Hola a todas… y todos (creo)

Bueno este es el final. Ambos epílogos son diferentes entre sí, como podrán leer más adelante.

¡Dios! Jamás pensé que llegaría a escribir 25 capítulos, yo siempre decía: "Sera una historia corta, mínimo 10 o 15 capítulos" y, bueno, salieron mas.

Sé que muchas odiaron la actitud de Hermione e incluso creo que la llegaron a odiar todo de ella. Para mí, realmente, fue un desafío hacerla así. Tuve que tener en cuenta que podían existir criticas, que a nadie le gustase lo que escribía y que de por si existieran insultos (cosa que no paso). Así que un día, teniendo casi 3 capítulos escritos, me dije: "La subo, pase lo que pase" y lo hice.

Bueno, cuando comencé a escribirla quise hacerla un Draco/Luna y un Hermione/Ron, pero ninguna paraje me gusta así que mejor cambie de idea y la hice un Dramione (cosa que no fue al 100%). Con respecto a la trama; siempre me leía e incluso yo he escrito, que Hermione es siempre la que se queda con el bebe o se lo lleva. Entonces, pensé y me dije: "¿Qué pasaría si fuera lo contrario? ¿Qué pasaría si ella no quisiese al bebe y el padre, Draco, si?" con esas interrogantes la historia se creó. Y no se… algunas cosas se fueron dando a medida que escribía.

Me costó mucho elegir el titulo de la historia, pero lo encontré… y cuando lo vi dije: "¡Joder! Este tiene que ser". Si alguna ve The walking dead (yo fans hasta la muerte) sabrá que hay o vio un capítulo que se llama "Walk with me" y ahí nació aquel hermoso titulo jejeje.

No sé que mas decir. Pensé tantas cosas para la historia… pero todo era trágico. Como que Luna muriese en aquel atentado, que Cissy tuviese alguna enfermedad agregada… cosas así.

Sé que muchas hubiesen querido un final feliz para nuestros protagonistas, pero… destruí tanto la relación y la confianza que ni yo misma sabia como juntarlos. ¿Acaso perdonarían al asesino de sus padres? (en el caso de Hermione), ¿Podrían vivir matando a las personas? (en el caso de Draco). Yo realmente quise juntarlos en los epílogos, pero… no pude, no se me hacia justo. Verdaderamente desde el inicio supe que al final no estarían juntos.

Eeeegh ¿Lo he aburrido?, bueno mejor me retiro. Fue un gusto haber publicado la historia, fue un gusto leer cada uno de los comentarios y PM, fue un gusto hacer todo esto.

Gracias totales.

Nos leemos, espero, pronto.

Byeeee…

P.D: Siento mucho las faltas de ortografía. Es algo que con el tiempo iré arreglando :)


(Disclaimer; los personajes de esta historia pertenecen a J. K. Rowling, excepto los que han sido creados por mí.)


Capítulo 25: Epílogo 2: Broken

Se quitó la mascarilla, dejando a la vista los finos labios y la piel pálida de parte del rostro. El hombre, Draco Malfoy, susurró algo y todo pareció enlentecerse más, pero ella podía agitar las pestañas normalmente.

—Te recomiendo que no te muevas más de lo necesario —murmuró él.

Hermione había intentado mirarlo a los ojos, pero Draco rehuyó su mirada.

— ¿Por qué? —preguntó ella.

— ¿Por qué, que?

Él solo estaba ahí parado junto a ella.

— ¿Por qué estás aquí?

Draco cerró los ojos un momento y luego la miró.

No. No podía hacerlo. La verdad es que no quería hacerlo.

—Porque te tengo que matar —le dijo con sinceridad.

Ella parpadeó confundida y, sobre todo, aterrada.

— ¿Qué? —logró articular luego de unos segundos.

—Tengo que matarte —repitió él con la mirada fija en ella.

— ¿Por qué?

La pregunta del millón.

—Porque me lo pidieron.

— ¿Quién? —él desvió la mirada. No, de eso, Draco, no podía hablar—. Malfoy…

—Pero no lo voy a hacer —murmuró más para sí que para ella.

Ella no dijo nada, pero la pregunta estaba implícita sin necesidad de hacerla.

