Capítulo 25.
Cuando Taro abrió los ojos, se vio rodeado de varios hombres adustos vestidos de negro. Una mujer de cabello castaño oscuro y recogido en un peinado.
Buenos días, señor Misaki.- dijo la mujer.- ¿Cómo despertó después del "viaje" que hizo anoche?
Misaki no pudo responder porque la cabeza le taladraba como si miles de obreros estuviesen construyendo un segundo piso del Periférico en su cerebro. ¿Por qué se sentía tan mal? Una borrachera no producía semejante resaca...
¿En dónde estoy?.- quiso saber él.
En el conocido club en donde siempre viene a ver a sus contactos.- respondió la mujer, que no era otra que Victoria Kamiya.- No puede ser que no lo recuerde...
¿Contactos?.- Taro no entendía.
Sí, o no sé como le llamen ustedes a las personas que le surten las drogas.- replicó Victoria.
¿Qué dice?.- Taro estaba apentontado, pero aun así esa última palabra captó demasiado la atención.- ¿Drogas?
No se haga el inocente.- Victoria perdió la paciencia.- Está usted bajo arresto por tráfico de drogas.
¿Es una broma?.- Misaki estaba incrédulo.- ¡Yo nunca he traficado con drogas!
Cualquier palabra que diga será usada en su contra en una corte.- dijo la agente Kamiya.- Tiene derecho a tener un abogado, si no puede pagar uno, el Estado le conseguirá un abogado...
Antes de que Misaki pudiera decir algo, la agente Kamiya lo tomó por los brazos y lo esposó. Algunos falshes de cámaras se dejaron ver.
No puedo creerlo.- musitó Erika, quien tenía cara de haber estado llorando.- Mira que traficar con drogas... ¡Creí que eras un buen muchacho!
Taro estaba más que seguro de que Erika había causado todo y la fulminó con la mirada. La pelirroja, impávida, le devolvió el reto. Misaki, Victoria y los demás agentes salieron del club nocturno.
¿Cómo es que me acusan de tráfico de drogas?.- protestó Misaki.- ¡Deben al menos tener pruebas!
Claro que las hay.- replicó Victoria.- Hay varias pruebas, capturamos a varios comerciantes de drogas y ellos han declarado que usted era el contacto principal.
¿Qué?.- Taro gritó.- ¡Tiene que ser una broma!
No, no lo es.- negó Kamiya.- Y además, tenemos una acusación directa por parte de una persona que lo vio haciendo negocios ayer.
Misaki estaba cien por ciento seguro de que Erika había sido esa persona. La desgraciada infeliz debió de haberlo drogado después de emborracharlo y de alguna manera pudo inculparlo.
Tengo derecho a hacer una llamada.- protestó Taro.- ¡Esto es un atropello!
Llamará en cuanto lleguemos al cuartel general de la INTERPOL.- replicó la agente Kamiya.
¿El cuartel de la INTERPOL?.- Taro estaba cada vez más atónito e indignado.
Esto no es tan simple, señor Misaki, y ya debería de saberlo.- suspiró Victoria.- Sus contactos principales trabajan para la mafia rusa.
"¡Maldita sea! ¿En qué lío me he metido?", pensó Taro, desesperado.
En el cuartel de la INTERPOL, Taro se enteró de todos los cargos, los cuales de verdad que podrían mandarlo a la cárcel por muchos años, por no mencionar el hecho de que su carrera quedaría destruida...
Sin embargo, Taro no sabía que contaría con el apoyo de la persona menos imaginable...
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Genzo se controló para no golpear a Sakai. Lily se había ido a no se donde, y si Genzo no la siguió fue porque Sakai se le interpuso en el camino.
No irás tras ella.- dijo Sakai.
Quítate de en medio.- amenazó Genzo.
Nunca se te debió ocurrir el fijarte en ella.- dijo Sakai.- Lily es mía.
No si puedo impedirlo.- replicó Genzo.
Ella ya no va a querer verte.- contradijo Sakai.- Le mentiste y eso no te lo va a perdonar.
¿Y crees que a ti si?.- Genzo rió con sarcasmo.- Tú la engañaste. Eso le va a pesar más que cualquier cosa.
