Finn dejó de caminar, deteniéndose en la típica parada dramática de "qué-me-estás-contando".

- Venga ya. Pero si me dijo a mí el martes que te lo iba a pedir a ti.

- ¡Y eso hizo! Pero le di calabazas.

- Qué mala eres.

- ¿Tú me ves yendo del brazo de ese flipado?

- Pues… no.

- Ahí lo tienes – y Rey cabeceó expresivamente, cargando tintas para añadir nuevos detalles inventados a su historia – Fue entonces cuando, después de pedírselo a unas cuantas más, decidió que, como ninguna estaba libre, no tendría más remedio que ir a por Rose. Porque no quería ir solo. Eso es lo que le oí contarle a Meyers.

Los pensamientos de Finn resonaron claramente en su mente, casi como si los gritara.

- Cabrón. ¿Rose va a ser su plan C? ¿O plan E? ¡Pedazo de cretino!

El muchacho resopló, visiblemente indignado.

- Rose no se merece eso… ¿Ella lo sabe?

- Pues no creo – Rey negó con gesto inocente – Iba a avisarle para que ella estuviese preparada…

- No hará falta – y Finn se alejó bruscamente de Rey, mientras farfullaba algo así como "Te veo en Historia" y se alejaba con la vista fija en el infinito. Rey le dejó hacer, mientras, a espaldas del joven, sonreía pensando:

- Eso es lo que me gusta de ti. Puede que seas un poco lentito, poco observador o espeso. Pero cuando ves este tipo de cosas, tienes reacciones rápidas y sorprendentes.

Y su alegría se acrecentó cuando, al fondo del pasillo, lo vio acercarse a Rose (que acababa de girar la esquina) y de repente empezaba a tartamudear mientras le pedía que lo acompañase al baile.

Rey se alejó casi trotando a clase de Física, pensando que la sarta de embustes que se había inventado sobre la marcha quedaba plenamente justificada por haber servido para una buena causa.

- ¡Y Rey de Jakku, la aprendiz de mecánica, lo vuelve a conseguir! ¡Creo que podría dedicarme a esto!


Las campanillas de la puerta del local sonaron alegremente, dando paso a Rey, que venía cargada con un par de bolsas. Poe casi se atraganta con la lata de refresco que bebía en ese momento y le sonrió, mientras sujetaba mejor la amplia bolsa de plástico que llevaba, que pendía de una percha.

- ¡Hey! ¿Qué tal? ¿Qué haces tú por aquí?

- Vengo de casa de Kaydel – y Rey resplandecía, presa de una cálida emoción, mientras le mostraba sus bolsas – Le he estado enseñando lo que me he comprado para el baile.

- ¡Uuuoooooh! – Poe hizo un gesto de emoción exagerada – Tarde de chicas, ¿eh? ¿Se puede ver? – antes de que Rey se diera cuenta, Poe ya estaba metiendo la nariz en la primera bolsa que pilló – A ver, a ver… ¡Huy! ¡Pero si esto está lleno de brillos!

- Quita, tontorrón – entre risas, Rey retiró la bolsa de su cara – No te inventes cosas, que no me he comprado nada con brillos. Venga, que te lo enseño.

La muchacha sacó un poco del traje de la bolsa, mientras explicaba.

- Pensaba que me iba a costar trabajo encontrarlo, pero al final fue rápido. Y sobre todo, a buen precio y cómodo.

- Genial, seguro que vas a ir muy bi… ¡AAAAAAUUUH!

Poe fue interrumpido por un tremendo empujón que le dieron en la espalda, haciendo que perdiese el equilibrio y casi se abalanzase sobre Rey. Con tan mala fortuna, que la lata de refresco fue a derramarse justo sobre la tela del traje de la chica…

- ¡Joder! – se quejó Poe mientras recuperaba el equilibrio y cogía a Rey de los hombros - ¿Estás bien? - Se giró como un rayo y vio que tras él estaban un chico y una chica de la Academia. Al parecer, él la había empujado a ella - ¡Tened más cuidado, idiotas!

- Oye, tío, que ha sido un accidente – replicó la muchacha de muy malos modos – Relájate, guapito.

Y antes de que Poe pudiera decir esta boca es mía, ambos cuervos salieron a escape de la tienda entre risas.

- Hijos de la gran… ¡Joder! – refunfuñó Poe, irritadísimo – Oye, Rey, lo siento mucho… yo…

- Pero volvió a interrumpirse. Rey se iluminó de rabia y salió corriendo también por la puerta.

- ¡Cabrones! ¡Gilipollas! – gritó a pleno pulmón. ¡Ay, cómo corrían los condenados! Les lanzó una ráfaga de poder, haciendo que unas ramas de árboles cercanos les sacudieran en la cara. De un par de rasguños sangrientos no los libraba nadie. ¡Qué desahogo!

Poe salió a la calle junto a ella, todo disculpas, cargado con su lata y su bolsa.

- ¡Jolines, Rey! ¡No sabes cuánto lo siento! De verdad, perdóname…

La joven, frente a él, sujetaba apesadumbrada la tela del vestido, que ahora presentaba una inmensa mancha de líquido naranja en la parte del escote.

- Tierra trágame - pensó, apuradísimo.

- No, si no ha sido culpa tuya… - replicó la joven con voz queda – Pero ahora no sé si esto tendrá arreglo. Qué mala pata…

- Déjame verlo – ambos examinaron la prenda – Sí que lo tiene. Hay manchas peores. Mira, yo iba justamente ahora a la tintorería a dejar mi traje – y Poe le mostró una bolsa de ropa, que Rey identificó, precisamente, con la de un traje de chaqueta – No recordaba que me lo manché en la boda de unos primos y ahora tengo que llevarlo antes del baile.

- Eres un desastre, Poe.

- Ya, pero seguro que sacan la mancha – argumentó él algo apurado - La tintorería a la que voy es de confianza y trabajan muy bien. Vamos juntos. Si lo llevamos ahora mismo y les metemos algo de prisa, estará listo para el sábado por la tarde.


Armitage oyó cómo Kylo caminaba por el piso de arriba en dirección a su cuarto, para dejar allí las bolsas con sus compras. Anduvo por el pasillo, hasta acercarse al despacho de Robert. Asomó la cabeza y el anciano se giró en ese momento hacia él.

- Hola, Armitage. ¿Ya habéis vuelto? Habéis tardado poco.

- Sí, señor Snoke.

- Muy bien, vayamos entonces al comedor. ¿Y Kylo?

- Ha ido arriba a dejar los libros.

Ambos enrumbaron por el pasillo, de camino al amplio y elegante salón comedor, con capacidad para doce invitados. Estaba decorado con austeridad pero con materiales de primera calidad. No había una sola foto, pero el equipo de música era Bang & Olufsenn. Predominaban los tonos tierra, gris y negro y las formas angulosas, sin estampados, ni brocados extra en cortinas o tapicerías. Una inmensa pantalla de televisión curva de 4k dominaba una zona amplia junto a la pared, frente a la cual había un grupo de sofás inteligentemente dispuestos alrededor de una fantástica mesita baja en ébano.

A Hux le impresionaba bien poco todo este despliegue de lujo en la casa: él mismo estaba muy acostumbrado a la suya. En realidad, aquella noche estaba más atento a los pasos de Kylo en el piso de arriba, y la vista se le perdió en el techo de la estancia.

- ¿Ocurre algo, Armitage? – dijo Snoke a sus espaldas. El pelirrojo se giró y se topó con la inquisitiva mirada del director. A pesar de su tono de voz meloso, Hux no pudo evitar una punzada de repulsión que no podía evitar desde que tenía nueve o diez años.

Y es que no sabía quién echaba más para atrás: el retorcido director Snoke o su hijo adoptivo, Kylo el friki.

¿Y si le decía algo? Llevaba planeando aquello desde hacía ya un tiempo.

Su corazón dio un par de vueltas en su sitio cuando oyó a Kylo bajando las escaleras. Inspiró hondo y respondió con seguridad fingida:

- No, señor Snoke, es sólo que me gusta mucho su lámpara de salón.

Snoke compuso una educada sonrisa.

- Muchas gracias, muchacho.

En ese momento, Kylo hizo su aparición en el salón. Lo fulminaba con la mirada y Hux empezó a canturrear mentalmente.

