¡Buenas a todos! Gracias a todos una vez más por leer mi historia, que espero que os esté gustando. Parece que la historia va a tomar un giro inesperado...
25.
Entro en la comisaría más nervioso de lo que me gustaría. A pesar de que no es la primera vez que intervengo con los S.T.A.R.S., hace tiempo que no participamos en una operación de tal escala. Desde el primer momento, el R.P.D. nos dio la dirección del caso, y de eso hace ya... ¿cuánto? ¿Tres meses?
Encuentro un sitio junto a un coche plateado, que si no recuerdo mal es el de Joseph. Espero no haber llegado el último. Sonrío. No, el último lugar siempre está reservado para Jill. Detengo el coche con una ligera sacudida y echo el freno de mano antes de parar el motor.
Echo un rápido vistazo a mi alrededor. Casi todos los lugares reservados para los S.T.A.R.S. están pillados, salvo dos o tres aparcamientos. Bajo de mi vehículo en el momento en el que escucho el ruido de otro coche acercarse. Entonces veo a Jill acercarse con su coche.
Suspiro. Han cambiado muchas cosas en los últimos días, y es cierto que últimamente no estamos de tan buen rollo como otras veces. Me saluda con la mano y yo le devuelvo el gesto sin demasiado entusiasmo. Diablos. Qué complicado es todo. Veo que aparcar justo enfrente de mí y decido esperarla.
Poco después mi compañera se baja de su coche... y no puedo evitar quedarme boquiabierto. Va muy bien vestida. Demasiado. Chaqueta negra. Camisa blanca. Pantalón vaqueros. Tacones. Desde luego que no venía de su casa. Me pregunto de dónde vendrá...
-Vamos a llegar tarde al espectáculo -bromea caminando hacia mí. Intento devolverle una sonrisa sincera, pero lo más consigo es una leve mueca.
-No me lo perdería por nada del mundo -digo sin sonar demasiado convencido.
Jill se para unos instantes. Me mira. Parece que quiere decirme algo, pero se lo piensa y permanece en silencio. Incluso así soy capaz de saber lo que piensa, y cuando jugamos a baloncesto... No quiero ni contarlo. Parece que tenemos telepatía. Muchos de nuestros compañeros lo comentan, y lo cierto es que a veces da hasta miedo.
Jill me hace un gesto. La sigo. Tiene razón: debemos movernos para llegar lo antes posible al despacho. Quién sabe si no nos están esperando ya. Pero antes tenemos que pasarnos por los vestuarios para coger nuestros uniformes. Caminamos juntos sin dirigirnos la palabra ni la mirada.
Me siento muy incómodo, a decir verdad. Nuestra relación siempre ha sido muy buena, y últimamente está pasando por un bache un tanto peliagudo. Sé que Amanda tiene toda la culpa de ello. ¿Y qué voy a hacer? Es mi novia. Es normal que ponga más ímpetu en mi relación con ella que con Jill.
Aun así, no hay motivos para que nos tratemos como si fuéramos casi dos desconocidos. Hemos pasado por muchos momentos juntos, y es una de mis mejores amigas. Caminamos por el pasillo que nos conduce al sótano con el único sonido de nuestros pasos.
-Lo haremos bien -digo intentando darle ánimos y para romper el hielo. Sé que es su primera misión importante, y lo que eso significa: el fracaso o el éxito en tu trabajo en un futuro inmediato.
-Seguro -afirma Jill bastante convencida. Vaya, desde luego que nunca dejará de sorprenderme -. Por algo somos los mejores.
Sonríe mientras nos tenemos junto a la puerta de los vestuarios. Extiendo la mano para agarrar el pomo en el momento en el que Jill también lo hace. Nuestras manos se unen unos segundos, los suficientes para que ella se ponga roja como un tomate y yo aparte la mano como si me hubieran dado un calambre.
Diablos. ¿Siempre voy a sentir esta sensación cuando... estoy cerca de ella?
