Disclaimer: Los personajes que aparecen en esta historia le pertenecen a la maravillosa JK Rowling, a excepción por supuesto de los que se vayan agregando con el tiempo.
Sol Meyer
Me estoy viendo cruel ¿verdad? Lo siento, pero ya pronto se acabara, solo espera y veras.
Y deberías ver mi cara, aun no puedo creerme el hecho de que te he hecho llorar, pero no sabes lo feliz que eso me hace, aunque eso suene raro y un poco cruel y ególatra.
Pero bueno, ya no faltan muchos capítulos para terminarla así que publicare cada Lunes por la tarde.
Espero que tengas un buen inicio de año y que tus sueños se cumplan.
Paola-Crepusculera
Que bueno que te guste y como ya he dicho antes, publicare cada Lunes.
¡Feliz Año Nuevo!
Ahora si, los dejo con el capitulo. Disfrútenlo
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Capitulo 25: La Primicia de Rita Skeeter
Hermione ni siquiera se dio cuenta de lo que pasaba hasta que el la estaba besando.
El beso de Viktor había sido… bueno no estaba segura de cómo había sido, le había gustado claro, solo a una tonta no le habría gustado.
Pero no estaba segura de cómo definirlo.
Había sido muy atrevido y voraz, si esa era la palabra que mejor lo definía.
El beso de Viktor había sido voraz.
Se había pasado la mayor parte de la noche soñando con ese beso, pero a mitad de la noche se transformo en una pesadilla, ¡Por Merlín! Había comenzado a comparar el beso de Viktor con el de Draco.
Se levanto de la cama con un sonoro suspiro.
Después de todo este tiempo no había podido sacarse de la cabeza y mucho menos del corazón a Draco Malfoy.
Cada dia que pasaba lo añoraba mas pero el parecía que se había olvidado de su existencia.
Pero el no la amaba y nunca la amo.
Era un maldito.
Una maldita serpiente.
Pero ya basta de pensar en él. No valía la pena.
Cuando bajo a la sala común de Gryffindor se sorprendió al darse cuenta de que se encontraba más silenciosa de lo que había estado últimamente, y muchos bostezos salpicaban las desganadas conversaciones.
Vio a Ron y a Harry, el primero estaba muy, muy serio.
Lo primero que Ron pregunto fue por su cabello que volvía a estar tan enmarañado como siempre, y ella confesó que había empleado grandes cantidades de poción alisadora; «pero es demasiado lío para hacerlo todos los días», añadió con sensatez mientras rascaba detrás de las orejas a Crookshanks, que ronroneaba.
Ron y Harry la pusieron al tanto de la conversación entre Madame Maxime y Hagrid, pero ella no pareció encontrar tan sorprendente la noticia de que Hagrid era un semigigante.
-Bueno, ya me lo imaginaba -dijo encogiéndose de hombros- Sabía que no podía ser un gigante puro, porque miden unos siete metros de altura. Pero, la verdad, esa histeria con los gigantes... No creo que todos sean tan horribles. Son los mismos prejuicios que tiene la gente contra los hombres lobo. No es más que intolerancia, ¿verdad?
Daba la impresión de que a Ron le hubiera gustado dar una respuesta mordaz, pero tal vez no quería empezar otra discusión, porque se contentó con negar con la cabeza cuando Hermione no lo veía. Había llegado el momento de pensar en los deberes que no habían hecho durante la primera semana de vacaciones. Una vez pasado el día de Navidad, todo el mundo se sentía desinflado.
Todo parecía volver a su lugar, los únicos que parecían que llevaban una carga extra eran los campeones.
Y así llegó el primer día del segundo trimestre, y Hermione se fue a clase con el habitual peso de los libros, pergaminos y plumas.
Todavía había una gruesa capa de nieve alrededor del colegio, y las ventanas del invernadero estaban cubiertas de un vaho tan espeso que no se podía ver nada por ellas en la clase de Herbología. Con aquel tiempo nadie tenía muchas ganas de que llegara la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas, aunque, como dijo Ron, los escregutos seguramente los harían entrar en calor, ya fuera por tener que cazarlos o porque arrojarían fuego con la suficiente intensidad para prender la cabaña de Hagrid. Sin embargo, al llegar a la cabaña de su amigo encontraron ante la puerta a una bruja anciana de pelo gris muy corto y barbilla prominente.
-Dense prisa, vamos, ya hace cinco minutos que sonó la campana -les gritó al verlos acercarse a través de la nieve.
