Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Stephanie Meyer. La historia es mía y está protegida en Save creative.
Agradezco a Anyreth y a Catali por betear el capítulo.
Música recomendada:Uncertainty - The Fray
Capítulo 24: Incertidumbre
Aunque por dentro seguía aterrada, se obligó a calmarse. Edward la necesitaba entera, fuerte y en ese momento - aunque ella fuese solo la morfina que apaciguaba su dolor - no podía fallarle.
Esta vez no huiría… no, esta vez ella haría todo lo posible por ganar la batalla y dejar atrás a esa niña débil que fue en el pasado. Ella enfrentaría cara a cara sus demonios y saldría vencedora, aunque se le fuera la vida en ello.
Respiró profundo y miró a todos lados. Podía resultar estúpido, pero ella temía que alguien la estuviese vigilando o peor, que alguien estuviese siguiendo a Edward para hacerle pagar a él por sus errores. Cuando se sintió un poco más tranquila y segura, bajó del coche, puso la alarma y volvió a entrar al hospital, ya sin tanto escándalo como la vez anterior.
Llegó hasta el inicio del pasillo en el que estaba la habitación 301. Esme estaba afuera, de pie y con un vaso desechable con algún líquido caliente entre sus manos y la mirada preocupada y triste.
Bella sintió pena por esa mujer y todo lo que había tenido que vivir en pocos meses: la muerte de su esposo, las intenciones suicidas de Edward, la adicción y embarazo de su única hija y la ausencia de su hijo mayor; nadie lo merecía y Bella se vio rezando por Esme a cualquier fuerza sobrenatural que pudiera oírla.
La madre de Edward debe haber sentido su mirada pues levantó la cabeza y posó sus cálidos ojos miel sobre ella. Bella se acercó lentamente y por primera vez se atrevió a ser cariñosa con aquella mujer, la única que siempre había entendido al Edward niño y soñador, y la abrazó con fuerza.
Esme se derrumbó y liberó un llanto desgarrador que, probablemente, llevaba mucho tiempo conteniendo. Bella solo se mantuvo ahí, con ella, dejando que esa madre dejara salir sus frustraciones; ninguna madre merecía pasar por lo que ella había pasado.
- ¿Cómo está él? – preguntó pasados algunos minutos.
- Está bien – respondió –, el médico está con él – murmuró algo avergonzada –. Lo siento por preocuparte, pero esto fue como la gota que rebalsó el vaso – se disculpó un segundo después, pero Bella negó de inmediato –. Tiene una pequeña cortadura cerca del abdomen y algunos golpes en el rostro, nada serio, no te preocupes – relató y ella respiró un poco más tranquila.
El médico salió pronto de la habitación en compañía de una enfermera y les dijo que todo estaba bien, que al día siguiente podría ir a casa, que solo había sido un susto.
Esme se excusó al tener que bajar a recepción a hacer los trámites del seguro médico, dejándola a cargo de su pequeño. Bella sonrió. Edward era notoriamente el consentido de Esme y la ternura con que ella se refería a él era algo que parecía purificar un poco el alma de quien la escuchaba.
Se quedó de pie afuera de la habitación con la frente afirmada en la puerta por algunos minutos, no quería que Edward la viese preocupada; aunque también era cierto que las últimas semanas él ni siquiera había notado su angustia.
Entró lentamente y mirando siempre hacia el piso. Cerró la puerta tras de sí y levantó lentamente la cabeza.
La camilla estaba levemente levantada; él descansaba de espalda sobre dos almohadones y con los ojos cerrados, aunque, por su forma de respirar ella sabía que estaba despierto. Tenía un cardenal en el pómulo derecho y una venda en la frente al lado contrario, además un pequeño rasmillón en el pómulo izquierdo; aun así, nada podía opacar esa belleza que lo hacía parecer un ángel.
- Hola, niño – susurró desde su posición. Él abrió sus ojos verdes y pestañeó varias veces.
- Bella – susurró él y le regaló una pequeña sonrisa –, viniste – por la forma en que lo dijo parecía un hombre frente a un milagro.
