Hola, hola! Aqui sigo feliz escribiendo esta historia, no pensé que fuera a ser tan larga, pero me he disfrutado mucho escribiendo sobre Stear. gracias por su comentarios y espero les siga gustando!

Capítulo 25

Las parejas se encaminan hacia la puerta principal de la mansión, donde sus respectivos abrigos les esperan igual que los vehículos que cada uno usará para tan importante evento. Albert le coloca el abrigo a su pequeña y juntos suben primero al coche. Candy exclama de alegría al subir a la carroza.

- Es como un cuento de hadas, Albert

- Me alegra que te guste – le dice mientras sube a su lado y la cubre con la bella manta de piel.

Archie y Annie suben al vehículo divertidos con la experiencia, y platicando sobre los vestidos de sus acompañantes.

Paty ha terminado de colocarse el abrigo y se acerca al inventor para ayudarle con el suyo. Con tranquilidad le abotona el abrigo y luego toma la bufanda colocándosela alrededor del cuello con lentitud y seducción. Stear sigue sin palabras admirando la belleza del la chica frente a él. Ella le coloca la bufanda cubriéndole la garganta con dos vueltas y cubriendo el pecho, acomodándola perfectamente entre las solapas del abrigo.

- Perfecto – dice ella al terminar y dejando sus manos en el pecho del hombre

- Gracias – responde el con una débil sonrisa mientras camina hacia el automóvil, donde ella le ayuda a subir y se acomoda a su lado. En cuanto el vehículo arranca ella se acurruca en el hombro del chico, permaneciendo los dos en silencio durante el trayecto.

Las tres parejas arriban juntas a la mansión del gobernador, por quien son recibidos. De ahí se encuentran con la tía abuela y la abuela Martha quienes no dudan en alabar la belleza de las chicas.

- William – le dice la matriarca – debes cuidar muy bien de Candice, deseo que se luzca como parte de la familia, pero no deseo que todos los hombres del lugar se abalancen sobre ella.

- La cuidaré perfectamente – responde Albert feliz con la idea de no dejar sola a su pequeña.

- ¡¿cómo?! – pregunta intrigada la chica – pero si yo vengo con Albert

- Candy – le responde Annie – tú no vienes como pareja de Albert, vienes como miembro de la familia y por lo tanto debes bailar con quien te lo pida.

- ¿Y ustedes? – pregunta ella tratando de entender la situación

- Paty viene acompañando a Stear y yo a Archie, pero tú eres un mimbro más de los Andrew

- Albert…

- Tranquila pequeña, tú considera que vienes conmigo y si no te molesta, estaremos toda la velada juntos

- No me molesta Albert, es… es lo que deseo – dice y se sonroja en cuanto pronuncia la frase

Albert se aleja con la chica para presentarla ante varios de los invitados. Archie lleva a Annie a bailar inmediatamente y los demás se sientan en unos sillones cercanos a la pista.

- Gracias – dice Stear a Patricia cuando le ayuda a sentarse y ella se sienta a su lado.

Las mujeres no tardan en conversar sobre las parejas de baile, los vestidos de las damas y el resto de los invitados. La pareja se mantiene en silencio, Stear sin saber que decir y Paty disfrutando de la presencia del hombre que ama.

- Patricia O´brian – pronuncia una voz masculina que saca de su ensoñación a la chica

- ¡John! – exclama ella levantándose de un salto de alegría - ¿Qué haces aquí? – le dice mientras le abraza. Lo que desconcierta no solo al chico sino a los que presencian la muestra de afecto

- He venido a Chicago a visitar a mi hermana y su esposo.

- Es maravilloso, ¿te quedarás mucho tiempo?

- Unas cuantas semanas más – responde feliz con el recibimiento – pero mírate Paty, te ves hermosa – dice haciéndola girar para admirar el vestido y lo bella que se ve.

Por unos momentos nadie dice nada y la abuela Martha es quien reacciona.

- John – dice ligeramente llamando la atención del chico, quien no deja de ver a su nieta.

- ¡Abuela Martha! – exclama sorprendido ante la presencia de la anciana, lo que provoca que la llame con tanta naturalidad

- Es un placer verte aquí – le dice ella mientras le extiende la mano y él no duda en besarla para saludarla – te presento a la señora Elroy Andrew

- ¡Andrew! – exclama sorprendido por estar ante una de las personas más importantes del país – es un placer, señora Andrew. Me pongo a sus pies, soy John Ryan.

- Mucho gusto señor Ryan – responde la matriarca tratando de disimular su enojo, no por la persona, sino por lo que sabe, le molesta a su sobrino – le presento a mi sobrino el Teniente Alister Cornwell

- ¡Alister! – exclama más para él y mira extrañado a la mujer frente a él. En su mirada de alegría él confirma lo que teme, que el hombre a su lado, a quien le han presentado como teniente es el Alister del que tanto hablaba Paty.

- Es él – le dice ella respondiendo a la pregunta que su amigo no pronuncia – está vivo

- Teniente Cornwell – le dice recuperando tranquilidad – es un honor – le dice estirando la mano hacia el hombre sentado frente a él. Stear responde el saludo pero no sabe que decir.

- Me enteré al poco tiempo de mi llegada a Chicago. Desde entonces he estado con los Andrew en compañía de mi abuela. – comenta Paty feliz de encontrarse con su amigo

- Entiendo. Así que ¿está Candy aquí también? – pregunta el chico

- Sí – responde ella con alegría – le dará mucho gusto verte, esta con Albert

- También a él me dará mucho gusto verlo – dice mientras hace ademan de solicitar ser conducido a donde se encuentran. Paty no piensa y le toma del brazo para llevarlo, pero antes de tocarlo, voltea a ver a Stear quien también ha visto todo y le dice que vaya ella y él esperará ahí.