Menos mal que había decidido callar.

- Sinne Fianna Fáil,

Atá faoi gheall ag Éirinn,

Buíon dár slua,

Thar toinn do ráinig chugainn…(**)

Por esta vez.


La tarde era tranquila, el taller llevaba solitario casi una hora y Rey había acabado ya todos sus encargos. Se limpió las manos mientras pensaba en que, en un ratito, iría a la tintorería a recoger su vestido. En verdad, estaba bastante ilusionada, pues toda ocasión para estar con sus amigos era buena. Y experimentaba un leve hormigueo al imaginarse con su bonito vestido.

Fue entonces cuando los acontecimientos empezaron a sucederse con rapidez fulminante.

Un grito en la calle… Una abrumadora sensación de peligro.

Dejando todo, salió a escape por la puerta y vio que, al otro lado de la calle, un muchacho de unos once o doce años yacía en el suelo. Al parecer, había chocado contra los contenedores de reciclaje que había frente al taller mientras conducía su bici. El vehículo estaba a su lado, mientras el niño gritaba de dolor. No había nadie más en la calle.

- ¿Estás bien? ¿Te duele algo? – preguntó Rey, angustiada, mientras se arrodillaba junto al niño, que gemía de dolor mientras se sujetaba la rodilla.

- No, me he hecho mucho daño en la pierna… Aquí… ¡Aaaaay!

Rey examinó su rodilla y la palpó a través de la tela de sus pantalones. El niño seguía gritando, y parecía haberse hecho daño en más sitios.

- Llamaremos a una ambulancia. ¿Estás solo? ¿Y tus padres?

- No están aquí… ¡Ay, me duele mucho!

Ella, más angustiada que antes, fue a meterse la mano en el bolsillo pero recordó que se había dejado el móvil en el taller.

Debido a su nerviosismo, no oyó que había movimiento detrás de ella, en dirección al taller…

El niño aumentó el volumen de sus gritos y Rey comenzó a exasperarse un poco, mientras le ponía las manos en los hombros.

- ¡Está bien, está bien, cálmate! ¿Tú tienes móvil? Llamaremos a urgencias desde ahí…

- No, no tengo teléfono… ¡Ay, qué dolor!

¡CRASSHHHHHH! ¡THONNNNNK! ¡BUMMMMMM!

El estruendo venía del taller.

Con el corazón queriendo salírsele de la caja torácica, Rey alzó la vista hacia el taller… Había gente allí. Varias personas, moviéndose rápido.

Objetos que caían, que chocaban entre sí, ruidos metálicos, una pequeña explosión…

Y el sentimiento ominoso de peligro volvió a sacudirla. Había leído mal las señales.

¡MIERDA!

Se giró hacia el niño, cuya mueca de dolor había mudado en una sonrisa maliciosa.

- ¡Me cago en…!

Su cuerpo actuó solo: se incorporó de un salto, notando cómo una ráfaga de poder oscuro y glacial corría por sus venas. Echó a correr, pero fue interceptada por una figura oscura, que chocó violentamente con ella, dejándola tirada en medio de la calzada y completamente aturdida.

Cuando volvió en sí y pudo incorporarse, vio lo que se había temido: un grupo de cuervos estaban en el taller, tirándolo todo, derribando las estanterías, rompiendo herramientas, reventando la caja registradora (la pequeña explosión que había oído) y riendo y gritando. Eran unos cuatro o cinco y además, en la puerta esperaba Phasma, que vigilaba todo impertérrita. De pronto, una furgoneta apareció tras la esquina, derrapando violentamente y con la música a todo trapo desde las ventanas abiertas. Phasma hizo una señal y los cinco cuervos que había metidos en el taller salieron a escape de allí, corriendo detrás de Phasma. La rubia, al pasar por su lado, le mostró el dedo medio antes de montarse en la furgoneta junto a sus compañeros. Entre risas y pitidos de claxon, rebasaron a Rey casi rozándola con sus ruedas y haciendo que la joven se tuviera que girar repentinamente a un lado, haciendo una croqueta de urgencia, para evitar ser arrollada. En un movimiento reflejo, alzó el brazo, girándose un poco hacia la furgoneta, y dirigió una ráfaga de poder hacia los bajos del vehículo. Disfrutó mucho al oír el pinchazo…

Miró rápidamente al niño: había desaparecido. Y las risas continuaban en la distancia. Hasta que se dieran cuenta de la rueda que acababan de perder.

Algo era algo.

Se levantó, dolorida, mientras intentaba serenar su barrera de poder. Medio cojeando, entró al taller y la escena que se le presentó era descorazonadora: todo estaba patas arriba, las estanterías volcadas, las herramientas sacadas de sus paneles y diseminadas por el suelo, la caja registradora reventada en un rincón y la pantalla del viejo ordenador que usaban para facturas y envíos yacía sobre un montón de ruedas pinchadas, resquebrajada y humeante.

Era el momento idóneo para abrir la boca y soltar gritos, maldiciones e improperios dirigidos a los cabrones de la Primera Orden. También era un buen momento para echarse a llorar. Pero Carl tuvo que interrumpirlo.

Bajaba corriendo las escaleras, gritando a qué venía todo ese escándalo, cuando encontró a Rey en medio de aquel maremágnum. Los epítetos que le dirigió pasaron a convertirse en el broche de oro a aquellos tres minutos infernales.

Tres minutos en los que todo se había ido al traste.


- Toc, toc.

Rey se giró y se encontró con los rizos de Poe asomando por la abertura de la puerta metálica del taller. Lucía su acostumbrada sonrisa rutilante.

- ¡Poe! ¿Qué haces aquí? – preguntó ella, levantándose y quitándose los guantes.

- Eso mismo te iba a preguntar a ti – el joven entró en el local y Rey vio que traía dos bolsas de ropa colgadas de perchas y una mochila - ¿Por qué no has ido a recoger el traje a la tintorería?

Y entonces le mostró una de las bolsas. Desabrochó la cremallera y le mostró ¡su vestido, impecablemente limpio!

- ¡Ostras! ¡Lo has recogido tú! – exclamó Rey llevándose las manos a las mejillas, adelantándose a coger el traje - ¿Y eso? ¿Por qué?

- Cuando he ido a recoger el mío, le he preguntado a la dueña si habías venido tú. Me ha contestado que no, y le ha extrañado, ya que el baile es esta noche. Por eso he decidido acercarme yo…

Rey cogió la bolsa, con una inmensa sonrisa en la cara.

- ¡Muchísimas gracias! No tenías por qué…

- De nada, y sí que tenía por qué. Encima de que fui el que te lo manchó…

- No pasa nada. ¿Cuánto se debe?

- Invita la casa.

La muchacha abrió ojos y boca como platos, negando fervientemente.

- ¡No! ¡Ni hablar! ¡Ya puedes estar diciéndome lo que te han cobrado!

Poe retrocedió, arrebatándole la bolsa.

- ¡A que me marcho!

Rey suspiró y se puso en jarras.

- Está bien, no haré nada. Gracias de nuevo.

- Bien – Poe asintió y miró alrededor - ¿Y me vas a decir ahora por qué no tienes ya alguna mascarilla puesta, o los rulos, o cualquier cosa de ésas que os hacéis las chicas antes de un evento así? El baile empieza en cuarenta minutos.

La joven se rascó la cabeza, señalando el lugar.

- Bueno, mira cómo está todo esto. Bueno, estaba… Llevo dos horas partiéndome el lomo para recogerlo todo.

Poe paseó la mirada por el lugar.

- No veo nada malo.

- Ya, eso es porque me he encargado de recoger casi todo… He tenido visita de los cuervos.

Los ojos de Poe se abrieron desmesuradamente. Casi se le caen las perchas del susto.

- ¿Qué dices?

Rey le contó lo sucedido y Poe la miró con rabia creciente, soltando las perchas encima del capó de un coche que había a su lado.

- ¡Me cago en la leche! ¡Malditos cerdos! ¿Es que no pueden dejar nada en paz? Qué cobardes, viniendo en manada… - le puso las manos en los hombros y le preguntó muy serio - ¿Y tú? ¿Estás bien?

- Tranqui, no ha sido nada. Ya no me duele la caída. Probablemente mañana tendré un moratón en la pierna, pero poca cosa.

