Disclaimer: Como siempre recordando. Esta historia no me pertenece. Es una adaptación del libro "Dominada por el Deseo", de la serie "Guardaespaldas" de Shayla Black. Comparto esta historia sin fines de lucro ni mucho menos intento de plagio.
Dominada por el Deseo
~Kawaii Tsuki-Chan~
Capitulo 24
Un torrente de cálido deseo inundó a Hermione y sintió que se le aflojaban las rodillas cuando Draco la besó en la barbilla, en el hombro, dirigiéndose directamente hacia el pezón que todavía asía entre el pulgar y el índice.
Al parecer, Blaise tomó eso como una señal porque le ahuecó las mejillas con las enormes palmas de sus manos y le alzó la cara hacia sus ojos ardientes. Cualquier rastro del tío simpático que la llamaba «muñeca», había desaparecido para ser reemplazado por un hombre duro y voraz. Una nueva oleada de lujuria se estrelló contra el vientre de Hermione.
Esa misma necesidad se percibió en el gemido de Blaise cuando se apoderó de su boca. Hábil y seductora, su lengua bailó con la de ella, tentándola, saboreándola para luego retroceder. Jugueteó con ella, dándole una breve muestra de su sabor que tenía cierto matiz a menta.
Hermione se ahogaba en un mar de deseo. La sensación de la boca de Blaise sobre la de ella mientras Draco jugueteaba con su pezón la arrastraba a un infierno de aguas revueltas.
Su habilidad para sortear las aguas de esa necesidad no mejoró cuando Blaise le pellizcó el otro pezón, y los dos hombres se esmeraron a fondo con las sensibles cimas. Si no hubiera estado ya increíblemente mojada, la vista de las dos cabezas masculinas, una como la luz leonada y la otra sedosa como la medianoche, habría notado que sus jugos manaban como un grifo abierto. El deseo ardía doloroso y apremiante bajo su piel y se fusionaba entre sus piernas, creando un mar de deseo.
Los tirones y la presión de esas bocas eran diferentes, pero produjeron el mismo resultado: una necesidad que la hacía sudar. Las sensaciones se precipitaban rápidamente desde sus pezones hasta al clítoris en una secuencia ardiente que su cuerpo apenas podía soportar.
—¿Te gusta? —Draco levantó la cabeza, con los labios húmedos, rojos y condenadamente besables.
Hermione gimió en respuesta.
—Creo que eso es un sí —susurró Blaise a su lado.
Irguiéndose, Draco la urgió hacia la cama. Blaise lo ayudó, guiándola con una mano sobre su hombro y la otra palmeando su trasero. Esperó que la ayudaran también a subir.
No lo hicieron.
Cuando sus muslos chocaron contra el colchón, la doblaron sobre la cama deshecha, luego desaparecieron tras ella. Hermione cerró los ojos, consciente de estar desnuda, vulnerable y expuesta. Y de que había dos pares de ojos devorándola.
Oyó el ruido de cremalleras y el crujido de las ropas. Alguien metió la mano en la pequeña bolsa de trucos del suelo. Se oyó la rasgadura de un envoltorio metálico. El corazón de Hermione latió a toda velocidad. ¿Qué iban a hacer ahora? No estaba preocupada, sólo se moría de curiosidad. Un millón de imágenes prohibidas inundaron su mente, cada una más sexy que la anterior. Y todo porque Draco quería satisfacerla para poder reclamarla como suya.
Apenas se había recobrado de ese pensamiento cuando Blaise rodeó la cama, esta vez completamente desnudo. Hermione ya había visto los duros músculos de su pecho y abdomen. Esa misma solidez y firmeza continuaba en los muslos que enmarcaban un miembro grueso, pesado y lleno de venas. La mirada de Hermione voló a su cara y él le dirigió una sonrisa sardónica mientras se subía a la cama.
Detrás de ella, Draco le agarró las caderas y se inclinó sobre su espalda, el vello de su pecho se rozó contra la piel sensible de Hermione que se estremeció.
—Yo soy quien está al mando, Hermione. Mi palabra es ley. ¿Está claro?
Ella tragó saliva y asintió con la cabeza.
—Sí, señor.
—-Bien. Blaise... —Draco retiró una de sus manos de las caderas de Hermione sólo por un momento, al parecer para hacerle al otro hombre alguna clase de señal.