-¿Quién es usted? -le preguntó Harry mirándola fijamente- ¿Dónde está Hagrid?
-Soy la profesora Grubbly-Plank -dijo con entusiasmo- la sustituta temporal de su profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas.
-¿Dónde está Hagrid? -repitió Harry.
-Está indispuesto -respondió lacónicamente la mujer.
Hasta los oídos de Hermione llegó una risa apenas audible, una risa que hace tan solo unos meses era bastante agradable pero ahora le resultaba un tanto desagradable. Se volvió. Estaban llegando Draco Malfoy y el resto de los de Slytherin. Todos parecían contentos, y ninguno se sorprendía de ver a la profesora Grubbly-Plank.
-Por aquí, por favor -les dijo ésta, y se encaminó a grandes pasos hacia el potrero en que tiritaban los enormes caballos de Beauxbatons. Hermione, Harry y Ron la siguieron volviendo la vista atrás, a la cabaña de Hagrid. Habían corrido todas las cortinas.
¿Estaba allí Hagrid, solo y enfermo?
-¿Qué le pasa a Hagrid? -preguntó Harry, apresurándose para poder alcanzar a la profesora Grubbly-Plank.
-No te importa -respondió ella, como si pensara que él trataba de molestar.
-Sí me importa -replicó Harry acalorado-¿Qué le pasa?
La bruja no le hizo caso. Los condujo al otro lado del potrero, donde descansaban los caballos de Beauxbatons, amontonados para protegerse del frío, y luego hacia un árbol que se alzaba en el lindero del bosque. Atado a él había un unicornio grande y muy bello. Muchas de las chicas exclamaron «¡oooooooooooooh!» al ver al unicornio.
-¡Qué hermoso! -susurró Lavender Brown- ¿Cómo lo atraparía? ¡Dicen que son sumamente difíciles de coger!
El unicornio era de un blanco tan brillante que a su lado la nieve parecía gris. Piafaba nervioso con sus cascos dorados, alzando la cabeza rematada en un largo cuerno.
-¡Los chicos que se echen atrás! -exclamó con voz potente la profesora Grubbly-Plank, apartándolos con un brazo que le pegó a Harry en el pecho- Los unicornios prefieren el toque femenino. Que las chicas pasen delante y se acerquen con cuidado. Vamos, despacio...
La profesora y las chicas se acercaron poco a poco al unicornio, dejando a los chicos junto a la valla del potrero, observando.
Cuando estaban al lado del unicornio comenzó a explicar
- El unicornio es un animal fabuloso protagonista de numerosas historias y leyendas, no solo de magos, sino también de muggles. Es considerado como un animal fabuloso capaz de derrotar a un elefante. Además que con su único cuerno se pueden purificar las aguas contaminadas para volverlas potables.
Los unicornios son uno de los seres fantásticos más conocidos y que aparecen con más frecuencia en historias, leyendas, cuentos...
Son seres tan hermosos, tan sabios y tan majestuosos, que suelen tener un punto débil, al ser amantes de la belleza, a veces se dejan llevar y cambiaban su libertad por el cariño y los cuidados de alguna dama hermosa, convirtiéndose casi en un animal doméstico que acude a visitarla a la misma hora a su jardín.
-¿Por eso son frecuentes las imágenes que les retratan cerca de doncellas, dejándose cuidar por ellas?- pregunto Pansy Parkinson
-Exactamente, pero los unicornios solo se acerca a aquellas que mujeres en las que reina la ternura,
Lavender susurró
-Entonces no visitara a ninguna Slytherin
Las Gryffindor sonrieron, pero la profesora las callo y continúo
-El unicornio es también representación de los dos sexos en uno. Su cuerno simboliza el sexo masculino, es un símbolo fálico asociado al hombre, pero a la vez muchas veces el cuerno del unicornio se representa en espiral, un símbolo femenino que recuerda al sexo de la mujer y también se asocia con el agua, por similitud con las caracolas de mar. Mientras que el fuego y el aire son elementos asociados a lo masculino, la tierra y el agua conllevan una carga femenina. Así, aúna en el propio cuerno la masculinidad y la feminidad.