—No puedo hacerlo. No quiero hacerlo. No viéndote así. No cuando el bebe te necesita y mi hija, aunque no lo reconozca, también.

— ¿Solo por eso?

Él asintió poco convencido — ¿Te sientes mal? ¿Sientes algo extraño?

Hermione comprendió que él no diría más sobre lo anterior —Frío. Tengo frío.

—Bien —dijo mirando la bolsita de suero a la cual estaba conectada—, esto te ayudara. Yo… creo que no debemos hablar mucho. El hechizo cuesta mantenerlo.

—Te has convertido en un buen mago. En un gran mago.

Draco hizo una mueca —Las circunstancias me hicieron serlo.

—Malfoy, ¿Qué pasa?, dime la verdad.

No, no se lo diría.

No podría. Ya que todo comenzaba con la muerte de los padres de ella.

—Nada.

—No te creo, pero no quiero pelear ahora. Después podremos hablar —le dijo con voz dubitativa.

—Ni yo. Después podremos hacerlo.

Estuvieron algunos segundos en silencio. Hermione comenzó a sentirse bien y sonrió. Todo lo malo que había pensado, se había esfumado. Aunque, aún tenía algunas dudas.

—Lo siento —dijo, de pronto, ella—, por todo lo que ha pasado, por…

El rubio puso un dedo en los pálidos labios de ella —No lo hagas. En todo caso, yo… lo siento más.

—Todo hubiese sido tan distinto si yo… si no hubiese sido tan prejuiciosa.

—Todo hubiese sido tan distinto si… si yo no te hubiese declarado mis sentimientos así como así.

Ella sonrió con nostalgia —Fui tonta, porque lo que más deseaba era irme contigo a Francia. Tenía miedo.

Draco también sonrió sin quererlo —Yo odie las palabras que dijiste. Que tontos fuimos. Que tonto fui al no… no acercarme a ti directamente durante el embarazo.

—Hemos… he cometido tanto errores.

—Ambos. Ambos los hemos cometido, pero siento que yo mas.

—Draco, después de esto… de que todo pase, crees que podremos tratarnos nuevamente…

El rubio deseo decirle que no, pero…

—Por supuesto.

Ella sonrió.

—Debo que irme, necesitas ser atendida.

—Me siento mejor.

—Se te ve. Adiós, Hermione —se despidió besando levemente los labios de ella—. Te visitare mas tarde.

Draco salió de esa habitación y el hechizo perdió su efecto.

Pocas horas después supo que la visita tendría que ser al revés.

&.&.&.&.&.&.&

Hace frío.

Muchísimo frío.

No puede evitar sentirlo.

Sus pies, doloridos, vagan por las calles del barrio donde vive.

Se siente muerta. Se quiere morir.

Su mente está dispersa en los acontecimientos que han sucedido, en las cosas que se ha enterado.

No ve el rayo en el cielo y menos ve como este ilumina todo.

Sigue su camino.

Esta empapada, por esa razón tiene frío.

Quiere morir.

Quiere hacerlo.

Desea estarlo.

Porque el dolor están grande.

Es… es tan inmenso e intenso.

Las lágrimas se camuflan perfectamente con la lluvia.

Sus pasos son torpes e incluso muchas veces trastabilla con objetos que su mente no ha procesado, pero sigue caminando.

Se siente vieja. Se siente idiota, estúpida e ilusa.

Siente que su cabeza esta tan… tan llena de cosas, de información que no sabe cómo afrontar la verdad.

Quiere gritar, quiere correr, quiere… quiere que todo sea como antes, pero lamentablemente no puede hacer nada de eso.

Un suspiro tembloroso escapa de sus labios y se detiene.

Y parpadea rápidamente.

La lluvia se ha ido.

El cielo aún está obscuro.

Se siente agotada.

Se deja caer. No le importa el dolor en las rodillas, el corazón duele más.

Muchas preguntas vagan por su cabeza, pero una sobresalta sobre todas: ¿Por qué? ¿Por qué razón?

Tan metida en sus pensamientos esta, que no escuchó como algunas personas caminan en su dirección.

Una mano cálida le toca la frente y el rostro. Tarda al menos unos segundos en saber que alguien la abraza y luego la carga.

