Los personajes de Twilight no son míos sino de Stephenie Meyer, yo solo me divierto un poco con ellos.


Capítulo beteado por Yanina Barboza, beta de Élite Fanfiction (www facebook com/ groups/ elite fanfiction)


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Carlisle llegó a casa tres horas más tarde con el obsequio que Santa había dejado para Paulette, notó la tensión que había entre Edward y Bella, pero no mencionó nada.

Esme estaba en casa almorzando junto con Rosalie y Emmett, pero Carlisle se había fastidiado de tener a sus tres nietos gritando por toda la casa y a sus consuegros ocupando su sofá. Simplemente había tomado el regalo de Paulette y subido a un taxi que lo llevó a casa de Edward.

Fue recibido en casa de su hijo con un cómodo sofá y una taza de chocolate con malvavisco.

Paulette le había abrazado y besado la mejilla, mostrándole sus obsequios y presumiendo a Butterfly.

Carlisle había disfrutado de la comodidad de la casa de Edward, viendo a Paulette jugar con sus obsequios, no le sorprendió ver el auto de Barbie junto al árbol ni los juguetes esparcidos por todos lados, la niña era la princesa de la casa y lo demostraba en cada una de sus acciones.

Después de servir una dotación de galletas de jengibre para Carlisle, Bella se disculpó ya que Charlie le llamaba por teléfono para confirmar que pasarían Año Nuevo en Benton.

Paulette había tomado uno de los disfraces y subido las escaleras siguiendo a Bella.

—No suelo entrometerme en tu vida, hijo —habló Carlisle cuando estuvieron solos—, pero estoy intrigado, ustedes normalmente no discuten y si lo hacen no dura mucho su enojo, y Bella te ha ignorado desde que llegué aquí.

—Bella se ha molestado por un par de cosas que he omitido… y que no sé cómo decirle.

—¿Tan malo es?

—No es malo, solo… complicado.

—Soy bueno escuchando.

Edward se rio y bebió de su chocolate mientras veía a la cachorrita dormir cerca de la chimenea artificial, nada de chimeneas naturales desde que Paulette llegó a casa.

—Contratamos a un detective para buscar a Cristopher y a un abogado que nos garantizaría recuperarlo.

—Tu madre me dijo que le habían perdido la pista en Seattle.

—No fue así, yo le pagué al detective para que le dijera eso a Bella.

—¿Por qué?

—El abogado encontró el error que utilizaremos cuando sea el momento, pero no creí que Bella se lo fuera a tomar bien si se enteraba.

—No entiendo, hijo.

—Legalmente Cristopher no…

Edward se vio interrumpido al escuchar el grito de Paulette llamando a Butterfly, Carlisle miró a su nieta entrar a la sala vestida con uno de sus disfraces de Los Descendientes.

—Mira papi, soy Evie, mami no me dejó pintarme el cabello de azul—dijo mientras tomaba a la cachorrita en brazos e iba a la cocina.

—No le des galletas.

—¡¿Por qué no?! —preguntó Paulette.

—Porque le hacen daño y no queremos que se enferme.

Paulette bufó y salió de la cocina para ir a su habitación, su mami le había dicho que no podía dormir con Butterfly, pero no dijo nada de jugar con ella en su habitación.

—A tu madre y a Rosalie no les gusta que Paulette los llame mami y papi y a Jasper y Alice por sus nombres.

—Lo sé. ¿A ti te molesta?

—Era cuestión de tiempo. —Se encogió de hombros—. Ustedes son los culpables de que ella hiciera esa diferencia.

—¿Puedo preguntar por qué?

—Es una niña, Edward, ustedes no les llamaban mamá Alice ni papá Jasper, a Paulette se le hizo más normal llamarlos por su nombre de pila porque ustedes lo hacen.

—¿Entonces todo es nuestra culpa?

—No lo tomes a mal, de hecho, creo que es bastante bueno, Paulette ha llevado bien la muerte de sus padres, creo que sería peor si se hubiera estancado en su muerte.

—¿Gracias?

—No fue solo por la falta de espacio ni respetar la memoria de tu hermano, el que apoyara que se quedaran con Paulette.

—No entiendo, papá.

—Sabía que, con tu madre, con Rosalie o los Brandon, Paulette hubiera quedado estancada en la muerte de Jasper, no la hubieran hecho superarlo y ser la niña feliz que ahora es, sabía que con ustedes Paulette estaría en perfectas condiciones, además de que ustedes también la necesitaban.

—¿Cómo sabes tanto?

—Porque soy tu padre, además no era normal que Pau fuera tan amorosa con ustedes, es como si Zack, Matth y Alex fueran cariñosos cuando no tienen trato con ellos.

—¿Y por qué solo tú viste eso?

—Yo acepté lo obvio, los demás siguen creyendo que le lavaron el cerebro a la niña, culpan a Bella de la actitud prepotente de Paulette… ella siempre ha sido así, solo que ahora lo dice en lugar de quedarse callada.

