¡Buenas noches!
Estoy aquí poniéndome por fin al día con mis fics, muchas gracias por la paciencia, de verdad y por sobre todo muchas gracias por sus reviews, su apoyo me dan más ánimos para escribir.
Sé que a varias le sorprendió la descalificación de Kagome y es que se me ocurrió en el último momento, no me odien, todo pasa por algo (aunque aún no estoy al 100% con la solución), pero estoy segura de que al ingenioso de Sesshoumaru debe ocurrírsele algo (espero xD)
Ojala les guste este capítulo, es un regalito para ustedes quienes siguen mi historia y dejan su huellita cuando pueden o por el simple hecho de apoyarme al leerla ^^
~ Cindy Elric ~
Vigesimoquinta Melodía: Agradecimiento
Quedaban 15 minutos para medianoche, tanto la salida como el centro del laberinto aún eran desconocidos, sólo tenía minutos para salir de ese lugar y no quedar atrapada para siempre pero ese detalle no parecía importante para la sacerdotisa porque se había quedado fija en un pensamiento, en tratar de recordar por qué era una buena noticia el haber perdido la prueba, por qué siempre había repetido que no le importaba ser parte de ese ritual, por alguna razón la respuesta a esas preguntas se le habían escapado, no podía dar con ellas, sólo había quedado el residuo de una latente preocupación.
–Kagome… –el niño la miraba en silencio, contando los segundos que se desvanecían, poniendo atención al hecho de que el tiempo se acababa, debía hacerla reaccionar, si no se iba, si no salía quedaría encerrada para siempre en ese lugar–. Kagome, debes seguir.
–Lo sé Kazuki –le sonríe por simple inercia y caminando por la misma razón, sólo para obedecer al pequeño, sólo caminando sin poner real atención en la dirección, no tenía idea a donde llegaría y eso no podía seguir así, debía concentrarse, debía encontrar la salida o nunca más volvería ver a sus amigos, nunca volvería a ver a Inuyasha…–. No lo volveré a ver… –suspiró, es verdad, el hanyou espera por ella, tiene que regresar a su lado, él es la persona indicada para ella, siempre lo ha sido, nadie más podría serlo… nadie, ni siquiera…
Quedaban diez minutos para medianoche, Kazuya se encontraba en la salida del laberinto, le había comunicado debidamente a Irasue de las ganadoras de esa prueba, ignorando la evidente alegría de la mujer y rechazando su invitación a celebrar, ahora sólo importaba una cosa, que Hikari y Kagome salieran del laberinto. La prueba había terminado, entonces el que entrara y las buscara ya no sería interferir, trató de concentrarse para sentir la presencia de Hikari pero no pudo dar con ella, no la sentía en ningún lugar del laberinto, frunció el ceño y entonces buscó a la sacerdotisa, concentrándose aún más pero obteniendo el mismo resultado, algo estaba bloqueándolo, la vez anterior había sido igual, sólo pudo encontrarla ya que Sesshoumaru se encontraba junto a ella… de repente una luz que apareció en la salida del laberinto, cegándolo por segundos.
–¡Kazuya!
–¡¿Hikari?! –De repente vio a la chica aparecer frente a él, de la nada y aunque reprimió el impulso de ir a abrazarla la youkay le ganó, ella corrió hacia él sin cuidar su reacción, abrazándolo efusivamente como sólo en la intimidad se le era permitido.
–Qué bueno verte Kazuya –sonrió contra el cuello del demonio, pero el silencio en respuesta la alertó dándose por fin cuenta de lo que había hecho sin pensar–. Lo siento…
–Eso fue muy romántico.
La pareja vio a quien se aparecía frente a ellos dentro del laberinto.
–¿Quién eres? –Cuestiona Kazuya poniéndose en alerta.
–Kazuya, él es Kimura tu hermano dentro del laberinto, no me digas que no lo sabes –arquea una ceja mirando al youkay.
–Kazuya nunca me había visto, de seguro y pensó que como él es un youkay muy especial no podía tener un hermano acá dentro.
–Sí que me conoces –sonríe por esas palabras y al entender la situación, de verdad nunca se detuvo a pensar en si su alma se había dividido–, aunque lo creí más porque he entrado muchas veces al laberinto y aun así nunca te he visto.
