Los libros de la saga Vamperi academy no me pertenecen. Son de la maravillosa Richelle Mead.

Son solo míos algunos cambios en la historia y nuevos personajes

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Capitulo 24

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Nunca antes había estado del todo desnuda con un chico cerca. Me ponía atacada de los nervios, aunque también me excitaba. Nos aferramos el uno al otro entre las sábanas sin dejar de besarnos. Sus manos y sus labios tomaron posesión de mi cuerpo, provocando espasmos de fuego con el menor roce en la piel.

Llevaba tanto tiempo deseando esto que apenas podía creerme que estuviera sucediendo. La atracción física era magnífica, pero también me gustaba el simple hecho de estar junto a él.

"Roza, Roza..." -murmuraba Dimitri como una letanía.

Entretanto, en algún lugar, en algún sitio de todo aquel maremágnum, sonaba la voz que me había impulsado hasta la habitación de Dimitri. No se parecía a la mía, pero me sentía indefensa ante su sonido, no podía ignorarla. "Sigue junto a él, no te apartes de su lado. No pienses en ninguna otra cosa, salvo en Dimitri. No dejes de tocarle. Olvida todo lo demás."

Yo le prestaba oídos, pero no necesitaba ninguna motivación adicional.

El brillo ardiente de sus ojos me revelaba su deseo de ir mucho más lejos de adonde habíamos llegado, pero se tomaba las cosas con calma, tal vez porque era consciente de que estaba muy nerviosa. No se quitó los pantalones del pijama. Llegó un momento donde cambié de postura y me quedé encima de él con las puntas de los cabellos colgando sobre él, que ladeó levemente la cabeza, lo cual me permitió verle la nuca. Acaricié con las yemas de los dedos las seis minúsculas marcas allí tatuadas.

"¿De verdad mataste a seis strigoi?" -él asintió-. "iQué pasada!"

Me tomó por el cuello para luego atraerme hacia él y besarme.

"No te preocupes. Algún día tendrás muchas más que yo."

"¿Sientes algún remordimiento?"

"¿Eh...?"

"Por matarlos. Me dijiste durante el viaje que eso era lo correcto, pero todavía te perturba. Por esa razón vas a la iglesia, ¿a que sí? Te veo allí durante la misa, pero en realidad tienes la mente en otro sitio."

Esbozó una sonrisa, en parte sorprendido y en parte divertido por el hecho de que hubiera adivinado otro de sus secretos.

"¿Cómo te enteras de esas cosas...? No siento remordimiento alguno, es sólo... tristeza. Todos ellos habían sido humanos, dhampir o moroi. Es una lástima, eso es todo, pero ha de hacerse. Cuando llegue el momento lo entenderás. Todos debemos hacerlo en ocasiones y a veces eso me duele, y la capilla es buen lugar para meditar sobre ese tipo de cosas. De vez en cuando me siento en calma allí, pero no a menudo. Encuentro más paz en tu compañía."

Rodó sobre sí mismo hasta ponerse de nuevo encima de mí y volver a besarme, cada vez con más fuerza y urgencia. «Ay, Dios», pensé, «al fin voy a hacerlo. Es esto. Puedo sentirlo».

Debió de ver la resolución en mis ojos, ya que deslizó las manos por detrás de mi cuello sin dejar de sonreír a fin de soltar el broche de la cadena de oro regalada por Victor. Tuve la impresión de haber recibido una bofetada cuando el colgante se deslizó y quedó entre sus dedos. Parpadeé, sorprendida.

Dimitri debió de notar algo muy similar. – "¿Qué ocurre?"-preguntó.

"No lo sé."

Me sentí como si intentara despertar después de un sueño profundo de dos días. Debía recordar algo...

…algo sobre Lissa.