Paulette apareció de nuevo en la sala con la cachorrita en brazos y el ceño fruncido.

—Mamá dijo que no puedo tenerla conmigo en la habitación —protestó sentándose en la alfombra con Butterfly junto a ella—. ¿Puedes poner Santa Cláusula?

—Yo se la pondré —habló Carlisle—, tú ve a cambiarte, tu madre estará furiosa porque no has llegado temprano a casa con Paulette.

—No ayudó que salieras de casa, papá.

—¿Acaso me culpas?, amo a mi familia, pero tengo un límite.

Edward se rio negando con la cabeza saliendo de la sala y subiendo las escaleras; encontró a Bella maquillándose en el tocador, su cabello estaba en una coleta alta dejando a la vista los chupetones que Santa le había hecho en el cuello, sabía que estaba enojada, pero eso no evitaba que lo calentara ver sus marcas.

—Bebé…

—Mi padre dijo que nos estará esperando en el aeropuerto en dos días —murmuró Bella aplicando maquillaje en las formas irregulares de su cuello—, mamá también estará, convenció a su novio de pasar Año Nuevo con la familia.

—Genial… nena, con respecto a lo de la llamada.

—No quiero excusas, Edward, quiero que me digas la verdad y si no quieres hacerlo entonces no me hables.

—No hay ninguna verdad que decir porque no está pasando nada.

—¿Entonces quién te llamó esta mañana y con quién te viste en el lugar de siempre? ¿Qué hacías en Florida y por qué Kate no sabía el nombre del hotel?

—Son cosas del trabajo, Bella.

—Entonces dime el nombre de la empresa con la que estás haciendo negocios, dime el lugar de siempre en donde te viste con la persona y por qué carajos la mujer me colgó el teléfono, segundos después de que le dije que era tu esposa.

—Estás siendo paranoica.

—Tal vez, pero ya que no está pasando nada, no te importará decirme.

—Esto es estúpido —murmuró pasándose las manos por su alborotado cabello.

—Lo es, es estúpido que creyeras que me creería el cuento de la reunión de trabajo, sé un poco más original, Edward.

—No estoy mintiendo.

—No te creo —finalizó poniéndose de pie—, y realmente me duele no creerte

—Nena...

Edward intentó tomarla del brazo evitando que se fuera, pero Bella se soltó mientras negaba con la cabeza sin atreverse a verlo.

La puerta se cerró detrás de Bella y Edward maldijo, todo se le estaba saliendo de las manos.

Bella le sonrió a Carlisle que veía la película navideña junto con Paulette que vestía su disfraz de Los Descendientes, algo le decía que tendrían problemas para convencerla de dejar de usar esos disfraces.

Dejaría que Carmen se encargara de ese asunto.

—¿Más chocolate, Carlisle? —preguntó entrando a la sala.

—Me encantaría, Bella.

Ambos se dirigieron a la cocina dejando a Paulette que estaba demasiado atenta a la película con Butterfly sobre su regazo.

—¿No creen que Santa ha exagerado con los obsequios? —preguntó Carlisle quitando de la silla a la muñeca de Disney—. Cuatro princesas de Disney y dos American Girl, es excesivo, sin contar los demás juguetes.

—Acepto que exageramos un poco —murmuró Bella sirviendo más chocolate caliente en las tazas—, pero Edward y yo decidimos que queríamos que pasara una buena Navidad, tal vez suene algo insensible, pero no quisimos que sintiera la falta de Alice y Jasper en Navidad, así que la llenamos de juguetes.

—Dudo que lo haya sentido en mucho tiempo y no es por la cantidad de juguetes que le han comprado —murmuró Carlisle comiendo una galleta.

—¿Crees que somos culpables de que olvidara a Alice y Jasper?, no le hemos prohibido que hable de ellos ni nada, pero… simplemente seguimos con nuestras vidas.

—Aún es pequeña, los va a recordar porque tiene una familia que es bastante entrometida, no está mal que haya seguido con su vida, es la ley de la vida y mientras Pau sea feliz con ustedes, tendrán mi apoyo.

—Gracias, Carlisle, pensé que Esme nos entendía, pero tal parece que todo depende de su estado de ánimo.

—Ahora entiendes mi vida por los últimos treinta años.

Bella se rio bebiendo de la taza, Paulette apareció con su vaso de princesas pidiendo más chocolate y galletas.

—¿Crees que pueda tener un reno?

—Ya tienes a Butterfly

—Sí, pero si tengo un reno puede llevarme con Santa.

—Eso no es posible, los renos de Santa son mágicos, y no todos son mágicos.

—¿Puedes comprar uno de Santa? Tú puedes comprar muchas cosas con tu tarjeta o con la chequera.

Carlisle casi escupe su bebida, Paulette no aceptaba un no como respuesta tan fácilmente.

