Personajes: Harry y Ginny.
En el tiempo: un tiempo después del fin de la guerra.
25. Solución de conflicto.
Abrió los ojos y tuvo una visión borrosa de las rodillas de Ginny. Estaba sentada sobre la mesita de té que les había regalado Andrómeda, con las manos en el abultado vientre. Aún faltaban dos meses. Dejó caer los párpados y dudó durante unos segundos si debía fingir que dormía. Volvió a abrirlos y se incorporó lentamente.
- Lo siento –dijo ella.
Había vuelto a llegar tarde y la había encontrado en la cocina como si hubiese pasado días sin dormir. Había acostado a James y le había pedido un simple masaje en los pies. Aún no sabía cómo habían acabado discutiendo sobre las muchas horas que él trabajaba, el poco tiempo que dedicaba a James y lo sola que ella se sentía. Hacía demasiado que no discutían de ese modo, como si doliese reprimir más las palabras que decirlas y tuviesen la necesidad casi visceral de hacerse daño el uno al otro. No habían gritado y tal vez eso era lo que más le extrañaba. Ginny solía gritar mucho cuando se enfadaba. Él mismo lo hacía, pero esta vez parecía que los reproches consumían las ganas de vocear.
Él acabó durmiendo en el sofá.
- Lo siento, Harry. Lo siento muchísimo. Todo lo que he dicho.
Tenía las gafas de él entre las manos y las movía con delicadeza entre sus dedos. Harry las alcanzó y se las puso. Cogió las manos de Ginny y las sujetó con fuerza. Luego la obligó a mirarle a los ojos.
- Yo también lo siento.
- No lo pienso. Nada de lo que he dicho. Es sólo que estoy muy cansada. Y me paso la mitad del día sola y cuando no viene mamá, es Hermione o cualquier otra persona a la que no me apetece ver.
Harry asintió con la cabeza.
- Pero incluso cuando ellas vienen, se dedican a cuidar a James y yo estoy sola otra vez. Y se supone que no debería estar sola. Te tengo a ti, y tengo a James. Y últimamente no lo siento así. Sé que no tiene sentido y puede que Hermione tenga razón y solo se trate de mis hormonas haciendo de las suyas.
Logró soltar una de sus manos de las de Harry e intentó apartar las lágrimas de sus mejillas con la palma de la mano.
- No lo estoy haciendo bien, ¿verdad? –dijo él después de unos minutos.
- Si te sirve de consuelo ninguno de los dos lo está haciendo bien.
- Si te sirve de consuelo te diré que sí me tienes.
Ginny sonrió levemente. El se acercó y la besó en los labios. Se separó a escasos centímetros y sostuvo su mirada.
- Me parece que me tenías antes de que yo mismo me diera cuenta.
- Creo que fue al revés.
- ¿Qué más da?
Volvió a besarla. La miró sonriente y habló con decisión.
- Mañana mismo hablaré con mi jefe y reorganizaré mi horario. Tengo entendido que no soy el único auror en Gran Bretaña. Además, ya he salvado demasiadas veces el mundo como bien te has encargado de señalar hace unas horas.
- También siento eso.
- ¿Qué haya salvado el mundo? –preguntó con fingida arrogancia.
- Echártelo en cara, imbécil.
- Porque sé que te pone, sabes.
Ginny arqueó una ceja.
- No me mires así –dijo ella.
- ¿Cómo?
- Como si fuese a haber sexo de reconciliación.
Harry se llevó una mano al pecho y se hizo el ofendido. Pensó que por intentarlo no perdía nada.
- Conozco todas tus artimañas, Potter. Y esa mirada no va a funcionar. Sigo estando reventada y queriendo un masaje en los pies. Es lo más cerca de tocarnos que vamos a estar esta noche. Tú decides.
Harry golpeó el espacio vacío en el sofá y ella se tumbo. Colocó los pies en su regazo y él empezó a masajearle el pie derecho. Ginny cerró los ojos y dejó caer la cabeza sobre el posa brazos.
- No creo que sea necesario decirlo –comentó ella en voz baja,- pero eres un padre genial. No quiero que pienses que no es así. No eres perfecto, pero nadie lo es. Aún estamos aprendiendo.
Harry suspiró y pensó que por ahora había sido una suerte que no se hubiese perdido todas esas primeras cosas que hacían los niños pequeños como caminar y hablar.
- Joder, somos unos padres bastante decentes. Podíamos hacerlo mucho peor.
- Podríamos ser como mis tíos.
- ¿Dónde quieres que encerremos a James durante los próximos once años?
- Se me ocurren lugares donde encerrarte a ti, señora Potter.
- De verdad, eres la persona más tozuda que he conocido en mi vida. Y he crecido rodeada de gente que ha hecho un arte de ello –rió Ginny.
Harry comenzó a deslizar la mano derecha por su pierna. Ginny le observó amenazante.
- Ni se te ocurra. No querrás privarme de esa mano en el futuro, ¿no?
Hizo un mohín infantil con los labios y preguntó:
- ¿Mañana?
- Mañana.
Fin.
N/A: la idea inicial era mostrar que la vida de todos ellos no es absolutamente maravillosa, que tiene sus momentos bajos como las de todos. Al final ha quedado más "ñoño" de lo que pensaba y se ha centrado en la reconciliación. Pero bueno, espero que aún así os guste y no tireis tomates. Porque no me gustan ni para hacer una ensalada.
