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Elena y Bonnie llegaron al aula de Historia con el tiempo justo. Hoy venía un nuevo profesor para sustituir al señor Tanner.
Nada más sentarse ella, entró un hombre de unos treinta y poco años, de pelo castaño y con un poco de barba. Era guapo y prometía ser simpático.
-Buenos días a todos –saludó este depositando su maletín en la mesa, luego se dirigió a la pizarra y cogió una tiza, parecía algo nervioso-. Vamos a ver.
El hombre empezó a escribir en la pizarra mientras deletreaba lo que escribía.
-Alaric Saltzman –dijo él señalando lo escrito-. Suena raro, ya lo sé. Y no es fácil de pronunciar. Saltzman es de origen alemán. Mi familia emigró en 1875 a Texas, aunque yo nací y me crié en Boston. El nombre Alaric viene de un tatara tatara abuelo bastante muerto al que nunca podré dar las gracias –ironizó él con una sonrisa de lado-. Podéis llamarme Ric. Soy el nuevo profesor de Historia.
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Mientras Elena estaba en clase, Damon fue a la comisaría a entregarle a la sheriff Forbes una caja.
-La señora Lockwood me pidió que le entregase esto.
La mujer aceptó la caja confusa. Al abrirla, vio que estaba llena de verbena.
-Es lo que tenemos ahora –explicó él-, espero que baste.
-Es un pequeño círculo: las Familias Fundadoras, varios funcionarios...
-¿Hay algún avance en la investigación? –preguntó Damon tomando asiento.
-Creo que nos equivocamos en algo. Siempre hemos creído que los vampiros solo pueden salir de noche. ¿Y si eso ha cambiado?
-Pero, ¿eso es posible? –preguntó él haciéndole ver que no creía esa teoría.
-Esa sería la única explicación. Hay que considerar que el vampiro podría estar moviéndose durante el día, entre nosotros.
-¿Cuál es el siguiente paso?
-Investigar a todos los que han llegado al pueblo desde que empezaron las muertes. Aparecerá algún sospechoso.
-Por supuesto, sabe que puede contar conmigo –se ofreció Damon.
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Jeremy se dirigió al aula de Historia, pues el nuevo profesor le hizo llamar.
-Hola, señor Saltzman, ¿quería verme?
El hombre hizo un asentimiento de cabeza, pues tenía la boca llena de comida. Jeremy entró en la clase y tomó asiento mientras este terminaba su almuerzo.
-¿Sabes que tu antiguo profesor tenía una carpeta de inútiles? –le preguntó el hombre mostrándole la carpeta que tenía en la mano-. En serio, lo dice el rótulo. Aquí están todos los... problemáticos, pero en realidad es una monografía tuya –después de decir esto se levantó del asiento-. No te preocupes, yo no soy él –le aseguró arrojando la carpeta a la papelera-. Borrón y cuenta nueva. Y ahora, hablemos de notas.
-Sé que he tenido un par de meses malos pero estoy intentando ponerme al día.
-Ya lo he notado pero el problema es que estamos a mitad del semestre y a estas alturas es mucho tiempo perdido –hizo una pausa antes de continuar-. Ahora es cuando tú me dices: "¿Qué puedo hacer para arreglarlo?". Me alegro de que lo preguntes. ¿Qué te parece un crédito extra?
-Sí, claro, totalmente, lo que sea –se apresuró a decir el chico.
-Bien, preséntame un trabajo.
-Vale, ¿sobre qué?
-Historia. Busca un tema que sea local y nada de Wikipedia ni de Internet. Estos pueblos tienen una historia muy rica, sumérgete en ella. Hazlo bien y olvidamos lo demás. ¿Hecho?
-Claro. Hecho –respondió Jeremy ilusionado estrechándole la mano, percatándose de que el profesor llevaba un anillo muy raro-. Lleva un anillo muy chulo.
-Oh, gracias –agradeció él el cumplido-. Era de mi padre. Algo exagerado pero... La familia, ya sabes.
Jeremy salía ya por la puerta cuando el profesor volvió a hablar.
-¡En una semana! –le recordó este.
El chico debía ponerse las pilas si quería aprobar la asignatura y no podía echar a perder la oportunidad que le brindaba su nuevo profesor.
