La siguiente semana fue una auténtica tortura para Sheldon Lee Cooper. Veía a Penny casi las veinticuatro horas del día. Cada dos por tres estaba en su apartamento o en su oficina, estudiando frenéticamente y bombardeándolo a preguntas. Realmente, había mejorado mucho, en comparación con sus primeros días en el insondable mundo del conocimiento. Sheldon estaba razonablemente seguro de que lograría superar su examen, del mismo modo que lo estaba acerca de que no podría aguantar más tiempo esa situación. No se trataba simplemente de verla a todas horas. A eso se había acostumbrado más o menos hacía tiempo. Era… mucho más que eso. Ahora ella ya no se colgaba nunca de su cuello para besarle, y cuando lo hacía, únicamente era para besar su mejilla. Maldición, sí, era eso. Lo que no soportaba era que ya no lo besara o no lo abrazara como antes. Era inútil seguir negándolo. El joven físico apoyó la cabeza entre las manos. Era una agonía tenerla sentada junto a él, hablando, discutiendo, gesticulando y sonriendo con aquella maldita sonrisa y no poder hacer nada más que mirarla con cara de póker y luchar por seguir respirando. Era casi un dolor físico. ¿Cómo había llegado hasta esa situación? Lo peor de todo es que ella parecía ir siempre a buscarle cuando Leonard, o Raj, o cualquier otro de sus amigos estaba en el apartamento. Jamás iba cuando estaba solo. Incluso las veces que, desesperado ya por la situación, había ido él a llamar a su puerta para estudiar en el solitario apartamento de su vecina, ella no estaba… o simplemente fingía no estar.

Exhaló un gemido de angustia. No sabía lo que le ocurría. Bueno… en realidad, sí lo sabía, pero prefería seguir pensando que no, de lo contrario saltaría aterrado por la ventana. Había intentado todo para olvidar aquello, para apartarla de su cerebro, para volver a verla como sólo la alocada vecina de enfrente. Pero todo había resultado inútil. Cada vez que intentaba pasar varios días sin su presencia, la tortura era aún mayor, como si sufriese un raro síndrome de abstinencia. Sí, se había vuelto adicto a una droga llamada Penny, y lo acabaría llevando a la tumba.

El pobre físico tomó un sorbo de la taza de té que tenía entre las manos, procurando tranquilizarse lo bastante como para que la cucharilla dejara de golpear la porcelana. No podía seguir así. Aún tenía una débil esperanza. Cuando Penny consiguiera superar su examen y entrar en la academia, ya no tendría ninguna excusa para verla hasta en la sopa. Respiró profundamente. Sí, eso era. La chica estaría muy ocupada y emocionada con sus clases de interpretación, conocería a gente nueva y… él podría retomar su perfecta y ordenada vida. Se recostó en su sitio del sofá, como si buscase la protección que sólo él lograba encontrar en ese rincón. Miró el reloj. Puede que ya hubiese sucedido el pequeño milagro que esperaba. A esas horas, la chica ya debía haber terminado su examen y estaría esperando para saber su calificación. No pudo evitar sentirse inquieto. Deseaba fervientemente que lo hubiera logrado, no sólo por librarse de esa agonía, sino también porque… Penny lo merecía.

Leonard apareció en el salón.

- ¿Todavía no ha vuelto Penny?

Sheldon simplemente negó con la cabeza, con la mirada clavada en su taza de té. El físico experimental no pudo evitar sentir una oleada de pena por él. Jamás hubiera imaginado que su ególatra e intolerante compañero de piso pudiera inspirarle tanta compasión. Bueno, no es que pensase que era un robot sin sentimientos pero… A decir verdad, aquello era como la singularidad del Big Bang. Inexplicable. Ver a Sheldon torturado en el sofá, devanando su portentoso cerebro pensando en una chica era simplemente increíble. Por un momento dudó en tener una conversación en serio con él. Pero lo descartó. Al fin y al cabo, seguía siendo Sheldon, por muy perturbado que estuviera. Además, si el físico teórico hubiera querido hablar, lo habría expuesto sin rodeos.

Leonard se dispuso a sentarse en el otro sillón, con su portátil en el regazo, cuando de pronto la puerta del apartamento se abrió bruscamente. Los dos físicos alzaron la cabeza un tanto sorprendidos. Penny apareció en el umbral de la puerta, con el rostro desencajado y las lágrimas fluyendo sin pausa por las mejillas. Sheldon creyó que se le paraba el corazón.

- Penny…- empezó Leonard, asustado.

El bolso se deslizó de su mano y cayó al suelo. La chica parecía no reaccionar. Estaba allí, plantada, presa de un incontrolable temblor mientras lloraba silenciosamente sin tregua. Sheldon no pudo soportarlo más y se levantó automáticamente. Leonard le imitó.

- Pero ¿qué…?

