Hola mis amados lectores! que alegría es volver a subir un capitulo de Shaman King.

Se que prometí subir el capitulo hace años, realmente ya no quiero poner excusas, aunque sean reales. Estoy a meses de graduarme de universidad, y realizando practicas profesionales y tomando otros cursos lo cual me quita gran parte de mi vida diaria. Hay días en los que trato de continuar pero la inspiración no llega. Comencé esta historia cuando estaba en secundaria, realmente el tiempo pasa volando. Pero mi amor hacia esta historia, aun existe.

Agradezco a todos por el apoyo y por no perder la fe en mi, ni en mi fic. Enserio, es hermoso leer sus palabras de amor y animo. Me inspiran a terminar la historia lo más pronto posible.

Cabe aclarar que tuve que releer la historia muchas veces porque había olvidado muchas cosas. Hay unas cosas que voy a reescribir, para que estén al pendiente de los cambios, o en el siguiente capitulo, publicare notas sobre dichos cambios y datos importantes que tal ves ya olvidaron de capítulos anteriores.

Advertencia: El capitulo es un monstruo. La extensión es larga y hay mucho contendió. Perdón si hay errores ortográficos, quise subir el capítulo lo más rápido posible.

Bueno sin más que decir, espero que les guste!


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~ anteriormente en sueños entre sombras~

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"¿Anna esta muerta?"

La voz de Yoh se quebró al decir aquello. Hao solo se limitó a permanecer callado.

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"Esta es nuestra parada" Dijo el esqueleto a su espalda "Solo camina derecho, y encontraras las respuestas que buscas"

Con ojos curiosos, se levanto y bajo de la balsa. Miro atrás, solo para ver al esqueleto viéndola de regreso. Meneando su cabeza un poco, tomo aire y alzo la cabeza. Con pasos firmes, comenzó a caminar por un camino dorado que conducía a una enorme puerta.

Lo que encontraría detrás le asustaba, pero si esa era la única manera de conocer la verdad, no había muchas opciones por escoger.

Llegando a la puerta, la miró con ojos inexpresivos, pero estos temblaron un poco cuando la enorme puerta se abrió, abriendo paso a una figura que salía de ella.

"¡Mama! ¡Te había estado esperando por mucho tiempo!" Una voz ronca exclamó con alegría.

Con ojos en blanco y una cara pálida, miro como un enorme demonio rojo, un ogro le sonreía con sus afilados colmillos.

"Oh-oni" Susurró sin aire al ver la figura de su pasado enfrente de ella. "Pero que-

"No te quedes ahí parado inútil ogro, hazte a un lado"

Otra voz, esta vez más áspera y cansada gruño con molestia detrás de las piernas del demonio rojo.

"Kino" No podía hacer nada más que parpadear sus atónitos ojos en blanco al ver a la anciana caminar fuera de la puerta.

"Tiempo sin verte, Anna"

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"La pequeña Anna esta perdida…" Dijo calmadamente, sabiendo que aquella figura podía escucharlo. Grimm sonrió macabramente al escuchar como las cadenas crujían de cómo la figura se movía en cano, pero eso solo causo que objetos finos y delgados cayeran de su espalda, flotando débilmente hacia el suelo.

"Me pregunto si tuviste algo que ver en ello"

Grimm se levantó de su trono y caminó hacia las grandes puertas de la habitación. Su plateado cabello liso caía en cascadas por su espalda, sus pasos eran pesados gracias a la armadura negra que llevaba puesta pero aun así, no hacia ningún ruido al moverse.

Levantó una mano hacia su ojo derecho, ojo donde se encontraba aquel parche. Y justo cuando toco la tela negra en su rostro, dejó que la esfera que llevaba en manos resbalara entre sus dedos. Y entonces sonrió, mostrando una sonrisa diabólica llena de afilados dientes.

"Lu…"

La figura en la esfera se retorció entre sus cadenas, y abrió los ojos. Mostrando tan solo un brillante ojo dorado antes de que la esfera se estrellara contra el suelo en mil pedazos.

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"No lo hagas" Yoh le dijo con desesperación al ver que la rubia tomaba la esfera roja con manos temblorosas "¡Maldita sea, Anna!"

Pero la chica dejo de escucharlo, o al menos eso trataba. Sus ojos miraron a la luz roja, primero con horror y miedo, y después con determinación y seriedad. Si hacia esto, debía de estar concentrada y dispuesta, o las cosas saldrían para mal.

"Yoh, perdón" Miró una última vez al castaño que seguía intentando cruzar, sus ojos se cristalizaron con el solo pensar en las consecuencias, pero ya había tomado la decisión y no podía echarse hacia atrás.
"Todo saldrá bien" Le dedicó una pequeña sonrisa antes de introducir la esfera roja dentro de ella.

"¡NO, Anna!" Yoh exclamó con horror cuando la esfera desapareció dentro del cuerpo de la rubia, el cual comenzó a convulsionar mientras que iba desapareciendo poco a poco. Con puños firmes pero temblorosos a la vez, Yoh golpeaba la barrera sin resultado alguno.

Lagrimas comenzaron a resbalar por sus ojos, y aquel sentimiento de impotencia regreso mil veces peor. No podía hacer nada más que ver el cuerpo de la rubia desaparecer. No podía hacer nada ante el hecho de que la perdía una vez más.

"¡ANNA!"

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"Esto quema…" Murmuró Anna con el ceño fruncido. Sus ojos estaban cerrados fuertemente en concentración y molestia, por su frente y cuello escurría sudor de lo tanto que se estaba esforzando. Sus brazos ardían por estar en la misma posición durante horas, al igual que sus piernas, las cuales se encontraban entumidas.

"Claro que quema" Kino le dijo con leve fastidio, insinuando que pregunto algo tonto "Tu alma está entrando en contacto con la de un demonio, es lógico que te sientas así o peor"

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"¿Que le pasó a tu ojo?" le preguntó la chica mientras le acariciaba la mejilla gentilmente.

"Nada grave, por favor no se preocupen" Bon retiró la mano de la peliblanca delicadamente y caminó hasta sentarse en su cama "¿Cómo esta Anna?"

"Esperaba que tú supieras" Alice se mordió el labio y se sentó de nuevo junto con Oz. "Anna nunca cruzo".

"Alguien me sorprendió por detrás, al parecer no hay rastro de quien fue" le informo el peli-azul.

Bon lo miró por unos segundos, para después estornudar, "Hueles a muerto".

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"¿Goldva hará algo contra el grupo de shamanes que ocasiono aquello?" preguntó Yoh.

"¿Sabes quiénes fueron?" Silva dejó su taza de café a un lado y miró a Yoh.

"Si" Yoh suspiró, "Nos han causado muchos problemas, y ya sé que es una competencia, pero atacar en un lugar público sin razón…"

"¿Cómo se llama su equipo?" preguntó Silva interesado.

"No conozco el nombre del equipo, pero los integrantes son Pamela, Link y Draco."

"Oh, ellos."

"¿Oh, ellos?" Yoh alzó una ceja en confusión.

"Han mostrado unas habilidades únicas junto a otros equipos" Silva se recargó en su silla, "Goldva ya los tiene en la mira"

"Bien" Yoh asintió con ojos ligeramente entrecerrados.

"No puedo simplemente arrestarlos, Yoh" suspiró Silva, sabiendo los pensamientos del castaño sin ni siquiera tener la capacidad de poder leerlos.

"¡Pero estoy diciendo la verdad!" Yoh exclamó, haciendo que algunos clientes lo miraran.

"Yoh, cálmate, te creo" Silva lo tranquilizó, "Pero sin pruebas no podemos hacer nada."

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"Sabes, aun no me has dicho porque estás haciendo esto" Le dijo la rubia con una ceja levantada "Creí que me habías deshonrado como tu discípula"

"Esto es más grande que tu honor como mi discípula" Kino le contesto con desinterés, olvidando el detalle que la rubia podía leer su pensamiento.

"¿Oh~?" Anna sonrió burlonamente "¿Crees que soy un peligro para los demás?"

"Eres un peligro" Para Yoh era la continuación no dicha, pero Anna no dejo que eso le afectara. Kino meneó la cabeza y cerró los ojos. "Chiquilla tonta, ahora regresa a trabajar, pero esta vez, no te detendrás hasta que hagas contacto con el demonio"

Con una mirada fulminante hacia la anciana, Anna alzó su mano y sin necesidad de pronunciar las palabras, el demonio desapareció y la luz roja se encendió en su pecho. Podía sentir como la oscuridad giraba alrededor de su alma, podía sentir un shock eléctrico mientras empujaba al demonio dentro de su alma sin resultado alguno. La sangre le hervía, y sus ojos comenzaron a humedecerse por la sensación que sentía.