Notaba la cabeza espesa, pero no era dolor ni vértigo, sino la desaparición de la voz. Ya no escuchaba en mi interior ese apremio machacón de que me acercara a Dimitri. Eso no significaba que ya no le deseara, ¿vale?, pues estaba fenomenal verle con esos pantalones de pijama y el pelo castaño fluyendo sobre un lado del semblante, pero había desaparecido esa influencia exterior que me empujaba hacia él y dios por supuesto que no quería perder mi virginidad no estaba lista para ello, no aún. Todo era de lo más extraño.

Frunció el ceño y dejó de dar vueltas. Atrajo hacia sí la joya y la recogió tras unos segundos de cavilación. El deseo apareció otra vez en sus facciones en cuanto tocó la cadena de oro. Deslizó la mano libre sobre mi cadera y de pronto me asaltó otra embestida de lujuria enfebrecida. Noté una arcada en el estómago mientras se me ponía carne de gallina y empezaba a respirar pesadamente. Sus labios se movieron sobre los míos otra vez.

Una resistencia luchaba por abrirse paso desde mi interior.

"Lissa" -murmuré, cerrando los ojos con fuerza-. "He de decirte algo sobre Lissa, pero no logro recordarlo... ¡Qué rara me siento!"

"Lo sé" -repuso, sosteniéndome todavía. Reposó la mejilla sobre mi frente-. "Hay algo extraño aquí..." -abrí los ojos cuando noté que retiraba el rostro-. "¿Es ésta la cadena que te regaló el príncipe Victor?"

Asentí con la cabeza. Pude ver detrás de sus ojos cómo empezaba a hilvanar pensamientos muy despacio y a salir del trance. Retiró las manos de mis caderas con un suspiro hondo y luego se apartó de mi lado.

"¿Qué haces?" -exclamé-.

No me escucho, se bajó de la cama, llevándose consigo el collar, lo cual me hizo sentirme como si me hubieran arrancado una parte de mí, pero al mismo tiempo comencé a experimentar la sensación de haberme recobrado, como si lograra pensar con claridad otra vez, sin que mi cuerpo adoptara todas las decisiones por mí.

Por otra parte, él tenía aspecto de estar consumido por una pasión animal y daba la impresión de hacer un gran esfuerzo mientras cruzaba la habitación en dirección a la ventana. Consiguió abrirla con una sola mano, dejando que entrara un soplo de aire helado. Me froté los brazos con las manos para calentarme.

"¿Qué estás haciendo...?" -intuí la respuesta en ese momento y salté disparada de la cama, tarde para impedir que tirara la cadena por la ventana-." ¡No! ¿Sabes cuánto debe de haber costa…?"

Ya no me sentí a punto de despertar, sino completamente despierta, cuando la joya desapareció de la habitación. Estaba dolorida y sorprendida.

Miré a mi alrededor: me hallaba desnuda en la habitación de Dimitri y la cama estaba deshecha. Que alguien me diga que no tuvimos sexo, porque odiaría haber perdido mi virginidad y no saberlo.

Pero todo eso no era nada en comparación con el alcance de mi siguiente pensamiento.

"¡Lissa!" -exclamé con voz ahogada.

En ese momento me vino todo a la cabeza: los recuerdos y las emociones, de hecho, toda la conmoción interior de Lissa se desparramó sobre mí de un modo inquietante. Estaba asustada, muy asustada. Todas esas sensaciones pretendían absorberme y llevarme de vuelta a su cuerpo, pero no se lo permití. Todavía no. Luché contra ella, pues necesitaba quedarme donde estaba. Le conté a Dimitri de forma atropellada todo cuanto había sucedido.

Él reaccionó sin dejarme terminar de hablar: parecía un dios airado mientras se vestía de forma precipitada y luego me ordenó hacer lo mismo, lanzándome una sudadera con un lema escrito en cirílico para que la llevara encima de mi descocado atuendo.

Las pasé canutas para poder seguirle mientras bajaba por las escaleras, pues esta vez no ralentizó el paso para esperarme. Habían comenzado los gritos cuando llegué, pues él ya había llamado a quien correspondiera. Se oían órdenes por todas partes. No tardamos en llegar junto a la oficina de la directora, donde ya habían llegado Kirova y otros profesores, además de la mayoría de los guardianes del instituto, y todos se pusieron a hablar a la vez mientras yo notaba el temor creciente de Lissa y la percibía cada vez más lejos.