-Lo siento -murmuro sin darme cuenta de que unos pasos se acercan a nuestra posición.
Me giro y veo a Barry caminar a prisa hacia nuestra posición. Su rostro su vuelve más tranquilo al vernos. Tengo la sensación de que estaba preocupado por llegar tarde.
-Bonita noches, chicos -nos saluda dándole una leve palmada en el hombro a Jill y chocándome la mano.
-Perfecta para ver una película de acción -bromeo abriendo la puerta de los vestuarios. Oigo a mis compañeros reír mientras accedo al interior.
Camino hacia mi taquilla oyendo de fondo a Jill y a Barry hablar. Me acerco a mi taquilla y la abro sin dar cuenta de nada más. Veo mi uniforme colgando y lo cojo poniéndolo bien doblado sobre un asiento que hay a mi lado. Saco también las botas y cierro la taquilla con algo de dificultad. Se queda mucho atascada últimamente. Tal vez deba decirle a los de mantenimiento que vengan a echarle un vistazo.
Me quito mi chaqueta marrón y me quedo con una camiseta blanca lisa. Me la quito casi de un tirón en el momento en el que oigo un silbido a mis espaldas. Me giro y veo a Barry poner cara de estar viendo un espectáculo digno especialmente para mujeres. Sonrío, agarro la camisa y se la tiro.
-Qué te gusta lucir palmito -bromea echando mi camiseta a un lado.
-Serás cabrón... -murmuro mientras Jill pasa por mi lado con su uniforme en la mano.
Se pierde de vista en el cuarto de baño y me quito los pantalones con algo más de parsimonia. Barry se sienta a mi lado y empieza a ponerse el uniforme también. Cojo los pantalones y me los pongo comprobando que está bien ajustado con el cinturón. Me levanto y cojo la camisa que le tiré a Barry.
Dudo. Creo que aún hace un poco de frío para ir en manga corta. Tal vez debería ponerme esta camisa debajo. Vamos, que me he lucido para nada. Aunque bueno, Jill ya me ha visto así, tampoco es nada nuevo. No me ha pasado inadvertida la breve miradita que me ha echado cuando ha pasado por mi lado.
No hay ni un solo día en el que no recuerde los momentos que pasamos grabando el anuncio para Durex. Fue uno de los momentos más excitantes de mi vida, debo reconocerlo, y creo que jamás lo olvidaré.
-¿En qué piensas? -me pregunta Barry sacándome de mi estado. Me pongo la camiseta y vuelvo a mi sitio.
-Nada importante -miento. Sé que Barry me tiene calado desde que me conoció, y que no cuelan las mentiras con él -. Sólo me preguntaba si será una operación de entrar y salir.
-¿Qué tal con Amanda? -me pregunta bajando un poco la voz cuando me pongo a su lado. Le veo echar una ojeada a la puerta del cuarto de baño, donde Jill se está cambiando.
-Bien, la verdad -respondo sin saber bien qué decir. Me ha pillado completamente por sorpresa -. ¿Por qué lo preguntas?
-Por saber cómo te va tu nueva vida -noto cierto recalco en las palabras "nueva vida". La verdad es que estoy un poco desconcertado. Sé que Barry es mi mejor amigo, que siempre busca lo mejor para mí.
Sus consejos y sus palabras siempre me han sido de mucha ayuda. Barry es un hombre que se ha curtido en mil y una batallas, y entiende más de la vida que muchos de los que hay en este edificio. Bendito día en el que me crucé con él en aquella mercería en New York.
-Por ahora todo va sobre ruedas -contesto poniendo mi cuchillo en su abertura, sobre mi pecho en el chaleco -. Amanda es una chica maravillosa. No puedo quejarme de nada.
-¿Y qué tal con Jill? -vuelve a preguntar bajando aún más su tono.
