Irracional
Narrador Akaashi
Hay cosas de las que uno no se da cuenta que posee hasta que las pierde.
Sabía que Bokuto Kotarou era el completo dueño de mi corazón, pero no sabía cuánto control tenía sobre mí hasta que se marchó. Hasta que escuché sus palabras y me di cuenta que una vida sin él, ni siquiera puede llamarse vida...es soledad. Soledad y una oscuridad tan negra que me cuesta vislumbrar el resto de cosas a mi alrededor.
No fui capaz de detenerlo.
Había tantas palabras que decir, tantos sentimientos que transmitir y lo único que pude hacer en ese momento fue ver como se alejaba de mi lado junto a todas las risas, las promesas y la alegría que vivimos juntos.
Tal vez fue porque en una parte de mi corazón esperaba que todo fuera una mentira, que aquellas palabras nunca fueron dichas en realidad.
Empecé a ser consciente de que era verdad cuando dejó de mandarme mensajes como siempre hacía.
Cuando dejó de contestar mis llamadas.
Cuando ya no me iba a ver de sorpresa tras los entrenamientos de la academia.
De los labios de su madre me enteré que seguía estudiando y viviendo en el mismo lugar de siempre. No tuve el valor para decirle que cuando fui hasta donde se hospedaba me dijeron que se había mudado.
Les pregunté a los ex de tercero de Fukurodani, sin embargo, ellos tampoco estaban al tanto de su paradero. Kuroo y Kenma fueron los primeros en enterarse de nuestra separación y desde aquel día ambos se encargaban de ir a verme o invitarme a salir de vez en cuando.
Debía lucir verdaderamente mal si hacía que tuvieran que recurrir a eso.
El tiempo seguía avanzando, la rutina era la misma de siempre y mis alrededores seguían transcurriendo como si nada.
Pero ya nada era igual para mí.
Los remordimientos de las palabras que debí decir o el hecho de que no lo haya detenido me atormentaban por las noches que pasaba en solitario tratando de dormir abrazando el pequeño llavero en mis manos.
Era como si de la noche a la mañana, Bokuto Kotarou hubiera desaparecido completamente de mi vida.
-Akaashi, ya fue suficiente- Escuché una voz conocida entre el murmuro de la lluvia que caía sobre mí.
-No sé de qué habla, Kuroo-san.- Dije aunque sabía perfectamente a lo que se refería.
Sentí que la lluvia frenaba, encontrándome con un paraguas cubriendo el melancólico cielo gris.
-Lo sabes...no puedes seguir haciéndote daño de esta forma...todos los días haces lo mismo, ya han pasado más de tres meses y siempre terminas sentándote en la banca del parque a esperarlo...Akaashi, él no volverá.
¿No volverá?
Su risa, sus ojos, su voz.
Sus berrinches, sus quejas.
Sus chistes, sus canciones.
Su amabilidad, su calidez...¿ya no volverán?
Sentí mis mejillas humedecerse a pesar del paraguas que me cubría y luego los brazos del pelinegro dándome uno de los tantos abrazos de apoyo que me la había pasado recibiendo de Kenma y él desde aquel día.
-Lo siento.- Le escuché decir a Kuroo pero mi mente estaba en otra parte.
-Es mi culpa...t-tal vez debí ser más cariñoso, darle más tiempo, llamarlo más seguido...
-Akaashi...lo mejor será que vayas a casa.
-No lo entiendes, Kuroo-san...ese lugar ya no es mi casa...ninguno lo es...mi casa es cualquier lugar donde él esté.
Y ese lugar ya no existe.
Sentí a Kuroo suspirar junto a una mueca que no supe interpretar en tanto se enderezaba y se restregaba el cabello como tratando de decidirse por algo.
-Realmente, ustedes dos me la ponen verdaderamente difícil ¿saben?- Dijo ante mi mirada confundida y luego lanzó algo hacía mis manos.
Eran unas llaves junto a un vistoso llavero de gatos formando un corazón con su cola.