Al rato se le va a pasar, se le meterá la locura de complacer a sus padres y va a aceptar casarse conmigo.- replicó Sakai, con cinismo.
Eres un desgraciado.- gruñó Genzo.- No te mereces a Lily.
¿Crees que no?.- Sakai rió con petulancia.- Yo creo que no hay nadie que encaje físicamente mejor con ella que yo.
No puedo creerlo.- musitó Genzo.- Te lo advierto: aléjate de Lily.
Yo te lo advierto a ti.- replicó Sakai.- Lily es mía. Y si no lo es, no lo será de nadie.
Eso último sonó como a amenaza, pero a pesar de eso Genzo no creía a Sakai capaz de hacerle algún daño a Lily... Sin embargo, Genzo necesitaba ver a Lily, explicarle lo que había pasado, así que empujó a Sakai y salió del edificio. Sin embargo, Genzo no sabía a dónde podría ir Lily en un momento así... Wakabayashi optó por ir al centro comercial en donde él había paseado con Lily y en donde se habían encontrado con Tsubasa, Sanae y Misaki. Genzo entró a la tienda de discos, con la esperanza de ver ahí a la mexicana, pero no la vio por ningún lado.
¿Vienes en busca de más música electrónica?.- le preguntó Sanae, a sus espaldas.
¿Siempre vienes aquí?.- Genzo no lo quiso reconocer, pero se asustó un poco.
En algo me tengo que entretener cuando Tsubasa está entrenando.- Sana se encogió de hombros.- ¿Te sientes bien? Te ves decaído.
Genzo bufó. Sanae lo conminó a contarle todo lo ocurrido y después de mucho insistir por parte de ella, Genzo terminó por decirle todo.
- Ya sabía yo que ella te gustaba.- suspiró Sanae.
¿Cómo fue que me dejé convencer?.- musitó Genzo.- Jamás debí ayudar a Sakai...
Él era tu amigo.- dijo Sanae.- Era normal que te sintieras obligado a ayudarlo. Es cuestión de lealtad.
Sí, pero yo sabía que él estaba mal, y aun así no lo detuve.- replicó Genzo.- ¿Qué clase de amigo hace eso? Además, le fallé a Lily...
Supongo que no debió de haber sido fácil decidir entre tu amigo y la mujer que amas, más si ella es la prometida de tu amigo...
Nunca pensé que terminaría por amarla.- confesó Genzo.- Lily es tan diferente a todas las mujeres que he conocido, es demasiado recta, demasiado perfecta, no es la clase de mujer con la que estoy acostumbrado a salir...
Y quizás es por eso por lo que te enamoraste.- opinó Sanae.
Sí, quizás.- musitó Genzo.- Pero ahora debo encontrarla y pedirle que me perdone...
Sanae suspiró. Primero Genzo, después Taro. Dos de sus mejores amigos estaban sufriendo y a la señora de Ozhora le habría gustado el poder hacer algo más por ellos...
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Alexandra no podía creer lo que leía. Según el periódico, Taro Misaki había sido arrestado por agentes de la INTERPOL en un famoso club nocturno francés después de que un informante anónimo había anunciado que Misaki traficaba con drogas.
No puedo creerlo.- comentó Mark, cuando leyó la noticia.- ¿Ves lo que es capaz de hacer tu "viejo amigo"?
Cállate.- dijo Alex.- Taro no sería capaz de hacer algo así...
Anda, que hasta pruebas encontraron de que Taro es culpable.- replicó Mark.- ¿Qué más quieres?
Yo conozco a Taro mejor que a nadie.- bufó Alexandra.- Y sé que él no es capaz de hacer algo así. Todo debe ser un malentendido.
Ella se veía verdaderamente enojada y Mark se ofuscó. No tenían ni una semana de casados y sin embargo ella ya estaba defendiendo a su antiguo amor.
Ya, cambiemos el tema.- pidió Mark.- No quiero que te agotes. Si Taro Misaki es inocente, saldrá libre dentro de poco.
Supongo que tienes razón.- gruñó Alex, aguantándose las ganas de decir más cosas.
Ella se levantó por un vaso con agua y Mark se enfrascó en el periódico. Él estaba molesto, otra vez Misaki se había metido entre ellos.