- Menos mal – Poe suspiró - ¿Por qué no has llamado a alguno de nosotros?

- Es que ha durado unos minutos. Ha sido todo muy rápido…

- No, si lo decía para que hubiéramos venido a ayudarte a recoger al menos… Menudo trabajazo te habrás pegado…

- Ya, eso sí. Pero yo sé cómo va todo en el taller y he ido rápido. Lo más cansado no ha sido colocar lo derribado, sino ordenar herramientas, o clasificar de nuevo piezas y tornillos.

- Debes de estar agotada.

- Algo dolorida, por la prisa…

- ¿Te ha pillado sola? ¿Y Carl?

- Hoy era su día libre, pero ha llegado justo cuando se han marchado los cuervos. Me ha liado un pifostio de película, te podrás imaginar.

- ¡Qué injusto! Le habrás dicho que tú no has hecho nada, ¿no?

- Sí, pero él como si nada. Se ha puesto a gritarme que éste es su taller, que no puedo convertirlo en el patio de batalla de mi instituto y que la próxima vez que haya un desaguisado así deja de pagarme. Y por supuesto, mañana va a hacer balance de gastos y voy a tener que pagarlo yo todo. Se comerá casi todos mis ahorros.

- ¡Joder! Menudo capullo.

Pero Rey negó lentamente con la cabeza.

- Poe, esta vez tiene razón. Éste es su taller y se ha convertido en escenario de algo ajeno. Él no tiene nada que ver con eso. Podría haberse provocado algún accidente serio con la maquinaria, algún corte… Y habríamos tenido muchos problemas, él el primero.

Poe la miraba en el colmo de la indignación.

- No, esta vez la he cagado – replicó Rey - No puedo volver a dejar que esto pase. Por eso Carl me ha hecho prometer que tendría todo recogido antes de esta noche o si no, me retira la paga.

Su amigo resoplaba como una locomotora a vapor.

- ¡Menuda mierda! Y tú aquí, partiéndote la espalda y recogiendo todo tú sola… Si nos hubieras llamado, podríamos haber venido a ayudarte, al menos.

- Déjalo, ha sido mejor así. Es un error que he cometido, ellos se han aprovechado y así ha pasado. Pero no te preocupes, que les he dado su merecido… Me ha dado tiempo a reventarle las ruedas del coche…

- ¿Qué? ¿Cómo?

- Una piedra bien tirada.

- Madre mía – Poe se llevó las manos a la cabeza y suspiró, mirando al vacío. Automáticamente, se acercó de nuevo a Rey con los brazos abiertos – Anda, ven aquí, campeona – y la estrechó en sus brazos – No vuelvas a hacer esto, ¿vale? Eso de no avisar a nadie y quedarte callada… ¡Y encima ibas a perderte el baile!

- Ya… - musitó Rey contra su hombro – Por eso no he podido ir a recoger el traje. Carl se fue justo después de echarme la bronca. Sabe que el baile es a las ocho y me ha jurado que se iba a pasar por aquí a esa hora para comprobar que todo volvía a estar en orden. Si no me ve en casa y el taller siguiera desordenado, me ha prometido presentarse en el gimnasio y armar un buen pitoste.

- No habría podido entrar. Necesita la tarjeta de alumno – Poe se cruzó de brazos con una sonrisa ladina.

- Dudo que eso lo disuadiera… Y de todos modos, a mí me da igual que me grite. Lo que no me apetece es que me intente dejar en evidencia presentándose en el baile gritando "¿dónde está la sinvergüenza de Rey?" – la chica imitó su voz ronca y desabrida, lo que arrancó las risas de Poe.

- Vale, parece ser que lo has evitado, ¿no? – el joven capitán miró de nuevo a todos lados – Todo parece ordenado otra vez…

- Sí, casi… Me falta levantar esa estantería…

- ¿Dónde hay que empujar? – preguntó Poe, ya remangándose.

Rey sonrió (conservando para sí el pensamiento de que tardaría mucho menos si la alzase con sus poderes) y le indicó el sitio. En un santiamén, la estantería estuvo recolocada y con todo su material perfectamente situado. Poe miró el reloj y se le abrieron los ojos como platos.

- ¡Ostras, son las siete y veinticinco! Ya sí que hay que arreglarse… ¿Tú tardas mucho?

- Pues, no sé… - a Rey le entró de repente un acelere tremendo. No había contado con que al final sí que pudiera ir a la fiesta y aquello se salía de su guión, así que habló a trompicones – Creo que tardo veinte minutos, ¿tú cuánto tardas?, yo tardo veinte, creo que sí, aunque si me seco el pelo… jo…

- Calma, chica - y Poe volvió a ponerle las manos sobre los hombros – Yo solamente necesitaré el baño unos cinco minutos. Tú dúchate antes y arréglate cuanto necesites. Cuando tú salgas, yo me meto y me refresco un poquito, ¿vale?

Rey se dio cuenta de algo entonces, y lo miró con ojos desorbitados.

- ¿Qué te vas a cambiar en mi casa? Pero, ¿es que te has traído….?

- Claro que sí – y Poe señaló la mochila – Mi plan inicial era traerte el vestido, averiguar qué había pasado y convencerte o ayudarte a que vineras al baile. Y de todos modos, para no perder tiempo, tenía pensado cambiarme en tu casa. Perdona por autoinvitarme, pero tenía que intentarlo. Venga, salgamos de aquí.

Mientras cerraban las puertas metálicas y daban el último cerrojazo antes de entrar en la casa Plutt, Poe iba informando a Rey.

- Sabía que había una causa de fuerza mayor para que no hubieras recogido el vestido. ¡Pero no me imaginaba un ataque de esos desgraciados! No te preocupes, que organizaremos algo para pagarles…

- Muchas gracias, Poe, de verdad. Si no fuera por ti…

- ¡Para eso estamos los colegas! Aunque confieso que nunca pensé que me iba a arreglar para un baile en casa de una chica.

Le guiñó el ojo mientras Rey sonreía ante su humor, que ya conocía bien. Poe le alargó la bolsa y Rey subió escaleras arriba como una exhalación, mientras decía, completamente aturullada:

- Si quieres, puedes poner la tele. Tengo Netflix. Vete al salón, allí está la tele. Y el mando, tienes un mando. Puedes poner Netflix. ¿Y quieres algo de beber, una coca cola? ¿Agua? Lo que quieras. Mientras, puedes ver la tele. Tengo Netflix. O fútbol. No es que tenga partidos grabados, Carl a veces graba algo de rugby, pero quiero decir que puedes poner la tele, algún canal de deportes, y ver algún torneo, de los que haya...

Poe la miraba con una sonrisa al pie de las escaleras, atendiendo a su verborrea nerviosa.

- Rey, son las ocho menos veinticinco. Sube a cambiarte YA.

- ¡Vale, voooooooooy! – y la chica subió como un cohete.


Todo transcurrió fluidamente. Poe y Rey se coordinaron perfectamente para el baño. Aunque también estaba el baño de Carl, Poe usó también el de Rey, ya que la chica no le recomendaba entra siquiera al otro "por razones de higiene", según comentó con una mueca de asco.

A las ocho en punto, Poe ya esperaba en el sofá de la sala de estar, impecablemente vestido con un traje y corbata roja y viendo un partido de tenis en la tele.

- ¿Qué hora es? Ya vamos tarde, ¿no? – se oyó desde el piso de arriba.

- No te preocupes – respondió él alzando la voz - No pasa nada si llegamos algo más tarde. Hay fiesta para rato. ¿Cómo vas?

- ¡Bien, me estoy pintando!

- ¿Pero cuánto te queda? ¡Dame una cifra!

- ¡Cuatro minutos!

- ¡OK!

Poe se revolvió en su asiento, alzando una ceja. Demonios, ¿cuatro minutos? Eso no era lo que tardaba una chica común en maquillarse. Por lo que tenía entendido, aquél era un proceso de chapa y pintura que llevaba varias fases: había que echarse mil potingues, se usaban mil herramientas distintas y sobre todo estaba aquél utensilio metálico tan misterioso para él y que solamente había visto de lejos: una cosa llamada "el Rizador De Pestañas".

Mientras, aprovechó para ir llamando un taxi e ir ganando tiempo. Justo cuando colgaba el teléfono, oyó pasos arriba, que sonaban como si un elefante estuviera bailando claqué. Apagó la tele, cogió el abrigo y se levantó del sofá, dirigiéndose al pie de las escaleras.

