La semana había estado muy ajetreada para los héroes de París. Cada día habían tenido una pelea diferente, realmente... Hawk Moth los tenía muy cansados. Considerando que también debían ir al colegio, hacer tareas y otras cosas.
Ambos adolescentes ya estaban más que exhaustos.
Aquél Domingo habían combatido contra un akuma que tenía la habilidad de quitar el habla a las personas. Ladybug casi había sido afectada debido a lo agotada que se encontraba la joven heroína.
—¡Esa sí que fue una batalla! —comentó Adrien, puesto que la transformación ya había terminado.
—¿Una batalla? Hemos estado peleando durante toda la semana —respondió Ladybug.
—¿Cansada, My Lady?
La heroína asintió.
—¿Plagg, podrías transformarme una vez más?
—¿Tienes queso?
—Sabes que sí.
Plagg comió tres camemberts en menos de cinco minutos. En eso, la transformación de Ladybug se terminó. Ahora Chat Noir tenía entre sus brazos a Marinette.
—Vamos a casa, Princesa —susurró en el oído de la chica.
—¿Soy tú Lady o tú Princesa? —preguntó sonriendo de modo coqueto.
—Eres la chica de mis sueños, todo lo que tú quieras ser.
Chat Noir llevó a su amada hasta su casa, donde la recostó en su cama y besó su frente con ternura.
El día Sábado, Adrien tuvo una idea.
Esa noche estaban combatiendo contra un chico que tenía el poder de hacer dormir a todos los Parisinos, porque quería encontrar a una chica en particular.
Podría considerarse fácil el hecho de tener que despertar a alguien, pero no era de ese modo: aquél que se dormía, no podía despertar hasta que el chico lo decidiera.
—Ladybug, quiero que tengas un día de descanso. Yo haré todo, quédate aquí —le dijo Chat Noir a Marinette, puesto que aún no se transformaba.
—Pero me necesitas, tengo que purificar el akuma.
—No importa, yo haré todo y después tú haces eso. Confía en mí.
Chat Noir se fue, llegó con el akumatizado y comenzaron a pelear.
Estaba concentrado en pelear del mejor modo posible, sin ser torpe.
Pero al sentirse acorralado, no pudo evitar ser golpeado por el bastón. Y, cayó en un profundo sueño.
—¡Éste gato! —se quejó Ladybug.
Luego de una batalla aún más cansadora que otras (porque ahora se encontraba sola), consiguió ganar después de muchísimas horas de batalla. Ni siquiera necesitó el Lucky Charm. Solo su astucia.
Cuando Chat Noir despertó, encontró a Ladybug durmiendo en el pasto del parque. Sonrió ante aquello, pero se sintió todo un torpe.
—Creo que le debo un favor.
La tomó entre sus brazos y la llevó a su casa.
Una vez en su habitación, acostó a la joven heroína en su cama, la arropó y besó su frente.
Deshizo la transformación.
—¡Duraste mucho en batalla, chico! —se burló Plagg.
—¡Silencio! Por lo menos ahora sí tendrá su noche de descanso.
