ESTA HISTORIA ESTA PUBLICADA ORIGINALMENTE EN FANFIC . ES POR SU AUTORA MISFITS Y ELLA ME HIZO EL FAVOR DE PRESTÁRMELA PARA PUBLICARLA AQUÍ

Nota de Arika Yuy Uchiha: Disculpen si los nombres de los cap están muy chafas los puse yo, no misfits aunque claro con su permiso.

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Al que madruga…

Era temprano por la mañana, el Nara no había podido dormir en toda la noche. Cada sensación, cada aroma que había disfrutado junto a ella se apoderaban de sus sentidos al momento de descansar. Era como si su propio cuerpo lo castigara por comportarse como un cobarde y no hacer frente a las circunstancias. Pero ya no mas, ya se había vuelto insostenible la situación. Era hora de ponerle un punto final al asunto.

¿Y qué si son las cinco de la mañana? Daría igual si fueran las once –pensaba el manipulador de sombras– ¡qué problemático! Si no me echa a patadas por la hora me echará a patadas por la confesión… "confesión" ni que fuera un delito sentir lo que siento… aunque de seguro Gaara no tendría problemas en convertirlo en delito y aplicar la pena de muerte para todo aquel que se enamore de Temari.

Tsk… ya estoy divagando –murmuró Shikamaru mientras daba otra vuelta en la cama, una más a las trescientas que ya había dado.

Las mujeres son un misterio, no creo que haya hombre en el mundo que las entienda a la perfección, un día te odian y al siguiente te abrazan como si sintieran algo por ti. Se supone que soy el genio de la Hoja pero parece ser que ni siquiera un genio puede comprender por completo el corazón de una mujer. Y menos una como ella… –pensó Shikamaru mientras recordaba los breves momentos vividos en su compañía– se supone que yo debería pasar mis días en misiones tranquilas, jugando Shogi, mirando las nubes o durmiendo, no preocupándome por lo que esta mujer problemática siente.

-Hmp –soltó, cerrando sus ojos con fuerza y moviendo la cabeza de un lado a otro.

¡Qué molesto! Tengo que resolver esto lo antes posible –caviló con determinación el Nara– aunque ella me rechace, aunque Kankuro me asesine, aunque Gaara me declare enemigo de la Aldea de la Arena, no puedo quedarme sin hacer nada y vivir con la incertidumbre de no saber que hubiese pasado si se lo hubiese dicho.

Gaara deambulaba por los pasillos del Palacio del Kazekage. Había pasado gran parte de la noche contemplando su Aldea y ahora estaba listo para una taza de té.

Shikamaru se puso de pie, se vistió y salió sigilosamente de su habitación. Caminó por el corredor hasta llegar a la puerta del cuarto de Temari y tocó suavemente. Sin embargo, la kunoichi estaba tan profundamente dormida que los dos primeros golpes solo lograron que ella se diera vuelta y cambiara de posición. Ante esto el Nara fue persistente y tocó una vez más con mayor intensidad, esta vez logrando despertar a la dama de la Arena. La Sabuko se levantó de su cama despacio y, aun entre dormida, se acercó a la puerta abriéndola lentamente.

-¿Vago? –murmuró la kunoichi sin entender bien lo que pasaba; aunque de inmediato se percató de que el sol aun no había salido y ambos desviaron la mirada hacia el pasillo al escuchar pasos aproximándose al lugar. Al final del corredor se podía vislumbrar la silueta de Gaara.

El Nara sintió como su corazón se detenía. Si lo atrapaban ahí estaba muerto, ya podía leer la lápida que adornaría su tumba "Debido a un impulso imprudente, aquí yace el genio de la Hoja, asesinado por el Kazekage"– Tsk… pudieron haber puesto algo más bonito –pensó mientras tragaba saliva como tratando de contener el alma en su cuerpo. De pronto sintió como era tomado del chaleco y jalado hacia adentro de la habitación. Temari cerró la puerta tan silenciosamente que Gaara no se percató de nada.

¿Oíste eso? –inquirió el Biju quien si había escuchado un sonido extraño. Gaara hizo silencio un momento para intentar escuchar pero no logró percibir nada.

¿Qué cosa? –le respondió el Kazekage.

Un sonido, proveniente desde este mismo pasillo –informó la bestia de una cola agudizando sus sentidos.

Creo que el encierro te está afectando, Shukaku –bromeó el Sabuko.

Ja ja… muy gracioso –acotó irónicamente el demonio rodando los ojos.

Relájate... estás muy tenso últimamente.

Es porque tú me tensas, tú y está maldita Aldea que ha contraído un extraño virus.