—Eso no es posible, Santa quiere mucho a sus renos, así como tú a Butterfly, ¿tú querrías vender a Butterfly solo porque otra persona tiene una tarjeta o chequera?

—No.

—Entonces no podemos pedirle a Santa que nos venda un reno, porque él tampoco va a querer.

—Está bien —suspiró—. ¿Podemos comprarle unos cuernos a Butterfly?, así imaginaré que es un reno.

—Eso sí podemos hacerlo.

Paulette sonrió y salió de la cocina con su vaso en una mano y tres galletas en la otra.

—Bella…

—¿Sí?

—Eres una madre espectacular —habló Carlisle muy serio—. Alice lo sabía, por eso te dejó a Paulette, confió en que contigo tendría una vida perfecta y no estoy hablando del dinero. Alice y Jasper hicieron algo terrible al alejar al niño de ustedes, pero tuvieron que encontrar un punto débil y chantajear a una trabajadora social para poder quitarles a Cris, pero ni siquiera ellos dudaban que eran unos excelentes padres.

—Gracias, Carlisle, realmente aprecio escucharlo de tu parte.

—Siempre me has agradado, Bella —aseguró—, desde que Edward te llevó a casa me agradaste, hiciste a Edward mejor persona.

—Edward siempre fue así.

—Lo fue, pero sin ti, él simplemente se hubiera quedado callado ante las acciones de sus hermanos, aunque le afectaran; por ti, él salió de la casa sin sentirse culpable y siempre te agradeceré eso.

—Pensé que a ti también te había molestado.

—No lo hizo, sacaste a uno de mis hijos de la casa, me dio fe en que no había criado a tres hijos inútiles que no podían salir de mi casa —sonrió nostálgico—. Que Edward se fuera de la casa motivó a que Emmett y Jasper lo hicieran, por fin tenía mi casa solo para mí y mi esposa, sin bebés llorando a medianoche y a Helen metida en mi casa… Admiro tu actitud imponente, dejas en claro que no los quieres aquí.

—¿Gracias? —Sonrió sintiendo el rubor en sus mejillas—. Es solo porque Edward me apoya, me da la confianza para saber que mis acciones están bien y a él no le molestan.

—Ustedes son simplemente el uno para el otro, recuerdo la primera noche en casa, eras amable sin llegar a ser excesiva, no te importó agradarnos por completo porque Edward era feliz contigo y lo sabías.

Edward entró justamente para ver a Bella reírse entre dientes, incluso le sonrió por unos segundos antes de apartar la vista con incomodidad.

—¿Qué es tan divertido?

—Solo recordamos viejos tiempos. —Se encogió de hombros Carlisle—. ¿Qué harán para Año Nuevo? Helen está suponiendo que dejarán a Paulette pasar la noche con ellos.

—Esa mujer está loca —murmuró Bella—, le hemos repetido incontables veces que Paulette no duerme fuera de esta casa.

—Es difícil de entender cuando tenían a Paulette al menos dos noches por semana con ellos, Alice y Jasper la dejaban en otra casa por varias noches, ustedes saben eso.

—También sabemos por qué lo hacían y no era precisamente para trabajar.

—Tal vez no lo era, pero es su nieta y deben aprender a lidiar con ello, tendrán a Albert, Helen y a Rosalie detrás de ustedes por la niña, pasen los años que pasen ellos no desistirán en su intento de hacer a Paulette a su manera.

—Eso es imposible, Paulette es muy distinta.

—Lo es, para bien o para mal, lo único que comparte de Alice y Jasper es la baja estatura y el cabello amarillo, de ahí en más, es una copia de ustedes.

—Podría decir que lo lamento, pero estaría mintiendo.

Carlisle se rio al ver la inocente sonrisa de Bella, justamente la que Paulette hacía cuando iba a pedirles algo.

—¿Entonces a dónde irán para Año Nuevo?

—Iremos para Benton, la familia de Bella nos espera.

—Pues será mejor que estén preparados para el drama que harán cuando se enteren.

—Estamos acostumbrados. —Se encogió de hombros Bella—. Esme y tú podrían acompañarnos a Benton y pasar Año Nuevo con nosotros, es un lugar tranquilo y a pesar de todo este tiempo no han conocido a mi padre de manera formal.

—Es cierto, a la única que conozco es a Holly, pero, aunque tu oferta es muy considerada, tengo que rechazarla.

—¿Seguro?, a mi familia no le molestará que se unan, estarán encantados.

—Bella, desde que Rosalie se mudó con Emmett he tenido a mis consuegros metidos en mi casa, sé lo sofocante que puede llegar a ser convivir con los suegros de tu hijo.

—Bueno, si cambias de opinión la oferta sigue en pie.

—Lo pensaré.

Después de tomar más chocolate caliente y comer tarta de café decidieron que era momento de ir a la casa del horror y enfrentar a la bola de entrometidas.

