Astron: Muchas gracias 3 es exactamente lo que pretendía, me encanta como son los personajes y no me gustaria y lo se todos mueren por saber que pasa con el Inuyasha humano, prometo que muy pronto tendrán lo que me piden.

Marlene Vasquez : hahaha lee el capitulo para que sepas si le atinaste o no.

abusedanita-inu:

Que bueno que te guste mucho gracias (; disfruta el capitulo.

abuseMiu-nia: No voy a dejar de actualizar, no te preocupes por eso, solo lament la tardanza.

Hikaru Kino88 : Gracias, ya cumpli hahaha aqui esta la continuacion, por mas que me tarde, la voy a terminar hasta el final, lo juro.

abusehikary-neko : hahaha gracias (; y no te preocupes no me enojo ni nada, te creo XD, a veces soy muy distraida y cuando me retraso tanto como en esta occasion ni me pongo a darle la segunda revisada, me gana mas la emocion de querer subirlo como en este momento que este review no tenga ningun acento XD no mires! Hahaha y gracias por los buenos deseas, igualmente.

abuseakane : Vaya que si me tarde, pero esta vez prendí motores y fue mucho mas rápido, jajaja si lo admito soy algo mala, me encanta siempre dejarlo con la intriga y owww ya se 3, el romance ya esta muy latente entro esos dos, veremos que pasa ;3.

DISCLAIMER: LOS PERSONAJES NO ME PERTENECEN TOD

O ES OBRA DE RUMIKO TAKAHASHI, LA HISTORIA ES ORIGINAL MIA, Y ALGUNOS PERSONAJES.

Capítulo 23 La venganza de Kouga.

-¡Ya bastaaaaaaaaaaaaaa!- Gritó ella entre las lágrimas, algo muy extraño y brillante comenzó a emanar de Kagome, era como una especie de energía que comenzaba a salir de su cuerpo, Kouga herido como estaba miraba el espectáculo totalmente sorprendido al sentir esa enorme cantidad de energía provenir de Kagome, era algo que no había sentido jamas… era puro.

Kagome no se daba cuenta de lo que sucedía ella tenía los ojos cerrados con mucha fuerza mientras que aquella energía que irradiaba de ella comenzaba a cubrir aquella oscuridad de Iuyasha, comenzando por su pecho, el cambio fue muy claro, el demonio comenzó a abrir mas los ojos, el tono rojizo de sus ojos comenzó a disminuir un poco, hasta volver a la normalidad, sus garras disminuyeron un poco pero aun estaban completamente manchadas de sangre, el aura de Inuyasha cambio. En los brazos de Kagome, ella podía percibir que se trataba de el y no de un desconocido como pensó hace unos momentos cuando el había perdido por completo el control. Se quedó quieta, esperando la reacción de el, francamente ella no sabía como hacerlo, no se podía explicar lo que acababa de suceder, incluso momentos antes había pensado seriamente en decirle un abajo para que asi reaccionara, pero algo dentro de ella, luchó por salir, era como si alguien le gritara por dentro…. Sus pensamientos se vieron interrumpidos al sentir que sus manos eran tocadas con cuidado por las de Inuyasha, ella intentó buscar su mirada pero el miraba hacia el suelo.

-Inu…yasha.- Fue lo primero que ella dijo, intentando hacer que el hablará, miró hacia Kouga, el ahora estaba inconciente, no pudo soportar el dolor y en cuanto a los demás… solamente habían unos cuantos vivos, todos completamente inconscientes, heridos de una gravedad increíble, ella sintío que su cuerpo temblaba un poco, sentía escalofríos por aquella escena y el demonio en seguida notó como ella temblaba, alejó las manos de ella de su pecho y camino hacia adelante.- Espera… ¿A dónde vas? Estas herido… y ellos… igual debemos…

-¿Puedo pedirte un favor Kagome? – Escucharlo decir su nombre por lo general la intrigaba de una manera positiva… esta vez fue todo lo contrario. Inuyasha por su parte cuando Kagome hizó aquello y el volvío en sí, en su mente había revivido todo aquello, pero el era asi… el era un demonio sanguinario, un asesino, desde que se convirtió en un completo demonio, toda su vida se había dedicado a ello, nunca se le había removido la conciencia y en ese momento no se sentía capaz si quiera de mirarla a ella a los ojos… ¿Por qué? ¿Qué clase de cuentas le tenía que rendir? ¿Quién era ella? Nunca había estado en una situación similar, era la primera vez que había asesinado a sangre fría sin ser conciente de lo que hacia, se había enfurecido como nunca creyo, lo único que había en su mente es que tenía que acabar con todos esos malditos lobos sarnosos y lo logró…

-¿Qué cosa?- Preguntó la joven azabache casi como si estuviese susurrando, tenía una mano en su pecho, arrugando la tela de su blusa, como si lo que estuviera apunto de escuchar, hacia que su pecho doliese.