–Ah, eso pues… –rasca su cabello–. He estado castigado por mucho tiempo y ahora por ayudar a Hikari serán 10 años más de penitencia, con estos ya llevo 50 años que he pasado encerrado –ríe.
–Eres demasiado bueno –se queja Hikari acercándose al demonio dentro del laberinto–, aunque un poco estúpido también. Kazuya, ¿sabes? Tu hermano me obligó a participar en un estúpido juego y amenazó a todas las doncellas con aprisionarlas para siempre si yo no me quedaba con él.
–¿Eh? ¿Por eso fue que sentí una de las presencias desaparecer en el laberinto?
–Pues sí, pero era todo un truco, él sólo no quería que ganara y eso es porque… –no pudo continuar porque su boca fue oportunamente callada por una mano.
–Por nada Kazuya –se ríe–. Cambiando de tema, ¿qué pasó con el ritual?
–Pues… –el youkay bajó la mirada, preocupando a quienes concentraron su atención en él–. La Dama de Jade y Kagura pasaron la prueba.
–Pero, ¿de qué hablas? ¿Qué pasó con Kagome?
–Ella aún no ha salido –responde mirando hacia el laberinto.
–¡Eso no puede ser! ¡Sólo quedan 8 minutos para medianoche! ¡Kazuya ve a buscarla!
–No puedo, no sé dónde está, no puedo sentir su presencia…
–¡Kimura! Tú…
–Lo siento Hikari –la interrumpe negando–, tengo que pagar mi penitencia, el laberinto no me dejará ayudar a nadie más.
–Pero Kagome… iré a buscarla…
–¡No lo hagas! –Kazuya la detuvo tomando una de sus manos–. Puedes quedar atrapada, aun no es medianoche y si a las 12 estás adentro te quedarás ahí aunque ya hayas salido, cronológicamente hablando la prueba aún no ha terminado.
–Pero…
–Nadie puede estar en el laberinto a medianoche aunque ya haya salido –insiste el youkay sin dejar ir a la chica–, hasta yo podría quedar atrapado, debido al ritual el laberinto hace valer reglas diferentes a las normales.
–Eso es verdad, el laberinto los dejará atrapados a ambos si están acá a medianoche, ahora todo queda en manos de esa chica… –Kimura mira al laberinto y frunce su ceño–. En manos de ella y de esos dos hermanos…
–¿De quiénes hablas?
–De Kazuki y Sesshoumaru.
…
Kagome seguía caminando y el niño notaba que no se acercaban a la salida, al contrario, parecían perderse aún más, si él no hubiera recorrido esos caminos tantas veces o pudiera sentir la extensión de las paredes del laberinto de seguro que también estaría perdido por tantas vueltas que han dado.
–Kagome… te recomiendo doblar a la derecha… –murmura en un suspiro deseando no ser descubierto por el laberinto, pero notando como su gran sacrificio es completamente ignorado por la chica por lo que arruga la nariz con molestia–. Oye mujer estúpida, te estoy hablando.
–¿A la izquierda? –Menciona sin interés y dobla hacia esa dirección.
–¿Es que acaso tú…?
–No pierdas el tiempo –lo interrumpen–. Esa humana nunca obedecerá órdenes.
La sacerdotisa y el niño se voltearon para confirmar lo que ya sabían, ambos conocían muy bien esa voz así que la reconocieron sin problemas.
–Sesshoumaru…
–Mocoso lárgate de aquí –le dice mirándolo seriamente.
–Tú… –cuando estaba a punto de responder su insulto siente una mano sobre su hombro.
–Kazuki, por favor… –le sonríe.
La chica quería estar a solas con el youkay, debían discutir algo importante, mientras que el niño miró no muy convencido esa sonrisa pero decidió resignarse, aun así no dudó en mostrarse ofendido por la petición.
–Después no te quejes si no puedes salir… –resopla para luego marcharse, no sin antes murmurar algo más en voz baja, sin ser oído por la sacerdotisa pero perfectamente claro para el demonio que frunció el entrecejo ante sus palabras.
–Supongo que ya lo sabes.
–Sí Sesshoumaru, Kazuki me lo dijo… –baja la mirada–. Siento no serte de ayuda después de todo.
–Nunca creí en verdad que lo lograrías, tarde o temprano tenías que echarlo a perder.