Estaba claro que Blaise la comprendió porque se acercó más a Hermione mientras Draco la separaba un poco de la cama para que su amigo pudiera acomodarse con facilidad delante de ella.
El corazón de Hermione comenzó a martillearle en el pecho. El cuerpo de Blaise estaba tan cerca que podía oler el perfume almizclado que emanaba de la unión de sus piernas ligeramente abiertas, y podía ver el vello que cubría sus muslos y cada vena que se dilataba bajo la suave piel de su miembro rígido.
Draco la atrajo más hacia sí, le asió las caderas con manos ávidas y presionó el hinchado glande en su sexo húmedo. Se introdujo un poco pero sólo lo suficiente para provocarla.
Su miembro ardía contra ella. Hermione gimió, se retorció, intentando tentarle. Deseaba sentir cómo la empalaba, cómo la poseía. La oleada de deseo casi la hacía gritar. Se mordió el labio y contoneó las caderas. Draco simplemente se quedó quieto, negándose de manera tortuosa a complacerla.
—¿Quieres que te folle? —preguntó.
—Sí, señor.
—Lo haré —le murmuró al oído—, en cuanto se la chupes.
Las palabras la sacudieron como un latigazo de deseo, excitando sus sentidos.
Hermione lo miró por encima del hombro con los ojos muy abiertos.
—Quiero verlo en tu boca mientras te follo. Hazlo.
Una oleada ardiente la atravesó, pulsando en su bajo vientre. Hermione deseaba hacerlo. Y quería que Draco la viera, y que ardiera como si lo consumieran las llamas del infierno.
Volviéndose hacia Blaise, Hermione centró la atención en su erección. Estaba definitivamente a tono con el resto de su enorme cuerpo. No creía que pudiera metérsela en la boca por completo.
Pero podía ser divertido intentarlo, sabiendo que con cada pasada de su lengua, haría no sólo que Blaise perdiera la cabeza arrebatado por la lujuria, sino también Draco.
—Sí, señor.
Antes de que ella hubiera acabado de hablar, Blaise la agarró suavemente por la nuca con una mano callosa y envolvió su miembro con la otra. Luego la instó a bajar la cabeza.
Cuando ella le lamió el glande, Blaise gimió. Draco lo secundó.
Hermione volvió a hacerlo, succionando con más fuerza el glande de Blaise.
Mientras observaba cómo se le tensaban los muslos, le rodeó la polla con la lengua, luego volvió al glande y se vio recompensada con un gruñido en el oído, y el salobre y almizclado sabor que se filtró en su boca.
—Jesús, Draco —gimió Blaise—. Es una tortura.
—Y sólo acaba de empezar. ¿No es cierto, cher?
Draco sacó la punta de su polla de la dolorida vagina, y ella gimió en señal de protesta contra la cabeza púrpura de la excitada erección de Blaise.
—Chúpasela de una vez —exigió Draco—. No juegues con él.
Maldita sea, era Draco quien estaba jugando con ella.
Le echó una mirada a la cara de Blaise. Las tensas líneas de expresión enmarcaban su boca. Los ojos castaños ardían de deseo con un hambre voraz que la inundó de lujuria, hasta que el poder de ese deseo la obligó a satisfacer esa ansia.
Él apretó los dientes, pero aún logró bromear:
—¿Puedes darte prisa, muñeca? Me gustaría que me echaras una mano aquí abajo.
Bajando la vista, Hermione observó con impotencia cómo Blaise se agarraba con fuerza la erección con una presa fuerte y ruda que la conmocionó y la excitó.
Un pesado nudo de deseo palpitó entre sus piernas y se inflamó mientras lo miraba. La palmeó con ardiente impaciencia mientras Draco la alimentaba con cinco centímetros escasos de su polla antes de detenerse. El sudor le cubrió la espalda, y se lamió los labios, su mente era incapaz de controlar las necesidades de su cuerpo. El tormento era demasiado intenso.
Los dedos de Blaise se tensaron en su nuca, bajándola de nuevo. Sí, quería eso. Quería saborearle sabiendo que Draco los observaba con aprobación y deseo.
Hermione abrió la boca y alojó cuanto pudo en su interior la dura longitud de Blaise, cubriendo la seca y ardiente piel con su saliva. La humedad facilitó que se retirara, luego volvió a meterse el miembro en la boca, llevándolo hasta el fondo de la garganta.