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Damon fue a la mansión Salvatore y se encontró con su hermano.
-¿Qué haces que no estás en clase? –le preguntó a Stefan.
-Lexie se va hoy, así que voy a pasar lo que me queda de día con ella. ¿A qué has venido?
-Iba a contártelo luego, pero ya que estás aquí...
Damon puso a Stefan al corriente sobre las investigaciones del Consejo.
-Hay que encontrar a esos vampiros, Stefan –dijo Damon-. Van a empezar a investigar a todos los que llegaron recientemente al pueblo. Yo estoy prácticamente fuera de su radar porque llegué antes de los "ataques" y les tengo prácticamente comiendo de la palma de mi mano, pero tú no.
-¿Y qué propones hacer?
-Bueno, tenemos la brújula de Jonathan, ¿no?
-¿Quieres que cacemos vampiros? –preguntó Stefan alterado.
-Allá tú sino. Es tu vida y tu permanencia en este pueblo lo que te estás jugando. Yo no pierdo ni gano nada –hizo una pausa-. Por cierto, me mudo contigo, hermanito.
-¿Y eso? –preguntó este extrañado.
-Creo que deberíamos montar un fuerte aquí. Además, nos vendrá bien pasar más tiempo juntos –añadió con cierta ironía-, recordar viejos tiempos.
-Como quieras –respondió Stefan ignorando ese último comentario-. Esta también es tu casa.
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Elena estaba en el exterior del instituto, sentada un banco, cuando Bonnie se acercó a ella.
-Hey, hacía días que no te veía –dijo la chica abrazando a su amiga.
-Lo siento –se disculpó Bonnie-, he estado con mi abuela. Me ha estado ayudando.
-¿Ayudando a qué?
-Tengo que enseñarte algo –dijo la chica animada-. Pero debes guardar el secreto. Vigila por si viene alguien.
Elena se quedó mirando expectante a Bonnie mientras esta cerraba los ojos para concentrarse en algo, poco después alzaba las manos y las hojas de los árboles que estaban en el suelo se elevaron.
-Es cierto, Elena, todo lo que me dijo mi abuela es imposible y es cierto. Soy bruja.
-Está claro –respondió su amiga embobada con las hojas que aún volaban a su alrededor.
-Es extraño, ¿no? Con lo que nos hemos reído de estas cosas. Y soy una bruja. ¿No crees que soy un bicho raro?
"Si yo te contara...", pensó Elena.
-No, claro que no, pero no sé... No lo entiendo, si tu abuela te ha dicho que lo mantengas en secreto, ¿por qué me lo cuentas?
-Eres mi mejor amiga. No puedo tener secretos contigo.
"Pues yo los tengo contigo", pensó Elena, "secretos de los grandes".
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Damon se pasó a recoger a Elena después de las clases.
-Voy a instalarme donde Stefan –le informó Damon mientras conducía-. Con todo lo que está pasando es mejor permanecer cerca. Puedes seguir yendo los fines de semana a mi casa si quieres.
-¿De verdad te parece bien que me pasee medio desnuda por la casa delante de tu hermano? –preguntó ella arqueando una ceja.
-No, tienes razón –dijo él recordando la conversación de su hermano con Lexie, donde este admitió que le gustaba Elena-. Mala idea. Pero tengo una cama enorme y un cuarto de baño más grande que tu habitación, con ducha y bañera. No hay porqué salir de allí...
-Eso suena muy tentador –dijo ella con voz seductora.
-Ven este fin de semana y te demuestro lo tentador que puede llegar a ser –aseguró él fijando la mirada en ella y posando su mano derecha en el muslo de ella.
-¿Alguna novedad hoy en clase? –le preguntó él poco después volviendo a colocar ambos manos en el volante.
-Ha venido un nuevo profesor de Historia –informó ella.
-Ya era hora, se han tomado su tiempo para traer a un sustituto... ¿Cómo es?
-Parece un buen tío, creo que te caería bien –predijo ella-. Por cierto, Bonnie ya sabe que es bruja. Me ha hecho un truquito con hojas de árboles.
-Vaya, interesante –respondió él algo tenso.
-No te preocupes, no sabe lo que eres –aseguró Elena-. Y no tiene por qué enterarse si tú no quieres.