El cuerno del unicornio es el recipiente de su magia y de sus pensamientos y experiencias. Del mismo modo, en él se encuentra un extraño sentido, similar a lo que nosotros llamaríamos "sexto sentido", o una poderosa intuición, que le lleva a brillar ante el peligro. Además, hay animales que lo presentan más liso o con rugosas espirales. Si tiene las espirales muy marcadas, es un animal viejo, que ha acumulado gran cantidad de conocimientos, vida, sensaciones. Si el cuerno está liso, casi intacto, es un unicornio recién nacido o con pocos días. En realidad en esto no es muy distinto de nosotras, las personas, que también con el paso de los años las huellas de lo vivido se dejan ver en nuestro rostro como pequeñas arrugas...
-¿Están atendiendo, por ahí?-
La voz de la profesora Grubbly-Plank llegó hasta los chicos, las chicas se arracimaban en torno al unicornio, acariciándolo.
Cuando termino la clase, los comentarios no se hicieron esperar
-¡Espero que se quede esta mujer! -dijo Parvati Patil- Esto se parece más a lo que yo me imaginaba de Cuidado de Criaturas Mágicas: criaturas hermosas como los unicornios, no monstruos...
-¿Y qué me dices de Hagrid? -replicó Harry enfadado, subiendo la pequeña escalinata.
-¿Hagrid? -contestó Parvati con dureza- Puede seguir siendo guardabosque, ¿no?
Desde el baile, Parvati se había mostrado muy fría con Harry.
-Ha sido una buena clase -comentó Hermione cuando entraron en el Gran Comedor- Yo no sabía ni la mitad de las cosas que la profesora Grubbly-Plank nos ha dicho sobre los unic...
-¡Mira esto! -la cortó Harry, y le puso bajo la nariz el artículo de El Profeta.
EL GIGANTESCO ERROR DE DUMBLEDORE
Albus Dumbledore, el excéntrico director del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, nunca ha tenido miedo de contratar a gente controvertida, nos cuenta Rita Skeeter, corresponsal especial. En septiembre de este año nombró profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras a Alastor Ojoloco Moody, el antiguo auror que, como todo el mundo sabe, es un cenizo y además se siente orgulloso de serlo; una decisión que causó gran sorpresa en el Ministerio de Magia, dado el bien conocido hábito que tiene Moody de atacar a cualquiera que haga un repentino movimiento en su presencia. Aun así, Ojoloco Moody parece un profesor bondadoso y responsable al lado del ser parcialmente humano que ha contratado Dumbledore para impartir la clase de Cuidado de Criaturas Mágicas.
Rubeus Hagrid, que admite que fue expulsado de Hogwarts cuando cursaba tercero, ha ocupado el puesto de guardabosque del colegio desde entonces, un trabajo en el que Dumbledore lo ha puesto de forma fija. El curso pasado, sin embargo, Hagrid utilizó su misterioso ascendiente sobre el director para obtener el cargo adicional de profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas, por encima de muchos candidatos mejor cualificados. Hagrid, que es un hombre enorme y de aspecto feroz, ha estado utilizando su nueva autoridad para aterrorizar a los estudiantes que tiene a su cargo con una sucesión de horripilantes criaturas. Mientras Dumbledore hace la vista gorda, Hagrid ha conseguido lesionar a varios de sus alumnos durante una serie de clases que muchos admiten que resultan «aterrorizadoras».
«A mí me atacó un hipogrifo, y a mi amigo Vincent Crabbe le dio un terrible mordisco un gusarajo», nos confiesa Gregory Goyle, un alumno de cuarto curso. «Todos odiamos a Hagrid, pero tenemos demasiado miedo para decir nada.»
No obstante, Hagrid no tiene intención de cesar su campaña de intimidación. El mes pasado, en conversación con una periodista de El Profeta, admitió haber creado por cruce unas criaturas a las que ha bautizado como «escregutos de cola explosiva», un cruce altamente peligroso entre mantícoras y cangrejos de fuego.
Por supuesto, la creación de nuevas especies de criaturas mágicas es una actividad que el Departamento de Regulación y Control de las Criaturas Mágicas siempre vigila de cerca. Hagrid, según parece, se considera por encima de tales restricciones insignificantes. «Fue sólo como diversión», dice antes de apresurarse a cambiar de tema. Por si esto no fuera bastante, El Profeta ha descubierto recientemente que Hagrid no es, como ha pretendido siempre, un mago de sangre limpia.
De hecho, ni siquiera es enteramente humano.