Mordió su labio fuertemente, evitando que cualquier sonido de dolor escapara, pero sabía que había llegado a su límite. Cerró los ojos y el demonio fue expulsado brutalmente fuera de ella, haciendo que este estallara en pedazos.

"Con odio no lograras nada" Kino le aseguró sin voltear a verla, con el mismo tono de voz, calmado y seco.

El cuerpo de la rubia temblaba; de ira, de dolor, y de impotencia. Limpiando la sangre que había salido de su labio por la intensidad de la mordida, la rubia miro los restos del demonio sin remordimiento.

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Ren estaba a punto de preguntarle algo al castaño, pero ambos se congelaron cuando escucharon el grito agonizante de la chica que dormía en la habitación.

"¡Jeanne!" Ambos se levantaron de golpe y se dirigieron a la cama donde la doncella yacía. La chica se revolvía, parecía que convulsionaba. Sus ojos estaban cerrados fuertemente, sus labios abiertos en un grito, y sus manos rasguñaban la sabana. Pero lo que les alerto más, era la mancha roja que se encontraba en su blusa.

"¿! Pero que está pasando?!" Ren pregunto exaltado mientras trataba de calmar a la chica.

"Creí que no tenía heridas profundas" Yoh, mordiéndose el labio y disculpándose, levanto la blusa de la chica un poco, solo para ver su estomago, pero era justo ahí donde estaba el problema. Una cortada profunda estaba derramando sangre, pero a pesar de la seriedad de la herida, lo que a Yoh le aterrorizo más fue que una línea negra bajo la piel de la chica, comenzaba a moverse hacia arriba. "R-Ren"

"¿Qué demonios es eso?" Pregunto cuándo noto la cosa negra moviéndose.

"S-Sácalo" Un susurró rogó.

"¿Jeanne?" La chica tenía lágrimas en los ojos, los cuales trataba de mantener abiertos y se mordía el labio. Moviendo la cabeza, sus ojos chocaron con los del shaman chino.

"Tienes que-" Oprimiendo otro grito, la chica apretó la blusa cerca de su corazón. "-Impedir…. que se esparza-"

"¿Que quieres que haga, que te atraviese con algo?" Preguntó Ren incrédulo, pero la mirada de determinación llena de dolor le confirmó "Sé que eres una loca masoquista, pero-

Un grito, agudo y doloroso que hizo que una corriente eléctrica recorriera sus cuerpos, corto la frase de Ren. Maldiciendo, Ren saco algo plateado se su bolso y se incoó en la cama.

"¡Yoh, sostenla! No dejes que se mueva" Le ordeno al castaño.

"¿Qué vas a… ¡REN!" Yoh miró atónito como su amigo sacaba su espada y apuñalaba a Jeanne. "!¿Ren, que?!"

"Esta envenenada" Ren le dijo seriamente mientras colocaba unos dedos justo arriba de la línea negra, la cual ya se encontraba cerca de llegar a las arterias del corazón de la chica. Presionando, e ignorando los sollozos de la chica y la respiración entrecortada del castaño, Ren clavo más la espada, haciendo que la sangre brotara fuera del cuerpo, y sin dejar de presionar, delineó la línea negra hacia abajo, tratando de llevarla hacia la cortada.

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"Si Anna está viva, ¿porque actúas como si no lo estuviera?" Preguntó curioso, pues Hao se la había pasado quemando cosas y actuaba un poco extraño. Más de lo que ya era.

"Porque es lo que ellos quieren" Hao le contestó "La próxima vez que veas a Anna en un sueño, no confíes en sus palabras ciegamente, confía en lo que tu intuición dice"

"No entiendo, ¿porque ahí que ocultar la verdad?"

"Porque así es más fácil…" Hao suspiró "Escúchame bien Yoh, Anna está luchando por su vida mientras tú te dejas envolver por los brazos de la depresión"

"¡No lo hago!" Exclamó Yoh "Tu sabes donde esta Anna, ¿por qué no te interesa buscarla cuando su vida peligra?"

"Porque a diferencia de ti, yo confió en ella"

"¡Confió en ella! ¿Porque todos parecen dudarlo?" Yoh casi llora, casi. Ya estaba cansado de que cada persona le cuestionara su confianza por la rubia. Cuando en realidad, era la persona en la que más confiaba. El fuego a su alrededor despareció, dejando solo un circulo quemado en el suelo. No había gritos ni policías, lo que era bueno.

"Se nos acabo el tiempo, sabandija" Hao le dijo.

"En verdad lo hago" Murmuró Yoh en voz baja mientras se dejaba caer de nuevo en el columpio.

"Entonces deja de llorar y se fuerte" Hao miró hacia el cielo nublado "Se avecina una tormenta, Yoh ¿Formaras parte de ella o serás el que la detenga?"

"Encontrare a Anna, no importa si me mojo" Yoh dijo con determinación, haciendo que Hao rolara los ojos. Esa no era lo que pregunto, pero servía de todos modos. Mirando alrededor, notando solo las presencias de humanos alrededor, Hao relajo un poco los hombros, y comenzó a mecerse en el columpio.

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"¿Qué haces aquí?" Preguntó cuando sintió la presencia de un espíritu a su lado.

"Necesito ayuda" Amidamaru le dijo con determinación, haciendo que Hao lo mirara con una ceja levantada.

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"Me recuerdas a alguien…" Anna susurró en voz baja sin dejar de acariciar al demonio. Ahora sabia porque no quería abandonar a aquel demonio, pues le recordaba tanto a él.

El demonio movió sus orejas y miró a la rubia con la cabeza hacia un lado. La rubia parecía estar perdida en sus pensamientos, pues se sentó y atrajo al demonio cerca de ella.

"Me recuerdas a alguien a quien yo quería…pero ahora me odia"

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"¿Que te parece si hacemos un viaje?" Le preguntó al espíritu espadachín que lo a estado acompañando por todo el día.

"¿A donde?" Preguntó Amidamaru con cautela, pues era obvio que nada bueno venia de los planes del castaño.

Hao coloco una mano enfrente del espejo, y dentro de segundos, el cristal entero se encontraba siendo consumido por llamas.

"A un lugar de tinieblas"

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"Es más fácil dejarse caer" Sarah susurró con una sonrisa "¿No lo crees? Yoh"

Yoh abrió sus ojos temblorosos y cristalinos, pero lo único que veía eran sombras, sombras en las paredes, en el techo, y alrededor de él. Lo estaban ahogando, le estaban forzando a dejarse ir. Y el quería.

En verdad quería dejarse llevar.

Y tan pronto como lo decidió, toda neblina en su mente desapareció. Su corazón dejaba de palpitar fuertemente, y su alma, su alma ya no lloraba.

"Te tengo~" Murmuró la pelinegra antes de que su cuerpo convulsionara cayera al suelo.

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"Cunado la sustancia negra comenzó a dispersarse por el cuerpo de Jeanne, Ren se encargo de detenerla y extraerla a tiempo, eso impidió que sus glóbulos no se infectaran. Pero cuando Yoh fue infectado, suponiendo que fue en su prueba por la medalla en donde peleo contra una sombra que lo hirió gravemente pero al rescatarlo no poseía heridas, es muy probable que la sustancia haya entrado en su cuerpo en ese momento, y al no detenerla, generó un estado de shock, cerrando su sistema inmunitario" Fausto suspiró "Mientras Yoh estaba inconsciente, la sustancia negra se expandía al grado de infectar todas sus células"

"Lo que significa…" Los brazos de Ren cayeron al darse cuenta de la gravedad de la noticia, incluso Horohoro cruzo sus manos para recargarse en ellas. Fausto los miro con seriedad y lastima, pero no podía mentir. Eliza apareció a su lado, y colocó una mano en su hombro, dándole valor para continuar.

"Lo que significa que su cuerpo se adapto completamente a ella" Fausto miro a la ventana y coloco una de sus manos sobre la de Eliza. "No sabemos que ocasione esta sustancia, pero si llega a activarse, Yoh no podrá detenerla"

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"Los vivos no pueden caminar por estas tierras" Habló el demonio a un metro de distancia, en su mano sostenía una lanza con una cuchilla peligrosamente filosa, mientras que con la otra mano, sostenía la soga que ataba las piernas de la rubia. Su mirada era fría estaba posada solamente en la rubia "Claramente olvidaste dejar tu cuerpo podrido en la superficie"

Anna respiro agitadamente y las palabras de la anciana Asakura resonaron en su mente "por nada en el mundo dejes salir tu furyoku" y eso fue lo que hizo, aunque fuera inconscientemente.