- Ya estoy – y Rey apareció en lo alto de las escaleras. Poe no pudo reprimir una sonrisa al verla bajar.

- Chica, has batido el récord femenino de "Arreglarse a tiempo para un baile y quedar preciosa" – comentó mientras admiraba su look.

Rey llevaba un vestidito en color beig muy claro, con una tela que oscilaba entre el nude y el color arena. Era ajustado en el torso y adquiría vuelo a partir de la cintura, dejando ver las piernas de la chica hasta medio muslo. Tenía un cuello de muselina cerrado en escote de barco y que proseguía igual hasta los hombros, donde salían unas mangas abullonadas en la misma tela del vestido. La joven llevaba unos botines en el mismo color del vestido (un préstamo de Kaydel, ya que Rey se había empeñado en no comprarse calzado únicamente para aquel modelo).

Llevaba el pelo suelto y arreglado con sencillez, con raya al lado y las puntas revueltas al estar aún medio secas. Llevaba muy poco maquillaje y según discernió Poe, solamente llevaba los ojos con eye liner, un poco de rímel, colorete muy ligero y algo de color en los labios. El resultado era tan natural, que nadie podía negar que aquélla seguía siendo Rey: sin artificios ni extravagancias, sencilla y discreta…

- Estás guapísima – aseguró el joven, mientras Rey bajaba los últimos escalones, constatando que la chica estaba colorada como una cereza.

- Gracias – y la muchacha se hizo un lío con el abrigo, que traía bajo el brazo, y con la bufanda que le había regalado por Navidad, y se le cayó el bolso… Un desastre…

Poe se agachó presto a recogerlo y se lo alcanzó.

- Supongo que no estás muy acostumbrada a estas cosas, ¿no? – preguntó él suavemente.

- No es eso, es que…

Rey trastabilló con sus propias palabras y solamente le salió otro "Gracias" murmurado. Su amigo volvió a sonreír y ambos se pusieron los abrigos.

- ¿Sabes? Creo que esta noche me he convertido en tu hado madrino – observó Poe mientras salían de la casa y veían cómo el taxi giraba la esquina en ese momento.

- Solo que no tengo toque de queda – replicó Rey entre risas.

Cuando se metían en el vehículo, vieron que Carl llegaba a la casa en ese momento y les fulminaba con la mirada. Rey sacó la cabeza por la ventanilla y exclamó con gesto triunfal:

- ¡Que sepas que lo he dejado más limpio de lo que estaba!

- Maldita… - y Carl apenas pudo levantar el puño. Se giraron y vieron por el cristal trasero cómo el hombre abría la puerta del taller y encendía las luces para echar un vistazo mientras resoplaba enfadadísimo.

- No podrá quejarse de cómo ha quedado – comentó Rey.

- Eres una crack – y Poe le chocó los cinco.


- ¡Indignante!

- ¡Me parece tremendo, vaya!

- ¡Fatal de los fatales! ¡Hijos de p…!

- ¡Mal rayo les parta!

- ¡Van a pagar!

Rey sintió una gotita de sudor resbalar por su sien ante las demostraciones de exaltado enfado de sus amigos. A Finn se le había atragantado el ponche y Tubbs había estado a nada de hacerle la maniobra Heimlich. Paige no dejaba de resoplar a diestro y siniestro y Stomer aún tenía la mano dolorida por el puñetazo que había dado sobre la mesa, sobresaltando a la profesora D´Acy, que pasaba por allí cerca y que derramó un poco de su ponche sin querer.

Rose, apesadumbrada, le preguntó por el cardenal que se le estaba formando en la rodilla derecha, pero Rey le quitó importancia. Solamente tenía algo de molestias, pero al menos andaba bien y no se le había hinchado. Ayudada por las chicas, se quitó las medias y estuvo un ratito en el servicio mientras Kaydel le aplicaba algo de hielo que habían conseguido de los encargados del catering.

Por lo demás, la fiesta fue fantástica: todos disfrutaron de lo lindo, charlando, riendo y bailando los temas de mayor actualidad. Se hicieron lo que a Rey le parecieron miles de fotos y los grupos de WhatsApp que tenían echaban humo aquella noche con las fotos y vídeos compartidos.

Tal y como le prometieron, Finn y Poe se echaron un bailecito con ella en algunas canciones semilentas, mientras la chica se sentía abrumada por aquella excelente compañía. Sus dos parejas de baile fueron bien diferentes: Finn era algo torpe, como ella, y parecía algo encorsetado a la hora de sujetarla. Pero Rey le echaba los brazos a los hombros con total naturalidad, sin dejar de sonreírle al que había sido su primer amigo en aquel insti y de quien siempre conservaría el mejor de los recuerdos. Pronto, empezaron a charlar y Finn fue relajándose gradualmente, hasta que Rey se sintió con fuerzas para gastarle bromas sobre lo guapo que estaba con su pajarita.

Bailar con Poe fue harina de otro costal. Con una sonrisa irónica, Rey se dio perfecta cuenta de que Poe llevaba ya muuuuchas fiestas y muuuuchos bailes lentos. Sabía exactamente dónde tenía que sujetarla para no traspasar las fronteras de la buena amistad que la unía a ella. Dameron transmitía una seguridad apabullante y, aunque estuviese rodeado de aquella atmósfera de popularidad y el traje de chaqueta le sentase de escándalo, Rey lo apreciaba mucho más por aquel nosequé cálido y acogedor con el que la miraba. Le hacía recordar a la noche de la cena de Navidad en casa Newby, a las campanadas en compañía de Bes y Shara Dameron y en meriendas en el Maz´s.


Se deslizó por entre la masa de cuerpos que se movían al son de la música, buscando a sus compañeros. Probablemente estarían en su reservado de costumbre, en la zona de palcos de la izquierda del local. La Coruscant había sabido mantener su aspecto de antiguo teatro y el equipo de decoración había aprovechado las estructuras para crear reservados como el que poseía la Primera Orden desde hacía tiempo. Tenían a su disposición unas máquinas de dardos, un billar, los mejores sillones del local y aperitivos a discreción con las copas, siempre que quisieran.

Paseó la vista por entre las cabezas, iluminadas por flashes violetas, azules y verdes. Sonaba en aquel momento un animado tema pop y la noche estaba en lo mejor. Mientras se hacía hueco entre la nube de brazos, piernas y vasos de cristal, se dio cuenta de algo: no había ni un solo republicano aquella noche.

Cosa rara: aquella discoteca era uno de los más frecuentados por los perdedores. Sobre todo, la zona de platea, la que él estaba atravesando, solía ser su territorio. Aquellos pardillos no tenían reservados y debían conformarse con apiñarse en el nivel inferior, mezclados con el resto de la plebe y luchando a codazos por sobrevivir a la noche.

Siempre había habido clases.

Aguzó la vista entre las cabezas, pero fue en vano. Era como si se los hubiese tragado la tierra y no le sonaba nadie. Y de pronto, se sorprendió a sí mismo buscando una cabecita con tres moños, unos ojos verdosos, un aura luminosa y atrayente…

Nada. Ni rastro.

Se encogió de hombros, desistiendo de la búsqueda, y enfiló la escalinata central hacia los palcos. Allí encontró a los del equipo de fútbol, que chocaron los cinco con él de modo entusiasta. Les hacía sentir mejor aquel débil contacto con el líder, y Kylo condescendía en aquellos detalles, haciéndoles creer que con aquel sencillo gesto de camaradería masculina todo iba guay. Pero pasó de largo y aceleró el paso, ya que odiaba sus conversaciones. Aunque…

… Aquella noche el tema era interesante.

- Me habría encantado reventarle la copa a Meyers en la cara esta noche – farfullaba uno de los del equipo – Qué mala pata que tengan hoy su fiesta.

Kylo se detuvo en el rellano de las escaleras e hizo como si se atara el cordón de su elegante zapato negro. Se arrodilló en las escaleras y prolongó el gesto, haciéndolo lento y pausado, mientras escuchaba con los oídos y su mente.

- Panda de capullos. A mi primo le dejaron la rodilla hecha puré – intervino otro.