Abro la boca, pero entonces escucho la puerta del cuarto de baño abrirse. Jill aparece completamente vestida con su uniforme. A diferencia del mío, es suyo es azul. Cada uno lo ha personalizado en función de sus preferencias. Barry se levanta y entra en el cuarto de baño sonriendo a Jill.
Permanezco en mi sitio mirando al frente. Me cruzo de brazos y decido mirar a mi compañera. Me está mirando. Su gesto es pensativo. Puedo notar en ella la misma sensación que me tenía yo en mi primera misión: nervios, ilusión, confianza... Sentimientos contradictorios que pueden mantenerte con vida en ciertos momentos.
-Vamos a lograrlo -nos anima sin alterar lo más mínimo su expresión. Me extiende el puño, y mi reacción debe ser de chiste. Tardo mucho tiempo en darme cuenta de que está intentando llevarse bien conmigo y darme ánimos.
Qué carajo. Le choco el puño y me levanto cuando Barry vuelve con nosotros. Puede que ésta sea una pequeña tregua a nuestros problemas.
Los del equipo Bravo ya han acordonado la zona y echado a los curiosos que había por los alrededores. A nosotros nos queda poco para llegar. Las calles están bastante desiertas, por no decir que no se mueve ni una rama. Estoy sentada en la parte trasera junto a Chris y a Barry. Brad está enfrente de nosotros y el capitán Wesker va delante con Joseph al volante.
Es el especialista en vehículos y, a excepción de los helicópteros, que son pilotados por Brad principalmente, y en algunas ocasiones por Chris, es capaz de conducir cualquier cosa que se le ponga por delante. Veo por la ventana que giramos por una calle a la derecha. Me suena bastante. Creo que está casi a las afueras de Raccoon, por el polígono industrial.
Barry comprueba nuestras armas sin levantar la mirada. Su rostro está completamente serio, muy concentrado en lo que está haciendo. Lo cierto es que apenas hemos hablado desde que nos montamos en el coche. Observo a Chris. Está con los brazos cruzados y el ceño fruncido. Me pregunto qué estará pensando.
Suspiro lentamente. Espero no cagarla. Lo del bar fue coser y cantar... Pero esta vez nos enfrentamos a gente que sabe lo que hace, aunque la mayoría de las veces cometan imprudencias. Barry me mira de reojo y me sonríe. Es su forma de darme ánimos. Yo intento devolverle la sonrisa lo mejor que puedo... aunque los nervios no me dejan apenas mover un poco los músculos.
Barry le entrega su pistola a Chris, que reacciona después de casi varios minutos sin apenas pestañear. Le veo comprobar algo en la culata antes de coger un cargador que lleva en su bolsillo y meterlo en la ranura. Le pone el seguro al arma y la enfunda en la parte izquierda de su pantalón.
Y entonces... me mira. Me mira con una sonrisa que intentar mostrar calma. Yo me relajo un poco. Si todos mis compañeros están tan tranquilos... ¿por qué estoy yo al borde de un ataque de nervios? En la Delta Force he intervenido un montón de veces en operaciones de gran calibre... y siempre he salido airosa.
-De acuerdo -dice el capitán Wesker en voz alta. Veo a Brad girarse un poco en dirección al capitán -. Diles que rodeen el perímetro. Estamos con vosotros enseguida.
Imagino que estaría hablando con Enrico. Barry sigue comprobando el arsenal en silencio. Noto cómo la velocidad del coche va en descenso, hasta detenerse por completo. Barry me acerca mi pistola y la cojo nerviosa. Vuelvo a coger aire en el momento en el que Brad abre la puerta trasera.
Barry lo sigue poco después, y luego voy yo. Hace un poco de frío. Suerte que voy en manga larga. Chica precavida... vale por dos. Chris se une a la pequeña comitiva, y poco después el capitán Wesker y Joseph. Wesker gira la cabeza deteniéndose unos segundos en cada uno. Sé que suena muy repetitivo, pero es imposible saber lo que piensa, y mucho menos si nos está mirando.