Su madre, revelamos en exclusiva, no es otra que la giganta Fridwulfa, que en la actualidad se halla en paradero desconocido. Brutales y sedientos de sangre, los gigantes llegaron a estar en peligro de extinción durante el pasado siglo por culpa de sus luchas fratricidas. Los pocos que sobrevivieron se unieron a las filas de El-que-no-debe-ser-nombrado, y fueron responsables de algunas de las peores matanzas de muggles que tuvieron lugar durante su reinado de terror. En tanto que muchos de los gigantes que sirvieron a El-que-no-debe-ser nombrado cayeron abatidos por aurores que luchaban contra las fuerzas oscuras, Fridwulfa no se hallaba entre ellos. Es posible que se uniera a una de las comunidades de gigantes que perviven en algunas cadenas montañosas del extranjero. Pero, a juzgar por las travesuras que comete en las clases de Cuidado de Criaturas Mágicas, el hijo de Fridwulfa parece haber heredado su naturaleza brutal. Lo curioso es que, como todo Hogwarts sabe, Hagrid mantiene una amistad íntima con el muchacho que provocó la caída de Quien-ustedes-saben, y con ella la huida de la propia madre de Hagrid, como del resto de sus partidarios. Tal vez Harry Potter no se halle al corriente de la desagradable verdad sobre su enorme amigo, pero Albus Dumbledore tiene sin duda la obligación de asegurarse de que Harry Potter, al igual que sus compañeros, esté advertido de los peligros que entraña la relación con semigigantes.
Hermione leyó con la boca abierta. Reaccionó exactamente igual que Ron.
-¿Cómo se ha podido enterar esa espantosa Skeeter? ¿Creéis que se lo diría Hagrid?
-No -contestó Harry, que se abrió camino hasta la mesa de Gryffindor y se echó sobre una silla, furioso- Ni siquiera nos lo dijo a nosotros. Supongo que le pondría de los nervios que Hagrid no quisiera decirle un montón de cosas negativas sobre mí, y se ha dedicado a hurgar para desquitarse con él.
-Tal vez lo oyó decírselo a Madame Maxime durante el baile -sugirió Hermione en voz baja.
-¡La habríamos visto en el jardín! -objetó Ron- Además, se supone que no puede volver a entrar en el colegio. Hagrid dijo que Dumbledore se lo había prohibido...
-A lo mejor tiene una capa invisible -dijo Harry, sirviéndose en el plato un cazo de guiso de pollo, con tanta furia contenida que lo salpicó por todas partes-Es el tipo de cosas que haría, ¿no?: ocultarse entre los arbustos para espiar a la gente.
-¿Como tú y Ron, te refieres? -preguntó Hermione.
-¡Nosotros no pretendíamos oír! -repuso Ron indignado- ¡No nos quedó otro remedio! ¡El muy tonto, hablando sobre la giganta de su madre donde cualquiera podía oírlo!
-Tenemos que ir a verlo -dijo Harry- Esta noche, después de Adivinación. Para decirle que queremos que vuelva... ¿Tú quieres que vuelva? -le preguntó a Hermione.
-Yo... bueno, no voy a fingir que no me haya gustado este agradable cambio, tener por una vez una clase de Cuidado de Criaturas Mágicas como Dios manda... ¡pero quiero que vuelva Hagrid, por supuesto que sí! -se apresuró a añadir Hermione, temblando ante la furiosa mirada de Harry.
De forma que esa noche, después de cenar, los tres volvieron a salir del castillo y se fueron por los helados terrenos del colegio hacia la cabaña de Hagrid. Llamaron a la puerta, y les respondieron los atronadores ladridos de Fang.
-¡Somos nosotros, Hagrid! -gritó Harry, aporreando la puerta-¡Abre! No respondió. Oyeron a Fang arañar la puerta, quejumbroso, pero ésta siguió cerrada. Llamaron durante otros diez minutos, y Ron incluso golpeó en una de las ventanas, pero no obtuvieron respuesta.
-¿Por qué nos evita? -se lamentó Hermione, cuando finalmente desistieron y emprendieron el regreso al colegio-Espero que no crea que a nosotros nos importa que sea un semigigante.
Pero parecía que a Hagrid sí le importaba, porque no vieron ni rastro de él en toda la semana. No hizo acto de presencia en la mesa de los profesores a las horas de comer, no lo vieron ir a cumplir con sus obligaciones como guardabosque, y la profesora Grubbly-Plank siguió haciéndose cargo de las clases de Cuidado de Criaturas Mágicas. Los Slytherin's se relamían de gusto siempre que podían.