-Ve con los demás, ellos van a cuidarte bien, van a encontrar a Urasue… vuelve a tu casa y no regreses. – Fue todo lo que dijo, su voz había sido realmente fría, sin ninguna emoción en particular, él no estaba bromeando ni iba a retractarse. Kagome sintió como si el tiempo se detuviese mientras que Inuyasha por dentro sabía que por primera vez en su vida, estaba tomando una decisión sabia, el ya no podía estar más tiempo cerca de ella, eventualmente terminaría asesinándolos a todos y por mas cruel que fuera… en el fondo el no quería hacer algo así ni que Kagome tuviese que volver a ver lo que acababa de suceder. Comenzó a caminar y sintío como la mano de Kagome sostuvo su brazo, el no fue capaz de mirarla, no dejaba de ver el suelo, manchado de sangre.

-¿Qué estas diciendo? –Ella susurró pero en realidad no tenía buenos argumentos, por que todo lo que se le ocurría decir, sonaba realmente egoísta. Ella no quería que el se fuera pero eso era algo realmente egoísta, sabía que podía continuar y encontrar Urasue, solamente con la ayuda de Miroku, de Sango y de Shippo pero no era lo mismo sin el. –Si lo dices por lo que paso… no fue tu culpa, estabas fuera de sí… pero yo voy a ayudarte para que…

-¿Estaba fuera de sí? –La interrumpío enseguida y solto una pequeña risa, cruda y sacarstica.- Estas muy equivocada, solamente que tu no me conoces en realidad, esa es mi verdadera forma, yo soy asi, soy un demonio, disfruto de matar, cada vez que lo hago, solamente quiero más y más, no tienes ni idea, de lo bien que se sintío haberle atravesado la garganta a todos ellos, que tu no lo comprendas es distinto y no espero que lo hagas… solo eres una simple humana, será mejor que te vayas si no quieres ser la siguiente.- Dijo con mucha rudeza, a sus ultimas palabras fue capaz de voltear a verla y deseo no haberlo hecho porque la miro furioso, como si en verdad fuese capaz de lastimarla. Ella reaccionó ante su mirada porque enseguida soltó su brazo, parecía tan seguro de lo que estaba diciendo que ya no sabía que pensar… No, el no es así, esta mintiéndome.

El demonio dejó de mirarla y no le quiso dar tiempo para que lo volviese a detener simplemente dío un gran salto hacia el precipicio de la montaña, debí de alejarse lo más posible de ese lugar, de los recuerdos, de la ansiedad pero sobre todo… de ella.

-¡Espera! –Corrío hasta donde pudo antes de llegar al precipicio, no pudó alcanzarlo, solamente miró como su cuerpo descendía con hablidad y desaparecía entre los árboles. Se quedó mirando hacia abajo durante varios minutos aún sin poder creer lo que había sucedido, hasta hacia algunas horas, todo estaba muy bien, en verdad sabía que en un momento tendría que resignarse, porque volvería a casa y probablemente no los volvería a ver a ninguno de ellos pero nunca pensó que la separación comenzara tan pronto y de manera repentina… ¿Por qué de repente ya no se sentía tan entusiasmada?

Un quejido de dolor, la trajó de vuelta a la realidad, volteó a buscar el origen de tal sonido y se encontró con que el joven Kouga, estaba semi consciente, retorciéndose de dolor, sin poder moverse. Enseguida corrío hasta donde estaba él, necesitaban bajar la montaña para encontrarse con los demás y poder llevar a Kouga y a los heridos sobrevivientes a un lugar seguro para poder curarlos, era verdad que el la había secuestrado y dicho locuras pero su instinto le decía que lo correcto era ayudarlos, ellos podrían decirles algo sobre Urasue si se mostraba amable. –No se mueva, por favor, voy a buscar a mis amigos, ellos van a ayudarme a curarlo. – Kouga no dijo nada, no podía, estaba bajo demasiado dolor. Kagome se levantó sacudiendo un poco su ropa, se dío media vuelta para ver por donde iba a bajar pero como si alguien hubiese leído su mente, nuevamente Kirara aparecío, pero esta vez solamente venía Shippo sobre ella, la gata corrío sobre el aire hasta donde estaba Kagome, el pequeño zorro de un brinco fue hasta los brazos de la joven azabache.