Los viejos amigos caminan hacia otra sala donde se encuentran con el patriarca y la rubia, quienes reciben a John con mucho gusto y platican durante largo rato. John aprovecha para preguntar sobre Stear, enterándose de todo lo que han vivido. También se da cuenta que nunca mencionan que Paty y él hayan retomado su relación. Así que después de un rato en que las parejas se separan y Paty le pide volver a donde está el inventor; John no duda en pedirle bailar con él. Paty se desconcierta un momento, pero acepta.

La pareja baila una larga pieza que para el inventor es aún más larga, pero no dice nada. La abuela Martha les platica la relación que hay entre los chicos: John es un amigo que conocieron en Florida donde vivieron durante un tiempo; es un gran ingeniero civil con quien Paty pudo entablar amistad cuando aprendía mecánica en la empresa de la familia Ryan, donde la tía abuela había conseguido que le dieran clases a su nieta. Los dos habían aprendido a volar juntos y participaban en varios eventos de caridad dando espectáculos de aviación. Uno de ellos había sido al cual habían asistido Candy y Albert meses atrás. Stear escuchaba en silencio mientras observaba a la pareja bailar.

Al terminar la pieza, Stear piensa que Paty regresara a su lado, pero la pareja sigue parada por unos momentos, platicando alegremente. El inventor no puede más y se levanta tomando sus muletas para salir del salón de baile hacia una de las terrazas. Paty y su amigo no tardan en despedirse felices por su reencuentro y en especial por la felicidad que la chica irradia al tener vivo al hombre que ama. Su abuela la recibe diciéndole que Stear ha salido y que se veía molesto.

- Creo que está celoso – dice la tía abuela

- Pero… – exclama Paty no entendiendo el motivo pues John siempre ha sido solo un amigo

- Te puede hacer daño – dice la dulce voz de Paty mientras por la espalda le coloca el abrigo al inventor

- ¡Basta Patricia! – exclama moviendo su cuerpo impidiendo que le coloque el abrigo

- ¿Qué sucede? – exclama ella sentándose junto a él para colocarle la bufanda que también lleva

- Esto – le dice tomando la bufanda entre sus manos – mereces lo mejor del mundo Patricia… no deberías estar aquí cuidándome, deberías estar allá, con John, bailando

- ¡Eres absurdo Stear! – le dice mientras camina alejándose de Stear, rumbo al barandal de la terraza, tratando de calmar su enojo.

Stear no puede evitar sentir un escalofrío por todo su cuerpo al verla caminar tan seductoramente con ese escote.

- ¡Estoy harta de tu actitud! Con todos eres el mismo de siempre, alegre, entusiasta… ¿Por qué conmigo no?

- Prometí no hacerte sufrir

- Me haces sufrir con tu actitud – la chica no le mira, sigue viendo hacia los jardines de la mansión. Stear desea abrazarla, besarla… hacerla suya.

Colocándose bien el abrigo y tomando nuevamente las muletas, se levanta y camina hacia la mujer que ama. Ella se abraza a él y rompe en llanto.

- ¿Acaso no entiendes que te amo? – le dice llorando

- Paty… ¿Dime como no hacerte sufrir? – le dice con ternura apoyándose en ella para conservar el equilibrio y así poderla abrazar

- Quiero estar a tu lado, ¿tú crees que por ponerte una bufanda, me complicas la vida?

- Patricia…

- Amo al hombre con el que he estado este tiempo. Amo tu fortaleza para salir adelante, tu entusiasmo y alegría. Amo tus temores, esos que nunca podré imaginar y la entereza con que los enfrentas; amo la tristeza con la que vives a causa del dolor y el sufrimiento que experimentaste durante la guerra.

- Paty…

- Espera… amo tus debilidades, y sé que volverás a ser el mismo, que nunca te darás por vencido

- Quiero que estés consciente de que no soy el mismo de antes… nunca volveré a ser el mismo. No solo por lo que viví en la guerra, mis pulmones nunca serán lo mismo, me tengo que cuidar…

- Yo te cuidaré, déjame hacerlo. Déjame estar a tu lado y apoyarte en todo. Quiero estar a tu lado y si eso implica hacer algo por ti, si puedo cuidarte ¿Qué mejor? Tú también me cuidas Stear…

Paty le mira con dulzura y los dos se pierden en su mirar. Lentamente Stear se acerca a ella para besarle. Ella le responde con una fuerza inusual, abrazándole con fuerza y recorriendo con sus manos la espalda del hombre tratando de poseerlo. El reacciona igual dejando escapar todo lo que siente por ella. Recorre con sus manos la espalda desnuda de la chica y su cuerpo reacciona ante el contacto, el beso es cada vez más profundo e intenso. Son segundos que en realidad son una eternidad en amor acumulado que se entregan mutuamente.

Paty le coloca entre el barandal y ella y se abrazan durante varios minutos más, calmando su ansiedad. Stear observa el salón de baile desde donde está.

- Dame tiempo Patricia, y te prometo un baile inolvidable.

Nunca he dudado de tu recuperación… algún día bailaremos nuevamente juntos. Pero aún así lo que más deseo es volar contigo

- ¡Patricia!

- Te voy a convencer

- Dame tiempo, Paty…

- Mientras este a tu lado, te doy todo el tiempo que quieras – le dice ella con dulzura acurrucándose en su pecho