"Alguien me trajo aquí" Habló firme, tratando de quitarse la soga de sus piernas "Si quieres castigar a alguien, que sea a quien trajo al humano aquí"

"Silencio" La orden sonó como un trueno retumbando en el cielo. Anna se estremeció por el sonido y trataba se soltarse con desesperación. El demonio alzó su lanza con intención de atacar a la rubia, pero Van se lanzo contra el, mordiendo la lanza e impidiendo que lastimara a la rubia.

Anna aprovechó el momento para soltarse de la soga y levantarse, pero solo para volver a caer cuando el demonio arrojó a Van contra ella. Gruñendo, Anna alzó la vista para ver al demonio bajar del caballo y caminar hacia ella con la lanza en mano.

"Los humanos no pueden vivir aquí" Su voz era tan gélida, que ni siquiera se ponía a la par cuando ella se enojaba. El demonio alzó su lanza, y Anna abrazó el cuerpo de Van mientras se arrastraba hacia atrás, sus ojos nunca perdiendo de vista el arma.

Pavor, eso era lo que sentía en ese momento. No tenia arma con que defenderse, y solo podía maldecir su suerte. Sus brazos apretaron el cuerpo del demonio azulado cuando vio como la lanza descendía sobre ella. Sus ojos se abrieron y apretó sus labios para no gritar.

No podía acabar. No iba a acabar.

¡Tenia que regresar!

-sk-

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El arma del demonio descendió, el cuerpo de Van se posicionó en frente de la rubia, chillando en un intento de protegerla. Anna solo cerró los ojos con fuerza, y abrazó al pequeño demonio azul en sus brazos.

Un gran golpe resonó en el área, exhaló entrecortado cuando no sintió dolor, abriendo los ojos, tomó el cuerpo del demonio azul con firmeza al ver una especie de domo creado por furyoku gris alrededor de ella. El demonio blandía su lanza contra el escudo, pero esta revotaba ferozmente.

Anna suspiró de alivio, y no hizo nada cuando Van lamió su cara. Aunque sostuvo un brinco cuando el demonio que la perseguía rugió fuertemente enfurecido. El caballo demoniaco azotó sus patas contra el domo a orden de su amo, pero estas de igual forma revotaban, claro que con la fuerza en que golpeaban el domo, hacia que este vibrara. Incluso Anna podía sentir las vibraciones en el suelo.

Necesitaba un plan, y rápido. No tenia armas, no era una experta en combate, no sabia si podría invocar a sus shikigamis o algún otro espíritu en aquel lugar. Su única esperanza yacía entre el pequeño demonio azul que traía en brazos, y si se concentraba lo suficiente, su furyoku.

Lo sabia, muy dentro, detrás del pánico y terror que sentía, sabia que solo había una única forma de salir viva. Pero no podía, por eso lo ignoraba. Incluso cuando Van comenzó a estrujarse en sus brazos, y el domo comenzaba a vibrar cada vez mas, Anna sabia que no podría realizar aquel acto por el cual había venido a ese lugar a entrenar.

YohQueHagoNoSeQueHacerTengoMiedoDueleNoQuieroMorir

Sus ojos comenzaban a empaparse por lagrimas de impotencia, su cuerpo temblaba ferozmente al encontrarse vulnerable y en peligro de muerte.

"Maldito humano" El demonio rugió enojado. Mirándola fieramente y rodeando el domo, tratando de encontrar un punto débil para romperlo.

"No es mi culpa" Anna susurró, meneando la cabeza en forma de negación.

"Tu culpa o no, un sucio humano no puede estar aquí, si quieres quedarte, tengo que matarte"

"No quiero quedarme!" La rubia gritó, estremeciéndose cuando el domo fue azotado repentinamente. Van chillaba y gruñía pero Anna no prestaba atención. No prestaba atención mas que al titilante domo que la protegía, a la furia en que la lanza golpeaba el escudo, incitándolo cada vez mas a que se rompiera. ¿Y entonces que? El escudo se rompe, ¿y que después?

¿Que haría Yoh? Inténtalo, todo saldrá bien. ¿Que haría Hao? Quémalo antes de que te mate. ¿Que haría Anna? ¿Anna era ella, no? Ella era valiente, Anna no se quedaría congelada, no, Anna lucharía porque Anna era fuerte e impotente verdad? Porque Anna siempre sabe que hacer y siempre logra lo que quiere y solo hay que liberar el poder y hay que matarlo y estas perdiendo la cabeza ANNA!

"Ahh!" La rubia gritó histéricamente con una respiración laborioso. Para ese entonces, sus lagrimas cubrían su rostro. Sus sollozos solo se volvían mas frecuentes, haciéndola sentir patética e indefensa. .

¿Y que si moría?

Suspiró, hombros relajándose y soltando el agarre del demonio azul. ¿Y que si moría? Todo acabaría, ya no lastimaría a nadie, ya no vería el sufrimiento de los demás, ya no dolería.

Van brincaba a su alrededor y arañaba sus piernas tratando de llamar su atención. Pero Anna ya no estaba.

Solo traía destrucción y vivía en dolor. Ya no quería sufrir. Era tan fácil dejar todo ir que tratar de mantenerlo. Tan fácil.

Van rugió. El domo comenzaba a desintegrarse. En segundos había perdido la fuerza de voluntad, su mente estaba echa un desastre, pensamientos y memorias negativas inundaban su ser. Su cuerpo se sentía pesado, no podía-no quería moverse. Solo quería que terminara.

El demonio golpeo el domo con fuerzas, este comenzaba a desaparecer, incitándolo a continuar con la feroz hazaña. El color gris comenzaba a volverse transparente, hasta que como una ráfaga de viento, desapareció. El demonio alzo su lanza sonriendo con satisfacción, no espero más, y delibero el golpe.

Y justo cuando el arma estuvo a punto de alcanzarla, Van la atrapo con su hocico gruñendo.

"Molesto traidor" El demonio gruño, y sin fuerzas, alzo la lanza rápidamente, acto que hizo que el demonio azul fuera alzado también. El demonio azul levito por un segundo, un insignificante segundo para después ser atravesado con la lanza, y ser lanzado por el lugar.

Silencio.

No podía escuchar. Todo parecía moverse en cámara lenta. Un momento estaba viendo al vacío, el siguiente, todo fue una combinación de azul y rojo. Sus ojos se agrandaron, su respiración se entrecorto, y su cuerpo se paralizo al sentir una sustancia tibia salpicar en su rostro. Anna solo miro con ojos en blanco como el cuerpo del demonio azul pasaba volante frente a ella.

Giró su rostro lentamente, observando como el pequeño cuerpo del demonio azul yacía inmóvil en el suelo; suelo que estaba tornado de rojo. Con labios temblorosos y nuevas lagrimas que limpiaban la sangre en su rostro, Anna reaccionó.

"¡VAN!"

¡IDIOTA! Pero que estupideces estaba pensando! ¿!Morir!? Jamás! Estaba viva, tenia una familia y tenia amigos y tenia un sueño. Morir jamás. Que se sacrifiquen por ella Jamás!

Se giró furiosa contra el demonio, quien se encontraba justo encima de ella, listo para atacar. Anna alzo una mano, y un escudo la protegió nuevamente.

"No me tientes humano, no mereces tales poderes aquí!" El demonio azoto el escudo una y otra vez, haciendo que Anna se arrastrara hacia atrás por la gran fuerza. Su brazo comenzaba a temblar al recibir las vibraciones del ataque, y sabia que no podría resistirlo por mucho.

"¡Basta! Por favor, para" La rubia gritó, pero al demonio no le interesaban sus suplicas. En un intenso golpe, el escudo se rompió, Anna solo tuvo tiempo de mover su mano de lugar para que no fuera lastimada, y no pudo defenderse del golpe que el demonio le proporciono en su cuerpo, mandándola rodar por unos metros, cayendo a un lado del pequeño demonio azul.

Anna trato de levantarse, pero como dolía. El demonio comenzó a caminar hacia ella, claramente disfrutando jugar con su presa. Con su cuerpo temblando de dolor y cansancio, trató de arrastrase hacia el demonio azul.

"Van" Murmuró, incluso hablar se le dificultaba. Con una mano alzada, la rubia trataba de alcanzar el cuerpo del demonio azul en un inútil intento de sobrevivir "Van fusiónate".

No estaba muerto, Anna lo sabia. Estaba herido y cansado como ella, estaba luchando por mantenerse vivo como ella. El movimiento de sus largas orejas se lo comprobó. Solo un poco más. El cuerpo de Van tembló y la rubia casi solloza, pero justo en ese instante, el dolor inundo su cuerpo nuevamente.

