"Se terminó"

Bella Pov

El sábado todo estuvo de un ánimo raro, aun recibía los mensajes de Edward al despertar y al irme a dormir, sabía que esperaba una respuesta pero me costaba formar una sola frase, era confuso para mí todo esto.

Había intentando mantenerme ocupada los días siguientes a verlo, pero ese preciso día no tenía nada que hacer, en algunos momentos pintaba pero la inspiración se había esfumado, tenía unos 3 cuadros terminados, o al menos avanzado, aun les faltaba la capa de brillo para proteger la pintura, y sacarlos del marco de trabajo y ponerlos en uno más bonito.

El Edward de pintura estaba sobre el caballete y yo había comenzado a arreglarme, corría por todos lados en el apartamento, sentía que mi cabello era un desastre, aun con ese corte no podía serlo yo así lo sentía y no sabía si debía maquillarme demasiado o muy natural.

Necesitaba a alguna de las chicas conmigo para estas situaciones, y ambas estaban en ciudades muy lejos de mí, así que se me ocurrió ponerlas en una vídeo-conferencia, con los cambios de horarios, Alice estaba quedándose dormida frente a la cámara, Rose solo tenía unas horas de diferencia, pero por suerte había aceptado ayudarme.

―¿Este vestido? ―pregunté parándome como por quinta ocasión frente a la pantalla, ellas asintieron sonrientes. Pero yo seguía sin estar convencida, así que volví a cambiarme y eso duro unas horas.

―No entiendo ¿con quién vas a salir? ―Rose no sabía la historia, ella sabía de un ex pero no todo lo demás así que estaba un poco confundida con todo esto.

―Edward Cullen, lo llamábamos el innombrable. ―le respondió Alice que aun intentaba mantenerse despierta.

―Oh, supongo que debe ser importante si te tiene tan alterada. ―regresé al cuarto con un atuendo de pantalón y blusa, ellas asintieron.

―Lo que yo no entiendo, es porqué tendrás una cita con él. ―preguntó Alice, yo suspire y decidí que si no dejaba de cambiarme, Edward me encontraría en bata.

Mientras ellas discutían yo comencé a maquillarme, me fui por algo natural, porque no quería terminar estresada con un maquillaje muy elaborado.

―Entonces él está enamorado de la loca, y aun así te invito a una cita. Esto es mucho drama para las dos de la mañana. ―Alice en verdad no era buena en las mañanas.

―Es mucho drama para cualquier hora. ―respondió Rose, Al había intentando explicarle todo pero ahora parecía más confundida que antes.

―Es una cita de amigos, será como terminar nuestros asuntos pendientes. ―comenté intentando convencerme a mí de ello.

―¿Y él sabe eso? ―no quería hablar de las posibilidades en todo esto. Suspire y me pinte los labios, no quería pensar en eso.

―Creo que tú no sabes eso. ―respondió Rose, refiriéndose a mí, cuando estaba lista, solo me faltaban los zapatos y algo de perfume volví a ponerles atención.

―Sí lo sé. ―respondí mirando la pantalla, ¿lo sabía?

―Bella, yo terminé con Riley hace unas semanas, tenemos que vernos mañana para firmar los papeles para vender el apartamento, y estoy mil veces más tranquila que tú, y terminaste con él hace ocho años. ―quizás tenía razón, yo no sabía decirle adiós a Edward.

―Lamento decirte esto, amiga. Pero Rose tiene razón, creo que sientes algo más por él, deberías pensar más si en verdad quieres dejarlo así. Sé que te lastimo hace años, pero eran jóvenes, todos rompen con sus novios de preparatoria. Ahora ambos han madurado, quizás tienen una oportunidad.

Era demasiado para pensar, en especial cuando estaba a unas horas de verlo. Intentaba poner todos mis pensamientos en orden pero sentía que me sobrepasaban y no podía detenerlos, no estaba lista para decirle adiós, pero me preocupaba jamás estarlo, esto iba a volverse un círculo vicioso si no lo detenía.

