Notas, Disclaimer y algo que decir:
Este es el penúltimo Domingo que leen Sonata. La semana que viene, publicaré el sábado y el domingo.
Juntos leeremos partituras que crearán hermosas y melódicas emociones
Partitura Veinticuatro
Kenny captó a mitad de la semana que Rivaille no tenía su mal humor característico. Aquellos mensajes que sin duda su sobrino habría respondido con acidez eran ignorados con gracia.
-No Kenny. No pasa nada.
-¡Pero hasta me tratas con respeto! ¡Qué osadía!
Rivaille alzó la mirada de su borrador de arreglos, tomó la taza de café y agudizó su fijación contra su tío.
-¿Qué quieres?
-Realmente nada, mi trabajo es observarte.
Retomando la vista hacia el papel, Levi evitó molestarse con su tío imaginando como sería arrojarle cosas. Sin embargo, no lo hacia porque a Rivaille le gustaba su oficina.
Aquel lugar era un oasis limpio para el instructor, apaciguando su alma todo el tiempo en el que había estado solo. Era imperturbable y calmado.
Pero cada vez que Kenny entraba, el aire se volvía molesto.
Como ahora.
-En verdad tengo mucho en la cabeza a tres días de la presentación. Sabes que me diste la dirección a última hora y aparte el Arreglista es pésimo.
-¿Los músicos podrán con los cambios?
-Son músicos de la orquesta más importante de éste país, en verdad ¿dudas de ellos?
Ante aquel argumento el tio se calló. Simplemente Levi estaba gruñendo como un animal dolido, pero ahora sereno y serio afrontaba su destino como director.
Al fin el chico se le desarrollaba la vena Ackerman.
Esa mitad de la semana fue extenuante, así lo notó Rivaille cuando dejó su oficina del arreglista de la orquesta nacional. La tarde-noche refrescaba con una brisa suave que se deslizaba por su cabello negro.
Seattle se preparaba para un cambio de horario agitado en una ciudad donde la vida nocturna era igual de agotadora que al del día. Muchas personas salían de sus distintos empleos, mientras que otros; ingresaban en ellos con rapidez.
Levi compró chocolates en una tienda cerca de su trabajo y luego, se montó en su Nissan.
Ya se había vuelto una pequeña costumbre
Luego de volver al trabajo, terminarlo y llevarse lo que faltara para su casa, Rivaille se dirigía dónde vivía junto a quien lo esperaba ansioso.
Donde su adorado Eren lo esperaba ansioso.
-¡Hola señor!- sonreía Eren, que casi siempre era sorprendido abandonando su violín negro. El mayor se moría por conocer los cambios del chico, pero se resistía a preguntarle.
-Traje chocolates- respondía Levi dejando su abrigo en el perchero y su bolso en un asiento. Eren, como todos los días, tomaba el paquete y se sentaba en el sofá.
Y es donde esperaba al instructor para comenzar un juego caliente, amable o picante.
Todo depende de los estados de ánimo.
Tenían un romance intenso, fuerte y breve como ambos habían acordado hasta que tocaran por última vez en en concierto de la sinfónica.
Rivaille daba todo el amor que podía mientras veía a Eren, quien experimentaba aquella felicidad efímera que esa relación le otorgaba. Cuando iba al trabajo el instructor, el ojos verdes practicaba la canción que tocaría como despedida.
Los arreglos a los que Levi le había mejorado detalles era una pieza de los cuatro primeros minutos de la sonata para violín No 4 de Schubert . Era una canción simpática y seductora. También era la única que Rivaille tocaría con Eren porque así lo había decidido el instructor.
Por tanto, cuando estaban juntos se amaban intensamente. Cuando estaban separados, trabajaban arduamente para que una cosa no comiera tiempo con la otra.
-¿Cómo estás hoy con la canción?
-Me ha costado un par de notas. Pero nada que no pueda manejar.