"AAH!" gritó agonizando en dolor, pues el demonio había colocado su pie fuertemente en su espalda, pegándola contra el piso de golpe. Mordiéndose el labio fuertemente al grado de sangrado, Anna estiro sus dedos. Solo un poco más.

Un poco más.

"Bienvenida al inframundo" El demonio alzó su lanza con intención de terminarla, justo en el momento en que Anna- "Fusiona tu alma con la mía!" -alcanzaba el cuerpo de Van.

El poder

Se sentía

Tan bien

Y tan mal

Y tan familiar

Anna quería llorar

No supo como ni cuando, pero se encontraba de pie, el demonio se encontraba a unos metros de ella, arrodillado. Anna parpadeo, y exhaló al ver que estaba siendo rodeada por furyoku gris, un color mucho mas oscuro y violento que antes, y este estaba siendo acompañado por chispazos dorados. Por mas alarmante que pareciera, se sentía calmada.

"Tu morirás" Su voz susurró, pero la rubia sentía como el eco retumbaba en el lugar.

A pasos lentos, se acercó hacia el demonio quien comenzaba a levantarse. El demonio por su parte, fulmino con la mirada a la chica. No permitiría tras atrocidad. Rugiendo, se lanzó hacia la rubia con su arma, pero esta fue interceptada justo antes de tocar a la rubia.

El furyoku se había solificado y convertido en una clase de espada. Cualquier cosa que fuera, detuvo la lanza con un simple movimiento. Esto ya no se trataba de una pelea de fuerza bruta, pues no importaba cuanto el demonio empujaba y golpeaba, el furyoku gris se mantenía firme.

Rugiendo, el demonio blandió su arma una y otra vez, pero esta nunca cedía. Con frustración, miró a la rubia, y tras hacerlo se quedó congelado.

La chica lo miraba con ojos de muerte, una mirada gélida y llena de poder, un vacío eterno que marcaria su tumba. Los papeles se habían invertido, ahora la presa se había convertido en el cazador. Por más que el demonio intentaba forzar su camino y atacar, este era detenido con facilidad.

Aquel furyoku gris que rodeaba al la joven humana se intensifico en poder y color, en espíritu y forma. Aquella arma maldita parecía que tenia vida. Y entonces hubo silencio.

Y miedo. Quien podría pensar que un demonio nacido en el inframundo sentiría miedo por un humano. No… aquel ser de cabellos dorados y ojos monocromáticos no podía ser humano. No cuando su pálida piel era empapada en sangre sin ni siquiera parpadear. Todo había terminado tan repentinamente, y no había nadie para presenciara aquella atrocidad.

Con labios temblorosos, la rubia soltó el aliento contenido. Aquel fuego corriendo por sus venas rezumbaba y quemaba, enviando corrientes placenteras de ansiedad y deseo. Miró a los restos del demonio enfrente de ella sin piedad alguna. El sentimiento de superioridad era algo tan digno de ella, no importaba que tan torcido fuera. Pues ya no tenia razón de ser. No era mas que un títere de poder. Y más. Quería destruir más.

A pasos lentos, se encaminó por el lugar, buscando, asechando. Aquel furyoku gris sobre ella tan solo la empujaba hacia delante, incitándola a continuar y matar y devorar todo a su paso- hasta que una horrible punzada en su corazón le hizo perder el control y abrir los ojos en shock.

"ngah!" Cayendo de rodillas y arañando su cabeza, la rubia se estremeció al sentir como algo dentro de ella peleaba. Ahogándose con su propio vomito, la rubia tosía y escupía y trataba de recuperar el aliento, más el dolor en su cuerpo y la falta de oxigeno le estaba causando un ataque de shock.

Con un grito, una luz se desprendió de ella y aquel pequeño demonio azul apareció rodando. Aun y cuando la posesión había terminado, Anna aun podía sentir algo – o alguien – en su alma. Podía sentir pensamientos y sentimientos que no le pertenecían, sensaciones horribles y perversas que solo le hacían estremecer en pánico.

"¿V-Van?" Sollozó la chica "¿Que esta pasándome?"

El demonio chilló a su lado, frotando su cabeza contra su pierna en una manera calmante. Permanecieron así por un largo rato, realmente no había forma de contar el tiempo en aquel lugar maldito, así que la rubia por una vez en su vida no se preocupo en cuanto le tomaba recuperar la cordura.

Frunciendo al mal sabor de boca, la rubia miró al rededor mientras procesaba sus pensamientos. Su mente era un caos total, le costaba mantener una línea firme sin que cientos se atravesaran.

¿Qué había ocurrido? Una feria llena de juegos y diversión. Gritos y oscuridad…una canción…y silencio. Aquella calavera charlante la había encaminado en el limbo hacia una enorme puerta, y la anciana muerta…Kino… Kino dijo que no utilizara su furyoku… y aquel demonio azul que la hizo olvidar ahora la protegía y Yoh! Yoh estaba en problemas! No había tiempo de sentarse a llorar.

"Vámonos" La rubia se levantó para correr, aun y cuando su cuerpo estaba lastimado, su estomago vacío y su mente en ruinas, no se detuvo. La noche no era oscuridad total, incluso cuando no había estrellas que alumbraran su paso, la rubia podía ver a la perfección el camino. Aquellas dos lunas paralelas una a la otra eran la única guía que tenia.

El claro no era nada más que rocas y tierra, no había huesos o sustancias putrefactas, ni arboles que le bloquearan la vista. Los monstros se escondían, ninguno se atrevía a cruzarse su camino. Y estaba bien, pues no estaba de ánimos con encontrase ninguno.

La vista de una enorme escultura de hierro le hizo casi tropezar, por fin la había encontrado.

"La puerta" Exclamó con alivio, rogando a sus piernas porque corrieran más rápido. Estas se encontraban duras y llenas de magulladuras, pero sin importarle, se lanzo hacia ella con toda su fuerza, pero esta no cedió. "No, no!" Azotando y empujando, la rubia trataba de abrir aquella enrome puerta, a golpes y patadas, mas esta jamás se movió.

"Ábrete. Ábrete por favor!" Pero seria imposible, aquella puerta tenia voluntad propia, considerando que se cerró justo cuando la noche cayó. ¿Cuánto duraba una noche ahí? No lo sabia, y no tenia tiempo para saberlo. "¡Ábrete, maldita sea!"

La rubia estaba considerando realizar otra posesión de almas, no importase cual peligroso fuera, para tratar de hacerla explotar. Pero justo cuando iba a intentarlo, justo antes de cometer aquella locura, hubo un chirrido que la detuvo. Conteniendo su respiración para escuchar mejor, se dio cuenta que aquel sonido provenía de aquella pesada estructura, y como poco a poco, esta comenzó a abrirse por si sola.

Con un respingo, dio un paso hacia atrás para contemplar el acto de su libertad, hasta que Van comenzó a temblar detrás de sus piernas con un gemido.

"Pero que…"

Toda voz, razón y pensamiento se esfumaron en el momento en que aquellas grandes puertas se abrieron, revelando detrás de ellas a su gran salvador. Pero no era felicidad ni gratitud lo que sentía, sino terror puro. El shock de ver a aquella figura enfrente de ella la había congelado por completo.

"Hola, mi querida Anna"

"!"

Anna prefería mil veces que la puerta nunca se hubiera abierto.

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A millones de kilómetros de lejanía; en una choza a las afueras de un bosque custodiada por personas portando capuchas emplumadas, una anciana juzgaba a una joven chica con una mirada gélida y llena de reproche.

"Me prometieron que no habrían casualidades" Habló la vieja después de un largo momento de silencio.

"Lo estamos intentando, pero hay cosas que no podemos evitar" Tan tranquila como el agua, la joven chica no se inmuto ante tal regaño.

"Cuásar pánico en un espacio abierto, poner en riesgo a cientos de personas comunes y exponer las habilidades de los shamanes" La lista podía seguir, pero la anciana decidió por omitirlo. "Nuestro torneo esta bajo vigilancia las 24 horas, con capas de furyoku especializadas para que los humanos no noten nuestra presencia, y por ende, nuestra existencia"

"Lo sé, y le aseguro que no era nuestra intención causar tanto pánico"

"Pero si el causarlo"

"Es parte de nuestra misión. Si así lo desea, podemos romper nuestro trato y ambas partes trabajaran por su cuenta sin importarnos que ocurra al final con el otro" No era una amenaza, pero ambas partes sabían que no podían dejar a la otra si querían cumplir sus objetivos, no importase cuanto odiaran trabajar juntas.

"Asegúrate que no vuelva a ocurrir" Fueron las palabras de la anciana, fuertes y claras con un mensaje oculto si estas llegasen a ir en contra.