El entrar en la dirección me recordó que no estuve en ella para ser castigada desde que volvimos a la academia, la única conversación real que tuvo lugar entre Kirova y yo aparte del día en que me concedió el permiso para ir a la iglesia, fue la que tuvimos el mismo día de nuestro regreso

Desviando su mirada por segunda vez en esta reunión, miré al suelo, era consciente de la presencia de Lissa, que estaba mi lado y de su propio coraje que me estaba quemando por la conexión. Por último, suspiré y miré de nuevo a la directora.

"Muy bien. Acepto". "Pero antes, necesito un favor".

"Es privado" –murmure cuando estuvo a punto de exigir que hablara.

Ella me estudio con un poco de desconfianza. Bueno, no me puedo quejar por eso acababa de ser traída después de huir por el mundo con el último miembro de los Dragomir, solo se me permitió quedarme bajo matricula condicional y ahora estaba pidiendo favores.

"Bien" asintió despechando a los demás de la oficina y ordenándoles esperar a fuera, dejándonos solo a las dos "¿Entonces señorita Hathaway?" –pidió desde su asiento

"Vamos Kirova, hemos pasado el suficiente tiempo juntas puedes llamarme Rose."

"Después de lo que hiciste no estoy tan segura de ello, Rosemarie" me llamo por mi nombre completo solo para molestarme, sabia cuanto odie eso. Sobre todo, después de la cantidad de castigos que recibe por ir en contra de quien se atreviera a llamarme así. Me guarde mi comentario, solo le mire fijamente. "¿Y bien? ¿Crees que estas en posición de pedir cualquier cosa?"

"No es nada de otro mundo." -le dije- "No es como si no lo hubiera hecho antes directora Kirova". Asintió dándome permiso para continuar. Tampoco es como si realmente lo necesitara. "Solo quiero algunos pares de lentillas y tintes para el cabello" Añadí con un poco de pesar- "pueden ser en cualquier color realmente no me importa, aunque preferiría conservar mi cabello cual tal es. Me imagino que esto va de la mano con seguir todas las reglas"

De pronto una mirada cansada y de comprensión ocupo su rostro. Suspiro negando. "No tienes necesidad de nada de eso, Rose."

Le di una mirada escéptica "¿En serio? la última vez que me negué a cualquiera de estas dos cosas yo- vacile un poco, esforzándome por alejar los recuerdos de mi mente- "Yo terminé en un maldito calabozo" la sorpresa en sus ojos me dijo que no esperaba que yo en cualquier momento tocara este tema. En mi vida esto era algo tabú, más bien algo prohibido de mencionar como lo fueron para nuestra sociedad los morois que se convertían por voluntad propia en strigoi.

"No te paso nada fuera de la academia en este par de años, no e pasara nada en nuestra protección" debatió con una ferocidad que era extraño ver en ella muy a menudo. El silencio que continuo fue mi notificación que estaba siendo despedida de esa reunión, así que me levante y comencé la marcha, recordando que ahora tendría que dirigirme con el orientador, pero antes de salir de la habitación su voz me tuvo "Mientras estés en la academia te mantendremos a salvo" – asentí en su dirección

"Hasta luego, Directora Kirova"

"Rosemarie"

Alejando el recuerdo de mi mente, me centre en lo que realmente importaba: Lissa. Pedí a gritos que alguien se apresurara a hacer algo, pero nadie salvo Dimitri parecía creer mi historia sobre el rapto de Lissa hasta que alguien regresó de la capilla y otros guardianes verificaron que ella no estaba en el campus.

Christian entró con paso tambaleante, sostenido por dos guardianes. Poco después se personó la doctora Olendzki a fin de hacerle un reconocimiento rápido y limpiarle la sangre de la herida del cogote.

«Al fin va a ocurrir algo», dije para mis adentros. "¿De cuántos strigoi hablamos?" -me preguntó uno de los guardianes.