-Kuroo-san...me halaga pero Kenma me mataría, además de que no es mi tipo...- Dije tratando de no sonar muy rudo.
-¿Ah? Ay dios Akaashi, si te llegara a poner un dedo encima Kenma me ahorcaría con el cargador de su consola y Bokuto...mejor no quiero pensarlo.- Dijo fingiendo escalofríos mientras yo trataba de vislumbrar a lo que iba.- Sólo te digo que tal vez podrías pasarte por ahí, hace algunos meses que tengo una mascota muy ruidosa y molesta de la que probablemente puedas hacerte cargo.
Por unos segundos sentí encenderse una chispa que creía apagada en mi corazón.
Claro ¿cómo no se me había ocurrido que podía estar con Kuroo?
Pero...¿estaría bien que fuera?
Se supone que habíamos terminado.
Que ya no me amaba ¿verdad?
-Akaashi- Dijo Kuroo mirándome de la misma manera a cuando nos sentamos a conversar en el café hace ya meses.- Hay cosas de las que es mejor no arrepentirse, así que esta vez, asegúrate de no dejarlo ir.- Finalizó dándome una sonrisa que por primera vez no me hizo querer golpearlo.
•••••
Tenía mi corazón latiendo desbocado, las manos me sudaban y tenía un enorme revoltijo en mi estómago. Me apoyé sobre la puerta aún no pudiendo reunir el valor suficiente para abrir.
¿Y si no quiere verme?
¿Y si me pide que me largue?
¿Y si encontró otra persona que le guste?
¿Tendría la fortaleza de seguir adelante si me dice cualquiera de esas palabras?
De repente sentí como la puerta se abría e, incapaz de mantener el equilibrio, caí hacía adelante cayendo encima de una calidez que conocía muy bien.
Sus ojos ámbar se abrían en un claro gesto sorprendido e intentaba articular palabras sin sentido como siempre hacía cuando entraba en pánico, llevaba su cabello bajo y tenía grandes ojeras como quién no ha podido dormir bien en semanas, pero estaba frente a mí...después de tres meses lo tenía de nuevo a mi lado.
En vez de levantarme me quedé así aferrándome con fuerza a su playera mientras me olvidaba del orgullo y dejaba que toda la ansiedad y el dolor que había acumulado durante el tiempo que me había abandonado se expresaba en forma de lágrimas desesperadas.
-Te atrapé, Bokuto-san...-Pude decir entre sollozos, en tanto él intentaba calmarme y hacía ademán de devolverme el abrazo.- Así que no me vuelvas a dejar...
Narrador Bokuto
-Déjame ver si lo entendí, dices que no puedes decirme la razón, pero que quieres que te esconda en mi apartamento mientras tus padres piensan que sigues estudiando y que nadie se entere que estás aquí.- Dijo Kuroo apretándose las cienes.
Yo afirmé con la cabeza terminando de comerme las galletas de animalitos que el ex de Nekoma me ofreció. Había dejado mis maletas en la sala de estar y ambos estábamos sentados frente a frente desde hace una hora donde intentaba hacerle entender a Kuroo los planes que tenía.
-Bro, creo que lo mejor es que te entregues, tal vez te rebajen la condena.- Dijo con tono serio.
-¿Ah? ¡Kuroo, no me persigue la policía!- Le dije con regaño por la insinuación.
-¿No? ¿Entonces de qué estás huyendo?- Me preguntó con curiosidad.
-Ya te lo dije, es algo que no te puedo decir- Le respondí bajando la mirada.
Después de todo, él también estaba involucrado.
No quería actuar como un cobarde escapando del padre de Akaashi pero, a pesar de que había accedido a desaparecer de la vida de la persona que amo, no tenía el valor de tomar los pasajes y largarme al extranjero...sentía que si lo hacía ya no habría vuelta atrás y lo perdería para siempre.
