Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.


Capítulo 24

Aquella noche fuimos al cine, tal y como habíamos quedado. En realidad, no le presté demasiada atención a la película, a pesar de que era una comedia romántica, porque estaba más entretenida con Jasper, que no dejaba de hacer cosas indecentes en medio de la sala. Por suerte, a aquellas horas no había muchas personas, pero sí las justas como para que se dieran cuenta de que no estábamos haciendo lo que debíamos. De todas formas, no podía echarle toda la culpa a Jasper, pues yo también participé en aquel jueguecito tan interesante.

El resto de la semana pasó sin más importancia. El jueves fuimos a casa de mis padres, que recibieron a Jasper como si ya formase parte de nuestra familia. Para mi desgracia, mi madre se percató de que me encantaba esa idea, pero no la dejé que me hablara del tema. No quería que nadie me dijese lo que tanto deseaba negarme a mí misma, a pesar de que era plenamente consciente de lo que me estaba ocurriendo. Pero no. No pensaba decirlo en voz alta, por lo menos hasta que estuviese segura de que a él le ocurría lo mismo conmigo.

El domingo, me fue muy difícil decirme a mí misma que lo de Jasper era sólo un enamoramiento pasajero, que entre él y yo únicamente había pasión y lujuria, y que desaparecería en cuanto él se marchara de mi piso, pues tuvo una idea demasiado romántica para mi gusto. Sin embargo, a pesar de eso, me encantó:

-¿Por qué no vamos a hacer un picnic? –me preguntó, después de desayunar.

-¿Un picnic?

-Sí. ¿Es que no te parece una buena idea?

Vale, nunca había hecho uno, y pensar que podríamos pasar todo el día fuera de casa y juntos hizo que mi corazón se pusiera a bailar una conga dentro de mi pecho.

-Me parece una idea estupenda –supe que mi respuesta había sido la acertada cuando lo vi sonreír de oreja a oreja, y fui feliz por poder hacerle feliz.

Entre los dos preparamos la comida y las bebidas: unos cuantos sándwiches, pollo, queso, refrescos para combatir el calor que ya comenzaba a hacer y botellas de agua.

-No tengo vasos de plástico –recordé en aquel instante. –Y el supermercado está cerrado… Bueno, subiré a casa de Victoria para que me deje unos cuantos –le comuniqué a Jasper, que asintió en silencio, mientras terminaba de preparar un sándwich.

Salí del piso y subí rápidamente el tramo de escaleras que me llevó al piso de arriba. Llamé al timbre en cuanto estuve delante de la puerta de mi vecina, y me abrió al cabo de varios segundos.

-¡Hola, Ali! ¿Cómo estás? –me recibió con la misma efusividad de siempre, y eso me hizo sonreír.

-Bien, gracias. ¿Y tú qué tal?

Me respondió con un bostezo.

-Bien, aunque hace apenas diez minutos que me he levantado –me dijo, y yo asentí sin saber qué responderle. – ¿Qué necesitas? –preguntó, al ver que no le decía nada más.

-Vasos de plástico. ¿Tienes? –inquirí, deseando que me dijera que sí. No se me hacía demasiado romántica la idea de tener que beber los refrescos directamente de la lata. Aunque tampoco lo era mucho beber de vasos de plástico.

-Claro, pasa –me abrió la puerta del todo para que entrara, pero yo negué con la cabeza, esperando que no se tomara a mal mi negativa.

-Es que tengo algo de prisa, lo siento.

Victoria asintió con una sonrisa, y desapareció durante unos segundos para después volver con un paquete de vasos de plástico en la mano.

-Aquí tienes –me entregó el paquete sin dejar de sonreír. – ¿Es que vas de excursión?

No supe si sería demasiado productivo decirle la verdad, pero después pensé que no ocurriría nada malo por hacerlo.

-Vamos de picnic, en realidad.

-Oh, así que vamos, ¿eh? –insistió, enfatizando el "vamos", cosa que me hizo sonrojar.