Subieron al nuevo auto de Edward, Bella había cedido amablemente el lugar del copiloto para Carlisle, ella y Paulette iban en la parte trasera, Paulette tenía a dos de sus muñecas junto a ella sentadas mientras que, en las piernas de Bella, Butterfly dormía profundamente.

Es un bebé, mami, no podemos dejarla o se sentirá demasiado triste y Santa podría molestarse porque la dejamos sola.

Edward había intentado decirle que la casa de los abuelos era pequeña, pero Carlisle le había restado importancia.

—¿Podemos llevarla a casa del abuelito Charlie?

Bella le sonrió y la entretuvo sacándole fotografías con el teléfono, algo le decía que iba a tener que conseguir un buen hotel para perros para que Paulette aceptara separarse de Butterfly.

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Esme les esperaba en la puerta, Carlisle cargó a Paulette en brazos evitando que pisara la resbaladiza entrada, más de una vez había visto a sus nietos caer sobre su trasero, no quería que su consentida y mimada nieta terminara llorando con la parte trasera de su disfraz mojada.

—Hola, abue, mira lo que me dejó Santa.

—Es una mascota muy linda, una gran responsabilidad la que te otorgó Santa.

—Soy una niña responsable, abue —contestó rodando los ojos.

Carlisle ocultó su risa y entró a casa junto con Paulette, le ayudó a quitarse el abrigo, bufanda y gorro antes de dejarla ir a saludar a sus otros abuelos. Carlisle vio a sus otros tres nietos dando pequeños saltitos de emoción a la espera de ver lo que Santa les había traído en casa de Edward y Bella.

Bella colgaba su abrigo en el perchero mientras Edward les entregaba los tres paquetes, Emmett les había dicho que Santa les traería la consola, solo le faltaban los videojuegos, Bella había ignorado por completo la lista sugerida por Rosalie y pedido al dependiente de la tienda los juegos que niños de nueve, diez y once años querían, tal vez eso estaba mal, pero era Navidad y los niños merecían un buen regalo y no lo que Rosalie consideraba correcto. Además, no era como si Rosalie hubiera aceptado las sugerencias que le habían dado para Paulette.

—Gracias, tía Bella —dijeron los tres niños a coro antes de abrazar la cadera de Bella.

—Sí claro, feliz Navidad, chicos.

Los tres sonrieron y fueron a la sala en donde todos estaban, Paulette veía como Rosalie abría delicadamente la caja de la muñeca, Paulette había arrancado el papel sin ningún cuidado, pero a diferencia de en casa, que rompió todo sin tener cuidado, ahora debía esperar.

—Quiero jugar con mi muñeca, tía Rose.

—Espera, amor —le sonrió Rosalie antes de ver a sus hijos mirando las cajas cuadradas de los videojuegos—. ¿Qué juego es ese, Alex?

Alex se sonrojó y le mostró la caja del videojuego, Bella tuvo que reprimir la risa al ver el enojo de Rosalie.

—Ese videojuego es para mayores de dieciocho —protestó mirando mal a Bella.

—Santa consideró que estaba bien para ellos —respondió Edward encogiéndose de hombros—, y es el juego que todos los niños querían.

—Abre mi regalo, tía Rose —protestó Paulette—, quiero que Butterfly vea mi muñeca.

—Pídele a Bella que lo abra, yo necesito ver los juguetes de los chicos.

Bella tomó la caja que Paulette le tendía y rompió el cartón causando la risa de Paulette, era un simple empaque, no debían cuidar el jodido empaque.

—Alice quería que Paulette aprendiera a ser cuidadosa con sus cosas —murmuró Helen—, yo les enseñé eso a mis hijas.

—Lástima que Alice no esté aquí —murmuró sin perder la sonrisa— y sea yo quien le enseñe a mi hija que puede abrir los juguetes como se le dé la gana.

Helen se puso colorada del enojo y apartó la vista al ver como Emmett le quitaba los videojuegos a Rosalie y se los entregaba a los niños, que corrieron al piso de arriba en donde estaba el cuarto de juegos que alguna vez fue la habitación de Emmett, Jasper y Edward.

—¿Qué ocurre? —preguntó Helen.

—Ve con tus primos, amor —murmuró Edward—, lleva a Butterfly para que juegue con ustedes.

Paulette dejó la muñeca sobre el sofá y tomando a Butterfly siguió a sus primos.

—Son juegos para adultos, ¿a ustedes qué les pasa?

—Son solo videojuegos, Rosalie, no iba a comprar un estúpido juego para niños de prescolar.

—No quiero que mis hijos vean violencia, ¿qué pasaría si yo hubiera hecho eso con Paulette?

—¿Esto te parece poco? —preguntó Bella tomando la muñeca con ojos de botón, era condenadamente terrorífica.

—A Alice le gustaban esas muñecas.

—Exactamente, a Alice, no a Paulette, al menos yo pensé en algo que a tus hijos les gustaría, tú solo le compraste una horrible muñeca a la niña porque a tu hermana le gustaba, Paulette no es Alice y nunca será como Alice.