―Debo irme. ―dije antes de cerrar la computadora, había cosas que aunque todos intentaran explicarte, tú necesitabas comprenderlas sola, este era uno de esos momentos.

Porque ninguno de ellos sabía lo que Edward y yo habíamos vivido juntos, todos sabían lo que yo quería que supieran. Había demasiada historia, buenos y malos momentos, y dolía enfrentarte a los recuerdos.

Tome los zapatos, me puse perfume y salí a la sala, deje mi bolsa, los zapatos y el saco en el sofá. Me pare frente a la pintura e intente pensar en que Edward estaba frente a mí, pero desde que había traído la pintura me parecía estar frente a un extraño, finalmente había comprendido del todo lo que la maestra había querido decir.

Se sentía como si ese chico no fuera Edward, sabía que lo era, pero no se sentía así, su mirada era distinta, todo él era distinto. Sin el Ed de la pintura, solo podía enfrentarme al de la vida real y él podía romperme el corazón de nuevo.

Tocaron a la puerta, sabía que él único que podía ser era él, necesite unos segundos para poder abrir, me coloque los zapatos y tome mis cosas para salir. Cuando quedamos frente a frente, sentí que me faltaba la respiración, necesitaba más tiempo, necesitaba pensar.

―Te vez hermosa. ―su voz era temerosa, como si temiera que en cualquier momento entrara al apartamento y me negará a salir de nuevo. Sonreí un poco y salí por completo del lugar antes de arrepentirme.

Bajamos en un silencio incomodo, y el trayecto en coche no fue mucho mejor. Iba tan distraída que no note que estábamos en su edificio si no hasta que me ayudo a bajar del auto.

―¿Qué hacemos aquí? ―pregunté confundida, él me dedico una tímida sonrisa.

―Aquí será nuestra cita. ―asentí aun nerviosa, esperaba que fuera un lugar público, pero estar nosotros solos le ponía más estrés a todo esto.

Subimos al ascensor y él marco un número que no era su piso, iba a preguntar pero comenzaba a ponerme ansiosa, no estaba hecha para lidiar con situaciones estresantes.

Una vez llegamos al piso que marcó, tomó mi mano y me hizo seguirlo, estaba tan nerviosa que solo lo seguía como un títere, subimos unas escaleras hasta una pequeña puerta, la abrió y me dejo pasar primero.

Me quede parada a unos centímetros de la puerta, con la boca abierta, no me esperaba esto.

Era un simple techo, pero estaba decorado, había flores, y una manta en el suelo, una botella de champaña y lucecitas blancas, él me sonreía nerviosamente.

―¿Te gusta? ―preguntó con una mirada temerosa, yo aun no podía formar una frase, estaba tan sorprendida con todo esto que me costaba incluso caminar.

―Es…―finalmente junte fuerzas y logré dar unos pasos hasta las flores que estaban hermosamente colocadas. ―Es hermoso. ―respondí, era la cita más bella que había tenido, aunque también era la más complicada y confusa.

―En Phoenix, te gustaba ver el cielo acostada en el patio de tu casa. ―me giré a mirarlo y él tenía una sonrisa, como si hubiera hecho algo bueno, mientras yo no podía dejar de mirarlo. ―Aquí es un poco complicado hacer eso, pero creo que esto se acerca bastante. ―levanté la vista y era cierto, era una vista preciosa del cielo de Nueva York.

En las semanas que llevaba aquí, no había podido verlo así, en todo su esplendor y en verdad era muy hermoso. Después de un rato nos sentamos en la manta que había colocado, me había quitado los tacones e intentaba mantenerme calmada.

Edward abrió la champaña, sirvió dos copas y me tendió una, bebí un sorbo mientras intentaba no mirarlo de frente, deje la copa a mi lado y decidí hacer lo que hacía siempre en Phoenix, recostarme y ver el cielo.

Él se acostó a mi lado, estaba su saco y mi abrigo hechos bolitas como si fueran una gran almohada, eran esos momentos en que no querías abrir la boca y arruinarlo todo, pero al mismo tiempo sabías que debías decir algo.

―Creo que estás listo para tener citas con…―él interrumpió mi palabrería.