Cierra los ojos imaginando, creyendo y anhelando que sea él. Pero el olor, no es el mismo.

Se aferra tanto a esa persona que duele. Unas caricias en la espalda la relajan, pero no al punto de estar tranquila.

.

El agotamiento aún permanece.

Alguien la ha depositado en una cama, su cama.

Luego pasos y la puerta se ha cerrado. La persona se ha ido.

Al minuto entra otra persona, pero esta vez son tacones los que resuenan.

La caricia en la mejilla vuelve.

Los ojos grises se abren y se encuentran con unos ojos azules tristes.

—Usare magia para cambiarte de ropa y secarte el pelo ¿Si?

Cissy no contesta y solo la mira.

Siente como si algo recorriese su cuerpo, pero nada malo. Se siente abrigada y cómoda.

— ¿Quieres comer algo?

—No —la voz suena ronca e inmutable.

—Cariño, yo…

— ¿Por qué? —preguntó sentándose y mirándola—. Dime ¿Por qué?

Luna se sienta a su lado.

—No… no lo sé, cariño.

—Tú eres su hermana, deberías saberlo, lo conoces mejor que nadie. ¡Dios! Por favor, dime.

—Al parecer no lo conocía demasiado.

—Quiero verlo —susurró desviando la mirada. No soportando los ojos tristes de su tía.

—No creo que…

—Es… es mi padre —logró articular.

—No dejaran que entres.

—Si no me ayudas. Conseguiré ir de otra forma.

—Cissy…

— ¡NO! ¡Quiero verlo! ¡Quiero… que me diga porque!

—Mira te traeré algo para que te tranquilices y mañana hablamos más tranquilas.

— ¿Tranquila?, no creo estarlo. Solo lo estaré cuando él me diga porque.

—Vuelvo en un minuto —cortó Luna.

La mujer se retiró dejando a su sobrina allí sumida en sus pensamientos.

Cuando bajo todos estaban allí murmurando y charlando.

— ¿Cómo esta? —Theo fue el primero en hablarle.

—Mal, intranquila. Quiere verlo.

—No la dejaran —dijo Theo.

— ¿Seguro? —preguntó dudosa la rubia.

Él asintió —Es menor de edad, no será posible.

— ¿Tu lo sabías? —preguntó Harry a Luna.

— ¿Qué cosa? ¿Qué Draco asesino al jefe de aurores? —él asintió seriamente—. Por supuesto que no. Es mi hermano y todo lo que quieras, pero nunca me dijo algo de eso —le contestó ella con voz quebrada.

Todo había sido rápido.

Apenas y pudo verle mientras los aurores se lo llevaban.

Después habló con Ron y así todos lo supieron, incluso su sobrina y de la peor forma.

—No hablemos de eso —susurró Pansy—. Esperemos a mañana. Mañana le interrogaran y sabremos porque.

Harry miró a su esposa —Lo más seguro es que descubramos muchas cosas.

Luna meneó la cabeza y se fue a la cocina, no quería escuchar ya nada más. Las lágrimas habían parado, pero ahora se hacían presentes nuevamente.

Sintió dos fuertes brazos en su cintura.

Ron la abrazó.

—Debes ser fuerte —dijo él—. No por Draco. Por Cissy.

Luna se giró abrazándose más a él. Necesitándolo cada segundo de ese día y de los seguirían.

&.&.&.&.&.&.&

A la mañana siguiente.

Gris.

La mesa era de un gris metal.

Su vista estaba allí, cuando alguien se sentó enfrente de él.

—Draco.

El rubio no lo miró.

—Tienes que decirme.

Silencio.

¿Qué sacaba con hablar?

—Te van a matar —dijo el hombre—. Te condenaran al Avada Kedavra.

—Que lo hagan —murmuró.

—Que fácil te resulta decirlo ¿No piensas en tu hija?

Los ojos grises se encontraron con unos azules.

¿Qué si no pensaba en Cissy?

Quiso reír, de verdad quiso hacerlo.

Cada jodido momento, segundo, minuto, pensaba en su niña.

— ¿Qué quieres, Weasley? —preguntó queriendo terminar con aquella visita.

—Que me cuentes como son las cosas.

— ¿Por qué no esperas a que me interroguen?