El físico teórico no pudo decir más. La chica le alcanzó en cuatro zancadas y se abalanzó sobre él con tanta fuerza que lo derribó sobre el sofá. Lo abrazó con todas sus fuerzas, cortando su respiración, y empezó a besarle en la frente, las mejillas, el mentón, las sienes… y por toda la cara, igual que cuando habían jugado al ridículo juego de chicos contra chicas. Leonard parpadeó, atónito, mientras intentaba cerrar su desencajada mandíbula. Aquella visión era… simplemente increíble. No pudo hacer otra cosa más que contemplar cómo Penny se dedicaba a matar a Sheldon a besos. El joven físico teórico intentó luchar por su vida y por respirar de nuevo, pero los brazos de Penny y su insospechada fuerza de granjera de Nebraska no le dejaban inspirar. Finalmente, logró tomar el oxígeno necesario.

- Penny…- casi jadeó.- Por favor… te… agradecería que… me dejaras… respirar.

La chica pareció reaccionar al fin y le soltó suavemente, mirándolo con adoración. Seguía llorando, pero no parecía triste en absoluto. Se separó de él, recuperando un poco su compostura y sentándose en su lugar del sofá. Sheldon también logró sentarse, pero seguía sin entender nada.

- He…he aprobado…- dijo la chica, quebrándosele la voz.

Leonard sonrió mientras abría la boca de la sorpresa. Sheldon se quedó paralizado.

- Eso… eso… ¡Es genial!- dijo el físico más bajo.- ¡Enhorabuena!

Penny sonrió feliz y abrazó a Leonard, agradecida por su sincera felicitación.

- Lo siento… siento haber reaccionado así, Moonpie…- dijo con una expresión tan linda como visiblemente embarazada.- Pero es que… no os imagináis lo que sentí al ver que… había aprobado. ¡He sacado un ocho! Jamás en mi vida había sacado un ocho.- dijo emocionada.- Sé que para vosotros sería un desastre de nota, pero… no os imagináis lo que significa para mí.

Otra lágrima volvió a resbalar por su hermosa mejilla. Sheldon tragó saliva.

- Bueno… realmente es lo menos que podías sacar, después de haber tenido un profesor como yo.

Leonard le miró perplejo. Sí, evidentemente, Sheldon Cooper no podía dar la enhorabuena de otra forma. Aunque lo divertido era verle decir eso con miles de marcas del pintalabios de Penny por toda la cara y un rubor bastante sospechoso en sus mejillas. El físico experimental no pudo evitar una risita sardónica. Penny también sonrió, mientras Sheldon bajó la mirada, como si no pudiera soportar ver el hermoso rostro de la chica un minuto más.

- Oye, esto hay que celebrarlo.- propuso Leonard.- Podríamos hacer una pequeña fiesta en casa esta noche. ¿Qué os parece?

Penny dejó de llorar automáticamente y sus ojos se iluminaron.

- Es una idea genial, Leonard.- aprobó.

- Creo que seguís teniendo problemas en distinguir lo que es una "idea genial".- rebatió Sheldon.- ¿Desde cuándo damos fiestas aquí?- preguntó mirando a su compañero de piso con mala cara.

Leonard intentó devolverle la misma mirada, pero simplemente no podía. Se echó a reír sin remedio.

- Oye, Sheldon, si quieres adoptar tu postura de ogro antisocial, por lo menos lávate la cara de todas esas marcas de pintalabios…- sugirió burlón.

Sheldon le miró con expresión de pánico y se tocó el rostro. Una suave mancha rosa apareció en sus dedos y su ojo empezó a temblar incontrolable. Se marchó a toda prisa al cuarto de baño. Penny y Leonard no pudieron evitar echarse a reír.

- Debo reconocer que si querías lograr que Sheldon perdiera definitivamente el juicio, lo has conseguido.- dijo Leonard.- Y eso es un logro increíble.

La chica meneó la cabeza. No se sentía muy cómoda hablando de algo así con su ex. Leonard pareció entender su incomodidad.

- Oye, en serio, no te preocupes. No pasa nada. En realidad, me alegro por él. No podría encontrar a alguien mejor. De lo que no estoy tan seguro es de si debo alegrarme por ti…- dijo con una mueca de susto.

Penny sonrió, sintiendo que sus reservas desaparecían. Se daba cuenta de que le encantaba Leonard en su papel de amigo. Era muy distinto a su papel de novio, al menos respecto a ella. Se alegraba de que por fin las cosas hubieran tomado el rumbo adecuado. Apoyó una mano cariñosa en su brazo.

- Gracias Leonard.

El físico experimental le guiñó un ojo y tomó su portátil para volver a su tarea. La chica recogió sus cosas.

- Tengo que marcharme ahora mismo, a comprar cosas para esta noche.

- Nosotros tenemos el frigorífico hasta arriba de cosas…- sugirió Leonard.

- Te lo agradezco, pero no puedo saquearos todo.- sonrió divertida.- Además, he de invitar a algunos amigos y… bueno, preparar una fiesta lleva tiempo. Sobre todo si va a ser como ésta. Nunca había tenido tanto que celebrar- se encaminó hacia la puerta.- Despídeme del doctor Frankenstein.

Leonard asintió soltando una risita y después, volvió toda su atención a la pantalla de su ordenador.


Perdóooon por el capítulo corto. Os prometo que el siguiente no os sabrá a poco ;-) Creo que Sheldon ya está a punto de caramelo... ¡Me lo estoy pasando pipa escribiendo esto, que lo sepáis! XDDDDD Y, como no, millones y millones de gracias a mis amados y amadas lectores/as.