Muy Pronto
Hermione, estaba entrando en sus meses finales de embarazo. Draco, leía un pesado libro sobre maldiciones, para curar a Snape, mientras le acariciaba el vientre a su esposa y ella, tomaba notas. Lily y Scorpius correteaban por el verde pasto y Ginny, preparaba el almuerzo. Rose Weasley, estaba charlando con Charlotte y James, y Snape, estaban desafiándose una vez más.
Hermione ladeó la cabeza y miró a su hijo, que caminaba hacia James y Snape. Ambos, estaban practicando duelo con dos palos largos. James parecía destinado a ser el rival de Snape por defecto. Draco, los miró a ambos y se levantó para separarlos. A Snape, no le convenía que se atacaran de esa forma.
- Juguemos cartas- mencionó con una sonrisa- apostaremos caramelos.
- Draco...- se quejó Hermione, caminando hacia ellos.
- Bueno, apostar no es correcto. Pero el que gane, comerá muchos caramelos.
- Draco...
- Bueno, todos comeran caramelos- dijo, mirándola- ¿Contenta?
- Sí, y ahora...- dijo, pero escucharon un alarido en el campo. Severus, fue el primero en salir corriendo.
Era Lily y estaba en el suelo. Su pierna estaba rota y ella no dejaba de llorar. Snape, se inclinó y la levantó cuidadosamente. La sostuvo entre sus brazos, mientras ella lloraba sin cesar. Harry tomó a su hija, en brazos de Snape y la tendió sobre el sofá. Ginny, se sentó a su lado y le miró la pierna fracturada.
- ¿Qué sucedió, cariño?- le preguntó madre y Lily negó con la cabeza sin saber con exactitud.
- Estaba parada sobre una roca y, sentí el dolor en el pecho. Me caí, mamá.
- Está bien cariño, todo está bien- dijo Harry con una sonrisa. Hermione, tomó su varita y en poco tiempo, su pierna estuvo reparada.
- Gracias tía Mione- sonrió lily y Hermione, le dio un pequeño abrazo. La miró y con una sonrisa, la invitó a su habitación.
- ¿Quieres ver, lo que he comprado para mi hija?- le preguntó con una sonrisa y Lily asintió, tomando su mano.
- Eso es preocupante- confesó Ginny con recelo- Lily tiene una enfermedad que puede matarla...
- Descuida, lo resolveremos- dijo Harry y Snape, meditó. ¿Qué podría ser? ¿Una afección de nacimiento, en su corazón? Seguramente.
Hermione salió tiempo después de aquella habitación. Indicó, que Lily estaba dormida y que se sentía mejor. Severus, abrió lentamente la puerta y se introdujo en la habitación. Se sentó cerca de ella y la contempló. Si era una enfermedad del corazón, ¿Cuánto tiempo de vida le quedaba? No quería entenderlo, ni recordarlo. Lily, era una dulce niña.
Para cuando Lily abría los ojos, observó a su querido Severus, que estaba a su lado. Se sentó en la cama y sonrió con mucho cariño. Se le lanzó a los brazos y parecía nerviosa.
- Severus, yo no me quiero morir...
- No te vas a morir- sonrió él abrazándola. Lily estaba llorando y tenía mucho miedo. Severus le acarició la cabeza y permaneció sosteniéndola.
- ¿Y qué hago Severus? Me duele mucho...
- Estarás bien, te vamos a cuidar. Yo también voy a ayudarte...
- ¡No quiero quedarme sola!- chilló la niña. Sus ojos, estaban llenos de lágrimas. Con un suspiro, El joven Snape, se sentó en la cama y se recostó a su lado. Ladeó la cabeza, mientras ella estaba sentada en la misma.
- Vamos a dormir juntos ¿Quieres?
Ella, asintió con lentitud y se acostó en la cama. Se contemplaron por corto tiempo, hasta que Lily cerró los ojos otra vez. Se abrazó del joven y continuó durmiendo. Snape, intentaba dar con una causa lógica. El almuerzo estaba listo y Ginny quería saber si su hija quería comer. Al entrar los observó a ambos, que dormían sobre la cama. Sonrió y cerró la puerta. No pudo evitar llorar y eso, llegó a oídos de Hermione y de Draco.
- La curaremos- dijo Draco. Bien, ya tenían que curar a Snape y a lily. Sus hermanos, estaban tensos, preocupados. Inclusive, Scorpius.
- No quiero perderla- musitó su madre, con lágrimas en sus ojos- Mi pequeña Lily...
- Severus la cuidará, estoy segura- confesó Lily- muy pronto, todo se resolverá...
- Mientras, tenemos que hacer algo de alguna forma viable- pensó Harry. Ron, caminó lentamente hacia su hermana y colocó una mano sobre su hombro. Estaba devastada por la idea de perder a su pequeña.
Severus, despertó tiempo después. Con una sonrisa, acarició los rojizos cabellos de Lily que seguía fuertemente aferrada a él. No podría verla morir, no lo soportaría. De una u otra forma, había algo en esos niños que valía la pena rescatar. Ellos, aunque sonara cliché, eran el futuro del mundo mágico. Además, Lily era encantadora. Una dulzura, hecha niña.
Ella, despertó tiempo después y Snape, seguía allí. Sonriente, le dijo buenas tardes y le dio un beso en la mejilla.
- ¿Te sientes mejor?- le preguntó Snape y ella, asintió, dubitativa.
- Un poco. Gracias por quedarte Sevie, ya no tengo tanto miedo...
- Niños- comentó luna con una sonrisa- ¿Quieren comer un poco?- preguntó y la pequeña Lily, asintió. Se levantó de la cama y haló a Snape, fuera de la habitación. Al verla, Charlotte, Rose y el resto de los niños, les saludaban con ánimos. Ella, se sentó en la mesa y colocó la mitad de su comida, sobre el plato de Snape. Severus, sonrió.
- ¡Vamos a compartir!- dijo y sus compañeritos de juegos, asintieron. Charlaban muy animados y casi no se podía entender, el tópico que conversaban. Hermione, les observaba en el campo. Eran tan felices.
- Muy pronto, te unirás a ellos cariño- suspiró, acariciándose el vientre.-Muy pronto, seremos una familia numerosa.
- Avogo por eso- sonrió Draco, mirando a los pequeños- que ya somos numerosos.
- Sí, pero nunca está de más, nuevas sonrisas...
- No, tienes razón. Aunque, es un poco extraño. No sé, cuando pasé a ser Draco Malfoy el buen chico...
- Es mi culpa...
- Muy pronto, ya no me reconoceré- Draco, sonrió y Hermione se recostó en sus piernas, para continuar contemplando a sus hijos, a los hijos de sus amigos. Todas esas pequeñas caritas felices. Las cosas pronto mejorarían, puesto que ellos eran buenas personas. Todos ellos, inclusive los que se hubieran equivocado en el pasado. Tal cual es el caso de Draco Malfoy y del profesor Snape.