-¡Kagome estas bien! ¡Que alegría!- Dijo con sinceridad el pequeño incluso tenía las lágrimas acumuladas en sus grandes ojos de color claro, la chica limpío algunas que se le habían escapado de sus mejillas.

-Si, estoy bien Shippo.- Dijo poniendo la mejor sonrisa que pudó, aunque no se sintiera bien, no quería preocupar más al pequeño.- ¿Dónde están el monje Miroku y Sango? –Notó que el venía solo y eso no era normal, en seguida se preocupó de que se hubiesen topado con el demonio Inuyasha y este les hubiese hecho daño… pero el no era capaz, al menos a ellos no, eso quería creer.

-Cuando tú nos dijiste que fueramos a otro lugar para poder curar a Miroku, Sango te tomó la palabra, encontramos una pequeña cueva cerca de aquí y en estos momentos esta atendiéndolo, por eso vine por ti. –Se asomó por encima del hombro de Kagome.- Oye… Kagome ¿Dónde esta Inuyasha? –Preguntó con curiosidad.

-¿Inuyasha? –La pregunta realmente no la tomó desprevenida, sabía que sería lo primero que iba a preguntarle pero temía tanto decirlo en voz alta, por que entonces sería aun mas real y se sentiría aun mas real su asuencia. – Bueno el...

-¿Qué paso aquí? –Dijo Shippo de repente, sorprendido y horrorizado por encontrarse con una escena tan horrible, había cadáveres de lobos por todo el suelo, incluso algunos estrellados y restregados contra las paredes de piedra de la cueva, dejando un rastro y manchas de sangre por todo el lugar, adempas de todos los chicos lobos inconscientes, incluyendo a Kouga. - ¿Fue… Inuyasha? –Preguntó con temor.

-Si… Shippo –Dijo suspirando, sin querer darle detalles al pequeño.- Hay que llevarlos donde están Sango y Miroku debemos curarlos o podrían morir.-Comenzó a arrastrar a algunos chicos porque no podía cargarlos, fue muy difícil subirlos al lomo de Kirara, Shippo no le protestó en ese momento, quizás porque la idea de imaginarse a Inuyasha lastimando a todos ellos, le horrizaba el pensarlo. Tuvieron que hacer varios viajes para llevárselos a todos. En el último viaje, Kagome finalmente subío sobre Kirara y esta se dirigío a la cueva, mientras estaban en el aire, la chica no podía evitar mirar hacia los arboles, tenía la esperanza de mirarlo, pero el era muy rápido y probablemente ya estaba demasiado lejos del lugar, nunca lo encontraría asi que suspiro y miro hacia adelante. La cueva no estaba muy lejos de donde habían estado pero si estaba algo escondido, la cueva apenas y podía distinguirse cuando bajabas por completo hasta tierra firme, estaba rodeado por enredaderas, estas tapaban el lugar casi por completo. En cuanto se bajo del lomo de Kirara, la exterminadora salío corriendo muy aliviada de ver a la chica a salvo, la gata salvaje volvío a su forma pequeña y tierna, volviéndose una pequeña gatita que camino hasta su dueña, esta se inclino en el suelo para cargarla.

-Me alegro que estes bien Kagome. ¿No estás herida, verdad? –Preguntó con verdadera preocupación mientras acariciaba el pelaje de Kirara, nerviosamente.

-No, Sango.- Dijo con una sonrisa porque le parecía algo realmente tierno, que Sango se preocupara por ella.- Estoy bien ¿Cómo esta el monje Miroku? –Dijo rápidamente antes que vienesen todas esas preguntas acerca del paradero de Inuyasha y lo que había sucedido exactamente, sabía que no podía huir de la realidad tanto tiempo pero aun no estaba lista para hablar de ello.

-El esta bien.- Dijo con una pequeña sonrisa- pero quien estaba realmente grave ese ese muchacho que tu trajiste, el chico lobo.- Al principio le sorprendío mucho que Shippo y Kirara no hubiesen regresado con Kagome si con todos esos chicos de la manada de los lobos, se supone que eran los enemigos, ellos fueron los que se la llevaron lejos pero entocnes su prometido, ya que se sintío mejor hablo con ella, le dijo que Kagome era una chica especial, que podía confiar en ella y había una razón por la cual, confiaba lo suficiente como para paedir que los curaran. Ella y Shippo se habían encargado de atenderlos a todos, con ayuda de algunas hierbas medicinales que ella conocía porque su padre le había enseñado el conocimiento más básico sobre ello, a quien no pudieron atender muy bien fue a Kouga, sus heridas iban más alla de su conocimiento.