Lo sentía pesado contra la lengua, salado, caliente y especiado. El sabor incrementó todavía más su deseo. Eso y saber que Draco observaba cada una de sus movimientos.
—Buena chica —la elogió Draco mientras le clavaba la polla profundamente, casi contra el fondo de la vagina, donde al presionar contra un lugar sensible la hizo gemir, retorcerse y contorsionarse—. Cuanto más le chupes, más te follaré. Si te detienes, me detengo. Si te corres antes que él, lo pagarás muy caro.
Un nuevo ramalazo de lujuria la atravesó como un relámpago, ardiente y electrizante. Draco no sólo había metido a tres personas en esa habitación para follar, no. Como él comprendía sus necesidades más oscuras, la sometía, le ordenaba que participara, liberándola de las riendas que su sentido de la moralidad pudiera haber impuesto.
Hermione asintió con un cabeceo, con la lengua rozando contra la erección de Blaise. El enorme moreno gimió de gusto, y le enterró los dedos en los cabellos, provocando deliciosos alfilerazos de dolor en su cuero cabelludo.
Dios, se estaba quemando viva. Las firmes y rudas estocadas de Draco contra su carne mojada le nublaban la mente. Con cada envite, se veía impulsada hacia la polla de Blaise, y ella la rodeó con la lengua, mojándola, lamiéndola, jugueteando con ella en cada embestida, amando la sensación que esa ruda longitud producía en su boca, y la mirada de Draco desde atrás.
Allí, entre ellos dos... el tormentoso placer se extendía por su cuerpo, haciéndola arder con una lujuria agonizante. Le dolían los pezones, su clítoris reclamaba atención. Se imaginó llevando a Draco y a Blaise juntos al clímax. El simple pensamiento la volvió loca de deseo.
Se tensó en torno a Draco, exprimiéndolo con fuerza mientras deslizaba la lengua por la sedosa longitud de la polla de Blaise. Ambos hombres gimieron larga y guturalmente. Draco le apretó la cadera con una mano; con la otra exploró los rizos húmedos y le presionó el clítoris hasta que ella gritó. Blaise incrementó el placer pellizcándole los pezones hasta que sintió dolor. El chocante hedonismo de sus demandas casi la llevó al clímax, estaba a punto de alcanzar la satisfacción.
—Todavía no —la advirtió Draco con una voz irreconocible.
Salió de su cuerpo con lentitud, deteniendo abruptamente sus embestidas.
—¡No! —protestó ella, apartando la boca de Blaise. Maldita sea, ¿cómo podía Draco hacerle eso? Estaba palpitante. Atrapada en un nudo de la necesidad. ¿Acaso no era su fantasía?
—¡Draco!
—Señor para ti —le recordó con un gruñido, una firme palmada en el trasero y un suave pellizco en el clítoris—. Ahora chúpasela hasta que se corra. Luego tendrás lo tuyo.
Sin mostrar compasión, Blaise la observó con un hambre desnuda, volviéndole a meter las manos entre los cabellos y arrastrándola de nuevo hacia su pene.
Hermione cerró los ojos. Debería estar enfadada. Totalmente encolerizada por esas exigencias con que la controlaban y contenían. Pero no. Estaba más excitada que nunca.
—Succióname profundamente.
La voz de Blaise era tan áspera como el papel de lija. El sonido convirtió su cuerpo en un horno, provocando que su sexo se contrajera de necesidad.
De nuevo, Hermione albergó a Blaise en su boca y lo succionó con tesón. Él se tensó todavía más contra su lengua y apretó los puños en su pelo. Como recompensa, Draco se introdujo con rapidez en ella, aguijoneando su clítoris hinchado con los dedos, ahora empapados con sus jugos. Hermione gritó.
Dios, aquello era excesivo. Era superior a ella. Y si bien Draco había moderado el ritmo de sus envites, Hermione todavía sentía la ardiente espiral de deseo que trepaba por su cuerpo y amenazaba con sepultarla hasta estallar en mil pedazos de placer y conducirla a la locura.
Al sentir que de nuevo Hermione estaba próxima al climax, Draco se salió otra vez. Ella gimió. Tenía que correrse. «Pronto, maldición ¡Ya!»
