Sorpresas, honor y Leo

"¿Qué estás haciendo aquí, Hinoka?" Preguntó Corrin haciéndose paso hasta ella, con el corazón en un puño.

La pelirroja no se puso colorada porque le faltase el aire en ese momento, sino porque ahora comenzaba a darse cuenta de que ni su gorro ni sus gafas estaban donde debían estar.

"¿Corrin? Eh… yo… he venido para…" Comenzó a decir, observando las reacciones a su alrededor. Las palabras se hicieron de piedra en su garganta, negándose rotundamente a salir pese a lo mucho que Hinoka las necesitaba.

El heredero al trono seguía impasible, seguramente preparándose para deliberar lo que hacer según su respuesta. El príncipe Leo estaba pensativo, mirando alternativamente a Miles y a la princesa. En cuanto a Camilla, ella permanecía en silencio. Su mirada… no le profesaba el odio con el que la atacó en la montaña del sabio.

Orochi la reconoció en la distancia, pero decidió encoger la cabeza, demasiado avergonzada de mostrar nuevamente su rostro a una conocida. Especialmente cuando se había unido al enemigo. Se había quedado sensible tras lo de Kagero.

"Señor Miles, ¿me podría explicar qué está sucediendo aquí?" Le preguntó entonces Arthur al psicólogo, ayudándole a levantarse.

"Claro." Asintió el de las gafas, completamente impasible ante el tenso ambiente. "El joven que cogimos para aquello resultó ser la princesa Hinoka. Qué mala pata, ¿eh?" Sonrió, escondiendo algo de verdad tras sus palabras. Desde el momento en el que la descubrió, se sintió fatal. Si alguien le acusaba de traidor, no pensaba negárselo, por mucho que le doliera el pecho entonces. Se había encariñado demasiado con aquella panda de locos.

"¡Oh, no! ¡Os he contagiado mi cruel destino! ¡Os ruego que me perdonéis!" Se disculpó Arthur, mostrándose realmente afectado. Miles le intentó animar, negándole que fuera su culpa. Si hubiera que culpar a alguien, que fuera al juguetón destino, ¿no?

El héroe entonces se distrajo al ver pasar a una peliblanca por delante suya. Effie subió las escaleras al piso superior para ir a por Elise, quien tenía mala cara. Había llorado. Sin su sonrisa, el mundo había perdido un sol. Tanto Nyx como Orochi acordaron distorsionar los hechos. Si le contaban a la vasalla por lo que pasó su señora… ni siquiera la augur sabría decir si Effie no se suicidaría de la vergüenza y de la pena.

En cuanto a Elise, la inundaba una profunda tristeza, pero por suerte para el universo, las personas tenemos recursos para bloquear los malos recuerdos. Y la princesa había olvidado por completo lo que pasó momentos antes. Solo sabía que estaba triste por alguna razón, y ver la herida en la cabeza de Mozu le daba una pista sobre por qué podría haber sido.

Miles quiere dejaros bien claro que si alguna vez le pidiese ayuda para recordar, aunque supiera cómo hacerlo, se negaría. Si uno bloquea los recuerdos, hay una buena razón tras ellos. Liberarlos solo le haría más daño.

Silas le tocó la espalda al psicólogo, con el ceño fruncido. Miró a la hoshidana durante unos segundos antes de volverse a él para preguntar.

"¿La has estado escondiendo?" Le demandó saber, con una gravedad en su voz que nunca antes le dio a escuchar. La verdad solo era una, y como amigo suyo que era, se la daría, por dura que fuera.

"Sí." Contestó, planteándose brevemente cómo se sentía al respecto. "No sabía qué hacer, Silas. Me hubiera encantado poder pedirte consejo, pero me temo que si lo hubiera hecho te habría cargado con el secreto, y no quise hacerte eso." Contó, imaginándome lo desastroso que habría sido obligar a Silas a mentir. Ni lo hubiera logrado, ni le habría sentado bien.

El caballero se alteró, aunque no sabría decir si fue porque Miles admitió su culpa o porque decidió no pedirle ayuda. Fuera lo que fuera, la princesa por fin se armó de valor para hablar.

"Vine a por ti, Corrin. Mi objetivo era traerte de vuelta a Hoshido." Admitió Hinoka, valiente, alzando la voz lo suficiente para quedase claro. Xander apretó sus cejas, molesto con lo que oyó.

"Como me imagi-"

"Pero he cambiado de parecer." Interrumpió Hinoka, con firmeza. Normalmente, Xander se habría molestado por ser cortado, especialmente por su enemigo, pero la intriga que le despertó fue suficiente como para que hiciera la vista gorda.

"¿Qué decís? Explicaos." Pidió el rubio, envainando su fiel espada Siegfried en su funda. Leo pasó a examinar a su hermana. Era la que más le preocupaba. Con la inicial mención de sus intenciones, la pelimorada afiló tanto sus ojos que bien podrían cortar. Le sorprendió que no la hubiera agredido todavía. ¿Qué la retuvo?

Miles también sabía de la territorialidad de la princesa. Una de sus teorías sobre por qué le trató mal cuando se conocieron fue de que al saber que él había escuchado los lamentos de Corrin en su lugar, se sintió atacada, viendo su papel suplido por mi profesión. Por eso estuvo tan cariñosa con él después de aquello.