-Sí, Jasper y yo.

Victoria abrió mucho los ojos y sonrió de oreja a oreja, con interés.

-No puedo creérmelo. ¿Ya estáis saliendo?

-¡Claro que no! Somos amigos… –quise convencerla, y convencerme de paso a mí, pero supe que no funcionó en ninguno de los dos casos.

-Ya, claro… Pues espero que lo paséis bien –me guiñó un ojo pícaramente, y yo negué con la cabeza en silencio. –Por cierto, ¿por qué no venís el viernes que viene a cenar a casa? Me gustaría mucho que vinierais, y seguro que a James también –su oferta me pilló desprevenida, y antes de que pudiera contestar, prosiguió: –Prometo portarme bien –me aseguró, levantando la mano derecha, gesto que me hizo sonreír.

-Pues… lo hablaré con Jasper para ver qué le parece, pero ya te digo que lo más seguro es que vengamos –la idea me hacía ilusión y todo.

-Muy bien. Pues lo dicho, que disfrutéis del picnic y de lo que venga –volvió a guiñarme un ojo, y yo no pude evitar reírme ante sus tonterías.

-Adiós, ¡y gracias! –le dije antes de comenzar a bajar las escaleras de nuevo, en dirección a mi piso. En cuanto llegué, Jasper ya lo tenía todo preparado.

-¿Por qué has tardado tanto?

-Es que a Victoria le encanta hablar –le expliqué, metiendo los vasos en una de las bolsas que íbamos a llevarnos –Y, por cierto, nos ha invitado a cenar en su casa el viernes que viene. ¿Qué te parece?

Jasper carraspeó, y desvió su mirada de la mía para coger un par de bolsas que se encontraban en la mesa.

-No sé. ¿Nos vamos?

Fruncí el ceño ante aquella respuesta tan extraña.

-Sí, pero… ¿Te apetece que vayamos a su casa o no?

-Ahora mismo prefiero que vayamos de picnic. ¿Por qué no hablamos de lo de la cena después?

Asentí en silencio sin dejar de fruncir el ceño. ¿Qué diantres le ocurría? Decidí dejar aquel tema por el momento, pues a mí también me apetecía ir de picnic y no quería que Jasper se pusiera de mal humor. Así que cogimos las bolsas y salimos del piso, dispuestos a pasar un día de picnic. Jasper me propuso ir a una zona del bosque a la que iba con Rosalie cuando eran niños, así que no pude decirle que no. Decidimos ir dando un paseo, porque sería imposible que la comida llegara entera si íbamos con la moto y, además, hacía muy buen día y la temperatura era muy agradable para pasar el tiempo al aire libre.

Tardamos una buena media hora en llegar, pero mereció la pena, a pesar de que aquel lugar ya no era como Jasper recordaba. Sí, nos encontrábamos debajo de un árbol que hacía sombra, pero el lugar no era tan íntimo como habíamos deseado. Supuse que, con el paso de los años, habían comprado aquel terreno en medio del bosque y habían construido un parque para niños pequeños, donde también se podían hacer barbacoas y, ¿por qué no? También picnics.

-Podemos ir a otro lugar más apartado, si quieres –me propuso Jasper, disculpándose con la mirada.

-No, si no pasa nada. Nadie va a molestarnos si nosotros no molestamos a nadie, ¿no?

-Ya, pero…

-No importa. Aquí estaremos genial –sin esperar a que me diera su consentimiento, coloqué la manta que habíamos llevado para poder sentarnos encima, y dejé las bolsas sobre ella. Después, me quité los zapatos y me senté con las piernas cruzadas, indicándole a Jasper con la mirada que hiciera lo mismo. Lo hizo con algo de reticencia, frunciendo el ceño cuando escuchamos, demasiado cerca de nosotros, los gritos de los niños.

-¿Seguro que no preferirías que fuésemos a otro sitio más…desierto?

Me reí entre dientes ante su cara de sufrimiento, y yo negué con la cabeza.