—Porque sé que ese interrogatorio, como otros, no será favorecedor para ti.

—Da igual —le dijo aburrido.

— ¡Mierda, Draco! Podemos probar que… que no fuiste tu… que te obligaron.

—Fui yo y no me obligaron.

— ¿De verdad? —preguntó incrédulo mirándolo críticamente. Bien, Malfoy, no era del todo de su agrado, pero era el hermano de su esposa y, por ende, intentaría ayudarlo. Aunque, al parecer, no podría.

—Sí.

— ¿Por qué?

La pregunta de oro.

—Kingsley —susurró despacio.

— ¿Qué? —preguntó no escuchándolo.

—Escúchame, Weasley, no importa lo hagas, lo que hagan todos; yo me refundiré en Azkaban. Además, ellos ni siquiera usaran Veritaserum conmigo porque lo controlo. Si te cuento ¿Me creerás?

—Pruébame.

Draco dudó por un momento, pero sabía perfectamente que tendría que contar la verdad, ya sea para él o para los demás interrogadores.

—Kingsley me pidió que matara a Robards y lo hice —le confesó sin tapujos.

—Yo…

—Sé que es difícil de creer, pero yo no lo hubiese hecho si alguien no me lo hubiese pedido. No tengo pruebas, porque todos los pergaminos eran autodestructivos.

Ron quedó sorprendido. No la mejor palabra era: shock. Nadie, nadie, confesaba algo como eso.

Kingsley desde un tiempo a esta parte estaba siendo muy manipulador. El ministerio, casi completamente, lo era. Las interrogaciones o cualquier suceso eran tapadas a más no poder.

Por primera vez creyó verdaderamente en lo que Malfoy le decía.

— ¿Alguna vez te visito cuando te lo pidió? —preguntó calmadamente, sorprendiendo al rubio.

—Solo un par de veces.

— ¿Los recuerdos?

—Créeme que querrán matarme antes de que hable. Incluso, estoy sorprendido de que nadie lo haya hecho.

—No pueden, pero si te trasladan a Azkaban. Serías un blanco muy fácil.

—El interrogatorio… ¿Tendré juicio después de eso?

—No, no lo sé. Por esa razón todos estamos haciendo lo posible para que si lo haya.

Él asintió. La verdad es que solo veía a unos pocos ayudándolo — ¿Cómo esta mi hija?

—Quiere verte.

Draco quiso llorar —Podrías darle esto —dijo sacando una cajita del bolsillo de su uniforme de preso.

—Seguro. Draco si tú quieres, yo podría…

—No quiero que me vea así.

—Entiendo.

— ¿Has sabido algo de Hermione?

—Ella está bien. No he ido a visitarla, pero Harry me dijo que estaba bien.

—Me alegro.

—Tu hija también lo está.

— ¿Es… mío? —preguntó sorprendido.

—Sí, Luna me lo dijo. Hermione pidió el examen apenas y estuvo bien. También le dijo que quería verte.

Él frunció el ceño —Si la vez dile que no venga, es mas prefiero que nadie más lo haga.

—No creo poder disuadirla.

La puerta de la sala se abrió.

—Jefe Weasley. El tiempo acabo, debemos prepararlo para el interrogatorio oficial.

—Claro. Nos vemos, Malfoy. Nott querrá venir.

Un auror se acercó al rubio y se lo llevó hacia los calabozos de ministerio.

.

Luego de que le absorbieran la verdad. De que dijera que si era cierto todo, se lo habían llevado de vuelta.

No tendría juicio. Era culpable de asesinar a un alto funcionario del ministerio. Agradeció que no quisiesen darle Veritaserum, porque si no habría soltado cada uno de los asesinatos que había cometido durante años.

Fue empujado devuelta hacia la celda.

Se sentó en uno de los catres donde había dormido la noche anterior.

Idiota.

Había sido un idiota.

Es más estúpido, incrédulo e irrevocablemente idiota.

Nunca confíes en nadie, Draco fueron las palabras de Lucius cuando tenía apenas once años.

Kingsley maldito bastardo. Maldito inteligente, bastardo.

Como no lo previó antes, joder.

Como no le hizo caso a ese sueño donde Robards le hablaba.