"Claro, señora Goldva" La chica se levanto de su lugar haciendo un leve reverencia "Con su permiso, me retiro"

No esperando una respuesta, caminó hacia la salida y lejos del bosque para adentrarse a la cuidad. Aun era mediodía, debía ir a comprar algo de comida antes de que enviaran la locación para la próxima cuidad. Hoy seria el ultimo día en nueva York, y no lo había disfrutado en nada.

Estaba cansada. Con Oz aun en cama lastimado y Bon prácticamente desaparecido, toda la responsabilidad caía en sus manos. El miedo de que algo saliera mal, el solo pensar si cometía un pequeño error seria suficiente para condenar a mas de una persona. Pero no lo permitiría. Saldrían adelante, y pronto gozarían de la libertad.

Alice estaba segura de eso.

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"Una vez dentro, no hay regreso. Yo no me haré responsable si quedas atrapado en ese lugar sin un boleto a la otra vida" Hao hablaba mientras acomodaba unas suaves ahumadas en su cama. Quería tener comodidad mientras dormía, pues sabia que el viaje y regreso serian un dolor de cabeza. Porque no pudo reencarnar un año antes para no conocer y asociarse con aquellas personas, era lo único que cruzaba por su mente mientras maldecía su orgullo.

Estirándose con un gran bostezo, se hecho a la cama con intenciones de no levantarse por un largo tiempo. Abriendo sus ojos con pereza, miró al espíritu espadachín una ultima vez, asegurándose asegurándole que sus palabras eran ciertas, y si algo malo ocurría, este no lo salvaría. Pero el espíritu tan solo le miró determinadamente, conociendo el riesgo, este lo tomaría.

"Vaya lealtad" Bufó el shaman de fuego y cerro los ojos, colocando sus manos sobre su estomago y acomodando su cabeza en las suaves almohadas. "Opacho, cuida de mi cuerpo"

"Si, amo Hao!" El pequeño corrió a sentarse junto a él. El le brindaría guardia y protección mientras su gran amo dormía "¿Traerá a la señorita Anna de regreso?"

"Pronto"

Fueron las palabras del shaman antes de caer en un profundo sueño. No sabia si escaparía sin algún rasguño, o si volvería solo. O si acaso era posible arrastrar con el a un espíritu, cunado el mismo suyo no aparecía cuando lo llamaba. Pero todo pensamiento comenzó a desaparecer mientras la oscuridad lo consumía.

Era extraño volver a aquel cuarto negro sin la presencia de la rubia. Aquellas lucecillas que aparecían ni se dignaron en venir a saludarlo, parece que solo querían a Anna. Bueno, no las culpaba.

Pero al sentir una opresión en su costado derecho fue suficiente para encaminar marcha sin pensar mucho en ello. Realmente no pensó en nada más que caminar y adentrarse en aquel abismo sin fin.

Incluso cuando cruzó aquel lago y la presencia desapareció de su lado, no pensó en nada más que llegar al centro del laberinto y una manera de despertar antes de que su vida estuviera en riesgo.

"¿Me estabas esperando? Que amable de tu parte"

Una vez dentro de aquel laberinto, se detuvo en la entrada del centro, en aquel lugar rodeado de arboles blancos y bancas, donde aquel hombre de largos cabellos plateados lo esperaba deleitándose con un fruto rojo.

"¿Qué es lo que deseas de mi presencia, Asakura?"

"¿Aun no has encontrado a Anna, cierto?"

"Si requieres mi ayuda, eso significa que tú tampoco"

"¿Seguro?" Ahora tenia toda su atención, y si jugaba sus cartas bien, podría salir victorioso. Y cómo era posible amenazar a alguien con mirarlo con un solo ojo?

"Te gusta jugar con fuego, no es cierto niño"

"Es lo mejor que hay" Sonrió socarronamente mientras se acercaba un poco a ese ser maldito "Me parece gracioso, siendo la persona que eres, que no has sido capas de encontrarla, cuando todo este tiempo a estado escondida ante tus ojos…bueno…ante uno"

Si antes lo miraba con molestia, ahora le dedicaba una mirada llena de ira y furia. Tirando el fruto rojo detrás suyo, su figura imponente se levanto para acercarse al shaman de fuego, quien ni se inmutó y siguió hablando. Para ese entonces, Hao sabia que Grimm conocía el verdadero paradero de Anna.

"No se quien la metió ahí. Ni tampoco que es lo que tramabas cuando la secuestraste. Pero si hay algo que debo reconocer, es que eres el único que puede sacarla de ahí"

"Y esta es la parte en donde me amenazas en que la regresare sana y salva a tu lado" El peli-plata se cruzo de brazos, sonriendo como un gato quien acababa de recibir un platón lleno de crema.

"Tu la sacas de ahí, sin lastimarla, y solo piénsalo, le darás un motivo para que confié en ti" Hao lo miro de frente, mostrándole que no le temía su presencia, ni mucho menos su poder sobre aquel abismo.

"Confiar en mi" Grimm se burló, dándose la vuelta para caminar lejos del shaman.

"Necesitas a Anna. Y ella a ti ¿no es cierto? Pero ella te teme gracias a tus intentos fallidos de acercarte a ella"

"Tan preocupado estas, que ruegas a mi porque vaya por ella? Sabes que puedo ir a mi reino en cualquier momento, no necesito prometerte nada para traerla de vuelta" Grimm se detuvo, mirándolo de nuevo con burla en su ojo carmesí. Hao no quería nada más que incendiar a aquel bastardo, pero su espíritu no respondía. Paciencia, ya vendrá el momento. No dejo que aquel ser viera sus emociones reflejadas en su rostro, Hao era un experto en crear mascaras y aparentar sentimientos. Por lo cual le fue sencillo fingir desinterés.

"No quiero nada a cambio" Dijo el shaman "Ella no me sirve en este estado"

"¿Y que te asegura que la regresare contigo?" Preguntó el peli-plata, curioso ante la respuesta del gran Asakura.

"Nada" Hao sonrió "Ella sola regresara por su cuenta. Pensé que ya conocías lo terca que es en ese aspecto"

"Y es Anna a quien realmente quieres de vuelta, o es que acaso estas buscando a alguien más en mis dominios?" La sonrisa maniática de Grimm se expandió al por fin ver la barrera de emociones romperse por un momento en los ojos flameantes del shaman frente a él.

Hao por su parte no dijo nada, pero eso era suficiente para saber que Grimm había ganado la batalla inexistente de poder.

"Despierta, Hao Asakura. Tal vez está vez no te tome más de 1000 años para-…."

Oscuridad, maldita oscuridad. Bendita luz cegadora madre de migrañas.

Hao no se contuvo y libero todo el poder que le permitía utilizar aquel lugar para salir del sueño. Abriendo los ojos de golpe y tomando una gran bocada de aire que de seguro asusto al pequeño Opacho, Hao se incorporo en la cama con un terrible dolor fe cabeza. Había regresado solo, pero no importaba.

Necesitaba quemar a alguien.

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"Los humanos son tan frágiles, incluso ustedes los shamanes. Un golpecillo por aquí, sangre derramada por allá y su cuerpo deja de vivir"

Pamela disfrutaba de una refrescante bebida en este bello día. Con lentes de sol y un sombrero playero, la chica se encontraba sentada a junto a un árbol mientras que un chico castaño cavaba y cavaba a un lado de ella, abriendo un hueco muy profundo en la tierra.

"Y no me hagas empezar con el alma y los espíritus. Pequeñas cosas son aun más frágiles. Tu alma por ejemplo, es tan brillante y fuerte. Me costo mucho el poder alcanzarla, pero ya sabes lo que dicen, entre mas grande sea tu luz, más grande tu sombra será" Dándole un sorbo a su bebida, Pamela continuó "Me sorprendió más que tu espadachín no haya puesto quejas. Pero bueno, ya no importa. Estará disfrutando de la buena vida por ahí"

"¿Es suficiente?" Habló por primera vez el castaño, limpiándose el sudor de su frente con una mano. La chica se arrimo un poco para observar el trabajo del castaño.

"Hm? Yo creo que un poco más de profundidad. Perfecto para que los gusanos borren su existencia"

El chico asintió, y continuo cavando un poco más mientras que Pamela disfrutaba el espectáculo de músculos siendo flexionados en piel sudorosa y brillante.

"Quien diría que un flacucho como tú escondería esos músculos" Murmuró con una sonrisa picara, vaya que lo disfrutaba. Pudo seguir unos cuantos minutos más, pero la luz del día no podía ocultarlos por mucho.