- ¿Qué ocurrió, cariño? – él hizo una seña para que se acercara y ella sin dudarlo un segundo caminó hacia él, le abrazó con cuidado y escondió su rostro en el cuello de él.
- Cuando Esme llamó, pensé lo peor – confesó ya con la voz ahogada – ¿Por qué te resististe, Edward? – Golpeó levemente su brazo – Pudieron haberte matado – jadeó en busca de aire.
- Llevaba algo muy valioso conmigo, no podía permitir que se lo llevaran – respondió él intentando apartarla un poco.
- ¿Qué puede ser más valioso que tu vida? – preguntó incrédula. Edward no se caracterizaba por ser alguien apegado a las cosas materiales.
- Tu regalo de navidad – Ella se quedó quieta, respirando más rápido de lo normal. Esa respuesta la dejaba un poco descolocada; no esperaba que él arriesgara su vida por una cosa para ella.
Se apartó para mirarle a los ojos. Él la observaba preocupado y al parecer con temor. Tuvo la sensación de que ella sí era importante para Edward; él había arriesgado su integridad física por salvar su regalo de navidad, y eso tenía que ser por algo.
- Aun así, no debiste – murmuró –. Además, no necesitas regalarme nada y lo sabes – agregó.
- No gasté demasiado… si es eso lo que te preocupa – sonrió de lado –. Por otro lado, tu regalo no les iba a servir de nada a ellos. Quise explicárselos cuando intentaron quitarme la bolsa, pero ellos me golpearon y luego huyeron con todo lo demás – Bella no pudo evitar pensar en Lauren como la cabeza de ese acto y tembló. Él tomó su mano y la acarició tiernamente.
Bella no dijo nada más, solo quería abrazarlo y estar con él. Sabía que ella no serviría de mucha protección, pero le aterraba más el pensar que le hicieran algo cuando estaba lejos.
Se acomodó y se irguió para poder mirarle. Él tenía sus ojos puestos en ella y ella creyó ver en éstos la misma curiosidad y frustración que veía cuando recién se conocieron, cosa que la hizo suspirar profundamente. Edward la confundía demasiado y ya no sabía que creer con respecto a sus últimamente herméticos sentimientos.
- Por qué suspiras – preguntó frunciendo el ceño.
- Porque estás bien y eso me alivia – respondió apegándose otra vez a él.
- No quieres cargar con más tragedias, no es así – aseguró con cautela.
¿Eso era lo pensaba Edward de ella?
- No – se apresuró a responder –, yo solo quiero que estés bien. Mientras que tú estés bien puede venirse el mundo abajo y no me importará.
- Lo siento, es que siempre te agobio con mis problemas – se llevó la mano libre al cabello –. Sé que en algún momento te cansarás de ello, pero no puedo evitar aferrarme a ti cada vez que mi mundo se derrumba. Eres lo único que puede mantenerme a flote – susurró lo último y bajó la mirada dejándola atónita por un instante y con una sensación de tristeza y responsabilidad aún mayor.
- No me des tanto poder – rogó ella –. Soy la persona que más daño puede hacerte, por favor no lo permitas – se aferró a él otra vez.
Lo amaba tanto que no podía respirar, pero tan grande como ese amor era el temor a hacerle daño, porque el poder que él le entregaba era demasiado para alguien con tantos fantasmas asechándole como era ella.
- Te amo – susurró dejando un beso en su cabello
No la amaba, solo la necesitaba para no hundirse.
- Sanaremos juntos, Bella – agregó y a ella se le estrujó un poco más el corazón.
No sanarían juntos. Él sanaría y luego ella ya no le haría falta.
Bella se levantó y acercó una silla a la camilla para no incomodarle y se quedó con él en silencio, acariciando de vez en cuando una de sus manos o alzándose levemente para acariciar su rostro. Si tan solo tuviera fuerzas para ganarse un espacio permanente en su corazón las cosas podrían ser distintas, mas ella estaba convencida que el amor de Edward era solo una mala interpretación al sentimiento de protección y agradecimiento que lo unía a ella.