La cuestión era que Hinoka había hablado de apartar a Corrin de su lado, lo cual sería impensable para la pelimorada. En casos normales, era de esperar alguna amenaza. Pero Camilla no hizo nada de eso. Sencillamente, estaba ahí, quieta, sin decir palabra.

Hinoka se volvió a Xander y a Leo, alzando la cabeza para hablar las cosas claramente.

"Siempre pensé que mi hermano creció solo y triste, sin una familia que le quisiera. Por eso, cuando volvió con nosotros, no pude sentirme más aliviada." Contó, llevándose la mano al pecho.

"Pero al verle darnos la espalda cuando le tendisteis la mano… no creo haber experimentado mayor dolor en mi vida." Murmuró, apretando los dientes con el mero recuerdo de su agonía. "No solo tuve que enfrentarle como a un enemigo, sino que también debía aceptar que vuestros 'engaños' le apartaron de mi lado." Xander se habría enfurecido por cómo se expresó, pero Leo le contuvo alzando un brazo por delante suya, pidiéndole algo más de tiempo.

"Creía que solo os aprovechabais de él para causarnos más dolor… pero… me equivocaba." Sonrió, relajando la expresión, como si no estuviera delante del enemigo ni nada. Entonces se volvió a Camilla, haciendo su mejor esfuerzo para no mostrarse lo intimidada que estaba.

"Desde lo más profundo de mi ser, os doy las gracias." Dijo, arrodillándose para tocar el suelo con la frente. "Fuisteis la familia que no pudimos ser para Corrin, pero fuisteis una familia de verdad pese a no compartir la misma sangre. Gracias por romper todos mis temores…" Murmuró, dejando salir sus emociones de alivio

¿Quién se habría imaginado que la princesa Hinoka se arrodillaría ante sus enemigos expresando gratitud? Nadie, os lo digo yo, que soy el narrador omnisciente.

Miles estaba ansioso, sin comprender lo que estaba ocurriendo. Se perdió en la parte en la que había estado intentando ocultar a la princesa, preparado para recibir su castigo. Llegó a pensar que sería encarcelado durante años.

Leo parpadeó varias veces, notando cómo las emociones se le subían al cuello. No las permitió salir. Hizo un esfuerzo sobrehumano para permanecer sereno, pues debía examinar la situación.

Elise estaba algo desorientada, ya que no sabía ni quién era la persona que estaba hablando. Todavía no la había reconocido sin su conjunto rojo y blanco. Xander seguía neutro, como siempre, pero parecía más relajado que antes. ¿Sería alegría lo que asomaban a sus ojos?

Camilla agachó la cabeza para observar a la princesa, con una expresión seria. Leo comenzó a sentirse intranquilo al no poder saber lo que pensaba su hermana.

"Hinoka…" Llamó Corrin, sorprendido por sus palabras. Parecía querer abrazarla, pero se detuvo al estar ante sus otros hermanos. Sabía que si lo hacía parecería que quería aceptar a su otra familia. De hecho, es que quería, pero ninguno de los bandos aceptaría al otro.

Camilla se dio cuenta de aquel detalle, mirándole de refilón. Era una experta cuando se trataba de Corrin tras todos aquellos años.

La pelimorada levantó a Hinoka, tirándole del brazo. 'Hilda' se levantó torpemente, sin comprender lo que estaba pasando, o quien la estaba ayudando. No vio venir aquel abrazo.

"Siento haberos quitado a Corrin." Le susurró Camilla, únicamente audible para los que estaban cerca. Selena corrió a acercarse al notar aquello, arrastrando consigo a Odin y a Beruka.

Camilla pasó su cabeza sobre el hombro de Hinoka. Con el pelo que le cubría la cara, casi nadie podía ver su expresión, pero Miles fue uno de los afortunados. Tenía los ojos cerrados y apretaba los labios. Un brillo en sus párpados le delató un proyecto de lágrimas. Nuestro psicólogo se quedó completamente sin palabras.

Él habría deseado hacer un análisis sobre aquello, pero estaba demasiado impresionado como para ello, así que lo haré en su lugar, para vuestro contento.

¿Por qué Camilla se estaba disculpando con Hinoka? Hablar con Hilda, hace unos capítulos, le recordó que la llegada de Corrin fue lo que trajo a su familia más junta que nunca. Recordó una de las poderosas razones por las que amaba a su hermanito, y cometió el error de ponerse en el lugar de la hoshidana.

Si ella hubiera tenido un hermano como él, y que de repente le secuestraran para que viviera su vida con unos supuestos monstruos, muy probablemente ella habría hecho exactamente lo mismo. Y ese pensamiento entonces la llevó a una conclusión inevitable.

En el fondo, daba igual que fuera Hilda, una joven marinera, o Hinoka, una princesa de Hoshido. Seguía siendo una chica que quería a su hermano, al igual que ella. Viéndola así, no tenía forma en la que pudiera rechazarla, pues hacerlo sería como rechazarse a sí misma.

Muchos en la cubierta vieron por primera vez a un impresionado Xander. Leo era menos cortado a la hora de mostrar su sorpresa, dejando caer su mandíbula y moviendo la cabeza, como si aquello fuera una especie de ilusión. Elise parpadeó muchas veces, sorprendida por lo que veían sus ojos. No sabéis el alivio que sintieron muchos al verla volver a sonreír, corriendo a donde estaban. Effie soltó un suspiro de alivio, mientras Nyx la compadecía silenciosamente con unas palmaditas.