¿Un virus? ¿Pero de qué estás hablando?

No lo sé por eso dije que es extraño… pero hace que los hombres se comporten como unos idiotas ante la primer babosa que se les cruza.

¿Otra vez con eso Shukaku?

No, no es otra vez, porque nunca termine en primer lugar.

Me caías mejor cuando no cuestionabas todo lo que yo hacía.

Y tú me caías mejor cuando eras un chiquillo perturbado y amargado, por lo menos en ese entonces asesinábamos por placer, por sentir la sangre escurrirse entre nuestros dedos –recordaba el Biju mientras una tierna sonrisa se posaba en su rostro y un singular brillo invadía su mirada.

Eso terminó Shukaku.

Ya lo sé, es por eso que ya no me caes bien.

La discusión continuó por un largo rato pero logró generar la distracción necesaria para que el Nara salvara su pellejo. En la habitación de Temari ambos permanecieron en silencio hasta que ya no se escucharon los pasos de Gaara. Una vez que el sonido se alejo ambos respiraron con normalidad. No obstante, y aun en la oscuridad de la habitación iluminada tan solo por la luz de la luna llena que se filtraba por la ventana, el atuendo de la dama de la Arena no dejaba a Shikamaru pensar con claridad y fue así hasta que ella habló.

-¡¿Qué demonios crees que haces aquí? –preguntó ella molesta pero susurrando por si acaso.

-Necesito hablar contigo –respondió él de igual modo.

-¡¿Estás loco? ¡¿Sabes qué hora es, vago? –indagó aun más furiosa acercándose al Nara.

-Eso no importa –acotó el despreocupadamente llevándose ambas manos a la nuca.

-¡¿No importa? ¡Si no hubiera pensado rápido no estarías vivo ahora! –exclamó la rubia con ira agarrándolo del chaleco.

Eso es cierto, creo que me atrapó esta vez –pensó el Nara mientras observaba de cerca su bello rostro y esbozaba una péquela sonrisa de lado.

-¿Vas a seguir tomándome del chaleco? Parece que se te está haciendo costumbre –exclamó el manipulador de sombras sin quitarle la mirada de encima, provocando que la Sabuko se sonrojara un poco y lo soltara de golpe.

-Hmp –soltó la kunoichi ignorando el sutil rubor de sus mejillas y luego, esbozando una pequeña sonrisa pícara agregó en un tono sátiro– no me digas que esa es la razón por la que te apareces a la madrugada en mi cuarto, vago.

-¿Qué te puedo decir? soy un hombre simple con preguntas simples –respondió el Nara cerrando los ojos, llevándose las manos a los bolsillos y quitándole importancia al tema; al instante abrió los ojos nuevamente y dirigiéndole una de sus más seductoras miradas le dijo– pero no te confundas, no es a lo único que he venido… también quería decirte que ese es un lindo camisón.

Temari no pudo evitar sonrojarse por completo. Su corto y revelador camisón le estaba dando al Nara demasiada información sobre el físico de la kunoichi, ya que el escote de este le permitía apreciar el nacimiento de sus pechos, el resto de camisón azul se amoldaba a su cuerpo resaltando su fina cintura, su plano vientre y, debido a que era muy corto, parecía que las piernas de la dama de la Arena eran más largas. Sin dudas, ese último comentario logró que el pudor se apoderara de ella pero no por eso iba a ceder.

-Sí quieres te lo presto aunque creo que el azul no es tu color –respondió burlonamente la rubia de la Arena provocando que la sonrisa de Shikamaru creciera un poco.

-No gracias, a ti se te ve bien pero a mí me gusta usar pijamas con mas tela –contestó él hábilmente siguiéndole el juego.

-Terminemos con los jueguitos… ¿me vas a dejar dormir? –cuestionó desafiante la dama de la Arena.

-Depende… ¿me vas a contestar? –inquirió el manipulador de sombras recostándose contra la ventana mientras la luz de la luna iluminaba gran parte de su rostro y torso.

-¿Contestar qué? si no has preguntado nada –aclaró la Sabuko acercándose a la ventana y cruzándose de brazos.

-Hay preguntas que no necesitan ser hechas –exclamó el Nara.

-No seas perezoso y pregunta lo quieras saber para que así me pueda ir a dormir –exigió Temari y luego soltó junto a un suspiro– ¡cielos! Hasta para preguntar algo eres vago.

-Y tú eres problemática hasta cuando tienes sueño… tsk, de acuerdo –comentó Shikamaru mientras rompía esa corta distancia que los separaba– quiero saber ¿por qué hiciste esto? –inquirió el manipulador de sombras mientras abrazaba a la Sabuko impactándola.

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