"Es suficiente" Levantándose con un poco de pereza, la chica se estiro para después apuntar hacia un bulto cerca de ellos "Ahora, dile dulces sueños a la pequeña Sarah"

Sin nada que decir, el chico soltó la pala con la que estaba escarbando y camino para recoger aquel bulto frio. El olor a carne putrefacta parecía no importarle, tan solo dejó caer el cuerpo inmóvil de la chica pelinegra cuando estuvo lo suficientemente cerca del hoyo.

"Tienes mucho que aprender sobre ocultar cuerpos. Pero conmigo aprenderás de eso y mucho más" Pamela le susurró al oído mientras que los dos observaban el cadáver enfrente de ellos "¿No te emociona?"

Al castaño no le dio señales de haber escuchado aquello ultimo, pero a la chica no le importaba. Pamela vacío el resto de su bebida sobre el cuerpo, para después patear un poco de tierra dentro junto al vaso vacío.

"Ahora cúbrelo" Le ordenó la chica, quien volvió a tomar su posición junto al árbol para gozar del aire y los rayos del sol. Al menos pronto se irían de aquella ruidosa cuidad y así podría gozar más de la presencia del chico que obedecía sus ordenes sin reproche.

"Anna te tiene bien entrenado para que cumplas todas sus ordenes. No se si sentirme satisfecha o fastidiada" Masculló Pamela, pues no era justo que aquella niña rubia tuviera a varios pretendientes tras de ella. Pero bueno, al menos uno de ellos ya era suyo. No pudo evitar la sonrisa que apareció en su rostro.

"Aunque eso ya no importa. Se llevará una gran sorpresa al verte. ¿No lo crees, Yoh?"

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Era extraño estar en silencio.

En tan solo estar en un cuarto con aquellas personas; gritos, peleas, risas y chistes mal contadnos siempre estaban presentes. Pero no ahora. Tan solo había silencio y un aire tenso que los intentaba sofocar.

Los chicos velaban el cuerpo de Chocolove sin apartar un ojo de el, esperando el momento de su despertar. Ryu no se había separado de su lado desde que aquella doncella llamada Sati salió del departamento prometiendo una recuperación milagrosa tras ella.

Horohoro se la pasaba dando vueltas en la recamara, casi culpándose por algo que no tuvo control. Ren en cambio, se la pasaba entrenado duro o junto a su hermana, y de ves en cuando echándole un ojo a la doncella masoquista, quien era custodiada por Lyserg bajo la atenta mirada de Marco. Todos odiaban a Marco, pero la IronMaiden lo había recibido con brazos abiertos, así que no había mucho por hacer.

Manta por su parte, salió temprano en busca de su amigo perdido. Hace más de un día que no veían a Yoh, incluso era más fácil encontrar al loco de Hao que a su hermano gemelo. Fausto estaba preocupado, y seguía experimentando con la sangre que tenia del castaño para encontrar una cura.

Y las chicas, las únicas dos chicas que sobrevivieron aquel ataque sin ninguna herida gracias al gran esfuerzo de sus amigos, se sentían culpables en no poder ayudar en nada más que asegurarse que todos comieran y descansaran debidamente.

Tamao más que nadie estaba hecha un desastre. Al estar preocupada por sus amigos, la culpa que la carcomía al dejar atrás a Jeanne y Jun pelear solas, la depresión sabiendo que era una Itako estudiante de la gran Kino (que en paz descanse) y aun así no poder salvar a nadie. Y la preocupación y angustia de que Yoh se encontrara bien.

Ni siquiera sus dos compañeros espirituales podían elevar su estado de animó, así que decidieron apoyarla en salir a la cuidad y buscar al castaño sin descanso.

"Nunca había visto a mi hermano tan tenso, ni siquiera en aquella ultima pelea…" Menciono Pilika, quien se encontraba caminando por la habitación, recogiendo sus cosas. Esta era la quinta vez que las organizaba, pero Tamao no dijo nada al respecto.

"Fue un gran shock para todos el que Chocolove…." Ni siquiera podía terminar esa frase, en tan solo pensar en lo que le había sucedió, lo que le pudo suceder a cualquiera era imposible de asimilar. La peli-rosa tomo un suspiro para calmar su respiración y decidió por abrasarse a si misma "…Y encontrar a Jun y Jeanne en ese estado. Estoy segura que cuando la señorita Anna regrese, los castigara a todos"

Anna, la gran sacerdotisa – convertida shamana – Anna quien se encontraba perdida. Ella era la gota que derramo las lagrimas de Tamao aquella noche cuando no regreso. Era patético que sin su presencia, Tamao se sentía más inútil que nunca.

"¿Es que no has escuchado a los chicos?" Pilika detuvo su labor para mirar a Tamao con preocupación y desespero.

"¿A que te refieres? Todos están estresados por el ataque en la feria…"

"Anna esta muerta"

Tamao se quedo en shock observando a Pilika por un largo tiempo, no comprendiendo las palabras que la chica acababa de pronunciar hasta que estas hicieron clic en su mente y la hicieron saltar desde su lugar en la cama para encarar a la peli-azul con ojos en blanco "P-Pero que disparates dices! Eso no es posible, la señorita Anna-…"

"No a regresado en 3 días. Yoh esta que pierde la cabeza, ayer no regreso a su cuarto. Y ese Hao esta que de pocos amigos, quemando cosas por todos lados" Pilika la tomo por los hombros para hacerla tranquilizar y sentarla de nuevo en la cama antes de que empezara a hiperventilar.

"Esa no es razón para pensar en lo peor!" Exclamó la peli-rosa con fuerza.

"Pero Tamao, esta podría ser tu oportunidad"

"¿M-mi oportunidad?" Si antes estaba sorprendida, ahora estaba confusa. Tamao no entendía la dirección de conversación que Pilika le estaba sugiriendo. Que oportunidad tendría con la rubia fuera de sus vidas? Con tan solo pensarlo, la peli-rosa podía sentir su almuerzo querer salir.

"Para estar con Yoh. Se lo que sientes por él. Es un amor sincero, Tamao. No puedes quedarte sin hacer nada"

"E-Eso…y-yo, yo no" Vaya giro! ¿Pero que se tramaba la peli-azul? Sonrojándose con un semblante de sorpresa y tristeza a la vez, Tamao meneó la cabeza en señal de negación. Y es que tal ves en algún momento, cuando aun era niña y aprendiz y la noticia de su compromiso con el nieto Asakura había sido rebatada por una extraña, lo había pensado. Por segundos. Pero eso fue después de conocer a la rubia "En que la señorita Anna este desparecida no significa que…Yo…yo jamás podría igualarme a ella"

Tamao tomo una gran bocada de aire, y vaya que la necesitaba, para después mirar a Pilika con reproche.

"Lo que el amo Yoh necesita ahora son a sus amigos. Debe de estar sufriendo en silencio, y aquí estamos nosotros, conspirando ante sus espaldas"

"Esta bien, lo admito. Eso fue algo cruel de mi parte" Pilika alzo sus manos con un semblante de culpa "No era mi intención comprar tus sentimientos con ella, ni mucho menos menospreciar los de Yoh"

Viendo que la peli-rosa estaba más calmada, se sentó junto a ella.

"Perdón por tomar este asunto con ligereza y forzarte de esa manera. No es que no me importe Anna. A hecho mucho por mi hermano, incluso cuando le da palizas. Nos a alojado en su casa, protegido, y siempre termina comprándome ropa que no puedo pagar"

Tamao supo que la chica no quería lastimar a nadie con aquella sugerencia, sino que trataba de ocultar sus verdaderos sentimientos.

"Creo que solo estoy asustada de lo peor" Le confesó, frotando sus dedos contra su falda, tensándolos nerviosamente. Tamao supo que la chica no quería lastimar a nadie con aquella sugerencia, sino que trataba de ocultar sus verdaderos sentimientos.

"Encontraremos al amo Yoh pronto. Y Chocolove despertara y todos volverán a ser los chicos divertidos de siempre" Tamao colocó una mano en el hombro de la peli-azul para confortarla "La señorita Anna es fuerte. Regresara, y pondrá a todos en su lugar"

"De eso no lo dudo"

Ambas sonrieron ante ese pensamiento. Pues la rubia no dejaría que sus amigos holgazanearan.

Donde quiera que se encuentre.

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"Anna"

"Grimm…." Su voz no era nada más que un susurró quebrado, pero era lo suficientemente audible para escuchar el temblor de miedo que este contenía.

"Nos tenias a todos muy preocupados, incluso yo no podía encontrarte. Y mira mi sorpresa al encontrarte aquí, que deleite" Aquel ser maldito se acerco a ella, sonriéndole con satisfacción al haberla encontrado primero.

"¿Como me encontraste?" preguntó Anna a la defensiva, marcando pasos de distancia entre ellos.

"Un pajarillo me lo dijo"

"¿Por qué has venido? ¿Donde…?"