Silas no llegó a ver la expresión de Corrin, pues le estaba dando la espalda, pero pudo ver la sonrisa de oreja a oreja de Felicia, por lo que dedujo que debía estar poniendo una cara impresionante. Azura tampoco se quedó impasible, con una tormenta de sentimientos confusos sacudiéndola.

"Está bien. Le necesitabais mucho más que nosotros." Contestó Hinoka, correspondiendo al abrazo. Hablaba como cuando era Hilda, ahora tratando a la princesa con una cercanía antinatural. "Además, "dijo mientras se separaba" nosotros también os quitamos un tesoro." Contestó, pasando el brazo sobre el hombro de Azura, pellizcándole la mejilla como solía hacer cuando eran pequeños.

La peliazul no logró contener más las lágrimas, desbordada por la emoción. Abrazó a Hinoka, contra quien se tuvo que enfrentar en numerosas ocasiones pese a ser básicamente familia. La pelirroja sonrió a la cantante, pasando sus brazos alrededor de ella. ¿Por qué tuvo que irse de su lado también? Se preguntó.

"Aún me tienes que contar cómo fue su infancia. Yo ya te he contado mucho sobre Corrin." Añadió Camilla, interesándose por la peliazul. "Así podré ver la clase de vida que has llevado, querida." Sonrió a su hermanita, acariciándole el cabello.

Elise llegó con ellas, uniéndose a los abrazos mientras se reía. Ella también quería divertirse. Vaya cuadro, ¿eh? Corrin no pudo seguir de pie, cayendo al suelo, ayudado por Silas para que no se hiciera daño. Felicia y Jacob comenzaron a curar a los heridos. La sirvienta se ocupó de los hombres en los niveles inferiores, mientras que el mayordomo comenzó a tratar a los que estaban allí mismo, ahora con su pierna sanada.

Niles y Orochi llamaron a Lilith, llevándose a los piratas a la prisión del plano astral. El primero se burlaba del trío de líderes derrotados. El arquero ágil apenas se molestó en enfadarse, ya que estaba de buen humor; el peliazul mago no paraba de quejarse de las tácticas lascivas de las mujeres y el de la cresta rosa solo agradecía seguir con vida, encontrando las burlas de Niles incluso reconfortantes. La pelimorada habría intentado poner algo de paz, pero en aquel momento solo quería irse de allí cuanto antes.

Miles comenzó a caminar, moviéndose mecánicamente mientras hacía extraños quiebres. Evitó acercarse a las princesas, temeroso de romper su milagrosa burbuja. Tenía ciertas cosas que comprobar con urgencia. Segundo, ¿qué cara tenía Corrin? En primer lugar, ¿qué reacción estaba teniendo el gran jefazo Xander? Cuarto y último, ¿cuándo iba alguien a recriminarle sus actos? Eh… sí, así de confuso se sentía.

¿Y dónde se habían metido los protectores de la princesa? Escaneó la zona, notando un par de barriles próximos a las princesas. ¿Desde cuándo habían estado ahí? No son ninjas por nada, supuso. Pobrecillos, la tensión que debían tener en ese momento debía ser enorme, al no comprender lo que estaba sucediendo.

Keaton olisqueó el suelo cerca de ellos, dándose cuenta de quienes se ocultaban en los barriles. Los levantó de un solo movimientos, revelando al dúo de ninjas. Uno tenía el pelo verde y una bufanda morada alrededor de su cuello. El hombre tenía un adorno en la frente algo similar al de Xander. Llevaba ropas oscuras, y al igual que su compañera, llevaba el pecho relativamente expuesto, pero supongo que tanto Orochi como Odin eran sus contrapartes.

Entonces Keaton cogió las pelusas que había en los barriles, llevándoselas alegremente a Benny y a Kaden, quien pensó que las encontrarían apasionantes. ¡Nunca antes había visto una pelusa tan larga y bella! El zorro cedió en lo de que era bonita, pero se negó a tocarla.

Los ninjas se pusieron espalda contra espalda, dispuestos a luchar hasta el final de ser necesario. Hinoka acudió a su lado, pidiéndole que bajaran las armas. Los ninjas se resistieron al principio, pero cuando la pelirroja insistió, se subyugaron a su rango, encontrando aquello de locos.

La princesa se disculpó por el susto que dieron los recién descubiertos, confesando que nunca fue su intención ir acompañada. Debieron verla cuando salió en su misión.

Elise se acercó a la mujer hoshidana, halagándola por ser tan guapa y madura. Ésta ignoró todo lo que le dijo, impasible. Charlotte se acercó a ellas, atraída por tener delante de sí una escena familiar. Además, se sentía más segura estando allí, donde podría proteger a la princesa de ser necesario. Effie tuvo la misma idea, pero la rubia fue más rápida.

Corrin entonces saludó alegremente a Kaze, quien se mostró algo incómodo con todo aquello. El peliblanco no se le ocurrió mejor idea que presentarle a Silas, quien recelaba del ninja. Se dieron la mano mientras intercambiaban miradas de las que saltaban chispas.

Miles se acercó a Xander, llamando su atención con unos tosidos. También se ganó la de Leo.

"Señor Xander, reconozco que he ocultado la identidad de la princesa a partir del momento en el que me reveló quien era y me pidió ayuda. Aceptaré cualquier castigo que queráis darme." Reconoció, inclinándose levemente hacia él.