–Pues discúlpame, nunca quise estropear tus planes –se cruza de brazos–, en primer lugar yo ni quería participar en este ritual.
–Es increíble que pudieras sobrevivir las primeras tres pruebas, quizás deba agradecer el esfuerzo.
Kagome no creyó escuchar bien las palabras del youkay, trató de repasarlas en su mente y miró con desconfianza la sonrisa extraña en los labios del demonio… se estaba burlando de ella, esa era la única explicación viable.
–Estúpido –le hace un desprecio–, ¿me harás perder mis últimos quince minutos en esto?
–Faltan tres minutos para media noche.
–Bueno, mis últimos tres… ¡¿Cómo que tres minutos?! –Ahora sí se asustó, era imposible encontrar la salida en tres minutos–. ¡¿Por qué no me dijiste antes?! ¡¿Te das cuenta que quedaré encerrada para siempre?!
–Tres minutos es suficiente para…
–¡¿En qué universo tres minutos es suficiente?! –Lo interrumpe–. ¡¿Sabes cuánto tiempo llevo perdida en este estúpido laberinto?! ¡Casi 15 horas y ahora sólo tengo 3 minutos para salir! ¿Sabes qué es eso? ¡Son sólo 180 segundos! ¡Ni siquiera he comido y todo por esta maldita prueba que ni siquiera he podido ganar! ¡Todo es tú culpa! ¡Maldito demonio! ¡Eres un…!
La histeria de la chica fue oportunamente callada por el youkay, claro, a ella no le pareció adecuado su forma de silenciarla, una mano en su boca no era precisamente lo que quería cuando estaba deshaciéndose de toda su frustración, pero lo que en verdad era lo que le molestaba es que para callarla se había puesto atrás de ella, atrapándola por la espalda, estando demasiado cerca, podía sentir el cuerpo tras suyo, ese contacto podría ser interpretado como peligroso, pero otra palabra rondaba en la cabeza de la sacerdotisa, ese leve aliento en su cuello la hacía tensarse sin poder reaccionar como quisiera, su cuerpo no hacía caso de las órdenes de su cabeza, quería alejarse, golpearlo y gritarle, pero no podía, estaba paralizada.
–Sólo necesito un minuto para salir de aquí –acercó su rostro al de su prisionera, mostrándole su sonrisa, disfrutando del desconcierto de la mujer y sin deshacer el agarre desapareció de ese lugar, saliendo del laberinto y alejándose lo que más pudo del castillo, no tenía intención de encontrarse con nadie, no quería ver a su madre ni a ninguna de las molestas doncellas, no quería que nadie interrumpiera ese estúpido momento.
Frente a la salida del laberinto los tres youkay miraban con preocupación la luna casi oculta, el tiempo se había cumplido, la medianoche había llegado y Kagome aún no salía de ese lugar.
–¿Kagome quedó atrapada? –junta sus manos en su pecho.
–Han nacido cuatro nuevas presencias en el laberinto –murmura Kimura con sus ojos cerrados–, esa chica pudo salir.
–¡¿En serio?!
–Pero… ¿cómo? Sólo le quedaban pocos minutos, además no ha encontrado la salida…
–Fácil, Sesshoumaru se la llevó –respondió el niño que aparecía junto a Kimura.
–¿El príncipe la ayudó a salir?
–Al final sí quiso salvarla… –sonríe Kazuya–. Eso es bueno, ¿verdad Hikari? –mira a la chica que sonriendo ampliamente asiente.
–Es sólo un estúpido –resopla el niño–, si no se sabe controlar podría hacer algo de lo que se arrepentirá… –Kazuki alza la vista al cielo, frunciendo el ceño en un presentimiento, las sensaciones que recibía del alma del youkay no eran normales, carecían de tranquilidad, estaba inquieto, ansioso por algo… no lo entendía, aun no era capaz de leer totalmente su esencia, quizás por su edad o por lo poco que conocía del mundo, lo único seguro es que esa presentimiento era real.
…
La luna apenas era visible, el eclipse casi finalizaba y con él también terminaría el ritual que sellaría el futuro del heredero de las tierras del oeste, Sesshoumaru conocía la importancia de esa innecesaria tradición, no la entendía ni terminaba de resignarse, pero sabía que era un mal necesario, el poder de su padre tenía que pertenecerle, nunca dejaría que el híbrido lo poseyera, jamás podría aceptarlo.