"¿Cómo rayos han conseguido entrar?" -masculló otro en voz baja.

Les miré fijamente.

"¿Qué...? Ninguno de ellos era strigoi". Todos los ojos se posaron en mí.

"¿y quién más ha podido llevársela?" -inquirió Kirova-. "Has interpretado mal la... visión". Quería resoplar y decirle que no era maldita gitana, viendo en una estúpida bola de cristal, pero esa pregunta golpeo duro en mi mente

"No. Estoy segura". -murmure observando una de las ventanas pintadas- "Se trataba de... eran... guardianes".

"Ella está en lo cierto" -convino Christian con un hilo de voz, todavía bajo los cuidados de la doctora. Hizo una mueca de dolor cuando le limpió en la parte posterior de la cabeza-. "Eran guardianes".

"Eso es imposible" -dijo alguien.

"No eran de la Academia" -me froté la frente e hice de tripas corazón para no zanjar la conversación e ir a por Lissa. Mi mosqueo fue a más-. "¿Vais a moveros de una vez? Liss se encuentra cada vez más lejos"- Mete tenían harta, nadie actúa, solo me miran en vez de ponerse en marcha haciendo que la angustia en mi aumentara

"¿Estás diciendo que un grupo de guardianes sobornados se ha colado entre estos muros y la ha raptado?" -preguntó Kirova. Su tono de voz daba a entender que yo estaba hablando en broma haciéndome querer maldecirlos a todos.

"Kahrolası pislikler, aptal, beceriksizler. Kahrolası kıçını kaldır ve bir şeyler yap, burada ne yapıyorlar, ama hiçbir şey yapmıyorlar mı? Aptalca bir aksama olmadan her şeyi kendim yapabilseydim ayrılırdım. Ayak tırmalıkları, işe yaramaz* - La risa quejumbrosa y un poco histérica risa de Ozera me saco de mi divagación, haciéndome consiente nuevamente de lo que me rodeaba y de como todas las personas en la sala me miraban entre confundidos y extrañados a excepción de Alberta que tenía un leve sonrojo en sus mejillas y el tonto de Christian. No tenía idea de lo que sucedía

"Sen, sadece hepsine Türkçe hakaret ettin ve hiçbirinin söylediğin şeyin en uzak fikri yoktu*" -ofreció Christian recuperando la compostura, podía oír la aprobación en su voz. Le hubiera sonreído de no haberme dado cuenta en ese momento que acaba de gritarle mis pensamientos sobre su rápida labor por traer a Liss de vuelta a los guardianes de la academia y que lo había hecho en turco. Aunque, me sorprendió un poco que justamente el fuera un de las únicas dos personas que entendió por completo mi famélico discurso.

"En azından ceza almayacağım*". Le respondí

Dimitri junto a Kirova me miro levantando una de sus cejas pidiendo qe aclarara lo que acaba de suceder

"¿Qué?" me queje- "Yo, al igual que los demás puedo poner atención en algunas de mis clases"

Alberta, me dio una mirada de esto no se queda así antes de volver a lo importante "¿Podrías comprobar a la Princesa?"

"Sí" –respondí de inmediato, tomando asiento en la silla de la directora, debo admitir que siempre he querido estar de este lado del escritorio. Me saqué de encima la sujeción mental, poco a poco y con cuidado, y volé enseguida a la cabeza mi amiga. Vi un cochazo caro de cristales tintados para impedir el paso de la luz. Tal vez fuera «de noche» entre aquellas paredes, pero era pleno día en el resto del mundo. Uno de los guardias de la capilla iba al volante y otro ocupaba el asiento del copiloto. Le identifiqué. Era Spiridon. Lissa estaba sentada en la parte posterior con las manos atadas, entre un guardia y...

"Trabajan para Victor Dashkov" -anuncié con voz entrecortada, concentrándome otra vez en Kirova y los demás-. "Están a sus órdenes".

"¿El príncipe Victor Dashkov?" -preguntó con sorna uno de los guardianes.