Levi sonreía mientras mordía uno de lo bombones relleno de fresa que compró. Despeinando el cabello castaño de Eren, el pelinegro se dio cuenta que últimamente, el instructor había desarrollado un gusto por el dulce gracias al chico.
-Ven acá. Dame un beso- dijo Levi acercando al chico por una manga de su sudadera.
Ambos sonrieron antes de besarse.
Al fin ambos eran felices.
Pero de la misma forma en al que todo aquello había llegado, al parecer acabaría. Porque siete días se fueron de forma fugaz.
¿Seguiría Levi empeñado en que Eren lo dejara?
Por lo general, los conciertos son ambientes especiales que mezclan emociones junto con canciones. El día cuando ambos artistas mostrarían su temple con un instrumento. Todo el mundo, tanto los organizadores como la producción murmuraban sobre una petición especial por parte del director, quien tocaría la pieza de cierre con un violín.
Algo rarísimo.
Un rubio personaje con la camisa de "staff" abrió al puerta con violencia.
-Señor- dijo el miembro de la organización a Rivaille. -Ya estamos listos.
Cuando se fue, Eren se estiró en el sofá. Aparentemente estaba tranquilo, pero por dentro era un manojo de nervios.
-Mocoso. ¿Me queda bien así?-preguntó Levi arreglando su cabello con un flequillo, que lo hacía ver aún mas sexy.
-Se le ve increíble, señor- dijo honestamente el chico, abrazando por la espalda al instructor. Buscó los labios de Rivaille y lo besó suavemente.
-Ya después de hoy…
-Si…
Eren lo besó nuevamente, más profundo y con la ayuda de sus manos, que acariciaron el fino rostro del profesor.
-Te amo Levi
-Yo también te amo, Eren.
Cuando Rivaille salió del camerino dejando solo a Eren, llevaba puesto un elegante conjunto satinado. Se veía magnífico, como siempre. El olor a un perfume dulce pero firme fue lo último que el ojos verdes sintió.
A su mente acudieron imágenes de las distintos aspectos de Rivaille, y de su felicidad misma amando.
Eren volvió al sofá, esta vez para llorar ante la inminente despedida.
Las luces del salón musical estaban encendidas y la gente, gradualmente, invadía el espacio mientras se le daba acceso a la sala. Rivaille preparaba a sus músicos para el evento detrás de bastidores sin inmutarse siquiera por el comienzo del evento.
El verdadero momento sería su acompañamiento con Eren. El instructor se hacía a la idea que ese sería el momento que había estado esperando. Con sus ojos grises poco expresivos encerraban el deseo de que empezara de una vez a la vez que no llegara nunca.
Los preliminares musicales amenizaron de una forma encantadora el advenimiento de la gran noche. Con una voz tan prominente como su pelo, una jovencita dio la bienvenida al evento.
Una vez se dijo "el popurri de autores", los músicos fueron a sus lugares. La respiración de Levi era pausada y segura cuando el reflector lo siguió por pro el escenario.
Tras la breve inclinación, algo que no cambia en ningún evento, la música comenzó Strauss comenzó el evento.
Una vez calmado, Eren respiró con profundidad. Poco a poco fue cambiando su ropa por la también elegante muda de traje negro, que poco diferenciaba su color de la camisa verde oliva oscuro que utilizaba como base.
Ya era hora.
El evento no era tan largo como la competencia intercolegial, por ejemplo. Así que dos horas fueron rápidas. Más para el chico, que se despedía del amor de su vida.
-Ahora- Escuchó Eren a la jovencita- el director pidió ser acompañante de un violinista extranjero.
El chico ajustó su chaleco y esperó la señal. Sus ojos verdes observaron el perfil frío de los ojos de Levi viéndolo desde su posición del piano.
Eren caminó con su violín negro al compás de la luz. Se inclinó cerca de Levi y posicionó su violín.
Pocas veces las canciones provocan los cuerpos movimientos involuntarios como el erizar de los pelos o vuelcos al corazón. Sin embargo, a tres o cuatro segundos de Eren haber comenzado a tocar, podría decirse que los presentes sintieron sus sentidos sacados de otro planeta.