—Eso tú no lo sabes, la sangre de mi hermana corre por sus venas.

—Su sangre no tiene nada que ver con su personalidad ni gustos, me esforcé para complacer a tus hijos no a ti, me importa muy poco lo que tú pienses, quítales los malditos videojuegos, la mala aquí serás tú, no yo.

—No te creas mejor que yo porque no lo eres, yo me preocupo por mis hijos, tú le has dado a Paulette un condenado perro.

—¿Y eso qué tiene que ver aquí? —preguntó Edward.

—Un perro le causará alergias —habló Helen—. Alice procuraba que Pau no se acercara a los animales porque le causaban ataques de asma.

—Por eso es un bóxer, no tiene tanto pelo y mientras esté bañado, vacunado y a Paulette no le dé ningún ataque asmático, todo está bien.

—Claro, quédate con el perro hasta que Paulette termine en emergencias.

—Pues qué bien que siempre tengo un inhalador en mi bolsa, si tiene un ataque estará todo bajo control.

—No te preocupas por mi sobrina, deberías quitarle ese perro, es lo mejor para su salud, además es inhumano lo que hacen, su casa no es lo suficientemente grande como para tener a un perro.

—Vivimos en una zona segura y Paulette podrá sacarlo a pasear por la tarde con ayuda de Carmen, y Edward y yo la llevaremos a Central Park los fines de semana.

Rosalie frunció el ceño y se cruzó de brazos.

—Los perros huelen mal, son desastrosos y nunca obedecen, por el bienestar de Paulette deberían regalarlo.

—¡No! —chilló Paulette apareciendo en la sala junto con Zack que tenía a la perrita en brazos—. Butterfly es mía.

—Puedes tener un pez, corazón, esos no te hacen daño y hay de muchos colores.

—Butterfly no me hace daño y no tendré un tonto y aburrido pez —protestó cruzándose de brazos junto a Edward.

—Esa no es la forma de hablar, Paulette —discutió Helen—, discúlpate en este momento con Rose.

—No, ella se tiene que disculpar conmigo por querer que regalen a Butterfly, ella es mía, no suya, no puede decirme qué hacer y qué no. Eso lo hace mamá o papá.

—Ellos no son tus padres, Paulette.

—Sí lo son, y no quiero oírte más, la señorita Carmen dice que no tengo por qué hacerle caso a alguien más que no sea ella y mis papis.

—Pau —habló Zack apareciendo en la sala con una pelota entre sus manos—, vamos a jugar.

—Ve, cariño —habló Edward—, nadie te va a quitar a Butterfly.

Paulette le sonrió y siguió a Zack, ignorando a sus tíos y abuelos.

—Paulette es bastante grosera —habló Rosalie—, explota ante lo más mínimo, eso no es normal en una niña de cinco años, y a ustedes parece no importarles su manera de comportarse ni de hablar.

—Nos preocuparemos cuando diga sandeces, pero mientras esté dejando sus decisiones en claro no la reemprenderemos.

—Tiene cinco años, aún no sabe tomar decisiones.

—Claro que lo sabe hacer, solo es cuestión de que la escuches.

—¿Ahora crees que sabes todo?, no por tenerla en esa escuela pretenciosa con una niñera inglesa, quiere decir que estés haciendo las cosas bien, Paulette está mucho más grosera y cada día se vuelve más y más engreída, esa niña será un problema por lo consentida que la tienen.

—Rosalie, no he pedido tu opinión, si quiero que Paulette sea una niña egocéntrica y mimada es mi problema, no tuyo.

—Es mi sobrina y su manera de hablar me afecta, no es la misma niña que era con Alice.

—Prefiero mil veces que sea altanera a que sea una drogadicta y mentirosa como Alice.

—¡Mi hermana no…! Eres un caso perdido, prefieres ver los errores de otros que los tuyos.

—Es suficiente —intervino Carlisle—. Es Navidad, ahórrense los reclamos para después.

—Ella comenzó.

—Por favor, Rosalie, no quiero más discusiones en mi casa, si algo te molesta guárdatelo y después cuando estés fuera de aquí lo puedes decir.

La sala se quedó en absoluto silencio.

—Iré a ver como sigue la comida —habló Esme poniéndose de pie—, ¿me ayudas, Rosalie?

Rosalie, Esme y Hellen desaparecieron en la cocina dejando a los hombres y a Bella en la sala.

Pasaron cerca de media hora en completo silencio, se escuchaba como los niños jugaban en el piso de arriba, las risas y ladridos de Butterfly eran un claro ejemplo de que se estaban divirtiendo.

Murmullos provenientes de la cocina, así como el delicioso aroma de la comida inundaba lentamente la casa.