―No digas otras chicas, de todas maneras no tendré más citas. ―respondió un tanto a la defensiva, me giré a mirarlo pero él ya me estaba mirando.

―Sé que duele cuando una relación termina, Edward. Lo viví cuando tuve que dejarte ir…―sentía un nudo en la garganta, porque por primera vez iba a abrirle mi corazón, a decirle todo lo que había dolido que me dejara. ―Había tanto que quería hacer a tu lado, saber que amabas a alguien más me destrozo. Y tarde ocho años para poder verte a la cara sin romper en llanto. ―él me miraba fijamente, pero sus ojos eran nostálgicos, mientras una lágrima recorrió mi mejilla. ―Pero si no aprendes a dejar ir a las personas que no quieren estar en tu vida, sufrirás aun más. Ella no va a volver, está casada ahora y no puedes cambiar eso. ―él frunció el ceño.

―¿Qué? ―parecía confundido, me senté y él se levanto un poco.

―Sé que aun le amas, es bastante obvio que aun estás enamorado. ―respondí limpiando la lágrima que había salido. ―Pero debes seguir con tu vida, no puedes aferrarte al pasado.

―No la amo. ―respondió serio y firme, iba a decir otra cosa, pero él me detuvo antes de siquiera abrir la boca. ―Jamás la ame. ―fruncí el ceño, ¿entonces de qué iba todo esto?

―¿Entonces por qué te niegas a seguir con tu vida? ―pregunté confundida, él parecía luchar consigo mismo, como si quisiera decir tantas cosas pero no pudiera hacerlo. ―¿Por qué siento que me estás escondiendo algo? A veces pareces tan feliz, tan animado y otras estás así, como indeciso de lo que debes hacer o decir. Es un poco estresante seguirte el paso. ―él suspiró y sacudió la cabeza.

―Cuando estoy contigo me siento diferente, como si los últimos ocho años no hubieran pasado y como si pudiera ser el chico que conociste de nuevo, pero la verdad es que no puedo, Bella. ―me dolía verlo así, escucharlo hablar así. No quería que se escondiera en su caparazón cuando yo me fuera.

―¿Por qué no puedes? ¿Qué es lo que me estás ocultando? ―pregunté subiendo la voz, él solo me miraba, sabía que no me lo diría, si no lo había hecho hasta ahora mucho menos lo haría en ese momento. ―Lo peor es que una parte de mí aun sigue tan enamorada de ti como hace ocho años. ―dije sin mirarlo, sentía su mirada sobre mí, más intensa que antes, pero aun así no quería verlo, porque sentía que él me diría que no sentía nada por mí y yo probablemente rompería en llanto. ―Y ahora debo dejarte ir de nuevo.

―No. ―su voz sonaba confusa, como si la pelea dentro de él estuviera finalmente llegando al fin o apenas hubiera estallado. ―No. ―repitió, me giré a mirarlo y él me miro a los ojos antes levantase y atraerme a él.

Sus labios se estrellaron con los míos, no era un beso dulce, era uno apasionado, intenso, decisivo. Sus manos sostenían mi rostro, y yo como estúpida me entregaba a él, como la primera vez. Su lengua recorría mi boca sedienta de mí, mientras yo intentaba seguirle el pasó, finalmente me rendí por completo y mis manos subieron hasta su cuello, jalando su cabello, dejando que mis dedos lo sintieran de nuevo.

Él soltó mi rostro y fue bajando, haciendo que me recostará en la manta de nuevo, con él quedando sobre mí, sus labios no me daban piedad, era como si hubiera deseado ese beso desde el momento en que me fui de su casa hacía tanto tiempo.

Y yo no podía negar que me sentía igual, quería sentir que esto era real, que él era mío y nadie se interponía entre nosotros. Quedo entre mis piernas, moviéndose como si estuviera haciéndome el amor. Mientras yo gemía bajito contra su boca, sus manos vagaban por mi cuerpo, mientras yo lo aferraba a mí desde su cuello.

―Quiero hacerte el amor. ―su voz era ronca, excitante. Yo asentí e intente juntar nuestros labios de nuevo, pero él se había detenido, tan rápido como había iniciado.