- Para otro día, podríamos ir a hacerles una visita a los de parkour con los bates del equipo de béisbol – sugirió un tercero - ¿Qué me decís?

- Guay, tío – y chocaron manos entre sí.

Vale, ya tenía lo que necesitaba. Se levantó y subió por fin al piso superior, recordando los datos que conocía de cursos anteriores. El Republicano daba, aparte del baile de promoción de fin de curso, otro baile a mitad de curso, llamado "Baile de Invierno", al que solía asistir el alumnado de los dos últimos cursos. Precisamente el alumnado con edad para entrar en aquella discoteca.

Lo sacó de sus pensamientos el "pannng" de un dardo estrellándose en su objetivo, seguido de una salva de aplausos y gritos. Se giró y dio con una imagen habitual: Phasma jugando a los dardos contra los equipos de baloncesto femenino y masculino, siendo vitoreada porque, como de costumbre, su puntería era absolutamente certera. La joven retiró los dardos de la zona central de la diana, impertérrita. Bueno, a lo mejor había una pequeña sombra de sonrisa, pero eso era todo.

Hux se le acercó por el lado y le palmeó el brazo.

- Jaja, menuda tarde llevas, ¿eh? – y le estaba hablando de modo que nadie más les oía. Con la excepción de Kylo, que aún no había llegado junto a ellos, pero que prestaba atención de todo – Empezando por lo del taller de esa perdedora, seguimos con una noche sin pringados y ahora de nuevo haces triplete con las dianas.

Algo se revolvió en las tripas de Kylo. Frunció el ceño y, presa de una extraña ansiedad, se aproximó a sus adláteres, intentando hacer que su voz sonase despreocupada.

- Tíos, me he enterado de lo del taller. ¿Qué ha sido?

Armitage y Anya se giraron a él.

- Ah, eres tú… - comenzó Armitage – Bueno, te alegrará saber que hoy hemos hecho nuestra mala acción del día – Anya le miró con una sonrisa torcida de satisfacción – Hemos destrozado el taller de esa idiota que te reparó la moto.

Kylo se zambulló en los recuerdos de Anya y presenció de primera mano la escena: el engaño del falso herido, la sorpresa en el rostro de Rey, la violencia en el destrozo, el empujón y la caída de la joven y su impotencia al verlo todo. Casi pudo sentir como suyos el júbilo y la satisfacción en la piel de Phasma cuando se marchó de allí, dejando a Rey entre una marea de objetos derribados y diseminados por el suelo.

Repentinamente vio todo rojo. El estupor al descubrir aquello dio paso a una ira ciega que fue incapaz de canalizar.

El puñetazo hizo tal boquete en la pared, que provocó una fisura e hizo temblar la máquina de dardos. Todos a su alrededor se quedaron callados como muertos y, en medio del silencio sepulcral que se hizo, con la música por único sonido de fondo, se oyó el bramido de Ren:

- ¿Qué habéis hecho QUÉ!

Hux parecía algo encogido, pero muy confuso.

- Le hemos dado su merecido a esa idiota que quiso reírse de nosotros aquel día en el parque.

- No sé de qué te extrañas – medió Phasma, inexpresiva – Hemos hecho lo esperable. ¿Qué te pasa?

- ¡NO OS HE DADO AUTORIZACIÓN PARA ESTO! ¡DEBISTEIS HABERME CONSULTADO!

Kylo volvió a golpear la pared, y esta vez la máquina de dardos cayó al suelo, apagando sus luces en medio de un estruendo. Dos o tres copas cercanas reventaron por sí solas y unos cuantos chicos y chicas empezaron a alejarse hacia las escaleras.

Pero los subalternos de Kylo no se arredraron.

- ¿Desde cuándo tenemos que consultarte para mierdas como ésta? – rebatió Hux, cruzándose de brazos - ¿Es que ahora controlas también lo que hagamos con nuestro tiempo libre?

Lejos de reconocer que la rubia podía estar en lo cierto, Kylo, nublado por aquella furia ciega, era incapaz de atender a razones. Resoplaba como una máquina a vapor, únicamente preocupado por no aplicar demasiada fuerza y reventar aquel sitio. Temblaba inconteniblemente y era lo más parecido a una bestia furiosa en aquel instante.

- ¿Y TÚ DESDE CUÁNDO CUESTIONAS MI AUTORIDAD PARA MIERDAS COMO ÉSTA? – Kylo se acercó a dos centímetros de Armitage – ÓYEME BIEN. NO VUELVAS A HACER NADA ASÍ SIN MI PERMISO.

De pronto, Hux saltó con un comentario que Kylo no se habría esperado ni en cien años.

- Ya veo. Todo lo que tenga que ver con joder a esa pringada está prohibido, ¿no?

Bajo la atenta mirada de Phasma (quien, a pesar de estar en silencio, muy inteligentemente, no perdía ripio de lo que se decía), Kylo sintió cómo se le iba el enfado de un plumazo.

Pasando al más completo estupor.

¿A qué narices ha venido eso?

¿Qué pretende?

¿QUÉ SABE?

¿Habría visto algo? ¿Se habría hecho alguna opinión? ¿Cómo? Sus encuentros con Rey habían sido casi todos privados…

La paranoia hizo presa en él y se zambulló en su mente, clavándole la mirada en aquellos ojos color hielo, tan fríos como los de la peor versión de Kylo Ren.

Y no descubrió nada más que otro jodido himno irlandés.

Armie estaba volviendo a canturrear mentalmente el puto himno de Irlanda. En gaélico.

Capullo.

- ¿A qué cojones te refieres con eso? – escupió Ren - Y cuida tu respuesta, porque es muy probable que la cagues.

Pero Armie le respondió con un estudiadísimo gesto impasible.

- No sé, Kylo. A lo mejor he malinterpretado todo y quizás es que quieres tener la exclusividad de fastidiarla. Pensé que podía venir bien que te ayudase en tu labor. Pero si prefieres ser tú el único, adelante, no me interpondré – y Armie se retiró, alzando sus brazos en un claro gesto de paz.

Kylo notó cómo sus pulsaciones bajaban su ritmo, mientras Armitage aprovechaba para escabullirse con Phasma sin darle tiempo a elaborar una respuesta. Finalmente, se dio cuenta de cómo había quedado la cosa y se giró hacia los que aún quedaban tras la contienda.

- ¿Qué mierda estáis mirando? – y la gente se dispersó, dándole la espalda.

Resopló de nuevo, mientras notaba cómo su atmósfera vibraba con picos de poder electrizante. Sintió que si alguien lo tocaba en aquel instante, caería fulminado al suelo de una descarga eléctrica.

Bajó las escaleras y, sin ser dueño de sí mismo aún, pidió su cazadora y casco en el ropero. Menos mal que el aire frío de la noche empezó a calmarle. Y buena parte de su rabia se esfumó en cuanto la aguja del velocímetro marcó los 100 kilómetros por hora.


- ¡Gilipollas! – gritó Rey mientras veía impotente cómo aquellos chicos borrachos entraban al taxi que ella había parado. Entre quejas y gritos inconexos, se habían puesto por delante de ella, empujándola y quitándole su sitio en la fila de espera para taxis. La joven observó cómo el vehículo se alejaba en la distancia, farfullando maldiciones.

- Menos mal que no he puesto en funcionamiento mis poderes. No me parece justo aprovecharme de esos idiotas, por muy mal que se hayan portado.

Echó a andar por la calle, esperando que algún otro taxi pasara y la recogiera al fin. Empezaba a lamentar no haber aceptado el ofrecimiento de compartir taxi con Kaydel, pero ella ya tenía a Poe, que se había ofrecido a acompañarla porque la joven declaraba que le había sentado mal el ponche. A Finn y Rose ni se le ocurrió decirles nada, porque los había visto irse muy juntitos por la puerta y se negaba a romper aquel momento. Paige se había largado con algunos del último curso y además, había unos cuantos del equipo de atletismo que se habían puesto un poquito pesados durante la fiesta, viendo que ella se quedaba sola. Así que había decidido hacer mutis por el foro y marcharse por su cuenta a casa.

El aire fresco de la noche le sentó mejor de lo que pensaba. Parecía mentira que solamente unos días antes se hubiera desatado aquel diluvio que la había dejado aislada en casa del profesor Skywalker. Hacía frío, pero ella estaba bien protegida por su recio abrigo y el conjunto de bufanda y guantes que le había regalado Poe por Navidad. Eran tan suaves y calentitos…

Y entonces llegó poco a poco la oleada de poder oscuro.