Concentró sus esfuerzos en la polla de Blaise, lamiéndola desde la raíz a la punta, demorándose en el lugar justo debajo del glande, envolviendo la lengua en torno a la gruesa longitud. Luego se lo metió en la boca profundamente, hasta el fondo de la garganta y succionó con fuerza, hundiendo las mejillas.
Bajo ella, Blaise se puso todavía más duro. Gimiendo y espoleándola.
—Sí, eso es. Maldición, muñeca, tienes una boca... oh, sí. Tan caliente, tan perfecta. Sigue chupando.
Empujó dentro de ella, follándole la boca una y otra vez. Y una vez más, se hinchó contra su lengua de manera que ella sintió cada surco, cada vena, cada latido del semen bajo la piel.
—Jesús, Draco —jadeó Blaise—. No voy a durar mucho más.
—Buena chica —jadeó Draco en su oído mientras le cubría la espalda resbaladiza por el sudor con su cuerpo y comenzaba a embestir su dolorido sexo—. Trágate hasta la última gota.
Hermione meneó la cabeza, asintiendo, frenética ahora por el deseo. Se arañó los muslos mientras el deseo crecía rápidamente en su interior, con el vientre tenso de necesidad mientras Blaise la llenaba otra vez y palpitaba en su lengua con fuerza. Luego Blaise gritó, un sonido gutural que le desgarraba el pecho como si el placer fuera pura agonía. El semen caliente le inundó la boca, salado y lechoso. Apenas tuvo tiempo de tragárselo antes de que Draco se tensara a sus espaldas, agarrándole las caderas con rudeza para embestirla con toda la fuerza que poseía.
El placer de Hermione subió de intensidad ante la sensación del miembro de Draco llenándola. Esa voz ronca excitaba cada uno de sus nervios y los comienzos del clímax revolotearon en su interior, haciéndola gemir y preparándola para la liberación.
—No te corras —le ordenó Draco—. No te he dado permiso.
Tenía que estar bromeando. Frenéticamente, Hermione sacudió la cabeza. No podía detenerse. Simplemente no podía.
Draco le palmeó el culo, y Hermione, por instinto, se apresuró a obedecerle. ¿Por qué, maldita sea? Quería correrse ya.
Pero por encima de todo quería complacerle. Hermione se crispó, intentando contenerse, luchando contra su cuerpo para no alcanzar la satisfacción.
—Aguanta, muñeca —la alentó Blaise.
Ella levantó la vista hacia él, implorando, necesitando. Él solo negó con la cabeza, sus ojos castaños prometían más... pero mucho más tarde.
Ella gimió y lloriqueó. Dios, aquel doloroso placer nunca había sido tan arrollador.
Detrás de ella, Draco le agarraba las caderas mientras la embestía con unos envites penetrantes que le aflojaron las rodillas. El deseo pulsó en su clítoris mientras él la llevaba cada vez más alto.
Luego Draco se hinchó y se puso rígido. Con un grito salvaje y una última estocada brutal, él se corrió larga y duramente.
Hermione no lo hizo. Aunque negarse a sí misma esa satisfacción la hizo tensarse hasta límites insospechados y gritar. Dios, sentía como si la cabeza estuviera a punto de estallarle. El deseo se la estaba comiendo viva. Tan ardiente y condenadamente doloroso. Las lágrimas le anegaron los ojos. No podía seguir así...
Draco se retiró de su cuerpo y se deshizo del condón con una sonrisa de satisfacción. ¡Bastardo! La había dejado ardiendo.
Lo miró con furia, mientras se imaginaba atravesándolo con un asador, o colgándole por las pelotas. ¡Ésa era su fantasía, y era la única que no había alcanzado el orgasmo!
—Guau —comentó Blaise.
—Puro fuego, ¿verdad?
—¡Dejad de hablar de mí como si no estuviera aquí! No podéis dejarme en este... estado.
—Te recompensaremos —la tranquilizó Draco.
—¿Cuándo? El mes que viene no me vale. Incluso cinco minutos me parecen demasiado.
Hermione se retorció con fuerza contra las ataduras llena de frustración. Pero no podía hacer nada, ni siquiera tocarse el clítoris. Y que esos dos la estuvieran devorando con los ojos sólo conseguía ponerla más caliente, aumentando aún más su necesidad de alivio.
—Súbete a la cama.