"Estas en mi mundo. Ahora ven" Alzando su mano, el peli-plata tan solo observaba calmadamente como el cuerpo de la chica comenzaba a temblar, luchando contra su instinto.

"No lo hagas" Su cuerpo se estremeció. Anna podía sentir su cuerpo temblar, pero ya no podía moverlo.

"Toma mi mano"

"Grimm!" Casi implorándole, la rubia lo miro con ojos llenos de angustia y ruego.

"No te resistas Anna, tú alma está desesperada de complacerme. Entre más te resistas, más daño sufrirás"

"Grrrrh" Mordiendo su labio fuertemente y aferrándose al suelo con sus pies, la rubia lo desafío con la mirada, haciendo al peli-plata sonreír. Un rugido llamo su atención, y fue entonces cuando el peli-plata dirigió su mirada hacia el suelo, donde aquel demonio azul le rugía en señal de amenaza, rodeando las piernas de la rubia con intención de protegerla.

"¿Fraternizando con demonios? Eres una chica mala. ¿Acaso me estas engañando?" Con su mano aún alzada, Grimm tan solo movió sus dedos, y en segundos un rayo invisible atacó al demonio.

"No!" Cubriendo su boca con sus manos, Anna solo fue capas de observar como el pequeño cuerpo del demonio era lanzado hacia el aire hasta qué estallo en mli pedazos con un chillido de dolor. "Van! VAN!"

"Tiempo de irnos, princesa"

"Jamás me iría contigo, tú, maldito!" Anna se volvió hacia el, enfadada. Su furyoku comenzó a elevarse junto con una ráfaga de viento que comenzó a agrietar la tierra, más este no ocasiono ni un rasguño en el demonio enfrente de ella. Su poder se estaba saliendo de control, pero su cuerpo estaba tan débil que era imposible contener tanta magnitud, hubiese colapsado si no fuera por las manos heladas que la atraparon.

"Pero lo harás querida, porque yo soy el único que puede sacarte de aquí. Un poco mas y este lugar te volverá loca. Ningún humano puede resistir la presión. No estas muerta querida, tu cuerpo y alma se encuentran en el inframundo. La oscuridad te esta devorando. Solo mira lo que eres capas de hacer con un poco de furyoku"

Anna se apartó de sus brazos bruscamente, tambaleándose y tratando de mantener su dignidad firme. El furyoku era una fuerza adictiva. Poseyéndolo, te sentías invencible pero cuando este desaparecía, el cuerpo sentía el cansancio y fatiga mil veces más.

"No se el porque te trajeron aquí, ni que planeaban con enseñarte. Pero el único que puede ayudarte ahora, soy yo y mi generosidad"

"¿Que quieres a cambio?" Anna casi escupía el mal sabor de boca que aquellas palabras produjeron. ¿Generosidad? ¿Acaso ese sujeto se burlaba de ella? Bueno, claro que lo hacia.

"Ten una cena conmigo"

"Maldito pervertido!" Anna se giró con intención de darle una gran bofetada, pero su mano fue detenida con facilidad. "Suéltame!"

Y aunque jalaba con fuerza para zafarse del agarre, este no cedía. Anna estaba a punto de patearlo, pero se detuvo con un sonido ahogado en su garganta al sentir su piel erizarse tras una punzada en su corazón. "Que…" El temor y placer que recorría su cuerpo la abrumaba. Se quedo quieta, mientras su cuerpo temblaba y luchaba por mantenerse en control, por no dejarse llevar ante aquel oscuro deseo.

"Lo ves, incluso tú alma lo sabe" El peli-plata sonrió con satisfacción, observándola fijamente con presunción en aquella mirada escarlata. "No te resistas Anna. Mis planes jamás serán contigo muerta. Te sacare de este lugar, lo único que pido es una cena contigo, pasar un tiempo juntos, solo tú y yo"

"¿Que quieres de mi…?" Rebeldes lagrimas cayeron de sus ojos. Estaba cansada, física y mentalmente. Ella solo quería que la pesadilla terminara.

"Eso tú ya lo sabes" Con manos pálidas y huesudas, Grimm removió aquellas gotas de agua gentilmente; una acción tan inusual y reconfortante a la vez que Anna quería volver a vomitar. "Solo recuerda y todas tus preguntas se resolverán…y bien, Anni?"

"…." Anna mordió su labio fuertemente hasta el punto de sangrar, pero no le importaba. Con las ultimas fuerzas que le quedaban, tiro fuerte para que el peli-plata soltara su mano. Si aquel sujeto iba a sacarla de aquel lugar, entonces lo harían a su manera. Con ojos húmedos pero llenos de dignidad y fuerza, la rubia lo miró directamente sin titubear.

"Me sacas de este atascadero, me llevaras a un lugar donde pueda bañarme en privado, cenaremos en donde tu no me pondrás ni un dedo en cima ni trataras de controlarme. No me manipularas o mandaras a tus ratas para que ataquen a mis amigos. Después de cenar, me dejaras libre, no me seguirás o llevaras contigo"

Cruzándose de brazos, la rubia lo miro como la escoria que era.

"Y quiero el mejor restaurante con la mejor comida. No aceptaré comida rápida ni un local mediocre"

Dando un paso sin mirar hacia atrás, la rubia se encamino tras el ser maldito para salir de la puerta. Grimm tan solo la observó con una mirada hambrienta y satisfecha.

"Tus deseos son ordenes, princesa"

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Jamás le habían gustado las grandes ciudades. Demasiada gente y edificios, sin mencionar la cantidad de contaminación que dañaba y mataba a las plantas. Deseaba tanto que la siguiente localidad del torneo fuera una isla remota donde pudieran tranquilizarse y terminar de sanar las heridas obtenidas.

Suspirando pesadamente, y por milésima vez, miró hacia el sofá done su compañero a estado durmiendo. Había estado en guardia toda la noche por si aquellos degenerados decidían atacarlos de sorpresa. Por suerte no ocurrió, pero aun así no pudo conciliar mucho el sueño. No después de todo lo ocurrido.

"Con solo mirarlo no despertara" Aquella voz seca había dejado de ser una molestia en las 24 horas que la tuvo cerca, lo cual era un milagro en si. Quien lo diría, que seria la muerte que calmaría la ira del Tao y su pelea diaria con el shaman de la nieve.

"Se esta tardando" Murmuro Horohoro "Estas seguro que cualquier brujería que aquella señora hizo funciono?"

"No hay mucho en que creer ahora" El shaman chino había terminado de empacar. Fue gracias a Kalim quien les dio una visita rápida tras escuchar lo ocurrido del ataque en la feria, que supieron que ese día se les revelaría la nueva localidad. Nadie quería permanecer en aquel lugar, así que empezaron a recoger sus cosas para marcharse lo antes posible.

"Yoh?" Preguntó el peli-azul, fijando su mirada en el shaman chino quien tan solo frunció el ceño como respuesta, haciendo al peli-azul chasquear la lengua "Demonios, en que piensa ese tonto?"

"Es muy seguro que a perdido la cabeza y anda merodeando por ahí" Menciono sin mucha ayuda el shaman chino, quien le dedico una mirada de fastidio. "Termina de empacar, no lo hare por ti"

"Si su señoría" Contesto con puro sarcasmo, el cual fue ignorado. Dedicando una ultima mirada el sofá y soltando otro suspiro, Horohoro se levantó de su lugar para recoger sus cosas y ponerlas en su mochila. En serio esperaba que la siguiente localidad fuera un oasis para descansar. Todo seria mejor que contemplar y esperar en un cuarto silencioso.

"AYUDA! YOH! POR FAVOR! NECESITO AYUDA!"

Se escuchó el estruendo chillante de un grito proveniente del pasillo. No falto mucho para que la puerta fuera azotada y revelara al intruso escandaloso.

"Oh, eres tú" No es que odiara al niño, en serio no podía. Pero eso no iba a evitar el sentimiento de rencor que nacía en su pecho con tan solo mirarlo. Ren ni siquiera se giró para verlo.

"¿Dónde esta Yoh!? Lo necesito, ya!" Redsev exclamó exaltado, mirando alrededor del cuarto en busca del castaño.

"No eres el único"

"¿En donde está Yoh?" Preguntó con más urgencia el pequeño.

"Escucha mocoso, olvídate de cualquier cosa que te haya prometido aquel inútil. Yoh no esta aquí, así que largo" Ren escupió molesto ante la presencia del niño, quien comenzaba a entender la situación del porque aquellos dos parecían ignorar sus suplicas.

"¿Que sucede?" Preguntó Jun, quien salió de su cuarto al escuchar el escandalo solo para encontrarse al pequeño al borde de lagrimas.