El silencio se hacía un poco incómodo, pero más incómodas se hacían las palabras porque ambos parecían reacios a lo que el otro pudiese decirles y Edward volvió a la pose distante que llevaba días mostrándole.
Esme volvió a la habitación algunos minutos después, sacándoles del trance en el que parecían sumergidos. Bella se levantó rápidamente; aún le avergonzaba mostrar su amor a Edward en público, sobre todo si era frente a Esme, porque ella siempre la miraba como la única esperanza para su hijo y eso la hacía sentir presionada.
- Cariño – llamó la atención de Edward, quien seguía perdido en sus pensamientos. Él la miró algo aturdido y le hizo un gesto de que le escuchaba –, está nevando y creo que si sigue así cerrarán las carreteras por esta noche – Edward y Bella fruncieron el ceño sin entender la importancia que tenía el hecho -. No quiero que Alice pase la noche sola en Forks – miró a Edward y entre ambos hubo una especie de conversación silenciosa que Bella no entendió –. Bella – llamó la atención de la joven –, ¿te quedas con él y lo llevas a casa mañana? – no tuvo que pensarlo, asintió antes de que Esme terminara la pregunta.
-Mamá, puedo quedarme solo – protestó Edward.
No quería quedarse con ella.
- No protestes. Bella se queda encantada, ¿no es así? – Esme miró a Bella sonriente y ella asintió y le sonrió a Edward, pero él solo bajó la mirada.
Quiso golpearlo para que de una vez por todas dejara esos malditos cambios de humor, en un momento le decía que la amaba y dos segundos después volvía su hermetismo, dejándola con un signo de interrogación gigante sobre la cabeza y con noches y noches durmiendo poco por analizar cada uno de sus cambios.
Bella le deseó a Esme un buen regreso a casa y le vio partir antes que el aguanieve – algo más espesa que la que comúnmente caía en Port Angeles – se tornara en una auténtica nevazón. Si la nieve cubría a la ciudad marítima, supuso que Forks ya estaría saturado por la misma.
- ¿Quieres que me acueste a tu lado? – preguntó cautelosa, insegura de la respuesta de él.
- Si quieres – respondió él indiferente.
- Sabes que sí – dijo condescendiente, mientras se acercaba a la camilla.
- No, no lo sé – subió un poco la voz –. Lo siento, no quería gritar – se disculpó casi de inmediato y comenzó a tirarse el cabello.
- ¿Qué ocurre, Edward? – Él negó con la cabeza – ¿Acaso ya no confías en mí?
- No crees que esas preguntas debería hacerlas yo – Bella le miró sin entender nada –. Eres tú la que de un tiempo a esta parte solo me habla del clima – murmuró mirándose las manos, como un niño cuando pide explicaciones.
- ¿Quieres que hablemos? – Él negó – Entonces, ¿Qué quieres? – se pasó la mano por el cabello hastiada de la situación.
- Solo quédate aquí… acompáñame. En otro momento hablaremos – ella hizo caso y se acostó en el espacio que él dejó en la cama y, como era un espacio pequeño, se apegó a él lo más que pudo y él la abrazó fuertemente, como si quisiera retenerla.
Ella entendió que no había razones para tomar distancia, que independiente de lo que Edward sintiera y de lo que durara esa extraña relación sin nombre que tenían, ella no tenía por qué guardar en su memoria solo los recuerdos de la angustia que sentía pensando en que la dejaría; sus memorias debían ser de los muchos momentos que habían compartido juntos y de la felicidad que sentía en cada uno de ellos.
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- Lauren, dime que tú no tuviste nada que ver – Mike le miró con el ceño fruncido y ella le entregó esa mirada de culpable desde el tocador donde estaba sentada. Mike tembló –. Joder, Lauren, ¿es que no pudiste dejarlo estar?
- Es que no hay quien te entienda. Primero me dices que quieres que Swan sufra las penas del infierno y ahora te quejas porque le di un sustito – se puso de pie y se sentó junto a él en la cama.