―Hazlo, Edward. Yo también lo quiero. ―pedí, él suspiró y beso mis labios pero en un beso más pausado y tierno.

―Dame tiempo, te prometo que lucharé por esto. ―fruncí el ceño, ¿de qué estaba hablando ahora? ―Necesito ser libre antes de hacer esto. ―estaba bastante confundida con esto.

―¿De qué hablas? ―él se levantó y me llevó con él.

―Te diré todo, pero necesito tiempo. ―parecía que aquí todos me hablaban en clave y lo peor era que todos sabían algo que yo desconocía pero era vital para llenar los cuadros vacíos.

―Dímelo entonces. ―él negó, beso mi frente y se puso a mi lado, recostándose en su parte de la manta, me atrajo hasta que terminé acostado a mi lado pero con nuestras manos entrelazadas.

―Aun no. Solo disfruta la vista y confía en mí. ―era difícil confiar cuando no tenías ni idea de que estaba pasando, pero la parte irracional y sentimental de mí, confiaba en él.

―¿Cuánto debo esperar? ―pregunté mirándolo mientras él mantenía la vista en el cielo.

―No lo sé. ―respondió, se giró y me miro a los ojos. ―Solo necesitas saber que cada día de los últimos ocho años, estuviste en mis pensamientos. Y estaba resignado a pasarme la vida solo, hasta que volví a verte en la galería. ―asentí y volví a mirar el cielo, él sonrió y me atrajo para que estuviéramos lo más juntos posible.

Esa noche, al llegar al apartamento, me sentía aun más confundida que cuando había salido de él, pero extrañamente sentía que ahora podía enfrentarme a todo esto, él iba a luchar contra lo que fuera que lo retenía así que yo podía luchar de la única manera en que él me había pedido lo hiciera, confiando en él.

Los mensajes habían vuelto, pero ahora mucho más coquetos y un tanto atrevidos, teníamos la semana entera sin vernos, así que pensé en darle una sorpresa y visitarlo en su oficina, quizás podríamos ir a comer juntos.

Cuando llegué a la recepción, la chica enamorada de Edward me sonrió pero al notar quien era abrió los ojos como platos.

―Señorita Swan. ―parecía que acababa de ver un fantasma, no creía que Edward le hubiera dicho algo sobre nosotros, aunque si se lo había contado a Emmett a estar alturas todo Nueva York debía saberlo.

―Hola, venía a ver a Edward, al Señor Cullen. ―respondí con una sonrisa. ―Pero no le digas que estoy aquí, quiero sorprenderlo. ―ella parecía que acababa de entrar en un ataque de pánico.

Intente ignorarla y seguir hasta la oficina pero me detuvo.

―¡No! Esperé, el Señor Cullen está algo ocupado. Puede esperar en la sala de café. ―fruncí un poco el ceño y me gire a mirarla.

―¿Qué está haciendo? ―pregunté un tanto curiosa, él me dijo que estaría libre toda la tarde.

―¡Bella! ―me giré para toparme con Emmett sonriente, le sonreí un poco y él me levanto dándome vueltas. ―Edward me dijo las buenas nuevas, sabía que solo debía juntarlos y la magia pasaría. Soy como Cupido.

―Sí, claro. Ahora planeaba darle una sorpresa pero parece que está ocupado. ―respondí cuando me bajo, él frunció el ceño.

―No lo está. ―ambos miramos a la chica del escritorio con el ceño fruncido y ella miro a Emmett como diciendo "Cállate" ―Anda, seguro se alegra de verte.

Sonreí e intente ir de nuevo, pero la secretaria me detuvo una vez más.

―No creo que sea lo más conveniente, él… ―Emmett la miró un poco molesto.

―Jessica, ella es la novia de Edward. Y Edward estará encantado de verla. De hecho, cada que venga déjala pasar. ―sonaba a advertencia, la chica se sonrojo un poco, pero seguía terca.

―Sí, pero ahora en verdad está ocupado. ―Emmett negó y suspiró.