"Mi hermana! Golem! No están! No puedo encontrarla!" Redsev gritó.

"¿Golem?" Ren y Horohoro se miraron mutuamente mientras Jun consolaba al niño.

"¿No se supone que lo cuidarías tu?"

"¿Yo?" Pregunto con indignación el peli-azul "¿Que no era Lyserg?"

"Pero lo que nos faltaba! Una chiquilla queriendo cometer genocidio!" Ren exclamó con fastidio, tomando su espada firmemente para salir del cuarto.

"Con mi hermana no te metas bastardo!" Redsev le grito, enojado ante el comentario de su pequeña hermana.

"Cierra la boca enano y apártate del camino" Ren tan solo paso sobre el, ignorando a su hermana quien le dedico una mirada de reproche. Horohoro salió tras de el, quien no pudo evitar la preocupación ante el estado del shaman chino.

"Ren! Espera! Iras? Pero tu brazo-

"Cállate" Aquella mirada gélida fue suficiente para callarlo. El chico siguió su camino, pronto perdiéndose de vista de los demás.

"Ve con el, asegúrate de que no se haga daño. Yo me encargo de lo demás" Jun le dijo gentilmente a Horohoro.

"Si" Dando una ultima mirada al cuarto; al sofá. Horohoro se echo a correr para alcanzar a su compañero de equipo.

"Perdona su actitud, están un poco tensos por lo ocurrido" Jun consoló al pequeño, quien se había quedado callado tras la partida de aquellos dos. Se había sentido culpable e impotente desde aquella noche, pero no había tenido la oportunidad de disculparse con los demás. Lo había pensado, lo había planeado junto con Seyram, pero ella ya no estaba cuando despertó.

"Lo siento" Lloró Redsev, temblando ante la intensidad del llanto "En verdad, lo siento"

"Todo estará bien" Jun lo abraso gentilmente, dejándolo liberar todo el sentimiento atrapado que poseía.

"¿Dónde esta Yoh?" Preguntó débilmente "¿Dónde esta Anna? Ellos prometieron cuidarnos, a los dos. ¿Por qué nos abandonaron?"

"Ellos…están en un retiro espiritual… regresaran pronto, ya lo veras. Y salvaran el día como siempre" Jun le sonrió gentilmente, a lo cual Redsev creyó. Limpiándole las lagrimas, Jun se levanto para tomar la mano del niño. "Ven, busquemos ayuda"

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Un gran estruendo causo que el trapo mojado que la peli-blanca iba a colocar en la frente afiebrada de Oz cayera al suelo. Alice se giró rápidamente, tomando un cuchillo escondido debajo de la almudada para protegerse, pero la persona frente de ella y su aspecto hizo que lo soltara y corriera hacia él.

"BON!" Exclamó con preocupación y horror al ver el cuerpo malgastado de su amigo. Sangre escurría de su cara, y de otras partes del cuerpo. La peli-blanca se apresuro para detener la herida que más sangraba, justo en el pecho del chico. "¿Estas bien? ¿que demonios te sucedió!?"

"A-Anna" Escupió el peli-violeta, dientes chocando entre si ante la intensidad del shock que su cuerpo estaba presenciando "Esta con Grimm, tenemos que rescatarla"

"¿Como lo sabes?" Alice trato de mirarlo a los ojos, pero el chico oculto su mirada, haciendo a la chica entender lo peor "Bon ¿que hiciste? ¿Que demonios hiciste!?"

"No dejare que ningún demonio toque su alma" Gruño furioso el pelivioleta, causando que la chica diera un salto de sorpresa por la intensidad de su voz. Sus ojos purpuras enfurecidos se encendieron en odio hasta el punto de tornarse dorados.

"Ella es mía"

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En el lugar más lejano posible, apartado de toda humanidad, dos espíritus esperaban en silencio sentados en una parada del tren, cada quine sumergidos en sus propios pensamientos. Si bien, ya había pasado tiempo desde que habían fallecido, y habían visto al tren pasar una y otra vez. Pero no lo abordaban. Aun no, pues aun había cosas pendientes por arreglar.

"Me hubiera encantado ver a esa chica en otra ocasión. A crecido tanto" El felino pensó con nostalgia, recordando la ultima vez que vio a la niña rubia junto a su querido castaño.

"Esa chiquilla solo se volvió mas testaruda" Kino masculló con molestia, lo cual produjo una leve risa del felino. Pero esta se esfumo al poco tiempo, pensando en los horrores que la pequeña se había visto forzada a vivir.

"No lo entiendo, si no ibas a entrenarla para pelear, porque la trajiste a ese horrible tan lugar?"

"Porque necesita entender algo por su cuenta" Dijo Kino frunciendo el ceño "Mis palabras jamás llegaran a ella. Su neciedad y miedo bloqueara cualquier ayuda. Era la única manera"

"¿Que cosa necesita saber?" Preguntó el felino con curiosidad. Pues debía de ser algo realmente importante si transportaron a un humano en cuerpo y alma hacia el inframundo. Tan solo podía rezar por que Yoh la salvara de sus tormentos, tal y como se lo había prometido muchos años atrás.

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El olor a rosas y manzanas inundaban el lugar. Era un aroma tan reconfortante y nostálgico, eso había sido la gota que derramo el vaso e hizo que su cuerpo se apagara por total. No recordaba mucho del viaje. Tan pronto cruzo aquel enorme umbral, una fuerza quiso consumirla y regresarla a la puerta, pero aquellas huesudas manos sobre sus hombros cesaros el vértigo y la guiaron por el lugar. Solo recordaba destellos en una balsa, un enorme jardín, los pisos cristalinos de un antiguo castillo y el olor a rosas y manzanas.

Sumergiéndose más en aquella agua cristalina de la bañera en la cual se encontraba descansando, Anna miró hacia el techo con ojos en blanco. ¿Cuantos baños había tomado? Había perdido la cuenta, ni siquiera recordaba haber entrado ni desvestido. Pero su cuerpo estaba limpio y su mente en blanco, y los pétalos rojos flotando a su alrededor creaban una sanación de pureza que la calmaban.

Hmm…Tal vez por eso el olor a rosas era fuerte.

Había pasado demasiadas cosas en las ultimas horas, estaba exhausta física y mentalmente. Realmente no le preocupaba si regresaba o no, tan solo quería dormir y sumergirse en aquella reconfortante caricia que la aromática ducha le causaba. Tenia tanto por pensar, tanto por querer recordar y olvidar, pero no ahora.

Ahora, solo había que vivir un poco más.

Cerrando los ojos, la rubia inhalo profundamente para después suspirar. Ya era tiempo. Levantándose con cuidado, y despidiéndose de la reconfortante agua, la rubia se envolvió en una toalla preparada para caminar fuera del lujoso baño, solo para encontrarse una habitación digna de una reina.

Apreciando los dorados detalles del lugar, la rubia se encamino hacia la cama donde su vestimenta nueva la esperaba. Su labio estaba a punto de soltar un gruñido feroz al ver la prenda, pero se lo trago con fuerzas. Estaba cansada, si. Estaba exhausta, mucho. Estaba harta, asustada, y preocupada. Pero si algo había aprendido de todo esto, era que ella era Anna. Y no iba a dejar que nadie le dijera que hacer. Estaba lista para comenzar el juego.

Vistiéndose con aquel vestido rojo de seda, el cual le llegaba hasta las rodillas y cubría sus pálidos brazos, Anna presenció otro pensamiento repentino. Que extrañes… las heridas ya no estaban. Tan pronto como vino se esfumo, y la rubia camino hacia las puertas de la habitación. Inhalando aquel reconfortante aroma que aun la seguía, Anna abrió la puerta.

Siguiendo un enorme pasillo lineado por una alfombra roja y paredes llenas de cuadros con arboles y plantas a los cuales no les tomo mucha importancia, la dirigió hacia unas largas escaleras las cuales descendió con calma. Aquella alfombra roja la seguía dirigiendo hacia otra habitación, la parada final del recorrido.

Esto era.

Cerrando los ojos por un momento para tomar valor, la rubia abrió la puerta para encontrarse cara a cara con un enorme y elegante comedor iluminado a luz de velas. La mesa cubierta por un hermoso delantal que sostenía platillos de plata y oro, con la más deliciosa comida que la rubia se hubiera imaginado.

Y frente a ella, al final de la mesa esperándola, Grimm la observaba con una sonrisa sacrona.

Esto era la cena con el demonio.

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Faded, we're fading

we ain't breathing lately

there's no tomorrow, not for you and I


Continuara..

Eso es todo por hoy mis pequeños lectores! espero que les haya gustado y que aun tengan esperanza en este fic!
Nos vemos en el proximo capítulo! xoxo!