La profunda voz de Draco cortó el aire, advirtiéndole de que no iba a tolerar ningún arrebato más. Hermione tuvo que morderse la lengua para no mandarle al infierno. En definitiva, no podía desobedecerle. No cuando hablaba así. No sabiendo cuánto deseaba complacerle. La sumisa que había en ella necesitaba someterse a esa presencia fuerte y confiar en que él le daría todo lo que necesitaba.
Hermione se acercó a la cama sin saber exactamente qué postura adoptar. Draco la sacó de dudas y la ayudó a ponerse de rodillas, montando horcajadas a Blaise mientras él se tendía en la cama con una amplia sonrisa. La abrasadora mirada castaña estaba fija en los empapados rizos de su entrepierna, y su miembro ya volvía a estar erguido como una columna de piedra contra su estómago.
Por favor, que no quisieran que follara a Blaise sin correrse.
Tras ponerse de rodillas, Draco la urgió a escalar el cuerpo de Blaise, pasando sobre sus muslos y caderas. Pero no se detuvo ahí. La impulsó a subir más, alzándola, por encima del estómago y pecho de Blaise. Luego el propio moreno la levantó, colocándole las rodillas a ambos lados de su cabeza.
—Tengo que saborear esta rajita —gimió.
Y se hundió en ella como un hombre poseído, atravesando con su lengua el empapado canal. Luego le lamió el clítoris. Hermione jadeó ante la ardiente sensación. Cualquier tipo de calma que hubiera conseguido en los últimos tres minutos se evaporó al sentir la boca de Blaise en su sexo. Se retorció, tratando de encontrar alivio en la dulce tortura de los dientes que la mordisqueaban suavemente. Pero él no estaba dispuesto a permitírselo. En su lugar le rodeó los muslos con los brazos, inmovilizándola.
Hermione podía estar encima, pero era Blaise quien tenía el control.
—Eres condenadamente sexy—la voz de Draco retumbó en su oído desde atrás, ronca por el deseo—. No puedo esperar a que los dos te follemos a la vez y nos empapes con tus jugos.
¿Los dos follándola a la vez? Dios, sí. Draco comprendía lo que ella deseaba con tanta desesperación. Y se lo iba a dar. Esperaba que fuera pronto antes de que muriese por el deseo insatisfecho.
Draco manipuló los candados, y de repente Hermione sintió libres las muñecas, justo cuando Blaise se puso a chuparle el clítoris y casi la envió disparada a la estratosfera. Casi. Pero ni siquiera entonces la dejó despegar.
—¿Me puedo correr? —se giró para mirar a Draco que se inclinaba sobre su bolsa para coger algún nuevo artículo—. Por favor.
—Todavía no. Yo te diré cuándo, cher.
—No puedo resistirlo más —jadeó ella sin aliento—. Es demasiado...
—Puedes y lo harás —le exigió Draco.
Una nueva capa de sudor cubrió la piel de Hermione. Un nuevo ramalazo de lujuria crepitó en su sexo. El mismo gemido que no conmovió a Draco antes, no lo conmovió ahora.
¡Maldita sea! Estaba tan cerca... sentía sus pliegues hinchados a cuatro veces su tamaño natural, y Blaise seguía allí, haciéndola hervir, dándole placer para dejarla justo a las puertas de un orgasmo atómico. Y Draco se conformaba con observar la función, jugueteando ociosamente con sus pezones como si tuviera todo el tiempo del mundo.
—Inclínate hacia delante y apóyate en las manos —ordenó Draco.
Hermione accedió, esperando que la dejaran correrse de una vez por todas y acabar con la vorágine de lujuria que invadía su mente. El orgasmo seguía allí, pendiente de un hilo, creciendo más y más, hasta cotas tan altas que nunca lo hubiera creído posible. Cuando finalmente estallara, iba a quedar totalmente aniquilada.
Un momento después, Draco introdujo un par de dedos profundamente en su canal. Él se retorció, su polla volvía a la vida. Pero no se detuvo. No, esos dedos arrastraron sus jugos al diminuto agujero de su trasero.
Estaba listo para follarla de nuevo. Y una vez que lo hiciera, no habría manera de que ella pudiera detener el orgasmo que burbujeaba en su vientre y bajo el que estaba a punto de sucumbir.
—¡Draco! Señor...