El dolor en su mano le recordó que debería haber ido a hablar primero con Felicia, pero ya era demasiado tarde. De todos modos, quería pagar por sus crímenes, con carácter urgente. No podría mirar a nadie a la cara si no lo hacía.

El príncipe se volvió al psicólogo, sorprendido por su intervención. Literalmente, se le había olvidado aquel detalle, pues los presentes eventos le anonadaron demasiado.

"Déjame que yo me ocupe de él, hermano." Pidió Leo, intercediendo por el de las gafas. "Tengo mucho de lo que hablar con Miles." Añadió, con una cara que le puso los pelos de punta. A diferencia de lo tímido que solía ser, ahora derrochaba seguridad, pareciendo alguien mucho más impresionante que de costumbre. Fue como cuando Miles le vio por primera vez. Imponente.

"Claro. Te lo agradezco." Contestó Xander, llevando sus pensamientos de vuelta al pequeño pánico que sintió. Es normal. Lo que estaba pasando delante de él no tenía nada de político, y al ser ese el campo que él mejor dominaba, no se sentía nada cómodo fuera de él.

Leo agarró del brazo al rubio, llevándole a un pasillo interior al que se accedía desde la cubierta. Unos marineros se apartaron para dejarles pasar, intimidados por el príncipe.

"¿Qué va a pasar ahora, princesa Camilla?" Preguntó la pelirroja, observando como Elise rompía las barreras entre ella y la ninja, a base de sonrisas. Kagero no llegó a decir palabra, pero su expresión comenzó a cambiar. Era débil a los elogios sobre su aspecto. Charlotte, a regañadientes, aceptaba algunos de ellos, recelosa de la ninja.

Camilla soltó un suspiro, observando a Corrin intentar relajar las cosas un poco entre sus amigos. Silas era el más territorial de los dos, pero Kaze no estaba dispuesto a dejar que su vínculo con el señor Corrin fuera menospreciado. En el breve tiempo que se conocieron, aprendió mucho de él: lo suficiente como para saber la clase de persona que era.

"Eso lo decidirá Xander, me temo. Que hayas abordado el barco en el que pretendíamos ir a Hoshido supone muchas cosas. Si te dejáramos ir ahora mismo, sabríais de dónde venimos, y no sería descabellado pensar que nos emboscaríais en el puerto. Nuestro padre lo haría." Argumentó la princesa, arrugando las cejas. Por mucho que quisiera ayudarla, los asuntos políticos eran demasiado delicados para ella tratar.

La pelirroja guardó silencio, pensativa. Al parecer el rey tampoco gozaba de mucha popularidad entre sus hijos. No es de extrañar, tras la de monstruosidades que ha hecho impunemente.

"¿Me haréis prisionera, entonces?" Sugirió, incómoda ante aquella idea. Comprendía que no estaba en posición de poder revelarse y montar un escándalo. Ni aunque contase con la ayuda de los ninjas podría escapar de allí.

"No es algo tan sencillo, princesa Hinoka." Intervino el heredero, acercándose a ellas. Laslow fue tras él, saludando a la pelirroja sobre el hombro de su señor. Selena le agarró de la oreja, apartándole antes de que Xander se diera cuenta. "El objetivo de nuestro padre es conquistar Hoshido, y tras obedecer sus órdenes durante toda mi vida, creo saber qué decisión tomaría de ser informado: tu ejecución." Contó, aseverando su expresión.

Aquella palabra era poderosa, lo suficiente como para captar la atención de quienes les rodeaban. Los ninjas se volvieron bruscamente a ellos, alertados.

Los únicos que no reaccionaron fueron Odin y Peri, quienes habían empezado a hablar sobre lo que le pasó a la peliazul. Beruka les escucho discretamente, algo desconcertada de que la jinete no fuera el monstruo que siempre pensó que era.

"¿Qué? ¡No podemos hacer eso!" Se preocupó Elise, entristeciendo el rostro. Camilla agachó la cabeza al ver que Xander había llegado a la misma conclusión que ella.

"¡No pienso dejar que le hagan nada!" Dijo Corrin con determinación, acercándose al hermano que respetaba. Azura agarró el brazo de Hinoka, preocupada por ella.

"Así que mi vida no tiene ningún valor para vuestro líder…" Murmuró la pelirroja, sintiéndose enferma al pensar en Garon. No existía otra persona que odiara más que a ese monstruo. Mató a su padre, y fue el responsable de que se llevaran a Corrin.

"¡Xander!" Llamó el peliblanco de nuevo, buscando en él una respuesta a aquella tesitura. El rubio rodó la vista sobre sus hermanos. Todos les estaban observando, esperando a sus palabras. Todos menos Camilla. Su hermana observaba a la hoshidana. Parecía… preocupada… y triste.

"Haced lo que tengáis que hacer, príncipe Xander." Sentenció Hinoka, dispuesta a aceptar su palabra, fuera la que fuera. El rubio entonces volvió a mirar a Corrin, quien le observaba con miedo. No solía pensarlo mucho, pero aquella vez se acordó de cuando ayudaba a su hermanito con sus problemas en el bastión.

Cerró los ojos durante unos solemnes segundos, y al abrirlos, los fijó en la hoshidana.

"Cualquier líder estratégico sabría de la importancia de mantenerte al margen de la guerra. Sois una luchadora temible, princesa Hinoka, y no me gustaría volver a encontraros en batalla." Comenzó con calma, poniendo nerviosa a la pelirroja.

