Nexus

… retrocedió unos pasos con gesto incrédulo en su rostro hasta que fue cambiando… hasta dar forma a una sonrisa tan amplia que Draco temió que fuera a desgarrársele el rostro. Aunque, en su opinión, se lo tendría más que bien merecido y más cuando se puso a reír como si no hubiera un mañana, por mucho de que si lo sabían, puesto que ellos procedían de varios días en el futuro.

—Eso, ahora solamente falta que te lo hagas encima como punto final a esta absurda situación, Hermione— le acusó Draco con gesto serio, y que se oponía al más que alegre de Hermione.

Allí se quedó de pie con los brazos cruzados esperando a que Hermione diera por terminado su hilarante reacción claro que, viéndole con semejante postura, y tratando de mostrarse impertérrito y todo sereno, no hacía si no aumentar las risas de Hermione.

Finalmente, y con la sospecha de que era porque le dolía de manera que le impedía el poder seguir riéndose, Hermione se tranquilizó del todo y se puso en pie nuevamente. Una mujer adulta retorciéndose de la risa por el suelo no era una imagen que uno achacaría a Hermione Granger.

—¿Acabaste?— le preguntó con esa seriedad tan habitual de Draco que hacía tiempo que no era dirigida a Hermione.

—No.

Y era cierto, pero no en el sentido de no haber acabado de reírse si no de reaccionar a la confesión de Draco. Porque, a pesar de ser una confesión, no solamente fueron palabras, como ocurrió en el pasado con otra persona, si no que describían un hecho de lo más sorprendente, y muy difícil de creer viniendo de quién venía.

Hermione le atrapó el rostro entre sus manos y le besó. O, más bien, habría que decir que le devoró la boca a besos. Una situación de cambios extremos pero que Draco no dejó pasar para poder disfrutar nuevamente de los besos de Hermione. Besos compartidos y no forzados a sentirlos.

Cuando separaron los labios Hermione aún tenía esa sonrisa y, parece ser, debía de ser contagiosa porque el propio Draco llevaba la suya propia aunque con un tono algo acusador que le hacía más gracia a Hermione.

—Por favor, Draco.

—Claro, ahora soy otra vez Draco, ¿verdad? Lo has prometido Hermione y tendrás que cumplir con tu palabra.

No podía creer que tuviera algo tan grande entre manos, y sin hablar de sexo, y no poder decírselo a nadie. Aunque le gustaba la idea de ser la única poseedora de semejante información, tampoco le haría ningún mal si pudiera contárselo a alguien. Concretamente a ciertas personas.

—No es justo, ¿cómo iba a saber yo qué se trataba de algo así? Ante algo tan grande no deberían valer las promesas, Draco— protestó Hermione infantilmente.

—Pues se supone que es cuando se trata de cosas importantes cuando estas promesas tienen todo su valor, Hermione.

Que poco le gustaba cuando tenía razón.

—¡Quiero verlo!— dijo toda decidida para encontrarse con el rostro de incredulidad de Draco—. Si no puedo decir nada, quiero verlo.

—Harías más mal que bien de hacerlo, Hermione. Ya sabes cual es la opinión que tienen sobre ti. Además tampoco es que me pase por ahí todos los días si no que lo hago una vez al mes para comprobar los cambios, y avances.

—Pero no es justo. Yo soy quien inició todo para darles derechos.

—¿Y quieres estropearlo todo yendo allí? Me parece que no quieres ver el día en que logres su libertad, Hermione.

Aquello captó el interés de Hermione y, tras unos tensos segundos, empezó a reírse. Tanto de Draco como con Draco. Este no asimilaba muy bien eso de que se rían a expensas de él.

—¿Y ahora qué te sucede, Granger? Aunque, la verdad, no estoy muy seguro de querer saberlo.

—¿Realmente piensas que creo que veré el día en que los elfos domésticos sean libres? Oh, Draco. No tenía ni idea de que fueras tan optimista. Eres tan tierno que dan ganas de comerte enterito.

Por supuesto que Draco puso mala cara ante tal perspectiva.

—Si eso solamente es una expresión muggle, decir que sois de lo más turbio.

—No literalmente, bueno, sí pero solamente pensando en ti como un dulce y… mejor lo dejamos.

Algo en lo que Draco podía estar de acuerdo con Hermione.