Acuérdate de mi Draco Malfoy. Acabas de prenderle mecha a la bomba. Acabas de cavar tu propia tumba.

Idiota.

Como fue tan idiota de infringirle un ataque al corazón a alguien que no posee antecedente alguno. Que era completamente sano.

Era ahí donde también aparecía quien lo había descubierto; Potter. Él no tenía la culpa, solo le había llamado la atención aquel detalle. Investigó y llegó a algunas conclusiones. Conclusiones que el ministerio tomó en cuenta. Nunca supo que exhumaron el cuerpo del ex jefe de aurores y menos que habían encontrado un patrón de magia en el sistema del hombre. Su patrón de magia.

En cada poción que realizaba utilizaba una pequeña cantidad de su magia, para controlar, de cierta forma, la hora de la muerte. Eso había hecho… bueno, no controló la muerte de ese hombre, pero si puso algo de su magia allí.

Le habían apresado aquella misma tarde. Casi unas dos horas después de haber hablado con Hermione.

Cerró los ojos.

¿Cómo demostrar lo imposible? ¿Cómo demostrar que no era más que un sicario del ministro? ¿Cómo salir de aquello?

—Malfoy tienes una visita ¿Lo recibes?

—Sí.

Dos pares de pasos se escucharon.

Weasley era el jefe de aurores por esa razón le había sacado de allí a una sala.

Pero si las visitas eran otras los llevaban hasta allí.

La reja de la celda fue abierta.

—Tienen diez minutos —dictaminó el hombre.

—Draco —saludó.

—Theo.

Se miraron por unos segundos.

—Declarare.

—No lo hagas. No hagas que tu matrimonio se vaya a la mierda, por mi culpa.

—Pero eres mi amigo.

—Theo, no te metas en esto. Si hablas te mataran.

—Pero…

—No hay nada que hacer.

—Tiene que haber algo.

—No abra juicio. El encargado leerá el caso, leerá mi confesión y dictara sentencia.

—Es injusto.

—Todo ha sido injusto siempre y creo que lo merezco.

—Draco, ¡Merlín!, tu sabes que no podías imponerte.

—Solo retrasé mi muerte.

—Si yo digiera las veces que me contacto y…

—No. Además, ellos creen que solo mate a Robards. Lo demás, las demás muertes, no se sabe.

— ¿No lucharas por tu hija? Ella quiere verte.

—Luchar en este caso es imposible. Si me voy contra el ministro, se sabrá que solo maté a Robards sino a muchos más. Lo dejaré así.

—Hay alguien que quiere verte.

— ¿La… la trajiste?

Theo apartó la mirada —Esta afuera.

—No jodas… —susurró. No, no, quería verla—. No quiero verla, no puedes dejar que entre.

—Si puede entrar.

— ¿Cómo?

—Su madre, Hermione, dio la autorización.

— ¿Qué? —preguntó consternado.

—Solo quiero saber si tú deseas verla.

—No —murmuró—. Llévatela.

—Draco…

—Mierda, Theo, ¿Cómo quieras que la vea? ¿Cómo quieres que la mire a la cara y le explique todo esto?

— ¿Quién dijo que tenías que hacerlo?

Draco cerró los ojos y contó mentalmente.

Lo que menos quería era eso, pero sabía perfectamente que quizás no la volvería a ver.

—Tráela.

El castaño asintió y salió.

Draco se sentó totalmente nervioso en el catre.

¿Podría enfrentarse a una mirada de odio? ¿De decepción? ¿De rabia? ¿De dolor?

La puerta se abrió nuevamente.

Cuando visito a su padre en aquel pútrido sitio de Azkaban, le dolió inmensamente…

¿Su hija sentiría lo mismo o algo peor?

—Papá.

Por lo menos no era padre o señor.

Levantó la mirada para encontrarse con unos ojos iguales a los suyos —Hija.

Cissy estaba parada a unos pocos pasos.

Pensó que se encontraría algo muy, muy, malo. Los asesinos lo eran, pero su padre no tenía ese perfil. No podía distinguirlo.

Lo que si noto, y por obvias razones, fue que estaba pálido, ojeroso y nervioso.

—Te he extrañado —dijo ella.

—También yo.

Ella se mordió el labio.