-Pues claro que no quiero. No sabes lo peligroso que podría llegar a ser eso...
-¿Por qué crees que su abuela no le ha hablado de los vampiros? –inquirió ella.
-Puede que no lo considere necesario. Stefan y yo fuimos los últimos vampiros del pueblo, y eso fue hace 145 años. Muy pocos saben que los vampiros han vuelto a Mystic Falls, tal vez no quiera asustarla. Aún es una novata.
-¿Qué vamos a hacer hoy? –preguntó ella cambiando de tema.
-¿No tienes que estudiar ni nada de eso? No quiero que bajen tus notas por mi culpa.
-¿Desde cuándo te importa eso? –la acusó ella divertida-. Te recuerdo que eras tú el que me hacía llegar siempre tarde a clase.
-No es mi culpa que estés tan apetecible por las mañanas –se defendió él.
-¿En serio te parezco apetecible? –preguntó ella algo ruborizada.
Damon detuvo el coche de inmediato y la miró a los ojos.
-Eres lo más apetecible que conozco –confesó el vampiro con sinceridad.
Elena sonrió y se inclinó hacia él para besarle. El beso, que empezó siendo dulce y delicado, se acabó convirtiendo en pasional y cargado de deseo cuando sus lenguas se unieron, dejándose llevar por el ritmo que marcaba la chica.
-Elena... Como sigas así me van a entrar ganas de hacerlo en el coche –aseguró él-. Y, créeme, no es plan montárnoslo en medio de la carretera en pleno día.
-Pues vayamos a tu casa –propuso ella volviendo a besarle.
-Vale, pero como suspendas alguna asignatura yo no quiero hacerme responsable –le advirtió Damon.
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Por suerte para la pareja, Stefan no estaba en casa, pues la noche había caído y se había ido a despedirse de su amiga Lexie.
Damon condujo a la chica de la mano hasta su habitación. Esta se quedó asombrada por las dimensiones de la casa. Tal y como le había asegurado Damon, el dormitorio de él era increíble y la ducha muy tentadora.
El vampiro se fijó en cómo miraba Elena a la ducha.
-¿Quieres darte una duchita? –propuso él con una voz seductora en su oído.
-Tal vez luego –respondió ella arrastrándole hacia la cama, donde se dejaron caer entre besos y caricias.
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Por la noche, Jenna y Jeremy fueron a cenar al Grill. La mujer no apartaba la vista del profesor de Historia.
-Me gusta los hombres que saben cenar solos –dijo ella viendo cómo el hombre se sentaba un par de mesas más allá y leía un libro mientras comía-. Son interesantes.
-Creía que aún estabas deprimida por lo de Logan.
-He dejado a los hombres para siempre, pero eso no significa que no pueda observarlos a distancia.
-Bueno, puedo presentártelo –propuso el chico.
Su tía dudo un poco, pero luego negó con la cabeza.
-¿Has elegido el tema? –preguntó ella, pues Jeremy le había estaba hablando del trabajo de Historia que iba a hacer.
-No, todavía no. Tiene que ser algo local y no puedo sacarlo de Internet, así que...
-Lo tienes fácil. Tienes las cosas de tu padre.
-¿Qué cosas?
-La llegada de los Gilbert al pueblo y todo eso. La genealogía de la familia desde no sé cuándo. A tu padre le encantaba eso de la historia familiar. Está todo en el desván.
En ese momento, el profesor de Jeremy se acercó a la mesa de ellos.
-¡Señor Saltzman!
-Jeremy –devolvió este el saludo chocando los puños con él-. ¿Cómo va todo?
-Esta es mi tía Jenna –le presentó el chico.
-Alaric Saltzman, es un placer –le dijo el hombre con una sonrisa.
-Jeremy me estaba contando lo de su trabajo. Gracias por darle otra oportunidad.
-Ah, bueno. Era mi primer día, quería causar una buena impresión –respondió el divertido.
Jeremy se quedó alucinado cuando ambos se quedaron mirándose embobados durante un buen rato.
Poco después de despedirse del profesor, Jeremy se fue del local. Jenna vio que Alaric estaba en la barra del bar, por lo que fue a sentarse con él.
-Jeremy ha pasado de mí –le informó ella.
-¿A dónde ha ido?
-A casa. No está lejos, se puede ir andando.