—Muy bien y, volviendo al tema, ¿no piensas ver la marcha de la libertad de los elfos domésticos?

—¿La marcha? Sí, ¿pero el final en dónde todos sean libres? No. Como me dijiste, su cautiverio dura demasiado tiempo para que en una vida se logre erradicarlo pero espero que mis hijos, con mucha suerte, o mis nietos, puedan ver el final de esta lucha.

—¿Tu descendencia? Entonces deberíamos ponernos a ello, Granger.

Hermione lo detuvo con la palma de su mano.

—Tenemos que hacer, Malfoy. Y no podemos permitirnos una distracción, por muy agradable que esta pueda ser. Así que en marcha.

No solamente era la cuestión de investigar a Marietta, si no que Hermione, a pesar del tiempo compartido con Draco, aún se sorprendía cuando recibía este tipo de noticias. ¿Draco como padre de sus hijos? Una cosa era una relación y que esta incluyese sexo pero algo muy diferente era una relación de pareja con visos futuros teniendo hijos entre ellos. Lo malo, en verdad lo bueno, era que, si antes podía encontrar cientos de motivos por los que nunca podría estar cerca de Draco Malfoy, impensable lo de una relación, y menos física, ahora le costaba horrores solamente buscar una excusa coherente por la que no poder estar con él.

—Muy bien, Hermione. Muestra el camino que yo te sigo— le dijo sin apartar la vista del trasero de la castaña— sin perderte de vista.

—Pues procura no gastarme el culo, Draco. Lo necesito para sentarme.

—… entre otras cosas…— murmuró para oídos de Hermione.

Ella negó con la cabeza mientras se dirigía a una puerta que, si Draco tenía bien su memoria, no se encontraba ahí la última vez que pasó la mirada por esa pared. Pero eso no le impidió el reconocerla puesto, ¿cómo le pudiera ser imposible el no hacerlo sabiendo a dónde llevaba? Solamente la vio en otra ocasión anterior a esta y fue durante una de los días más terribles que tuvo que sufrir, y espera haber sufrido, en su vida.

Tras la puerta se encontró con aquel camino que no tenía nada que envidiar al que tuvieron que recorrer para entrar en Hogwarts. ¿Lo malo de este? Que al final no se encontraba un paraíso de dulces y golosinas.

Bueno, eso depende de cómo quieras describir esas voluptuosas curvas que se mueven delante de ti, se dijo Draco sin apartar la vista de Hermione que, a pesar de haberse ocultado bajo una capa y obligada capucha, aún dejaba entrever su femenino y deseable cuerpo. Cuando todo esto acabe… tendrá que tomarse todas las vacaciones que ha dejado pasar porque no la dejaré salir del dormitorio por puro egoísmo de tenerla solamente para mí.

El trayecto fue realizado en silencio, cuanto menos tuvieran que respirar el viciado aire del túnel mejor, pero Hermione no era tan ingenua para no saber en dónde recaían las atenciones, y miradas, de Draco durante todo el camino. Por supuesto que no era algo que la molestase porque, siendo sinceros, sabía muy bien lo mal que llevaba Draco eso de ver y no poder tocar. Y en esta situación más que un placer a la vista, estaba segura que la visión de su cuerpo para Draco estaba resultando una dulce tortura, pero una tortura al fin y al cabo.

Finalmente llegaron al final del túnel y bajaron de un salto a suelo firme. Mientras Draco se dirigió a la puerta, Hermione se volvió para despedirse de la muchacha que se encontraba justo en el lugar de dónde habían salido ellos dos. El rostro amable y tranquilo de Ariana le ofreció su propia despedida a Hermione antes de dirigirle una mirada a Draco y volverse para ofrecerle una media sonrisa a Hermione más un guiño con el que le decía que sabía muy bien lo cercanos que eran, a diferencia de la última vez que pasaron por aquí.

Hermione simplemente le ofreció una amplia sonrisa, un encogimiento de hombros quitándole importancia, y su inevitable rubor cubriendo sus mejillas antes de despedirse llevándose el índice a los labios para que le guardara el secreto.

—¿Habéis acabado con vuestras confidencias?

Negando con la cabeza y rodando los ojos, Hermione se acercó junto a Draco que había abierto la puerta y estaba echando un vistazo al exterior.