Un movimiento lo desconcentró de sus cavilaciones, alguien se movía entre su brazo, tratando de empujarlo, alejarlo, entonces fue que recordó que aún mantenía presa a la sacerdotisa, deshizo el agarre tranquilamente, sin poner atención en que estuvo a punto de asfixiarla, ignorando por completo las maldiciones que ella decía entre dientes mientras recuperaba el aire.
–¡¿Qué crees que hacías?! –pregunta tras recuperar por fin el aliento.
–Deberías agradecérmelo.
–¿Y por qué? –arquea una ceja poniendo sus manos en su cintura y entonces ve como el youkay le indica el cielo, imitó la dirección de su mirada dándose cuenta de que ya no era de día, era noche, más que eso, medianoche, si podía ver el mundo real eso significaba que se encontraba fuera del laberinto, entonces… él la había salvado de quedar atrapada.
–¿Y bien? –sonríe de lado.
–Yo… pues… gracias… –responde desviando la mirada, no quería darle esa satisfacción pero lo merecía, después de todo se había dado la molestia de ayudarla a pesar de que ella ya no podría serle de ayuda, se detuvo en ese pensamiento, era cierto, él ya no debería interesarse en ella, ya no le "servía" en sus planes–. ¿Por qué?
–¿Qué?
–¿Por qué me salvaste? Ya no puedo ayudarte, no puedo cumplir el objetivo que deseas, no tenías por qué sacarme del laberinto, entonces… ¿por qué lo hiciste?
Sesshoumaru la miró en silencio, en su cabeza tenía mil razones con las cuales podría responder, excusas vacías, fundamentos sin poder de persuasión, podría decirlas pero era seguro que la mujer no creería ni una palabra. También podría callar, no responder, sólo ignorarla y alejarse de ahí, podría escapar como un maldito cobarde, pero… ¿por qué tendría que temerle a su pregunta? No había nada en ella capaz de intimidarlo, no podía asustarse por una estúpida pregunta.
–Eso no te importa –tal vez no fue la mejor opción, el esquivarla con una frase desafiante sólo lograría alargar esa situación, enfadar a la mujer haciéndola exigir una respuesta que la convenza.
–Ya veo… –desvía la mirada, no tenía ganas de discutir esa noche, había pasado por demasiadas cosas y ahora que lo piensa el sueño empezaba a molestarla, quería dormir, descansar un día entero si fuera posible.
El youkay se sorprendió por la reacción de la chica, nunca pensó que sería tan fácil, después de todo no necesitaba las excusas que había planeado, ella había aceptado lo primero que le había dicho, quizás si hubiera usado una absurda mentira también la hubiera aceptado sin discutir.
–Hikari salió ilesa del laberinto –vuelve a hablar probando suerte, viendo la reacción que sus palabras tendrían en la mujer, esperaba una amplia sonrisa y comentarios molestos de felicidad exagerada, pero al igual que antes ella sólo volvió a desviar la mirada, los labios de la sacerdotisa rompieron en una sonrisa, pero esta era débil, casi sin vida, algo pasaba, algo extraño y que él no lograba descifrar.
–Me alegro… –no mentía, estaba feliz y mucho, todo el tiempo que había pasado en el laberinto no dejó de pensar en ningún momento en su amiga, era un alivio saber que había salido con bien de ese horrible lugar, estaría saltando y gritando de alegría si no fuera por ese repentino cansancio que la había asaltado, tal vez sea por el estrés emocional que significó esa prueba, el no haber comido nada durante todo el día ayudaba también, sentía que las piernas se le iban a doblar, empezó a sentir vértigo de repente, no podía hacer que los árboles dejaran de girar a su alrededor.
Sesshoumaru la vio alzar una mano tratando de alcanzar algo a su lado, parecía que sus piernas iban a ceder y confirmando sus pensamientos vio como la mujer perdía el equilibrio, al no poder encontrar nada de que sostenerse finalmente cayó de espalda y esa caída hubiera sido dolorosa si no fuera gracias a la rapidez del youkay quien pudo sostenerla antes de que tocara el suelo, arrodillándose él mismo por el nuevo peso sobre su brazo. En silencio observó el rostro pálido, sólo había perdido la conciencia, no era nada peligroso, quiso dejarla ahí, su primer impulso fue marcharse abandonándola en el bosque, pero algo lo detuvo, no podía deshacerse de ella de esa manera, dejarla a su suerte y entonces volvió a mirarla, examinándola, recordando que esa era la primera vez que la veía tan tranquila, tan dócil… si en ese momento él hiciera algo, la insultara, le dijera todas las cosas que a su mente llegaban cuando ella lo encaraba con tanta insolencia la sacerdotisa no se daría cuenta, ni siquiera lo sabría, podría hacer cualquier cosa y ella simplemente nunca se enteraría.