— ¿Por qué? —preguntó directamente—, ¿Por qué lo hiciste? —no había recriminación en la pregunta, pero si mucho dolor.

—No tenía otra opción. Tenía que hacerlo.

—Siempre las hay.

—No siempre, no en este caso. Si hubiese estado solo y sin ti; abría hecho cualquier otra cosa.

—Yo…

—En fin, no hay justificación. Siempre estuve consciente de que estaba mal lo que hice.

Ella desvió la mirada.

—Quiero abrazarte.

—Puedes hacerlo, si quieres.

—No quiero. No puedo abrazarte sin sentir que me estaré despidiendo de ti —su voz se quebró.

—Quizás no sea una despedida.

Ella cerró los ojos.

Y avanzó los pocos pasos que los distanciaban.

Se abrazaron.

El cuerpo de Cissy tembló cuando algunas lágrimas comenzaron a descender por su rostro.

Y al tiempo sintió un líquido en su cuello. Su padre también lloraba.

—No sabes cuánto te amo, cariño. Perdóname, perdóname por todo, por favor.

Ella lloró. Era una despedida.

—Yo también te amo, papá.

—Cuando todo esto pase. Abre la caja que le entregue a Ron.

Ella asintió. Aquella caja la tenía guardada en su bolsillo.

—Cuida a tu madre y a tu hermano.

—Es hermoso. Según me dijeron.

—Eso espero.

— ¿Quién te obligó a hacerlo?

Ella se separó.

El limpió el rostro de su pequeña.

—No sabes, no tienes idea de cuánto me arrepiento de las cosas que hice. No puedo decirte quien.

—Lo hecho, hecho esta. De todas formas lo averiguare.

—Cissy…

—No me quedaré con la duda.

—Cissy, ya es hora —la voz de Theo se escuchó.

—No lo hagas, hija. Solo cuídate.

—Tú también. No olvides que te amo papá. No olvides que te perdono.

Él le beso la frente —Yo también te amo.

Ella le beso la mejilla —Adiós.

—Adiós.

Cissy le miró por última vez y salió del lugar.

&.&.&.&.&.&.&

5 años después.

El negro se había convertido en su color favorito.

Siempre lo llevaba, en especial cuando le visitaba.

Su padre había muerto casi una semana después de haberle visitado.

Aunque no entendía muchas de las leyes mágicas, supo que la sentencia de su padre había sido pasar algunos años en la prisión, pero… alguien lo había asesinado en una de las celdas dos días después de su traslado allí.

Cissy no era tonta, jamás lo fue.

Lo habían matado por venganza.

Intentó no pensar en ello. Debía tranquilizarse.

Dos delgadas manos depositaron el ramillete de las flores.

Los hermosos ojos grises, en esos delineados ojos, miraron hacia el frente.

Las lágrimas ya no acudían. Había pasado mucho tiempo, y ya no quedaba nada por que llorar. De cualquier forma no volvería.

Se levantó y le miró por última vez.

Ya le había perdonado, ahora debía seguir viviendo junto a su familia, sus hermanos y demás.

Los tacones se alejaron de aquel hermoso parque.

Los tacones de Narcisa dejaron de escucharse cuando utilizó la aparición para irse a su casa.

El viento meció los arboles borrando la tristeza de aquella niña ahora mujer.

Sola o acompañada caminaría a lo largo de lo que le quedaba de vida.

.

Odiaba aparecerse.

Era como un apretón de estomago, como si, de cierta forma, su cuerpo se desmembrara, pero a la vez no.

Continúo caminando hacia su hogar.

Cuando su padre había muerto había sentido una corriente extraña por su cuerpo. Como una liberación o algo así. Pronto descubrió que eso había sido una liberación mágica. Una cosa realmente extraña, pero que con el tiempo se fue acostumbrando. Según la explicación del medimago había sido una especie de magia espontanea muy rara y es que eso se presentaba en niños pequeños.

Cissy entendió, pero supo que no quería ir a ningún colegio mágico. Así que aprendió lo suficiente y lo básico para no perder el poder.

En el fondo creía que siempre había tenido magia, pero de una forma u otra la había suprimido o alguien lo había estado haciendo.