- Pero una cosa es darle uno que otro susto a Isabella y otra muy distinta es asaltar a Cullen. Sabes que él no lo pensará dos veces antes de denunciarnos – se puso de pie y comenzó a pasearse.
- Tranquilo, que me he encargado de que solo Isabella sepa que estoy tras ese incidente y no hay pruebas que me incriminen – él le miró –. El asalto lo hicieron unos críos que contactó Tyler y fueron ellos mismos quienes llamaron luego a Swan para advertirle algunas cosas – Mike seguía incrédulo –. Te aseguro que ella quitará la denuncia y podrás volver al instituto.
- Eso espero, Lau, eso espero – murmuró.
- Me encargaré de todo Mike, esa mosquita muerta rogará por un momento de paz. Confía en mí – sonrió de forma macabra y se acercó a él con las bajas intenciones de siempre.
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- Cariño, ¿estás segura que no quieres venir a Alaska conmigo? – preguntó Renee por enésima vez – Charlie está ansioso por verte – agregó mientras revisaba algo en su chequera de cuero negro.
- Ya quedé con Edward, mamá – respondió.
- Pero son tantos días, hija – se colgó su cartera y Bella levantó el sujetador de la maleta mientras la miraba y levantaba una ceja –. Ya, Bella, si ya me voy – rieron ambas y salieron de casa hacia donde estaba el chofer esperándola – Si cambias de opinión puedes ir a Alaska con Edward a celebrar la llegada del nuevo año – Bella no respondió, sino que la abrazó y dio un beso en su mejilla.
- Buen viaje, mamá – susurró y Renee subió al coche.
Bella se quedó algunos minutos fuera. Hacía frío, pero al menos había dejado de nevar la noche anterior y la lluvia que caía fuertemente arrastraba con ella la nieve que antes había cubierto al jardín.
Había regresado a Forks con Edward la tarde anterior, cuando dejó de nevar en Port Angeles. Él estaba extrañamente más silencioso, con el ceño fruncido y la miraba como si tuviera mil preguntas por hacer y otras mil cosas por decir, pero solo callaba. La situación le parecía, por decirlo menos, incómoda ya que no hablaba él ni tampoco le dejaba hablar a ella.
Tenía la cabeza hecha un lío y lo único que deseaba en ese momento era quedarse en casa esa noche, escuchar música y pintar; no había tenido tiempo de procesar todos los últimos acontecimientos y sabía que ir a casa de Edward a cenar solo le sumaría una preocupación más por la que desvelarse luego.
Entró a casa cuando el frío se hizo insoportable. Toda la gente que trabajaba en el lugar se aprontaba a terminar sus quehaceres para luego poder irse a sus casas a celebrar con sus familias la navidad. Algunos, como Sue, volverían en dos días; otros no lo harían hasta el año siguiente.
Un sentimiento de nostalgia comenzó a embargarle. Era un año más que se terminaba, pero a diferencia de los anteriores, este sería un año digno de recordar: había conocido a Edward y con él había conocido el significado de esa palabra tan bella: amor; también había tenido fuerzas para hacerle frente a sus demonios y verdugos, y aunque eso no era algo finiquitado, estaba haciendo lo posible por controlar la situación… solo esperaba que Edward no pagara las consecuencias.
Después de despedirse de todos, deseándoles felices fiestas, subió a su cuarto a prepararse mentalmente para la noche en casa de los Cullen; no sabía qué esperar de esa cena. Le ponía nerviosa el pensar en que toda la familia de ellos estaría reunida.
¿Y si no congeniaba con ellos?
No… era mejor no pensar en las cosas que podrían pasar esa noche, lo mejor sería asistir sin muchas expectativas – ni buenas, ni malas – y si algo o alguien le hacía sentir incómoda, se disculparía y volvería a casa… sí, eso haría.
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El reloj colgado en el muro sobre la chimenea marcaba las ocho en punto de la noche. Su madre y la señora Margaret Hale se paseaban de un lado a otro con tiestos y cubiertos; Alice miraba ausente a través de la ventana mientras acariciaba su vientre; Emmet y Rose habían salido un momento a conocer el invernadero nuevo de Esme, probablemente en un intento de adaptarse a la nueva casa y a las nuevas condiciones; y Jasper junto a su padre, el señor Richard Hale, veían una tonta película sobre navidad sentados en el sofá grande de la sala principal.