La casa era pequeña y Bella no tenía el suficiente espacio para estar alejada de Edward, a lo cual Ed le sacaba provecho abrazando a Bella y manteniéndola cerca, aun cuando Bella lo miraba ceñudo e intentaba disimuladamente soltarse de su brazo, era simplemente imposible.

—¿Tú no cocinas? —preguntó Albert bebiendo del barato vino tinto—. Alice era una excelente cocinera.

—No, no lo hago —respondió Bella distraídamente sintiendo como Edward acariciaba su espalda baja.

—¿Y no tienes intención de aprender?, mi nieta necesita alimentarse bien.

—Tengo quien haga la comida todos los días, además Carmen revisa que su alimentación sea la adecuada.

—Eso debería hacerlo su madre, y si quieres apropiarte de ese título deberías poner más atención a Paulette.

—Señor Brandon, con todo respeto, usted no es quién para venir a decirme cómo educar a Paulette.

—Tengo más experiencia, mientras tú apenas vas, yo estoy de regreso.

—Sí, y por eso una de sus hijas es una perra controladora y la otra está tres metros bajo tierra… no quiero que Paulette sea ni una ni la otra.

—Preferible que sea una niña prepotente —se burló.

—Preferiblemente, al menos es mejor que tener a una hija drogadicta y seguir con los ojos tapados negando toda acusación sobre ella.

—Es tan fácil juzgar a un muerto, ella no se puede defender.

—Es más fácil alabar a un muerto, típico, todos son santos cuando están en el cajón.

—Mira, muchachita…

—Albert —habló Carlisle—, te agradecería que dejaras en paz a mi nuera, es Navidad y no quiero tener que pedirte que te vayas de mi casa.

—Está insultando a mi hija.

—Tú has comenzado, Bella no cocina y puede contratar quien lo haga, bien por ella, conversación terminada.

Edward y Bella agradecieron silenciosamente la intervención de Carlisle.

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Comieron las delicias que Esme, Rosalie y Helen prepararon, Bella disfrutó plenamente ver como Paulette rechazaba la ensalada de col que Rosalie había preparado.

—A tu mamá le gustaba esa ensalada, Pau —murmuró Rosalie.

—A mí no me gusta, sabe raro.

Bella realmente había disfrutado decirle que no la comiera a Paulette y servido más puré de papa.

Después de comer, los niños habían salido al patio trasero a jugar con Butterfly, Paulette había protestado por no querer usar el gorro, pero Bella le había advertido que no saldría a jugar si no lo usaba, Paulette siguió a sus primos bastante enojada con el gorro en su cabeza.

Después de que Bella y Edward les comunicaran que pasarían Año Nuevo en Benton, se sorprendieron cuando fue Emmett quien había silenciado las quejas de Rosalie.

—Ustedes le regalaron los videojuegos que ellos querían y que yo no podía comprarles por Rosalie, lo menos que puedo hacer es regresarles el favor y controlar las rabietas de mi esposa.

—¿Quién eres y qué le hiciste a mi hermano?

Emmett lo ignoró y salió a cuidar a los niños, algo le decía que tendría a los tres niños pidiendo un perro para sus cumpleaños.

La casa estaba tranquila, Carlisle dormía en su sofá, Albert había acompañado a Emmett a ver a los niños jugar mientras que Esme, Rosalie y Helen guardaban la comida en contenedores de plástico.

Un ambiente tranquilo que se vio afectado cuando Emmett gritó el nombre de Edward.

Bella y Edward salieron al jardín encontrando a Emmett sosteniendo a Paulette que tenía dificultades para respirar.

Su pálida piel, labios secos y la manita en la garganta, fue todo lo que necesitaron para saber qué estaba ocurriendo, Edward la tomó en brazos y entró a la casa con ella mientras Bella buscaba el inhalador en su bolso.

Edward la sentó sobre sus rodillas mientras Bella agitaba el inhalador e intentaba ponerlo entre los labios de Paulette.

—Vamos, cariño, esto te ayudará a respirar.

Paulette siguió resistiéndose a usar el inhalador, después de varios intentos, Bella dejó de ser paciente y utilizó la fuerza, no iba a dejar que un simple ataque se convirtiera en algo peor por ser demasiado paciente. El espray chocó contra la garganta de Paulette.

—Respira conmigo, corazón, adentro y afuera muy lentamente.

Paulette tomaba largas inhalaciones soltando poco a poco el aire, Edward acariciaba su espalda mientras Bella respiraba junto con ella, a pesar de las lágrimas en sus ojos y los débiles sollozos atorados en su garganta que lentamente comenzaban a salir.

—Llévenla a emergencias —habló Helen—, es mejor que un especialista la revise, utilicen su dinero para algo bueno.

—No es necesario —habló Edward—, Paulette está bien.

—Eso no lo sabes, esto puede ser peor, Alice me contaba lo grave que podía ponerse Paulette si no era atendida.

—Helen —habló Esme—, mi hijo sabe lo que hace, estoy segura de que no dudaría en llevar a Paulette a emergencias si fuera necesario, pero no lo es, han controlado el ataque de asma, la niña está bien.