-Entonces, ¿eres de aquí? ¿Eres nativa? –preguntó él interesado por saber más de ella.
-Soy retornada –explicó Jenna-. Me fui un tiempo y he vuelto.
-¿Por qué te fuiste?
-Estudios –él le lanzo una mirada en plan "no te creo". Ella sonrió y se sinceró-. Y luego está la verdadera razón. Me abandonaron. Se llamaba Logan.
-¿Qué te hizo?
-Lo típico. Mintió, me engañó, me volvió a liar, me volvió a dejar –él asintió con la cabeza-. Te toca. ¿Alguna historia triste de relaciones?
-Lo típico. Me enamoré, me casé joven... Ella murió.
-Oh, vaya –dijo Jenna, quien no sabía cómo salir del paso.
-Sí, esto suele enfriar la conservación.
-¿Qué pasó?
-Tú, yo y la policía de Carolina del Norte nos hacemos la misma pregunta. Es lo que llaman un "caso archivado".
-¿Y por qué has venido aquí? –preguntó ella poniendo un tono de voz más animado para intentar cambiar de tema.
-Cambio de ritmo, cambio de aires... Me gusta esto. Tiene mucha historia.
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Jenna llegó a casa tarde y algo bebida, acompañada de Alaric. Ambos estaban manteniendo una conversación sobre su aparatoso paso por la escuela.
-No lo entiendes, yo era mucho más patética –aseguró ella.
-Oh, no, no, no –la contradijo él-. De verdad, yo convertí el patetismo en una ciencia.
-Ah, no. Aún no hemos hablado del instituto. Ortodoncia, copa A.
-Gafas, espinillas... –expuso este.
-Quieres... –empezó a decir ella al hombre, luego se giró y vio que Jeremy estaba en el comedor con unas cajas-. ¿Sabes qué? No voy a invitarte a entrar. Jeremy –le explicó en voz baja mirando hacia su sobrino.
-Bueno, otro día entonces. Buenas noches, Jenna.
Ella, tras despedirse del profesor, fue hasta su sobrino con una sonrisa de lado a lado.
-Veo que has encontrado las cajas.
-Y alguna cosa más –respondió el chico enseñándole una foto.
-Logan y yo –dijo ella al ver la foto-. Eres muy cruel –añadió después de romper la foto.
-No, cruel es que salgas con mi profesor.
-No he salido con él, todavía –respondió Jenna con una sonrisa pícara, haciendo reír a ambos.
Jeremy sacó algo de la caja. Era una especie de libreta forrada de cuero. Al abrirla, leyó que ponía "El diario de Jonathan Gilbert". Era un diario de mediados del siglo XIX.
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Horas más tarde, Jenna estaba recogiendo las cajas que Jeremy había dejado de por medio cuando llamaron al timbre de la puerta. Se quedó helada al ver quién había tras la puerta.
-Hola, Jenna –le dijo un hombre con una sonrisa maliciosa.
-Logan.
-¿No vas a invitarme a entrar? –inquirió él.
-¿Qué haces aquí, Logan?
-Te extrañaba –afirmó él-. Tuve que irme... Invítame a entrar y te lo contaré todo.
-No voy a invitarte a entrar. Olvídalo.
-Vamos, Jenna. Soy yo.
-La respuesta es no.
-Te conozco, siempre estás a un paso del "puede", a un empujoncito del "sí".
-¿Acabas de decir que no tengo autocontrol? Muy inteligente –respondió ella cerrándole la puerta en la cara.
Aquella noche, Jenna no logró conciliar el sueño. La visita de Logan la había trastornada un poco. Aunque no fue la única de la casa que pasó la noche en vela, Jeremy estuvo horas leyendo el diario de su antepasado Jonathan. Hacía unos dibujos muy extraños y hablaba de la noche y la muerte como si fuesen una sola, además de hablar de demonios y de gente asesinada. Parecían los delirios de un viejo chiflado, pero aún así resultaba muy interesante leer lo que sea que tuviese que contar el hombre.
Mientras tanto, la chica Gilbert disfrutó, una vez más, de las maravillosas noches junto a su vampiro favorito. Ella tampoco durmió mucho aquella noche pero, al contrario que al resto de su familia, le mereció la pena trasnochar.