Ciertamente podía asegurarse que si algo no cambiaría a pesar del tiempo transcurrido, eso sería la taberna Cabeza de Puerco. Lo malo es que, en realidad, si le vendría bien ciertos cambios puesto que se trata de un local lugubre, oscuro y de muy mala reputación, eso sin olvidar ese fuerte olor a cabras que parecía haberse introducido en cada poro del lugar. Claro que lo compensaba el que su dueño fuera Aberforth, el hermano de Albus Dumbledore.

Con total tranquilidad, pero con sus rostros ocultos por capuchas, Hermione y Draco cruzaron la puerta y pasaron por delante de la barra del bar. Aberforth no les hizo ni el menor caso, siguiendo limpiando, o eso parecía, uno de los tantos vasos sucios. Para sorpresa, y desgracia, de Hermione, Draco se detuvo en la barra.

¿Y ahora qué? Hasta que logre meternos en un lío, mayor que en el que nos encontramos metidos ahora mismo, no parará. Aunque me pregunto de dónde habrá sacado ese galeón.

—Deberías hacer algo con este lugar— le dijo Draco dejándole un galeón sobre la barra. A Hermione le sorprendió mucho el no reconocer la voz del Slytherin— que está perdiendo su suciedad natural. Si sigue así, cuando menos te lo esperes, estarás haciéndole la competencia al Salón de Té de Madame Pudipié.

—Pues deberíais salir de aquí antes de que vuestra presencia haga que vengan otras parejas— le espetó Aberforth con cierta dureza antes de volver sus ojos azules, tan semejantes a los de Albus, hacia Hermione—. Volver a dónde pertenecéis cuanto antes.

A pesar de tener su rostro oculto por la capucha, Hermione le ofreció una amable sonrisa y un ligero asentimiento. Aunque también aquellas palabras le sentaron de manera extraña porque, escuchándolas con la información que poseían Draco y ella, era casi como si Aberfoth supiera que no estaban en su propio tiempo. ¿Podría ser eso posible? Vale que se trate del hermano de Dumbledore pero, aún así…

Draco se alejó, negando con la cabeza, mientras agarró a Hermione del brazo y se la llevó del local. Necesitaban un poco de aire fresco porque, de otra manera, se habrían desaparecido hasta el Ministerio en vez de mostrarse de esta manera. El ir encapuchados tampoco ayudaba mucho porque, a pesar del tiempo transcurrido, era algo que seguía llamando la atención de la gente, aunque cambiasen el oscuro color de sus capas.

—Lo mejor será usar una chimenea para ir al Ministerio. Podríamos ir desde tu casa, Hermione.

—¿Y por qué no desde la tuya?— le replicó la muchacha.

—Porque en la mía nos podemos encontrar con alguien mientras que en la tuya no, Hermione.

Vale que era cierto pero lo decía de una manera como que el encontrarse con alguien, que no fuera ella misma, pudiera considerarse la noticia del siglo.

—Mejor usar una chimenea pública. Podíamos haberle pedido a Aberforth el usar la suya— últimamente se estaba percatando de que se le pasaban las cosas más obvias.

—Está inutilizada— le confesó Draco—. Bueno, no del todo. Pero solamente la puede utilizar él… y aquellos a los que les otorgaron un permiso. Seguramente tú podrías pero yo, en cambio…

—¿En serio? Si ahí atrás pareció que ambos fuerais los mejores amigos del mundo— ironizó Hermione—. Por cierto, ¿a qué vino todo eso? ¿Desde cuándo tienes ese trato con Aberforth?

—Yo no diría que amigos pero fue el único con quién hablé de lo sucedido. No para buscar su perdón o comprensión si no porque debía hablarlo.

Hermione no sabía que decir. El que Draco hubiera hablado de la muerte de Dumbledore con su mismísimo hermano, y que siguiera con vida, dejaba claro lo afectado que quedó por dicho suceso. Todos comprendían que Draco se encontró en una situación terrible y sin salida, por mucho que le ofreciera Dumbledore el unirse a su bando en sus últimos minutos.

—No sé que decir, Draco.

—Una novedad muy pocas veces vista— se burló Draco—. Es el pasado y estoy en paz con él. Ahora a lo que nos atañe. ¿Desde dónde iremos al Ministerio?

Aunque Hermione quería confirmación de que ese él se refería a Dumbledore y no al pasado, las posibilidades de que Draco hubiera hablado con el retrato del antiguo director de Hogwarts la hacía pensar en tantas posibles conversaciones que casi le hacía dolerle la cabeza.