—Tu piel es hermosa... este rubor... —murmuró contra su espalda mientras jugueteaba con un dedo en su arrugado ano.
—Su sabor también es adictivo —masculló Blaise contra su sexo antes de volver a hundir su lengua en ella, antes de chuparle el clítoris.
El oscuro y agudo deseo palpitó con más fuerza. El clímax se acercaba deprisa, enorme, amenazador e inevitable ante esa presa ardiente. Dios, iba a estallar en llamas. No podría contenerse por mucho más tiempo. Las paredes de su sexo se contraían y estremecían. Su clítoris latía contra la lengua de Blaise. Sólo un toque más y explotaría.
Draco parecía haberse olvidado de la debacle sensual de Hermione tomándose su tiempo para llevar los jugos de su vagina al hueco prohibido de su trasero. Hermione se encontró empujando contra los dedos, gimiendo e implorando.
—¿Eres mía? —le murmuró él al oído, tan bajo que sólo ella podía escucharlo.
—Sí.
—¿Por completo?
—Sí. Dios mío, sí.
—¿Te quedarás conmigo? ¿Te entregarás a mí? ¿Te pondrás mi colgante?
—Sí, sí, sí —gimió ella.
Él situó un dedo contra su ano, y todos los nervios de su cuerpo se tensaron cuando él comenzó a presionar hacia dentro.
—¡Oh, sí! —Hermione apenas podía articular las palabras, prácticamente estaba sin aliento. Un dolor agudo y caliente atravesó su piel mientras Hermione murmuraba algo incomprensible.
Draco empujó el dedo profundamente en su ano en el mismo momento que Blaise le mordió el clítoris.
—¡Córrete! —gritó Draco.
Pero ella ya había empezado. Nada hubiera podido impedir que estallara en mil pedazos bajo la presión del dedo invasor de Draco y de la instigadora lengua de Blaise.
Ella no gimió, ni gritó, sino que soltó un fuerte y profundo alarido, mientras se agarraba con fuerza a las sábanas y las oleadas de placer atravesaban su cuerpo. El clímax la destrozó por completo, golpeándola tan fuerte, que se quedó sin aliento. El vientre se le contrajo. Casi perdió el conocimiento mientras el corazón le martilleaba en los oídos como un redoble de tambores.
Dios, estaba agonizando. Allí mismo, en esa pequeña habitación, estallando en tantos pedazos que no creía que pudiera volver a recomponerse. Y no le importó.
Blaise la soltó un instante para coger algo al lado de su cadera. Hermione se dio cuenta de lo que era al cabo de un momento, cuando le observó desgarrar el pequeño paquete metálico con los dientes, colocarse el condón y volver a cogerla por las caderas en un tiempo record.
¿Otra vez? Oh... se sentía como una muñeca de trapo, era la primera vez que se relajaba en horas, y ¿querían llevarla de nuevo al orgasmo?
Antes de que Blaise la penetrara, Draco sacó el dedo de su ano y lo reemplazó por la abrasadora anchura de su pene lubricado.
—Draco... señor —comenzó a protestar.
—Tómame —exigió con un gemido—. Tómanos.
Y se deslizó en su oscuro interior, exigiendo con rudeza que ella se abriera y aceptara en su ano cada centímetro de su polla. Gimiendo ante esa sensación invasiva, Hermione se impulsó contra él hasta que tuvo todo el miembro en su interior y los testículos de Draco rozaron su sexo.
Y allí se quedó, completamente inmóvil.
Sorprendentemente, volvió a excitarse ante la sensación de tenerlo dentro de ese pasaje oscuro y prohibido. Intentó contonearse, gimiendo. Blaise detuvo el movimiento de sus caderas. El alarido anterior la había dejado casi sin voz. La nueva y abrasadora demanda de su cuerpo se llevó el resto.
La estaban matando. De verdad que la estaban matando.
Antes de que pudiera encontrar una manera de recuperarse, de enfrentarse a ello, Blaise situó su grueso miembro en la entrada empapada de su sexo y embistió con rapidez, destruyendo cualquier resistencia, introduciéndose en ella con una despiadada rudeza.