―No puede estarlo, yo lo sabría si así fuera, así que solo ve Bella. ―asentí de nuevo y fui por el pasillo, escuche que la Secretaria le decía algo y de pronto los gritos de Emmett detrás de mí. ―¡No! ¡Bella espera! ―pero ya era muy tarde, había abierto la puerta y parecía que la caja de pandora había estallado frente a mis ojos.

Él aun no notaba que estaba ahí, Charlotte estaba colgada de su cuello besándolo con la misma intensidad que él me había besado, mientras le repetía que lo había extrañado, él la sostenía por la cintura y le correspondía.

Sentí mi corazón romperse en mil pedazos frente a mis ojos, si aquella primera vez no había llorado ahora sentía que jamás dejaría de hacerlo, antes que alguno de ellos notara que estaba ahí e interrumpiera su maldita escena del reencuentro, salí corriendo.

Emmett me seguía pero yo no iba a caer en esto de nuevo.

―Por favor, Bella. Tienes que escucharme. ―pedía, detuvo el ascensor y yo oprimí el maldito botón de nuevo. ―Bella…

―¡No! Se acabo esto, lo entiendes. No me importa si quieres que él la deje y no sabes cómo decírselo. Quiero largarme de aquí y no volver a verlos. A ninguno de ustedes. ―estaba destrozada y las lágrimas amenazaban con salir, no quería que ninguno me viera así.

―No puedes irte así, él quedará destrozado.

―Bien, al menos estaremos a mano. ―respondí y oprimí una vez más el botón, finalmente las puertas se cerraron y así como lo hizo mis lágrimas comenzaron a salir.

Necesitaba irme de esta maldita ciudad, alejarme de todos y levantar mis pedazos del suelo. Así que al llegar al apartamento, guarde todas las cosas que cabían en la maleta, estaba segura que para ese momento Emmett ya le habría dicho a Edward así que no podía perder tiempo.

Llame a Alice y ella compraría el boleto para que fuera a París, donde ella estaba. Así ninguno podría rastrear la compra del boleto, después llame a Rose y ella acepto recoger el resto de mis cosas, para enviarlas a la casa de mis padres.

Cuando estaba por salir, el retrato de Edward parecía mirarme y entre la rabia y el dolor que me manejaban, no lo pensé. Tome el retrato y lo rompí con unas tijeras, finalmente tenía un maldito cierre.

Tome un taxi y le pedí me llevará al aeropuerto, Alice me envió la información del vuelo y tenía unas horas para llegar. Por suerte en Nueva York había más de un aeropuerto así que si me buscaban tardarían unas horas.

Cuando faltaban unos minutos para que saliera mi vuelo, saque todo el dinero de mi tarjeta, no quería ningún movimiento fuera del país, no quería que hubiera forma de que me encontraran.

Quería enterrarlos en el pasado. Durante el vuelo, solo miraba el cielo pasar por la ventana, sabía que alguien saldría lastimado con este juego, con tantos secretos y mentiras. Pero aun así había decidido jugar, ahora tendría que recomponerme, iniciar de cero y esperar a que el tiempo curara las heridas.

Había apagado el teléfono, no quería hablar con nadie, cuando llegará llamaría a mis padres desde el hotel y les explicaría todo. Pero ahora solo necesitaba la soledad para comenzar a sanar.

No sabía que había comenzado a llorar, hasta que la señorita a mi lado me tendió un pañuelo, y entonces ya no pude detener las lágrimas. Él había prometido que estaríamos bien, me había hecho creer en sus palabras de nuevo. Era una estúpida por confiar en alguien que ya me había roto el corazón una vez.

Al llegar a París, me encontré con Alice y Jasper, apenas la vi rompí en llanto por segunda vez, ella me abrazo y dijo que todo estaría bien. Jasper nos dio un momento y fue a buscar mi maleta, mientras yo intentaba dejar de llorar como una loca.

―Tranquila. ―susurró en mi oído, suspiré e intenta calmarme pero no estaba bien, nada estaba bien.


Espero les guste y dejen sus RR

Quedan 5 capítulos para el final :3