Edward miraba a todos desde el arco que unía el hall de entrada y el salón con una ansiedad palpable. Esa noche sería la prueba de fuego para saber si de verdad – pese a las carencias - podrían seguir siendo una familia, o que simplemente los meses anteriores solo habían fingido que lo estaban superando. Además, Bella cenaría con ellos. Ella conocería a su familia en pleno y si las cosas no salían bien, estaba seguro que la perdería.
El timbre sonó y toda la ansiedad se multiplicó por mil mientras se acercaba a abrir la puerta.
Ojalá se comporten con ella – pensó mientras acomodaba su cabello.
Abrió la puerta, pero no era Bella quien estaba del otro lado, sino que su prima Tanya con un gran paquete en sus manos. Bajó la mirada desilusionado.
Ella no iría.
- Vaya, que recibimiento más cálido – ironizó la muchacha –. Yo también estaba ansiosa por verte, primo – continuó vacilándolo mientras entraba – ¡Alegría, Alegría, que ha llegado el pavo! – gritó y varias risas se escucharon alrededor.
- Discúlpala, cariño, es que se cayó de la cuna cuando pequeña – susurró su tía Carmen abrazándole – ¿Cómo estás, Edward? – preguntó mirándole a los ojos y sujetando su rostro entre sus manos.
- Mucho mejor…
- Mucho mejor y enamorado hasta los tuétanos.
- Carmen, no cabrees al chico – rezongó Eleazar que entraba cargado de paquetes.
- Corazón, que yo sé de estas cosas – gritó a su marido, guiñó un ojo a Edward y se apartó en dirección a la cocina.
Sonrió nervioso. Siempre era lo mismo con los Denali. Su historia familiar había estado marcada por las tragedias y aun así seguían siendo alegres y unidos, contagiándoles a todos con sus locuras y sus buenas vibras.
Volvió a mirar hacia afuera, Bella seguía sin aparecer.
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Se miró nuevamente en el espejo, llevaba un vestido corto y cuello alto de lanilla de un color lila, el cabello alisado sujeto con una cinta a modo de diadema y un maquillaje suave. Edward había dicho que era una cena sencilla, mas sabía que lo que era sencillo para algunos era elegante para otros y es por eso que no sabía muy bien cómo tenía que vestir para ir a su casa.
Semanas atrás había estado algo desilusionada porque Edward no la había invitado a su casa, pero en ese momento no sabía que tan buena idea era entrar en su mundo.
¿Cuántas personas estarían allí?
¿Y si el doctor Denali comenzaba a recordarle sus seguidas visitas pasadas al hospital?
¿Y si Emmet volvía a abordarla para decirle que se alejara de Edward?
¿Y si Esme seguía con la idea de que ella era la única que podía salvar a Edward?
El teléfono de la casa sonó, sobresaltándole en el silencio que inundaba en rededor. Se acercó descalza hacia la mesa de noche y tomó el aparato.
- Diga – contestó.
- Bella, habla Alice.
¿Alice?
¿Qué hacía llamándole la hermana de Edward cuando se verían en cinco minutos?
- Mira – continuó –, no sé qué ocurre entre tú y mi hermano para que él lleve semanas ansioso y de mal genio, pero hoy es un día especial para nosotros y no lo quiero ver así. Si no vas a venir al menos llámale e inventa una excusa, el pobre lleva más de una hora que abre y cierra la puerta esperando por ti – su primer pensamiento fue que Edward tenía razón cuando decía que su hermana hablaba más que él.
- Solo me retrasé un poco – respondió cuando notó que se había quedado unos segundos sin hablar –. Voy saliendo – agregó mientras buscaba sus botas al lado de la cama.
- Te esperamos entonces – le escuchó decir más aliviada y colgó.
Sin querer analizar mucho lo que había dicho Alice, se calzó sus botas negras con un pequeño tacón, se miró al espejo y convencida de que era el atuendo apropiado, salió de la habitación apagando las luces a su paso.