-Los Bravo están al otro lado del edificio -nos informa con un tono de voz sereno. Suerte que hay alguien que mantiene la compostura siempre -. Vamos a encontrarnos con ellos antes de entrar.
-¿Qué se sabe del grupo que hay dentro? -pregunta Barry haciendo un gesto con la cabeza señalando el edificio abandonado.
-Según los informes, los sensores infrarrojos han detectado cuatro o cinco presencias humanas en el interior -responde el capitán consultando unos papeles que lleva en la mano -. No se han movido de allí desde hace tres horas. Puede que estén haciendo guardia, así que hay que abrir bien los ojos. ¿Lleváis las armas?
Yo asiento lentamente, y veo a mis compañeros coger sus pistolas y comprobarlas. Bueno, parece que vamos a ponernos en marcha. El capitán avanza por delante, con la pistola apuntando al frente y observando detenidamente los alrededores. Yo me sitúo en la retaguardia, tal y como hemos acordado en la comisaría, junto a Joseph. Yo me encargo de la parte izquierda, y Joseph de la derecha.
A lo lejos oigo el sonido de alguna fábrica que tiene una maquinaria en funcionamiento. Debe ser bastante pesada para que el sonido llegue hasta donde nos encontramos. Aunque tampoco es tan extraño. La zona está llena de fábricas, la mayoría de ellas propiedad de Umbrella, y creo que hay una o dos que trabajan por la noche.
Observo detenidamente al edificio al que nos dirigimos. Parece una fábrica abandonada. Es bastante alta. Quizá llegue a medir quince metros, y puede que incluso tenga más de una planta. Hay varias ventanas, algunas de fácil acceso. La construcción, hecha de ladrillo, parece estar en las últimas. El tiempo y las lluvias han derruido buena parte de los laterales.
El capitán se detiene frente a una puerta de acero. Todos nos paramos a la vez. Observo a mis compañeros. Todos están concentrados, esperando órdenes. Todos... excepto Brad. Mueve la boca de forma nerviosa, y las manos le tiemblan con un ritmo alarmante. Espero que no tenga que disparar... porque a saber a qué es capaz de apuntar.
El capitán se acerca aún más a la puerta, apoya la mano y mira hacia arriba. No sé qué es lo que está buscando exactamente, pero imagino que está pensando en una forma de entrar por este lado. Comparto una rápida mirada con Chris. Está muy tranquilo. Sabemos que el capitán es un auténtico profesional.
-Bueno, parece que se lo han montado bastante bien -comenta alejándose un poco -. Es bastante difícil acceder a él desde esta parte... y pueden pasar desapercibidos casi todo el tiempo. No es una zona muy transitada.
De pronto, se oye una fuerte explosión procedente del interior. Miro a todos lados. ¿Qué demonios ha sido eso? Veo al capitán llevarse una mano al auricular con el rostro muy serio.
-Vale. Nos vemos dentro -le oigo decir casi gritando. Se acerca de nuevo a la puerta y le veo examinar la cerradura. Se queda unos segundos observándola, y entonces, me mira -. Al parecer, los traficantes están en posesión de explosivos y armas pesadas. El equipo Bravo va a acceder por la puerta principal, así que es de suponer que intentarán salir por aquí...
No me dice nada, pero entiendo el significado: abre la puerta. Siento un escalofrío. Ninguno de mis compañeros, ni siquiera Chris, conoce mi habilidad para abrir cerraduras. ¿Y de verdad es el momento oportuno? El gesto del capitán se vuelve más serio, casi como una advertencia.
Puedo notar cómo varios ojos me miran sin entender bien qué está pasando. Saben que el capitán me está mirando, pero no saben por qué. Suspiro. Vale, ahora de volver a ser una chica mala. Hace varios días que no practico con las ganzúas, pero eso no se olvida.