-Entiendo… Se lo que debo hacer, por favor cuídalo Sango. Ire a buscar algunas hierbas medicinales para heridas graves, Kaede me las enseño antes de que viniésemos aquí.- Dijo con una leve sonrisa, en realidad aún no se sentía tan bien como para sonreír de inmediato.

-De acuerdo Kagome ¿Quieres llevarte a Kirara?-Preguntó notando que de verdad Kagome no estaba nada animada. Algo le decía que iba a rechazar el orfecimiento, que ella prefería estar sola al menos por el momento.

-No Sango, estare bien, Kirara esta muy cansada, tuvo que traer a muchas personas, será mejor que duerma un poco.- Quería estar sola por unos momentos, necesitaba mucho que pensar, los planes habían cambiado, ya no contaba con la ayuda de Inuyasha, había demasiado en su cabeza y tenía que comenzar a ordenar sus ideas. No le dío mas tiempo a Sango para depedirse, se adelante para ir al bosque y conseguir todo lo que necesitaba antes de que el sol bajara, no se alejó mucho, estaba consciente de que sí lo hacía iba a ser muy difícil encontrar el camino de regresó. Mientras reconocía la mayoría de las hierbas, gracias a la ayuda de la anciana Kaede, no podía evitar el pensar en Inuyasha, en lo que había sucedido, en como habían sucedido la cosas. Arrancó una planta para echarla sobre un canasto que Sango le había conseguido, no pude evitar si no mirar su mano y recordar aquel resplandor que había brotado de su cuerpo, como un monton de energía que se había acumulado y finalmente había explotado por fuera de ella era extraño, le recordaba a aquella vez que había practicado algo de arquería con la anciana Kaede, ella le había mencionado algo sobre su hermana Kikyo…. También estaba aquel oscuro resplandor que había visto e incluso sentido como algo muy oscuro y horrendo como la muerte misma, dentro del pecho de Inuyasha, fuese lo que fuese aquello, a eso le echaba la culpa de que el se hubiese puesto así, de no ser por ello, probablemente el aun seguiría con ellos.

En cuanto obtuvo todo lo que neceitaba para curar al joven Kouga, regreso a la cueva donde sus amigos y los lobos estaban refugiados y descansando.

-Que bueno que llegaste Kagome- Dijo Sango quien estaba inclinada aun lado del monje Miroku, este parecía inconciente pero mientras la exterminadora estaba dándole la bienvenida Kagome, la mano del monje Miroku comenzó a moverse lentamente por detrás de ella hasta llegar a su trasero, lo que provocó que Sango se quedará callada mientras la mano del monje comenzaba a masajear con delicadeza su parte trasera como si se tratara de la panza de buda y quisiera sacar suerte. Definitivamente no la obtuvo porque el puño de Sango se estrelló contra su cabeza, casi volviéndolo a dejar en la inconciencia.

-¡No se tome atribuciones que aún no tiene!-Dijo la exterminadora muy enojada, levantándose y llendo con Kagome para recibir indicaciones y ayudarle a curar la joven Kouga.

-Hay Miroku, ni enfermó aprendes la leccíon- Dijo Shippo quien estaba recostado sobre el estomago de Kirara y había visto el espectáculo desde primera fila, Miroku no le respondío, Sango tenía mucha fuerza porque el monje pervertido estaba como ido.

-¿Cómo sigue Kagome? –Le preguntó Sango muy preocupadamente a Kagome, quien estaba quitándole las hojas a algunas hierbas, mientras que ya había vendado en parte la herida mas profunda del chico lobo.

-No muy bien… -Tuve que admitir, ella no era una experta, aunque había recibido tan buenos consejos por parte de la anciana Kaede, nunca iba a llegar ni a los talones en la practica. Ademas había sido herido por Inuyasha, esa clase de conocimientos estaban mas alla de lo humano.- La herida es muy grave pero… creo que ya no es tan mal. – Sango observó al joven lobo, este tenía mucha temperatura, pero un poco menos que hace un rato, además ya no estaba quejándose del dolor y eso era muy buena señal.