-¿Se ha perdido su amigo el híbrido? -le susurraba Zabini a Harry siempre que había algún profesor cerca, para que éste no pudiera tomar represalias-¿Se ha perdido el hombre elefante?
Había una visita programada a Hogsmeade para mediados de enero.
Hermione se sorprendió mucho de que Harry pensara ir
- Pensé que querrías aprovechar la oportunidad de tener la sala común en silencio-comentó- Tienes que ponerte en serio a pensar en el enigma.
-¡Ah...! Creo... creo que ya estoy sobre la pista -mintió Harry.
-¿De verdad? -dijo Hermione, impresionada- ¡Bien hecho!
Ella, Harry y Ron salieron del castillo el sábado, y atravesaron el campo húmedo y frío en dirección a las verjas. Al pasar junto al barco anclado en el lago, vieron salir a cubierta a Viktor Krum, sin otra prenda de ropa que el bañador.
A pesar de su delgadez debía de ser bastante fuerte, porque se subió a la borda, estiró los brazos y se tiró al lago.
-¡Está loco! -exclamó Harry, mirando fijamente el renegrido pelo de Krum cuando su cabeza asomó en el medio del lago- ¡Es enero, debe de estar helado! -Hace mucho más frío en el lugar del que viene -comentó Hermione-Supongo que para él está tibia.
-Sí, pero además está el calamar gigante -señaló Ron. No parecía preocupado, más bien esperanzado. Hermione notó el tono de su voz, y le puso mala cara.
-Es realmente majo, ¿saben? -dijo ella- No es lo que uno podría pensar de alguien de Durmstrang. Me ha dicho que esto le gusta mucho más.
Ron no dijo nada.
Fueron a Hogsmade y después de ver que Hagrid no estaba por ningún lado fueron a Las Tres Escobas
Ron soltó un leve Oh al ver entrar a Rita Skeeter. Aquel día llevaba una túnica amarillo plátano y las uñas pintadas de un impactante color rosa, e iba acompañada de su barrigudo fotógrafo. Pidió bebidas y junto con su fotógrafo pasó por en medio de la multitud hasta una mesa cercana a la de Harry, Ron y Hermione, que la miraban mientras se acercaba. Hablaba rápido y parecía muy satisfecha por algo.
-.. no parecía muy contento de hablar con nosotros, ¿verdad, Bozo? ¿Por qué será, a ti qué te parece? ¿Y qué hará con todos esos duendes tras él? ¿Les estaría enseñando la aldea? ¡Qué absurdo! Siempre ha sido un mentiroso. ¿Estará tramando algo? ¿Crees que deberíamos investigar un poco? El infortunado ex director de Deportes Mágicos, Ludo Bagman... Ése es un comienzo con mucha garra, Bozo: sólo necesitamos encontrar una historia a la altura del titular.
-¿Qué, tratando de arruinar la vida de alguien más? -preguntó Harry en voz muy alta. Algunos se volvieron a mirar. Al ver quién le hablaba, Rita Skeeter abrió mucho los ojos, escudados tras las gafas con incrustaciones
-¡Harry! -dijo sonriendo- ¡Qué divino! ¿Por qué no te sientas con nos...? -
-No me acercaría a usted ni con una escoba de diez metros -contestó Harry furioso- ¿Por qué le ha hecho eso a Hagrid?
Rita Skeeter levantó sus perfiladísimas cejas.
-Nuestros lectores tienen derecho a saber la verdad, Harry. Sólo cumplo con mi...
-¿Y qué más da que sea un semigigante? -gritó Harry- ¡Él no tiene nada de malo!
Toda la taberna se había sumido en el silencio.
La señora Rosmerta observaba desde detrás de la barra, sin darse cuenta de que el pichel que llenaba de hidromiel rebosaba.
La sonrisa de Rita Skeeter vaciló muy ligeramente, pero casi de inmediato tiró de los músculos de la cara para volver a fijarla en su lugar. Abrió el bolso de piel de cocodrilo, sacó la pluma a vuelapluma y le preguntó:
-¿Me concederías una entrevista para hablarme del Hagrid que tú conoces?, ¿el hombre que hay detrás de los músculos?, ¿sobre vuestra inaudita amistad y las razones que hay para ella? ¿Crees que puede ser para ti algo así como un sustituto del padre?
Hermione se levantó de pronto, agarrando la cerveza de mantequilla como si fuera una granada.