La muchacha se giró para encontrarse con la moto de Kylo, que venía a varios metros por detrás de ella. Poco a poco fue ralentizando su marcha hasta quedarse su paso. Ella se detuvo y Kylo hizo igual, con lo que Rey pudo observar cómo Kylo traía, colgado del brazo, otro casco más, de color cromo.

Era la primera vez que se encontraban desde lo del pozo, aquella noche en la que él estuvo escuchándola tan atentamente. La noche en la que había tenido lugar aquel fenómeno tan extraordinario. ¿Cómo podía ser posible que dos personas en distintas dimensiones pudieran tocarse y sentir algo? Habían desafiado todas las leyes de la física. ¿Qué más les quedaba por hacer?

Fue entonces cuando Kylo se fijó en el atuendo de la muchacha. La joven, al llevar el abrigo medio abierto y la bufanda mal enrollada al cuello, dejaba ver algo de su traje.

Era algo nuevo: la friki sin pantalones. Era como si él se dejase ver con ropa en tonos ácidos, o como si a Hux de pronto le diese por llevar pantalones anchos y sudaderas.

La visión lo llevó a sentir unos pocos de aquellos ardores que le entraban últimamente en presencia de Rey. Inexplicables. Ridículos. Así que cambió y miró su rostro, pero ahí las cosas no mejoraban. Llevaba el pelo suelto y lucía ¿maquillaje? ¿Qué estaba pasando ahí? ¿Era aquélla la Noche del Mundo Al Revés?

Bufó, mientras las tripas se le revolvían, recolocándose en algún punto entre la garganta y el esternón, mientras otra puñetera supernova reventaba en su pecho. Y entonces reparó en el moratón de la rodilla derecha, recordando las memorias de Phasma sobre aquel empujón propinado a la muchacha.

La supernova en su pecho le hizo MUCHO daño.

Por si las moscas, decidió sellar muy bien su mente, activando su barrera y reforzándola. Ella no debía saber nunca de aquellas supernovas y aquellos calores. Aún no comprendía el significado de aquello, pero lo que sí sabía es que aquello era un signo de debilidad.

Y ella pestañeó, mirándole fijamente. ¿No parecían hoy sus ojos algo más grandes de lo normal?

Argh.

- Hola - musitó Rey.

- Hola.

La energía de Kylo estaba serena. Era el manto oscuro de siempre, pero a la vez, había algo nuevo. ¿Timidez? ¿Apuro? ¿Curiosidad?

- ¿Y esas pintas?

- Es el baile de invierno de mi instituto.

Joder. Claro. Pero, ¿qué hacía ella fuera del baile?

- ¿Ya te vas a casa?

- Sí. Iba a coger un taxi pero me lo han quitado unos borrachos y pasaba de discutir o de usar mis poderes.

- Eres una cagueta. Seguro que podrías haber hecho algo.

- He llegado a la conclusión de que no quiero usar mis poderes en público hasta que los controle más.

- Pensaba que ibas avanzando.

- Me refiero a la "otra parte" – y Rey hizo un significativo gesto con la cabeza – Ya sabes, "el otro lado".

- Ah. ¿Y tu moto?

- Bueno, a lo mejor bebía algo y...

- ¿Qué vas a beber tú? ¿Ponche? Eres menor de edad.

- Tú también. De hecho, no sé si tienes permiso para conducir un bicharraco como la moto que llevas.

- Bueno, mi tutor legal tiene bastantes contactos que saben cómo hacer la vista gorda y cambiar un siete por un ocho.

Ella soltó un "hummm" bastante significativo, arqueando sus cejas. Después, cambió el peso de su pie por el otro.

- ¿Y tú? ¿Qué haces por aquí?

- Vengo de la Coruscant.

- Ah.

Un silencio, interrumpido por el escaso tráfico de aquella calle.

- Oye - comenzó a decir ella - Sobre lo del otro día. ..

Kylo continuaba mirándola tras su casco, así que se lo quitó y Rey se sintió anonadada por las oleadas de energía que despedía su persona. Era como si, al quitarse el casco, su fuerza se hubiese multiplicado. Tras unos segundos, supo cuál era la causa.

Sus ojos castaños decididamente ardían. Le estaban dando toda su atención y Rey se sintió intimidada, pero sacó fuerzas para decirle lo que llevaba guardando desde aquella tarde en el pozo.

- Quería darte las gracias por escucharme – con algo de timidez, Rey se metió las manos en los bolsillos y se balanceó sobre sus talones - ¿Estás bien? ¿Te pasó algo cuando se cortó el enlace?

Pregunta inesperada.

Y aún así, Kylo sintió un inexplicable estremecimiento de placer en cuanto oyó aquel "¿estás bien?".

- No. ¿Qué ocurrió? Escuché a Skywalker. Gritaba.

- Se cabreó bastante. Nos pilló in fraganti.

Kylo arqueó una ceja. Parecía ¿divertido?

Seguro que le ha hecho un montón de gracia saber que hemos cabreado a su tío, pensó Rey. Hay que ver como disfruta haciendo pasar mal rato a otros.

- Te informo que estuve hablando con él y le he aclarado un par de cosas – explicó ella, caminando un par de pasos hacia él - Ahora sabe que tú y yo tenemos contacto, pero no le he dicho que hablamos muy a menudo. Tan solo sabe que tenemos estos enlaces.

- ¿Por qué le estás ocultando cosas? - Kylo parecía sumamente interesado en los detalles de aquella transgresión.

- Pues porque no es asunto suyo. Se cuidarme yo solita.

- ¿De qué tienes que cuidarte?

- De ti, creo que no - y la joven sonrió. Kylo no respondió a aquella sonrisa.

- ¿Cómo tienes las heridas? - señaló con la cabeza a sus manos, igual de serio.

- Mejor, gracias. Eran solamente rasguños sin importancia.

- Y… ¿Le has dicho algo más sobre nosotros?

Rey pestañeó ante aquella última palabra. Observó la expresión de Kylo, recostado en su moto, con las manos aún sujetando el manillar. Su cazadora de cuero se flexionaba sobre su torso y sus poderosos brazos. No sabía qué brillaba más: si la cazadora o aquel lustroso cabello negro que de nuevo, le dieron unas inexplicables ganas de peinar y alisar…

Nosotros.

Qué raro suena.

Pero…

Es que es verdad, es nuestro secreto.

Nuestro secreto.

Nuestro pequeño mundo.

- Pues… no. Sólo que… A veces hablamos y eso. Ya está. Se quedó más tranquilo cuando supo que no nos habíamos matado ni nada por el estilo.

- ¿Se quedó más tranquilo cuando supo que yo no quería matarte o cuando se enteró de que tú no habías intentado hacerlo?

Rey exhaló una risita involuntaria, y los ojos le brillaron de tal modo que Kylo sintió que la supernova iba a hacerle un agujero negro en el pecho. Maldita sea, contrólate.

- Cuando supo ambas. En realidad, me parece que no se lo cree. Tal vez me tendrías que dar una prenda tuya como muestra de buena voluntad, para demostrarle que entre nosotros hay algo así como una especie de tregua.

Ah, así que aquello que tenían se llamaba tregua.

La supernova acabó de carcomerle el poco autocontrol que le quedaba a Kylo, convirtiéndolo en una marioneta manipulada por el Muy Temible y Muy Odioso Demonio De La Locura.

El joven extendió la mano que no sujetaba el manillar hacia ella. Sujetaba el otro casco de moto.

- Ten. Sube.

Rey lo miró estupefacta.

- ¿Me estás pidiendo que me suba?

- Sí. Quiero que sepas lo que es ir montada en una moto de verdad y que no puedas contárselo a nadie.

Rey reconoció la verdad en sus palabras y bufó.

- Eres un capullo. Sabes que nunca podría contarlo a ningún republicano.

- Ésa es la intención. ¿Qué? ¿Subes o no?

A la mierda los bandos, a la mierda la batalla contra los cuervos, a la mierda el profesor Skywalker, a la mierda todo.