—Usaremos la chimenea que George tuvo que colocar en Sortilegios Weasley por mandato de su madre, y de Angelina. Eso si, procura no mostrar tu rostro porque no tendría ninguna excusa para que…— el rostro de Hermione, para miedo de Draco, se iluminó de una manera muy peligrosa— ¡tengo una idea!

A pesar de la cantidad de gente, la mayoría jóvenes, que había en la tienda, la puerta de Sortilegios Weasley estaba hechizada para avisar de la llegada de un nuevo cliente de manera que el sonido que se hacía al pasar por el umbral variaba según las intenciones de la persona. Así tenían una absoluta certeza de las intenciones de sus posibles, y no tan posibles, clientes.

Cuando pasó por el umbral emitió un sonido demasiado desagradable para ser reproducido, o descrito, pero que hizo reír a los presentes, ya que no era muy habitual el llegar a escucharlo porque, ¿quién podría entrar en esta tienda sin intención de comprar? En cambio, cuando fue el turno de su acompañante, casi podía asegurarse que sonaba como melodía celestial, el tintineo de galeones o los vítores del graderío. Por desgracia, la intención no es lo único que cuenta.

Hermione tenía la intención de colarse en el despacho de George para usar la chimenea pero su sentido común, en verdad el de supervivencia, le hizo desestimar semejante atrevimiento, intento de suicidio, porque nadie en su sano juicio se atrevería a adentrarse en los dominios de los Weasley o, por lo menos, en los de George y Angelina Weasley. Por eso mismo fue hasta su antigua compañera de Hogwarts para pedirle el favor de usar la chimenea.

—¿Hermione?— a la susodicha le extrañó el tono de total incredulidad que puso Angelina, y no fue por la capucha puesto que se la había levantado al acercarse al mostrador—. No me entiendas mal pero, ¿qué estás haciendo aquí? Mejor que George no te vea porque se preguntará por qué no viniste ayer a la fiesta si dijiste que ibas a estar ocupada durante toda la semana.

Afortunadamente, dependiendo del punto de vista por donde lo mires, los años, y el pasar tanto tiempo con ciertos amigos, lograron que Hermione fuera mucho más creíble con sus mentiras. Esto no hizo si no recordar la que le dijo a Umbridge y que Draco no dudó en hacerle ver lo pésima mentirosa que era. Bueno, en su opinión el ser mala mentirosa tenía que ser un acierto y no un defecto.

—Y voy a estar ocupada durante mucho tiempo. Lo que pasa es que hubo una denuncia que versaba sobre una presencia extraña y fui a investigar para encontrarme con que, dicha presencia— Hermione acercó a Draco para que Angelina pudiera ver su rostro—, resultó ser alguien afectado por varios conjuros y, espero que no sea así…

—¿Productos Weasley?— trató de adivinar Angelina arrugando la nariz ante el desagradable aspecto que presentaba Draco. Ni en mil años podría llegar a averiguar su verdadera identidad—. Es cierto que en malas manos… pero colocamos avisos en cada producto y no solamente son escritos. Creo que George dijo que se basó en lo que hiciste en el año donde estuvo aquella desagradable mujer-sapo, con todo respeto a los sapos— Hermione sintió como se le subían los colores. Parecía ser que esa acción la perseguiría durante el resto de su vida—. ¿Te encuentras bien, Hermione?

—Si, si, solamente me gustaría regresar pronto al Ministerio antes de que se percaten de que abandoné mi puesto por algo que no era de mi incumbencia.

—Por supuesto, puedes usar la chimenea del despacho pero, primero, asegúrate de que todas sus partes son del mismo color. No te gustaría saber lo que te pasaría al llegar a tu destino si no es así, Hermione— le advirtió Angelina muy seriamente—. No sé como a Molly no le dio un ataque. Supongo que, tras tantos años, estará como inmunizada ante esas situaciones.

—Muchas gracias, Angelina. Y lamento mucho que no pudiera ir a la fiesta.

—Esperando que ya hayas reservado las de Navidad para tu familia y amigos y no para tu trabajo— el tono, y la actitud, de Angelina le pareció muy semejante al de Molly. Lo que trajo una sonrisa a Hermione.