-Hemos venido a hacer un picnic, como muchas de las personas que hay aquí, así que aquí nos quedamos.

Jasper suspiró y se encogió de hombros.

-No puedo creer que hayan destrozado tanto el terreno. Antes, todo aquello de allí era hierba –me señaló el lugar en el que había el parque infantil, lleno de niños pequeños que corrían y lloraban unos detrás de otros. –Y ahora ni siquiera están los árboles en los que Rosalie y yo nos subíamos cuando jugábamos –se cruzó de brazos, como si estuviese enfadado con el mundo.

-Bueno, piensa que ahora, en vez de parecer un bosque, parece un prado –quise bromear para que sonriera, y lo hizo, pero a regañadientes. –Además, deja de quejarte, que pareces un viejo.

-Perdona, pero no lo soy tanto –fingió enfadarse, y me hizo sonreír. –Sólo tengo veintiséis.

-Eso significa que estás más cerca de los treinta. Yo aún estoy más cerca de los veinte –lo pinché para fastidiarlo, y le saqué la lengua para destacar mis intenciones de molestarle.

-Qué graciosa –farfulló entre dientes, y sin que yo me diera cuenta, sacó un trozo de queso y me lo lanzó a la cara, sorprendiéndome.

-¡Oye! ¡Con la comida no se juega! –alcé la voz, cogiendo el queso que me había arrojado para comérmelo, y después le di un empujón a Jasper para abatirlo sobre la manta y poder hacerme con una de las bolsas, porque quería devolverle el ataque. Y lo hice, con otro trozo de queso.

Estuvimos varios minutos luchando con trozos de queso, hasta que me rendí enseñándole un pañuelo blanco que saqué del bolsillo de mis pantalones.

-¿Ves? Te ha ganado el viejo –comunicó, orgulloso de sí mismo.

-No, no me has ganado, sólo he dejado de luchar –le aclaré, y él me miró con los ojos entrecerrados. –Al final, nos vamos a quedar sin queso.

-Ya, excusas y más excusas –fue su turno para fastidiarme, y entonces se acercó a mí lentamente. Pensé que iba a besarme, porque se arrimó tanto a mi rostro que incluso cerré los ojos. Los abrí al cabo de unos segundos, cuando no sentí nada, y me avergoncé hasta más no poder cuando lo vi quitándome trocitos de queso del cabello. Agaché la cabeza, sonrojada hasta la médula, y no pude evitar reírme de mí misma. – ¿Qué? –preguntó, sin comprender de qué me reía.

-Nada. Que lo admito: me has vencido.

Jasper sonrió, y antes de que me diera cuenta, me dio un rápido beso que me atontó más de lo que ya estaba. Después, decidimos comer antes de que nos diera por volver a comenzar una pelea de comida y nos quedásemos sin almuerzo.

Jasper me explicó que su niñera solía llevarlos a él y a Rosalie a aquel bosque durante los viajes de negocios de sus padres, por lo que se pasaban casi cada tarde de verano jugando por allí, pero cuando sus progenitores volvían, debían quedarse siempre en casa, porque no les dejaban salir. También me contó que María nunca había querido que la llevara a aquel lugar, porque no le gustaba el bosque ni los insectos. Prefería quedarse en la ciudad, yendo de compras y de fiesta.

Después de comer, me entró la pereza y decidí tumbarme en la manta, disfrutando del airecillo primaveral que nos envolvía. Jasper me imitó, pero se tumbó a mi lado, apoyando la cabeza sobre mi hombro, intentando no hacerme daño. Me percaté de lo juguetón que estaba cuando introdujo su mano bajo mi camiseta, haciéndome cosquillas.

-Jazz, hay niños por aquí –le dije, esperando que nadie nos llamara la atención por escándalo público ni nada parecido.

-¿Y? No estamos haciendo nada malo –dejó su mano sobre mi abdomen, y yo agradecí en silencio que no la subiera más.