Desenfundo mi arma y corro hacia la posición del capitán. Suerte que decidí echarme mi juego de ganzúas por si me hacía falta. Me arrodillo junto a la puerta y observo la cerradura. Es bastante vieja. Creo que incluso con un arma potente como una escopeta podría destruirse. No me llevarán más de treinta segundos abrirla.
Meto las manos en el bolsillo y palpo el juego de ganzúas. Lo cojo e introduzco la parte más delgada en la cerradura. Empieza el juego. Muevo de un lado a otro la pieza buscando el punto exacto que desbloquea el seguro. Sólo me llevan diez segundos localizarlo, y unos cinco conseguir que el cierre ceda.
Saco las ganzúas muy satisfecha de mi trabajo. La he abierto en un tiempo récord. Creo que no he tardado ni veinte segundos. Si me viera mi padre... se sentiría muy orgulloso. Me echo a un lado y asiento al capitán para indicarle que está abierta. Él me devuelve el gesto y se pone al otro lado de la puerta.
Le indica a Barry que avance, y éste hace lo propio dándole una patada a la puerta, abriéndola de par en par. Chris, Brad y el capitán entran justo detrás, luego Joseph, y yo me quedo la última. Echo un último vistazo al exterior con un nudo en el estómago, sabiendo que se acerca el momento.
Accedo al interior con la pistola por delante y con los sentidos bien abiertos. Estamos en una habitación amplia llena de maquinarias, aunque apenas puedo ver nada. La oscuridad reina en el ambiente, y no es hasta que alguien a mi izquierda enciende una linterna cuando consigo ver algo más.
Hay una escalera metálica que lleva a una pasarela en la planta superior. Joseph, que es el que ha encendido la linterna, enfoca diferentes puntos. No se ve nada fuera de lo normal... salvo otra explosión que se escucha. Doy un sobresalto. No quiero ni pensar que los del equipo Bravo están en el otro lado...
-¡Vamos! -grita el capitán señalando la escalera.
Chris y Barry corren en primer lugar con las pistolas por delante. Joseph les sigue de cerca, y luego vamos el capitán y yo. Corro lo máximo que puedo. La preocupación por lo que les pueda estar pasando a mis compañeros me mata. Termino de subir los peldaños con la respiración cada vez más agitada y el corazón latiéndome a mil por hora.
Giro a la derecha tras subir por la escalera y camino en línea recta siguiendo muy de cerca a Joseph. Veo que algunos de mis compañeros se detienen junto a una puerta, y que se colocan a ambos lados. Joseph enfoca una puerta metálica completamente cerrada.
Wesker le hace un gesto a Chris, y éste abre la puerta de un tirón antes de entrar en la siguiente habitación. Oigo un grito de exclamación en el momento en el que cruzo por el umbral de la puerta. Escucho un débil pitido procedente de algún punto de la sala.
-¿Qué es eso? -pregunto Brad muy nervioso por algún lugar a mi derecha.
-Silencio -ordena el capitán alzando una mano.
Veo su sombra caminar hacia delante, hacia algún lugar a la izquierda. Hay unas ventanas por las que entra algo de luz de unas farolas. El edificio parece estar dividido en dos partes unidas por alguna especie de pasillo o sala. Aún no lo he llegado a ver, pero tiene toda la pinta.
El ruido me suena muy familiar. Suena como...
-Una bomba -anuncia el capitán agachándose. Joseph enfoca con su linterna y veo un cilindro negro con numerosos cables y con una cuenta a cero.
-No jodas... -murmura Barry a mi lado. Lo que no saben es que no está activada, aunque en cualquier momento podría iniciarse una cuenta atrás... y que se me da de maravilla desactivar esos cacharros.
-¿Y ahora qué hacemos? -comenta Joseph sin dejar de alumbrar la bomba -. No creo que al R.P.D. le dé tiempo a llegar...
-No hace falta -responde el capitán volviendo a centrar su atención en mí. Demonios. Hoy voy a tener que hacer de todo.