«Oh. Dios. Mío». Se sentía llena y comprimida. El ardor de esos miembros penetrándola sobrecargaba sus sentidos, atravesando su cuerpo con un estremecimiento de placer que la hizo jadear y gritar el nombre de Draco mientras se agarraba a los hombros de Blaise e intentaba a aferrarse a la realidad a pesar de estar en medio de una de sus más íntimas fantasías.
Y luego comenzaron a moverse, con un ritmo que parecía estar especialmente diseñado para arrasar sus sentidos. Draco se retiraba, Blaise la penetraba. Draco la embestía, Blaise se retiraba. Y la fricción, oh, Dios... era tan deliciosamente ardiente.
Nunca había estado tan excitada y Blaise sólo consiguió empeorar más las cosas cuando le presionó el clítoris.
—Jesús, qué estrecha es —exclamó.
—Y la membrana que separa su ano y su sexo es muy fina. Siento tu glande rozándose sobre el mío. ¡Joder!
—Sí —la cara de Blaise se retorció en una máscara de concentración—. Me está haciendo perder el control.
—¿Qué control? —gruñó Draco—. Cher, córrete cuando quieras, tanto como puedas.
Era toda la invitación que Hermione necesitaba. La sensación de la polla de Blaise contra su cerviz y la suave presión de su pulgar sobre la resbalosa superficie del clítoris inflamado, la hizo explotar, haciéndola ver toda clase de estrellas y luces bajo sus párpados. Caramba, no se sorprendería nada si alguien le decía que el cielo se había abierto en dos.
La explosión que Draco había ordenado fue tan afilada como un machete. Los dos hombres la desgarraban con un placer intenso, sublime y sobrenatural.
Draco la recompensó rodeándola y alzando uno de sus pechos hacia la boca de Blaise que tomó el pezón entre sus labios con avidez, lamiéndolo con dureza, y mordisqueándolo. Una sensación electrizante bajó desde su pecho al vientre, y más abajo, donde Blaise la empalaba con la longitud de su miembro. Y... donde Draco despertaba sensaciones prohibidas mientras la penetraba profundamente.
Juntos la poseyeron con rudeza, con envites que la elevaban hasta alturas imposibles, conduciéndola hasta algo enorme e irresistible. Indescriptible.
Apenas había recobrado el aliento cuando sintió que la carne de Draco empujaba todavía más profundamente en ella, provocándole estremecimientos de placer mientras exhalaba en su cuello y murmuraba:
—Eres mía. Te amo.
Algo se rompió en el interior de Hermione al escuchar esas palabras. Cualquier resistencia que hubiera tenido en el pasado se evaporó. Le dirigió a Draco una mirada desnuda por encima del hombro, sabiendo que la total sumisión asomaba en sus ojos, y llegó al clímax otra vez. Contrayéndose con fuerza en torno a las dos pollas, que ambos habían introducido profundamente en su interior, el orgasmo la recorrió; una oleada tras otra de placer que la llevó a la completa sumisión.
Sintió que las lágrimas le resbalaban por las mejillas. En ese momento, Hermione no era ella misma. No le preocupaba si aquello era la elección correcta ni qué pensarían los demás de ella, ni si podría vivir consigo misma. Cuando Draco y Blaise se derramaron en su interior, gimiendo y jadeando, ella se sintió en paz. Una paz tan perfecta como el primer placer perfecto que había sentido en su vida.
—¡Sí! —gritó ella, mostrando en su voz dolor, necesidad, amor y placer.
—Te amo —jadeó Draco en su oído—. Dímelo.
—¡Sí! Sí, te amo.
Mientras remitía el placer, Draco la abrazó con fuerza, con tanta fuerza que parecía que no querer soltarla nunca. Justo lo que Hermione deseaba.
Los rayos del sol del mediodía se filtraban por las ventanas de la pintoresca casita del bed & breadfast e incidían sobre el pelo canelo de Hermione y su pálida piel desnuda mientras estaba acurrucaba a su lado dormida, descansando la cabeza sobre su hombro. Blaise estaba tumbado tras ella, con la mano, laxa por el sueño, apoyada en la cintura femenina. Parecían en paz.
Y él estaba en el infierno.
No porque Blaise la hubiera tocado. Sorprendentemente, había sabido casi desde el momento que éste puso las manos en Hermione que si bien ella apreciaba las caricias de Blaise, no ponía su corazón en ello.
Después, Draco sólo había disfrutado con los fuegos artificiales que su fantasía había provocado.