-Bien -Dijo suspirando- Supongo que si no me lo quieres decir es que se trata de algo verdaderamente serio y también es mi labor como amigo ayudarte siempre que lo necesites, así que bienvenido seas.- Dijo expandiendo sus brazos.
-¡Ah Kuroo! ¡Eres el mejor gato que conozco!-Dije dándole un efusivo abrazo.
-Si, si, lo sé- Dijo tratando de apartar mis brazos.- Pero solo tengo una pregunta.
-¿Eh? ¿Cuál? -Le pregunté sentándome nuevamente en mi puesto.
-¿Qué hay de Akaashi?
Sentí cómo mi corazón se apretó rememorando la noche pasada en el parque.
En sus ojos desconcertados y su voz quebrada preguntándome el por qué.
En su temblorosa mano tratando de impedir que me vaya y en la frialdad con la que fui capaz de dejarlo atrás en la oscuridad de la noche.
-Terminamos- Las palabras sonaban extrañas en mi boca, como si ellas mismas fueran un veneno que me estaba matando por dentro.
-¿Qué?- Dijo Kuroo con un rostro de desconcierto total- ¿P-por qué?
Yo no podía responder, mis labios temblaban y sentía un gran frío en el cuerpo aún cuando la temperatura no estaba baja.
-Kuroo...déjame pedirte otro favor- Le dije tratando de mantener a raya todas las emociones que estaban por rebalsar- Cuídalo, vigila que siga haciendo su vida, q-que...que me olvide y encuentre una persona que no sea un cobarde como yo, que cumpla sus promesas y no lo haga llorar...- Dije ya incapaz de contener las lágrimas y el dolor que me estaban destrozando por dentro.
Kuroo se dedicó a verme tratando de entender la situación mientras me daba torpes palmadas en la espalda, pero en ese momento no había forma de calmar mis sentimientos, después de todo la única persona que era capaz de hacerlo ya no podía volver a mi vida.
La única persona que conocía cada uno de mis defectos y aún así sonreía a mi lado...era la persona que había abandonado cobardemente en el parque.
Porque al único que amaba y amaría durante toda mi vida siempre sería Akaashi Keiji y eso ninguna amenaza o paso del tiempo lo cambiaría nunca.
•••••
Lo único que entendía con claridad en ese momento era que había sido vilmente engañado por la llamada de Kuroo, aunque debo admitir que el "Akaashi se está ahogando en un charco de lluvia" sonaba claramente sospechoso pero aún así le había creído y, aún cuando había evitado salir lo máximo posible durante los tres meses que habían pasado, me olvidé de todo eso y me dirigí a la puerta con rapidez.
Para cuando la abrí, solamente alcancé a vislumbrar su sedoso cabello azabache y sus ojos de sorpresa antes de caer estrepitosamente en el suelo junto a él.
Me sentía incapaz de reaccionar.
Habían pasado más de tres meses desde que nos separamos, pero bastó solo un segundo para que todos los síntomas de la enfermedad del amor volvieran a aparecer y todavía más fuertes.
Tenía que apartarlo.
Su padre había sido claro en las represalias de si volvía con él...pero extrañaba tanto el tacto de su piel y la calma de su esencia.
Sentí mi corazón oprimirse al escucharlo llorar junto a mi pecho pidiéndome que no lo vuelva a dejar.
Quería abrazarlo, dioses, cuánto había soñado con tenerlo entre mis brazos desde que nos separamos, sin embargo, mi mente me decía que me detuviera, que habría consecuencias demasiado graves si lo hacía.
Y sabía que estaba en lo correcto, pero mi cuerpo que nunca hace caso de la razón, fue el que lo abrazó con fuerza e hizo que entrara al apartamento, cerrando la puerta detrás de él.
¡Hola, hola! Espero les haya gustado el capítulo:D estoy tan llena de cosas que ni siquiera me di cuenta para cuando se volvió viernes xD pero supongo que es una linda sorpresa
Les agradezco su apoyo con esta historia y ¡nos leemos en el próximo cap! ❤️