—Esos días seré toda vuestra— le aseguró antes de dirigirse al despacho. Una vez en su interior Draco trató de decir algo pero Hermione le tapó la boca, con parte de la capucha—. No digas nada mientras estemos aquí porque nunca se sabe quién puede estar escuchando… o algo peor.

Cualquiera, que no hubiera visto los resultados de los sortilegios Weasley, o vivido en sus propias carnes, habría pensado que Hermione estaba exagerando. Draco incluso sintió el puño de George, y eso no fue lo que más le dolió.

—Ministerio de Magia— gritó Hermione lanzando los polvos flú en la chimenea, luego de haberse asegurado que no hubiera nada de distinto color en ella.

El viaje no duró mucho, estaba claro que George, para bien o para mal, debía viajar de seguido al Ministerio, tanto para patentar sus productos como por los litigios que estos pudieran ocasionar y, aunque estos últimos estaban descendiendo en cantidad, con los productos de Sortilegios Weasley, nunca desaparecerían del todo. Apartándose de la chimenea no tardó mucho en esperar por la aparición de Draco pero si tuvo el tiempo suficiente para transfigurar su ropa en la que recordaba llevar puesta este día.

—¿Ahora podrías devolverle su aspecto real a mi rostro, Granger?— refunfuñó Draco molesto por haber tenido que sufrir esta modificación facial tan desagradable—. Eso si has terminado con el pase de moda.

—No sé, Malfoy. Tal vez deberías quedarte un rato más así para que se te baje el ego que tengo la impresión de que te resulta algo necesario.

—O podría llevarte a un cuarto y besarte con estos gordos y húmedos labios.

—¿Húmedos? Si no hice nada con la saliva— se extrañó Hermione.

Draco se llevó una mano al rostro y rápidamente se la apartó y se la limpió en la capa mientras hacía un titánico esfuerzo por no gritar.

—No es saliva, por Merlín, no es saliva— se repetía tratando de que los mocos dejasen de deslizarse hasta sus labios usando la capa sin importarle en estos momentos cuestiones como el decoro y los buenos modales—. ¡Granger!

Por suerte para ambos, y a pesar del tono usado, Draco no gritó.

—Está bien, ahora mismo te arreglo la cara. Casi habría sido más sencillo el haberla molido a palos— murmuró eso último para si misma mientras se concentraba en el contrahechizo—. Listo, ya vuelves a estar todo guapo. ¿Qué? Como si no fuera lo que estás pensando— dijo al ver la ceja enarcada de Draco.

—Lo que estoy pensando no puede decirse ni siquiera en voz baja, Hermione— la castaña sintió su cuerpo estremecerse con tan solo escuchar su nombre dicho por Draco y con aquel tono ardiente y sensual—. Es mucho mejor el mostrarlo.

La maliciosa sonrisa de Draco fue lo que trajo de vuelta a Hermione del pais del ardor y el deseo, al que le gustaría ir con el Slytherin una vez pudieran poder algo de tranquilidad en sus vidas. Algo que esperaba lograr con esta su próxima acción.

—Mejor no, Draco. Lo último que nos faltaba era el ser pillados en… bueno, en ese tipo de situación y descubrirnos. ¿Puedes imaginarte las repercusiones? Seguro que nuestros otros yo se meterían en una infinidad de problemas.

—Si, seguro que eso le retrasaría en su trabajo a Hermione A.M. y no la pondría de humor aunque, claro está, no tiene a nadie a quien le moleste el no poder hacerlo— se burló Draco con cierto control.

—Tú tampoco tendrás a nadie si sigues por ese camino, Malfoy— le aseguró Hermione, muy seria y decidida, antes de ponerse en marcha hacia su siguiente destino—. Lo mejor es que encuentres un lugar en dónde no llames mucho la atención.

—Contando quién soy yo, eso es algo muy difícil, Hermione. Como no habrá ningún tipo de problema en encontrarme conmigo mismo te aseguro que puedo encargarme de cualquiera con quien pueda tratar mientras te espero.

—¿Y no le extrañará nada a Malfoy A.G. si luego le hablan de conversaciones que no mantuvo?

—Si son importantes ya me encargaré de que los mensajes lleguen de la mejor manera y, si no lo son, pues te aseguro que ni las recordaré.

—Seguro que no sería la primera vez o la última que hagas algo semejante.

Ahora si que rodó los ojos.

—¿Adónde vas a ir primero?