Tal y como había esperado, Hermione se había rendido por completo, entregándose a él en cuerpo y alma. Había conseguido que se sometiera sin vacilaciones, tal y como había querido desde el primer momento que la vio.
Hermione le había dicho que le amaba.
¿Cómo demonios pensaba decirle ahora que había planeado su primera cita con el propósito de tirársela para vengarse de su novio? Ex-novio. No había manera de que la dejara volver con Harry Potter después de aquello.
Pero ¿y si ella quería volver con ese bastardo?
Iba a tener que confesárselo todo, explicarle cómo y por qué había amañado su primer encuentro, y jurarle por su vida que todo había cambiado casi desde el mismo momento que la tocó.
Demonios, debería habérselo contado todo mucho antes. Draco suspiró y apretó los puños. En cuanto relegó la venganza a un lado para conquistar a Hermione, debería haberse sincerado con ella, debería haber puesto las cartas sobre la mesa. Planear formas de ganarse su confianza para luego reconocer que le había mentido, había sido la idea más condenadamente estúpida que había tenido nunca.
Intentando no dejarse llevar por el miedo a perderla, Draco la despertó con un beso.
«Por favor, Dios, que no sea ésta la última vez que me deje tocarla».
Lentamente, Hermione abrió los ojos. Su lánguida mirada chocolate, su sonrisa saciada y su desperezar felino, le produjo una punzada en el corazón.
Hermione no era simplemente hermosa, sino que era perfecta para él. La amaba como... como nunca había amado a ninguna mujer. Y si no jugaba bien sus cartas, ella saldría por esa puerta y no volvería a verla.
Draco contuvo un taco.
—Hermione. Cher... —murmuró.
¿Y ahora qué? ¿Cómo continuar? ¿Cómo demonios podía acabar la frase?
—Tengo algo que decirte —susurró.
Las cejas color jengibre se arquearon en un ceño cansado. Bostezó, cubriéndose la boca con la mano en un gesto tan femenino como inocente.
A Draco se le encogió el corazón y se sintió como si lo hubieran pateado en el estómago. Dios, prefería que le cortaran las pelotas con un cuchillo oxidado y romo que destruir el vínculo entre ellos.
—Hum. —Ella gimió. Cerró los ojos mientras le dirigía una sonrisa somnolienta.
Detrás de ella, Blaise se movió, deslizando la mano hacia abajo, hasta su cadera. Luego soltó un ronquido. Hermione soltó una risita nerviosa.
Ignorando a Blaise, Draco le cogió la cara, clavando la mirada en ella.
—Te amo, cher. Tengo que saber una cosa. Harry y tú...
Hermione abrió los ojos. Del todo.
Contuvo el aliento.
—Draco, yo...
—¿Le amas? —exigió saber.
Hermione vaciló claramente, sin saber qué decir. Él sintió que se le encogía el estómago. Maldita sea, si ella decía lo que no quería oír, le rompería el corazón.
—Sí, pero no cómo tú piensas. Él...
Algo —alguien— golpeó la puerta. Un momento después, la madera se astilló en un sonido ensordecedor. La puerta se abrió de golpe, chocando contra la pared.
Draco se colocó de rodillas delante de Hermione y se enfrentó a la amenaza que había destrozado la puerta.
Era Harry Potter vestido con traje de oficina y con un cabreo de mil demonios.
—Aparta tus jodidas y sucias manos de ella, Malfoy. —Echando una significativa mirada al dorado musculitos, señaló a Draco—. ¡Ahora!
NOTA:
Un poquito tarde pero aquí está. Oh Dios mioo...! Esto estuvo muuuuuuuy bueno, imagínense tener a esos dos juntos, o mejor aún, estar en la posición o mejor dicho, lugar de Hermione... uuuuuummm... La fantasía al fin cumplida! Que dicen, ¿Cumplió las expectativas? dfasgdhajda
Hermosa escena del final hahahha, definitivamente, ¿Como no amar a Blaise? y ¿Porque será que siempre los interrumpen cuando están en un momento importante? $: Harry esta hecho una fiera, tantantaaaaan, algo me dice que ya vio el video, oye Draco, oyeeee...!
Esto se pone cada vez más bueno. Les recuerdo que estamos llegando al desenlace de esta bella historia, espero sus reviews como siempre. Saludos.