—No creo que sea lo correcto —murmuró cruzándose de brazos—, pero ustedes harán lo que se les da la gana.

Edward y Bella la ignoraron y se concentraron en Paulette, que lentamente recuperaba el color de sus mejillas y el brillo en sus ojos, había sido un ataque asmático mínimo, tal vez la exposición al frío y la actividad física lo habían causado, llamarían al médico de Paulette para que hiciera una visita domiciliaria y les asegurara que no habría consecuencias.

—Esto es su culpa —dijo Rosalie entrando a la sala con sus hijos y Butterfly detrás de ella—, por culpa del perro es que tuvo un ataque.

—Butterfly no lo hizo —murmuró Paulette.

—No discutas, cariño —la tranquilizó Bella—, tú concéntrate en respirar y relajarte.

—No es el momento, Rosalie —habló Carlisle—, y no puedes culpar al perro, estaba afuera jugando con los niños, al aire libre.

—Ha jugado con mis hijos desde pequeña y esto nunca había pasado.

—No siempre será igual y es mejor que dejemos que Paulette descanse y se recupere, no es bueno que se enoje en este momento.

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Regresaron a casa después de que Helen considerara correcto dejar a Butterfly en el patio.

Paulette se había quedado dormida en el auto, Edward la dejó en su cama y después de quitarle las botas y arroparla con su tibia colcha, salió de la habitación.

Regresó a la sala en donde Bella estaba guardando los juguetes de Paulette, Butterfly se había vuelto a acomodar cerca de la chimenea.

Había sido el regalo perfecto, tantos años dándole indirectas a Bella sobre un perro y por fin estaba ahí, no importaba que tuviera un nombre tan infantil, Bella había pensado en él y Paulette y los había hecho felices, estaba siendo una perfecta mañana de Navidad hasta que la secretaria del abogado había llamado.

¿En qué carajos estaba pensando?

Era Navidad, ni siquiera tendría que estar trabajando.

Viendo a Bella ponerse cómoda en el sofá e ignorándolo, decidió ir a su oficina, sabía que era arriesgado, pero si lo llamaba en un día festivo era porque había grandes noticias… solo esperaba que no fueran malas.

Edward se congeló al ver a Bella de brazos cruzados en el marco de la puerta.

—Bells…

—¿Sabes?, realmente pensé que estaba siendo paranoica —murmuró entrando a la oficina—, eres mi esposo, se supone que compartimos todo. Venía a disculparme y decirte que confío en ti y olvidáramos la discusión de esta mañana, pero creo que no me estoy equivocando.

—No es lo que estás pensando, Bells.

—Entonces dime qué es lo que pasa, porque francamente no entiendo nada.

—Bella…

—No quiero excusas, Edward, dime qué está pasando, se supone que es Navidad, tendríamos que pasarla bien.

—Hay que hacerlo, la llamada no significa nada, solo una tonta secretaria que no sabe hacer su trabajo.

—No te creo.

—Me duele que no creas en mí.

—Me duele más que me ocultes cosas y me creas tan estúpida como para decirme estupideces y esperar a que te crea.

—No son estupideces.

—Sí lo son, si no era importante, entonces ¿por qué estabas hablando por teléfono? ¿Por qué te has puesto nervioso apenas notaste que estaba aquí?

—Yo no me puse nervioso, eres mi esposa, debes creerme.

—Y tú confiar en mí y no ocultar nada, pero lo haces, no hay forma en que confíe cuando estás mintiéndome en la cara, solo acéptalo, Edward.

—Me estás haciendo ver como el malo entre los dos y no lo soy, sabes que no lo soy, nunca haría algo que te lastimara y realmente me hiere que no creas en mí, por el amor que me tienes confía.

—No utilices eso, es tan bajo y para nada digno, no conviertas esto en un estúpido cliché.

—No es un cliché, solo que como mi esposa pensé que confiarías en mi palabra.

—Me pides confianza cuando tú no me la das a mí, eres un completo imbécil por pedir algo que no das.

—¿Están peleando? —preguntó Paulette desde el marco le puerta—. No me gusta que lo hagan.

—Son discusiones de adultos, amor, vuelve a la cama, mamá y yo estamos bien.

—¿Estar bien es gritar?

—Perdón si te despertamos —habló Bella sonriéndole, no se dio cuenta que elevaron sus voces a tal grado de despertar a Paulette—. Vamos a la cama, debes descansar después de la tarde agitada que tuviste.

—Ya no tengo sueño —murmuró Paulette en medio de un bostezo.

Bella se alejó de Edward y tomando a Paulette en brazos, salió de la oficina.

—No quiero que discutan —habló Paulette después de que Bella la hubiera metido a la cama nuevamente, no era tan tarde para que durmiera, pero había tenido un largo día y era preferible que descansara para evitar cualquier resfriado.