—Creo que lo mejor sería ir al Cuartel General de los Aurores porque, si tiene levantadas protecciones sobre su casa allí se encontrarán junto a su dirección Flú. Además de que puedo lograr que Harry, o Ron, me den la información sin que resulte muy extraño o sospechoso.

—Un momento. ¿Esos dos no dices que estuvieron de fiesta anoche? ¿Y les dejan trabajar hoy? No me extraña que ciertos casos acaben en desastre si actúan de esta forma. Me parece que las contribuciones de la familia Malfoy para el departamento de los Aurores se resentirá porque no me apetece el tener que ser el que les pague las pociones para la resaca a esos dos.

—Con tal de ahorrar buscarías cualquier excusa, Draco. Por mucho que te cueste pensarlo, incluso hoy en día, ellos son dos personas muy responsables… te está bien empleado— le dijo Hermione cuando Draco al tratar de ahogar la carcajada le entró una fuerte tos.

—Mejor no ir por el lado de la responsabilidad porque es algo con demasiados matices. ¿No querías acabar hoy con todo esto? Pues no sucederá si te quedas aquí hablando conmigo, Hermione— era cierto pero, por algún motivo, le costaba el alejarse de Draco y dejarlo allí por su cuenta—. Me conmueves pero puedo cuidarme solito y no meterme en líos.

—¿Es ahora cuándo también debe darme un ataque al tratar de evitar el reírme?

—Eres hilarante, Hermione.

Ella le sacó la lengua antes de darle la espalda y dirigirse al ascensor mientras Draco siguió cada uno de sus movimientos como si, realmente, estuviera hipnotizado por ellos, por la joven Gryffindor de bucles castaños.

Será mejor que busques algo con lo que entretenerte si no quieres que el tiempo parezca que se mueve hacia atrás, lo que sería irónico dada la situación en la que te encuentras.

Paseando, y tratando de no llamar la atención, Draco recorrió algunos pasillos casi por pura inercia, algo lógico si contamos el que los conocía demasiado bien por haber acompañado a su padre, en más visitas de las necesarias, al Ministerio.

—¡¿Malfoy?— una voz que jamás podrá olvidar—. ¿Qué estás haciendo aquí?

Draco tenía una docena de respuestas en la punta de su lengua pero, al volverse, de todas las posibilidades eligió la más simple, e inesperada, de todas ellas.

—Eso mismo podría preguntarte yo a ti, Granger— el tono de voz mucho más amable de lo que sería habitual en él para tratarla—. ¿No deberías estar encerrada en tu despacho ahogándote en trabajo?

— — — — — — — — — —
Continuará
— — — — — — — — — —

Supongo que está más que claro el motivo por el que Draco no se encontrará con su otro yo, claro que seguro que, luego de decírselo, habría preferido el arriesgarse a provocar una paradoja temporal y destruir la creación que tener que ver la reacción de Hermione y como se le iluminaron los ojos y todo su rostro.

Y, como no podía ser de otra forma, Draco tuvo que encontrarse con la Hermione A.M. porque era demasiado el no provocar dicho encuentro ;P

Disclaimer: Todos los personajes relacionados con las novelas de Harry Potter, así como lugares, objetos, y demás, pertenecen a J. K. Rowling. Lo único que me pertenece es el argumento de la historia, y eso es algo que se nota dada su sencillez.

No puedo decir nada más que: Muchísimas gracias por los REVIEWS recibidos por parte de…

Sophia76.
Barbiie.
Malfoy19Dani.
GabeLogan.
Elodieh.
Marce.
Sakuri9.
Luna-maga.
Ginegine.

y por añadir esta historia a los Favoritos de:

¡Nadie! Si, lo entiendo muy bien. No se debe empezar un nuevo año mintiéndose -.-U

Como también a los que han puesto la Alerta de Historia como:

¡¿¡Tampoco Nadie! Es una suerte que sea comienzo de año y todo tiene oportunidad de mejorar hahaha… haha… ha…

Hagamos de este Nuevo Año uno memorable... tanto escritores como lectores puesto que se trata de una relación mutuo de ofrecimiento. Regalo de capítulo y regalo de…

REVIEWS.
REVIEWS.

Y, como último pero no menos importante…

¡FELIZ NAVIDAD Y FELIZ AÑO NUEVO!

Nos leemos.^^