-Oye Kagome… Se que no quieres hablar del tema pero…

-No digas mas… se lo que vas a preguntarme.- La interrumpío Kagome.- y también… se la respuesta y la respuesta es que… debemos resignarnos a que Inuyasha ya no va a ayudarnos, el decidió que tomaramos caminos distintos –fue todo lo que dijo mientras seguía atendiendo las heridas el joven lobo, realmente no estaba lista para dar detalles, ni quería hacerlo, simplemente diría que habían tenido una pequeña discusión, no se soportaron y el quiso irse. – El y yo discutimos… no lo soporto más y simplemente se fue, ya sabes como es de impulsivo.

-Si, es verdad, es muy impulsivo.- En realidad, no le creía del todo a Kagome, pero iba a respetar su decisión de no hablar al respecto aún.

-Bien, hay que dejarlo descansar-Dijo Kagome refiriéndose a Kouga.- Igual a los demás… en cuanto a los lobos y los fallecidos, pienso que lo menos que podemos hacer es enterrarlos como se debe ¿Qué dices? –. En realidad no es como si eso la hiciera sentir mejor o menos culpable, pero si era lo minimo que podían hacer para recompensar la masacre, en vez de dejar los cuerpos tirados y que el vientos y otras bestias hicieran su trabajo.

-Tienes razón Kagome, en cuanto Miroku despierte, le dire que nos acompañe.- Kagome asintío y se quedó velando por algunas horas la temperatura del joven Kouga. Antes de que cayera el sol, Sango y Kagome fueron junto con Kirara a juntar todos los cadáveres y recostarlos sobre un poco de paja que habían juntado, ya que no podían enterrarlos en una montaña rocosa, no había manera simplemente, tuvieron que trasladarlos pero como se les había ido la poca luz del sol, tuvieron que esperar hasta otro día para poder enterrarlos como era debido.

Apenas salío el sol y las dos jóvenes, junto con shippo y Miroku salieron de la cueva en la que estaban refugiados y se encontraban durmiendo todos los sobrevivientes de tal masacre, ninguno volvío a cuestionar a Kagome sobre lo sucedido. Kirara y Shippo habían ido a la aldea mas cercana para conseguir algunas herramientas y poder cavar las tumbas, trajeron unas palas y entre todos buscaron el lugar adecuado para realizar el entierro. La exterminadora y la joven azabache juntaron algunas flores que pondrían sobre las tumbas, no eran las exóticas ni hermosas, eran muy sencilas pero tampoco podrían haberse alejado para buscar una flor en especial, se conformaron con unas pequeñas y amarillentas flores con buen aroma, mientras el monje no tardó nada en comenzar a cavar, estaba recuperado por completo, lo curioso es que, la herida que había recibido de las garras de Inuyasha, ya había cicatrizado y casi no habían rastros de ella, pero la mano de Sango en su mejilla aun estaba ahí marcada, la exterminadora tenía una fuerza increíble lo que hacia que todos la pensaran dos veces, antes de hacerla enojar.

Para el medío día, los viajeros ya tenían echas todas las tumbas y fueron acomodando los cuerpos dentro de los agujeros, habían escogido un lugar, que se encontraba fuera del bosque, donde no habían sembradíos, ni nada por el estilo que pudiesen interrumpir, tampoco era un lugar escondido, asi los sobrevivientes podrían ir a visitar a sus amigos caídos. Colocaron las flores sobre los montículos de tierra , cuando terminaban una tumba por completo, el monje Miroku se inclinaba respetuosamente y se colocaba en posición de rezo, decía palabras muy breves pero que lo decían todo: "Que Buda se apieda de sus almas debido a su cruel destino". Eso ponía muy pensativa a la chica azabache, todos ellos eran al final de cuentas demonios, que visto en cualquier cultura, se diría que no tienen el perdón de su Dios, pero… ¿tendrían salvación sus almas por que habían fallecido de una manera muy cruel? Un momento… ¿desde cuando le importaban esas cosas? Ella no era ninguna creyente.

-Bueno, es todo, no podemos hacer más por ellos- Dijo el monje Miroku, mientras sacudía su ropa, después de haberse levantado de la última tumba. Aunque Kagome no les hubiese dado detalles, era muy obvio que Inuyasha había hecho todo eso.

-Si, si se puede. – Esa voz no era de ninguno de los viajeros, era una voz muy grave y masculina, antes de que saquen conclusiones, no se trataba de Inuyasha.

-Joven Kouga.- Dijo la joven azabache, mirándolo con sorpresa, el había estado insconciente desde que lo habían bajado de aquella montaña rocosa, sus heridas habían sido realmente graves, no había podido moverse, es por eso que nadie se esperaba que el despertara y llegara hasta donde estaban ellos. – No debería estar levantado, sus heridas aún no han sanado por completo.- Y eso se podía decir a simple vista, ya que el chico estaba parado en una posición que decía que con trabajo podía sostenerse de pie.