"Te casaste con ella", pensó Mark. "Ganaste. Alexandra es tuya".
"¿Pero por qué siento que esto no es verdad?", replicó otra voz. "Sabes que ella no ha dejado de pensar en él y quizás nunca deje de hacerlo...".
Después de un rato, Alex fue a acostarse, pretextando que se sentía cansada. Mark trató de tragarse el orgullo y fue en su auxilio cuando ella se mareó y estuvo a punto de caer. El joven sostuvo a su esposa y la acostó sobre un diván.
Descansa, mi amor.- él la besó en los labios y ella se refugió en ellos.
Gracias.- sonrió Alex, abrazando a Mark.- No sé que haría sin ti...
Mark abrazó a Alex y se recostó con ella en el sillón. A él no le quedaba la menor duda d que ella lo quería, se notaba que sí lo hacía, pero Mark sabía que ese amor nunca se compararía con el que Alex tuvo por Taro...
El amor que quizás aun tenía...
Mucho rato después, Alex se quedó dormida en brazos de Mark, y él se dedicó a contemplar las curiosas formas que el sol de la tarde iba dejando sobre la mesa de cristal del comedor.
Yo te haré muy feliz.- susurró Mark, besando a Alex en la cabeza.
Aunque él se preguntó qué tan cierto podría llegar a ser eso...
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Virginia no sabía que tenía en sus manos la prueba que salvaría a un inocente. Ella solo veía la grabación que hizo como un futuro Pulitzer. Bueno, no tanto, pero sí algo que cualquier canal de chismorreos pagaría muy bien...
Hasta que ella vio las noticias. Taro había sido acusado de tráfico de drogas y había sido arrestado por la INTERPOL. La carrera futbolística de Misaki pendía de un hilo por no mencionar que el muchacho podría pasar varios años en la cárcel...
Ya sabes lo que tienes que hacer.- comentó Seisuke.
Ah, claro.- gruñó Virginia.- Y que a mí me acusen de soplona.
Seisuke había hecho una breve escala en Francia antes de marcharse a Italia a jugar en su equipo profesional. Virginia lo había recibido de malas pulgas, como siempre hacía cada vez que él se esfumaba para Italia sin invitarla. Sin embargo, ella no había resistido las ganas de comentarle a él sobre lo sucedido y mostrarle la grabación que había hecho.
Después te enojas conmigo, esto es más serio.- insistió Seisuke.- Taro Misaki va a ser encarcelado por algo que no hizo.
Corrección: Ya fue encarcelado por algo que no hizo.- replicó Virginia.
Eso es mucho peor.- replicó Seisuke.- Debes mostrar esa grabación.
Virginia sabía que él tenía razón, pero de alguna manera ella se resistía. Lo suyo eran los reportajes y la farándula, las cosas de espías, drogas y esas babosadas eran cosa de su hermana Victoria...
Supongo que tienes razón.- suspiró Virginia.- No me va a quedar de otra...
Seisuke esbozó esa sonrisa de fotografía que tenía y ella pensó que bien valdría la pena...
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Erika estaba satisfecha. Los titulares de los periódicos no podían ser más satisfactorios. Misaki había sido arrestado y ella cobraría su venganza.
Ah, Taro.- suspiró Erika.- Si me hubieras hecho caso, seríamos muy felices ahora. Ni modo, aun me gustas, pero quizás después pueda rescatarte y entonces me querrás.
El teléfono sonó. Erika lo contestó con cierta pereza.
¿Hola?.- dijo ella.
Hola, Roja.- era Francois.- Me debes dinero, y mucho. Te hice un favor muy grande.
Eso lo sé, Pierrot.- replicó Erika.- Dame tiempo.
Te daré solo lo suficiente, Roja.- dijo el hombre.- Sabes que no nos gusta esperar…
Solo un par de días.- gruñó Erika.- Ya tengo el dinero listo.
Un par de días, ni uno solo más.- dijo el hombre, y colgó.
Erika gruñó y dejó el teléfono para después dirigirse al baño. Se teñiría el pelo de negro, ya se había hartado de que la llamaran "Roja". Además, Erika no era pelirroja natural…