"Tampoco sería una decisión apropiada dejaros ir sin más…" Comentó, pasando a observar a sus seres queridos. "Pero tampoco puedo apartaros de donde tenéis el corazón. Si a mí me apartaran de mi pueblo, quitándome toda oportunidad de luchar por él hasta la misma muerte, enloquecería." Planteó, siendo aquel un sentimiento que más de uno de los presentes sentía.

"Ninguno de mis hermanos os desea mal alguno, así que voy a tentar a la suerte." Sentenció con una media sonrisa. Aquella oración fue suficiente para captar toda la atención en la cubierta. "Seréis puestos en libertad en cuanto lleguemos al puerto. Por favor, comprender que soltaros antes sería irresponsable de mi parte." Pidió, inclinando la cabeza levemente.

Hinoka parpadeó varias veces, incapaz de sacar palabras de sí misma. Los que antes se mostraron preocupados por la princesa ahora suspiraron en alivio, o rieron en alegría. Cada uno se lo tomó a su manera, pero nadie se quedó impasible. Ni los marineros. Bueno, quizás los ahora encadenados piratas no estaban entendiendo lo que estaba sucediendo, pero sus murmullos propagaron la información rápidamente.

"Hasta entonces, me gustaría que os considerarais nuestros invitados." Concluyó Xander, cruzándose de brazos y guardando silencio para dar a entender que había acabado.

"¡Traición!" Dijo una voz rompiendo el buen ambiente que se había generado. Xander dirigió sus ojos a quien habló, abriéndolos en sorpresa al ver quién era. Fue el capitán de la tripulación.

"¡Que el príncipe heredero al trono confraternice con el enemigo es la peor de las traiciones posibles!" Gritó, buscando el apoyo de sus hombres. Éstos comenzaron a ser contagiados por su cara, comenzando a sentirse enfadados.

Hinoka se puso colorada, pues ella entendía que confraternizar era algo mucho más íntimo, y ni en sus más bizarros sueños había llegado a mirar a los príncipes nohrios de aquella forma. Aunque en cierto sentido, podrían considerarse familia… familia lejana… era raro pensar en ello.

Los ninjas se acercaron a su señora, protegiéndola de las miradas de odio. La pelirroja comenzó a sentirse mal, pues todo aquello estaba pasando por su culpa, y ahora que conocía a la verdadera familia de Corrin, no deseaba importunarles de aquella manera.

Le sorprendió ver que no solo la protegieron sus camaradas, sino que también se interpuso la familia real, liderados por el príncipe peliblanco.

Los marineros comenzaron a mirar con malos ojos al grupo de Corrin, como si el odio fuera una enfermedad que se transmitiera por el aire.

Un sonido de monedas caer retumbó delante entre los pies del capitán y los de Xander. Una pequeña maga oscura había soltado una pesada bolsa de cuero, repleta de monedas de oro. El capitán palideció al comprender lo que estaba sucediendo.

"Quizás quieras reconsiderar tus palabras antes de mancillar nuestros oídos con tus berradas." Comentó Nyx, pasando unas páginas en su grimorio personalizado. De aquella manera le mostraba que no merecía ni que le prestara atención. El hombretón de peludos brazos reculó unos pasos, chocando con una figura que no sabía que estaba ahí.

Al volverse y ver la potente expresión de Benny, pegó un bote para alejarse, comenzando a temblar. Un par de marineros se acercaron a la bolsa de monedas, sorprendidos.

"¿Qué es esto, capitán?" Preguntó uno de ellos, removiendo las monedas con la mano. El hombretón se volvió asustado de sus propios hombres, mudo.

"S-son mis ahorros. Uno de esos diablos debió intentar llevárselos." Se intentó explicar el jefe, buscando calmarse. Aquello tranquilizó un poco a los marineros, aunque había muchos de ellos que miraban deseosos a la bolsa.

"Eso no explica que tengáis tanto. ¡Debe haber al menos cien monedas de oro!" Acusó Charlotte, rápida para contar el dinero. Al ver a la jefa de cocina señalar algo bastante importante, los marineros se volvieron al capitán, esperando explicaciones.

"¡Recibí una herencia enorme!" Mintió el capitán, desesperado, haciendo evidente que se le ocurrió allí mismo.

"Eso no es lo que dicen éstos papeles." Replicó un hombre que nadie esperó ver hablando. Kaze alzó unos documentos con el recuento de los beneficios contrastado con el de los gastos. "Cada semana una pequeña cantidad se sustrae de los fondos dedicados a la reparación del barco. Sois un corrupto." Soltó el ninja, mirando con desprecio al hombre. Con un murmullo, explicó a su señora que había indagado para estar al tanto de todo lo que sucedía en el barco.

El del mostacho castaño comenzó a reírse, mirando al cielo. Entonces, de un movimiento brusco, comenzó a correr hacia el hoshidano, gritando lleno de ira. Silas le interceptó clavándole el codo en el estómago, sacándole el aire de sus pulmones. Después juntó las manos para darle un poderoso golpe cargado ascendente en la mandíbula. El capitán cayó inerte al suelo. Algunos hombres celebraron la derrota de su despiadado jefe, pero hubo quienes todavía recordaban lo que dijo antes de ser expuesto.