Nos quedamos callados durante algunos minutos, en los que me permití imaginar que él y yo estábamos saliendo juntos y que todo era perfecto, que nadie había intentado hacerme daño, y que Jasper no estaba ahí porque debía protegerme, sino porque realmente me quería. Le acaricié el cabello suavemente, y me percaté de que había cerrado los ojos.

-¿Por qué dejaste de salir con James? –de acuerdo, no estaba dormido.

-¿Y a qué viene ahora esa pregunta? –inquirí bajito, como si temiera molestar a alguien si alzaba mucho la voz, a pesar de que no había nadie demasiado cerca nuestro.

Se encogió de hombros.

-Curiosidad.

Suspiré, intentando recordar el motivo por el cual dejamos de estar juntos.

-No sé, en realidad, no fue por nada en concreto. Supongo que dejamos de… sentir lo que sentíamos al principio el uno por el otro. Nos llevábamos bien, pero dejamos de parecer una pareja. Éramos más amigos que novios, y ya no había mucha pasión entre nosotros.

-¿Le querías?

Aquella pregunta me tomó desprevenida.

-Sí, le quería mucho, pero no como una mujer quiere a un hombre. Era más… como un primo. Ni siquiera como un hermano. No sé, es algo raro de explicar.

-Te entiendo. Se parece a lo que sentía yo por María, pero ni siquiera la quería como a una prima, y tampoco éramos amigos. Sólo… conocidos.

Entonces, caí en la cuenta de algo que había pasado por alto anteriormente.

-Oye, tú y James sois amigos. ¿Cómo es que nunca te habló de mí?

Jasper alzó la vista hacia mí, y se quedó varios segundos callado.

-No somos amigos. Lo fuimos en el instituto, pero después dejamos de serlo –se encogió de hombros, y yo entendí que había algo que no me estaba contando, pero decidí dejar pasar el tema. Si habían discutido, se suponía que no era asunto mío. A continuación, carraspeó, y volvió a mirarme. – ¿Alguna vez has querido a algún hombre de verdad? Quiero decir, ¿te has enamorado de alguien, pero de verdad?

Me puse nerviosa con aquella pregunta, pero me dije que aquel era un buen momento para insinuarle algo de mis sentimientos.

-Bueno... eso nunca se sabe a ciencia cierta, pero… creo que sí –lo miré fijamente mientras le contestaba, deseando que me entendiera.

Entonces, se incorporó un poco y se acercó a mí lentamente.

-Pues… qué pena –dijo, justo antes de acortar la poca distancia que nos separaba para besarme. No entendí sus palabras, pero no pude preguntarle a qué se estaba refiriendo porque su beso me desconcentró, hasta que sentí pasos muy cerca de dónde nos encontrábamos nosotros y un cuerpecito pequeño golpeándome en el costado.

Jasper se separó de mí al instante, y pude ver a quién tenía casi encima.

-¿Scott? –pregunté, sonrojándome hasta la raíz del pelo.

-Os hemos pillado, así que no os molestéis en negarlo –Rosalie apareció de la nada y cogió a su hijo en brazos, observándonos tanto a su hermano como a mí con mala cara. Pude ver a Emmett detrás de ella, intentando por todos los medios no reírse, y a mí me entraron ganas de esconder la cabeza bajo tierra. Ya teníamos el día completo.


Parece que esto de pedir perdón cada semana va a convertirse en una costumbre xD Ya me sabe mal tardar tanto rato en actualizar, pero no puedo hacer más U_U

Y ahora sí que sí, los han pillado. ¿Creéis que servirán de algo las excusas? Lo averiguaréis en el próximo capi ;) Y sí, no me olvido del tema del atraco, pero como os digo siempre (y al final no voy a dejar de repetirme xD) fijaos en los detalles. Poco o mucho, en cada capítulo aparece algo o alguien relacionado con el tema ;)

Pues nada, yo también me voy de picnic con Jazz (qué más quisiera) y nos leemos en el próximo capítulo^^

XoXo