Cinco minutos después estaba aparcando su vieja camioneta afuera de la casa de Edward; casi al instante vio como la puerta se abría y él salía rápido a abrir la puerta del vehículo, respiró profundo y se quitó el cinturón para dejar que Edward le ayudara a bajar.
- Pensé que ya no venías – dijo él a modo de saludo.
- Solo me retrasé – se excusó –. No sabía qué ponerme – le escuchó reír y luego acercó su rostro al suyo y la besó.
- Estás preciosa – alabó cuando se separaron.
- Ni siquiera me vez bien, está oscuro – rebatió y él volvió a besarla, mientras acariciaba perezosamente sus antebrazos.
- No estés nerviosa – susurró cerca de su rostro –. Todos están felices de que vengas a pasar las fiestas con nosotros – besó su frente y le ayudo a bajar la bolsa con regalos que llevaba en el asiento del copiloto.
Pasó un brazo por sobre sus hombros y la guió al interior de la casa. El lugar estaba mucho más cálido y hogareño que la única vez que había estado ahí; además, las luces y los adornos en tonos verdes y rojos que decoraban el lugar lo hacían más acogedor.
Llegaron al salón. Había seis personas que les miraron con curiosidad y con picardía entremezcladas. Él tomó su mano.
- Ella es Isabella… bueno, Bella, así le gusta que la llamen – murmuró nervioso, ella apretó su mano para que dejara de temblar.
- Hola, Bella – dijo la chica rubia que estaba al lado de Emmet mientras se levantaba con él de la mano –. Soy Rose, creo que nos vimos en el hospital de Seattle hace algunos meses – se le acercó para dar un beso en su mejilla. Era muy alta y voluptuosa, y su rostro era como el de una muñeca de porcelana.
- ¿Qué tal, Bella? – saludo Emmet – Me alegra que estés aquí – agregó y también dio un beso en su mejilla. Bella creyó ver algo más en la mirada de Emmet, pero no supo interpretarlo.
- Bella, por fin te conozco en persona – chilló alguien tras ellos. Se volteó y encontró a una chica como de su tamaño, rubia y de ojos azules que le sonreía –. Soy Tanya, prima de Edward. Estoy tan feliz de conocerte, eres preciosa – la abrazó que casi le sacó el aire.
- Ya, Tanya – murmuró Edward avergonzado.
- Siempre tan aguafiestas – le recriminó la muchacha con ironía.
- Soy Alice – dijo la chica de cabello negro corto, era más pequeña que ella y tan delgada que lo único que resaltaba era una pequeña barriga – Edward tenía razón, eres muy linda – miró a Edward que estaba sonrojado y le sonrió para infundirle ánimos.
- Mira, él es Jasper – llamó al chico rubio y alto –. Es hermano de Rose y amigo nuestro – Jasper se levantó del sofá y se acercó a saludarle.
- Señorita, ¿qué tal? – tomó su mano y la besó.
- Jasper es así, un caballero – Alice miró al chico y él le sonrió. Bella tuvo la idea de que algo más pasaba entre ellos.
- Bueno, a mi madre y mi tío Eleazar ya los conoces – dijo Edward cuando dejaron respirar a Bella entre tantos saludos y ambos le dedicaron una sonrisa.
- Son todos muy amables – le dijo a Edward, y no lo decía solo por agradar, porque era verdad que le habían parecido todos muy amables.
- Lo son – dijo él poco convencido –. Pasemos al comedor que te voy a presentar a los que faltan - la guió por el pasillo hasta la puerta contigua donde un matrimonio como de la edad de sus padres miraban abrazados por la ventana y la esposa del doctor Denali entraba al lugar por la otra puerta con un pavo trozado.
Saludó a todos. Los señores Hale eran algo más serios, pero le trataron con mucho respeto; en cambio Carmen comenzó a hablarles de cosas incómodas haciendo que ambos se sonrojaran, logrando que la mujer se riera hasta las lágrimas.