-¡Es usted una mujer horrible!-le dijo con los dientes apretados- No le importa nada con tal de conseguir su historia, ¿verdad? Cualquiera valdrá, ¿eh? Hasta Ludo Bagman...
-Siéntate, estúpida, y no hables de lo que no entiendes -contestó fríamente Rita Skeeter, arrojándole a Hermione una dura mirada- Yo sé cosas sobre Ludo Bagman que te pondrían los pelos de punta... y casi les iría bien -añadió, observando el pelo de Hermione.
¿Estúpida? Como se atrevía esa arpía, le dieron unas enormes ganas de arrojarle la cerveza a la cara pero eso solo acarrearía problemas.
-Vámonos -dijo Hermione- Vamos, Harry... Ron.
Salieron. Mucha gente los observó mientras se iban. Harry miró atrás al llegar a la puerta: la pluma a vuelapluma de Rita Skeeter estaba fuera del bolso y se deslizaba de un lado a otro por encima de un pedazo de pergamino puesto sobre la mesa.
-Ahora la tomará contigo, Hermione -dijo Ron con voz baja y preocupada mientras subían la calle, deshaciendo el camino por el que habían llegado.
-¡Que lo intente! -replicó Hermione con voz chillona. Temblaba de rabia-¡Ya verá! ¿Con que soy una estúpida? Pagará por esto. Primero Harry, luego Hagrid...
-No hay que hacer enfadar a Rita Skeeter -añadió Ron nervioso- Te lo digo en serio, Hermione. Te buscará algo para ponerte en evidencia...
-¡Mis padres no leen El Profeta, así que no me va a meter miedo! -contestó Hermione, dando tales zancadas que a Harry y Ron les costaba trabajo seguirla.
-¡Y Hagrid no va a seguir escondiendo la cabeza! ¡Nunca tendría que haber permitido que lo alterara esa imitación de ser humano! ¡Vamos!
Hermione echó a correr y precedió a sus amigos durante todo el camino de vuelta por la carretera, a través de las verjas flanqueadas por cerdos alados y de los terrenos del colegio, hacia la cabaña de Hagrid. Las cortinas seguían corridas, y al acercarse oyeron los ladridos de Fang.
-¡Hagrid! -gritó Hermione, aporreando la puerta delantera- ¡Ya está bien, Hagrid! ¡Sabemos que estás ahí dentro! ¡A nadie le importa que tu madre fuera una giganta! ¡No puedes permitir que esa asquerosa de Skeeter te haga esto! ¡Sal, Hagrid, deja de...!
Se abrió la puerta. Hermione dijo «hacer el... » y se calló de repente, porque acababa de encontrarse cara a cara no con Hagrid sino con Albus Dumbledore.
-Buenas tardes -saludó el director en tono agradable, sonriéndoles.
-Que... que... queríamos ver a Hagrid -dijo Hermione con timidez.
-Sí, lo suponía-repuso Dumbledore con ojos risueños- ¿Por qué no entran?
-Ah... eh... bien -aceptó Hermione.
Los tres amigos entraron en la cabaña. En cuanto Harry cruzó la puerta, Fang se abalanzó sobre él ladrando como loco, e intentó lamerle las orejas. Harry se libró de Fang y los tres miraron a su alrededor.
Hagrid estaba sentado a la mesa, en la que había dos tazas de té. Parecía hallarse en un estado deplorable. Tenía manchas en la cara, y los ojos hinchados, y, en cuanto al cabello, se había pasado al otro extremo: lejos de intentar dominarlo, en aquellos momentos parecía un entramado de alambres.
-Hola, Hagrid -saludó Harry. Hagrid levantó la vista.
-... la -respondió, con la voz muy tomada.
-Creo que nos hará falta más té -dijo Dumbledore, cerrando la puerta tras ellos.
Sacó la varita e hizo una floritura con ella, y en medio del aire apareció, dando vueltas, una bandeja con el servicio de té y un plato de bizcochos. Dumbledore la hizo posarse sobre la mesa, y todos se sentaron. Hubo una breve pausa, y luego el director dijo:
-¿Has oído por casualidad lo que gritaba la señorita Granger, Hagrid?
Hermione se puso algo colorada, pero Dumbledore le sonrió y prosiguió:
-Parece ser que Hermione, Harry y Ron aún quieren ser amigos tuyos, a juzgar por la forma en que intentaban echar la puerta abajo.