–Tonterías… –se recriminó sus propios pensamientos, pensado en lo innecesario de ellos, no valdría la pena insultarla si no podría herirla, no sacaba nada con decirle cuanto la despreciaba si ella no lo sabría, quiso levantarla del suelo y por primera vez desde hace tiempo extrañó su otro brazo, era imposible cargarla así que sólo supo hacer una cosa, sujetarla con fuerzas alrededor de su cintura, acercándola a él, asegurándose de que no caiga, casi en un abrazo pero que él obviamente no lo llamaba así… y entonces se apresuró hacia la habitación de la mujer antes de que despertara o alguien lo descubriera.
Al parecer la molesta y exagerada alegría por el resultado de la prueba tenía a todos distraídos en el salón principal, Sesshoumaru sabía que la idea de esa celebración era de su madre y frunció el ceño por ello, después de todo esa mujer quería evitar por todos los medios que la humana ganara y el que fuera eliminada del ritual era simplemente perfecto en sus planes.
No fue difícil entrar en la habitación y dejarla en su cama, lo que fue incomprensiblemente complicado fue alejarse en el momento que la sacerdotisa estaba ya en su lugar, la principal idea era abandonarla en el bosque, después esta cambio a dejarla en su habitación pero ahora sintió un impulso de cambiarla nuevamente, pero… ¿por cuál? Y la pregunta más importante, ¿por qué?
–Lo… siento…
El youkay vio a la sacerdotisa, parecía estar murmurando algo en sueños, cosas indescifrables pero pudo entender esas dos palabras, frunció el ceño mirándola fijamente, reflexionando en algo, tratando de convencerse en que era una estúpida idea al mismo tiempo que algo en su interior lo impulsaba a hacerlo.
–Sesshoumaru…
Eso logró desconcertarlo, lo nombraba en sueños, esa desagradable mujer estaba nombrándolo a él, no al hanyou, no a sus amigos, a él… ¿Por qué a él? Se acercó a la cama, examinando sus reacciones, seguía profundamente dormida, inquieta, parecía estar sufriendo… los labios tiritaron frente a él, en un suspiro, un quejido ahogado y entonces puso atención en esa parte de su rostro, viendo esa boca y provocando que una nueva idea asaltara su mente, una aún más estúpida que la anterior, mas desquiciada, no propia de un youkay. Se acercó otros centímetros casi arrodillándose al lado de la cama, quizás era que había estado tan empeñado en que esa mujer ganara el ritual que llegó a creer que podría hacerlo, pero… ¿cómo? Una simple humana como ella, tan débil, tan frágil, que por no comer durante un día estaba en esas condiciones, que por haberse perdido en un estúpido laberinto podía cansarse hasta tal estado.
–Lo siento… Sesshoumaru…
No, no estaba débil por no comer, no sufría por cansancio, la mujer estaba sufriendo por él, por no ayudarlo, por no ganar la prueba.
–Humana estúpida…
Dejó ir en un gruñido acostando entonces los últimos centímetros que los separaban, callando esa molesta boca que lo sacaba de quicio, logrando por primera vez ese silencio que tanto deseaba de esa mujer, ella no pudo responder, ni siquiera despertó por la falta de aire y él agradeció aquello, ese sería su secreto, ese instante de debilidad y locura sólo él lo sabría, no tendría que dar estúpidas explicaciones, inventar excusas vagas, darle mayor importancia de la que tenía, había sido sólo un contacto, un agradecimiento por su sacrificio y quizás ese perdón que tanto pedía en sueños… nada más, sólo eso, entonces salió de la habitación, tan invisible como al entrar, nadie lo vio, nadie notó lo que le había arrebatado a la mujer, sólo él lo sabría, él y nadie más…
Continuará…