—Nuestras discusiones son asuntos de grandes, cosas que papá y yo resolveremos.

—Pero estaban gritando.

—Lo sé, pero no debes preocuparte por eso, muchas veces… muchas veces los papás se gritan y después se reconcilian, puede que esté enojada con papá, pero ambos hablaremos y estaremos bien.

—De acuerdo, ¿dejas que Butterfly duerma conmigo?

—Buen intento, pequeña traviesa, me quedaré contigo hasta que te duermas.

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Edward entró a la habitación en donde Bella estaba lista para irse a la cama.

Bella tenía un montón de pijamas sexys que volvían loco a Edward, algunos lujuriosos que lo incitaban a tomarla con rudeza, otros delicados y angelicales que hacían que fuera lento y mimoso, pero también tenía esos conjuntos de viejos shorts y playeras que lo ponían a mil, lo calentaban más que toda la lencería y disfraces.

Bella usaba la simple camiseta de la universidad junto con un short gris, un atuendo demasiado simple pero que tenía completamente duro a Edward, ansiando el momento de lanzarla contra la cama y perderse entre la dulzura del cuerpo de Bella, pero antes de poder probar la piel de su mujer, debía de resolver todo este embrollo, a pesar de que no estaba completamente seguro de cómo hacerlo.

—Bells...

—No me llames Bells, de hecho, ni siquiera me hables.

—Tenemos que hablar.

—No tenemos, yo quise hacerlo y tú no colaboraste y terminamos con Paulette despierta y pidiendo que no discutiéramos. —Soltó la almohada y se giró para verlo—. Así que tienes dos opciones, me dices en este momento qué está pasando, sin excusas ni suavizando ningún asunto, quiero la verdad completa, y si no quieres hacerlo, entonces, ahórrate la saliva y no me dirijas la palabra.

Bella esperó pacientemente a que Edward hablara, pero al no tener ninguna respuesta suspiró.

»Te agradecería que pases la noche en otra habitación, no me apetece compartir cama contigo.

—¿Me estás echando de nuestra cama?

—Qué bien que lo entiendes, ahora vete. —Estaba por girarse para subir a la cama, pero Edward la tomó de la cintura imposibilitando que se alejara—. Suéltame, Edward —protestó intentando soltarse.

—¿En serio crees que sería capaz de engañarte? —preguntó apretándola más contra su pecho, haciendo que sus rostros quedaran a escasos centímetros—. Ninguna mujer se compara contigo, Bella, eres tan perfecta y única, confía en mi cuando te digo que no hay nadie más, te amo a ti, solo a ti, ¿acaso alguna vez te he dado algún motivo para dudar de mí?

—Quiero creer que no me escondes nada, pero… —apartó la mirada dejando de forcejear— pero en este momento no estoy segura.

—Te amo, nena, confía en mí.

—Tú también confía en mí y dime qué está pasando, no puedo confiar cuando has estado hablando con personas que no conozco y que se niegan a decirme quiénes son a pesar de que soy tu esposa.

Edward acarició levemente la mejilla de Bella y tomándola del mentón levantó su rostro para que lo viera directamente a los ojos.

—Confía en que nunca haría algo que te lastimara.

Bella se soltó de su agarre, sintiendo la picazón de sus ojos aumentar.

—Jódete, Edward, no utilices el típico "no haré nada que te lastime", no decirme me lastima.

—Debes confiar, nena. ¿Cuándo te he mentido?

—Nunca, pero tampoco me habías ocultado nada, ahora no sé si eso sea del todo cierto.

Bella caminó a la puerta dispuesta a dormir junto con Paulette.

Desde que la había convencido de ser su novia, Edward nunca la había visto alejarse de él, cuando se mudaron juntos ambos resolvían las cosas antes de dormir, había discusiones acaloradas, pero más acaloradas eran las reconciliaciones.

Pero esta vez, Edward estaba seguro de que arrinconarla contra la pared y follarla hasta que cediera no daría ningún resultado.

—Encontré a Cristopher.

Bella se congeló, sin poder dar un paso más.

» Eso es lo que te he ocultado, encontré la forma en que recuperaremos a nuestro patito.

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¡Hola!

El silencio de Carlisle fue por algo, está a favor de Bella y Edward, esperemos que perdure y no cambie como ocurre con Esme.

Paulette tuvo un ataque de asma que por suerte no paso a mayores.

Y Edward por fin hablo!, bueno, ¿Quién no hablaría si lo amenazan con dormir solo?, Edward no puede estar lejos de Bella.

Déjenme sus comentarios, opiniones, criticas, amenazas de muerte, mucho amor para Edward, mimos para Paulette, paciencia para Bella o lo que quieran compartir conmigo en un review.

Gracias Yanina por ayudarme con la revisión del capítulo y con toda la ayuda.

Nos vemos la siguiente semana.

Antes de que se me olvide, entramos a la etapa final de Tres son multitud.