Rey cogió el casco de manos de Kylo y se lo puso. Avanzó hasta la moto y se sentó en la parte trasera del asiento. Se sujetó con las manos a la parte de atrás, sintiendo el calor del cuerpo de Kylo demasiado cerca del suyo. Sus piernas rozaban las de Kylo y casi todo su campo de visión quedaba ocupado por sus amplias espaldas.

La energía de Kylo era apabullante a aquella distancia cero. Le llegaba en oleadas invasivas, pero esta vez ya lo hacían sin querer. Sencillamente, eran oleadas de poder tan intenso, que eran incapaces de estar contenidas en su persona. Fluían de modo constante, inundándola de una oscuridad que, nuevamente, dejaba de ser glacial para amoldarse a ella. Notó cada partícula de su barrera tocar sus hombros, sus brazos, su torso y sus piernas. Como si la envolviese en una capa o manta hecha de noche.

De pronto, se dio cuenta de que estaba hiperventilando y fue consciente de lo que iba a hacer. Se había convertido en la pasajera del jefe de los cuervos, que iba a llevarla a su casa. Nadie podría saber jamás aquello.

Una extraña anticipación nerviosa la inundó y, por precaución, le dio ocho vueltas a la llave de sus pensamientos.

Maldito corazón. Se había puesto a dar saltos en aquel momento.

Pero la energía de Kylo la rodeaba, e inconscientemente, sus vibraciones se serenaron, calmándola a ella también. Kylo también percibió cómo su energía pura y radiante se reconcentraba y se mezclaba con la suya en una fusión tan inusual como…

… Deliciosa.

Más.

Más.

Quería más.

- Saldrás despedida así - advirtió Kylo mientras arrancaba.

Rey, aturdida por lo repentino de la marcha, apenas tuvo tiempo de alzar los brazos y agarrarse por puro instinto a su espalda. Venciendo su apuro, rodeó con sus brazos su amplio torso… a duras penas. Kylo despedía un calor inusitado, para la frialdad a la que la tenía acostumbrada.

Ocurrieron dos cosas al mismo tiempo: el acelerón de la moto y el que experimentó su corazón.

Estaba completamente pegada a la espalda de Kylo, experimentando cada movimiento y giro de la moto. Cada parada, cada arrancada, las sentía como propias.

Permanecieron callados todo aquel trayecto. Estaban demasiado embebidos en sentir… Kylo no podía acostumbrarse a aquella sensación de tener aquella energía tan cerca de sí. Era algo adictivo, lo desestresaba, lo calmaba, le hacía sentir completo. Como si las partículas de luz de Rey estuviesen ocupando los huecos faltantes entre las partículas de oscuridad de él. Ahora, el espacio entre ellos estaba lleno de… de ellos.

Independientemente de la energía que estaba desprendiendo Rey (sorprendentemente más rutilante y cálida que nunca), lo que lo estaba dejando sin aire era la simple sensación de tenerla tan cerca. Agarrada a él, casi fundida con su cazadora de cuero y notando con un extraño deleite cómo sus manitas apenas abarcaban su torso. Ya no era la pringada, la perdedora, la doña nadie. Era sencillamente Rey. Quien se había sentado voluntariamente con él, el monstruo, el rey de los cuervos, el líder negro de la Academia. Pero es que él, en ese momento, ya no era nada de eso. Era sencillamente Kylo Ren.

Y Rey… ella estaba demasiado anonadada por lo intenso de aquellas emociones. Jamás había sentido la cercanía oscura del joven de aquel modo. Era como si sus emociones se hubieran intensificado, abriendo las puertas de su percepción, sintiendo cada fibra de cuero, tela vaquera, plástico, como si fuese una segunda piel. Parecía impensable que, meses antes, aquel chico la hubiera desarmado con una oleada de oscuridad tan glacial que la había atontado por unos instantes. Ahora, su poder era parejo al suyo, una atmósfera que le daba la bienvenida, la aceptaba y la envolvía de un modo tan fluido, tan perfecto, que casi la asustaba.

Y de pronto, la estampa de una calle familiar pasó como un borrón por su mirada.

- ¡Eh! ¡Te has saltado la esquina! ¡Por ahí se iba a mi calle!

Era más fácil hablar en sus mentes que gritarse las cosas por encima del estruendo del motor.

- Vamos a dar un rodeo.

Un aguijonazo de miedo surcó la mente de Rey por un instante, y Kylo lo percibió perfectamente.

- Nunca sabrás lo que es ir encima de una BMW hasta que no la has puesto a 120 km por hora como mínimo.

Los ojos de Rey se abrieron al máximo y no pudo evitar que la excitación le dibujase una sonrisa en la cara.

- ¿Estás seguro?

- Eres una cagada. Agárrate.

Y sintió el acelerón en las tripas. Estaban ya en la circunvalación. Las luces de carretera pasaban en flashes a su izquierda y derecha mientras Kylo subía la velocidad. Otra salida, una curva pronunciada y, por fin, la autovía…

Y el hormigueo en las tripas se convirtió en burbujeo, mientras la moto iba devorando el asfalto como si no hubiera mañana. Rey miraba de un lado a otro, apreciando la inmensa velocidad a la que iban. Estaba segura de que iban a más de 120…

- Tenemos la mente a prueba de radares y controles, Rey. Aprovecha la oportunidad.

Ella se estremeció al oírle pronunciar su nombre y por fin pudo relajarse. Bueno, era imposible relajarse… Kylo había escogido un tramo de autovía urbana, aún enmarcado en las afueras de la ciudad, repleto de suaves cuestas, que hacían de cada bajada una nueva emoción. Por ello, el tramo estaba también iluminado por las farolas diseminadas aquí y allá, y por las luces de los polígonos industriales cercanos.

El joven conducía con una firmeza y seguridad pasmosas, tomando las curvas como a ella le gustaba, con un puntito de acelere que le puso el corazón a mil. La moto rugía de modo suave y el viento jugaba con los cabos de su bufanda, que volaban tras ella.

Otra curva, y esta vez no pudo reprimir el grito de júbilo.

- ¡Uuuuuaaaauuuuu!

Kylo notó perfectamente sus vibraciones. Jamás había visto a la joven tan feliz. Su alegría lo traspasaba, como si cada una de sus partículas de energía quisiese penetrar en su pecho hasta anidar en él para siempre.

- ¡Qué pasada! ¡Esto es genial! – gritaba Rey, por encima del estruendo del motor -¡Me encantaaaaa!

La oía exhalar gritos de alegría, la oía pensar, la sentía como si hablase dentro de él, como si fuera parte de él.

Como si siempre se hubiesen conocido.

Y no lo pudo evitar. Juraría por todo lo sagrado de este mundo y parte de otros que jamás imaginó que sus músculos faciales podrían deformarse así.

Porque, debajo de su casco cromado, Kylo Ren sonrió.

Ambos olvidaron que eran un chico y una chica de institutos diferentes. Que él era un capullo sin escrúpulos y que ella era una desgraciada sin pasado.

Olvidaron que hacía unos meses se habían profesado un odio visceral y que habían estado a punto de matarse en un callejón.

Olvidaron que tenían tremendos poderes psíquicos, que habían sido rechazados, perseguidos y ninguneados por ser más raros que nadie.

Olvidaron que se hallaban en aquel punto exacto del tiempo y el espacio.

Se limitaron a disfrutar de la felicidad de surcar las carreteras a aquella velocidad, siendo dos adolescentes compartiendo su tiempo juntos, siendo normales por una vez en su vida.

Eran dos energías en las que la luz y la oscuridad no se pisaban la una a la otra, sino que se complementaban al sentir al otro.

Eran dos estrellas fugaces imposibles de detener.


Rey abrió los ojos perezosamente, despegándose de la espalda de Kylo y dejando de notar aquel olor a cuero y a colonia. Pero la moto estaba detenida, y aquello significaba que el viaje había terminado.

Con piernas temblorosas, se levantó y se separó de la moto, mientras se quitaba el casco. Comprobó que Kylo había hecho lo mismo. Y había en su rostro una expresión que no podía clasificarse de otro modo que no fuera el de alucine máximo.

- Uau – se les escapó a ambos a la vez. Se miraron, se vieron la cara de idiotas y desviaron la mirada automáticamente.