"Eso no cambia lo que dijo. Estáis traicionando Nohr." Señalizó un hombre acercándose al príncipe rubio. Era relativamente bajo, de tamaño humilde, pero su rostro derrochaba sencillez. Xander cerró los ojos, recibiendo todas las miradas de la zona de nuevo.

"La princesa Hinoka se ha entregado sin oponer resistencia. Ha acudido rauda a detener a sus compañeros antes de que comience otra batalla, aunque eso extinguiría toda posibilidad de escapar." Dijo con la voz neutra. "Si alguien de aquí cree que un príncipe de Nohr debería tirar su honor por la borda y quitarle la vida ahora mismo, le invito a que dé un paso al frente." Concluyó con un rostro fiero. Al fin y al cabo, si la entregaban al rey, la estarían matando.

¿Quién iba a dar un paso entonces? Había muchos estúpidos en la tripulación, eso era un hecho, pero eran idiotas nohrios. Xander no había hablado como un estratega que deba velar por el devenir de la guerra. Había hablado como un hombre que conocía el significado del valor, la importancia del honor, y el peso de una palabra.

Por muy estúpidos que fueran los marineros, que no todos lo eran, nadie podía dar un solo paso, pues, ¿cómo podían hacer eso cuando se sentían tan orgullosos de ser nohrios? Nohr pasó por épocas difíciles, pero Xander era la esperanza del reino, y acababa de reiterar esa luz que emitía cuando hablaba, no como un príncipe, sino como un hombre de honor.

"¿A qué estáis esperando? ¡Debemos retomar el rumbo o nunca llevaremos a la princesa a su nación!" Dijo el marinero que recriminó al príncipe, con una sonrisa dinámica. Sin duda sería el que sustituiría al capitán, ya que el liderazgo no es solo un título: es una actitud.

Hinoka miraba a Xander, incapaz de pronunciar palabra. Durante un momento pensó que quien la estaba protegiendo era su hermano Ryoma. Intentó disimular su risa, pero Elise la notó, comenzando a preguntarle felizmente de lo que se trataba. Camilla intentó tranquilizar a su hermana, pidiéndole que le diera algo de espacio a 'Hilda'.

Escuchar ese nombre le recordó a cierto psicólogo, fuera lo que fuera eso.

"Princesa, yo… puse en un aprieto a Miles. Le presioné para que me ayudara." Intentó defender. Camilla le acarició el pelo, dedicándole una sonrisa distante.

"No, querida. Miles te ayudó porque quiso." Replicó ésta.

"Pero-" Fue a quejarse Hinoka, preocupada de que metiera al rubio en problemas por su culpa. Ahora que lo pensaba, era muy probable. La intentó ocultar hasta el final, aunque ella pensó que la estaba intentando asfixiar.

"Él es así. Si ve que hay alguien que necesita ayuda, hace lo que crea oportuno. Ese es el psicólogo al que tanto queremos, ¿verdad? "Preguntó sonriente, volviéndose a sus hermanos.

"¡Tú lo has dicho!" Saltó Elise, guiñando un ojo. "Además, todavía no hemos jugado juntos, por lo que no puede permitir que le pase nada hasta que salde su deuda." Sonrió, pícara al ser dueña de su destino. Corrin y Azura asintieron a la pelimorada efusivamente, pensando en ciertos asuntillos todavía secretos. Probablemente ellos fueran quienes más le valorasen, al ser el responsable de la existencia del escenario que sucedió ante ellos. Ni en sus mejores sueños habrían visto a Camilla abrazarse con Hinoka, enterrando el hacha de guerra.

-O-O-O-

Leo me llevó a un solitario pasillo de los niveles inferiores, lo suficientemente largo como para detectar cuando dejáramos de estar solos. Acabábamos de llegar, y arriba se estaba empezando a escuchar un escándalo de voces. Supuse que habrían vuelto al trabajo.

Pero yo no podría hacer lo mismo. No ahora que me consideraba un traidor. Deseaba ser castigado. Necesitaba pagar por lo que hice. Aquel sentimiento se hacía evidente en mi rostro.

"Tienes mala cara, Miles. ¿Estás bien?" Me preguntó Leo, fijándose por primera vez. Debía estar pálido, supongo. Así me sentía.

"No mucho. No me siento capaz de mirarte a la cara después de lo que he hecho." Me expliqué, cabizbajo, clavando mis ojos al suelo, de donde no los movería.

"¿Te refieres a lo de la princesa Hinoka?" Adivinó, hablando de ello como si fuera un tema ligero. "Ciertamente, no me esperaba que estuvieras intentando ocultar su rostro una vez supe su identidad. ¿Por qué lo hiciste?" Me preguntó, arqueando una ceja.

"Porque me lo pidió." Contesté tras una pausa. "Cuando me reveló quien era, me aseguró que no iba a intentar nada. Leo, estaba tan asustada de que la encontraseis que estaba dispuesta a hacerse pasar por mi novia." Conté, incrédulo. Hacía falta una gran motivación para intentar aparentar algo tan… personal. Aunque no es como si ésta llegase nunca a ser una buena actriz, la verdad. Menos mal…

"¿Estás seguro de que esa es la única razón?" Me preguntó, acercándose a mí y robándome el espacio. Vestía una actitud confiada, y yo no podía atravesar paredes muy a mi pesar.

"No sé de qué estás hablando." Contesté, desviando la mirada de sus ojos oscuros. … Porras. Lo sabe. *Risas* Ahora sí que estoy en problemas. Él no tiene la suficiente información para entender mis actos.