El chico conocía todo aquello bien, era una sensación de explosión interna que jamás se aparta de los recuerdos, no por su sutileza sino por el impacto que produce.
Eren observaba las partituras mientras se concentraba en las notas, enviaba mensajes de calidez, amor y eternidad para Rivaille que seguía las notas con timidez.
No quería que la canción avanzara.
Pero aquella timidez no duró lo suficiente, el instructor hizo gala nuevamente por Solo querer alcanzar la cúspide de su felicidad, y la forma de conseguirla era desatando las riendas de sus sentimientos para dejar paso a un auténtico volcán oculto, a sus ganas de disfrutar de la vida a través de la música.
Eren sonreía ante la música, su dueña y señora. Había amado a Rivaille por ella y despedirse con eso era la mejor prueba de amor que alguna vez daría. Aquella despedida era honorable y especial.
El chico se negó a perder ese momento cuando del instante presente era cada segundo en la canción. Se negó a no tener un recuerdo para el futuro.
La música sonaba, el violín de Eren atrevido; el piano de Levi, conservador. Era el momento de sentir de verdad, de gozar sin desparpajo ni timidez, de expresar con el cuerpo lo que era incapaz de mostrar con palabras.
En la mente de ambos solo estaba un pensamiento: "el mejor regalo que me puede ofrecer es compartir su don conmigo"
La canción se acabó con un violín solo. El piano había dejado de tocar mientras que su músico estaba de pie mirando a Eren.
El silencio fue sepulcral, para luego dar paso a los aplausos, las miradas, las sonrisas, los diálogos incomprensibles por ser susurros.
Los dioses fueron capaces de crear un paraíso terrenal, con el sonido del mar incluido, del que ninguno de los asistentes quería salir nunca.
-Gracias a todos por venir- dijo Rivaille cuando la jovencita le dio la palabra. -Quiero compartir con ustedes algo valioso.
"Hace un año, apróximadamente, conocí a un persona que cambiaría mi vida. Era la terquedad reencarnada, la impertinencia en todo su esplendor, la necesidad misma, en fin. Era tan molesta que me daban de correr siempre.
Pero sin ella, yo no hubiera conocido lo maravillosa que es la vida ni lo hermosa que es adornarla con nuestra musa artística.
Estoy enamorado de alguien increíble.
Si hay algo que no se me da bien, es el agradecer de corazón los regalos que me puede brindar la vida. Pero, cuando llegan, los protejo. Uno de esos regalos tiene nombre y apellidos, tiene talento y buen corazón, tiene un cuerpo que me ama y un alma que se une con la mía.
Creo que somos uno.
Y es por eso es que oficialmente, me retiro de mi condición de director. En general, dejaré mi carrera artística para solo tocar para esa persona."
Aquel fue el mensaje final de Rivaille en ese concierto, que sería el último.
-¿Qué hiciste, Levi?-preguntó Eren cuando el director volvió al camerino. Algunos periodistas estaban detrás de la noticia. El pelinegro tuvo que rodear varias veces su camerino hasta que seguridad los corriera.
-¿Por qué me tuteas?- preguntó Rivaille restandole importancia a todo aquello.
-¡Pero has destruido toda tu carrera!
-¡Y eso no te importa, Eren!
-¡Como que no!
-Joder. ¡Eren!
-¡Levi!
-El misterio detrás del buen humor de Levi se ha aclarado.-interrumpió una voz silbante y aguda.
El Ackerman estaba sentado en lo oscuro, donde habría sido fácil verlo si la situación no estuviera así.
-Kenny- susurró Levi colocándose delante de Eren. -El chico no tuvo que ver con mi decisión.
-Pero si que la influyó- comentó el tío con severidad.
-Ya yo estaba harto. Siempre ustedes me tienen harto.
-¿Sabes lo que te harán por jugar con el joven Jaeger?