-¡Por supuesto que sí! -exclamó Harry mirando a Hagrid- Te tiene que importar un bledo lo que esa vaca... Perdón, profesor -añadió apresuradamente, mirando a Dumbledore.
-Me he vuelto sordo por un momento y no tengo la menor idea de qué es lo que has dicho -dijo Dumbledore, jugando con los pulgares y mirando al techo.
-Eh... bien -dijo Harry mansamente- Sólo quería decir... ¿Cómo pudiste pensar, Hagrid, que a nosotros podía importarnos lo que esa... mujer escribió de ti?
Dos gruesas lágrimas se desprendieron de los ojos color azabache de Hagrid y cayeron lentamente sobre la barba enmarañada.
-Aquí tienes la prueba de lo que te he estado diciendo, Hagrid -dijo Dumbledore, sin dejar de mirar al techo-Ya te he mostrado las innumerables cartas de padres que te recuerdan de cuando estudiaron aquí, diciéndome en términos muy claros que, si yo te despidiera, ellos tomarían cartas en el asunto.
-No todos-repuso Hagrid con voz ronca- No todos los padres quieren que me quede.
-Realmente, Hagrid, si lo que buscas es la aprobación de todo el mundo, me temo que te quedarás en esta cabaña durante mucho tiempo -replicó Dumbledore, mirando severamente por encima de los cristales de sus gafas de media luna- Desde que me convertí en el director de este colegio no ha pasado una semana sin que haya recibido al menos una lechuza con quejas por la manera en que llevo las cosas. Pero ¿qué tendría que hacer? ¿Encerrarme en mi estudio y negarme a hablar con nadie? -Ya... pero tú no eres un semigigante -contestó Hagrid con voz ronca.
-¡Hagrid, mira los parientes que tengo yo! -dijo Harry furioso-¡Mira a los Dursley!
-Bien observado -aprobó el profesor Dumbledore- Mi propio hermano, Aberforth, fue perseguido por practicar encantamientos inapropiados en una cabra. Salió todo en los periódicos, pero ¿crees que Aberforth se escondió? ¡No lo hizo! ¡Siguió con lo suyo, como de costumbre, con la cabeza bien alta! La verdad es que no estoy seguro de que sepa leer, así que tal vez no fuera cuestión de valentía...
-Vuelve a las clases, Hagrid -pidió Hermione en voz baja- Vuelve, por favor: te echamos de menos.
Hagrid tragó saliva. Nuevas lágrimas se derramaron por sus mejillas hasta la barba. Dumbledore se levantó.
-Me niego a aceptar tu dimisión, Hagrid, y espero que vuelvas al trabajo el lunes -dijo-Nos veremos en el Gran Comedor para desayunar, a las ocho y media. No quiero excusas. Buenas tardes a todos.
Dumbledore salió de la cabaña, deteniéndose sólo para rascarle las orejas a Fang.
Cuando la puerta se hubo cerrado tras él, Hagrid comenzó a sollozar tapándose la cara con las manos, del tamaño de ruedas de coche. Hermione le dio unas palmadas en el brazo, y al final Hagrid levantó la vista, con los ojos enrojecidos, y dijo:
-Dumbledore es un gran hombre... un gran hombre...
-Sí que lo es -afirmó Ron-
Por otro lado Draco Malfoy se sentía el ser más miserable sobre la faz de la tierra.
No podía evitar recordar cada momento que había pasado en su compañía, y cada escena que rememoraba en su cabeza se asemejaba a una pequeña daga en su corazón. Se despertaba casi cada noche alterado y sabía que había estado soñando con ella.
Habia sido un completo idiota al dejarla, pero en ese momento era necesario, no había sido capaz de encontrar otra solución e incluso Snape no lo había hecho, si solo hubiera esperado un poco, Dumbledore los habría protegido a todos y no hubiera sido necesario separarse de ella y causarle tanto dolor a ambos.
Pero había sido un idiota y ahora tal parece que la había perdido, ella lucia feliz al lado de Krum.
Cuando le había dejado, no había soñado que le resultara tan insoportablemente doloroso pensar en ella en los brazos de otro hombre
Pero había hecho lo correcto
¿Verdad?
OoOoOoOoOoOo
Continuará...
¤°.¸¸.·´¯» ¿Qué es lo que pasará?
¤°.¸¸.·´¯» ¿Les ha gustado el capitulo?
Todas las sugerencias, tomatazos y avadas son bienvenidos.