"¿Ah, no? Yo creo que sí." Replicó apoyando un brazo en la pared que había a mi espalda. La forma en la que me dijo no me dejó entender si estaba contestando a mis palabras o a mis pensamientos. "Si la princesa fuera capturada, muy probablemente tendría que enfrentarse al rey. Si acabase muriendo, una alianza con Hoshido sería imposible." Contó con un tono de voz burlón. Al escuchar mis ambiciosos planes en voz alta, tragué saliva.

"Está bien, Miles. Sé por qué lo haces. Azura me ha contado lo que les dijiste. No fueron Inhumanos contra lo que te enfrentaste, ¿verdad?" Siguió presionando, sacando las verdades que tan astutamente pensé que llegué a ocultar. Iluso de mí.

"Es cierto." Reconocí, aterrado. "¡Pero Leo, te juro que tengo pruebas! ¡Ya sé dónde está el enemigo, pero la maldita maldición no permitirá a Lilith-"

Me detuve al nombrarla, dándome cuenta del terrible error que cometí.

"¿Lilith? ¿Qué pinta ella con todo esto?" Me preguntó, mostrando desconcierto al aparecer algo de lo que no sabía. Agaché la cabeza, arrepentido. Pero ya era demasiado tarde. Ahora no podría enmendarlo. Apreté los labios, notando el peso de las palabras que diría. Ya que se me había escapado aquella información, se lo diría.

"Es la hija de Anankos." Solté, con la voz grave. Leo abrió los ojos, alarmado. Inmediatamente pensó que sería una espía o un enemigo, la cual explicaría al nigromante. Los piratas dijeron que no era parte de su grupo. Lo sé por la cara que puso.

"¡No es lo que piensas, Leo! ¡Ella me contó que se 'escapó de casa'! Al no tener lugar al que ir, decidió buscar a su hermano." Confesé, sintiéndome peor, si era posible, al estar contando aquella información que Lilith me compartió.

"¿Hermano? ¿Qué hermano?" Preguntó, exasperado, retrocediendo unos pasos.

"Corrin." Aquel nombre sumió al príncipe en silencio. "Es una movida enorme, y ponerte al día requeriría de mucho tiempo. Y tampoco quiero contártelo." Añadí, desviando la mirada. "No se trata de mí de quién estamos hablando." Me justifiqué, desviando la mirada con dureza.

Leo se llevó las manos a la cabeza, con problemas para digerir aquella información. ¿Quién era Corrin? ¿Queréis saberlo? Lástima, porque no tengo intención de contároslo. Ya fue suficiente intervención por parte de Lilith revelarme toda la verdad, no pienso traicionarla ahora, por muy imposible que sea ella se entere si lo sabéis o no. Si tanto queréis saberlo… buscad a otro profeta.

Nos sentamos en el pasillo. Leo intentaba procesar aquella información, mientras yo intentaba leer sus pensamientos. Seguramente ya hubiera hecho el análisis de que si Corrin y Lilith son hermanos, y Lilith era hija de Anankos, eso convertiría a su hermano en el hijo de un dragón. Eso explicaría por qué Corrin tiene una sangre dragón más poderosa que ellos.

"Miles." Me llamó, dándome tiempo para girar la cabeza en su dirección. "¿Dónde está ese reino?" Preguntó el rubio.

"En el lugar al que cayó Gunter, cuando los cielos oscuros de Nohr se invierten con los claros de Hoshido." Contesté, dejando salir las palabras como si fuera mi mismo aliento. "Leo, ¿de verdad que no estás enfadado porque haya protegido a Hilda? Quiero decir, ¿a Hinoka?" Repetí, aturdido por mis sentimientos.

"¿De qué estás hablando? Por lo que a mí respecta, estabas intentando salvarnos a todos. Eres un héroe, Miles." Me dijo, dibujando una sonrisa en sus labios.

"No. No me digas eso, Leo." Me negué. Todo menos eso. "Solo soy un psicólogo, intentando ayudar a un chico en problemas. El resto es pura novela." Dije con un tono agotado de voz. Quería dejar bien claro que no estaba dispuesto a aceptar aquel título.

"Suponía que dirías algo así." Se rió el rubio, cerrando los ojos en satisfacción. ¿Soy tan transparente? Oh, es verdad. Es Leo con quien estoy tratando. "Por cierto, ¿qué te has hecho en la mano?" Se percató al verme los dedos retorcidos.

"Me he roto los dedos. Cometí el error de ignorar tu advertencia." Suspiré, examinando la mano. Tenía mala pinta, pero ya me había acostumbrado al dolor. Nunca fue un elemento desconocido en mi vida.

"¡¿Has usado Explosión?!" Se alarmó Leo, levantándose. Me puse algo colorado, avergonzado de mi propia estupidez.

"En mi defensa he de decir que fue un accidente. Y de las tres veces que lo utilicé, solo una me salió mal." Argumenté, alzando el grimorio entre nosotros, dándole la oportunidad de que me lo requisara. Me lo merecía.

Leo lo cogió, pensando que se lo estaba ofreciendo, pero sin comprender por qué.

"¿Qué pasó entonces?" Me preguntó tras unos segundos. Estaba observando las páginas con las runas. Ya me esperaba de él que incluso supiera la combinación de esencias que empleé para crear la repulsión forzosa.