-Kenny- lo miró severamente el músico- yo no estoy jugando a nada.
El celular de Kenny sonó. Con muy mala cara atendió.
-Si. Estoy con él. No. Aun no. Esperen, yo llegaré a algo con él. Si si. Los llamó en dos horas.
Con suspiro, volvió a Levi.
-Están furiosos. Mocos infeliz. Ellos están furiosos.
-Pero yo decidí, por cuenta propia, dejar mi carrera musical.
-Recuerda que esa carrera fue pagada por mucho de los bienes Ackerman.
-Maldición.
Hubo un silencio algo incomodo, Eren nervioso con todo aquello; Rivaille, mostrando signos de presión creciente y Kenny, tallando su brazo izquierdo.
-Kenny. ¿Por qué siempre has estado tan pendiente de mi vida?
¿Era ese el momento para preguntar aquello? Estaban rodeados incógnitas, ya algunos periodistas comenzaron a redactar su dimisión como director y los Ackerman encima, pensando que ellos eran los principales afectados.
-Tu madre murió cuando eras pequeño. Los Ackerman sabían de tu nacimiento, pero me negaron hacerme cargo de ti directamente. Te busqué por varios años y cuando te encontré, tenías esa cara amargada que tienes ahorita.
-¿Propósito?- preguntó Levi, cruzando los brazos
-Mantenerte con vida. Fue una promesa a mi hermana mucho antes que nacieras.
-Kenny. Renuncié a todos mis derechos a las posesiones Ackerman ayer.
-¡Qué!- exclamaron al mismo tiempo Eren y Kenny
- Aqui esta el papel. Renuncié a todo lo que tenga que ver con la Familia esa y su jodida sangre. Soy Levi Rivaille oficialmente desde ayer.
Kenny miró perplejo a su sobrino, que sostenía en lo alto el documento oficial.
-¿Cómo has aguantado todos estos años? ¿Por qué no hacer eso antes?
-Es cierto, los Ackerman tienen un poder increíble para que puedas hacer lo que quieras. Utilicé sus contactos toda mi vida para hacerme poderoso y proteger a mis hermanos. Soporté estoicamente su trato esclavista. No hice eso antes porque no servía para nada. Eren aún estaba en el ojo de la rama principal y mi sacrificio habría sido en vano.
Eren observó sin mucho que decir a Levi. Estaba totalmente seguro de arriesgar su carrera por muchos años por alguien como él.
"Nunca nadie haría eso por mi"
Indescriptiblemente, se enamoró más de lo que ya estaba del pelinegro
-¿Y bien? ¿Llamarás a la sangre maldita esa para que nos deje en paz? Ya no habrá relación en lo que yo haga y en sus poderes asquerosos.
El tio obedeció lo que su sobrino ofertaba y llamó a la rama, leyendo las cláusulas del documento. Todo lo que era de Rivaille era cedido a los Ackerman como parte de compensación. Su apellido era removido así como acceso a cuentas bancarias y todo contrato bajo ese sello.
Eren tomó la mano de Levi suavemente. Sólo tenían un lugar a donde ir. A lo que el músico había otorgado al ojos verdes en Alemania.
-Los Ackerman están de acuerdo con la propuesta. Levi Rivaille debe olvidarse de su apellido y que sean movidos todos los bienes a su nombre. Al parecer, debes olvidarte de vivir en América con los lujos que tenías antes.
-¿Qué haremos con la prensa?
-Habla de tu retiro oficial de director de orquestas profesional. Los Ackerman no desean volver a verte ni que puedas verte relacionado con ellos. Bien hecho, chico.
Kenny sonrió al ponerse la chaqueta, luego se fue del camerino.
Levi y Eren quedaron tensos hasta que se fue. Luego pudieron relajarse.
-Somos libres, Eren.- dijo Rivaille, apretando la mano del chico. El ojos verdes no supo qué responder, correspondió el apretón y miró la puerta. Ahora nuevas oportunidades se dibujaban en el futuro.