Y lo peor de todo es que Joseph enfoca el haz de luz hacia mi posición. Maldita sea. Más publicidad no. Chris y Barry me observan con muchísima curiosidad, y qué decir tiene que a Brad está a punto de caérsele la mandíbula. Le sostengo la mirada al capitán, y doy unos pasos dubitativos.
-Madre mía, chica... -murmura Chris cuando paso por su lado -. ¿Qué pasa hoy contigo?
-Calla... -susurro con los dientes apretados. Ahora no es el momento de hacer preguntas. Me coloco delante de la bomba. No se ve un pimiento desde allí. Si tan sólo una de las farolas iluminara un poco más... luz.
Oigo unos pasos a mi espalda e instantes después Joseph se pone a mi lado. Miro los cables atentamente. Un corte en falso podría poner en funcionamiento la bomba... Debo concentrarme. El capitán me pasa unos alicates, y yo me echo a un lado el flequillo.
De pronto, oímos un ruido al otro lado de la puerta. Todos apuntamos hacia la puerta en el momento en el que se abre. Joseph enfoca a dos hombres que se ponen las manos en la cara para cubrirse la cara.
-¡Alto! -exclama uno de ellos. Su voz me es familiar -. ¡Somos S.T.A.R.S.!
-¿Richard? -pregunta Joseph sin bajar aún el arma ni la linterna.
-¿Joseph?
Y entonces, se descubren los rostros. Suspiro aliviada al descubrir que se tratan de Richard y Enrico. Nos observan durante unos instantes más mientras todos bajamos las armas.
-¿Cómo está la situación? -pregunta el capitán Wesker dirigiéndose a Enrico, que se atusa el bigote un poco algo nervioso.
-Les hemos perdido el rastro -responde cruzándose de brazos -. Cuando escuchamos la explosión, accedimos al interior del edificio desde la entrada principal. No sé cómo lo hicieron, pero se esfumaron. El edificio tampoco es tan grande, aunque está conectado a otros dos.
-¿A otros dos? -repite Barry sin poder creérselo.
-Exacto -asiente el capitán del equipo Bravo -. Speyer y Sullivan están investigando todas y cada de las habitaciones...
-Pues nosotros nos hemos encontrado con un regalo -comenta el capitán Wesker señalando con la mano la bomba.
-Pero, ¿qué...? -exclama Richard sorprendido -. ¡No me jodas!
-¿Puedes desactivarla, Jill? -me pregunta Enrico un tanto preocupado.
-Eh... -su pregunta me ha pillado completamente desprevenida -. Iba a encargarme de ella ahora mismo...
Me quedo pensativa. No creo que tarde más de cinco minutos, siete a lo sumo. Aunque es cierto que en la Delta Force conseguí desactivar una en apenas tres minutos. No creo que ésta me suponga muchos problemas.
-Con cinco minutos creo que tengo suficiente... -afirmo mirando a mi capitán. Él asiente lentamente antes de mirar a los demás.
-Vamos a conseguirte ese tiempo... -comenta sin dirigirse a nadie en concentro -. Vamos a ayudar a Sullivan y a Speyer -dirige su mirada a Joseph, Barry y Brad -. Cubridle las espaldas a Jill. No quiero que nadie se haga con esa bomba. ¿Entendido?
Asentimos en silencio antes de ver a mis compañeros moverse. Los primeros en salir son los capitanes, y luego les siguen todos los miembros del equipo Bravo. Y el último en abandonar la habitación es Chris, que comparte con Barry una mirada de preocupación. ¿Soy yo o le está diciendo que cuide de mí?
Por último, posa su mirada sólo unos instantes en mí y se marcha. Vaya... me siento... halagada. Pero no debo dejarme llevar por las emociones. El equipo me ha dejado una tarea muy importante, y debo cumplir como se merece. Observo las conexiones de los cables durante unos instantes.