Cuando llegó a la entrada sacó las llaves de su cartera, pero antes de que llegase abrir, alguien lo hizo.

— ¡Issy! —exclamó una pequeña niña de cabellos castaños y ojos grises.

—Jean —le saludó afectuosamente dándole un beso en la frente.

La niña se hizo a un lado dejando pasar a su hermana mayor.

— ¿Cómo te fue? —preguntó inocentemente.

—Bien, cariño.

—Cissy —saludó una mujer. Su madre.

—Hermione —dijo de vuelta. Jamás se acostumbraría a llamarla "madre".

Ella sonrió.

Casi al mes después del nacimiento de Jean. Cissy le había donado parte de su medula ósea. Ella ahora está bien, sana, pero cada cierto tiempo tenía que hacerse algunos chequeos.

— ¿Has ido? —preguntó dudosa.

—Sí, he ido.

—Bien —dijo entrando nuevamente a la cocina.

Cissy supo semanas después de la muerte de su padre, que Hermione lo había ido a visitar y habían hablado. ¿De qué?, ella no lo sabía.

— ¿Vamos a jugar? —preguntó su pequeña hermanita.

—Claro.

Narcisa siguió a su hermana hacia la habitación de la pequeña.

Al cabo de una media hora Cissy se excuso con su hermana y se fue a su propia habitación.

Cerró la puerta con pestillo y se sentó en la cama.

Miró hacia su mesita de noche y extrajo la cajita que su padre le había dejado.

La abrió y dos objetos permanecían aún ahí.

Una frasquito y un papel doblado.

La nota era escueta.

Abre los ojos.

No llores… todo estará bien.

Se fuerte, lucha, protege.

Los días podrán parecer grises, pero la luz siempre sale al día siguiente.

Espera… que pronto entenderás que el dolor mengua.

Espera… y podrás actuar.

Te ama.

Tu padre.

Muchos habían leído esa carta, pero nadie comprendió el verdadero significado.

Cissy, si lo hizo. No por nada era inteligente.

La chica puso la poción a la altura de sus ojos.

Primero había sido gris, pero con el pasar de los años se fue aclarando.

El dolor. El dolor había menguado, pero aún estaba allí.

Había esperado. Había esperado cinco años.

Pronto. Pronto podría ocuparla contra la persona que le había quitado a su padre.

Un golpe le hizo sobresaltar.

— ¡Cissy! ¡Esta lista la cena!

—Bajo en un momento —le contestó.

Pasos alejándose fue lo que escuchó.

Guardó todo donde siempre había estado.

Al los minutos bajo, pero el timbre le impidió llegar al comedor.

Abrió y sonrió a la persona.

—Hola, Christina… Alonso.

—Hola —dijeron las dos personas.

—Pasen.

La mujer y el niño pasaron.

Y justo al tiempo Hermione salía recibiendo a su amiga.

Cissy miró ese cuadro. Jamás lo abría imaginado.

En el funeral Christina había aparecido con un niño recién nacido. Un hijo de su padre, él nunca lo supo.

Hermione ahora era amiga de la ex de su padre, Christina. En algunas ocasiones también sus tíos venían a cenar, pero había tenido que pasar un par de años para que limaran asperezas.

Sus hermanos Jean y Alonso se llevaban muy bien.

Solo faltaba él.

— ¡Issy! —la chica miró hacia abajo. Su hermanita—. Vamos.

—Vamos.

La tomó de la mano y juntas caminaron hacia el comedor.

Sentimientos encontrados. Sí, los tenía. Su único consuelo era que… pronto, muy pronto, se vengaría.

Había sido tremendamente fácil saber quien había sido el jefe de su padre. Escuchar conversaciones nunca fue de su agrado, pero en ese caso le sirvió.

Kingsley Shacklebolt, ese era el nombre, ex ministro de magia.

Lo mataría. ¿Cómo?, era un plan que le había costado años perfeccionar, pero que ya se sabía de memoria. Su padre estaría orgulloso de ella.

Alzó la copa de jugo cuando las mujeres lo hicieron.

Pero a diferencia de ellas, Cissy internamente brindó por la venganza, porque la venganza es un plato que se come frío y ella lo disfrutaría. Disfrutaría asesinando a la persona que le había arrebatado a su padre.

Fin...