- Ha sido una pasada – dijo Rey, devolviéndole el casco – Me ha encantado. Gracias

Kylo cogió el casco en sus manos, sin poder evitar mirarla a los ojos. Despedían auténticas chispas de felicidad. No recordaba haberla visto sonreír tan seguido. Era peculiarmente satisfactorio para su salud mental. Aquella sonrisa obraba maravillas en su tensión.

- Ha sido interesante – alcanzó a comentar, enarcando una ceja – Está bien que veas la diferencia entre unos y otros.

- Oh, ahora viene el comentario hiriente, ¿no? – repuso ella negando con la cabeza – Con lo bien que ibas…

Kylo le hizo un gesto con la cabeza que venía a decir que no le importaba en absoluto.

- Oye, en serio, me lo he pasado bien – añadió la joven – Ha sido un buen fin de fiesta.

¿Debería hablar de aquella conexión brutal que había experimentado junto a él?

No, se dijo. No supo por qué, pero había algo demasiado íntimo en su percepción de aquello. Algo que la hacía sentirse muy avergonzada de confesar. Y rabiaba por saber qué era.

Kylo volvía a mirarla con aquella fijeza que la desarmaba. Tenía el cabello más revuelto que nunca y tuvo que hacer acopio de fuerzas para no alzar un brazo y pasar su mano por aquella melena para alisarla.

- De verdad, he disfrutado – añadió ella – En estas ocasiones, en las que eres buena gente, estoy muy a gusto contigo. De verdad, parece mentira que seas quien eres. Ya sabes, el hijoputa número uno de la Academia.

Él enarcó una ceja con gesto sarcástico.

- No me digas.

- En serio. A veces hasta me da pena que seas quien eres. Si no fuera porque estudias donde estudias y tienes a unos zumbados por colegas, podría hasta hacerme amiga tuya. Me caes mejor de lo que pensaba, Kylo Ren.

El corazón de Kylo dio tres mortales seguidos y parecía como si la luz que emanaba de Rey quisiera tragárselo a él también. Y lo peor de todo, ¿a qué narices venía aquella ansia de ser devorado por ella?

Intentó recomponer su gesto en uno de seriedad ecuánime, pero el Demonio de La Locura iba a delatarle de nuevo.

- Bueno, y si tú no fueras una desgraciada que va a ese antro para pringados, no me importaría que quisieras hacerte amiga mía. Tú tampoco me caes mal, Rey de Jakku.

- Así que te acuerdas – musitó Rey, maravillada, con el pecho lleno de una calidez inusitada.

- ¿Acordarme de qué? – Kylo parecía genuinamente despistado.

- De que no me gusta que me llamen por mi apellido de adoptada. Gracias.

Él pestañeó varias veces, incrédulo. ¿Cómo había recordado aquel estúpido detalle? Aquello era lo nunca visto.

Esbozó una sonrisa en respuesta. Una sonrisa torcida, medio irónica. Pero Rey disfrutó de ella. Aquello era tan nuevo, tan inverosímil y tan…

… Tan fascinante…

- ¿Sabes qué? Que me encantan estos momentos, porque dejas ver tu luz.

- ¿Qué dices? – la voz de Kylo se elevó un par de octavas, repentinamente a la defensiva.

A ambos les pareció oír el sonido del disco con música incidental buenrollista rayándose al instante.

- Pues eso – intentó aclarar Rey – Que es en estos momentos cuando dejas ver tu luz interior y…

- Hey, no te equivoques conmigo – Kylo se incorporó de la moto y se alzó en toda su altura ante ella, avanzando casi amenazadoramente hacia ella, repentinamente enfadado – El hecho de que me lleve bien conmigo no significa nada más, ¿me has entendido?

Rey lo miró, soportando su ira contenida, sin moverse un ápice de su posición, sin retroceder ni realizar ningún gesto de lenguaje no verbal que le comunicase a Kylo que ella estaba mínimamente alterada por su reacción.

- No, no quiero entenderte – replicó ella, alzando el mentón, desafiante – No me da la gana de entenderte. Así que deja de hacerte el digno y el ofendido, porque a mí ya no me engañas.

Ahora ella fue la que empezó a avanzar. Pero Kylo también era fuerte y no se arredró.

- Me dan igual tus rabietas de capullo ofendido. Sé lo que hay dentro de ti – alzó una mano al ver que él abría la boca para replicar – No, no me vayas a decir que no te conozco. Y una mierda. ¡Eso es lo que te digo! Sé más de ti de lo que te crees, y tú de mí. Por eso, no puedes ocultarme lo que hay. A ti te está pasando lo que a mí con la oscuridad. En ti, la luz está apareciendo a trompicones, a saltos, sorprendiéndote en los momentos más inesperados. Tú tampoco la controlas, igual que yo la oscuridad. Sé lo que se siente, así que no me vuelvas a decir que no entiendo nada.

Ante aquella perorata, Kylo resopló indignadísimo y la fulminó con toda la rabia que pudo.

- No soy como tú. Deja de compararte conmigo. Somos opuestos. No tenemos nada que ver el uno con el otro.

- Y una mierda, Kylo Ren. Y UNA MIERDA. No podrás contener esa luz por mucho tiempo. Lo ves como una deshonra, pero ¿y si esa luz es realmente lo que siempre debiste haber sido y no dejas salir a la luz?

Kylo, lejos de verse afectado, entrecerró los ojos y respondió lentamente.

- Podríamos decir lo mismo de tu oscuridad. A lo mejor estás llamada a ser alguien mucho peor que yo. ¿Qué me dices a eso?

Rey reconoció el ataque, pero no iba a rendirse.

- De eso me encargaré en breve. Pero tú también deberías encargarte de lo tuyo.

- Ni hablar. Estoy muy bien así, gracias.

Se midieron en silencio y fue entonces cuando Kylo se dio cuenta de algo terrible.

Soltó un bufido, se montó en la moto y salió a toda mecha de la calle mientras Rey le gritaba a lo lejos:

- ¡Imbécil! ¡Lo has estropeado todo!

Kylo gritó de ira, siendo capaz de rugir más fuerte que el estruendo de su moto. Estaba atenazado por el miedo de la revelación de lo que acababa de descubrir.

Que, por mucho que Rey le dijese todas esas cosas, ella tenía razón.

Y, por encima de todo, que por muy enfadado que estuviese con ella, jamás podría hacerle daño a aquel rostro de ojos verdosos y expresivos.


(*) El cumpleaños de Rose, siguiendo con la costumbre que he establecido para el fic, hice que coincidera con el cumple de la actriz que la interpreta, Kelly Marie Tran. Cuando acabé el capítulo, me di cuenta de que había errado en la fecha. En realidad es el 17 de enero. Pero ya tengo cuadrados todos los sucesos para ese sábado y me venía mejor que fuese en 19. Así que así se va a quedar.

(**) Me he tomado súper en serio lo de la ascendencia irlandesa de Hux. Le va mucho a su personaje eso de ser un patriota pleno y enorgullecerse de su tierra y su rancio abolengo. Por eso, seguro que se sabría todos los temazos populares folk irlandeses. En este caso, vuelve a canturrear el himno nacional irlandés, esta vez en gaélico.

N.A.: ¡Fuaaaaa! ¡Hecho! ¡Por finnn!

He de confesaros algo, amigos/as lectores/as: para esta última escena de la moto claro, necesitaba a Rey y Kylo en un punto MUY exacto de su relación. ¡Lo que me ha costado llegar aquí! Meses y meses de construcción, de pasitos pequeños… Porque los mejores guisos se preparan a fuego lento. Estoy muy contenta de haber llegado hasta aquí, al menos. A partir de ahora, "imposible de vislumbrar, el futuro es", como diría el maestro Yoda.

Si el baile os ha sabido a poco y os habéis quedado con ganas de saber qué ha pasado esta noche allí (ejem, ejem, *Finn y Rose* ejem!) no os preocupéis, que habrá más datos próximamente.

Y Kylo con sus sospechas me ha dejado muerta. ¿De qué conoce a Maul?


Avances para el próximo capítulo: como se ha anunciado, nos vamos de cumple y de concierto. Rey tiene problemas con la gente VIP, Kylo le miente a Snoke y Hux parece estar sobre la pista de algo. Probablemente acabe sucediendo alguna movida, pero… ¿en qué momento de este fic han tenido nuestros protagonistas algo de paz?

Y otra última cosa: Snoke va a recibir información muy suculenta.