Pronto estaban todos sentados a la mesa – algo apretados había que agregar –, cada uno con un trozo de pavo en el plato acompañado de patatas asadas y ensaladas surtidas. Había muchos temas de conversación en la mesa, mas ella y Edward solo comían y escuchaban en silencio.
En ese momento entendió un poco más a Edward. En esa casa nadie hablaba de arte, ni de música, ni de ningún tema de los que tanto les apasionaban a ambos. La mesa parecía divida en dos, en un sector hablaban de hospitales y tratamientos médicos y en la otra parte de política y economía.
- ¿Estás aburrida? – preguntó Edward en un susurro.
- No – respondió ella en el mismo tono de voz.
- No intentes quedar bien, yo siempre me aburro en las cenas familiares – ella le miró y le sonrió asintiendo y dándole la razón.
- Pero miren que hermosos se ven – gritó Carmen llamando la atención de la mesa –. Me recuerdan tanto a nosotros, cariño – Eleazar le miró con cara de bobo y besó su cabeza.
Edward y Bella observaron como todos tenían su vista puesta en ellos y ambos se sonrojaron furiosamente y bajaron la mirada, haciendo suspirar y reír a los demás presentes.
- Bueno, nuestra invitada creerá que somos unos aburridos – dijo Emmet sonriendo y Bella negó de inmediato.
- No les molesten – pidió Esme mirándoles de forma maternal.
- Y bien, Bella, cuéntanos algo sobre ti. Mira que Edward lo único que ha dicho es que eres hermosa – pidió Alice riendo, mientras se limpiaba la comisura de los labios con una servilleta.
- Bueno, nací en Seattle, vivo en Forks hace tres años, estoy en último año de secundaria – cada palabra que pronunciaba aumentaba su sonrojo.
- Supe que pintabas – afirmó Emmet y ella asintió –. ¿Piensas dedicarte a pintar toda tu vida o harás algo mejor que Edward por tu futuro? – sintió como Edward se tensaba y como el ambiente jocoso pasaba a insostenible en dos segundos.
-¡Emmet! – susurró Rose molesta.
- Lo siento, lo he dicho sin pensar – se disculpó Emmet –. Voy al servicio – murmuró y se levantó tirando la servilleta fuertemente sobre la mesa.
Bella miró a Edward y quiso golpear Emmet por ser tan mal hermano. Edward estaba con la cabeza gacha, jugando con la comida y estaba segura que si no se levantaba de la mesa era solo por no dejarla sola con el resto de su familia.
Esme se levantó incómoda y comenzó a levantar la mesa, Bella encontró ahí la oportunidad de sacar a Edward del comedor, por lo que se puso de pie e ignoró la atención que todos le prestaban.
- Edward y yo lo haremos, Esme – Edward le miró agradecido y Esme se sentó otra vez.
Edward se levantó y comenzó a acarrear cosas hasta la cocina, Bella se demoró un poco más en seguirlo, debido a que era un poco más torpe y no quería tirar nada.
- Edward – susurró ella al entrar a la cocina.
Estaba parado en el umbral de la puerta trasera que estaba abierta y volteó levemente la cabeza mientras ella se acercaba.
- ¿Me vas a dejar, verdad? – preguntó él con un matiz de dolor en su voz.
Y ahí estaba la respuesta que llevaba semanas esperando.
Vargas Llosa escribió que la incertidumbre es una margarita cuyos pétalos no se terminan jamás de deshojar; pero no era cierto porque en ese momento ella le vio perder el último pétalo, pues aquella pregunta acababa con toda esa desazón de creer que él no la amaba. En ese momento los papeles se invertían y ya no era ella quien temía al abandono. La incertidumbre estaba en el lado contrario, pero no sería por mucho tiempo.
Bueno chicas, espero sus comentarios para saber que les pareció o si hay algo que nos les guste.
Agradezco sus alertas, favoritos, review, tuiteos, PMs, etc.
Ya saben, en el blog encuentran el soundtrack y los adelantos
Como adelanto del próximo capítulo puedo decir que tendremos un Alice/Jasper de regalo asi que paciencia.
Nos leemos