-Kagome… esa bestía tiene que pagar por lo que hizó y lo sabes.- Dijo fríamente, su mirada lo decía todo, el no iba a descansar hasta vengarze de Inuyasha, había perdido no solo a la mayoría de sus amigos, si no parte de su familia, realmente era comprensible que estuviese tan enojado.

-Calma, Kouga, Inuyasha es muy poderoso, deberías dejar que tus heridas sanen al menos.- Dijo el monje Miroku, quien en realidad no creía que las cosas se resolvían de manerica belica, de acuerdo a los principios del budismo, es decir, el comprendía que Inuyasha estaba siendo controlado por una fuerza mayor a el, ya lo venía sospechando de hace un tiempo, por que desde que se había unido a ese viaje con ellos, había dejado de actuar como un demonio que solamente quería asesinar, había notado algo en el, diferente, minúsculo realmente, pero estaba ahí, ese sentimiento de querer proteger a Kagome a toda costa… irónicamente ese mismo sentimiento lo había llevado a la perdición y termino siendo controlado por su lado demoniaco.

-No me importa… esa bestia me las pagará.- Kagome estaba apunto de acercarse a él para ayudarlo a llegar de vuelta a la cueva, pero Kouga retrocedío y comenzó a alzarles la voz a todos ellos. - ¡Y ni se les ocurra intereferir, porque voy a hacer lo que sea necesario, para quitar los estorbos del camino!-Con esto ultimo le dío una ligera mirada a Kagome y con las pocas energías que le quedaban, formó un remolino y desaparecío. Agredecía en verdad lo que habían hecho por sus amigos, el enterrarlos por respeto, como era debido, pero no era suficiente, esa maldita bestía iba a pagar todo lo que les había hecho a sus compañeros y ya sabía a quien buscar, a la misma persona que lo había contactado en primer lugar, así es, el buscaría a la bruja Urasue.

Los viajeros se quedaron en silencio por unos momentos, no estaban seguros de que decir, toda la situación en si ya era muy agotante.

-Yo digo… que nos regresemos a descansar, mañana será otro día, Shippo y señoritas.- Dijo el monje Miroku intetando acabar con la tensión en el ambiente.

-Miroku tiene razón, esto de cavar tumbas, me dio mucho sueño.-Dijo el pequeño zorro, mientras se le salía un bostezo y es que todo lo que habían hecho no era un lugar para niños, el no quería seguir ahí, le recordó mucho a lo sucedido con su padre, como había fallecido, tras haber sido asesinado por los hermanos relámpago. No era algo que le gustara recordar, había quedado solo desde entonces, su único amigo había sido la pulga Myoga, quien lo había encontrado poco después del incidente, el mismo Myoga había ayudado a Shippo, dándole algunos consejos sobre los lugares en los que podía ocultarse de esos hermanos, aunque ya no eran un peligro en realidad, aunque nadie estaba enterado, la pulga Myoga le hablo de los hermanos relámpago a Inuyasha, asi que el demonio acabo con ellos en un instante, cuando el zorrito se entero de aquello le pregunto a la Myoga si podía agradecerle a su amo de alguna forma, pero este le dijo que lo mejor era mantener la distancia, que no era una persona que disfrutara si quiera de la compañía de otros pero aun así el pequeño quería agradecérselo de algún modo. Los rumores empezaron a correr, sobre la chica que vestía con ropas extrañas, que venía al parecer de otro mundo y que casualmente iba acompañada de esa bestia que había asesinado a los hermanos relámpago , estaban en busca de una bruja de nombre Urasue, asi que por su cuenta se puso a investigar y fue cuando recibió la información de que la bruja estaba en esas montañas del sur, donde en realidad vivian los hombres lobo, esa fue su forma de pagarle… claro que Inuyasha no sabía, porque no lo conocía, Myoga nunca le dijo nada sobre el pequeño. Lo que era muy raro sobre todo, es que estaba seguro que la bruja había estado en las montañas, no los lobos y aun asi, Kouga conocía a la bruja, había sido como una especie de trampa…

-¿En que estas pensando Shippo? – Preguntó la joven azabache, notando que el pequeño no había dicho nada desde hacía un rato.

-No, nada Kagome –Dijo sacudiendo la cabeza y poniendo una gran sonrisa, no quería preocupar a nadie, asi que le fue muy fácil olvidar aquello y preguntarse que era lo que iban a comer, todos se convencieron con su sonrisa y caminaron de regreso al refugio….