Como si hubiera otro maldito Victor Dashkov.

"Como si hubiera otro jodido Victor Dashkov" murmure con sequedad-"Haced algo, por favor" -me quejé mientras me sujetaba la cabeza entre las manos-. "Siguen alejándose. Están a..." -miré por la ventanilla del vehículo y una imagen onduló delante de mis ojos-. "Están en la autovía 83. Se dirigen hacia el sur."

"¿Tan lejos ya? ¿Cuánto hace que se marcharon de aquí? ¿Por qué no has dado la alarma antes?"

Miré a Dimitri con ansiedad.

"Estaba sometida a un hechizo de coerción" -contestó él, arrastrando las palabras-. "El príncipe Victor le regaló un collar con un hechizo de coerción. Eso la impulsó a atacarme".

"No hay nadie capaz de usar esa clase de coerción" -exclamó Kirova-. "Nadie ha realizado uno desde hace siglos". Aunque cualquiera podría haber creído esto, pues no era común ver que sucediera, yo, había visto la coerción de primera mano y no cerraba mi mente ante tal idea claro, aunque también fui la victima del encantamiento he visto a Liss utilizarla en incontables ocasiones de maneras que tampoco deberían ser posibles. Aun así, había algo que me decía que ni ella misma creía en su declaración, su voz tenía un tinte de miedo histérico, ese que suelen tener las personas cuando se sienten descubiertos y quieren ocultar algo.

"Bueno, pues alguien lo hizo. Transcurrió bastante tiempo para cuando la reduje y le quité el collar" -agregó Dimitri con el semblante perfectamente sereno, ajeno al comportamiento de la profesora.

Nadie cuestionó esa versión de la historia.

Al fin, se ponía en acción. Nadie deseaba llevarme, pero Dimitri y Alberta –a regañadientes la última- insistieron al darse cuenta de que yo podía conducirles hasta Lissa. Tres grupos de guardias se lanzaron en pos de los raptores en los siniestros SUV de color negro. Me monté en el primero y me coloqué en el asiento del copiloto mientras Dimitri conducía. Se fueron desgranando los minutos en silencio, roto sólo las contadas ocasiones en que yo les informaba.

"Siguen circulando por la 83, pero están a punto de llegar a una salida. No han acelerado. No quieren que la policía los detenga".

Dimitri asintió sin mirarme. Él sí estaba pisando a fondo el acelerador, de eso no me cabía duda alguna.

Estuve mirándole por el rabillo del ojo mientras revivía en mi mente todos los hechos de esa noche. Rememoré todo de nuevo, en especial la forma en que me miraba y me besaba.

Pero ¿qué había sido todo aquello? ¿Una ilusión? ¿Un engaño? De camino hacia el coche, me había dicho que habíamos actuado impelidos por un hechizo de coerción fijado en el collar, una coerción de lujuria. Sabia sobre lo poderosa de la coerción, pero jamás en la vida había oído hablar de algo semejante, y escurrió el bulto cuando le pedí más información, limitándose a decir que era un tipo de nigromancia antigua ya en desuso empleada por los ejecutantes del elemento tierra.

"Están tomando un desvío" -anuncié de pronto-. "No veo el nombre, pero lo sabré cuando estemos cerca".

Dimitri soltó un gruñido en señal de asentimiento y yo me hundí todavía más en el asiento.

¿Qué significado tenía lo de esa noche? ¿Representaba algo para él? Para mí suponía muchísimo.

"Ahí" -le advertí al cabo de unos veinte minutos, e indiqué el camino sin asfaltar por donde había girado el coche de Víctor.

Nuestro vehículo estaba más preparado para correr sobre la gravilla, y eso nos daba un plus. Avanzábamos en un silencio absoluto, sólo roto por el crujir de los guijarros debajo de las llantas. A ambos laterales del vehículo se arremolinaban las dos nubes de polvo levantadas por las llantas a nuestro paso.

"Están girando de nuevo".