No hay un orden concreto para cortar, pero sí es cierto que hay veces que hay ciertos indicadores que te dicen qué cable debes cortar en primer lugar y el orden que debes seguir. Uno de los cables sobresale un poco más que el resto. Observo su recorrido, pero algo me dice que ése no es el primero. No es la posición que adoptaría un cable inicial.
-¿Hay algo que no hayamos visto hoy de ti, chica? -comenta Barry muy asombrado, Le miro y sonrío -. ¡Qué barbaridad!
-Si te vale que también sé hablar francés... -bromeo sin perder de vista un cable azul de lo más sospechoso. Va hacia uno de los laterales de la bomba. Tiene que ser ése el primero.
Cojo los alicates y corto con los dedos algo temblorosos el cable. No sucede nada. La bomba se queda tal y como está. Suspiro aliviada. Uno menos. Si no recuerdo mal, el segundo debería conectado directamente con el interior de la bomba. Veo un cable amarillo que se pierde en el interior. Lo corto sin dudarlo.
Aparece el número cinco reflejado en una pantalla, pero no avanza. Vamos por el buen camino. Ya sólo quedan dos. Ahora viene lo difícil. A veces, el tercer cable suele ser el que más sobresale, aunque no lo es siempre. Me levanto y doy una vuelta observando las posiciones de los cables.
El cable verde está en el lateral izquierdo, y conecta con el temporizador. El otro cable, el rojo, va hacia el interior. Me rasco la barbilla. ¿Qué haría mi padre en esta situación? Cierro los ojos y visualizo una de sus lecciones.
-Cuando tengas los cables en dos posiciones diferentes, ten en cuenta esto: nunca te dejes engañar por las apariencias. Lo evidente ha conducido a más de uno al error, y nosotros vamos a evitarlo a toda costa. Hay que anticiparse a la situación, y dar por hecho todas las situaciones posibles por muy disparatadas que puedan sonar. Usa la cabeza, Jilly. Ella te mantendrá con vida.
Y entonces, encuentro la respuesta.
-¡Eso es! -exclamo en voz alta sin darme cuenta de que mis compañeros están vigilando los alrededores y echándome un vistazo de vez en cuando para ver mis progresos.
Acerco los alicates al cable verde y lo corto sin dudar. Ahora la cuenta se detiene en el número tres, pero al igual que la vez anterior, no avanza. Ya la tengo. Corto el cable rojo casi de inmediato. Los números desaparecen. La tensión se ha terminado. La bomba está desactivada.
-¿Lo lograste? -me pregunta Brad con la voz tomada por el pánico. Yo me limito a sonreír.
-Claro -responde Joseph respondiendo a mi sonrisa -. ¿O acaso no ves que seguimos de una pieza?
-Sí, pero...
-Ni peros que valgan -le corta Barry con un tono autoritario. No puedo evitar mirar a Joseph y reírme por lo bajo. Cómo nos encanta tomarle el pelo a Brad -. Vamos a reunirnos con el resto.
-Capitán Wesker, bomba desactivada -anuncia Joseph por su auricular. Se queda durante unos segundos escuchando hasta que vuelve a hablar -. De acuerdo. Vamos para allá -. Nos mira -. Dice que han cogido a uno de ellos, que nos reunamos con el equipo en el otro edificio.
-¡Ah! -exclama Brad con la boca completamente abierta y señalando con el dedo al exterior.
-¿Qué ocurre? -pregunto caminando hacia mi compañero, que está sólo a unos pasos de mí.
Miro hacia el exterior, y veo a un par de tipos correr por un callejón que separa los dos edificios. Llevan algo en la mano, pero desde mi posición no puedo ver exactamente qué es lo que es. Miran hacia nosotros. Nos ven. Mierda. Tenemos que salir de allí de inmediato.
Voy a decírselo a mis compañeros, pero entonces veo que arrojan un objeto del tamaño de una piedra contra la ventana. Atraviesa el cristal y cae pocos metros por detrás de Brad. El corazón se me detiene.
-¡Brad! -exclamo en el momento en el que empujo a mi compañero.