…..

El joven Kouga había llegado hasta una especie de cañon, el lugar era aterrador por si solo, no había ningún tipo de vegetación, todo estaba completamente muerto, ni si quiera había rastros de que algo hubiese estado vivo alguna vez, era como si dentro de ese lugar, la vida dejara de existir, Kouga conocía ese lugar perfectamente por que la primera vez que vío a Urasue y a su hija, las había encontrado en ese mismo lugar….

….. .….

Era un simple día como cualquier otro para el líder de la tribu de los lobos del sur, Kouga, estaba corriendo tan rápido como podía sobre las copas de los árboles, era tan veloz, que a la vista de cualquiera, no podía ser visto a simple vista, lo único que se podía distinguir, era como un fuerte viento, movía por unos segundos las hojas de los árboles. El joven Kouga había salido para dirigir la cazerpia de los nuevos miembros de la tribu y es que como el líder, el debía estar al pendiente de todos, enseñarles las técnicas para defenderse de otros demonios, por ello el se encontraba en lo mas alto, los miraba a todos desde arriba. El clima estaba perfecto para ellos, con un cielo totalmente despejado, viento ligero, lo que hacía mas fácil detectar el aroma de todos los demonios que vivían en el bosque, era como una tradición, los nuevos miembros debían ir a buscar comida para los demás como un agradecimiento por acogerlos. La principal razón por la que no debía dejarlos solos, era debido a los rumores que estaban corriendo, últimamente por la región sobre una poderosa bestia que llevaba consigo la valiosa perla de shikon y no es que el líder de los lobos tuviese miedo, claro que no, Kouga no le temía a nada, pero sus recién unidos no eran lo suficientemente fuertes para enfrentarse a alguien de tal magnitud, el era muy protector en cuanto si se trataba de los suyos. En lo personal el había estado persiguiendo la perla de Shikon desde hacia un tiempo y al enterarse de que un demonio se había apoderado de ella, lo había visto mas bien como un reto pero nunca había tenido la suerte de toparselo.

Se quedó parado suspirando y sonriendo de lado, muy altaneramente, se sentía orgulloso de su tribu, estaba apunto de bajar para ordenarles a todos que se regresaran pero no lo hizó porque hubo algo que captó su atención, era una especie de presencia maligna que nunca antes había percibido, siguío corriendo sobre las copas de los árboles, notaba que conforme se acercaba mas a aquella presencia, el paisaje iba cambiando ligeramente, cada vez había menos color, menos vida, menos aromas, y menos árboles, ya que después de un buen recorrido se quedo sin ellos, y tuvo que bajarse para poder perseguir aquello que estaba sintiendo. Se detuvó justo cuando el paisaje había cambiado radicalmente, era como entrar en otra dimensión, donde la vida, no podía existir, excepto quienes pasaban de lago por ese lugar, esa presencia oscura estaba en todos lados, no podía saber exactamente en donde se encontraba lo que buscaba…

-Así que tu eres Kouga, debo admitir que tu velocidad es impresionante.- Se escuchó una voz femenina, que denotaba que se trataba de alguien de muy avanzada edad.

-¡Muestrate ahora! ¿Cómo me conoces? ¿Has estado espiándome? –Preguntaba el líder de los lobos mientras giraba su cabeza hacia todas las direcciones posibles.

-No puedes verme, estamos en dos mundos completamente diferentes, estoy usando un hechizo muy poderoso para que puedas escucharme, mira arriba de ti.

-¿Qué? –Kouga levantó la cabeza encontrándose con una especie de acumulación de nubes oscuras que despedían una energía maligna, de ese lugar provenía aquella voz, dio un salto y alisto sus garras para atrevesar las nubes pero no sintío absolutamente nada como si en realidad no hubiese nada ahí.

-Tonto, te dije que tu y yo, estamos en mundos completamente diferentes.- La voz de la anciana hacia eco en el lugar, aquella nube solamente era una especie de ilusión.-Escuchame muy bien, se que quieres la perla de Shikon, tu sabes que esta en manos de un híbrido que se convirtió en un demonio por el poder de la perla. –Eso llamó la atención de Kouga de inmediato, se cruzó de brazos y alzo una ceja para seguirla escuchando. – Puedo ayudarte a conseguirla, pero debes hacer algo por mi primero.

-¿Qué cosa? –Dijo con brusquedad, realmente no confiaba en una persona a la que ni si quiera podía verle la cara pero realmente si no conocía a aquella persona, dudaba que lo fuese a meter en una especie de trampa.