Los fugitivos se alejaban más y más de las rutas principales. Nosotros los seguimos todo el rato gracias a mis indicaciones. Al final, percibí cómo se detenía el coche de Victor.

"Han frenado delante de una pequeña cabaña" -avisé-. "La están llevando dentro".

«¿Por qué haces esto? ¿Qué va a pasar?».

Era Lissa, encogida de miedo. Me había zambullido en su ser a causa de la intensidad de sus sentimientos.

"Vamos, chiquilla" -repuso Víctor al tiempo que entraba en la cabaña con dificultad, apoyándose en su bastón, mientras uno de los escoltas le mantenía abierta la puerta. Victor se sentó en frente de ella. Un guardián clavó una mirada de aviso en Liss cuando ella hizo ademán de ponerse en pie-. "¿De veras piensas que voy a hacerte daño?". Quería gritarle que ya la había secuestrado, la sola palabra secuestro enviaba escalofríos por mi columna. Solo rogaba al cielo que Victor no fuera tan maldito, como lo fue él.

"¿Qué ha sido de Christian?" -chilló ella, ignorando la pregunta del anciano. "¿Está muerto?"

"¿El joven Ozzera? No era mi intención que eso sucediera. No esperábamos que estuviese allí. Nuestro plan consistía en atraparte a solas y convencer a los demás de que habías vuelto a fugarte. Ya habíamos empezado a hacer circular rumores en ese sentido".

¿Nuestro? ¿Habíamos? Esa semana habían vuelto a escucharse esas historias, y recordaba el origen de las mismas: Natalie.

"¿Y ahora? No lo sé" -suspiró y estiró los brazos en gesto de impotencia-. "Dudo que alguien vaya a relacionamos con tu desaparición incluso en el caso de que no se crean la historia de tu huida. El mayor lastre de todos es Rose, y teníamos intención de matarla, dejando creer a los demás que también ella había huido, pero resultó imposible después del numerito que montó durante el baile. Por suerte, tenía un plan B para asegurarme de que estuviera ocupada durante un buen rato, probablemente hasta mañana. Luego, deberemos afrontar ese problema".

Podría besar a Mia en este momento.

Víctor no había contado con que Dimitri descubriera lo del conjuro. Había supuesto que los dos íbamos a estar demasiado ocupados toda la noche como para darnos cuenta. "¿Por qué...?" -inquirió Lissa-. "¿Por qué has hecho todo esto?"

Los ojos verdes del príncipe se dilataron. Me recordaron a los del padre de Lissa. Tal vez fueran sólo parientes lejanos, pero los Dragomir y los Dashkov tenían los ojos del mismo tono verde jaspeado.

"Me sorprende el que debas preguntármelo, cielo. Te necesito, necesito que me cures".

La realización de todo lo acontecido en la academia desde nuestra llegada me golpeo, me golpeo como un grande y fuerte muro de concreto.

Bufe en mi asiento junto a Dimitri "Por supuesto que lo necesitas maldito"

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traducciones:

Por favor, disculpen si son malas. no tengo conocimientos sobre esta lengua, así que lo hice con el traductor de google

1. Kahrolası pislikler, aptal, beceriksizler. Kahrolası kıçını kaldır ve bir şeyler yap, burada ne yapıyorlar, ama hiçbir şey yapmıyorlar mı? Aptalca bir aksama olmadan her şeyi kendim yapabilseydim ayrılırdım. Ayak tırmalıkları, işe yaramaz

Malditos bastardos, estúpidos, incompetentes. Muevan sus malditos traseros y hagan algo ¿para que demonios están acá sino hacen nada? Si pudiera hacerlo todo yo sola sin su estupida interrupcion ya me hubiera largado. Estorbos, inútiles

2. Sen, sadece hepsine Türkçe hakaret ettin ve hiçbirinin söylediğin şeyin en uzak fikri yoktu.

Tu, simplemente acabas de insultarlos a todos en turco y ninguno tiene ni la mas maldita remota idea de lo que dijiste

azından ceza almayacağım.

Al menos no recibire un castigo por ello.