"Un zombi estaba a punto de abalanzarse sobre Camilla." Conté, dejando la vista al infinito, como si reviviera la escena. "Creé una distorsión entre ellos con la intención de separarles, pero entré en pánico y no se me ocurrió otra cosa que darle un puñetazo al resurrecto. Fue coincidencia que golpeara la distorsión cuando reventó." Suspiré, acariciándome la mano, evitando tocar los dedos.

El príncipe se llevó la mano a la mandíbula, pensativo.

"Tu golpe debió canalizar el empuje en una sola dirección… ¿lanzaste al monstruo por los aires?" Intuyó. Asentí, algo reconfortado al ver que al menos él entendía lo que pasó. Así que canalizar el golpe, ¿eh? Qué pena. Si lo hubiera hecho intencionalmente, ahora podría gozar de la satisfacción de mi propia inteligencia, no de mi suerte.

Sacó un bote de tinta que llevaba en una especie de bolsillo de cuero que colgaba de su cintura. Se manchó los dedos, y comenzó a dibujar unos símbolos en la página esencia. Me horroricé, pues tenía entendido que aquello se cargaba los hechizos. Si había que salvar algo de un grimorio, solo las runas importaban.

Leo examinó su obra, asintiendo para sí mismo. Me devolvió el libro, permitiéndome ver lo que hizo.

"Es un regalo, por salvar a mi hermana." Me sonrió, encogiendo algo los hombros. "Una vez comprendas su esencia, podrás hacer lo mismo, pero seguirá necesitando que lo golpees. Al menos no te destrozará los dedos." Contó, rascándose la mejilla, nervioso por ver mi reacción. No muchos sabían de su habilidad para escribir runas. No por nada era responsable de las diez nuevas páginas de Brynhildr.

Tardé en entender lo que me decía. ¿Acababa de decirme que podría hacer esa pasada de golpe de nuevo? Ay. Si fuera una jovencita, estaría pegando votes entusiasmados. Lo que no pude reprimir fue levantarme para abrazar a Leo.

No solo me había leído completamente, comprendiendo mis planes y decidiendo confiar en mí, también me había hecho desechar la idea de que les había traicionado. Y ahora, además de consentirme seguir enamorado de su hermana, me concedía aquel grimorio. ¡Viva Leo!

"¡M-Miles! ¿Qué te pasa?" Se quejó el mago, intentando apartarme de su lado. Estaba siendo empalagoso, lo reconozco. Os desafío. Culpadme si podéis.

"No sabes lo que me alegro de haberte conocido." Le dije, rebosante de emoción. Entonces permití que me separara, mirándole directamente con todo el cariño que pude. "Te juro que si fuera mujer, estaría loca por ti." Bromeé, hablando en serio. Me agarró de la cabeza, obligándome a besar el suelo. Ay… que lindo. No quiere que le vea colorado. Ni siquiera pudo decirme nada, aunque lo intentó.

"Duele…" Me quejé, al notar la llave que me hizo contra el suelo. Me estaba machacando los dedos ya machacados. Leo me soltó rápidamente, comenzando a pedirme perdón. No creo que podáis haceros idea de lo tierno que era. Jamás olvidaré lo que pasó entonces. Me agarró del brazo para llevarme a un curandero mientras refunfuñaba que era mi culpa por decir cosas tan raras.

-O-O-O-

¿Recordáis aquellos tiempos en los que me quejaba de hacer seis escenas en un solo capítulo y que me pareciera muy poco? Ah… ¿cuánto tiempo hará de esos días? *Romper a reír* ¡Y yo me quejaba! Pedazo de escena que he hecho, ¿eh? Cielo santo.

¿Es demasiado complicado procesar tantos detalles? Ya sé que no es como si hubiera hecho la escena desde el punto de vista de cada uno de los personajes, en plan, que fueran todas las descripciones a la par, pero eso sería una locura ya. Y de todos modos, sé que puedo hacerlo mucho más simple.

Es solo que… no sé. No quiero que os olvidéis que ellos también están allí. Oh… supongo que esos son los problemas de hacer escenas con más de… um… cinco… diez… veinte personajes. Número arriba, número abajo. Por no olvidarnos del ejército de extras. *Suspiro* En serio. ¿No me estoy excediendo? Me preocupa.

Eso en cuanto a la primera parte. Digo eso porque esto de ahora (los tres anteriores párrafos no) lo estoy escribiendo después de hacer la escena con Leo.

Ay, Leo. Menudo personaje. Os diré que Miles estaba aterrado, hecho polvo por sus propios pensamientos, los cuales eran auto recriminaciones. Menos mal que ese personaje existe, no os hacéis idea.

(Miles odia tanto que se le considere un 'héroe' que ha cruzado el espacio-tiempo para borrar un apartado en el que hablaba sobre las razones por las que no quiere que le sobreestimen) Ya sabéis como es. Viva la estupidez y la jovialidad de la ignorancia. Las cosas sencillas son las mejores. (Curioso que lo diga el autor de ésta monstruosidad, ¿eh?)

Oh, y… ¿qué pensáis de LeoKumi? Personalmente, no me convence, pero quiero ver qué otras opiniones hay sobre ello.

Éste ya es el párrafo de despedida, así que, adiós, supongo. Oh, os recuerdo que ya os he dicho veinticuatro veces lo de que se aprecia el feedback y todas esas cosas. Veinticinco. *Guiño, guiño* *Codo, codo*