-Ve a las montañas del sur, voy a hacer que aquel demonio vaya hacia a ti, con el va una joven sacerdotisa, la necesito, es la única que puede recuperar la perla de Shikon… si tienes éxito, yo misma te entregare la perla.

-No entiendo, si me la vas a dar ¿tu que estas ganando?

-Ese demonio esta buscándome, una vez que se quede sin la perla, podrás matarlo y yo me abre librado de él….

. ….

-Bruja ¿donde estas? –Kouga alzó la voz hacia el cielo, estaba furioso y eso era decir realmente poco, por culpa de esa bruja y sus planes fallidos, esa bestia había asesinado a la mayoría de su tribu, eso jamás iba a perdonárselo pero tenía que ser astuto, la bruja no se encontraba en su mundo y era el menor de sus problemas, primero se encargaría de esa bestia. – Tu plan falló.

-No, ninguno de mis planes es un plan fallido… solamente se retraso un poco.- Las nubes oscuras se formaron nuevamente sobra la cabeza del líder de los lobos, llamando la atención de este y sonriendo de lado, apretando los dientes.

-¿Un retraso dices? ¡MIS COLEGAS ESTAN MUERTOS! ¡QUIERO LA CABEZA DE ESA BESTIA! –La voz de Kouga, era mas como un rugido, que de haber personas alrededor, fácilmente se hubiesen asustado. Se escuchó una ligera risa por parte de la anciana.

-En eso ya me adelante querido, tómalo como una ofrenda de paz, tu no puedes matar a Inuyasha, no mientras tenga la perla de Shikon dentro de él, pero hay alguien que esta completamente a su altura, en quizás… abrás escuchado alguna vez de él….

No estaban seguros de cuanto tiempo habría pasado desde la ultima vez que habían visto a Inuyasha, probablemente una seman y media, buscando la exactitud. No podría decirse que tenían avances, desde que aquella noche trágica, toda pista sobre la bruja Urasue se había perdido y lo que fue aun mas terrible, es que ninguno de los lobos a quienes habían curado conocían a esa bruja, les contaron que solamente su líder Kouga, era quien había tenido contacto con ella, a quien no habían visto desde aquella vez en la que estaban cavando las tumbas. El ánimo del grupo se había venido un poco abajo, sobre todo porque Kagome estaba realmente distraída, todos lo notaban pero no se atrevían a decirle nada, con el miedo de verla aún mas triste, si hablaban sobre ello en voz alta, la joven siempre se preguntaba el que estaría haciendo el, que seguramente estaba solo y enojado consigo mismo por lo sucedido, lo que era aun mas preocupantes es que antes sus pensamientos solían estar llenos acerca de su familia, de como regresar a casa y ahora, había momentos en el que olvidaba lo que estaba haciendo, era realmente extraño, como si… hubiese perdido algo realmente importante, una motivación, una parte de ella pero ese algo… ¿No podía ser Inuyasha cierto?

-Excelencia… Kagome me preocupa mucho.- Sango ya no solía llamar a Miroku de esa manera, no desde que las cosas entre ellos se habían arreglado, pero se sentía mal por su amiga, ella apreciaba mucho a Kagome era una de las personas mas valientes que conocía y sobre todo compasivas, sin conocerse, ella la apoyo con respecto a la pelea que había tenido con el monje Miroku.

-A mi también Sango… pero no hay mucho que podamos hacer al respecto, ella necesita sanar, necesita tiempo, volver a encontrar aquella motivación que antes solía tener.- Tomó una de las manos de Sango y la apretó con gentileza mostrando que ambos estaban juntos en esto, que iban a superarlo. Sango le sonrío un poco por su gesto, podría decirse que estaban en una de tantas pruebas que la vida iba a mandarles, pero la verdad es que la prueba apenas iba a comenzar y es que alguien los miraba desde lejos. Una persona que había sido persuadida por Urasue, cuyo principal objetivo era Inuyasha pero era tan listo como para saber como atraerlo, si seguías la fría mirada de aquella persona, te podría llevar directamente hasta donde estaba sentada la joven azabache, cabizbaja, con un pequeño zorro mágico dormido en su regazo.- Así que… ella, es la sacerdotisa de otro mundo, esto será muy intersante…

XD Creo que ahora me tarde mucho menos en actualizar yay! Procurare hacer el siguiente capitulo muy pronto, la verdad me estoy comiendo las uñas yo también por esto chicas O:

¿Quién creen que sea el aliado de la bruja Urasue?